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ALMENARA. Blog de la profesora María José Aznar

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44. Más sobre el proteccionismo y sus instrumentos

7 mayo, 2020 por mjaznar 19 comentarios

El proteccionismo existe, a pesar del mayor aperturismo de fronteras y del esfuerzo liberalizador del sistema GATT-OMC. Se han descrito muchos instrumentos proteccionistas en otras entradas, con el arancel a la cabeza, mediante los que los gobiernos y las empresas pretenden proteger su producción propia, resguardándola de la competencia exterior. En la época de la autarquía económica, en la era de Franco, las empresas españolas estaban muy protegidas porque existían unos aranceles muy elevados, y de esta forma los empresarios se garantizaban el reparto del mercado interior, sin preocuparse por cuestiones relacionadas con la competitividad. Pero a medida que España fue abriéndose al escenario internacional, la cosa fue cambiando. La entrada de nuestra economía en la Comunidad Económica Europea, que así se denominaba la Unión en 1985 cuando España se integró, marcó un antes y un después. A partir de este momento, había que contar con la feroz competencia de países en general más competitivos que España, nuestros socios comunitarios, respecto a los que nuestras mercancías empezaban a circular con libertad de movimientos, sin aranceles ni otras trabas al comercio. En una frase, debíamos acostumbrarnos a la desprotección comercial.

En la actualidad, España, al igual que la mayoría de países, se encuentra insertada plenamente en los mercados internacionales, exportando e importando, enviando y recibiendo turistas, invirtiendo en el exterior y recibiendo capital extranjero…Todas estas transacciones se puede realizar hoy en condiciones de mucha mayor libertad con respecto a tiempos pasados, gracias al aperturismo comercial y a la liberalización de los intercambios. Pero en ese escenario librecambista, es inevitable que haya muchas pinceladas de proteccionismo, pues el mundo es amplio y las transacciones que se llevan a cabo innumerables. En efecto, como se ha visto en otras entradas, sobre la base de diferentes recursos y herramientas el fin es ejercer una función principal: favorecer y salvaguardar lo nacional frente a lo extranjero.

Este es también el caso de las barreras técnicas y administrativas al comercio internacional. Además de todos los instrumentos de protección vistos, hay que lidiar con este numeroso grupo de medidas, que son difíciles de controlar y que con frecuencia obstaculizan los intercambios comerciales.  Estos mecanismos empezaron a emerger y a hacer su efecto durante la crisis económica de la década de 1970, justo después de que el GATT hubiese reducido enormemente las medias de protección convencionales, los aranceles. A falta de aranceles, ante la problemática situación económica provocada por la crisis, los países comenzaron a ingeniárselas para proteger sus economías con otras medidas, que no fueron otras que dichos obstáculos técnicos y administrativos, que recibieron la denominación genérica de “neoproteccionismo”.

Ese gran bloque de medidas proteccionistas engloba las normas y reglamentos que regulan un sinfín de cuestiones relacionadas con la producción, la distribución y la venta de los productos, regulaciones que son necesarias para que los procesos puedan desarrollarse en óptimas condiciones, pero que pueden convertirse en indudables armas de ataque y defensa comercial cuando son utilizadas con ese objetivo.

En definitiva, consisten en una serie de medidas muy diversas, que son muy eficaces como herramientas proteccionistas, y que se basan en las distintas disposiciones sobre las cuestiones siguientes:

– Normativa de los diversos países sobre aditivos permitidos en la fabricación de determinados productos.

Mediante estas normas se puede efectuar un claro proteccionismo de manera encubierta, al aprobarse por países distintas sustancias permitidas para su uso industrial, como los colorantes, los saborizantes, los edulcorantes… Es habitual el uso de esa regulación diversa para rechazar en frontera una remesa de mercancías que no cumple con la normativa nacional sobre contenidos de productos. A veces hay un exceso de celo injustificado, que solo puede explicarse por el afán de protección.

