Por José Manuel González Macías

Rosalía – Lux (Columbia Records, 2025). Arte de tapa por Noah Dillon. Enlace a Indie Hoy: https://indiehoy.com/discos/critica-de-lux-rosalia-se-entrega-a-lo-sagrado-para-trascender/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La obra plantea un diálogo constante entre cuerpo, culpa y trascendencia, elaborando una espiritualidad femenina que reinterpreta la tradición cristiana desde una vivencia encarnada. En lugar de aceptar la separación clásica entre lo terrenal y lo sagrado, Rosalía propone que lo corporal y todo lo que sufre o pasa es un camino legítimo hacia lo divino. Desde una mirada feminista, esta visión supone una ruptura clara con la moral cristiana que ha gobernado históricamente la conducta de las mujeres, situándolas en el eje del pecado, tentación y vigilancia moral.

Uno de los temas principales es la tensión entre lo impuro y lo espiritual. Aunque aparece la dicotomía entre Tierra y Cielo, no se usa para despreciar lo terrenal, sino para mostrarlo como una parte necesaria de la experiencia humana. Amar primero el mundo y después a Dios implica reivindicar el cuerpo y sus contradicciones frente a una tradición que ha condenado especialmente el cuerpo femenino. La sexualidad, la violencia y la vulnerabilidad se muestran no como faltas, sino como elementos que forman parte de la búsqueda de sentido. La espiritualidad que emerge aquí no castiga la carne: la incorpora.

El álbum recupera también imaginarios de santas martirizadas y reliquias, símbolos muy presentes en el cristianismo. Sin embargo, la perspectiva es crítica: no se glorifica el sacrificio femenino como virtud, sino que se presenta como memoria histórica de un sistema que moldeó a las mujeres a través del dolor. Al reapropiarse de estas figuras, la voz femenina no reproduce el ideal de docilidad; al contrario, otorga a esas heridas un carácter revelador. La vulnerabilidad deja de ser prueba de obediencia para convertirse en fuente de luz. Las grietas del cuerpo no piden ser ocultadas, pues por ellas entra lo divino.

Otro eje esencial es la relectura del pecado original y de la figura de Eva. Tradicionalmente presentada como origen de la culpa humana, aquí aparece integrada en la identidad femenina de manera emancipadora: no como culpable, sino como portadora de verdad y trasparencia. La mujer reconoce las estructuras morales que la han condicionado, pero decide no someterse a ellas. Incluso cuando se aproxima a lo prohibido, no lo vive como caída, sino como honestidad frente a sí misma. De esta manera, el álbum propone una teología poética donde lo femenino no es obstáculo para la divinidad, sino su manifestación.

La obra aborda también las relaciones con figuras masculinas marcadas por el ego, la inmadurez y el daño emocional. La fe aparece a veces como refugio ante vínculos asimétricos, y otras como un espacio donde la cantante exige reciprocidad, cuestiona la entrega total y redefine los parámetros del amor. En esta dinámica, lo divino puede surgir tanto como consuelo como presencia inquietante, recordando los mecanismos de control que la religión ha ejercido sobre las mujeres. Sin embargo, la voz femenina nunca queda pasiva: observa, confronta, decide y se coloca al mismo nivel que aquello que la vigila. La relación con lo sagrado es bidireccional, no subordinada.

El caos, la tentación y el exceso son otros temas que se reinterpretan desde la agencia femenina. Lo que la tradición ha leído como defectos de mujer se transforma en potencia creadora. Rosalía acepta las contradicciones en vez de corregirse, dando a entender que ser caos no es amenaza, sino afirmación de que la divinidad se halla también en lo inestable.

A lo largo del álbum, aparecen momentos de cansancio y rechazo hacia el mundo, incluso deseos de destrucción o renacimiento. Este impulso no es nihilista, sino un gesto de resistencia: un mundo injusto y agotador necesita transformarse para permitir nuevas formas de existencia. La liberación espiritual se representa como un proceso de despojo: dejar atrás la riqueza material, la culpa y las estructuras que impiden la paz. Al final, lo único valioso es el amor propio y la verdad interior.

La relación con lo divino se vuelve íntima y personal; no se regula desde fuera, sino de la propia experiencia emocional. Lo femenino no es enemigo de la fe, sino su hogar. Esto reescribe la tradición cristiana sin destruirla, pero la sitúa en un lugar donde lo femenino tiene voz, luz y autoridad, proponiendo así que la mujer es un sujeto activo de su propia divinidad.

 

ROSALÍA – LUX (Spotify): https://open.spotify.com/intl-es/album/3SUEJULSGgBDG1j4GQhfYY?si=QfjsaK-ZTVqD4I91oQ6rSQ

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