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ALMENARA. Blog de la profesora María José Aznar

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13. La variable estrella de la economía mundial: el Comercio Internacional

8 noviembre, 2019 por mjaznar 40 comentarios

Se puede definir el Comercio internacional como el intercambio de bienes y servicios entre las empresas, ciudadanos y gobiernos de dos o más naciones, de tal manera que se originen salidas de mercancía de un país (exportaciones) y entradas de mercancías (importaciones) procedentes de otros países.

El comercio ha ido ampliándose a lo largo de la historia, de la mano de la industrialización y del crecimiento de la población, con el consiguiente ensanchamiento de los mercados, así como del avance de los transportes y del desarrollo de las telecomunicaciones.

Los economistas han estudiado el comercio internacional, a través de diversos enfoques, llegando a la conclusión de que el comercio es generador de beneficios y de un mayor bienestar económico. Y en efecto, los países desean participar en los intercambios internacionales porque el comercio mundial, al permitir disponer de un mercado amplio, genera beneficios económicos para los países basados en el aprovechamiento de “economías de escala”. Estos rendimientos se producen porque, en esas condiciones de mayor amplitud de mercado, sale más rentable producir para un mayor número de consumidores, pues se reducen los costes fijos de producción por unidad de producto fabricado.

Actualmente el comercio internacional se encuentra muy polarizado en unos pocos países, de manera que más de la mitad de las exportaciones e importaciones mundiales, tanto de mercancías como de servicios, están representadas por unas pocas economías, entre las que se encuentran la UE, China y EE.UU.

Las relaciones comerciales entre países se desarrollan bajo el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se trata de una institución multilateral que regula los diversos aspectos que afectan a las transacciones comerciales internacionales de sus miembros. Está constituida por 166 países desde la última incorporación, que se produjo en agosto de 2024.

Su objetivo primordial es la liberalización del comercio mundial, velando por la COMPETENCIA LEAL entre los diversos países. De hecho, gracias a la OMC los aranceles mundiales han registrado una tendencia descendente, para dar cumplimiento al objetivo de una mayor libertad comercial.

Y es que el arancel es el instrumento de protección comercial por excelencia. Tiene una doble función: jurídica y económica. Desde el plano jurídico, el arancel tiene una finalidad recaudatoria, pues se trata de un impuesto indirecto que recae sobre los consumidores. Desde el punto de vista económico, tiene una finalidad proteccionista. De manera que, gravar un producto de importación con un arancel equivale a incrementar artificialmente su precio, haciéndolo menos competitivo frente a otros productos similares existentes en el interior.

Para lograr el objetivo de hacer el comercio internacional más libre, la OMC realiza dos importantes funciones:

– Examina las políticas comerciales de los miembros, para comprobar si se ajustan a los compromisos adquiridos.

– Actúa como un gran árbitro internacional, a través de su Órgano de Solución de Diferencias, destinado a aclarar conflictos que surjan entre las partes.

La OMC suele ser objeto de críticas, porque sus detractores consideran que se trata de una organización poco democrática, que busca el beneficio económico antes que el bienestar de las sociedades, que no protege adecuadamente el medio ambiente y que en general promueve un tipo de comercio injusto.

Precisamente por este motivo, porque se considera que promueve un tipo de comercio injusto por muy oficial que sea, es por lo que han surgido voces críticas que reclaman una mayor justicia social a través de las relaciones comerciales internacionales. Es así como se ha acuñado lo que se conoce como “Comercio Justo”, que trata de garantizar que quienes intervienen en las transacciones del comercio mundial reciben un trato digno, desde el productor en origen hasta el consumidor, pasando por los/as trabajadores/as, y que el producto de que se trate se ha obtenido con medios y recursos compatibles con la protección del medio ambiente. Se trata de un comercio alternativo al promovido desde la OMC, que pretende impulsar el desarrollo de las economías menos favorecidas. Sin embargo, esta iniciativa tampoco está exenta de críticas, lo que dejamos para otra entrada.

 

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12. Las características de la economía mundial a grandes rasgos

28 octubre, 2019 por mjaznar 45 comentarios

La economía mundial en la actualidad se caracteriza por muchos y variados factores. Pero, en todo caso, existen unos hechos que conviene destacar y sintetizar en el siguiente esquema:

– En primer lugar hay que mencionar la existencia de un sistema de cooperación multilateral para las relaciones económicas internacionales, que tiene su máxima expresión en la existencia de los grandes organismos económicos internacionales: la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

Ciertamente, los países cooperan entre ellos para alcanzar una serie de objetivos comunes en distintos planos. Por ejemplo, en el marco de la OMC pretenden llegar a acuerdos para determinar los términos en los que deben llevarse a cabo las relaciones comerciales. Por otra parte, en el área financiera, las conversaciones se entablan en el marco del FMI. Por su parte, el BM se encarga de promover el desarrollo en los países que lo necesitan.

