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ALMENARA. Blog de la profesora María José Aznar

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62. El proceso de construcción de la Unión Monetaria Europea

7 junio, 2021 por mjaznar Deja un comentario

El camino hacia la Unión Monetaria Europea estuvo marcado por las negociaciones, los pactos y la implementación de medidas, necesario todo ello para el establecimiento del Euro como moneda única.

Mediante este breve texto, podemos hacernos una buena idea de la complejidad de la etapa previa a la creación de la Eurozona.

Fuente: Comisión Europea

Mucho antes de que se redactara el Acta Única Europea, los economistas habían señalado que las economías de los Estados miembros tendrían que comportarse de forma más parecida —un proceso conocido como convergencia— si querían explotar colectivamente todo su potencial. La unión económica y monetaria debía ser el siguiente paso, difícil, pero necesario y deseable, para seguir avanzando.

En 1969, la UE se fijó el objetivo de lograr la unión económica y monetaria (UEM) antes de 1980. Sin embargo, el camino no fue fácil. Las recesiones de los años setenta paralizaron los trabajos sobre la UEM —y la consiguiente moneda única—al igual que frenaron los avances en otros ámbitos. El proceso se reanudó en 1978 con una colaboración más estrecha en lo referente a los tipos de cambio y se relanzó completamente en 1988, culminando con la conclusión de la primera de las tres etapas de la UEM en 1990. En ese año, por ejemplo, la UE suprimió las últimas restricciones aún existentes para llevar dinero de un Estado miembro a otro, realizar transferencias o invertir en otro país de la UE. En adelante, ya no habría que rellenar un impreso con objeto de adquirir divisas extranjeras para irse de vacaciones o estudiar en otro país.

Durante los años siguientes, se trazó una nítida línea divisoria entre las finanzas de  los gobiernos y los bancos centrales. Los gobiernos ya no podían dirigirse a los bancos centrales para que emitieran más dinero con objeto de echarles una mano si no podían equilibrar sus presupuestos. La segunda etapa de la UEM se alcanzó antes de 1994, con la creación del Instituto Monetario Europeo (IME), el predecesor del actual Banco Central Europeo (BCE). Como parte de este proceso, los gobiernos se comprometieron a no «vivir por encima de sus posibilidades», fijándose unos límites para el endeudamiento que podían acumular y para sus déficit presupuestarios. Los países de la UE acordaron establecer un sistema de «vigilancia multilateral» o de supervisión, para controlar aquellas situaciones en las que las decisiones de política presupuestaria de un Estado miembro podían tener efectos nocivos sobre las economías de otros Estados miembros.

Los criterios de Maastricht

 En 1992 se decidió que cinco criterios determinarían si un Estado miembro estaba preparado para adoptar la moneda única. Estos criterios son conocidos como los «criterios de Maastricht», por ser en esta ciudad donde se firmó el Tratado en el que se definían.

Los criterios hacen referencia a:

  • La estabilidad de los precios: la tasa de inflación no debe exceder en más de un 1,5% la de los tres Estados miembros que hayan tenido la tasa de inflación más baja el año anterior;
  • El déficit presupuestario (la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos): ese déficit debe ser, en general, inferior al 3 % del producto interior bruto (PIB);
  • La deuda: su límite se fijó en el 60 % del PIB, aunque un país con un porcentaje más alto puede, no obstante, adoptar el euro si su nivel de endeudamiento disminuye constantemente;
  • El tipo de interés a largo plazo: éste no debe superar en más de un 2 % los de los tres Estados miembros que hayan tenido la tasa de inflación más baja el año anterior;
  • La estabilidad de los tipos de cambio: el tipo de cambio debe haberse mantenido dentro de unos márgenes de fluctuación preestablecidos durante dos años. Estos márgenes son los del sistema europeo de tipos de cambio, un sistema opcional en el que pueden participar los Estados miembros que desean ligar su moneda al

El pistoletazo de salida para una unión económica y monetaria plena se dio el 1 de enero de 1999 con la adopción del euro por once Estados miembros: Alemania, Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal y España. Grecia, que no cumplía inicialmente los criterios de Maastricht, adoptó el euro en 2001.

El euro se convirtió en la moneda oficial de esos once países desde el momento en que lo adoptaron, aunque no hubo billetes y monedas en euros hasta el 1 de enero 2002.

La unión económica y monetaria significa respetar un conjunto de normas agrupadas en lo que se conoce como «Pacto de Estabilidad y Crecimiento».

