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Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

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Bienvenida a Bolivia, el Amazonas te espera. María de los Ángeles Mora Ovalle.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El presente artículo es creado a partir de mi diario de campo personal basado en el voluntariado para la cooperación internacional, que llevé a cabo entre los meses de septiembre y octubre del año 2023, específicamente, en el proyecto Cuidado y rehabilitación de la vida silvestre en el Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi en Bolivia.

Se iba acabando el verano, según el calendario, y mi travesía recién comenzaba; fue un 07 de septiembre cuando, después de más de 24 horas de viaje, aterricé en Cochabamba, Bolivia, con una misión clara: llegar al Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi, ubicado a las afueras del municipio Villa Tunari.

No me lo creía, nunca estuvo en mi mente la posibilidad de viajar a Bolivia, pero al salir del Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann, ya era real, estaba en Bolivia, dispuesta a comenzar tan dichoso voluntariado para el que meses antes había aplicado. Solo disponía de una hoja de papel con instrucciones para llegar a la localidad, una vaga idea de lo que haría durante las próximas cuatro semanas y la total disposición y emoción que trae consigo una nueva experiencia. No obstante, debía conocer, con anterioridad a mi llegada, el propósito por el cual me aventuraba; es por ello, por lo que días antes me puse en la tarea de investigar un poco acerca de la ONG a la cual llegaría. Por los mismos motivos que me llevaron a conocer acerca de la labor de esta organización, considero importante centrar al lector en el contexto del voluntariado llevado a cabo. 

La Comunidad Inti Wara Yassi es una ONG boliviana que trabaja a favor de los animales silvestres; de la mano de un equipo de profesionales y voluntarios se encargan de darles una mejor calidad de vida a la fauna que ha sido rescatada del tráfico ilegal. CIWY tiene la misión de cuidar y aportar a la dignificación de la vida de los animales silvestres que en algún momento fueron vulnerados y retirados de su medio natural por el ser humano. Además, no solo concentran sus esfuerzos en acciones posteriores a la extracción de la fauna de su hábitat, sino que buscan prevenir este tipo de comportamientos del ser humano hacia los animales, por medio de campañas de educación a favor de la conservación y preservación de la biodiversidad, y la concientización del pueblo boliviano hacia la protección de la fauna y flora nativa. La ONG cuenta con tres santuarios ubicados en distintas zonas del país: Santuario Machía (Cochabamba), Santuario Ambue Ari (Santa Cruz) y Santuario Jacj Cuisi (La Paz); cada uno de estos cuenta con personal altamente cualificado para realizar las labores de cuidado y mantenimientos tanto de la fauna como de las instalaciones. En la actualidad, por motivos administrativos y territoriales, el Santuario Machía, al cual me dirigía e iba a ser mi destino final, se encuentra en un proceso de traslado desde hace tres años aproximadamente, y será reubicado, tanto instalaciones como animales y personal, en los dos santuarios restantes. 

He de decir que al conocer un poco la labor y proyección de CIWY me entusiasmé aún más, por ello, desde el desconocimiento total de lo que me esperaría y solo siguiendo las instrucciones que me dieron con anterioridad, con el constante monitoreo de la encargada de CIWY Machía, pude llegar al Santuario en surubí. 

A mi llegada, mis primeras impresiones no fueron acerca del lugar, sino que fueron sobre mi presencia en el mismo, me veía como una completa turista y, a simple vista, pareciera que no encajaba nada con el lugar, tal vez por mi vestimenta al momento de llegar o por mi extravagante elección de maletas para llevar mi equipaje, que usualmente sería ideal para un viaje largo, pero considerando que el Santuario se encuentra en la selva amazónica de Bolivia, sobresalían bastante mis dos maletas de 10 kilos arrastrables. A pesar de eso, cansada, hambrienta y expectante por lo que vendría a continuación, ese mismo día inició mi participación en CIWY como voluntaria internacional. 

Mi primera semana en el Santuario Machía debo definirla como de aprendizaje; era nueva, no conocía a nadie y no sabía qué debía hacer. A pesar de haber trabajado con animales silvestres con anterioridad, los contextos eran bastante diferentes. Mi experiencia radicaba en animales de zoológico, en donde se cuida y dignifica la vida animal, mientras el público visitante tiene la oportunidad de observar; los Santuarios de CIWY son totalmente opuestos a las premisas que maneja un recinto de esta índole, en este caso, se busca el bienestar de los animales y brindarles una vida digna sin exponerlos al contacto con visitantes. 

Con mi llegada, fui introduciéndome teóricamente en el funcionamiento interno de CIWY, su misión, visión, propósitos, metodología, todo aquello que tendría que saber para iniciar con las actividades más prácticas; la coordinadora y la bióloga del Santuario fueron orientándome en las reglas del lugar y presentándome con el personal e involucrados que desde ese momento serían mis compañeros, y más tarde amigos. 

Oficialmente, mi papel en CIWY inició el día 08 de septiembre; este día comenzó un proceso de aprendizaje práctico y experimental, que con el pasar de los días se iba nutriendo cada vez más. 

El Santuario Machía se divide en varias áreas, dependiendo de las necesidades y posibilidades de los animales, teniendo esto en cuenta, haré énfasis en los sectores con los que tuve más contacto a lo largo de mi estancia: el sector Tierra, al cual fui asignada, se encarga de dieciocho monos capuchinos, de los cuales catorce machos y dos hembras viven dentro de jaulas individuales, por aparte, dos hembras que se encuentran en libertad, pero se han acoplado tanto a la manada que son visitantes recurrentes  en esta área, especialmente, durante las horas de la comida; el sector Cielo, alberga diecisiete monos capuchinos que durante las noches son resguardados dentro de jaulas y, en las mañanas y tardes se encuentran en semilibertad por medio de la implementación de los runners; el Mirador 1 es un sector alejado de las instalaciones principales, a quince minutos caminando en subida, a mi parecer es un área bastante especial, pues vela por los monos que se encuentran en libertad a la vez que por los monos en runners, la entrada es restringida solo para personal autorizado por motivos de seguridad. A pesar de que gran parte del tiempo mi presencia se limitó exclusivamente al sector Tierra, visité los sectores Cielo y Mirador 1 en algunas ocasiones cuando se requería apoyo.

En el sector Tierra, conocí a quienes serían el foco de mi atención por las siguientes cuatro semanas; Peterli, Sterling, Chucky, Clarita, Martín, Santi, Roberto, Timo, Pepito, Juanito, Auri, Oliver, Víctor, Harold, Muelas, Martincho, Victoria y Tarzana, todos monos capuchinos, desde ese momento se convertirían en parte de mi vida social más inmediata y, sin imaginarlo, en mis consentidos con el pasar del tiempo. Aprendí que, como todo ser vivo, cada uno de estos monos tiene su propio carácter, y a pesar de que en un principio los veía a todos físicamente iguales el tiempo me demostró que no podían ser más distintos el uno del otro. 

Mis tareas en Tierra, como en todas las demás áreas, se enfocaban en velar por el bienestar de los animales; la entonces coordinadora del área se encargó de enseñarme todo lo que se debía hacer en el sector, además de aconsejarme acerca de cómo manejar a cada mono, explicándome que, dependiendo de su temperamento, yo, como nueva presencia, sería aceptada o no en su manada. 

La rutina era la siguiente:

  • De 07:00 a 08:00, comienza la jornada; siguiendo un cronograma de dietas divididas por días de la semana, se les sirve el desayuno a los monos, usualmente, consistía en dos tipos de verduras previamente lavadas y desinfectadas; luego de distribuir los alimentos, en el tiempo restante se inicia con la limpieza de las dos jaulas más grandes, en las que con ayuda de la presión de la manguera se retiran los restos de comida y suciedad que, posteriormente, serían retirados.
  • De 08:00 a 09:00, es la hora del desayuno del personal. 
  • De 09:00 a 12:30 se procede con la limpieza de las demás jaulas, manguereando y retirando los restos de comida y desechos que se encuentren al alcance, se les brinda agua a los monos y se les distribuye enriquecimiento ambiental, para luego iniciar con la limpieza interna de alguna jaula que se encuentre desocupada en el momento. La limpieza consiste en restregar los suelos que con el pasar del tiempo han ido acumulando moho, cepillar los elementos ubicados dentro de la jaula, desinfectar las instalaciones con amonio cuaternario disuelto en grandes cantidades de agua y, por último, ubicar el enriquecimiento ambiental dentro de la jaula, para luego cerrarla.
  • De 12:30 a 13:00, se prepara y distribuye el almuerzo de los monos, este consiste en frutas, frutos secos, semillas o croquetas.
  • De 13:00 a 14:30 es el almuerzo del personal.
  • De 14:30 a 16:30, se prepara y reparte el snack a los monos y se reanudan las labores de limpieza de la jaula que se esté organizando, usualmente, en este horario nos adentramos en la selva con el propósito de conseguir ramas de mediano tamaño para ambientar las jaulas dándoles una apariencia más selvática.
  • De 16:30 a 17:00, se rellenan los cuencos de agua, y se prepara y distribuye la cena de los monos, esta es bastante variada, puede consistir en frutas y granos en distintas elaboraciones.
  • De 17:00 a 17:30, se procede con la limpieza final de todas las jaulas y se termina la jornada.

