Por Begoña Martínez Bernal

 

Gustav Klimt Tutt’Art@

La música y la sexualidad tienen mucho en común, y es que la música es una de las formas más naturales del arte, ya que es la encargada de transmitir y hacer realidad emociones con sus melodías y armonías. A su vez, la sexualidad es naturaleza, nos hace sentir y ser. Sin embargo, esta naturaleza desaparece en el momento en el que te silencian. La heteronormatividad que existía y sigue existiendo actualmente, crea la necesidad de separar la música de la homosexualidad, pese a ser claramente dos temas muy entrelazados. Esto ha conseguido que tiempo atrás no se hiciera una investigación crítica sobre cuestiones de diversidad sexual, género, clase, creencias religiosas, poder, raza o etnia.

La música era usada como “armario”. Según las ciertamente dolorosas palabras de Wayne Koestenboum “Históricamente, la música ha sido definida como un misterio y miasma, como implícita más que explícita, y así nos hemos escondido en la música: en la música podemos salir sin salir, podemos revelar sin decir una palabra”. Con la música tenían el poder de expresar todas esas emociones que estaban siendo invalidadas, pero reconocemos en estas palabras el miedo y la opresión. A su vez, esto provocó mucho odio y opresión interiorizada a los propios artistas que intentaron excusarse martirizando a ellos mismos. La salida del armario era prácticamente una acción política.

Por su parte, las lesbianas eran doblemente oprimidas al ser mujeres y homosexuales. Encontramos una división de roles de género en los cuales a la lesbiana se le criticaba por varonil, desprestigiando así su trabajo musical por no ser lo suficientemente femenino; y al gay por ser demasiado femenino. Vemos un latente miedo por parte del hombre heterosexual a perder esa masculinidad, se sienten amenazados, siendo éste, la masculinidad tóxica, uno de los problemas que encontramos en la actualidad.

Philip Brett hizo un estudio sobre los Dúos para piano de Schubert, donde descubrimos cómo su sexualidad afectó a su música, o, mejor dicho, cómo utilizó la música como expresión de sexualidad y sensualidad.

Para empezar, volvemos a designar algo como femenino. Estos dúos estaban hechos para ser tocados en el ámbito doméstico (femenino). En la intimidad de un salón, dos hombres se sentaban juntos ante un piano y rozaban sus manos. Situación, según heteros como Charles Burney, incómoda. Otros compositores como Rossini, indican en la partitura que ha de tocarla un hombre y una mujer “con amor”.

En esta música a cuatro manos, existe una tensión entre los intérpretes, un diálogo, cierto erotismo. Encontramos también connotaciones sexuales como primo – secondo, que serían el top o el bottom en una relación gay. En su música encontramos sensibilidad masculina, melodías y armonías completadas por la pareja, elementos de coqueteo que hacen vibrar ante el peligro de ser descubiertos, rabia e incluso la aterradora fantasía de revelación. Sin embargo, estas obras terminan con la calma, el pájaro vuelve a meterse en la jaula. Entre sus compañeros de profesión, Schumann comentó “Él persuade donde el hombre manda”, refiriéndose a que la música de Schubert era mucho más suave y tierna, en contraposición, por ejemplo, a la música energizante de Beethoven.

En conclusión, viendo lo entrelazado que está la homosexualidad con la música, esa visión del arte como un refugio, como un mecanismo social; es necesaria una musicología enfocada al género y a la sexualidad. Philip Brett nos cuenta, a modo de anécdota, y como punto de inflexión en su carrera como musicólogo, una vez en la que un estudiante compartió con él una investigación con una visión de género y sexualidad. Éste se limitó a responder, como él dice, “como un musicólogo” lo haría, refiriéndose a esa forma arcaica, racional y heteronormativa, como supuestamente exige esta disciplina. Semanas después, el estudiante cometió un intento de suicidio. Necesitamos referentes y una nueva visión de la disciplina que muestre todo lo que nos ha sido silenciado porque ellos, nosotros, también somos parte de esta historia.

 

BIBLIOGRAFÍA

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