Estas normas están concebidas para asegurar que las finanzas públicas de los países de la UE sean sanas, que es importante para lograr un crecimiento sostenible.

Todos los años, la Comisión y los Estados miembros comprueban si se ha cumplido el Pacto. Para ello, cada país de la zona del euro proporciona la información necesaria en forma de un programa de estabilidad. Los países que no han adoptado el euro presentan programas de convergencia. Estos últimos incluyen, además, información sobre el comportamiento de estas economías a tenor de los criterios de Maastricht.

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento

 El Pacto de Estabilidad y Crecimiento obliga a todos los países de la UE a aprobar unos presupuestos equilibrados o casi equilibrados a medio plazo. Es decir, los Estados miembros de la UE no deben gastar más de lo que ingresan. De esa manera podrán evitar aumentos de sus déficit como los que en el pasado provocaron que los gobiernos tuvieran que subir los impuestos o dispusieran de menores recursos para gastar en sus ciudadanos o invertir.

Si el crecimiento económico se ralentiza, los ingresos fiscales disminuyen porque las empresas obtienen peores resultados, los ciudadanos consumen menos y los gobiernos necesitan gastar más en prestaciones de desempleo. En estas circunstancias, un cierto endeudamiento adicional puede estar justificado. Sin embargo, si se parte de unos presupuestos fundamentalmente saneados, los gobiernos deberían tener suficiente margen de maniobra para mantener sus déficit  por debajo del 3 % del PIB.

El Pacto no es una camisa de fuerza. Los gobiernos pueden superar el margen del 3 % en circunstancias excepcionales. Las economías pueden atravesar por dificultades, sin que éstas se deban a una mala gestión gubernamental. Acontecimientos imprevistos pueden sacudir la economía internacional; por ejemplo, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos o la subida del precio del petróleo que precedió a la guerra en Irak en 2003.

Si un Estado miembro infringe las normas del Pacto sin motivo justificado, se le conminará a que tome rápidamente medidas para corregir esa situación. Si no lo hace, la Comisión Europea y los demás países de la UE pueden imponer tales medidas. Si esto no es suficiente motivo para recuperar el control del presupuesto, el Estado miembro que incumple el Pacto deberá entregar en depósito a la Comisión una cantidad de dinero que no producirá intereses. Si pese a ello, el Estado miembro no pone remedio a la situación, podría perder todo ese dinero. Esta medida está justificada porque un déficit excesivo en un Estado miembro puede tener efectos negativos sobre los restantes países de la UE.

Asimismo, la Comisión supervisa constantemente la manera en que los Estados miembros cumplen los objetivos para conseguir una economía europea cada vez más integrada en todos y cada uno de los sectores, de las finanzas a la investigación y el desarrollo, de la energía a los transportes. También comprueba si al tomar las decisiones de política económica se han tenido en cuenta correctamente sus repercusiones sobre el medio ambiente. La Comisión supervisa, asimismo, los progresos realizados a la hora de crear puestos de trabajo y lograr que el mayor número de personas posible pueda acceder al mercado laboral. El objetivo primordial consiste en garantizar un crecimiento viable y una sociedad integradora.

El papel del BCE

Unos precios estables crean un entorno económico estable. El Banco Central Europeo (BCE) desempeña un papel crucial para garantizar esa estabilidad en la zona del euro, fijando los tipos de interés que utiliza en sus operaciones con los bancos, tipos que, a su vez, sirven de referencia para todos los tipos de interés de la zona del euro.

Su política se centra fundamentalmente en la inflación. Con sede en Frankfurt, el Banco Central Europeo es el eje del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Todos los bancos centrales de la UE forman parte del SEBC.

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61. Una reflexión del alumnado en torno al Día Mundial del Medio Ambiente

5 junio, 2021 por mjaznar 1 comentario

Esta es una sentida reflexión que ha hecho un grupo de estudiantes de Economía Mundial, para conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra el 5 de junio.

Felicitamos por su iniciativa a quienes suscriben el texto: Samra, Andrea, Mariam, Hasan, Wiham, Fatima Zohora, Mihai e Ismael.

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Es evidente que el ritmo y estilo de vida de la sociedad actual es insostenible. Todos los hábitos tan dañinos que hemos estado interiorizando se reflejan en nosotros mismos, lo que consumimos, lo que pensamos, lo que sufrimos y lo que observamos a nuestro alrededor.

