
Por Victoria Rodríguez Santos
El lanzamiento de «Femme Fatale» (2025), el álbum conceptual de la cantautora chilena Mon Laferte, no es solo una adición a su discografía; es un desafío directo al arquetipo misógino más persistente en la historia del arte y la música. Laferte se apropia del término, históricamente usado para castigar la autonomía femenina, y lo reviste de una complejidad moderna.
En este análisis musicológico, exploraremos cómo la artista se inserta en una tradición de personajes femeninos peligrosos, y cómo su música dialoga con el trabajo de críticas como Susan McClary, quien ha desmantelado la representación de estas figuras en la ópera occidental.
La Femme Fatale en la Musicología Clásica
El término femme fatale (mujer fatal) se popularizó en la literatura y el arte del siglo XIX. Musicalmente, este arquetipo fue codificado en la ópera para representar a la mujer como una figura de poder sexual destructivo que conduce al hombre a la ruina y la muerte.
La musicóloga Susan McClary, una figura central en la musicología feminista, ha analizado cómo personajes como Carmen (Bizet) o Salomé (Strauss) son musicalmente construidos como «la otra»:
- Codificación Armónica: McClary señala que la música asignada a estos personajes a menudo emplea modos exóticos (como la escala gitana o las pentatónicas, en el caso de Carmen) o dislocaciones armónicas y disonancias (en el caso de la histeria de Salomé). Este lenguaje musical sirve para marcar al personaje como peligroso, ajeno y socialmente disruptivo.
- El Castigo Musical: La narrativa musical exige que su sexualidad (su fatalidad) sea castigada con la muerte. Su disrupción armónica o rítmica se resuelve a menudo con la dominación tonal y narrativa masculina. La música se niega a permitirle un final armónico.
Estos análisis, reflejados también en los trabajos de Catherine Clément (Opéra, ou la Défaite des femmes), demuestran que la femme fatale clásica fue una proyección de los miedos patriarcales a la sexualidad femenina sin con
Mon Laferte: De Castigo a Autorretrato
Mon Laferte, una artista conocida por su dramatismo y su exploración del bolero, el rock y el pop latino, da un giro radical a este concepto. En su álbum «Femme Fatale», el arquetipo no es una figura de castigo, sino un acto de apropiación y autoafirmación.
- Reapropiación de la Voz: Los temas del álbum utilizan la voz de la femme fatale para narrar su propia historia. A diferencia de Carmen, cuya historia es contada y terminada por Don José, Laferte es dueña de la narrativa. Ella no canta su destino, canta su elección. El poder reside en la confesión y la libertad emocional, no en el engaño.
- Complejidad Sonora: Musicalmente, Laferte utiliza géneros que, si bien son inherentemente dramáticos (como el bolero, la cumbia o la ranchera), los mezcla con toques de jazz, soul y rithm & blues. Esta paleta sonora compleja rompe con la simple codificación «exótica» de lo que todos conocemos como el jazz clásico. La música de Mon Laferte no dice «soy peligrosa porque soy diferente»; dice «soy poderosa porque soy compleja».
- El Poder del Deseo Recíproco: La femme fatale de Mon Laferte es peligrosa, sí, pero no porque manipule con maldad inherente, sino porque ejerce su deseo y su agencia. En lugar de ser un fantasma sexual que seduce pasivamente, es una figura activa que busca y toma lo que quiere, invirtiendo la dinámica de la «mirada masculina» (como la describe Dunlap) en una mirada activa femenina.
El álbum es un gesto musicológico subversivo. Laferte convierte la etiqueta de «fatalidad» —el destino impuesto por la sociedad— en un título de empoderamiento. Su música nos enseña que, en el siglo XXI, la femme fatale ya no es una heroína trágica que debe morir al final del tercer acto, sino una figura que sobrevive y prospera con su propia complejidad.
Mon Laferte, al usar este concepto para nombrar y definir su propia obra, exige ser escuchada no como un objeto de castigo, sino como una sujeta autónoma en la historia de la música.
De este modo, este nuevo álbum comienza hablando de lo “desastre” que ella se ve, de la figura dramática que todos conocemos de Mon, las historias amorosas que ella ha vivido con finales “fatales”, abusos sexuales e incluso maltratos, pero termina con un tema llamado “Vida Normal” asumiendo y reconociendo que ya por fin tiene esa vida normal que tanto anhelaba, que aunque a veces le aburre (acostumbrada a esa vida pasada tan dura que ha vivido con desamores, depresiones, cáncer…) al final es lo que siempre quiso y que al final es la felicidad que buscaba.
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