El salir de las instalaciones en busca de ramas era un trabajo diario. Esta tarea fue una de las labores de las que más aprendí; ya que para conseguirlas debía de buscarlas primero, proceso que podría prolongarse un tiempo considerable debido a que se buscaban ciertas ramas con características específicas: ramas de tamaño mediano y grande con abundancia de hojas medianas. Al principio fue un reto, aventurarme a las zonas cercanas más selváticas, subiendo montañas, bajando al cauce del río o trepando grandes piedras, siempre acompañada de un machete para cortar las ramas. He de decir, que las primeras dos semanas yo era la persona menos habilidosa utilizando un machete, pero al ser un trabajo constante, con los días fui adquiriendo técnica para cortar sin mayor problema, además, tuve de maestro a uno de mis compañeros quien me enseñó como hacerlo con más facilidad.

De la rutina, aprendí que todas las labores que realizaba eran por los monos y para los monos; el alimentar, limpiar, desinfectar, jugar, se convirtieron en una rutina del día a día que amaba hacer.

Hubo ocasiones, en donde mi rutina cambiaba ligeramente, pues se estableció un horario de rotación del personal en donde cada cierto tiempo debía aventurarme dentro de la selva en un camino de quince minutos en subida para llegar a Mirador 1, equipada con una maleta llena de alimento y medicación para los monos que allí se encontraban; una vez allí, entregaba la maleta al encargado del área, quien distribuía su contenido, para después emprender mi camino de regreso a Tierra. De igual manera, hubo días donde el trabajo resultaba tan extenso que el encargado del sector Cielo solicitaba ayuda para terminarlo en horario. Si algo debo de resaltar es el espíritu colaborador y solidario que hay entre los miembros del personal, sentido que con el tiempo desarrollé, puesto que, a pesar de trabajar en sectores distintos, todos éramos un equipo trabajando por un mismo objetivo: darles una mejor calidad de vida a los animales silvestres que CIWY acoge.

Durante el transcurso de esta experiencia, debo decir que no todo fue color rosa, también hubo ciertas dificultades que afronté y que una vez superadas me hicieron entender donde me encontraba. En el Amazonas, las temperaturas y la elevada humedad propiciaban la abundancia de insectos, mismos a los que, aún hoy, les tengo terror, pero debía convivir con ellos cada día, pues en el Santuario se respeta la vida de todo ser vivo y, por mucha incomodidad que me causasen, tampoco era capaz de atentar en su contra. 

Con el pasar de los días, tanto el clima como los insectos fueron temas que aprendí a superar, claramente, de la mano de mis compañeros quienes cada vez que un bicho se acercaba a mi habitación corrían a ayudarme. Es inevitable para mí resaltar que el personal del lugar fue fundamental en mi proceso de adaptación; además, vivir en estas condiciones durante cuatro semanas me hizo madurar como persona y valorar mi propia cotidianidad. Descubrí aspectos de mí misma que no conocía, como la fuerza mental que puedo tener si me lo propongo; durante la jornada de trabajo ignoraba todos mis miedos e incomodidades, pues mi mente tenía un objetivo que alcanzar, no importaba cuantos bichos se me acercaban, ni pestañeaba; mientras que, fuera de la jornada, aseada y dispuesta a descansar, temía por lo mismo que no me importaba horas antes.

A pesar de las pequeñas dificultades, siempre esperaba ansiosa cada día ver a los monos, y muchos de ellos, también me esperaban con la misma emoción; como en el transcurso de todas las relaciones sociales, hay con quienes nos llevamos mejor que con otros, con los capuchinos pasaba lo mismo, dependiendo de su carácter me llevaba mejor con algunos, con otros teníamos una relación meramente formal y había otros a los que se les notaba que no era su persona favorita. 

Fueron los monos mismos quienes me enseñaron a leerlos: sus gestos, acciones, miradas, comportamientos y sonidos significaban cosas distintas. Tienen sus propias personalidades como Víctor con su típico carácter serio de macho alfa; Sterling, Muelas y Juanito con su enérgica actitud; Roberto que te recibe cada día con un grito de emoción y su característica ternura; Clarita quien siempre fue muy dócil y selectiva, tanto así que escogía su propia porción de comida cuando se le ofrecía; Auri y Martincho quienes siempre buscaban pillar alguna parte sobresaliente de mi vestimenta para jalarme; Santi, Tarzana y Victoria, quienes como cualquier grupo de amigas, se respaldaban una a la otra cuando estaban en desacuerdo con alguna acción que se hacía en Tierra; Harold, que nunca estaba demasiado lleno como para rechazar comida extra; Pepito y Timo, a los que les encantaban las ramas con flores de las mañanas; Chucky, siempre emocionado por la comida y atento a todo; Oliver abrazando su cobijita con su típico balanceo de adelante hacia atrás; Martín, que buscaba agarrar el cepillo cada vez que barría cerca de su jaula; y, Peterli que siempre acudía a mi llamado.

Cada uno era muy especial a su propia manera, y conociéndolos aprendí que sus instintos siguen presentes, muy a pesar de ser animales que modificaron sus comportamientos por influencia humana, siguen siendo animales silvestres y sus instintos no han desaparecido, es por ello, que se debe ser muy precavidos y entender que no se trata de muñecos de peluche; por el contrario, son seres vivos que pueden reaccionar en cualquier momento.

El trabajo con los monos capuchinos fue el elemento principal y propósito de mi voluntariado, pero no olvido que el factor humano estuvo presente todo el tiempo. Las encargadas del Santuario, en conjunto con los trabajadores, practicantes y demás voluntarios, todos fueron de gran apoyo durante mi estancia. Nuestra convivencia fue más allá del ámbito de trabajo, pues todos compartíamos casa; se trató de una experiencia totalmente multicultural, donde no solo pude conocer la cultura boliviana, específicamente de Villa Tunari, sino que, junto a la veterinaria y la bióloga del lugar, al ser las tres colombianas, pudimos compartir parte de la nuestra; una de estas oportunidades fue la noche de patacones, donde pudimos compartir esta delicia de Colombia y el Caribe acompañado de diversos aderezos y de buena música vallenata. Sin embargo, no fue el único momento que compartimos, nuestra vida en casa estaba llena de momentos en los que nos encontrábamos en la cocina a la hora de la cena o cuando nos reuníamos para hacerle una despedida a alguno de los trabajadores y voluntarios que ya habrían terminado su estancia con CIWY, estas siempre involucraban comida. 

Personalmente, la comida del lugar fue, como todo, una nueva experiencia para mí; la comida era vegetariana, pero era cocinada de distintas formas que ni se notaba la falta de carne, he de decir que los almuerzos eran una completa delicia. En muchas ocasiones, la cocinera del lugar, Doña Benita, nos deleitaba con sus delicias culinarias al terminar la jornada, en estos días esperábamos ansiosos a las 17:30 para darles un mordisco.

Bolivia me sorprendió de manera muy grata, mi estancia se caracterizó por la vivencia de buenos momentos en los que aprendí de una realidad diferente; logré adaptar mi rutina a la propia del lugar, mi dieta a la que se me proporcionaba y mis costumbres a las bolivianas, sin perder las mías; en este sentido, fue una experiencia totalmente recíproca en las que CIWY me aportaba y yo los apoyaba con los trabajos que se me asignaran. 

Este voluntariado internacional me enseñó más de lo que podría haber imaginado y me llevó a conocer personas maravillosas que me aportaron al desarrollo de una nueva versión de mí misma, en donde soy consciente del gran poder que tiene el ser humano sobre los demás individuos de la naturaleza y de cómo el mismo ha aprovechado esta ventaja de manera perjudicial y soberbia sobre la misma. El cómo llegaron estos animales a CIWY y bajo qué circunstancias específicas son situaciones bastante lamentables, pero después de mi experiencia he de decir que han llegado al mejor lugar, en el que son cuidados y apreciados, se les valora como individuos y se dignifica su condición de animales silvestres sin olvidar que poseen instintos presentes. 

A pesar de que la existencia de este tipo de organizaciones como CIWY se deba al mal obrar del ser humano, no quiere decir que la extracción de un animal silvestre de su hábitat sea acción positiva; por el contrario, a los animales les repercute más de lo que les aporta. Estos centros surgen como herramienta para amortiguar los efectos que causa está interacción humano-animal, pero lo ideal es prevenir este tipo de comportamientos respetando su hábitat natural y a la naturaleza en sí.

Chucky y Clarita acicalándose. 

Roberto después de recibir su comida.

Noche de patacones en casa del personal y voluntarios

Yo en el sector Tierra.

Preparando la cena de los monos capuchinos: bolas de avena y plátano.

Clarita viéndose al espejo que se le da como enriquecimiento ambiental.

Mural de CIWY

Monos del Sector Tierra.

Timo restregandose una cebolla que le fue entregada como enriquecimiento ambiental.

Ambientando las jaulas con las ramas previamente cortadas.

Yo dándole comida a los monos.

Clarita escogiendo su propia comida.

Marta y Santi acicalándose.

Ramas para ambientar las jaulas.

Cronograma de comidas de los monos capuchinos.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Sostenibilidad ambiental

Iniciativas sociales en Togo, la importancia de las pequeñas acciones. Silvia González González

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Togo es un pequeño país situado en África occidental, entre Ghana y Benín. Siendo antiguo protectorado y luego colonia alemana, Togo logró su independencia en el año 1960, constituyéndose como república.

Comencé mi experiencia a finales de septiembre, tan sólo dos meses después del golpe de estado en Níger, y concretamente en Niamey, la capital, prácticamente en la frontera con Togo. La situación en la frontera era particularmente inestable y muchos trabajadores togoleses trabajando en Níger tuvieron que desplazarse de nuevo a Togo, como el caso de Philippe, nuestro coordinador y responsable en la organización de destino, AJEVES. Debido a ello, tuve que informarme muy bien sobre las precauciones a tomar y tener especial cuidado sobre todo en caso de cruzar fronteras.

