• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

Desmontando a Jaime

  • Inicio
  • Políticas de Privacidad
Usted está aquí: Inicio / Archivo de Jaime Molina

Naguib Mahfuz, conocer Egipto a través de sus ojos

15 abril, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Prolífico novelista y excelente narrador de historias humanas que siempre tienen como telón de fondo la vida política de Egipto. Naguib Mahfuz fue un excelente creador de historias que permitieron al mundo descubrir cómo transcurría la vida diaria de la sociedad egipcia mientras se producían grandes cambios políticos.

Siempre fiel a sí mismo

Mahfuz fue educado en un ambiente islámico muy estricto y vivió la revolución egipcia de 1919 contra la ocupación británica cuando tan solo contaba con siete años. Estudió Filosofía en la Universidad de El Cairo y ya en los últimos años carrera empezó a colaborar escribiendo artículos para varias revistas. Sin embargo no comenzó a componer relatos hasta que hubo finalizado sus estudios.

Sus primeras novelas estaban relacionadas con la historia del Egipto. De esa novela datan La maldición de Ra, Radophis la cortesana y La batalla de Tebas. Con posterioridad, se sumergió en el conflicto de la llegada de los valores occidentales a la sociedad egipcia.

En 1947 se publicó una de sus obras claves: El callejón de los milagros, una novela extraordinaria que fue llevada al cine en 1995 por el director mexicano Jorge Fons, aunque dicha adaptación cinematográfica estaba ambientada en México y la novela original en Egipto. Dos años m´ças tarde firmaría otra de esas novelas que, a mi juicio, lo hicieron un grande de la literatura universal en vida: Principio y fin.

Otra de sus obras más conocidas en occidente llegó en la década de los años cincuenta, la Trilogía de El Cairo compuesta por Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera. La trilogía nos narra la vida de la familia de Ahmad Abd el-Gawwad, un carismático comerciante del barrio antiguo de El Cairo. Es en esa ciudad donde transcurre la historia de tres generaciones de esta familia a lo largo de una época especialmente agitada para Egipto. El primer libro comienza en 1917, año en que este país se encontraba ocupado por los ingleses y comenzaba a dar señales de su deseo de independencia; y el último tomo termina en 1944, es decir, ocho años antes de que los egipcios derrocaran la monarquía y el ejército británico abandonase definitivamente el país.

En 1966 se publicó su novela Veladas del Nilo, que fue llevada al cine bajo el régimen de Anwar al-Sadat y prohibida por sus críticas a la sociedad egipcia durante la era Nasser.

Su apoyo al tratado de paz entre Egipto e Israel en 1979 y su magnífica novela Hijos de nuestro barrio le granjearon la inclusión en las listas negras de varios países árabes y la condena a muerte por el líder radical islamista Omar Abdel Rahman.

El reconocimiento internacional de Naguib Mahfuz

El premio Nobel de Literatura de 1988 supuso la culminación y una merecida recompensa a una amplia producción literaria. Este premio es incluso más importante si se tiene que es el único escritor en lengua árabe que lo ha recibido.

Pero el premio Nobel no fue el único de toda su carrera, en 1972 recibió el Premio Nacional de las letras egipcias acompañado por el Collar de la República, un gran honor en Egipto. Sin embargo, su abierto compromiso le valió siempre enemistades, en especial de los grupos más extremistas y radicales de su páis, quienes en 1996 lo calificaron de hereje y lo sentenciaron a muerte. Mahfuz sufrió un atentado del que escapço con vida y, a partir de ese momento, tuvo que ir siempre acompañado de guardaespaldas.

En España, la película inspirada en su novela El callejón de los milagros recibió un Premio Goya y fue candidato al Premio Príncipe de Asturias en el año 2000.

