Por Rocío Palomino Pérez

Janet Jackson en la Super Bowl de 2004

Cabe preguntarse si, indiferentemente del estilo al que se refiera, el papel femenino en el mundo artístico, concretamente en el musical, se encuentra al mismo nivel de reconocimiento que el masculino.

En este escrito, hablaré sobre esta diferenciación de géneros ligada a la estética que sigue afectando de manera negativa a la mujer artista de nuestros días. Para ello, me he basado en el libro Las chicas son rockeras. El poder femenino en la música, del autor Miguel Ángel Bargueño, en el que se alude a una serie de dificultades que la propia industria le interpone. Tomaré ejemplos y hechos reales para tratar de explicar de la manera más clara y concisa mi objetivo, que no es otro que sacar a la luz todos esos obstáculos con los que las mujeres han tenido que convivir en su carrera para optar, con suerte, al mismo reconocimiento que un artista masculino.

Muchos son los casos conocidos de abuso de poder por parte de discográficas y medios de comunicación hacia los artistas, y no son pocas las mujeres cantantes que han tenido que superar numerosas trabas en su carrera, pero cierto es que la mayor de todas es la que se refiere a la estética, a la imagen. Para entender mejor este hecho, enumeraré tres casos en los que se muestran, de diferentes maneras, estas dificultades estéticas:

En primer lugar, debemos retroceder a la “Super Bowl” del año 2004, en la que un desafortunado Justin Timberlake dejó semi desnuda a Janet Jackson en pleno escenario cuando al tirar del vestido de ésta, dejó al descubierto su pecho derecho. Para los medios, este caso fue un simple incidente provocado por errores de vestuario que llevó consigo el repunte de la carrera artística de Justin, así como una lluvia de críticas y culpas hacia la cantante. Y es que, nos guste o no, existe una necesidad recurrente de exponer el cuerpo femenino, aun cuando nada importan sus cualidades físicas para desarrollar su verdadera profesión, que no es otra que cantar.

Janet Jackson y Justin Timberlake en la Super Bowl 2004

Es aquí donde encontramos el verdadero problema: ¿por qué es necesaria la sexualización de la mujer? Es más, ¿por qué está tan normalizada esta sexualización impuesta hacia el sexo femenino? La respuesta es simple, vivimos en un mundo controlado por hombres. A partir de esta cuestión surge una doble vertiente, pues la sociedad encuentra apetecible la sexualización de una mujer siempre y cuando forme parte de un espectáculo impuesto, siempre que sea ella quien está sucumbiendo al propio show, y no al revés. Por el contrario, cuando una mujer quiere mostrarse sexy o sensual por decisión propia, no es solo que este hecho no vaya a ser aceptado, sino que será fuertemente criticado. En el año 2013, Miley Cyrus sacó a la luz el videoclip de la canción Wrecking Ball, en el que la cantante aparece desnuda y segura de sí misma. Fué fuertemente criticada.

Videoclip Wreacking Ball, Miley Cyrus

Como tercera cuestión que atañe a la mujer artista se encuentra el hecho de llegar al éxito sin depender de un físico, sino tan solo de su voz. No existe una mejor ejemplificación para este caso que la de la cantante británica Adele quien, sin cumplir los estándares estéticos impuestos a la mujer en el panorama musical, ha conseguido un éxito mundial gracias a sus cualidades artísticas. Todo ello podría ser muy positivo y significar la aceptación de la mujer en el mundo del espectáculo por lo que es y no por lo que muestra, de no ser porque Adele ha sido una de las artistas más criticadas por su peso. Se ha llegado a plantear que su físico ha provocado lástima entre el público, y por ello ha logrado tanta aceptación (véase este artículo).

Solo son tres de los muchos casos que nos confirman que actualmente sigue existiendo una necesidad de sumisión hacia la mujer en el mundo artístico. Está asumida la idea de mujer bonita, sumisa y dócil, pero aún nos encontramos muy lejos de aceptar que todo ello no es más que una propuesta mediática ligada al consumismo y a la satisfacción del sistema patriarcal latente en la sociedad de nuestros días.

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