Antes de iniciar esta experiencia, era poco lo que conocía de Togo, por lo que pensé que sería buena idea comenzar proponiéndome como objetivo aprender y formarme sobre el país a base de hablar con la gente local. Mi experiencia se desarrolló en Apeyemé, prefectura de Danyi, en la región de Plateaux.

Nada más llegar, la comunidad nos recibió con los brazos abiertos. Debido a la importancia del protocolo en Togo, pasamos todo el primer día presentándonos ante el Prefecto, el alcalde, la familia del jefe de Apeyemé y los representantes de otras instituciones. Durante las reuniones, comentamos los objetivos de nuestro proyecto, cómo íbamos a trabajar y durante cuánto tiempo íbamos a vivir en allí, de manera que, si necesitáramos recurrir a ellos para cualquier duda o problema, supieran cómo atendernos.

La vida en Danyí-Apeyemé es particular. Por un lado, es tranquila y sin horarios, pero por otro, es ajetreada como durante los días de mercado cada viernes. Al mercado vienen personas de toda la región a vender diferentes productos, desde telas hasta especias. También venden comida típica, frutas y verduras, la bebida tradicional togolesa sodabi y hasta medicamentos. El mercado constituye uno de los eventos semanales más importantes, dando lugar a grandes desplazamientos por la zona para llegar desde los diferentes pueblos hasta Apeyemé. Cada día de la semana, el mercado se realiza en una localidad diferente.

Mercado semanal en Apeyemé

Otro momento importante son los eventos religiosos. La mayor parte de la población togolesa es católica, pero también profesan otras religiones como el animismo o el protestantismo. Existe un gran número de iglesias tanto protestantes como católicas en la zona que pudimos visitar.

Todos los domingos, la comunidad se reúne durante las misas. Comparten tiempo en familia y con los amigos. En ocasiones se dan eventos como bodas, o funerales. Nosotras tuvimos la oportunidad de asistir a una de las ceremonias que se celebraron por el fallecimiento de uno de los familiares del jefe de Apeyemé. La celebración se prolongó hasta cuatro días, desde el sábado hasta el martes, en memoria también de otros seres queridos y familiares de la comunidad fallecidos durante ese mismo mes, o durante los años precedentes.  

Funeral en Apeyemé

Podríamos decir que los habitantes de esta zona tienen una gran vida social, la familia y las tradiciones tienen un papel muy importante en la vida cotidiana, y los lazos interpersonales se fortalecen y se mantienen día a día. Es, en otras palabras, el sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Fruto de este pensamiento comunitario nacen muchas de las iniciativas que pudimos conocer durante nuestra estancia en Apeyemé. A pesar de tratarse de un pequeño pueblo ubicado en lo alto de las montañas, existen un gran número de pequeñas asociaciones y ONGs llevadas a cabo por la gente local. La mayoría de ellas se encargan de temas de especial importancia en la sociedad togolesa, como garantizar la salud de la población, la protección y el desarrollo forestal, o la promoción de cultivos biológicos y libres de pesticidas. Muchas de estas entidades están vinculadas ya sea a la Prefectura, como al Ayuntamiento o, incluso, al gobierno togolés.

Durante el mes y medio que estuvimos allí, pudimos conocer de cerca dichas iniciativas. Por ejemplo, Grase-Population, constituida en 2007, se encarga de algunas campañas de vacunación infantil, como la llevada a cabo hace 2 años, en colaboración con el hospital de Apeyemé, e intervino en el reparto de mosquiteras para la prevención de malaria durante el mes de octubre de 2023, campaña en la que trabajaron algunos miembros de AJEVES. Grase-Population también colaboró con nosotras en la identificación de mujeres para nuestro proyecto sobre higiene menstrual, basado en la distribución de kits que permitan mejorar la salud y la higiene de la mujer durante el período menstrual, a fin de evitar posibles infecciones o problemas de salud derivados.

Centro de lectura y formación cultural en Danyi-Apeyemé

Otra de las colaboraciones que establecimos fue con Samuel, que, junto con su padre, fundó AEH, dedicado a la apicultura. En un proyecto dedicado a la reforestación de terrenos, prevención de la tala ilegal de árboles y producción y comercialización de miel. Este proyecto permitía, además, fomentar la inserción de la mujer en el mercado laboral, siendo mujeres prácticamente el 80% de las empleadas. Y, por otro lado, crear nuevas fuentes de ingresos y reactivación de la economía en la zona.

Voluntarias de IROKO trabajando con Samuel para el proyecto de apicultura

Sin embargo, estos proyectos e iniciativas también se enfrentan a muchas trabas y dificultades, ya sea de carácter económico o burocrático, entre otros.

En ocasiones la falta de medios y organización dificultan la creación de un tejido asociativo fuerte y constante en el tiempo. La planificación de las iniciativas, así como su proyección y consecución de objetivos conlleva tiempo, formación, personal y recursos que deben estar perfectamente coordinados para que el trabajo salga adelante.

Por otro lado, existe una falta de sensibilización en gran parte de la población en cuanto a determinadas problemáticas sociales, como puede ser la importancia de la conservación del medio ambiente, la prevención de enfermedades y la vacunación infantil, la salud sexual y reproductiva, o la gestión de residuos. En este último caso, por ejemplo, el ayuntamiento inició hace 2 meses un servicio de recogida de residuos a cambio de una pequeña cuota. Según el Ayuntamiento, “la población, aunque reticente al inicio, está comenzando a sumarse a las listas de familias que contratan el servicio, no obstante, queda aún mucho trabajo por hacer en cuanto a la sensibilización”, señala el alcalde de Apeyemé.

Por otra parte, a pesar de los intentos por avanzar en el terreno, son muchos los intereses de terceros en este ámbito. No podemos obviar que la corrupción que sufre el país, en gran medida por parte de las altas esferas, complica la llegada de fondos a la población beneficiaria, así como la falta de trasparencia o de una política de buenas prácticas. Por lo que, dicho en otras palabras, llegan pocos fondos y, parte de lo que llega, queda en manos de terceros.

No obstante, las pequeñas acciones sociales como las descritas anteriormente están logrando que, poco a poco, la calidad de vida en la región de Danyi vaya mejorando, sumado a iniciativas locales como la de Noah, que, a pesar de no haber constituido oficialmente ninguna asociación, unió a mujeres de Todomé (situado al lado de Apeyemé) para tratar diferentes problemáticas sociales, recoger testimonios, tratar de establecer relaciones de cooperación y colaboración entre ellas. Muchas de estas mujeres también trabajan sus propios terrenos para la apicultura.

Gracias a ello, pudimos encontrar mujeres interesadas en colaborar con nosotras, con IROKO en nuestro proyecto de artesanía, en el que se realizan bolsos, mochilas y carteras que posteriormente se venden en España, financiando así próximos proyectos con el dinero recaudado, contribuyendo así a la circulación del flujo económico.

Mujeres trabajando en el taller de artesanía

Por todo lo descrito anteriormente, podemos ver que la población togolesa, y especialmente en Apeyemé, está abierta a la realización de proyectos en colaboración con otras entidades, ya sean locales, como nacionales e internacionales. Para ello, es importante crear espacios de diálogo donde se puedan recoger, presentar y compartir las diferentes problemáticas que interesan a la población. De modo que conjuntamente, se puedan decidir soluciones y trazar el plan de acción que lleve hacia los objetivos propuestos. 

Durante nuestra estancia, hemos participado en encuentros donde se compartían los diferentes intereses sociales. El hecho de encontrarnos con estos espacios ya conformados con anterioridad a nuestra llegada, ha facilitado en gran medida tanto el compartir experiencias, como conocimientos sobre las diferentes realidades de la comunidad en Danyí – Apeyemé. En una de las reuniones, se nos presentaron claramente diferentes problemáticas. Por ejemplo, la creación de aulas o espacios de aprendizaje y alfabetización para las personas mayores. En segundo lugar, una diversificación del trabajo femenino, que está tradicionalmente dividido entre el ámbito de la costura y la peluquería. Y en tercero, la posibilidad de la conciliación familiar, puesto que las mujeres cada vez se encuentran más presentes en el mercado laboral, al mismo tiempo que son las encargadas de la crianza de los hijos, lo que dificulta en gran medida la organización del tiempo.

En conclusión, a través de este artículo se ha tratado la importancia de la pequeña acción social como motor de proyectos más grandes. De los acuerdos establecidos y de cuáles han sido las principales actividades que hemos realizado en colaboración con la comunidad local. No obstante, aún queda mucho trabajo por delante para hacer frente a las dificultades a las que se enfrenta la acción social en el país.

Reunión para las elecciones del comité, Todomé

Tras todo lo vivido durante esta pequeña experiencia, puedo decir que, lo que más me emocionó desde el principio fue la fortaleza de los lazos comunitarios, y de la constancia con la que trabajan muchas de las personas por lograr que estas iniciativas locales lleguen a buen puerto, mejorando así, no sólo sus propias vidas sino de aquellos a los que quieren.