Nuestra sociedad necesita dar un cambio radical de mentalidad. Todos los vertidos en los mares, la deforestación, la tendencia alcista de la huella de carbono por las emisiones de CO2, el uso inadecuado del agua y otros recursos naturales, etc. son producto de una mala conciencia e ignorancia acerca del entorno que nos rodea. Nos hemos sumergido en un bucle del que no sólo los ecosistemas y la naturaleza en general salen perjudicados, sino que particularmente todos los habitantes del planeta podemos percibir, sentir y sufrir estos daños.

Las sequías, las enfermedades respiratorias, el cáncer, los virus, el plástico que ingerimos con los alimentos, las distintas sustancias químicas utilizadas tanto en la industria cárnica como en el sector agrícola e incluso el creciente deterioro de la salud mental de la población en general, tienen un punto de partida común: la degradación del medioambiente.

La generación que hoy día habita este planeta tiene la obligación y el deber moral de tomar conciencia referente a estas acciones y reconducirlas a paliar los desperfectos en el medio ambiente.

No es suficiente con las políticas gubernamentales enfocadas en este sentido, todos debemos asumir la responsabilidad de crear un entorno sano. Y para ello, debemos predicar con el ejemplo, puesto que nuestros amigos, padres, hermanos, hijos y todas las personas que nos rodean reproducen nuestros actos. Directa o indirectamente nos debemos educar acerca del bienestar medioambiental; la educación es la base de un desarrollo y futuro sostenible, sano, consciente y verde.

¡VIVAMOS, NO DESTRUYAMOS!

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60. Teoría de la Integración Económica

4 junio, 2021 por mjaznar 5 comentarios

El sistema multilateral de relaciones comerciales internacionales, se ha levantado sobre el principio general de “no discriminación”. Esto quiere decir que, cualquier trato comercial favorable que un país conceda a otro, debe extenderse al resto de países, para evitar un trato discriminatorio. Esta es la máxima expresión de la denominada Cláusula de Nación más favorecida (NMF).

Pues bien, os habréis preguntado cómo es posible que, tanto el GATT como la OMC, que tienen por bandera principio de no discriminación, permitan la celebración de procesos de integración económica entre diferentes países, sobre la base de acuerdos ventajosos mutuos, de los que participan tan solo los países integrados, quedando el resto del mundo al margen de esas negociaciones.

La respuesta se halla en los estatutos del GATT, que por una parte prohibían la discriminación comercial entre países, y por otra justificaba los acuerdos suscritos entre un grupo de países por su cuenta, mediante una excepción de dicha prohibición. Estos acuerdos se podían interpretar frente a terceros países como claros procesos proteccionistas, lo que, en principio, hubiese dejado vía libre a la vulneración de la cláusula de nación más favorecida.

Pero, como se ha indicado, existen unas excepciones al principio general de no discriminación. La principal excepción de la Cláusula NMF (plasmada en el artículo 1), se halla en el artículo XXIV del GATT, referido a los países que forman parte de procesos de integración económica, como áreas de libre comercio, uniones aduaneras, etc. De manera que, con arreglo a dicha excepción, toda ventaja comercial reconocida entre los países de una unión aduanera o similar, no tendrían por qué ser aplicables a terceros países (es decir, a los países no integrantes del área).

¿Por qué el GATT hacía esa interpretación, conducente a permitir que se reconocieran tratos preferenciales en el comercio entre un grupo de países, sin ser ello incompatible con el sistema multilateral de relaciones comerciales? El GATT consideraba que los acuerdos regionales constituían un complemento al libre comercio, impulsando el desarrollo de los países, viéndose por lo tanto como algo aceptable y permisible. Por lo tanto, pasaron a incorporarse los procesos de integración al espectro de posibilidades de actuación en el contexto del acuerdo.

Al igual que el comercio internacional, la integración económica posee una base teórica explicativa, si bien no es tan amplia y profunda como el cuerpo teórico que se ha erigido en torno al primero. Son diversos los autores que han vertido sus aportaciones al campo de la teoría de la integración, como Viner, Balassa, Johnson, Lipsey y Samuelson.

Una definición de la teoría de la integración económica se debe a Miltiades Chacholiades, quien la define así:

Enfoque teórico que trata de estudiar los cambios resultantes de un proceso de unificación de mercados entre diversos países en sus diversas formas o fases, más allá de la simple preferencia arancelaria, y específicamente los cambios derivados de la creación de uniones aduaneras, por lo que también es conocida como teoría de las uniones aduaneras. Los análisis se refieren fundamentalmente a los sistemas de producción, la estructura del consumo, la relación real de intercambio, la balanza de pagos y el desarrollo económico.

