Por María del Carmen Guillén Castro

Tanto la música como las relaciones sexuales son de las experiencias más intensas y universales del ser humano ya que ambas activan el sistema de recompensa cerebral, generan placer, estimulan la liberación de dopamina y refuerzan el vínculo emocional con la pareja. Pero, ¿puede la música realmente potenciar la excitación y facilitar o intensificar la llegada al orgasmo? Actualmente, la ciencia nos confirma esta pregunta aunque con matices.
Desde el punto de vista neurobiológico, la música activa las mismas zonas cerebrales implicadas en el placer sexual: el núcleo accumbens, la agmídala y la corteza orbitofrontal. Estas áreas son las encargadas de gestionar la motivación y la recompensa. Por ejemplo, cuando escuchamos música que nos gusta, el cerebro libera dopamina, de forma similar a cuando comemos, nos enamoramos o alcanzamos el clímax en el sexo. Esta coincidencia neuroquímica explica por qué una melodía determinada puede amplificar la experiencia sexual.
Un estudio experimental de Pfaus demostró que añadir música o voces a vídeos eróticos incrementa significativamente la excitación sexual y el deseo tanto en mujeres como en hombres. En otra investigación, Marin halló que las mujeres valoraban más atractivos los rostros del sexo opuesto después de escuchar música compleja y emocionalmente intensa, mientras que los hombres no mostraban ese efecto. Esto nos viene a decir que las mujeres pueden tener una mayor sensibilidad emocional y erótica ante estímulos musicales, lo que explicaría por qué muchas admiten que la música influye en su excitación y conexión íntima.
Más allá del laboratorio, la relación entre música y placer sexual también se observa en la vida cotidiana. En 2024, un estudio de Euronews Culture analizó más de 11.000 canciones de playlists etiquetadas como Sex, Making Love o Bedroom. Casi la mitad de los encuestados, el 47 % afirmaron escuchar música durante el sexo y más del 60 % reportó mayor satisfacción y menor ansiedad por el desempeño. Los géneros más populares fueron el pop, el R&B, el hip hop y el Soul. Algunas canciones de las listas eran mayoritariamente del artista The Weeknd, muchas de ellas pertenecían a la banda sonora de 50 Sombras de Grey.
La música también se ha explorado como herramienta terapéutica en cuanto a disfunciones sexuales. Un ensayo clínico reciente en mujeres con disfunción sexual demostró que el uso de Guided Imagery Music (GIM), una técnica en la que la música guía escenas imaginarias de intimidad, mejoró significativamente el deseo, la excitación y el orgasmo. El poder evocador de la música puede, por tanto, facilitar la respuesta fisiológica sexual a través de la imaginación y la relajación. Los mecanismos propuestos son varios:
- Sincronización corporal. Los ritmos musicales pueden coordinar respiración, frecuencia cardíaca y movimiento, favoreciendo la excitación compartida.
- Reducción de la ansiedad. El acompañamiento musical crea un ambiente de intimidad y privacidad, disminuyendo la autocrítica y mejorando la atención en las sensaciones.
- Condicionamiento erótico. Como mostró Klucken, los estímulos auditivos pueden asociarse con respuestas sexuales, convirtiéndose en señales que despiertan deseos o excitaciones en el tiempo.
En cuanto a diferencias de género, la evidencia apunta a matices más que a oposiciones. Las mujeres tienden a preferir melodías sensuales y suaves, mientras que los hombres eligen ritmos más energéticos. Sin embargo, ambos coinciden en que la música potencia la conexión emocional y reduce las distracciones. Las mujeres suelen preferir melodías sensuales con tiempos moderados y voces suaves que faciliten la concentración en las sensaciones y emociones. Los hombres, por otro lado, tienden a preferir música más rítmica y energética aunque también disfrutan de canciones que evocan intimidad o romanticismo. Sin embargo, esta diferencia es una aproximación general; la personalidad sexual, el contexto cultural y la historia individual con la música juegan un papel crucial en la selección de canciones durante la actividad sexual.
En definitiva, la música no solo acompaña el sexo, sino que lo modula. Es una herramienta que intensifica emociones, refuerza vínculos y puede incluso mejorar la función sexual en contextos terapéuticos. Quizá no todas las canciones conduzcan al clímax, pero entender cómo el ritmo, la voz y la armonía influyen en nuestro cerebro, nos invita a escuchar y sentir de otra forma.
Bibliografía
Klucken, T., Schweckendiek, J., Merz, C. J., Tabbert, K., Walter, B., Kagerer, S., … & Stark, R. (2009). Neural activations of the acquisition of conditioned sexual arousal: effects of contingency awareness and sex. The journal of sexual medicine, 6(11), 3071-3085.
Lee, C. S., & Zaryab, M. (2023). The influence of groove on sexual attraction: Evidence for an effect of misattributed arousal in males but not females. Empirical Musicology Review, 17(2).
Mohammadi, E., Shahshahani, M. A., Noroozi, M., & Beigi, M. (2024). The Effect of Guided Imagery and Music on the Level of Sexual Satisfaction of Women of Reproductive Age: A parallel cluster-Randomized Trial. Journal of Midwifery & Reproductive Health, 12(1).
Pfaus, J. G., Jones, S. L., Flanagan-Cato, L. M., & Blaustein, J. D. (2015). Female sexual behavior. Knobil and Neill’s physiology of reproduction, 2, 2287-2370.
Mori, K., & Iwanaga, M. (2017). Two types of peak emotional responses to music: The psychophysiology of chills and tears. Scientific reports, 7(1), 46063.
Greenberg, D. M., Kosinski, M., Stillwell, D. J., Monteiro, B. L., Levitin, D. J., & Rentfrow, P. J. (2016). The song is you: Preferences for musical attribute dimensions reflect personality. Social Psychological and Personality Science, 7(6), 597-605.
Deja una respuesta