Imagen cortesía de aucpress.com

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Naguib Mahfuz

Vladimir Nabokov: el ruso que escribió en inglés

11 abril, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

La Lolita de Nabokov es el epítome de la belleza prohibida. Y por su fuego es que el nombre de quien le dio vida ha quedado grabado en el firmamento de la literatura universal.Merece la pena reproducir el primer párrafo de esta genial novela en su lengua original, el inglés. El uso de las aliteraciones es simplemente prodigioso:

“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta. She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita. Did she have a precursor? She did, indeed she did. In point of fact, there might have been no Lolita at all had I not loved, one summer, an initial girl-child. In a princedom by the sea. Oh when? About as many years before Lolita was born as my age was that summer. You can always count on a murderer for a fancy prose style. Ladies and gentlemen of the jury, exhibit number one is what the seraphs, the misinformed, simple, noble-winged seraphs, envied. Look at this tangle of thorns.”

Vladimir Nabokob llegó al mundo el 23 de abril de 1899 en Vyra, provincia de San Petersburgo, en el interior de una fastuosa mansión propiedad de un jurista al servicio de la infame casa Romanov. Su madre, aristócrata desde generaciones atrás, lo puso desde ese momento al cuidado de institutrices extranjeras con las que aprendería inglés, francés y alemán; lenguas que perfeccionaría más tarde de la mano de tutores expertos en leyes, ciencias y política.

Un amargo despertar

El advenimiento de la Revolución Bolchevique y la caída de los zares obligaron a la familia a emigrar a Alemania (1919) con recursos más o menos limitados, aunque ello no impidió que el joven Vladimir pudiese ingresar al Trinity College de Cambridge, de donde se graduaría en 1922 con máximos honores.

Una vez de vuelta en Berlín, donde su familia se asentaría definitivamente hasta poco antes del auge del régimen nazi, el brillante muchacho se ganó la vida como instructor de inglés y francés. Fue entonces cuando se acercó a una comunidad de escritores rusos que lo animó a elaborar en su lengua natal sus primeras obras cortas de ficción.

Fue durante los encuentros con esta comunidad que consiguió colaborar esporádicamente con el diario ruso Rul y ganar cierto reconocimiento bajo el seudónimo de Vladimir Sirin.

La huida hacia América

Aunque ya sin gozar del gran poder adquisitivo al que tuvo acceso de niño, Nabokob construyó una vida tranquila y sólida escribiendo, desempeñándose como instructor e intérprete de lenguas y estudiando insectos, una costumbre heredada de su padre. Fue en esta atmósfera que contrajo matrimonio con una joven judía de ascendencia rusa que sería el primer y más grande amor de su vida. Al lado de ella es como terminaría sus días.

No obstante, la persecución nazi amenazaría su felicidad. Fue entonces preciso huir a Paris (1937) y posteriormente a los Estados Unidos (1940), donde la pareja se estableció junto a su pequeño hijo.

Un nuevo amanecer para Nabokob

La experiencia previa de Nabokob como escritor en inglés durante su estancia en Francia le abrió las puertas en los Estado Unidos, mientras que su exquisita formación le permitió colocarse como catedrático en las universidades de Wellesley, Cornell y Stanford como especialista en literatura y entomología.

La seguridad económica que le brindaron estas labores creó el espacio que requería para desarrollar su genio con calma, que por primera vez explotaba en el idioma inglés. Aquí vería nacer al “fuego de sus entrañas”: Lolita. La historia de la pequeña diosa cuya mordaz sensualidad termina por devorar la estabilidad y la cordura del profesor Humbert.

La audacia y fina construcción de este relato fascinó a varias editoriales, que se arriesgaron a lanzarla temiendo que la censura acabara por poner punto final. No obstante, la grandiosa novela salió airosa de entre una gran polémica fomentada la sociedad puritana de la época (1955), en buena parte gracias a las excelentes críticas que colocarían al autor en la cima.

Lolita fue sólo su primer acierto, ya que la novela que le siguió Pálido fuego (1960) fue recibida con el mismo entusiasmo, facilitando que sus antiguas obras escritas en ruso se publicasen también traducidas al inglés y el francés.