Por lo tanto, los países no navegan solos, a la deriva, sino que lo hacen embarcados en las mismas naves, al objeto de arribar a los mismos puertos. Siempre se ha dicho que “la unión hace la fuerza” y, desde luego, en este aspecto las naciones han asumido seriamente esa máxima.

– En segundo lugar, un rasgo claramente definitorio de la economía mundial es el avance y desarrollo de las corrientes comerciales.

En ocasiones, la tasa de crecimiento del comercio internacional supera la tasa de crecimiento del PIB mundial. El comercio internacional (los flujos de exportación y de importación) es sin duda el gran protagonista de panorama económico mundial, pues es el eje en torno al cual giran todas las transacciones. Efectivamente, bien puede afirmarse que es la variable “estrella” de la economía mundial, ya que de ella dependen otras muchas variables. Si el comercio internacional crece, aumentan con él la producción y el empleo mundiales, con todo lo que ello acarrea.

A la expansión del comercio han contribuido indudablemente el desarrollo de los transportes y la sofisticación y avance de las telecomunicaciones. A este respecto, Internet ejerce una función impulsora de las transacciones internacionales, lo que a su vez se traduce en unas mayores cifras de comercio mundial.

– La proliferación de procesos de integración económica internacional, constituye otro claro rasgo característico del panorama internacional.

La formación de agrupaciones de países movidos por intereses comunes, dando lugar a “bloques regionales” o comerciales, es otra de las grandes señas de identidad de un mundo interconectado, interdependiente y abierto al exterior. Si lugar a dudas, en la Unión Europea tenemos el ejemplo más importante. Es el esquema de integración económica al que pertenecemos, un enorme espacio económico y comercial que aglutina una gran diversidad en sus aproximadamente 4.235.000 km², agrupando 27 Estados (tras la salida de Reino Unido el 31 de enero de 2020) y cerca de 450 millones de habitantes que hablan un total de 24 lenguas oficiales.

– El fácil contagio de las crisis económicas y financieras.

La gran interdependencia existente en cuanto a los mercados de factores y productos facilita que los efectos de los desajustes económicos que tienen lugar en un país se transmitan a otros países del mundo por medio de las corrientes comerciales y financieras. Como se suele decir, “si EE.UU estornuda, se resfría medio mundo”, expresión muy elocuente que pone de relieve el impacto en el resto del mundo de las consecuencias de una crisis económica en un país poderoso como aquel.

– Los conflictos políticos en diversas áreas del mundo, sobre todo en aquellas que tienen una gran importancia geoestratégica, como oriente próximo, son a su vez causa de inestabilidad económica.

En efecto, cuando tiene lugar una perturbación, de diversa naturaleza, en un país o en una zona geográfica sensible, las consecuencias pueden afectar en menor o mayor grado a otras áreas o países con los que guarda relación. Es, por ejemplo, el caso de los conflictos bélicos, que se saldan muchas veces con un incremento del precio de los combustibles, con las consiguientes repercusiones adversas en los países importadores. Basta con contemplar el caso de la guerra ruso-ucraniana, con serias consecuencias a toda la Unión Europea y a sus miembros.

– Los movimientos inmigratorios incontrolados.

Como se puede observar a diario, sobre todo en determinadas zonas fronterizas, la inmigración ha adquirido un cariz desconocido hasta hace no mucho. Una buena parte de las personas ya no atraviesa las fronteras con una maleta, un visado y un permiso de trabajo, sino que lo hace de espaldas a la legalidad vigente, intentando burlar unas barreras físicas que con frecuencia están surcadas de alambres de espino y cuchillas.

Las oleadas de inmigrantes que desean acceder a toda costa a su destino, aún dejándose la vida en el mar, en los bajos de un camión o de cualquier otra forma arriesgada, es un fenómeno hoy por hoy imparable. Este hecho pone claramente de manifiesto la patente desigualdad en la distribución de la riqueza mundial.

– El deterioro del medio ambiente como consecuencia del crecimiento económico, es una cuestión realmente preocupante.

La deforestación, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, están frecuentemente relacionadas con los procesos que se gestan en el contexto de la economía mundial, constituyendo un problema prioritario. Se trata de unas externalidades negativas a las que hay que hacer frente y gestionar debidamente, desde un enfoque global. Junto a esto se encuentra el problema del calentamiento global, que, como sabemos, se atribuye a la actividad humana y constituye un punto prioritario en las conversaciones que celebran los países a escala multilateral.

