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Desmontando a Jaime

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Vladimir Nabokov: el ruso que escribió en inglés

11 abril, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

La Lolita de Nabokov es el epítome de la belleza prohibida. Y por su fuego es que el nombre de quien le dio vida ha quedado grabado en el firmamento de la literatura universal.Merece la pena reproducir el primer párrafo de esta genial novela en su lengua original, el inglés. El uso de las aliteraciones es simplemente prodigioso:

“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta. She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita. Did she have a precursor? She did, indeed she did. In point of fact, there might have been no Lolita at all had I not loved, one summer, an initial girl-child. In a princedom by the sea. Oh when? About as many years before Lolita was born as my age was that summer. You can always count on a murderer for a fancy prose style. Ladies and gentlemen of the jury, exhibit number one is what the seraphs, the misinformed, simple, noble-winged seraphs, envied. Look at this tangle of thorns.”

Vladimir Nabokob llegó al mundo el 23 de abril de 1899 en Vyra, provincia de San Petersburgo, en el interior de una fastuosa mansión propiedad de un jurista al servicio de la infame casa Romanov. Su madre, aristócrata desde generaciones atrás, lo puso desde ese momento al cuidado de institutrices extranjeras con las que aprendería inglés, francés y alemán; lenguas que perfeccionaría más tarde de la mano de tutores expertos en leyes, ciencias y política.

Un amargo despertar

El advenimiento de la Revolución Bolchevique y la caída de los zares obligaron a la familia a emigrar a Alemania (1919) con recursos más o menos limitados, aunque ello no impidió que el joven Vladimir pudiese ingresar al Trinity College de Cambridge, de donde se graduaría en 1922 con máximos honores.

Una vez de vuelta en Berlín, donde su familia se asentaría definitivamente hasta poco antes del auge del régimen nazi, el brillante muchacho se ganó la vida como instructor de inglés y francés. Fue entonces cuando se acercó a una comunidad de escritores rusos que lo animó a elaborar en su lengua natal sus primeras obras cortas de ficción.

Fue durante los encuentros con esta comunidad que consiguió colaborar esporádicamente con el diario ruso Rul y ganar cierto reconocimiento bajo el seudónimo de Vladimir Sirin.

La huida hacia América

Aunque ya sin gozar del gran poder adquisitivo al que tuvo acceso de niño, Nabokob construyó una vida tranquila y sólida escribiendo, desempeñándose como instructor e intérprete de lenguas y estudiando insectos, una costumbre heredada de su padre. Fue en esta atmósfera que contrajo matrimonio con una joven judía de ascendencia rusa que sería el primer y más grande amor de su vida. Al lado de ella es como terminaría sus días.

No obstante, la persecución nazi amenazaría su felicidad. Fue entonces preciso huir a Paris (1937) y posteriormente a los Estados Unidos (1940), donde la pareja se estableció junto a su pequeño hijo.

Un nuevo amanecer para Nabokob

La experiencia previa de Nabokob como escritor en inglés durante su estancia en Francia le abrió las puertas en los Estado Unidos, mientras que su exquisita formación le permitió colocarse como catedrático en las universidades de Wellesley, Cornell y Stanford como especialista en literatura y entomología.

La seguridad económica que le brindaron estas labores creó el espacio que requería para desarrollar su genio con calma, que por primera vez explotaba en el idioma inglés. Aquí vería nacer al “fuego de sus entrañas”: Lolita. La historia de la pequeña diosa cuya mordaz sensualidad termina por devorar la estabilidad y la cordura del profesor Humbert.

La audacia y fina construcción de este relato fascinó a varias editoriales, que se arriesgaron a lanzarla temiendo que la censura acabara por poner punto final. No obstante, la grandiosa novela salió airosa de entre una gran polémica fomentada la sociedad puritana de la época (1955), en buena parte gracias a las excelentes críticas que colocarían al autor en la cima.

Lolita fue sólo su primer acierto, ya que la novela que le siguió Pálido fuego (1960) fue recibida con el mismo entusiasmo, facilitando que sus antiguas obras escritas en ruso se publicasen también traducidas al inglés y el francés.

Poco antes de mudarse a Suiza en compañía de su esposa publicaría Ada o el ardor (1969), que reivindicaría su maestría en materia de lenguaje y narrativa. En estas tierras y en completa paz, Vladimir Nabokob fallecería en 2 de julio de 1977. Su legado literario permanece incólume en el tiempo.