 De esta cita se desprende que:

– La integración es mucho más que una simple área de preferencias arancelarias.

– Admite diversas formas o fases, por lo tanto, se trata de proceso cambiante, dinámico.

– La base de los estudios teóricos se halla en la unión aduanera, que era la forma de integración predominante cuando surgió este cuerpo teórico (de ahí que se haya conocido como  “teoría de las uniones aduaneras”).

Una cuestión que siempre va a asociada a los acuerdos de integración estriba en su carácter dual, en el sentido de que se trata al mismo tiempo de procesos librecambistas y proteccionistas. Esta dualidad se observa en la siguiente cita de Jacob Viner, quien se expresa en estos términos:

Una unión aduanera tiende a incrementar la competencia del comercio entre los países miembros de la unión, lo que supone una tendencia hacia un comercio más libre. A la vez, una unión aduanera tiende a proporcionar relativamente más protección en contra del comercio y la competencia del resto del mundo, lo que representa una proclividad hacia el proteccionismo.

Efectivamente, un proceso de integración regional promueve la libre circulación de productos  entre los países integrados; pero esa agrupación, frente al exterior, representa una nueva forma de proteccionismo, que no existía antes de la integración. Por lo tanto, en el contexto interno de la agrupación, el comercio es más libre, pero de cara al exterior, la faceta proteccionista es lo que predomina claramente.

En contexto de la teoría de la Integración, que es relativamente moderna, pues arranca en la segunda mitad del siglo XX, se manejan una serie de conceptos, como los llamados efectos de creación y de desviación de comercio, que se vieron en otra entrada.

Otros conceptos propios de las aportaciones teóricas sobre integración, son los de integración positiva y negativa. Tinbergen nos ayuda a distinguirlos, mediante esta cita:

La integración económica es el establecimiento de la estructura más deseable en la economía internacional, mediante la supresión de los obstáculos artificiales al funcionamiento óptimo, y la introducción deliberada de todos los elementos deseables de coordinación o unificación.

En esa afirmación se observan dos tipologías de acciones: una, que representa la eliminación de “algo” y otra, que implica la incorporación de “algo”. Así, “la supresión de obstáculos…” constituye un ejercicio de integración negativa. De modo que, todo lo que sea eliminar, quitar, suprimir, etc., para acercar los mercados de los miembros entre sí, se trata de acciones de integración negativa (por ejemplo, la eliminación de los aranceles entre los países integrantes de la UE). Contrariamente, “la introducción deliberada de todos los elementos deseables de coordinación…”, significa  lo contrario. En efecto, cualquier acción conducente a incorporar un nuevo elemento en el proceso, antes inexistente, se considera un elemento de integración positiva (por ejemplo, en relación a la UE, el establecimiento del TARIC). Estos nuevos elementos son necesarios para el correcto desarrollo del esquema integracionista, por lo que a medida que avanza el proceso serán cada vez más numerosos.

Terminemos esta breve incursión en el ámbito de la teoría económica de la integración haciendo una referencia a la teoría de las uniones monetarias. Esta teoría se centra en el estudio de las denominadas áreas monetarias óptimas, configuradas por países que:

  • Han implementado un alto grado de armonización de sus políticas económicas;
  • Poseen similar nivel de desarrollo socioeconómico;
  • Han desarrollado el máximo nivel de liberalización interna de los intercambios.

Por lo tanto, para que una serie de países adopten una moneda única con las máximas garantías de éxito, es necesario que cumplan esas exigencias. Evidentemente, no es fácil que coincidan simultáneamente esas circunstancias, por lo que resulta complicado que se den las áreas monetarias óptimas, ni por lo tanto, la garantía de que las uniones monetarias funcionen óptimamente.

 

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59. Breve cronología de la construcción de la Unión Europea

24 mayo, 2021 por mjaznar 1 comentario

La Unión Europea no podría haber llegado a ser lo que es, un inmenso espacio de más de 4.200.000 km cuadrados y casi 447 millones de habitantes, si no hubiese pasado por una serie de etapas o fases en su proceso integracionista. Unas etapas que, además, han ido en paralelo a una serie de acontecimientos de carácter social, político y económico, y que han contribuido a perfilar lo que hoy es la Unión.

