Siempre me ha parecido una aberración, y anti pedagógico, que los alumnos se pasen las clases copiando apuntes como locos. Creo que, cuando hacen eso, no se enteran bien de las explicaciones al estar más atentos a copiar la literalidad de lo dicho y no la esencia.

Los cursos en los que he experimentado con la idea de que fueran ellos los que crearan sus propios apuntes también ha sido otro fracaso. Literalmente no saben. Tienen problemas de comprensión lectora, de elección de fuentes, de madurez intelectual y, en definitiva, de los conocimientos básicos.

Así que, al final, termino haciéndolos yo. Soy el que selecciona las fuentes, busco lo más importante de cada una de ellas, escribo los apuntes estructurándolo todo para que quede claro… Es decir, que la paliza me la pego yo. En realidad creo que salgo beneficiado, ya que me aseguro de que reciben la información que necesitan, organizada de una manera más profesional y, además, se alcanzan muchos objetivos secundarios: se acostumbran a emplear terminología propia de la disciplina; como ya tienen los textos pueden prestar más atención en clase a otras cosas; puedo dedicar las clases a otras cosas como, por ejemplo, prácticas que complementen lo dicho en clase; vienen con la lección leída de casa (o, al menos, deberían) con lo que yo puedo avanzar más y mejor en el temario. En definitiva, que creo que esta opción redunda en su beneficio académico.

Todos los apuntes de mis asignaturas están colgados en Prado, que es como se denomina en la UGR al Moodle que se ha instalado como plataforma que complementa a la docencia tanto presencial como online. En mi caso, además, están publicados con la licencia CC BY-NC, es decir, Creative Commons con reconocimiento y para uso no comercial. Es decir, que mis alumnos pueden usar mis apuntes para cualquier cosa “fuera” de la asignatura siempre que me citen y que no saquen beneficio económico por ello. Me parece lo justo, ya que no es algo que hayan creado ellos, sino que lo he hecho yo y no me parece lógico que nadie se lucre con mi trabajo.

Hace ya varios años que aparecieron webs especializadas en compartir apuntes de clases. Se trata de sitios donde alumnos universitarios cuelgan los apuntes de las diferentes asignaturas que ha cursado, con el fin de hacerlos extensibles a compañeros de otros cursos e, incluso, otras universidades. Mis apuntes llevan años colgados en sitios como Patata brava (ahora docsity), Unybook.com (ahora studocu) o el Rincón del vago. En mi caso, y teniendo acceso mis alumnos al texto completo del temario de todas mis asignaturas, siempre me pareció una auténtica chorrada que alguien se molestara en poner ese contenido ahí. No obstante, lo hacían y, en un alarde de desprecio hacia mi trabajo y en la mayoría de las ocasiones, sin citarme.

Hace unos meses descubrí que una nueva plataforma de este tipo, Wuolah, también ofertaba tanto mis apuntes como mis prácticas (ya corregidas). En ambos casos me parece una demostración de estupidez. Los apuntes, como ya he mencionado anteriormente, están disponibles para todos mis alumnos. De hecho, los que aparecen colgados en esta web son tal cual los cuelgo yo en Prado, es decir, que los alumnos no se molestan en añadir nada de su cosecha. Publicar las prácticas corregidas solo sirve para que los alumnos no aprendan absolutamente nada, pero es más estúpido hacerlo si, como es mi caso, esas prácticas no son evaluables. Es decir, que son prácticas que solo tienen un objetivo: aprender a hacer cosas. Ya me contarás qué se aprende de unas prácticas que te dan resueltas. Pero bueno, es lo que hay.

La principal diferencia entre esta web y las demás es que las personas que cuelgan los apuntes y las prácticas pueden recibir dinero a cambio. En función al número de descargas el alumno puede recibir una mayor o menor cantidad de dinero. Y aquí es donde yo veo el problema. Mis apuntes están publicados con una licencia que prohíbe que se pueda comerciar con ellos. En los apuntes lo pone. En mi web lo pone. Los alumnos lo saben. Sin embargo, hay que gente que tiene la posibilidad de ganar dinero con mi trabajo.

Ante esta situación, que me parece totalmente injusta, me puse en contacto con esa web con la finalidad de hacerles saber que estaban comerciando con un material que prohibía expresamente ese tipo de uso. La respuesta fue… ninguna. A día de hoy no he recibido contestación por parte de ellos.

Así que decidí ponerme en contacto con los Servicios Jurídicos de mi universidad, con el fin de saber qué pasos legales podía dar a continuación. Mi sorpresa fue que su respuesta fue… ninguna. Nadie se ha molestado en contestar a mi mensaje de correo electrónico, enviado el 9 de junio.

Este es el panorama ante el que nos encontramos la mayoría de profesores universitarios: parece ser que está permitido aprovecharse de nuestro trabajo sin que nadie haga absolutamente nada por evitarlo.

Muchos de los compañeros a los que les ha pasado esto han decidido volver al sistema tradicional de dictar apuntes y que los alumnos, ya que van a ganar dinero con ello, se esfuercen un poco. Otros han decidido dar una bibliografía básica al alumno y que cada uno se busque la vida. Los últimos con los que he hablado están más por la labor de convertir sus temarios a texto que solo se pueda consultar en la web de la asignatura, obligando al alumno a tener que estar online continuamente para poder leerla.

La verdad es que no me gusta ninguna de estas opciones, pero entiendo perfectamente los motivos por los que se han tomado. Nos encontramos ante un escenario de evidente indefensión, donde existe un grupo de personas que se pueden aprovechar de nuestro trabajo sin que nadie, ni tan siquiera la empresa para la que trabajamos, haga lo más mínimo por ayudarnos.

Este sistema que se montado alrededor de los apuntes solo tiene un perjudicado: el alumno. Wuolah defiende que los apuntes que incorpora en su sitio web cuentan con el valor extra que les añaden la mayoría de los alumnos que suben los apuntes a su sitio. Pero lo cierto es que me he dedicado a mirar apuntes de otras carreras y otras universidades y la aportación del alumno se ha limitado en convertir el documento a PDF, que es el que da dinero, ya que es al que se le puede incrustar publicidad de forma automática. Por otra parte, el alumno no va a clase, porque tiene los apuntes y las prácticas corregidas (a saber por quién) fomentando ese autoengaño de que la asistencia no es necesaria en la mayoría de las ocasiones.

Las webs de este tipo se aprovechan, desde hace años, del trabajo de los profesores para malpagar a alumnos pardillos y les permite, como empresas intermediarias, obtener buenos beneficios vía publicidad. La única forma de combatirlas es uniendo, de forma férrea y consensuada, a todas las universidades públicas y privadas españolas. ¿Hay alguien en la Crue?