Publicado en: Togo, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento, Género, Sostenibilidad ambiental

Foro Bolivia, un reencuentro inesperado. Carmen de Rivero. Diego Lagos Sierra.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

En el avión tengo la costumbre de escuchar canciones del país que me recibirá, en este caso las recomendaciones cercanas fueron de “Chacareras”, con ánimo de darle una banda sonora a la experiencia que se avecinaba. Escucharlas (https://www.youtube.com/watch?v=FzKfx6J6AdY) era sentirme de nuevo con ritmos e instrumentos que me eran familiares. Para contextualizar un poco, soy colombiano, y volver desde España a otro país Latinoamericano era un reencuentro que esperaba con ansias.

Al bajar del avión, en la puerta de llegada, un chico espera el regreso de su (creía yo) prometida con un ramo gigante de flores y algunos globos de helio enormes con forma de piolín que, en una tipografía tan bombacha como colorida decían, “te amo”. ¿Una propuesta de matrimonio? Pues no, solo no se veían hace un par de semanas y el anhelado reencuentro era presenciado por un testigo, su perrito, que en la mitad del aeropuerto saltaba de la dicha al ver de nuevo a su humana. Tal muestra de cariño, que demostraba más ganas que pena, me situaban en otro espacio que carecía de puertas y barreras para conocerlo. “Bienvenido a Bolivia” me dijeron Víctor y Jenny, quienes me estaban esperando luego de manejar durante 10 horas seguidas desde Carmen de Rivero hasta el Aeropuerto de Santa Cruz, recorrido que tendríamos que volver a realizar de retorno desde el momento de nuestro encuentro. Desde allí me sentí en casa. Su calidez humana, sencillez, capacidad resolutiva, tranquilidad, humor espontáneo y poco pretensioso, me prometían un equipo de trabajo digno de agradecer y cuidar inicialmente por los próximos dos meses.

La primera parada fue para comprar la hamaca para pasar las noches y botas para recorrer el monte, pues mi estancia en la selva tropical me permitiría estar más en contacto con los majestuosos arboles nativos toborochis, que con semáforos. Con la luz de la mañana iban abriendo también las puertas del mercado de Santa Cruz, que por estos lados es un lugar de placer al paladar que sabe disfrutar de las comidas lentas y populares locales, por una plaza de mercado puedes saber las frutas y vegetales que están de temporada, así como poder disfrutar de especias y frutos con los que hace tiempo no nos veíamos de frente. Mi primer desayuno fue un delicioso caldo de Charque (proveniente del quechua “charki” que significa: Carne deshidratada) con papa congelada morada y 3 arepas (pan tradicional hecho de harina de maíz) de diferentes formas y sabores que iba coleccionando en el camino a la plaza. Recordaré que ese primer desayuno valió 12 Bolivianos, ahora un breve análisis de lo que significan 12 Bolivianos. Una boliviana promedio gana en su moneda local, por hora de trabajo 13.8 Bolivianos, que vendrían siendo 1.26 Euros por hora (a una tasa de cambio de 9.5 que fue la que encontré disponible al llegar). En contraste a ello alguien que venga de un país Europeo (España por ejemplo) está ganando unos 6.56 Euros (62.34 Bolivianos) por Hora (ambos cálculos según el SMLV Local). Por ende, si quien viene desde afuera goza de una situación estable e ingreso constante y sonante, pues el mismo desayuno le vale solo 11.5 minutos de su trabajo, mientras que a una Boliviana que además trabaja 5 horas semanales de más, el mismo desayuno le equivale a 51.8 minutos de su trabajo diario. ¿Sería necesario tasas diferenciales de precios dependiendo del lugar de donde venimos y lo que ganamos? ¿Hasta dónde podríamos llevar a la práctica nuestro discurso sobre equidad (de género y de clase)? Y, por último, para romperme aún más el coco (cabeza): ¿Qué pasa con los 40 minutos de diferencia que unos gozan y los otros pagan? ¿Dónde se acumulan? ¿Quién disfruta de ese tiempo de vida? ¿Dónde se denuncia dicha desigualdad? Claramente voy pensando en ello mientras me rio de los chistes locales, escucho la radio de domingo adornada con un español que comienzo a reconocer, y mastico mi papa morada con ají de cebolla larga. Comienzo a creer que aquí, al igual que en Colombia, pensar en las desigualdades atormenta, por eso a veces solo se viven.

– “Que tenga un buen día Vecina, que rico el caldo” – le digo a la vendedora de desayunos.

– “Ya” – Me responde.

En la misma mañana, de hecho, en menos de dos horas, compramos una SIM Entel para mi celular, porque es la única que a veces coge en las comunidades; negociamos y compramos un celular de segunda mano para doña Carmen, pues hace tiempo quería un celular con “Wasap”, para enviarle fotos y mensajes a sus nietos. Cambiamos mi dinero con una tasa de cambio bastante buena en comparación con la del aeropuerto; nos pusieron una multa de tránsito por estacionar el carro unos minutillos en una vía principal; hicimos mercado pues en Carmen de Rivero, decían, era todo mucho más caro. A las 9 de la mañana ya estábamos listos para partir, la relatividad del tiempo en su máximo esplendor. La economía informal Cruceña nos acababa de permitir hacer todo lo que necesitábamos en solo un par de calles muy a las 7 am, informal pero eficiente. Lo que no me cuadra es que no se puede romantizar el rebusque y la informalidad laboral que las y los bolivianos tienen que sufrir para subsistir, pues, según decía la OIT, Bolivia presenta el índice de informalidad laboral más alto del mundo (85% de su fuerza laboral).

– “En pocas horas comenzará el Paro de transportadores… donde estarán también priorizadas las vías de salida de Santa Cruz”

Mencionaba el locutor en la radio, mientras nosotros definíamos donde comprar el escaso combustible, que el paro era por la falta de combustible disponible en las estaciones (surtidores de gasolina). El equipo de ProAgro, que fue la entidad receptora supo resolver la escasez de combustible con mucha claridad y sin mayor contratiempo. Por otro lado, el contexto de inestabilidad política y, de igual forma, de resistencia de distintos gremios, me daban la bienvenida a Bolivia, haciéndome sentir que si o si la inestabilidad política afecta la cotidianidad de cualquier persona que habite el espacio geográfico, aunque los hay, sí que son pocos los que se pueden esconder de las crisis.

Fotografía 1. Fila para comprar Diesel (Gasolina) en la Estación “El Mana” en la vía a Carmen de Rivero.

Llegamos a Carmen de Rivero luego de recorrer unos 600 km hacia el oriente del país, a un punto donde estamos mas cerca de Brasil que de Santa Cruz. Con mi hospedaje suplo lo que necesito, estoy en un pueblo de 6.300 habitantes que se alcanzan a ver en su mayoría cuando hay fiestas locales. Tras un día de llegada y de acostumbrarme, decido pasar mi primera noche en Hamaca a la intemperie escuchando los pájaros, bichos, viendo las millones de estrellas, escuchando la música chacarera de algún vecino, rascando a los perros vecinos, disfrutando de la tranquilidad y comenzando la planeación que me diría qué y cómo hacer en los siguiente días.

Al cuarto día ya estábamos partiendo a terreno hacia las 7 comunidades Indígenas Chiquitanas que estaban a lo largo de la carretera hacia el camino del “Rincón del Tigre”. Mas o menos unos 120 KM de recorrido donde conocí a los primeros “Menonitas” en las vías, quienes son una comunidad agraria ortodoxa y cerrada, organizada por Colonias, y que mantiene una estética radicalmente uniforme, overol con camisa de cuadros/rayas y corte de pelo militar en los hombres, y mujeres con vestidos largos y oscuros. Sus familias andaban en tractores que jalaban a su vez tráilers donde permanecían sus hijos idénticamente uniformados. Después ya comentare más sobre los “Menonos”, como los locales les llaman.

Fotografía 2. Camión de Menonitas en camino a su Colmena a la salida de Santa Cruz, Bolivia.

Llegamos a la primera “comunidad Chiquitana”, vaya paisajes increíbles que acompañaron el camino, hasta casi olvido mencionar que nos pinchamos, pero eso es tan normal como fácil de solucionar. No lo vi como un problema si no como etapa necesaria en el recorrido, ya que un viaje conmigo mínimo tiene una pinchada, si se da una segunda esa si no es mi culpa, la primera si, ya que es un evento que siempre me acompaña y que ya hasta disfruto y tengo los chistes y comentarios apropiados mientras “el gato” (herramienta hidráulica que eleva el carro permitiendo cambiar la rueda) hace su función.

Fotografía 3. Carretera afilada y empatía. Despichada de llanta a medio día, camino a Carmen de Rivero.

La pinchada se solucionó no por magia, si no por la amabilidad y empatía de otros conductores, que sin preguntar nada se bajaron a ayudar. La cara de quien se bajó del camión a ayudarnos tenía un bulto gigantesco, que a juzgar desde la lectura de una amiga: “Pobrecito, quien sabe por qué tenía un tumor en su carita”, era de preocupación. Pero no, era solo que mascaba toda la hoja de coca que yo podría meter en mi mano, pues si, él la tenia en su boca desde hace un par de horas. La coca le daba la energía necesaria para tener jornadas de conducción de hasta 12 horas (o más) continuas. Coca con Bicarbonato (Bico) de sabores, la gasolina del pueblo boliviano que se encuentra de venta en cada esquina con vistosos letreros verdes que dicen “la Mejor Coca Machucada de la zona”.

Pasamos por las primeras comunidades y comenzaban consigo los nuevo estímulos, sonidos, tareas y actividades: ¡comenzó lo bueno! …

¡Se está quemando el bosque!