En su web, la UE recoge dichas etapas, cronológicamente, ligadas a su vez a esos diversos hechos cruciales. Esto se puede ver en el enlace siguiente, que se transcribe a continuación:

https://europa.eu/european-union/about-eu/history_es

1945 – 1959

Una Europa pacífica: los albores de la cooperación

La Unión Europea nació con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre vecinos que habían culminado en la Segunda Guerra Mundial. En los años 50, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero es el primer paso de una unión económica y política de los países europeos para lograr una paz duradera. Sus seis fundadores son Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Ese período se caracteriza por la guerra fría entre el este y el oeste. Las protestas contra el régimen comunista en Hungría son aplastadas por los tanques soviéticos en 1956. En 1957 se firma el Tratado de Roma, por el que se constituye la Comunidad Económica Europea (CEE) o «mercado común».

1960 – 1969

Una etapa de crecimiento económico

La década de los 60 es un buen momento para la economía, favorecido, entre otras cosas, porque los países de la UE dejan de percibir derechos de aduana por las transacciones comerciales entre sí. También acuerdan ejercer un control conjunto de la producción alimentaria para que, de este modo, todo el mundo tenga suficiente para comer. Esto da pronto lugar a un excedente de producción agrícola. Mayo de 1968 es recordado por la revuelta estudiantil en París, y muchos cambios en la sociedad y los hábitos de vida se relacionan con la llamada «generación del 68».

1970 – 1979

Una Comunidad creciente: la primera ampliación

El 1 de enero de 1973, Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido entran en la Unión Europea, con lo que el número de Estados miembros aumenta a nueve. La guerra araboisraelí de octubre de 1973, breve pero cruel, da lugar a una crisis de la energía y a problemas económicos en Europa. Con el derrocamiento del régimen de Salazar en Portugal en 1974 y la muerte del general Franco en España en 1975 desaparecen las últimas dictaduras «de derechas» de Europa. La política regional de la UE empieza a transferir grandes cantidades de dinero para la creación de empleo e infraestructuras en las zonas más pobres. El Parlamento Europeo aumenta su influencia en los asuntos de la UE y, en 1979, es elegido por primera vez por sufragio universal. En la década de 1970 se intensifica la lucha contra la contaminación. La UE adopta nuevas disposiciones para proteger el medio ambiente e introduce por primera vez el concepto de «quien contamina, paga».

1980 – 1989

El rostro cambiante de Europa: la caída del muro de Berlín

El sindicato polaco Solidarność y su dirigente, Lech Walesa, se hacen famosos en Europa y en todo el mundo tras las huelgas de los astilleros de Gdansk en el verano de 1980. En 1981 Grecia pasa a ser el décimo miembro de la UE y, cinco años más tarde, se suman España y Portugal. En 1986 se firma el Acta Única Europea, tratado que constituye la base de un amplio programa de seis años, destinado a eliminar las trabas a la libre circulación de mercancías a través de las fronteras de la UE, y que da así origen al «mercado único». El 9 de noviembre de 1989 se produce un vuelco político importante cuando se derriba el muro de Berlín y, por primera vez en 28 años, se abre la frontera entre las dos Alemanias, la del este y la del oeste, lo que lleva a su unificación en octubre de 1990.

1990 – 1999

Una Europa sin fronteras

Con la caída del comunismo en Europa central y oriental, los europeos se sienten más cercanos. En 1993 culmina la creación del mercado único con las «cuatro libertades» de circulación: mercancías, servicios, personas y capitales. La década de 1990 es también la de dos tratados: el de Maastricht (Tratado de la Unión Europea) en 1993 y el de Ámsterdam en 1999. Los ciudadanos se preocupan por la protección del medio ambiente y por la actuación conjunta en asuntos de seguridad y defensa. En 1995 ingresan en la UE tres países más: Austria, Finlandia y Suecia. Los acuerdos firmados en Schengen, pequeña localidad de Luxemburgo, permiten gradualmente al ciudadano viajar sin tener que presentar el pasaporte en las fronteras. Millones de jóvenes estudian en otros países con ayuda de la UE. La comunicación se hace más fácil a medida que se extiende el uso del teléfono móvil y de Internet.

2000 – 2009

Expansión

El euro es la nueva moneda de muchos europeos. Cada vez más países lo adoptan durante esta década. El 11 de septiembre de 2001 se convierte en sinónimo de «guerra del terror», tras el secuestro y colisión de varios aviones contra edificios de Nueva York y Washington. Los países de la UE comienzan a colaborar más estrechamente contra la delincuencia. Cuando, en 2004, diez nuevos países ingresan en la UE, seguidos por Bulgaria y Rumanía en 2007, las divisiones políticas entre la Europa del este y del oeste se dan por zanjadas definitivamente. La crisis financiera sacude la economía mundial en septiembre de 2008. El Tratado de Lisboa, que aporta instituciones modernas y métodos de trabajo más eficientes a la UE, es ratificado por todos los Estados miembros de la UE antes de su entrada en vigor en 2009.