Poco antes de mudarse a Suiza en compañía de su esposa publicaría Ada o el ardor (1969), que reivindicaría su maestría en materia de lenguaje y narrativa. En estas tierras y en completa paz, Vladimir Nabokob fallecería en 2 de julio de 1977. Su legado literario permanece incólume en el tiempo.

Imagen cortesía de www.3.bp.blogspot.com. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Vladimir Nabokov

H. P. Lovecraft: El horror de la genialidad

2 abril, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Cuenta la historia que las arboledas de Providence, Rhode Island (Estados Unidos) lo vieron nacer rodeado de una enrarecida aura que no se decidía por aferrarse a la luz del siglo por venir o rendirse al encanto las épocas oscuras. Howard Phillips Lovecraft, que llegaba al mundo la mañana del 20 de agosto de 1890, estuvo destinado desde el inicio de sus días a ser la excepción a la regla.

Los primeros años

Criado por una pareja de solterones que unieron sus vidas casi a poco de cumplir 40 años de edad, el joven Lovecraft se inició rápidamente en el gusto por lo extraño y lo fantástico en la biblioteca familiar donde como buen prodigio de las letras, se enseñó a leer con ayuda de los mitos de Homero.

Parece que los paisajes y la atmósfera de su Providence natal influyeron decisivamente a la hora de desarrollar su fantasía y su prodigiosa imaginación literaria. Esa atmósfera cautivadora se acentuaba aún más por las costumbres de su familia, descendiente de antiguos linajes europeos, lo que propició que el pequeño Howard se entregara sin más a los encantos de la ciencia y la literatura.

Pronto, el influjo de las grandes mentes le inculcó la idea de que el universo y la vida no se terminaban en los confines marcados por las fronteras vistas en los mapas, sino que se podía ir mucho más allá.

El oscuro país de las maravillas de Lovecraft

Con el paso del tiempo, Lovecraft tomó la escritura como herramienta para desfogar su voraz curiosidad y los episodios marcados por los trastornos neurológicos de su padre, que afectado por una sífilis no tratada, perdería más tarde la vida durante su estancia en el ala psiquiátrica de un hospital local.

Aunque hay quienes dicen que la muerte del padre apenas dejó huella en la tierna mente del niño, muchos creen que fue la semilla de su obsesión por escapar de sí mismo a tiempos y sitios inenarrables que fueron ricamente alimentados por su fascinación por la astronomía.

Tras debutar a los 9 años como colaborador en varias revistas científicas de circulación local, el muchacho ya se desempeñaba como columnista de astronomía en el Providence Tribune.

El año era 1906, tenía 16 años y la vida prometía, aun cuando su delicada salud no le permitió recibir estudios formales hasta los 8 años y cuando apenas le fue posible completar el segundo año de secundaria.

Para 1908 y cargando son su ateísmo resultado de puro rigor científico se vio seducido por la cultura pulp del momento, que le permitió dar rienda suelta a su gusto por los relatos escabrosos y la ciencia ficción.

De horrores y delicias

Fue así como hasta alrededor de 1924, ya ganaba algo de dinero escribiendo para la ahora célebre Weird Tales y sobre todo, mucho del aplomo literario que le permitiría diversificar su estilo, pulir sus dotes y emanciparse del fantasma de su sobreprotectora madre, que había muerto en 1921 no sin antes predisponer al joven al aislamiento por medio de la melancolía, el racismo y unas pobres habilidades para socializar.

A fines de 1924, el muchacho contraería nupcias con una mujer varios años mayor que él. Por desgracia, el declive de la fortuna familiar que le había servido de plataforma todos esos años y su incapacidad para encontrar un trabajo remunerable, convirtieron la vida de la pareja en un tormento que al cabo sólo duraría dos años.

El joven escritor comenzó por fin a liberar un genio tan ligado al miedo y la incertidumbre como su ser mismo a la realidad marcada por la escasez económica y la falta del reconocimiento profesional que anhelaba.