– La normativa sanitaria, fitosanitaria, técnica y de calidad

Se trata de disposiciones que evidentemente son necesarias, para garantizar la seguridad y la salubridad tanto humana como animal. El problema radica en la pretensión habitual por parte de distintos países de proteger sus mercados nacionales utilizando indebidamente dichas medidas para tal fin, sacando partido de las diferentes legislaciones respecto a estas cuestiones, para llevar a cabo un proteccionismo encubierto. Si tal fruta no cumple con el calibre exigido en mi país, si tal insecticida no proporciona en su etiquetado determinada información en una lengua que no hablan ni 10 millones de personas en el mundo, si tal pieza de carne no es lo suficientemente ecológica… Son muchas y dispares las excusas que se pueden enarbolar con el fin de rechazar disimuladamente las mercancías extranjeras.

– Las normas administrativas

Esta categoría de medidas está relacionada con la tramitación aduanera de algunos países, que resulta en ocasiones excesivamente burocrática para los exportadores e importadores. Ello obliga a adaptarse para superar esas barreras, al objeto de poder comercializar sus productos, lo cual se materializa en un incremento de costes para los operadores internacionales y en una demora en los tiempos requeridos para la transacción, lo que en definitiva cabe asociar al ejercicio de un claro proteccionismo por esta vía.

– Los aspectos relacionados con la normalización industrial y de seguridad

Mediante esta vía se exige el cumplimiento de ciertos requisitos técnicos o de presentación para que determinada mercancía sea aceptada para su introducción en el mercado nacional. Con frecuencia estas restricciones derivadas de la normalización industrial y de seguridad son innecesarias, ejerciendo un claro efecto proteccionista y englobándose bajo la denominación genérica de “obstáculos técnicos al comercio internacional”. Un estudio realizado por la OCDE demostró el encarecimiento que lleva aparejada la disposición de normas y reglamentos técnicos distintos en diversos mercados nacionales, ya que hay que asumir pruebas y certificaciones para la homologación de las mercancías, lo que se traduce en un incremento de los costes de producción.

A nivel global se han hecho esfuerzos para estandarizar y homogeneizar las normas técnicas internacionales, con la finalidad de evitar que los países industrializados se sirvan de especificaciones sobre composición de los productos, sobre su calidad, su seguridad, etc., así como de normas que afectan por ejemplo al envasado y al embalaje, obstaculizando de esta manera y poniendo claras trabas para el acceso, a sus respectivos mercados, a los productos extranjeros que no cumplan con determinados aspectos de su reglamentación.

En definitiva, vemos como el proteccionismo en el comercio internacional continuamente se reinventa, y por mucho que la OMC promueva el intercambio libre de trabas, siempre hay mecanismos más o menos opacos y más o menos fáciles de interponer que buscan siempre lo mismo en lo concerniente al comercio exterior: proteger lo propio y fastidiar lo ajeno.

 

Publicado en: Sin categoría

43. En relación a la Gran Depresión de 1929

7 mayo, 2020 por mjaznar 5 comentarios

En esta entrada toca detenerse a mirar de frente uno de los sucesos históricos protagonistas del período de entreguerras: la gran depresión. Y qué mejor que hacerlo de la mano del siguiente artículo, del cual os hago una extracto. Al final de esta entrada os pongo también DOS  ENLACES a otros artículos, igualmente de gran interés.

“LAS DOS GRANDES CRISIS ECONÓMICAS DE ENTREGUERRAS: HIPERINFLACIÓN ALEMANA Y CRAC DEL 29”

Jesús de Blas Ortega

 https://descubrirlahistoria.es/2019/03/las-dos-grandes-crisis-economicas-de-entreguerras-hiperinflacion-alemana-y-crac-del-29/

 Durante el período de entreguerras se produjeron dos grandes crisis económicas cuyas consecuencias fueron dramáticas, tanto desde un punto de vista social, como político: la hiperinflación alemana, que se extendió durante los años 1922 y 1923, y el crac bursátil de 1929, que daría paso a la Gran Depresión de los años 30. (…)

La crisis de 1929 y la Gran Depresión de 1929-1932

A pesar de la intervención norteamericana, que había aportado liquidez y logrado convencer a los gobiernos europeos aliados, en particular al gobierno francés, de la necesidad de flexibilizar el sistema de pagos por reparaciones impuesto a Alemania en Versalles, las bases sobre las que se asentaba todo el sistema económico de entreguerras seguían siendo muy débiles, sobre todo en Europa y en particular en Alemania.