2010 – 2019

Una década delicada

La crisis económica mundial golpea de lleno en Europa. La UE ayuda a varios países a hacer frente a sus dificultades y establece la «unión bancaria» para crear un sector bancario más seguro y fiable. En 2012 se entrega el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea. En 2013 Croacia se convierte en el 28º miembro de la UE. El cambio climático sigue teniendo un lugar destacado en la agenda y los dirigentes acuerdan reducir las emisiones nocivas. En 2014 se celebran las elecciones europeas y los euroescépticos ganan escaños en el Parlamento Europeo. Se establece una nueva política de seguridad a raíz de la anexión de Crimea a Rusia. Las revueltas y guerras en varios países llevan a muchas personas a huir de sus hogares y buscar refugio en Europa. La UE se enfrenta al reto de cómo cuidar de ellos, salvaguardando al mismo tiempo su bienestar y respetando sus derechos humanos.

2020

El Reino Unido deja de ser miembro de la Unión Europea tras 47 años de pertenencia, lo que marca un nuevo capítulo de la historia de la Unión. La entrada en vigor del Acuerdo de Retirada señala el inicio de un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020, como mínimo, durante el cual el Reino Unido mantendrá su participación en el mercado único y la Unión Aduanera. Aunque la legislación de la UE se seguirá aplicando hasta el final del periodo transitorio en el Reino Unido, este dejará de tomar parte en los procesos de toma de decisiones de la UE, al ser ya un país que no forma parte de la Unión.

 

 

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58. Evolución histórica del sistema multilateral del comercio internacional

9 mayo, 2021 por mjaznar 4 comentarios

El desarrollo del comercio internacional desde el fin de la segunda guerra mundial al presente, no puede entenderse sin comprender la función de las instituciones que le han dado cuerpo: el GATT y la OMC.

A través del siguiente texto, de la página web de la OMC, podemos comprender cómo ha acontecido esa evolución, mediante un acercamiento al funcionamiento del sistema multilateral del de negociaciones comerciales:

Los años del GATT: de La Habana a Marrakech

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La creación de la OMC, el 1º de enero de 1995, significó la mayor reforma del comercio internacional desde la segunda guerra mundial. Hizo también realidad — en una forma actualizada — el intento fallido realizado en 1948 de crear la Organización Internacional de Comercio (OIC) en 1948.

La OMC en pocas palabras

Gran parte de la historia de esos 47 años se escribió en Ginebra. No obstante, traza una ruta que se extiende por distintos continentes: de la vacilante partida en La Habana (Cuba) en 1948 a Marrakech (Marruecos) en 1994, pasando por Annecy (Francia), Torquay (Reino Unido), Tokio (Japón), Punta del Este (Uruguay), Montreal (Canadá) y Bruselas (Bélgica). Durante ese período el sistema de comercio fue regulado por el GATT, rescatado de la tentativa infructuosa de crear la OIC. El GATT ayudó a establecer un sistema multilateral de comercio firme y próspero que se hizo cada vez más liberal mediante rondas de negociaciones comerciales. Sin embargo, hacia el decenio de 1980 el sistema necesitaba una reorganización a fondo. Esto condujo a la Ronda Uruguay y, en definitiva, a la OMC.

El GATT: “provisional” durante casi medio siglo

Desde 1948 hasta 1994, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) estableció las reglas aplicables a una gran parte del comercio mundial, y en este espacio de tiempo hubo períodos en los que se registraron algunas de las tasas más altas de crecimiento del comercio internacional. A pesar de su apariencia de solidez, el GATT fue durante esos 47 años un acuerdo y una organización de carácter provisional.

La intención original era crear una tercera institución que se ocupara de la esfera del comercio en la cooperación económica internacional y que viniera a añadirse a las dos “instituciones de Bretton Woods”: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Más de 50 países participaron en negociaciones encaminadas a crear una Organización Internacional de Comercio (OIC) como organismo especializado de las Naciones Unidas. El proyecto de Carta de la OIC era ambicioso. Además de establecer disciplinas para el comercio mundial, contenía también normas en materia de empleo, convenios sobre productos básicos, prácticas comerciales restrictivas, inversiones internacionales y servicios. Se tenía la intención de crear la OIC en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo celebrada en 1947 en La Habana, Cuba.