– La globalización económica.

Quizás, este claro rasgo característico de la economía mundial sea la amalgama de todos los anteriores. Se trata de la gran resultante del proceso de internacionalización de las empresas, de los mercados de productos y de factores de producción, así como de las propias economías de los países participantes en la llamada “aldea global”, en la que las fronteras parecen haberse desvanecido.

La globalización no es un proceso exclusivamente económico, pues afecta de lleno a otros ámbitos con los que guarda una estrecha relación, como el político, el social, el cultural o el tecnológico. Pero, desde luego, el componente económico tiene un peso muy destacado, aparte de tratarse de un proceso que hunde sus raíces en la economía. Por eso, cuando se habla de globalización en general, se está haciendo referencia a la globalización económica.

—

Por supuesto, estos grandes rasgos vistos no son los únicos que describen la dimensión internacional de la economía, pero sí pueden considerarse como una clasificación aceptable, con esa serie de agrupaciones que, por supuesto, deben incluir otros muchos matices que escapan a esta entrada. Pero que ahí dejo, para que sean mencionados y debatidos a vuestras anchas.

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11. La Educación Social frente a un escenario internacional

26 octubre, 2019 por mjaznar 10 comentarios

Es notorio que a escala mundial tienen lugar una serie de transacciones entre agentes económicos, cuyo conocimiento y cuya comprensión deben ser tenidos en cuenta por quienes se dedican o se han de dedicar a ejercer las competencias para las que habilita un grado en Educación Social. Y es que las relaciones entre las sociedades y entre los individuos se desarrollan en buena medida mirando hacia el exterior.

En muchas cuestiones que nos rodean observamos esa dimensión internacional: conocemos empresas exportadoras, compramos productos importados, nos vamos de Erasmus, cambiamos euros por dírhams si viajamos a Marruecos, recibimos en nuestra ciudad a inmigrantes subsaharianos, y así un largo etcétera de ejemplos.

Junto a lo anterior, debemos tener presente que nuestro referente fundamental, por cuanto afecta sobremanera el comportamiento de nuestra economía, es la Unión Europea (UE), agrupación supranacional a la que pertenecemos desde hace 35 años. El hecho de que pertenezcamos a la Unión determina ciertos comportamientos socioeconómicos nacionales, regionales y locales. Si en la UE, por ejemplo, se aprueba una directriz que afecte al movimiento de trabajadores, esto va a tener sus repercusiones en ciertos aspectos de nuestra vida cotidiana: los relacionados con el trato de la inmigración. Si por ejemplo, se prohíbe la incorporación de un aditivo determinado a la producción de ciertos alimentos procesados, asimismo esta decisión va a afectarnos. Si lo que se facilita es la entrada de algún bien agrícola procedente de un tercer país, ello también va a desencadenar consecuencias en los colectivos afectados.

Pero la UE no se encuentra aislada en el globo del mundo, sino que está imbricada en el panorama mundial, ámbito en el que discurren un sinfín de relaciones entre los ciudadanos, los gobiernos y las empresas de los diversos países. Si en el contexto mundial se acuerda una mayor libertad de transacción con mercancías y servicios, esa mayor apertura también va a afectar a nuestra corriente de relaciones exteriores, con las consiguientes consecuencias sobre la vida que nos rodea. Si tiene lugar una perturbación económica importante en un país con un peso grandísimo en la economía mundial, como es Estados Unidos, seguramente los efectos se van a dejar notar en muchos otros países con los que tiene relaciones económicas, provocando hasta incluso una crisis en los mismos.

En definitiva, todos estos aspectos van a determinar muchas de las situaciones y de los comportamientos que se observan a nuestro alrededor. Por eso es importante conocerlos, pues desde el plano de la educación para la comunidad lo que ocurra en el ámbito mundial va a marcar muchos de los comportamientos respecto a los que debemos ofrecer alguna respuesta, a través de la intervención socio-educativa.

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10. Un esbozo de las disparidades y debilidades de la economía española

21 octubre, 2019 por mjaznar 6 comentarios

En una anterior entrada hemos visto cómo España ha ido avanzando económicamente desde la segunda mitad del siglo XX. Es una realidad que ha pasado de representar una economía atrasada, necesitada de ayuda por parte del Fondo Monetario Internacional y emisora de emigración a convertirse en un país económicamente avanzado, capaz de donar ayuda y ser receptor de inmigrantes. Se ubica, en definitiva y como se ha dicho, en el contexto de los países más adelantados.