Pero, sin embargo, la segunda gran crisis de entreguerras, no iba a nacer en Europa, aunque sí iba a sufrir las dolorosas consecuencias de su impacto, sino que, en esta ocasión, la crisis iba a estallar en el centro económico, político y financiero hegemónico a nivel mundial, los EEUU.

Aunque la manifestación más impactante de la crisis fuera la brutal caída de las acciones en la Bolsa de Nueva York en octubre de 1929, aquel hecho no era sino la manifestación de un mal de fondo que aquejaba a la economía productiva desde años atrás y que, poco a poco, había ido minando las bases mismas de la economía capitalista. (…).

El origen de la crisis de 1929

La expansión de las ventas a Europa durante el conflicto militar y durante los primeros años de posguerra llevó a muchos agricultores norteamericanos a endeudarse para invertir en sus granjas y mejorar su producción, adquiriendo para ello medios mecánicos (sembradoras, cosechadoras, sistemas de riego, etc.) y de transporte. La caída de las ventas agrícolas ante la irrupción de otros países emergentes con gran potencial agrícola como Brasil, Argentina, Canadá y Australia, y también el hecho de que se fuera produciendo una progresiva recuperación de la producción agraria europea, dio lugar a una sobreproducción agrícola mundial que precipitó la caída de los precios agrarios y llevó a la ruina de muchos agricultores que no podían devolver sus créditos, para los que habían hipotecados sus granjas, que eran, además, sus viviendas familiares.

La situación de sobreproducción también se dio en la industria (…). A diferencia de los granjeros, que eran economías familiares, las industrias, al empezar a percibir una caída de las ganancias (beneficios en relación con los costos de producción), retiraron inversiones y emplazaron capitales en la Bolsa, para tratar de compensar la pérdida de rentabilidad productiva, mediante ganancia especulativa en una Bolsa que no dejaba de progresar al alza.

La quiebra de los granjeros, sin poder hacer frente a los pagos de sus deudas a los bancos, tendría como consecuencia la expulsión de muchos de ellos de sus tierras (que eran también sus viviendas), incautadas por los bancos. La acumulación por parte de los bancos de un enorme stock de granjas carentes de valor real en su contabilidad los llevó a restringir los créditos bancarios (algo así como lo ocurrido más recientemente en nuestro país con las cajas de ahorro y las hipotecas).

La restricción de créditos bancarios provocó una gran falta de liquidez en el sistema. Para intentar conseguir liquidez por parte de particulares y empresas, se daban órdenes de venta en la Bolsa. Todo el mundo necesita vender y lo que se precipitó fue el crac bursátil. Muchos títulos que habían sido artificialmente inflados perdieron todo su valor y se empezaron a producir masivos cierres de empresas y un espectacular aumento del paro.

En ese cuadro general, en marzo de 1929 comienzan a producirse bruscos vaivenes en la Bolsa de Nueva York (caídas fuertes pero seguidas normalmente de recuperaciones). El lunes 24 de marzo tiene lugar una venta masiva, 8 millones de títulos, que provoca una caída de 9,5 puntos, ampliada aún más el día siguiente. Pero la intervención compradora de Mitchell, presidente del National City Bank, permite lograr la recuperación. (…) Finalmente, el 24 de octubre (el «jueves negro») la Bolsa padece varias caídas menores y después una primera gran caída del 9%; sin que, en principio, nadie la contrarreste comprando. Se desata el pánico, pero a última hora llega una entrada de entre 20 y 30 millones de dólares de los bancos, que reduce la caída total del día al 12%. Sin embargo, tras leves recuperaciones los días siguientes, el lunes 28 y, sobre todo, el 29 de octubre (el «martes negro») el índice se derrumba y las caídas persisten hasta el mes de noviembre. El Dow Jones toca fondo el 8 de julio de 1932 (…).

Además, la reacción del gobierno republicano de Hoover, siguiendo la ortodoxia liberal que se había aplicado en otras épocas, típicamente deflacionista (cuyo objetivo primordial era el control de la inflación), provocaría una mayor caída de los precios, al retirar liquidez (oferta monetaria) del sistema, lo que no hizo sino profundizar la crisis.