En el ínterin, 15 países iniciaron en diciembre de 1945 negociaciones encaminadas a reducir y consolidar los aranceles aduaneros. Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial y esos países deseaban impulsar rápidamente la liberalización del comercio y empezar a soltar el lastre de las medidas proteccionistas que seguían en vigor desde comienzos del decenio de 1930.

Esa primera ronda de negociaciones dio origen a un conjunto de normas sobre el comercio y a 45.000 concesiones arancelarias, que afectaban aproximadamente a una quinta parte del comercio mundial (por valor de 10.000 millones de dólares EE.UU.). Cuando se firmó el acuerdo, el 30 de octubre de 1947, el grupo se había ampliado a 23 miembros. Las concesiones arancelarias entraron en vigor el 30 de junio de 1948 en virtud de un «Protocolo de Aplicación Provisional». Así nació el nuevo Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, con 23 miembros fundadores (oficialmente, «partes contratantes»).

Estos 23 países formaban también parte del grupo más amplio que negociaba la Carta de la OIC y, a tenor de una de las disposiciones del GATT, debían aceptar algunas de las normas comerciales estipuladas en el proyecto de Carta. Consideraron que esto se debía hacer rápida y «provisionalmente» para proteger el valor de las concesiones arancelarias que habían negociado. Especificaron cómo concebían la relación entre el GATT y la Carta de la OIC, pero también dejaron abierta la posibilidad de que no se creara dicha Organización. Y tuvieron razón.

La Conferencia de La Habana comenzó el 21 de noviembre de 1947, cuando todavía no había transcurrido un mes desde la firma del GATT. La Carta de la OIC fue finalmente aprobada en La Habana en marzo de 1948, pero su ratificación por algunas legislaturas nacionales resultó imposible. La oposición más importante se manifestó en el Congreso de los Estados Unidos, pese a que el Gobierno de este país había sido una de las principales fuerzas impulsoras del proyecto. En 1950 el Gobierno de los Estados Unidos anunció que no pediría al Congreso que ratificara la Carta de La Habana, lo que supuso prácticamente la muerte de la OIC. En consecuencia, el GATT se convirtió en el único instrumento multilateral por el que se rigió el comercio internacional desde 1948 hasta el establecimiento de la OMC en 1995.

Durante casi medio siglo, los principios jurídicos fundamentales del GATT siguieron siendo en gran parte los mismos que en 1948. Se hicieron adiciones: una sección sobre el desarrollo añadida en el decenio de 1960 y acuerdos «plurilaterales» (es decir, de participación voluntaria) en el decenio de 1970, y prosiguieron los esfuerzos por reducir los aranceles. Gran parte de ello se logró mediante una serie de negociaciones multilaterales denominadas «rondas»; los avances más importantes en la liberación del comercio internacional se realizaron por medio de esas rondas celebradas bajo los auspicios del GATT.

En los primeros años, las rondas de negociaciones comerciales del GATT se concentraron en continuar el proceso de reducción de los aranceles. Después, la Ronda Kennedy dio lugar, a mediados del decenio de 1960, a un Acuerdo Antidumping del GATT y una sección sobre el desarrollo. La Ronda de Tokio, celebrada en el decenio de 1970, fue el primer intento importante de abordar los obstáculos al comercio no consistentes en aranceles y de mejorar el sistema. La Ronda Uruguay, que fue la octava y se celebró entre 1986 y 1994, fue la última y la de mayor envergadura. Dio lugar a la creación de la OMC y a un nuevo conjunto de acuerdos.

La Ronda de Tokio: primer intento de reformar el sistema

La Ronda de Tokio tuvo lugar entre 1973 y 1979, y en ella participaron 102 países. Esta Ronda prosiguió los esfuerzos del GATT por reducir progresivamente los aranceles. Entre sus resultados cabe señalar una reducción media de un tercio de los derechos de aduana en los nueve principales mercados industriales del mundo, con lo que el arancel medio aplicado a los productos industriales descendió al 4,7 por ciento. Las reducciones arancelarias, escalonadas durante un período de ocho años, conllevaban un elemento de “armonización”: cuanto más elevado era el arancel, proporcionalmente mayor era la reducción.