Anuncié en la oficina de la Chiquitanía en Carmen de Rivero una tarde, cuando vi que la montaña ardía en llamas. Sin saber muy bien cómo, pero con la certeza de que era la mejor opción, corrimos con algunas palas, incredulidad y valentía a apagar el incendio. Lo logramos, solo se alcanzaron a quemar dos hectáreas esa noche, lo cual era poco en comparación con lo que sucedería en las semanas siguientes.

En medio de incendios y animalitos que salían quemados y despavoridos de sus territorios, comenzaba mi cuarta semana de actividades. Adaptarme a ver incendios a diario era algo que, aunque podría, no quería aceptar, por lo que era crucial entender de dónde venían. Algunos decían que eran provocados por la población local para limpiar el monte y ampliar la frontera agrícola. Es importante mencionar que estos incendios se daban en zonas ambientales “protegidas”, específicamente en el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) San Matías, lo que significaba la destrucción de miles de vidas animales. Otras versiones señalaban que el modelo de desarrollo de monocultivo y soya, incrementado por la ganadería extensiva promovida por los menonitas, había generado un deterioro considerable de la tierra, traduciéndose finalmente en escasez de agua y sequía, un caldo de cultivo para incendios que, hasta hoy, han quemado cerca de 2 millones de hectáreas en todo el país.

Tenía entonces mucho sentido que gran parte de las actividades en las que me involucré en Bolivia estuvieran relacionadas con el acceso al agua y la construcción de entornos más resilientes y sostenibles frente al cambio climático. Por ende, el proyecto que me recibió estaba enfocado en la apicultura. En un contexto de escasez de agua, inminente sequía y amplia biodiversidad por salvaguardar, trabajar con abejas melíferas silvestres no solo era una opción viable, sino necesaria.

Al principio, mi trabajo con las abejas fue abordado desde la técnica; recibí formación de un experto apicultor para poder acompañar las capturas de los enjambres y trasladarlos a su nuevo hogar.

En una semana capturamos cerca de 20 enjambres en 6 comunidades chiquitanas, lo que significaba que era necesario un constante acompañamiento por parte del equipo técnico, ya que trasladarlas era solo el comienzo; luego vendría el proceso de adaptación, nutrición, alimentación, y en general, domesticarlas en su nueva casa. Después de las primeras 10 capturas, comencé a entender el modo de trabajo de las abejas: cuidar y garantizar la vida de la reina era el objetivo principal, pero además, existían otros roles: los zánganos, encargados de fecundar a la reina; las obreras, que no solo construían la colmena, sino que también limpiaban y termorregulaban. Otras salían a buscar comida y, las que más me sorprendieron, eran las encargadas de sacar a las abejas muertas de la caja, con el fin de mantener la salubridad al interior de la colmena.

En este proyecto apoyé con múltiples tareas, desde crear un registro fotográfico y audiovisual significativo que permitiera visibilizar el impacto social y ambiental del proyecto, hasta construir un análisis de costos de producción de miel, diseñar la identidad gráfica de varios productos derivados de la miel que fueron promocionados en ferias de emprendimiento, y dictar talleres de enfoque de género y desarrollo sostenible en varias comunidades.

Otro de los proyectos en los que participé fue la construcción de huertos comunitarios con centros educativos. Con el fin de promover la soberanía alimentaria de las comunidades, se generaron huertos comunitarios con un sistema de riego impulsado por una planta solar. Uno no se imagina lo que deben hacer cientos de comunidades en Bolivia para dejar de caminar 5 km diarios y traer agua desde el río más cercano, cada vez más contaminado por la ganadería.

Estos huertos permitían reconocer el trabajo en equipo y el importante rol que cumplen las mujeres en la comunidad. Aunque históricamente se les ha delegado las labores de cuidado y reproducción de la vida, son ellas quienes tienen una relación directa con la tierra y la reproducción de los alimentos. En este proyecto en particular, el huerto permitiría, en el futuro, generar ingresos económicos que fomentarían la autonomía económica de las mujeres chiquitanas, lo cual es de suma importancia en un contexto con altos índices de inequidad y violencia de género.

Entre visitas, acompañamiento y talleres de enfoque de género y finanzas básicas, transcurrieron las primeras 6 semanas en la Chiquitanía. Se han tejido fuertes lazos de confianza con el equipo de trabajo en Carmen de Rivero, y he podido conocer de primera mano los grandes retos en cuanto a la gestión de proyectos sociales y productivos. Ya casi se acercan los últimos 15 días de voluntariado: a seguir aprendiendo, terminar algunos productos y vivirlos intensamente.

Tercera entrega:

Antes de partir, me doy cuenta de la enorme importancia tanto del fortalecimiento técnico agrícola como del organizativo. El objetivo final de los proyectos de cooperación es reducir el nivel de dependencia que las comunidades tienen de las organizaciones internacionales, y eso se logra tanto con apoyo técnico como fomentando los lazos y alianzas que se gestan dentro de la comunidad para construir nuevas realidades. Nuestra visión de futuro debe dialogar con la visión de futuro de las comunidades con las que buscamos incidir positivamente. Uno de los grandes aprendizajes que me llevo es la importancia de encontrar o construir un plan de vida comunitario. Este es el eje fundamental en el que se construye una visión colectiva de mundo a futuro, y en torno al cual se pueden organizar y dirigir todos los esfuerzos en una misma dirección.

Era evidente la diferencia entre una comunidad con un extenso historial organizativo, principalmente liderado por mujeres, y aquellas que apenas sabían cuántos habitantes tenían y desconocían sus metas y objetivos comunes. Las huertas más bellas y las colmenas más estables siempre pertenecían a las comunidades organizadas. Allí era mucho más fácil la división de tareas, el diálogo y la definición de cuál sería el siguiente paso cuando el proyecto llegara a su culminación.

El camino por delante es largo, y será más claro en la medida en que se conozca de dónde se viene y hacia dónde se quiere ir. La construcción de líneas de vida y existencia comunitarias permitirá reconocer la importancia de defender lo propio frente a otros sistemas de producción. También será fundamental identificar a los actores involucrados en el acceso y consumo de agua para saber quiénes son los que insisten en agotar los recursos hídricos, y así tomar decisiones mediante políticas progresivas que apunten a quienes generan un mayor daño. De este modo, se podrá reconocer que muchas de estas comunidades, que diariamente luchan por obtener agua (ni siquiera potable), están lejos de ser quienes más dañan y afectan las fuentes hídricas.

La respuesta debe ser interinstitucional y con la participación activa de las comunidades directamente afectadas. Sin embargo, este no es el caso, ya que el Estado en estas zonas es visto como un fantasma: se habla de él, pero solo se le ve cada tanto en campaña.

Los aprendizajes y el agradecimiento son infinitos: a la Chiquitanía, por abrir sus puertas y darme la confianza para construir a su lado; a ProAgro, por confiar en mis capacidades y enseñarme su cotidianidad; a la FSU, pues en el territorio se les recuerda y reconoce todo el apoyo que han sabido dar a las comunidades; y finalmente a Bolivia, país hermano, por permitirme recorrer sus tierras y llevarme en un suspiro el sentir de sus valles y montañas.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Derecho agua y alimentación, Género, Sostenibilidad ambiental

Totonicapán y los 48 cantones. Tierra de la cultura maya – k’iché. Paula Pereira Lozano.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera entrada:

Totonicapán es una ciudad que se encuentra a unos 200 km de la capital Ciudad de Guatemala, en Guatemala, a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar. Su nombre viene del Nahuatl Atotonilco o Totonilco que significa “lugar del agua caliente”. Antes de la invasión y colonización española, Totonicapán era uno de los sitios más importantes del Reino K’iché. Por lo que en la ciudad conviven el español y el k’iché. Además, es una ciudad rodeada por las montañas de Cuxniquel, Itzel Ahual y, la más importante, la de Chuitamango. Más o menos esto fue lo primero que googleé cuando supe que iba a iniciar una aventura de 8 semanas en Totonicapán, Guatemala.

Después de lograr cerrar dos maletas llenas de ropa para el frío y de muchos “por si acasos” puse rumbo a un viaje que duraría 16 horas y que aterrizaría en la capital Ciudad de Guatemala. Desde el primer momento que pisé tierras centroamericanas pude notar el bullicio de la gente y los ‘carros’. Mucho ruido, todo el tiempo. Pero sobre todo me llamó la atención el respeto y la educación que me brindaba cada persona que conocía y, de esta manera, lograba hacer desaparecer el miedo de sentirme a más de 8500 km de mi casa y con 8 horas de diferencia horaria.

Al principio veía todo desde una mirada atenta y curiosa. Todo me parecía completamente desconocido. Los autobuses al estilo “americano” y customizados; los ‘tuk tuk’ o mototaxis de 3 ruedas con los que se mueven las personas de la ciudad; las mujeres y niñas vistiendo el traje típico con su cesta en la cabeza o cargando el hijo a la espalda; los puestos del mercado todos los días aunque no sea día de plaza; los altavoces en los coches anunciando a la ciudadanía cualquier evento de la ciudad; la cantidad de sitios para comer “pollo campero” o las tortillas recién hechas.

Autobús o ‘camioneta’ estacionada en la terminal de autobuses de Totonicapán junto a mototaxis o ‘tuk tuk’.

Pero una de las cuestiones que más ha llamado mi atención es la forma de organización territorial y el respeto por preservar su identidad indígena. Por un lado está la municipalidad o ayuntamiento que se encuentra en el centro de la ciudad y también están los 48 cantones.