Ante la falta de liquidez, se iba a producir además una repatriación de capitales norteamericanos emplazados de Alemania y Austria, donde habían llegado en aplicación del Plan Dawes, lo que hizo que se extendiera inmediatamente la crisis a Europa. (…)

La Gran Depresión y la búsqueda de soluciones. El «New Deal»

En EE.UU., el giro no se produciría hasta 1933, momento en el que el nuevo presidente norteamericano, ahora del Partido Demócrata, Roosevelt, puso en marcha el New Deal («Nuevo Contrato»), (…)  Las medidas adoptadas por Roosevelt no se iban a limitar al desarrollo de una política monetaria menos restrictiva, sino que van a intervenir directamente sobre los procesos productivos para favorecer su recuperación. Vamos a enumerar las medidas de mayor alcance:

  • Para mejorar el poder adquisitivo de los agricultores, se iban a otorgar ayudas crediticias y se instituiría un banco regulador de los precios agrarios.
  • Para mejorar también el poder adquisitivo de los obreros industriales, se iba a reconocer legalmente la negociación colectiva y la institución de convenios colectivos, dando un importante protagonismo a los sindicatos, que tendría como efecto la mejora de los salarios. Además, se establecían las vacaciones pagadas y un sistema de protección social para los desempleados (subsidio de paro).
  • Para impulsar la producción industrial y generar empleo, se acometería un plan de inversiones públicas en infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, puertos, hospitales, escuelas, etc.) mediante contratos públicos con las empresas privadas, que de esta manera encontrarían un estímulo para la actividad, garantizada además por el desembolso del Estado.
  • Evidentemente, también se pondrían en marcha diferentes medidas de carácter monetario y financiero. Así, para favorecer las exportaciones, se devaluó el dólar y se abandonó (abril de 1933) el patrón-oro. Y para garantizar la vigilancia de las prácticas bancarias por parte de la Reserva Federal (equivalente al Banco Central de otros países) se reformaría el sistema bancario, separando los bancos de depósitos, de los de inversión.

La recuperación fue lenta y dificultosa. De hecho, la salida efectiva de la crisis de 1929, no se produjo hasta el relanzamiento de la economía de armamento que precedió a la II Guerra Mundial. Con este paquete de medidas que ponían un cierto límite a la acumulación capitalista salvaje, Roosevelt pretendía evitar un estallido social que podía haber sido inminente, (…).

La extensión de la crisis a Europa y al resto del mundo

La crisis de 1929 supuso un duro golpe también para la recuperación europea:

En Alemania la repatriación de capitales americanos produjo una situación de total falta de liquidez que frenó de golpe el proceso de recuperación iniciado en la segunda mitad de la década, provocando un importante aumento del paro y de la conflictividad social. (…).

(…), una de las consecuencias de la crisis de 1929 iba a ser el abandono del patrón cambios-oro tan sólo unos pocos años después de haberse acordado en la Conferencia de Génova de 1922. Reino Unido trató de enfrentar la crisis aplicando una política comercial fuertemente proteccionista para su área colonial (Commonwealth), reservándose ese espacio comercial frente a las otras potencias industriales. En Francia, el impacto de la crisis fue algo menor que en Alemania y Reino Unido. (…).

Pero las consecuencias de la crisis no sólo iban a extenderse a Europa. Una de las medidas adoptadas por el presidente Roosevelt, como fue la devaluación del dólar para favorecer las exportaciones norteamericanas, iba a tener como contrapartida la caída de las importaciones procedentes de América Latina, que también verían limitado el acceso a los mercados europeos, tanto por la caída de la demanda, como por la orientación proteccionista que se impuso en las potencias industriales. Así pues, la crisis de 1929 iba a irradiar desde EEUU al resto del mundo. (…)

—

Como complemento de este texto, os invito a leer también:

– “1929: el mayor apocalipsis financiero”

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20191024/471148958651/gran-depresion-1929-eeuu.html

– “El Crack del 29: cómo ocurrió la peor crisis en la historia de Wall Street hace 90 años”

https://www.bbc.com/mundo/noticias-50189619

 

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