Por Antonio Pérez Martín

Grabado de La Pietá del siglo XVIII.

Hasta hace no mucho tiempo, las expectativas de vida de una mujer podían resumirse en tres categorías: casarse, ser criada o ingresar en un convento como monja; sin embargo, en la Venecia de los siglos XVII y XVIII, se abrió una cuarta vía de posibilidades para las mujeres que se negaban a entrar en este molde. Hoy hablaremos de las figlie del coro de los ospedali venecianos.

 

Los ospedali fueron instituciones caritativas surgidas como refugio de enfermos, mendigos, leprosos y demás repudiados de la sociedad; no obstante, con el paso del tiempo, estos comenzaron a convertirse también en casas de acogida para niños huérfanos, hijos de familias pobres y bastardos de la nobleza. Es a partir de este momento cuando comienza su periodo de esplendor, convirtiéndose en uno de los núcleos de la labor caritativa de la ciudad de los canales. Para que nos hagamos una idea, algunas de estas instituciones, que solían estar unidas a una iglesia, llegaron a contar hasta con 1000 personas en su censo.

 

En los ospedali, los huérfanos no únicamente recibían cobijo, sino que también se les enseñaba un oficio, a los niños, y labores domésticas y de cuidados, a las niñas. Pero ahora bien, ¿qué tiene esto que ver con la música? Pues resulta que en el siglo XVI, Girolamo Miani, un noble veneciano que dedicó su vida a los necesitados, concibió una nueva forma de educar a estos huérfanos: a través de la música. Comenzaría así a impartir clases de canto en el Ospizio dei Derelitti, llevando en ocasiones a los niños cantando en procesión por las calles venecianas y a las niñas a acompañar los oficios sacros en la iglesia, ya que a ellas no les estaba permitido salir a la calle.

 

La cantata de las huérfanas para los duques del norte, cuadro de la pintora veneciana Gabrielle Bella en el que vemos a las figlie del coro cantando en el palacio Querini Stampalia.

De esta manera, gracias al nivel interpretativo que alcanzarían estas niñas, la gente comenzó a acudir a las misas del ospedali, lo que repercutió en un aumento de las donaciones y una mayor inversión para su educación musical. El éxito fue tal, que la educación musical se extendió al resto de ospedali, incluido el de La Pietà, que se convertirá en el mayor exponente de esta vida musical.

 

El ospedale de La Pietà, fundado en el siglo XIV, alcanzará su época de mayor esplendor en siglo XVIII gracias a la fama que cosecharon sus figlie del coro o “niñas del coro” (término que se generalizó aunque muchas de ellas no fueran jóvenes, sino mujeres de mediana edad e incluso mayores). Esta fama se va a deber, en parte, a la labor que realizará con ellas el compositor Antonio Vivaldi, que entró al ospedali como director de la orquesta y profesor de violín, viola y canto en 1703 y que mantendrá una relación con la institución en numerosas ocasiones a lo largo de toda su vida. Para La Pietà, Vivaldi compondrá además numerosas piezas, entre las que se encuentra la famosa colección de conciertos L’estro Armónico.

 

Sin embargo, para entender la trascendencia social de estas instituciones debemos ponernos en el contexto de la Europa de la época, donde la convención prohibía a las mujeres la posibilidad de actuar en público; de esta situación, los ospedali supusieron una excepción a la norma social, pues la sociedad no solo permitió sino que aplaudió las actuaciones de los cori que, debido al aumento de la demanda, pasaron de acompañar únicamente la misa a realizar conciertos fuera de los servicios litúrgicos.

 

En los ospedali cada alumna recibía una estricta formación musical, que incluía el estudio diario de interpretación vocal e instrumental (podían tocar hasta varios instrumentos), canto a primera vista y un entrenamiento auditivo. Hubo algunas de estas niñas que, una vez alcanzada la edad adulta, decidieron permanecer en el ospedale; estas recibieron una educación adicional en copia de música y, en determinadas ocasiones, hasta de composición. Es así como estas instituciones pasaron a estar autogestionadas por las propias mujeres que decidieron quedarse en ellas como inservienti della musica ya que esta situación les permitía una independencia económica, fruto de los ingresos y donaciones que generaba su éxito, a las que una mujer no tenía acceso normalmente en la época.

 

En conclusión: ni casadas, ni monjas, ni criadas; para las figlie del coro se abrió una nueva alternativa vital que las convirtió en mujeres independientes y con prestigio social, artistas reconocidas en toda Europa que consiguieron traspasar las barreras del género y la clase social impuestas en pos de una vida dedicada a la música.

 

A continuación, podéis ver un vídeo con una recreación de un concierto de las figlie del coro en La Pietà donde podemos observar cómo actuaban detrás de una reja para no ser vistas:

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