Imagen cortesía de www.3.bp.blogspot.com. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Vladimir Nabokov

H. P. Lovecraft: El horror de la genialidad

2 abril, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Cuenta la historia que las arboledas de Providence, Rhode Island (Estados Unidos) lo vieron nacer rodeado de una enrarecida aura que no se decidía por aferrarse a la luz del siglo por venir o rendirse al encanto las épocas oscuras. Howard Phillips Lovecraft, que llegaba al mundo la mañana del 20 de agosto de 1890, estuvo destinado desde el inicio de sus días a ser la excepción a la regla.

Los primeros años

Criado por una pareja de solterones que unieron sus vidas casi a poco de cumplir 40 años de edad, el joven Lovecraft se inició rápidamente en el gusto por lo extraño y lo fantástico en la biblioteca familiar donde como buen prodigio de las letras, se enseñó a leer con ayuda de los mitos de Homero.

Parece que los paisajes y la atmósfera de su Providence natal influyeron decisivamente a la hora de desarrollar su fantasía y su prodigiosa imaginación literaria. Esa atmósfera cautivadora se acentuaba aún más por las costumbres de su familia, descendiente de antiguos linajes europeos, lo que propició que el pequeño Howard se entregara sin más a los encantos de la ciencia y la literatura.

Pronto, el influjo de las grandes mentes le inculcó la idea de que el universo y la vida no se terminaban en los confines marcados por las fronteras vistas en los mapas, sino que se podía ir mucho más allá.

El oscuro país de las maravillas de Lovecraft

Con el paso del tiempo, Lovecraft tomó la escritura como herramienta para desfogar su voraz curiosidad y los episodios marcados por los trastornos neurológicos de su padre, que afectado por una sífilis no tratada, perdería más tarde la vida durante su estancia en el ala psiquiátrica de un hospital local.

Aunque hay quienes dicen que la muerte del padre apenas dejó huella en la tierna mente del niño, muchos creen que fue la semilla de su obsesión por escapar de sí mismo a tiempos y sitios inenarrables que fueron ricamente alimentados por su fascinación por la astronomía.

Tras debutar a los 9 años como colaborador en varias revistas científicas de circulación local, el muchacho ya se desempeñaba como columnista de astronomía en el Providence Tribune.

El año era 1906, tenía 16 años y la vida prometía, aun cuando su delicada salud no le permitió recibir estudios formales hasta los 8 años y cuando apenas le fue posible completar el segundo año de secundaria.

Para 1908 y cargando son su ateísmo resultado de puro rigor científico se vio seducido por la cultura pulp del momento, que le permitió dar rienda suelta a su gusto por los relatos escabrosos y la ciencia ficción.

De horrores y delicias

Fue así como hasta alrededor de 1924, ya ganaba algo de dinero escribiendo para la ahora célebre Weird Tales y sobre todo, mucho del aplomo literario que le permitiría diversificar su estilo, pulir sus dotes y emanciparse del fantasma de su sobreprotectora madre, que había muerto en 1921 no sin antes predisponer al joven al aislamiento por medio de la melancolía, el racismo y unas pobres habilidades para socializar.

A fines de 1924, el muchacho contraería nupcias con una mujer varios años mayor que él. Por desgracia, el declive de la fortuna familiar que le había servido de plataforma todos esos años y su incapacidad para encontrar un trabajo remunerable, convirtieron la vida de la pareja en un tormento que al cabo sólo duraría dos años.

El joven escritor comenzó por fin a liberar un genio tan ligado al miedo y la incertidumbre como su ser mismo a la realidad marcada por la escasez económica y la falta del reconocimiento profesional que anhelaba.

En este momento se presentaba ante el mundo H.P Lovecraft, que celebrado por grandes como Robert Bloch y Robert E. Howard, se convertiría en el maestro del relato que daba un giro al horror sobrenatural exxtrayendo los miedos del interior para convertirlos en amenazas omnipotentes y arcanas a las que nadie escapa.

Hablar de Lovecraft equivale a hablar sobre relatos fantásticos y de terror. Es la oscura atmósfera de esta etapa (de 1926 a 1934) la que daría pie a su máximo auge creativo con La llamada de Cthulhu (1926), El color que cayó del cielo (1927) El horror de Dunwich (1928) y En las montañas de la locura (1931) por mencionar algunas de sus obras.

Para 1936, H.P. Lovecraft batallaba con una debilitada salud que lo llevaría a la tumba al año siguiente. Aun con el reconocimiento de sus colegas, el autor moriría en la total miseria económica de un cáncer intestinal. Nadie imaginó que la leyenda, apenas iniciaba.

 

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, H. P. Lovecraft

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