Por Raquel Pascual Luque

«La música fue capitalizada por mujeres, y fueron ellas las primeras figuras de un estilo que conocemos como blues». (Morales, 2015).

A pesar de la esclavitud que sufrió el pueblo negro hasta finales del siglo XIX y principios del XX, la mujer negra seguía siendo propiedad, es decir, estaba obligada a tener que formar una familia y deberse al hogar. Aquellas mujeres que tenían la suerte de no formar parte del mundo doméstico, se incluyeron como las primeras intérpretes de color, dentro del entretenimiento negro; mujeres como Ma Rainey o Bessie Smith.

 Viajar era uno de los temas sobre el que más se escribía; movilidad igual a libertad. Utilizaban como medio de transporte el tren, ya que como dice John Lovell Jr. en su libro Black Song: The Forge and the Flame; The Story of How the Afro-American Spiritual Was Hammered Out (1972): «ya antes de 1860, muchos poemas espirituales explotaban el tren, sus sonidos seductores, su velocidad y su poder».

 Usando el imaginario en el blues, la figura femenina negra era libre de hacer lo que le plazca. Desde temas sobre malos tratos, sexo o desigualdad social, a enmarcarlo todo en un acto feminista. Los viajes, utilizados como metáfora, se asocia la movilidad con la libertad de la mujer negra; canciones como “Traveling Blues” o “Runaway Blues” de Ma Rainey.

 En “Traveling Blues” de Ma Rainey, las vías de tren simulaban algo real de algo distinto en otro lugar. También nos muestra que, con esta canción, hace contradicción a ese cliché del blues: «cuando a un hombre le entra la pena, salta a un tren y se marcha, [pero] cuando a una mujer le entra la pena, se tumba a llorar». Otro ejemplo de ello es, la antes mencionada, “Runaway Blues”, cuya protagonista se convierte en una rebelde y camina sin saber dónde, antes de tener una situación de maltrato doméstico. También encontramos otras canciones como “Weeping Woman Blues”, en la que la mujer emprende la búsqueda de su amante que la ha abandonado. Normalmente ellas no podían hacer nada cuando su pareja les dejaba. Esta canción trastocaba esa idea sensata de la mujer que se queda en casa. En “Slow Driving Moan”, Ma Rainey nos presenta a la mujer que se va de casa y promete al hombre que volverá y asentará la cabeza, cuando, en realidad, era al revés.

 Otras de las genios es Bessie Smith, quien ayudó a transformar el blues de música regional afroamericana en arte nacional. Al igual que Ma Rainey, mostraba en sus letras situaciones que se ocultaban ante los demás, como la violencia, violencia doméstica o adulterio, todo ello con el lema “lo personal es político”.

También encontramos a Billie Holiday, quien actuó ante los derechos civiles a finales de los 30. A través de “Strange Fruit”, el mensaje de igualdad racial fue más exitoso, aun no siendo la primera canción que hablase de ello, fue a la que más público llegó. Puede que el tema del que hablaban las anteriores canciones, de las otras cantantes fuese con un toque irónico después de todo, pero, “No More” relata de una manera más seria el recuperar el poder y liberarse de relaciones con maltrato.

Podríamos sacar la conclusión, que, a través de las letras feministas de estas mujeres del blues, libres e independientes, sus oyentes femeninas negras pueden evadir e imaginar su vida de otra manera e incluso cambiarla. Este imaginario era tan importante para la comunidad femenina del blues y su desafío al dominio masculino como la misma realidad que vivían. Es una pena que se haya perdido la verdad sobre este género, que las mujeres negras fueron las potenciadoras y con un fin a esta creación: la libertad de las oyentes y de ellas mismas.

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