Un cantón es una comunidad y en la ciudad conviven muchas comunidades rurales, de hecho son más de 48, aunque se le denomina de tal manera por una cuestión burocrática. En cada uno de los cantones existe una alcaldía comunal compuesta por el alcalde comunal, el cual distingue su autoridad a través de una vara que lleva consigo siempre.

Este alcalde es elegido democráticamente cada año en el mes de noviembre y entra a formar parte de un servicio comunitario que debe proporcionar a su comunidad. A este servicio comunal se le conoce con el nombre de ‘K’axcol’ que significa ‘servicio comunitario con dolor’. Se le denomina así porque son 24 horas los 7 días de la semana durante un año. En general unos 3000 hombres y mujeres voluntariamente ayudan en las necesidades de la vida en comunidad. Por ejemplo, entre las labores de este servicio comunal existe los ‘vecinos organizados contra la delincuencia’ en la que los habitantes de la comunidad se coordinan para evitar que haya robos o atracos en su cantón. Este servicio comunitario históricamente y culturalmente siempre se ha llevado a cabo y permite un mayor ordenamiento territorial y mejora el desarrollo comunal.

Por ejemplo, la alcaldía de la comunidad de Nimasac la componen 65 miembros y dentro de la misma se resuelven problemas relativos a la educación; la salud; el agua y un largo etcétera. Nimasac, en k’iché, ‘nim’ significa “grande” y ‘saq’, “llano”. Es considerada una de las comunidades mejor organizadas a nivel sociopolítico del departamento.

Además de las alcaldías comunales existe una junta directiva de los 48 cantones que está formada por representantes de cada comunidad que se reúnen en la casa comunal cada 2 o 3 semanas para resolver problemas comunales.

Por lo que existe una forma de gobierno urbana, denominada municipalidad y la rural o los 48 cantones. Ambas formas de gobierno trabajan unidas en beneficio de la ciudadanía del departamento. Es de gran relevancia esta forma de organización territorial ya que en el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas (AIDPI) firmado en 1995 se resalta la importancia que ejercen las autoridades indígenas en la reconciliación del país y en el mantenimiento de la paz social. En general en toda Guatemala conviven pueblos Maya, Garifuna y Xinca.

También, a parte de la organización territorial, se puede observar como Totonicapán es una ciudad que brinda apoyo a la cultura del país y del propio departamento. Prueba de ello es ‘la casa de la cultura’. En ella se reúne la biblioteca y hemeroteca municipal; un salón para exposiciones y conferencias; la morería o el lugar donde se confeccionan y alquilan los trajes típicos de las danzas y tradiciones populares, entre las que se encuentran: la Danza de los Moros y Cristianos; Venados; Mexicanos; Xecalcojes; Pascarines; de la Conquista, entre otros. Además de contar con un espacio específico para las clases de música y otro destinado a los diversos talleres que se imparten desde la oficina municipal de educación, tales como: el club de lectura; estimulación temprana o la clínica psicológica. Esta última supone una nueva iniciativa que brinda apoyo psicológico de manera gratuita, poniendo en valor la importancia de la salud mental y eliminando estigmas sociales que desafortunadamente aún persisten en la ciudadanía.

Este es el patio de ‘la casa de la cultura’ un lugar donde se realizan actividades con los habitantes de Totonicapán

En general esta experiencia supone una oportunidad única para conocer de cerca la cultura k’iché y en especial la totonicapense. Además de poder ayudar en todo lo necesario a las comunidades y/o a las problemáticas relativas con la educación.

Segunda entrada: La educación y la comunicación: dos herramientas fundamentales para el futuro de Totonicapán.

 La educación en Totonicapán cubre todos los niveles: Kinder, Párvulos, Preprimaria, Básico, Diversificado y Superior. Y en la ciudad se encuentran las escuelas públicas o de tipo federación y los colegios privados. Aquí se distinguen entre “escuelas” y “colegios”. Los primeros siempre públicos y los segundos privados.

 Pero en el municipio, a pesar de contar con diferentes escuelas y colegios, la realidad es que existe una baja alfabetización porque los niños y niñas y jóvenes, en muchas ocasiones, no asisten a la escuela debido a diferentes causas, entre las que se encuentran: la falta de interés en los padres de familia y de los propios jóvenes y por trabajo a temprana edad. Esta última causa muchas veces la realizan obligados por sus padres.

 Según se indica en la Política Municipal de Educación Intercultural (2019-2025), o comúnmente conocida por la Política MEI, desde la educación formal los principales problemas son: la falta de comprensión lectora y lógica matemática; la inseguridad alimentaria que afecta directamente a la capacidad de los niños y niñas para aprender; la infraestructura de los centros educativos muchas veces no proporciona espacios saludables para propiciar procesos de enseñanza y la ausencia de motivación que muestran muchos padres por apoyar la educación de sus hijos.

Todo lo anteriormente señalado tiene una repercusión directa en varias cuestiones como el fracaso de los estudiantes al no superar las pruebas de conocimientos básicos para ingresar a la universidad, lo que a su vez les dificulta acceder a puestos de trabajo en el que se requieren competencias superiores como el conocimiento de una lengua extranjera, como puede ser el inglés y el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

 El voluntariado que estoy realizando se centra en realizar actividades de comunicación para promover las actividades que, desde la oficina de educación de la municipalidad, se llevan a cabo y, además, ayudar a la concienciación de la sociedad sobre los temas que afectan a la educación en Totonicapán.

 Actualmente he visitado la comunidad de Paxtoca, perteneciente a los 48 cantones, y ahí he podido acudir a la escuela rural de Chibatz. En ella he participado en una actividad de reforestación con los niños y niñas de quinto y sexto de primaria. Mi objetivo era grabar vídeos para después realizar un vídeo resumen que promocionase la actividad de la escuela en la página de Facebook de la Municipalidad, así como pudiese sensibilizar a la población de la importancia de ser respetuoso en el cuidado del medioambiente y, en concreto, de los bosques.

Un grupo de estudiantes de la Escuela de Chibatz se dirigen al bosque en la comunidad de Paxtoca para aprender la importancia de preservar el medioambiente.

Dos niñas de la Escuela de Chibatz aprenden a plantar árboles en el bosque de la comunidad de Paxtoca.

 En esa misma escuela he grabado un vídeo de entrevistas a padres y madres y docentes para poner en valor el trabajo que tienen los familias en la educación de sus hijos e hijas, señalando que: “la educación empieza en casa”. El principal objetivo, a través de testimonios de padres y madres que apoyan la enseñanza de sus hijos e hijas, es motivar a otras familias y crear conciencia en la importancia que tienen como ejemplo primordial en sus hijos e hijas y en sus futuros.

 También en Paxtoca, en la escuela Portazuela, tuve la oportunidad de asistir a una feria de la lectura donde los niños y niñas pudieron realizar diferentes actividades desde el teatro y la representación de cuentos a través de títeres hasta la lectura de sus propias historias y adivinanzas. La intención era animar a los jóvenes a seguir leyendo y aprendiendo tanto dentro de la escuela como fuera de esta. Así lo reflejé en un vídeo resumen que realicé de la actividad, así como a través de la creación de material fotográfico. Además, participé en un taller de envasados para padres de familia con la finalidad de promover el emprendimiento y la sostenibilidad económica de los mismos.

Taller de envasados de duraznos en la cocina de la Escuela Portazuela.

Asimismo pude liderar un taller para docentes de la escuela sobre “comunicación no violenta” dirigido a mejorar la comunicación, sobre todo dentro de diversas situaciones de conflicto que se puedan dar dentro del aula. En el taller pudieron trabajar sobre ejemplos reales, identificando la situación desde una perspectiva objetiva, así como aprender a divisar las necesidades y los sentimientos que les generó el conflicto en cuestión.

 En cuanto a la comunicación realizada en Totonicapán, pude grabar varios vídeos sobre los talleres del club de lectura que se lleva a cabo en la casa de la cultura, así como de estimulación temprana. En el primero se pretende motivar a los niños y niñas para que entiendan la importancia de comprender la lectura a través de actividades dinámicas y juegos. En el segundo se trabaja con niños y niñas de unos 2-3 años y se les ayuda a identificar texturas, colores, formas, etc. De esta manera, poco a poco, se van desarrollando las distintas áreas de su cerebro, desde la motricidad fina y gruesa, la cognitiva o la socioemocional.

Los niños y niñas participan en el club de lectura como parte de las actividades que se realizan en la oficina municipal de educación del municipio.

 Estas son algunas de las actividades que estoy realizando para la oficina de educación. Considero que la comunicación juega un papel fundamental tanto en la promoción de las actividades como en la sensibilización de las mismas. En cuanto a lo primero, muchos de los talleres que se organizan, si no tienen visibilidad, tanto de vídeo como de fotografía, en las redes sociales, por ejemplo, muchas personas no se enterarían de que se están haciendo esos talleres. Y con respecto a lo segundo, creo firmemente que la comunicación es una herramienta que puede crear y transformar comunidades, aunque los resultados no sean tangibles a corto plazo.

En general considero, como lo hizo Paulo Freire y otros educadores e investigadores, que la educación y la comunicación no deben de estar separados. La “educomunicación” pretende poner en valor la importancia de la comunicación bidireccional en el proceso de educación y de la vida en general, para poder formar a personas críticas y reflexivas. Por lo que, de esta manera, tal y como dijo Freire, “la educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Un niño lee las historietas que han escrito sus compañeros de la Escuela de Portazuela en Chibatz, Totonicapán.