En los demás aspectos, la Ronda de Tokio tuvo éxitos y fracasos. No logró resolver los problemas fundamentales que afectaban al comercio de productos agropecuarios ni tampoco llegó a poner en pie un acuerdo modificado sobre “salvaguardias” (medidas de urgencia contra las importaciones). En cambio, de las negociaciones surgieron una serie de acuerdos sobre obstáculos no arancelarios, que en algunos casos interpretaban normas del GATT ya existentes y en otros abrían caminos enteramente nuevos. En la mayoría de los casos, sólo un número relativamente reducido de los miembros del GATT (principalmente países industrializados) se adhirieron a esos acuerdos. Como no fueron aceptados por la totalidad de los miembros del GATT, a menudo se les daba informalmente el nombre de “códigos”.

No tenían carácter multilateral, pero representaban un comienzo. Varios de esos códigos fueron finalmente modificados en la Ronda Uruguay y se convirtieron en compromisos multilaterales aceptados por todos los Miembros de la OMC. Sólo cuatro de ellos siguieron siendo acuerdos “plurilaterales”: los relativos a la contratación pública, la carne de bovino, las aeronaves civiles y los productos lácteos. En 1997 los Miembros de la OMC acordaron la terminación de los acuerdos sobre la carne de bovino y los productos lácteos, con lo que sólo quedaron dos.

¿Tuvo éxito el GATT?

El GATT tenía un carácter provisional y un campo de acción limitado, pero su éxito en el fomento y el logro de la liberalización de gran parte del comercio mundial durante 47 años es incontrovertible. Las continuas reducciones de los aranceles contribuyeron a estimular durante los decenios de 1950 y 1960 el crecimiento del comercio mundial, que alcanzó tasas muy elevadas (alrededor del 8 por ciento anual por término medio). Y el ímpetu de la liberalización del comercio contribuyó a que el crecimiento de éste sobrepasara en todo momento el aumento de la producción durante la era del GATT, lo que demostraba la creciente capacidad de los países para comerciar entre sí y aprovechar los beneficios del comercio. La afluencia de nuevos miembros durante la Ronda Uruguay fue una prueba del reconocimiento de que el sistema multilateral de comercio constituía un soporte del desarrollo y un instrumento de reforma económica y comercial.

Pero no todo fue satisfactorio. A medida que pasaba el tiempo se planteaban nuevos problemas. La Ronda de Tokio, en el decenio de 1970, fue un intento de abordar algunos de ellos, pero sus logros resultaron limitados. Fue un signo de los tiempos difíciles que se avecinaban.

El éxito logrado por el GATT en la reducción de los aranceles a niveles tan bajos, unido a una serie de recesiones económicas en el decenio de 1970 y en los primeros años del de 1980, incitó a los gobiernos a idear otras formas de protección para los sectores que se enfrentaban con una mayor competencia extranjera. Las elevadas tasas de desempleo y los constantes cierres de fábricas impulsaron a los gobiernos en Europa Occidental y América del Norte a tratar de concertar con sus competidores acuerdos bilaterales de reparto del mercado y a emprender una carrera de subvenciones para mantener sus posiciones en el comercio de productos agropecuarios, hechos ambos que minaron la credibilidad y la efectividad del GATT.

El problema no se limitaba al deterioro del clima de política comercial. A comienzos del decenio de 1980 era evidente que el Acuerdo General no respondía ya a las realidades del comercio mundial como lo había hecho en el decenio de 1940. En primer lugar, el comercio mundial era mucho más complejo e importante que 40 años atrás: estaba en curso la globalización de la economía, el comercio de servicios — no abarcado por las normas del GATT — era de gran interés para un número creciente de países, y las inversiones internacionales se habían incrementado. La expansión del comercio de servicios estaba también estrechamente relacionada con nuevos incrementos del comercio mundial de mercancías. Se estimaba que las normas del GATT resultaban deficientes también en otros aspectos. Por ejemplo, en el sector de la agricultura, en el que se habían aprovechado abundantemente los puntos débiles del sistema multilateral y habían tenido escaso éxito los esfuerzos por liberalizar el comercio de productos agropecuarios. En el sector de los textiles y el vestido se negoció en el decenio de 1960 y primeros años del de 1970 una excepción a las disciplinas normales del GATT, que dio lugar al Acuerdo Multifibras. Incluso la estructura institucional del GATT y su sistema de solución de diferencias causaban preocupación.

Estos y otros factores persuadieron a los miembros del GATT de que debía hacerse un nuevo esfuerzo por reforzar y ampliar el sistema multilateral. Ese esfuerzo se tradujo en la Ronda Uruguay, la Declaración de Marrakech y la creación de la OMC.

 

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