Por Antonio José Santiago Buendía

El fragmento analizado, perteneciente a las secciones “Formación” e “Infancia” de El segundo sexo, constituye uno de los núcleos conceptuales más potentes de la obra Simone de Beauvoir, especialmente al articular la afirmación que ha trascendido como mantra del feminismo contemporáneo: “No se nace mujer: se llega a serlo”. En este comentario crítico examino la vigencia de sus argumentos, el modo en que cuestionan los esencialismos de género y las limitaciones que persisten en su formulación a la luz de debates actuales.
Desde el inicio del texto, Beauvoir plantea que la mujer moderna se encuentra en un momento liminar: ha comenzado a erosionar el “mito de la feminidad”, pero sigue atrapada en estructuras económicas y simbólicas que mantienen el prestigio masculino como norma. La autora insiste en que el destino femenino tradicional no responde a esencias naturales, sino a un entramado histórico-cultural. Este planteamiento, fuertemente existencialista, subvierte las categorías dominantes del pensamiento de su época, que tendían a justificar la subordinación femenina apelando a la biología o a la psicología diferencial.
La sección dedicada a la infancia refuerza ese marco teórico: Beauvoir desmonta la idea de que las niñas estén destinadas innatamente a la pasividad o la maternidad. Sostiene, por el contrario, que las diferencias entre niños y niñas durante la primera infancia son mínimas y que la atribución de roles comienza con la intervención de los otros, especialmente de la familia. Esta tesis anticipa nociones que hoy asociamos con la teoría de la performativa del género de Butler, aunque Beauvoir se distancia de interpretaciones puramente discursivas al subrayar la materialidad del cuerpo y la estructura social.
Una aportación especialmente relevante del fragmento es su análisis de cómo la infancia femenina se sexualiza desde fuera: el cuerpo de la niña es interpretado culturalmente antes de que ella misma pueda otorgarle significado. Beauvoir observa que tanto niños como niñas experimentan su cuerpo como instrumento para explorar el mundo, no como identidad sexual fija. Sin embargo, la sociedad impone una mirada diferenciada que concibe a la niña en un universo simbólico cargado de expectativas. Desde la perspectiva actual, podríamos afirmar que Beauvoir describe aquí una forma temprana de “mirada patriarcal”, aplicada no solo a mujeres adultas sino a niñas.
No obstante, el texto también presenta limitaciones. Beauvoir adopta un lenguaje que, aunque radical para su época, puede resultar problemático hoy, por ejemplo cuando se refiere al “producto intermedio entre el macho y el castrado” para criticar la construcción de la feminidad. Si bien su intención es denunciar cómo la sociedad sitúa a la mujer en un lugar de inferioridad simbólica, la metáfora utiliza categorías que refuerzan un binarismo rígido. Además, su análisis se centra en una mujer universalizada, típicamente occidental, blanca y de clase media. Esto ha sido objeto de crítica por parte de corrientes feministas posteriores, especialmente el feminismo interseccional, que denuncia cómo género, raza y clase se entrecruzan de manera inseparable.
A pesar de estas limitaciones, el fragmento mantiene una vigencia notable. Su crítica a la naturalización de los roles de género resuena en debates educativos actuales, como la disputa en torno a la coeducación, los estereotipos escolares o la sexualización temprana. Asimismo, su respuesta al determinismo biológico sigue siendo necesaria en un contexto donde resurgen discursos esencialistas que buscan restringir derechos reproductivos o cuestionar identidades disidentes. En este sentido, Beauvoir no solo expone un diagnóstico de su tiempo, sino que ofrece herramientas conceptuales para comprender las dinámicas contemporáneas de opresión y resistencia.
En conclusión, el fragmento de El segundo sexo analizado constituye un punto de inflexión en la teoría feminista. Beauvoir desmantela la idea de una feminidad natural y muestra cómo la construcción del género comienza desde la infancia mediante prácticas sociales, educativas y simbólicas. Aunque algunos aspectos de su argumentación requieren revisiones desde marcos contemporáneos más inclusivos, su aportación sigue siendo fundamental para comprender cómo se fabrica la desigualdad y cómo puede deshacerse.
Referencias
Beauvoir, S. de. (2020). El segundo sexo (Trad. A. Martínez). Cátedra. (Original publicado en 1949).
Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.
Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex. University of Chicago Legal Forum, 1989(1), 139–167.
Mulvey, L. (1975). Visual pleasure and narrative cinema. Screen, 16(3), 6–18.
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