Septiembre: un mes para celebrar la cultura y la identidad indígena

En Totonicapán más de un 90% de la población es indígena y en concreto, k’iché. Este mes de septiembre es importante para la ciudad porque se celebra el día del patrón San Miguel Arcángel. Entre las celebraciones más destacadas pude acudir el domingo 8 de septiembre a la celebración del VI Festival de la Cultura Totonicapense en la plaza de San Miguel, dónde hubo bailes típicos como los patzcarines, tradicional de la Aldea La Esperanza, en San Miguel Totonicapán, y en aldea Pavotoc, San Francisco El Alto en el departamento de Totonicapán. También se celebró el juego de pelota maya. Un juego ancestral que a día de hoy solo lo practican 15 equipos en toda Guatemala.

FOTO 1. En la foto se pueden ver a dos participantes que están realizando un ritual que dará comienzo al juego de la pelota maya

 Pero el evento más relevante y esperado del día fue la elección de la reina indígena. Un evento en el que se presentan 8 mujeres indígenas que provienen de diferentes aldeas o cantones de Totonicapán. Cada una de las candidatas representa a su comunidad a través de una estampa, que es como un pequeño teatro, en el que se muestran las diferentes tradiciones y la cultura de su comunidad. En este caso, los cantones que se presentaron fueron: Quiacquix, dos de Chuculjuyup, Chipuac, Patzarajmac, Aldea la esperanza, Xesacmaljá y la Aldea Barraneché.

 En cuanto a las estampas que cada una representó tenían en común poner en valor la cultura tradicional maya y reivindicar su posición en las comunidades.

 La reina que representaba al cantón de Quiacquix quiso poner en valor el significado del traje regional. Totonicapán es uno de los mayores productores de telas típicas en el país y,  por ello, la mayoría de sus habitantes se dedican a elaborar restos de trajes a partir de una telares a pedal construidos por ellos mismos. El traje regional del municipio de Totonicapán es utilizado solo en ocasiones especiales. Las partes del traje son: un güipil rojo que representa la sangre que derramaron los ancestros y está decorada con detalles en blanco y negro que significan la oscuridad. El corte representa la oscuridad compuesta por líneas verticales y horizontales que significa la rectitud de los antepasados. El güipil y el corte están unidos a una faja que representa la seguridad de la mujer indígena. Estos son los elementos principales del traje pero existen otros, como la cinta que decora sus trenzas, los aretes, etc.

FOTO 2. Aquí se puede ver como es el traje regional típico de Totonicapán.

 El mensaje de la estampa iba dirigido a poner en valor las formas de vida tradicionales en Totonicapán, como el uso de juguetes tradicionales versus el uso de las tecnologías actuales.

En el cantón de Chipuac se representó una escena de la vida cotidiana, unas mujeres haciendo tortillas para asegurar el almuerzo cuando sus maridos regresen de trabajar en el corte del maíz.

FOTO 3. En la foto aparecen de espaldas tres reinas invitadas que están visualizando una estampa en el escenario del Teatro Municipal de Totonicapán

 En cambio la Aldea barraneché compartió las costumbres de una ceremonia maya cuando una niña cumple los 15 años de edad. Una edad en la que se deja de ser niña y se asume cierta responsabilidad social.

 Por su parte, la ganadora de la noche, Vanesa Tócom representando al cantón de Chuculjuyup, realizó una muestra bastante amplia de las tradiciones ancestrales y las actuales de la cultura maya. La reina representaba a una figura ancestral llamada Stzusztzuxel e iba acompañada por el líder Atanasio Tzul, una figura muy importante de la historia de resistencia en Totonicapán, ya que consiguió firmar el acta de independencia de la ciudad. Estas dos figuras forman parte de la identidad local del municipio y la estampa pretendía mostrar la importancia de un intercambio de conocimientos entre, por ejemplo, una curandera que supone una figura de relevancia en el cuidado de las comunidades en la cultura maya y una doctora. Entre estas dos figuras, la curandera enseña el poder de las plantas medicinales a la doctora y esta le ofrece instrumentos médicos para mejorar el diagnóstico de los pacientes.

FOTO 4. Dos integrantes bailan hacia el escenario para representar sus tradiciones y visibilizar parte de su cultura.

 También se representó la importancia de que los jóvenes en la actualidad se encuentran inmersos en las redes sociales y en las tecnologías y por ende se alejan de su propia cultura y de las buenas prácticas ancestrales, como el respeto a la naturaleza y a la madre tierra. Es por ello que muchos jóvenes tiran la basura a la calle contaminando el medioambiente. Por lo que en la estampa, el mensaje era que los jóvenes difundiesen las buenas prácticas y los conocimientos de sus antepasados a través de las redes sociales. “Todos comprometidos en aprender las buenas prácticas, la ciencia y la tecnología de nuestros antepasados para asegurar el buen vivir de nuestras comunidades”, así lo afirmó el narrador de la historia.

 Además, se mostró a una familia de agricultores que enseñan a su hijo la importancia de cuidar los bosques, de plantar árboles y evitar la reforestación y el cambio climático. Por último el líder Atanasio Tzul conversa con una alcaldesa comunal para asegurar que se respete la práctica de resolución de conflictos de los pueblos originarios que se ha llevado a cabo en los 48 cantones y en otros pueblos de origen maya.

 En general este evento pone en valor el rol de la mujer indígena, la cual tiene una relevancia indiscutible para la defensa del territorio y sobre todo para la pervivencia de las costumbres y de la identidad maya. Tres días antes de la celebración del evento, el 5 de septiembre fue el Día internacional de la mujer indígena y desde las redes sociales de la municipalidad han afirmado “las mujeres indígenas son reconocidas como las protectoras y guardianas de los valores culturales y las garantes de la permanencia de sus pueblos; por ende, violaciones a sus derechos culturales suelen ocasionar violencia espiritual en contra de las mujeres indígenas”. Por lo que este evento supone una victoria para la mujer indígena porque tras años de represión y lucha, puede ocupar espacios públicos y reivindicar su cultura y la de su comunidad.

Publicado en: Guatemala, Voluntariado internacional Etiquetado como: Educación, Género, Sostenibilidad ambiental

Totonicapán guarda su cultura e historia. Ana Karen Ayala Moreno.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Los colores del paisaje y las vestimentas, los olores y sabores de la gastronomía, el viento frío en mi cuerpo, los sonidos de los altavoces en las avenidas y, sobre todo, las sonrisas y la calidez del saludo casual en las calles me transportaron, inmediatamente, a casa. Soy ecuatoriana y las similitudes entre latinoamericanos es palpable. Por ello, desde mi llegada a Guatemala he identificado las semejanzas que tenemos, tanto en lo positivo como en lo negativo.

No obstante, en este breve texto me enfocaré en describir mi primera impresión al pisar Totonicapán, un municipio perteneciente al departamento homónimo, que se ubica en la región suroccidental del país centroamericano, en el que realizo un voluntariado en el área de comunicación de la Municipalidad. Ya tendré el espacio en dos entregas posteriores para hablar sobre el mismo.

La primera impresión que un nuevo sitio deja en sus visitantes no radica solo en sus paisajes o arquitectura, sino en su cultura. Para saber sobre ello, mantuve un diálogo cargado de sabiduría con un totonicapense de corazón, Miguel Antonio Vásquez, director de la Casa de la Cultura, quien labora en este sitio hace 19 años. «Uno debe querer mucho a su pueblo, debe conocer mucho de su tierra y hablar de lo bonito y bueno que tiene», es una de las primeras frases que pronuncia, mientras me invita a recorrer las instalaciones.

Totonicapán es un baluarte de la cultura y la historia indígena que ha resistido el paso del tiempo. Fundada hace 51 años, la Casa de la Cultura de Totonicapán es mucho más que un simple edificio; es un espacio donde el pasado y el presente coexisten, aquí se encuentra la Morería Nima K’iche’, que guarda más de 400 trajes que forman parte del patrimonio cultural del municipio, utilizados en danzas tradicionales que reflejan la diversidad del departamento. Entre estos se encuentran los trajes ceremoniales y aquellos utilizados en la representación de los moros y los españoles durante la conquista, una tradición que ha perdurado gracias a dicha Morería, fundada hace 75 años por Francisco Gutiérrez.

Además, en la Casa de la Cultura se ofrecen una serie de actividades para el desarrollo de las artes y la educación. Con el apoyo de la Municipalidad, aquí se imparten clases de estimulación temprana, lectura comprensiva, artes, enseñanza de quiché -idioma perteneciente a la lingüística maya predominante en esta región-, y, de manera especial, marimba, el instrumento nacional de Guatemala. «La escuela de música ha tenido mucha aceptación y éxito. Varios jóvenes que han estudiado acá tienen ahora sus propios grupos y aquí han crecido, ha sido su cimiento», comenta con orgullo Miguel.

Máscaras de representación de los españoles en la conquista

Morería Nima K’iche’ que alberga más de 400 trajes

La historia de Totonicapán no estaría completa sin mencionar a Atanasio Tzul, uno de los líderes indígenas más venerados de Guatemala, quien perteneció al pueblo maya k’iche’. En 1820, Tzul lideró un levantamiento en contra de los tributos impuestos por los españoles, una revuelta que culminó el 12 de julio con su coronación como rey, junto a su esposa Felipa Tzoc.

Monumento de Atanasio Tzul ubicado en el Parque La Unión

El Teatro Municipal de Totonicapán es otro tesoro cultural que enriquece la historia de la ciudad. Su construcción, que comenzó en 1913, fue impulsada por el entonces alcalde Manuel Ricardo Espada, un amante de la cultura que, con gran visión, seleccionó a los mejores artesanos y arquitectos para llevar a cabo esta obra.

