Por Rosa Martínez Romero

Klimt, Gustav, (1899), Schubert al piano II, [Óleo sobre lienzo], perdido en un incendio
Schubert siempre ha sido descrito como alguien tímido e introspectivo, un hombre al que no se le conoció pareja estable, enamorado de mujeres a las que no podía alcanzar y hacia las que sentía solo un amor puro e idealizado (1). Este mantra ha sido repetido hasta la saciedad, pero ¿fue realmente un alma tan cándida?

Es aquí donde entra en juego Maynard Solomon (2), cuyo artículo supone un intento, no de presentar al compositor como un homosexual que terminó recorriendo caminos oscuros, sino de acabar con el estereotipo de heterosexual ajeno a la sexualidad (3). Para ello se basa en el testimonio de amigos cercanos, quienes calificaban a Schubert de promiscuo, señalando de “no usual” su actividad sexual, algo que siempre se ha entendido como una referencia velada a la prostitución. Pero esta, según Solomon, no estaba demasiado mal vista en la época, por lo que lo “no usual” podría referirse a lo no tradicional, a relaciones con personas del mismo sexo. Esto se ve reforzado por aspectos como que, aunque se le vinculase con Therese Grob y Caroline Esterházy, en ningún momento dichos amores llegasen a dar fruto, y con el que en sus cartas se dirigiese en un tono mucho más íntimo y afectuoso cuando se trataba de destinatarios varones.

A ello se le suman sus periodos de convivencia con Franz Schober, a quien se ha señalado como una mala influencia y el culpable de seducir a Schubert; y también con el poeta Johann Mayrhofer, quien llegaría a dedicar versos al compositor como: “¡Me amas! Lo he sentido profundamente, joven fiel, tan dulce y hermoso”. Por último, está la afirmación que Edward von Bauernfeld hace en su diario: “Schubert está de mal humor (necesita ‘pavos reales jóvenes’, como Benvenuto Cellini)”. Cellini fue un importante artista homosexual del Renacimiento, que, según su diario, usaba el término “pavos reales jóvenes” para referirse a bellos muchachos que vestían de manera exótica o afeminada.

El texto de Solomon no dejó indiferente, y las respuestas no tardaron demasiado en llegar, como fue el caso de Rita Steblin (4). Para comenzar, ella reconoce únicamente como fuente válida los diarios de Schubert, no tanto los testimonios de sus amigos. Es por ello que, cuando estos hablan de que el compositor se dejaba arrastrar por las pasiones y de sus hábitos sexuales “no usuales”, no le parece algo relevante. Asimismo, apunta que el libro sobre el que Solomon se basa para hablar de la prostitución no es académico, y que los relatos de los turistas de la época no se corresponden con sus afirmaciones, no siendo la Viena de la época demasiado permisiva con la actividad fuera del matrimonio. Por estas razones, defiende que la prostitución en sí se considerase como un pozo oscuro, sin necesidad de que la homosexualidad interviniera. Además, parar reafirmar la heterosexualidad del compositor, dedica extensos apartados a su relación con Therese Grob y Caroline Esterházy, así como cita fragmentos de cartas en los que Schubert habría hablado sobre otras mujeres, de su belleza y de cómo las desea, y alude al diario de Sophie Müller, a quien habría visitado a solas en repetidas ocasiones.

En cuanto a las acusaciones sobre Schober, Steblin las interpreta a través de las afirmaciones de Josef Kenner quien lo consideraba como un mujeriego, alguien débil, que se dejaba arrastrar por la sensualidad y muy dado al exceso. Excesos y juergas en las que Schubert se habría visto envuelto y que habrían provocado que no fuese productivo. Por último, aunque reconoce que las alusiones a la caza solían hacer referencia a persecuciones sexuales, se apoya también en el diario de Cellini para argumentar que la sífilis se la habría contagiado una mujer, y que uno de sus remedios era comer pavos reales jóvenes, justificando así las afirmaciones de Bauernfeld sobre Schubert.

Sea cual sea la verdad, lo cierto es que ninguno de sus biógrafos ha conseguido aún dar una imagen realmente completa del hombre tras el compositor, de cuáles eran sus inquietudes o qué lo inspiraba al componer. Su historia, al igual que su sinfonía, siguen hoy inacabadas.

 

BIBLIOGRAFÍA

(1) Hitschmann, Edward, (1950), “Franz Schubert’s Grief and Love”, en American Imago, 7 (1), págs. 67 – 75.

(2) Solomon, Maynard, (1989), “Franz Schubert and the Peacocks of Benvenuto Cellini”, en 19th-Century Music, 12 (3), págs. 193 – 206.

(3) Winter, Robert., (1993), “Whose Schubert?”, en 19th-Century Music, 17 (1), págs. 94 – 101.

(4) Steblin, Rita, (1993), “The Peacock’s Tale: Schubert’s Sexuality Reconsidered”, en 19th-Century Music, 17 (1), págs. 5 – 33.

 

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

Agawu, Kofi, (1993), “Schubert’s Sexuality: A Prescription for Analysis?”, en 19th-Century Music, 17 (1), págs. 79 – 82.

Brett, Philip, (1997), “Piano Four-Hands: Schubert and the Performance of Gay Male Desire”, en 19th-Century Music, págs. 149 – 176.

Clarck, Suzannah, (2002), “Review: Schubert, Theory and Analysis”, en Music Analysis, 21 (2), págs. 209 – 243.

Head, Matthew, (2002), “Schubert, Kramer, and Musical Meaning”, en Music & Letters, 83 (3), págs. 426 – 437.

McClary, Susan, (1993), “Music and sexuality: On the Steblin/Solomon Debate”, en 19th-Century Music, 17 (1), págs. 83 – 88.

Muxfeldt, Kristina, (1993), “Political Crimes and Liberty, or Why Would Schubert Eat a Peacock?”, en 19th-Century Music, págs. 47 – 64.

Solomon, Maynard, (1981), “Franz Schubert’s ‘My Dream’”, en American Imago, 38 (2), págs. 137 – 154.

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