En general, a lo largo de los últimos 50 años el bienestar económico de los españoles ha mejorado; ahora gozamos de mejor nivel de vida que nuestros padres y abuelos gracias al crecimiento generalizado de la renta (es decir, del PIB). Ahora bien, esa ganancia, ¿se ha distribuido equitativamente a nivel espacial (por toda la geografía nacional)?

La respuesta es negativa. En efecto, los datos muestran la existencia de importantes desequilibrios inter-regionales en términos de PIB per cápita, que son patentes año tras año. Como pone de relieve el INE, en 2024, frente a regiones muy bien colocadas como Madrid, (con un PIB per cápita de 44.755 euros), País Vasco, Navarra y Cataluña, se sitúan las más atrasadas por este concepto: Melilla y Ceuta (con, respectivamente, 21.128 y 23.228 euros per cápita), Andalucía, Extremadura y Canarias. Por tanto, riqueza económica se ha generado, pero no se ha distribuido con equidad como evidencian esas disparidades entre regiones a nivel de renta.

Otro tanto podemos decir si en lugar de la producción tomamos como referente la tasa de paro: las cifras de ocupación relativas al tercer trimestre de 2025, muestran también la existencia de desigualdades entre comunidades autónomas. La Ciudad Autónoma de Ceuta, con una tasa de paro de 25,47%, arroja el peor resultado, seguida de Melilla (23,76%), Andalucía (15,27%) y Canarias (14,59%). Frente a estos datos, se encuentran las regiones con mejor comportamiento a este respecto, que son Baleares, País Vasco, Navarra y Cantabria con tasas de paro respectivas de 5,77%, 6,98% y 7,29% y 7,62%.

Partiendo de esta realidad regional, conviene explorar una serie de puntos débiles que afectan al conjunto de la economía española, lo que nos hará conocer mejor de qué pie cojea.

Déficit público: España tiene una debilidad en este aspecto, dado que le cuesta trabajo mantener equilibradas las cuentas del Estado. La diferencia entre los ingresos y los gastos públicos se salda permanentemente con un signo negativo: el déficit. Si bien este no era relativamente muy alto (pues se situó en el 2,86% del PIB al cierre de 2019, cuando el criterio exigible en la eurozona es que no sobrepase el 3%), en 2020 la pandemia situó el déficit público de España nada menos que en el 10,96% del PIB, colocando nuestra economía en una situación delicada, al ubicarla en la posición N.º 175 de un ranking de 190 países, según su déficit público por orden creciente. En la actualidad el déficit público supera ligeramente el 3% del PIB.

Teniendo en cuenta que el déficit público hay que financiarlo, cualquier incremento del mismo por pequeño que sea eleva el nivel de deuda pública. Y existen muchas circunstancias que pueden elevar el déficit de un día para otro, como por ejemplo una subida repentina de los intereses de la deuda, repercutiendo esto en un incremento aún mayor del déficit. En España, la deuda pública supera el 100% del PIB.

Otra debilidad de nuestra estructura económica radica en la dependencia energética, que se aproxima al 70% de la energía total que demanda el país. Ese registro queda muy por encima de la media comunitaria, que se sitúa en torno al 50%.

España, al no producir combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) necesita importarlos. Ello es explicativo de esa enorme dependencia exterior que ha venido siendo una de sus notas de identidad, que hace además que nuestra economía esté continuamente sujeta a las oscilaciones de los precios de esas fuentes de energía, que suelen ser muy volátiles. Todo ello se refleja negativamente, claro está, en nuestra balanza de pagos.

Las energías renovables (eólica, solar fotovoltaica e hidráulica) han ido ganando terreno, lo que han hecho reducir la dependencia del petróleo, llegando a representar el 57% de la electricidad generada en España. El impulso de las renovables, como pretende la Unión Europea, sin duda menguaría esa gran factura que supone la fuerte dependencia exterior.

Vayamos ahora con el que para muchos es el punto débil número 1: el paro. Se trata de un problema estructural que arrastra nuestra economía tanto en tiempos de crisis como de bonanza económica. Quizás sea este el problema que más nos impacta, pues afecta directamente a la persona. Desde el punto de vista económico, el desempleo de la población activa equivale a una subutilización de ese recurso de producción: el trabajo. Pero para los afectados, estar parado se asocia con frecuencia a una baja autoestima, frustración, ansiedad y angustia personal. Es un problema económico y social.

La tasa de paro en España está en torno al 10,45%, (tercer trimestre de 2025). Este dato significa que el 10,45% de la población activa (la que está disponible para trabajar) se encuentra desocupada. Ese indicador está, afortunadamente, lejos de la tasa del 26% de los peores momentos de la crisis de la década de 2010, pero dista mucho del 8,57% que se registró en 2007, justo al comienzo.

