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Desmontando a Jaime

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Horacio Quiroga: Una vida de locura y muerte

31 marzo, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Acusado por muchos de excesivo, y relegado por los jóvenes literatos de la generación que al cabo bebería de su inclinación por el dolor (la más macabra de todas las realidades), Horacio Quiroga, uruguayo afincado en argentina, representa a una las pocas plumas latinoamericanas que han delineado el horror de una manera única y cruelmente palpable. Es eso y más lo que hace que su nombre resplandezca entre los grandes citados en esta sección.

Extraño en su tierra

Muchos biógrafos y expertos en literatura coinciden en que el fatalismo en la prosa de Quiroga no es fruto del morbo y mucho menos de la causalidad. Su vida estuvo marcada por la tragedia desde el momento de su nacimiento en la provincia de Salto, Uruguay, a fines de 1878. Fueron los 23 años que siguieron, en que bajo una estricta crianza campesina, desarrolló su afinidad con el lado intempestivo de la naturaleza y afinó su destreza para sobrevivir en tierras salvajes.

La muerte repentina y trágica de su padre en un accidente de caza no evitó que el joven siguiera alimentando sus sueños de viajero explorador, pues al poco tiempo su madre volvería a contraer nupcias con un acaudalado hombre que lo proveería de nuevos bríos y ambiciones para conquistar.

Desafortunadamente, su juventud idílica comenzaría a menguar tras presenciar el suicidio de su padrastro y ser testigo de cómo un romántico viaje a París se convertía rápidamente en pesadilla.

Estos hechos lo empujaron a asumir una dolorosa adultez que se consolidaría más tarde con su autoexilio en Argentina.

Nueva vida, nuevos dolores para Horacio Quiroga

Gracias a su educación básica en Montevideo, el muchacho desarrolló interés por la literatura, que junto con un profundo enamoramiento a primera vista, se volvería la más grandiosa pasión de su vida.

Ya en ese tiempo resaltaba el lustre de sus primeros escritos (el primero fue un álbum lírico que contenía más de veinte poesías en numerosos estilos) que le darían cierta experiencia en las publicaciones profesionales y la oportunidad de trabajar de cerca en un laboratorio creativo con otros jóvenes literatos modernistas entre los que se contaba Federico Ferrando, uno de sus mejores amigos de la infancia y la juventud.

Las casi increíbles vivencias que había experimentado permitieron que a los 23 años (1901) pudiera ver publicada en Buenos Aires, su primera publicación profesional: Los arrecifes de coral, un libro que contenía cuentos y prosa lírica.

Pero la fortuna le aguardaba nuevos dolores. A principios de ese año, fallecerían dos de sus hermanos en una epidemia y a los pocos meses, mataría por accidente a Federico Ferrando mientras se disponía a preparar un arma. Este lamentable hecho lo llevo a abandonar Uruguay definitivamente para asentarse En Argentina, donde publicó todo el resto de sus obra literaria, y desarrolló su afición por la caza, la horticultura y la exploración hasta que falleció en Febrero de 1937.

El curso de las tragedias

Los años más fructíferos de Quiroga fueron los que siguieron a las tragedias en Uruguay. En este periodo se consumó como un cuentista de renombre que escribía con éxito en publicaciones selectas como Caras y Caretas, donde se elogiaba su habilidad para recrear la intriga desarrollada por Poe pero un ámbito rural que oscilaba entre lo mágico y lo realista.

Fue también en este tiempo cuando tras publicar célebres cuentos como El almohadón de plumas y novelas como Los perseguidos (ambos de 1905), contrajo matrimonio y vio nacer a sus dos hijos, a quienes inculcó el gusto por la naturaleza llevándolos a vivir a la profundo de la selva en la provincia de Misiones.

Su historia parecía ir viento en popa hasta que su joven esposa se suicidó terminando con uno de los más grandes periodos de plenitud creativa y personal del autor.

Poco antes de su muerte y luego de publicar Cuentos de locura de amor y de muerte (1917), sus numerosas fábulas de la selva, su novela Pasado amor (1929) y su antología Más allá (1935) que lo consagrarían como escritor. Quiroga enfermó si saber que se enfrentaba a un cáncer de próstata fulminante. Pronto fue abandonado por su segunda esposa y luego por sus hijos justo en la selva donde los vio nacer.

Quiroga decidió negarle al cáncer el gusto de arrancarle lo que le quedaba de vida. Fue así como con ayuda de una pequeña copa de cianuro, Horacio Quiroga partió sin regreso al panteón de los monstruos sagrados de la literatura latinoamericana.

Imagen cortesía de www.biografias.com. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Horacio Quiroga

Jane Austen: La soñadora rebelde

30 marzo, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

La vida de Jane Austen no se pareció en nada a la de sus arrojadas heroínas que podían ir al extremo del mundo en rodillas con tal de rescatar aunque fueran los restos de un gran amor.

Siendo una de las dos hijas más pequeñas de un sacerdote protestante de gran influencia en Steventon, Inglaterra (comunidad que le vería nacer en 1775), la joven Austen tuvo una infancia y una adolescencia tranquila en el campo que fue posible gracias a la acomodada situación de su familia, que aunque numerosa y provinciana, perteneció siempre a la clase media alta.

