Por Aurora Aparicio Serrano

El sonido del piano, el saxo tenor, el bajo y una percusión sutil marcaron el camino para su estelar entrada. Tras su banda, Buika pisó el escenario y el público enmudeció por completo. Comenzó el espectáculo de una manera singular: con sus pies siempre descalzos y su vestido ceremonial africano, pareciendo más una chamana que una cantante, derramó un líquido en el escenario, susurró unas palabras y se santiguó. Tras este original comienzo, dio paso a su voz con “Niña de fiesta”. Como haría durante todo el concierto, reinterpreta todos sus temas, cambiando la instrumentación, la melodía e incluso improvisando letras, algo muy propio de ella.

Foto: Agencia Andalucía Viva 

La banda que la acompaña, está formada íntegramente por mujeres: Yoonmi Choi al piano, Nicole Glover al saxofón, Porcia Angelina al bajo y Camelia Akhamie Kies a la batería. Desde el primer minuto mostraron su destreza y maestría, que no paró de ir in crescendo cuando la voz de Buika las acompañó. Las cinco intérpretes formaban un entramado musical de una calidad exquisita. Buika prometió que sería una noche inolvidable, y cumplió su promesa con creces.

Entre los temas, se tomaba la libertad para contar al público anécdotas, elogiar la ciudad e incluso agitar conciencias, ya que aprovechó su tema “Tiger Eyes” para hablar sobre el racismo en España. Habló de cómo a veces tras salir de un concierto, veía a gente que se cambiaba de acera o se agarraba el bolso al verla pasar, y fue a ellos a quien dedicó esta canción.

También cantó “Oro Santo” para los cantaores y cantaoras del mundo, y reivindicó el carácter universal del flamenco y el gran valor que tiene el hecho de que se practique en todo el mundo, siempre y cuando se haga desde el respeto.

Tras sus temas más recientes e híbridos, vuelve a sus raíces flamencas para lo cual aparecen los Porrina (Ramón e Isidro a la percusión y Paco a la guitarra), dando comienzo así a sus coplas y canciones más conocidas y ante las que el público se mostró más entregado.

La hora de la despedida llegaba a su fin pero Buika no quería irse, así que interpretó “Mi Niña Lola”, dedicándola a todos los padres del mundo, canción que provocó lágrimas entre los espectadores. Un público emocionado la aplaudía sin fin por lo que volvió a salir y como ella dijo tenía que “hacer el gamberro”, ya que aunque debía irse hizo caso omiso, no se pudo resistir y cantó su desgarradora versión de “Ojos Verdes” a capella, a la que se fueron uniendo los Porrina tímidamente.

Si esta cantante mallorquina consiguió un aforo casi lleno es gracias a su voz única, su amplitud de géneros y estilos que atrapan a todo el que la escucha y su personalidad arrolladora. Ganadora de un Grammy Latino por “El último trago” y nominada hasta seis veces, también cuenta con dos discos de oro, uno de ellos por este mismo álbum y el otro por “Mi niña Lola”, álbum que la dio a conocer al gran público, al versionar grandes coplas españolas y latinoamericanas añandiéndoles toques jazzísticos, de soul, ritmos latinos, reminiscencias africanas y su maravillosa voz rota. Como ella misma siempre dice en sus entrevistas, es “una nota libre”.

Tanto su obra musical como su vida personal son reflejo la una de la otra, ya que ella se define como “Bisexual, Trifásica y Tridimensional”, lo que la lleva a lugares donde otros artistas con otra experiencia vital no podrían llegar, teniendo que hacer frente a innumerables obstáculos en su carrera musical, desde el comienzo, cuando le decían que “no sabía cantar”, hasta el contacto con el mundo del flamenco, donde ser una persona con estas cualidades no debió ser fácil. Además, tiene la valentía para componer e interpretar coplas de amor dirigidas a mujeres, como “No habrá nadie en el mundo” o “Mentirosa”.

Foto: Teatro de la Maestranza

“La influencia más fuerte que me ha regido siempre ha sido mi latido. He tenido un latido mucho más fuerte que el de mis miedos”. Buika, 2008.

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