El caso es que España padece siempre una de las tasas de paro más altas de la Unión Europea y de la OCDE, lo que se traduce en el gran reto de la economía española.

La productividad es otro punto débil de nuestra economía. Teniendo en cuenta que la forma de conseguir mayores niveles de competitividad en los mercados internacionales es a base de mejorar la productividad, este es uno de los grandes objetivos de la política económica. En un escenario fuertemente internacionalizado, esto es vital.

Nuestros productos y empresas se juegan mucho en los mercados exteriores, y podrían afrontar en mejores condiciones los embates del escenario internacional si lo hacen desde una base de una mayor productividad. Pero para conseguir ese objetivo se debe contar con unos requisitos previos, relacionados con una mayor calidad del sistema educativo, un mejor funcionamiento del mercado de trabajo, un sistema financiero más sólido y desarrollado (en especial el sistema bancario), la provisión y el mantenimiento de una adecuada dotación de infraestructuras y equipamientos y una mayor inversión en I+D, entre otros condicionantes. Si no se mejoran todas estas cuestiones, difícilmente vamos a ser más productivos.

—

Está claro que todas estas cuestiones que se han mencionado en esta entrada o post no agotan todo el listado de fisuras que padece la economía nacional, pero sin duda la mejora de estas variables predispondría a la economía hacia un crecimiento saneado y sostenido capaz de minimizar o incluso anular el resto de debilidades.

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09. Antes y después en la economía española

13 octubre, 2019 por mjaznar 14 comentarios

La economía española presenta un perfil que en gran medida es fruto de los acontecimientos históricos que han marcado su situación actual. Esos sucesos han imprimido a España unas características hoy que son opuestas a las de tiempos pasados, las que predominaban en su etapa pre-industrial.

Entre los hechos de su historia reciente que más impacto han tenido en su estructura económica hay que citar fundamentalmente dos, que tienen su origen en la segunda mitad del siglo XX.

– En primer lugar, hay que destacar el PROCESO DE MODERNIZACIÓN DE LA ECONOMÍA, resultado del desarrollo de la industria y de la transformación de la agricultura tradicional en una agricultura moderna, cambio estructural por el que han pasado todas las economías desarrolladas.

Este hecho ha cristalizado en una economía moderna, capitalizada, terciarizada, que ha desarrollado un importante complejo agro-industrial y que ha visto descender vertiginosamente el peso relativo de las actividades primarias tanto en el PIB como en el empleo agregados.

Y es que, efectivamente, en la actualidad la economía española se caracteriza por ser una economía “terciarizada” y “desagrarizada”.

Es una economía “terciarizada” por el enorme peso relativo que tiene su sector terciario (los servicios) en el conjunto de la economía, tanto en términos de producción como de empleo. Así, más del 70% de la actividad económica es generada en el sector servicios (servicios públicos, servicios financieros, servicios a empresas, servicios de ocio y turismo, servicios domésticos, etc.).

Junto a lo anterior, se trata de una economía “desagrarizada” por la pérdida de peso que ha ido registrando el sector agrario en el conjunto del sistema económico (en términos relativos), de manera que su participación en el PIB no llega al 3%, y en cuanto al empleo supera levemente el 4%.

– En segundo lugar, cabe referirse al PROCESO DE APERTURA EXTERIOR que ha registrado España, pasando de tratarse de una economía cerrada a los mercados internacionales, en tiempos de la autarquía económica, a participar activamente en los mismos (exportaciones, importaciones, inversiones exteriores…).

Detrás de esa apertura se encuentran dos importantes acontecimientos impulsores: el primero, la adopción del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959, que supuso un saneamiento y una reforma de la economía española. Entre las medidas del plan se contemplaba el aperturismo externo, que vino a insuflar aire a nuestra debilitada economía hasta el punto de servir de palanca propulsora del importante crecimiento económico que se desató en los años posteriores.

El otro impulso vino con la entrada en la Comunidad Europea en 1986, acontecimiento que ha ido materializándose en la mayor experiencia liberalizadora del sector exterior de la economía española.

Tanto el Plan de Estabilización de 1959 (que en 2019 cumplió sus primeros 60 años) como la entrada en la Comunidad, hoy Unión Europea, impulsaron la reducción de aranceles y de otros medios de protección de nuestras fronteras comerciales. Como resultado de todo ese proceso de liberalización externa, ha sido posible la proyección y el posicionamiento de España en la órbita de los países más internacionalizados.

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