Miguel comenta que, aunque el arquitecto original, José León Arriola, falleció antes de que la obra comenzara, el totonicapense Manuel Trinidad Mesa tomó las riendas del proyecto, asegurando que los planos originales fueran interpretados fielmente.

El teatro, completado en 1922, fue finalmente inaugurado en julio de 1924, después de que las butacas y el mobiliario, donados por Juan Florencio Calderón y traídos desde Alemania, llegaron tras dos años de espera. Las butacas de la luneta, que aún se conservan en su estado original, son un testimonio del esmero y dedicación que se invirtieron en la creación de este espacio cultural.

Actualmente, esta construcción emblemática -con detalles neoclásicos, ubicada en el Parque San Miguel- tiene capacidad para unas 300 personas, en el que se planifican un sinnúmero de actos. Para celebrar su centenario, la Municipalidad ofreció a los totonicapenses una sucesión de eventos culturales durante el mes de julio, entre los que figuraron la participación de escuelas de marimba en el frontispicio del teatro y la presentación del Ballet Nacional de Guatemala.

Teatro Municipal. Un legado con 100 años de historia.

Totonicapán no solo es un rincón pintoresco de Guatemala sino un bastión de la cultura, la historia y la identidad. Cada rincón de este lugar está impregnado de un legado que sus habitantes han sabido preservar. Y en ‘Toto’ todavía hay mucho por contar.

Pinturas identitarias que engalanan la ciudad

Esfuerzos en Seguridad Alimentaria y Nutricional en Totonicapán

Desde 2016, la Oficina de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OMSAN) de la Municipalidad de Totonicapán ha trabajado arduamente para mejorar la calidad de vida de sus comunidades. Encabezada por Yésica García, coordinadora de la Oficina, junto a un equipo de cuatro técnicos de campo, se dedica a garantizar el acceso a alimentos, atendiendo una necesidad en un departamento donde el 48.2% de los niños y niñas sufren de desnutrición crónica.

“La desnutrición es invisible, pero se refleja en el bajo rendimiento escolar, poca energía para sus actividades, poca retención, etc., que influye en los bajos índices de desarrollo. A través de la Comisión Municipal de Seguridad Alimentaria, el área de salud presenta una sala situacional de desnutrición aguda y para lo que va del 2024, registra 50 casos, respecto al 2023 que presentó 61 casos, es decir que la cifra puede aumentar” explica la funcionaria.

La seguridad alimentaria -según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés)- existe cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana. Para ello, se plantearon cuatro dimensiones primordiales: la disponibilidad física de alimentos, el acceso económico y físico a los alimentos, la utilización de los alimentos y la estabilidad en el tiempo de las tres dimensiones anteriores.

En Totonicapán, muchas familias poseen tierras, pero carecen de los recursos económicos y los insumos necesarios para producir alimentos. La falta de trabajo y la preferencia por productos menos nutritivos, como refrescos, agravan la situación. Además, la calidad del agua es un tema delicado y tabú en las comunidades, lo que dificulta los esfuerzos para garantizar agua potable segura. “Se han querido realizar estudios del agua, pero los habitantes no lo permiten porque temen que se les quite el agua, que se disminuya el consumo o que se les cobre más. Es una idea suya, pero que no sucede”, manifiesta. La OMSAN ha adoptado un enfoque integral para combatir los desafíos, promoviendo cuatro pilares: disponibilidad, acceso, consumo y aprovechamiento biológico de los alimentos. Entre las iniciativas destacan la creación de huertos familiares y escolares, la producción de hongos ostra (variedad con alto valor nutricional, fuente de proteína y fibra), la implementación de granjas de gallinas ponedoras, invernaderos de tomate, donación de alrededor de ocho semillas certificadas. Estos esfuerzos buscan no solo mejorar la disponibilidad de alimentos, sino también generar ingresos económicos para las familias.

Para realizar estas actividades se cuentan con diez Comités Comunitarios de Seguridad Alimentaria (Cocosanes), muchos de ellos liderados por mujeres. “Lamentablemente, las autoridades comunitarias no ven como prioritaria a la seguridad alimentaria, piensan más en las infraestructuras, que está muy bien que se gestionen, pero se debe pensar más en el acceso a los alimentos y la nutrición de la comunidad. Por ello, se trabaja principalmente con lideresas comunitarias que son las que nos apoyan para identificar las necesidades”, explica Yésica. 

 En las Cocosanes se promueven charlas de salud, higiene del hogar, higiene personal, higiene de alimentos, el cuidado del consumo de los alimentos, etc.; además de talleres de cocina en colaboración con el proyecto Ixmucane, que apoya en la financiación de actividades como pastelería, chocolatería, recetas tradicionales impulsando así pequeños emprendimientos locales.

Asimismo, se gestionan y se entregan alimentos a las familias que más lo necesitan. “Sabemos que con alimentos no podemos erradicar ni combatir totalmente la problemática, pero al menos viene a aliviar un poco la situación de algunas familias que no tienen suficientes recursos”, menciona García.

Las alianzas son vitales en el trabajo de la Oficina, tanto a nivel estatal como privado. Karina Pretzantzin, técnica en Desarrollo e Implementación de Políticas de Catholic Relief Services (CRS), organización que trabaja aliada a la Municipalidad en seguridad alimentaria, comenta que fue muy favorable la actualización de la política, ya que en su implementación caben todas las actividades. Esta organización realiza seguimiento de la implementación de la política, también un impacto en educación y en alimentación escolar, en 415 escuelas del Departamento de Totonicapán. De igual manera, se capacitan sobre buenas prácticas higiénicas, se han promovido que productores locales lleven alimentos a las escuelas para generar circuitos económicos locales. 

 A pesar de los desafíos que existen a nivel departamental como municipal, García señala que los esfuerzos han dado frutos, con una mayor cobertura en las comunidades y un creciente reconocimiento del trabajo de la Oficina. «Antes, nosotros teníamos que ir a buscarlos; ahora, las personas vienen directamente a nosotros», comenta, subrayando el impacto de los proyectos en la comunidad.

¿Cómo se prepara Totonicapán para aplicar la política de gestión de residuos sólidos?

 En Guatemala se producen un promedio de 0.505 kg/hab/día de residuos y desechos sólidos, de acuerdo a un estudio realizado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, por lo que el país centroamericano se ha comprometido a mejorar la gestión de los desechos a través de la clasificación obligatoria con la implementación del Acuerdo Gubernativo 164-2021.

 Este Acuerdo establece las normas para evitar el deterioro ambiental, reducir la contaminación y mejorar la salud. Es así que obliga a todos los municipios de Guatemala a clasificar los residuos sólidos para lograr una incidencia local y nacional que arrancará en febrero de 2025.

 A propósito, Juan Alvarado, director de Servicios Públicos Municipales de Totonicapán, explica que en este municipio el mandato se está implementando a través de una colaboración interinstitucional que ha establecido una Mesa Técnica cuyo enfoque es la concientización en la población y la creación de una planta de tratamiento. Esta Mesa cuenta con la participación del Centro de Salud, Medio Ambiente, la Junta Directiva de Recursos Naturales, las alcaldías de las cuatro zonas del municipio y la representación de los 48 Cantones.

 Alvarado enfatiza que la educación es clave para cambiar esta realidad. En respuesta, la municipalidad ha destinado a educadoras ambientales que trabajan en las escuelas del área urbana para impartir charlas sobre la clasificación y manejo de residuos. El proceso de concientización no se detiene en las aulas, ya que la Mesa Técnica prepara campañas informativas a través de diversos medios, incluyendo spots publicitarios y redes sociales.

 Pese a ello, un reto significativo es la construcción de la planta de tratamiento, puesto que la clasificación de desechos es esencial, pero no puede lograrse sin contar con la infraestructura adecuada para manejar los materiales clasificados. “A nivel de recursos económicos es una gran inversión. Según algunos estudios que se han realizado, necesitamos alrededor de 13 millones de quetzales y también un predio de al menos cuatro manzanas, donde se pueda construir esta planta”, explica el director.

Los datos de la Guía Práctica para la Formulación de Planes Municipales para la Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, mencionan que hasta 2018, en Guatemala, el 41.86% de los hogares utilizan servicio de recolección para eliminación de residuos, sin embargo, es superado por un 42.79% que practica la quema de residuos; además se identificaron que 6.82% practica la abonera o reciclaje, el entierro en 3.50% y arrojarlos en ríos, quebradas o en el mar en un 1.43%.

 En el caso de Totonicapán, mediante un estudio de caracterización, se sabe que más del 50% de los residuos recolectados son orgánicos, lo que abre una oportunidad para la creación de compost y la reutilización de estos desechos en la agricultura local, tomando en cuenta la composición geográfica del sector que aún guarda extensiones de campo.

 Alvarado señala que la implementación de una gestión efectiva de los residuos no es solo una cuestión de cumplimiento legal, sino una necesidad urgente para mitigar los efectos del cambio climático. También pone gran esperanza en el potencial de Totonicapán para adaptarse a los planes nacionales de gestión de residuos puesto que cuenta con la organización de los 48 Cantones, cohesión social que puede ser la clave para lograr una gestión efectiva.

La población (42,79%) practica la quema de residuos.

Publicado en: Guatemala, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Derecho agua y alimentación, Sostenibilidad ambiental

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