El nacimiento de una grande

En este ambiente apacible fue educada de manera estricta por un padre que al cabo fue responsable de hacerla escapar en sueños a los confines de las novelas clásicas de amor que alcanzó a leer de pequeña, pero que pronto fueron erradicadas del mapa por la novela gótica y el abigarrado romanticismo que comenzaría a tender sus redes a discreción con el cambio de siglo.

A la muerte de su padre en 1801, la joven de 26 años se trasladó junto con su familia a la comunidad de Bath y posteriormente a Chawton en Hampshire (1805), donde finalmente se dedicó a trasladar al papel los romances que había soñado. Aquí desarrolló ese ritmo cadencioso pero atrapante que llegó como una brisa de aire fresco cuando comenzó a ser publicada de manera profesional en 1813.

Sus dotes para crear personajes de gran agudeza psicológica y un carácter chispeante le garantizaron el éxito de sus novelas, que aunque se desarrollaban prácticamente en el único ambiente que conoció (el de la pequeña burguesía) fascinaron al público como hasta la fecha continúan haciéndolo.

Poco después de la publicación de su tercera novela, Emma (1814), que gozó de una gran acogida por parte del público, Austen comenzó a enfermar de algo que los médicos de la época no atinaban a descifrar. El decaimiento físico y la mala acogida de su siguiente obra Mansfield Park (1815), que se consideró un fracaso, la frenó aunque no la detuvo, pues consiguió terminar dos novelas más: La abadía de Northanger y Persuasión.

Gravemente afectada por su enfermedad (una deficiencia hormonal de la glándula suprarrenal desconocida en ese momento), sin haber contraído matrimonio y con apenas 41 años de edad, Austen murió en Winchester el 18 de julio de 1817. Sus últimas dos novelas fueron publicadas de manera póstuma.

El legado de Jane Austen

Pese a que se considera una autora clásica con cierta inclinación conservadora por las costumbres de la época, Jane Austen es toda una precursora del feminismo literario que por medio de sus heroínas fuertes y determinadas, exigía que el mundo la considerase un ser capaz y pensante con el empuje necesario para derribar fronteras. Así lo demuestran sus personajes en Sentido y sensibilidad (1811) y Orgullo y prejuicio (1813)

Imagen cortesía de www://danludens.com/. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, literatura

Raúl Argemí: Eterno errante

11 marzo, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Cuando este exguerrillero y antiguo estudiante de artes escénicas partió de Argentina, su tierra natal, no estaba en busca de algo en particular. Lo que necesitaba era alejarse de la hipocresía, la apatía y el conformismo, como según explica a puño y letra en el portal sigueleyendo.es: “Estaba harto de los argentinos. Me fui porque mis compatriotas no querían ver el desastre y, salvo las esporádicas manifestaciones contra políticas y políticos que luego volvían a votar, no hacían nada para detener el naufragio. Y yo no quería, ni podía, hacer por ellos lo que quedaba por hacer…”

Luego de un autoexilio de 15 años en España, ha tomado la decisión de volver a su patria por las mismas razones afirma, por las que una vez salió de allí. Pero es sólo el comienzo.

El camino largo

Nativo de La plata, Argentina (1946), Raúl Argemí se inclinó por las artes, el teatro en especial, desde muy temprana edad. Más tarde cuando tuvo la oportunidad, comenzó a usar su don nato para las letras en la creación de historias que con el tiempo fueron adaptadas a escena por él mismo cuando era apenas un chiquillo en la flor de la irreverencia.

Pero por poco tiempo tendría el gusto, pues cuando en 1970 se unió a la lucha contra la dictadura militar, la audacia terminaría valiéndole casi 15 años de encierro y tortura que terminaron a mediados de la década de los 80, cuando la dictadura llegaba a sus últimos estertores.

Los años de dolor y humillación nunca lo quebraron, aunque cultivaron en el ese oscuro encanto que pronto afloraría en sus páginas. Tras ser liberado, continúo escribiendo pero ya no para teatro, si no para la prensa crítica, actividad que lo mantuvo ocupado por años mientras se desempeñaba en cargos de cultura en Buenos Aires.

La despedida de Raúl Argemi

De pronto, en el año 2000 partió. Sabemos su razón. Al asentarse en Cataluña, la esencia de su espíritu literario acabo por romper ataduras. Cuando se dio a conocer hacía gala de una negrísima aura heredera de Chandler y Hammett. Y claro. ¿Quién más iba a llevarse el premio Dashiel Hammett a la mejor novela policial?

Pese a que sus detractores lo consideran un auténtico mercenario que sólo retrata secretos a voces de los horrores y las muertes a sangre fría de entre los que se abrió paso para huir justo a tiempo, lo cierto es que Raúl Argemí, se erige como uno de los más reconocido autores de la novela negra contemporánea y el único capaz de llevarla a los gélidos parajes de la Patagonia.

Imagen cortesía de www.aespa.at. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Raúl Argemi

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