En este momento se presentaba ante el mundo H.P Lovecraft, que celebrado por grandes como Robert Bloch y Robert E. Howard, se convertiría en el maestro del relato que daba un giro al horror sobrenatural exxtrayendo los miedos del interior para convertirlos en amenazas omnipotentes y arcanas a las que nadie escapa.

Hablar de Lovecraft equivale a hablar sobre relatos fantásticos y de terror. Es la oscura atmósfera de esta etapa (de 1926 a 1934) la que daría pie a su máximo auge creativo con La llamada de Cthulhu (1926), El color que cayó del cielo (1927) El horror de Dunwich (1928) y En las montañas de la locura (1931) por mencionar algunas de sus obras.

Para 1936, H.P. Lovecraft batallaba con una debilitada salud que lo llevaría a la tumba al año siguiente. Aun con el reconocimiento de sus colegas, el autor moriría en la total miseria económica de un cáncer intestinal. Nadie imaginó que la leyenda, apenas iniciaba.

 

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, H. P. Lovecraft

Horacio Quiroga: Una vida de locura y muerte

31 marzo, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

Acusado por muchos de excesivo, y relegado por los jóvenes literatos de la generación que al cabo bebería de su inclinación por el dolor (la más macabra de todas las realidades), Horacio Quiroga, uruguayo afincado en argentina, representa a una las pocas plumas latinoamericanas que han delineado el horror de una manera única y cruelmente palpable. Es eso y más lo que hace que su nombre resplandezca entre los grandes citados en esta sección.

Extraño en su tierra

Muchos biógrafos y expertos en literatura coinciden en que el fatalismo en la prosa de Quiroga no es fruto del morbo y mucho menos de la causalidad. Su vida estuvo marcada por la tragedia desde el momento de su nacimiento en la provincia de Salto, Uruguay, a fines de 1878. Fueron los 23 años que siguieron, en que bajo una estricta crianza campesina, desarrolló su afinidad con el lado intempestivo de la naturaleza y afinó su destreza para sobrevivir en tierras salvajes.

La muerte repentina y trágica de su padre en un accidente de caza no evitó que el joven siguiera alimentando sus sueños de viajero explorador, pues al poco tiempo su madre volvería a contraer nupcias con un acaudalado hombre que lo proveería de nuevos bríos y ambiciones para conquistar.

Desafortunadamente, su juventud idílica comenzaría a menguar tras presenciar el suicidio de su padrastro y ser testigo de cómo un romántico viaje a París se convertía rápidamente en pesadilla.

Estos hechos lo empujaron a asumir una dolorosa adultez que se consolidaría más tarde con su autoexilio en Argentina.

Nueva vida, nuevos dolores para Horacio Quiroga

Gracias a su educación básica en Montevideo, el muchacho desarrolló interés por la literatura, que junto con un profundo enamoramiento a primera vista, se volvería la más grandiosa pasión de su vida.

Ya en ese tiempo resaltaba el lustre de sus primeros escritos (el primero fue un álbum lírico que contenía más de veinte poesías en numerosos estilos) que le darían cierta experiencia en las publicaciones profesionales y la oportunidad de trabajar de cerca en un laboratorio creativo con otros jóvenes literatos modernistas entre los que se contaba Federico Ferrando, uno de sus mejores amigos de la infancia y la juventud.

Las casi increíbles vivencias que había experimentado permitieron que a los 23 años (1901) pudiera ver publicada en Buenos Aires, su primera publicación profesional: Los arrecifes de coral, un libro que contenía cuentos y prosa lírica.

Pero la fortuna le aguardaba nuevos dolores. A principios de ese año, fallecerían dos de sus hermanos en una epidemia y a los pocos meses, mataría por accidente a Federico Ferrando mientras se disponía a preparar un arma. Este lamentable hecho lo llevo a abandonar Uruguay definitivamente para asentarse En Argentina, donde publicó todo el resto de sus obra literaria, y desarrolló su afición por la caza, la horticultura y la exploración hasta que falleció en Febrero de 1937.

El curso de las tragedias

Los años más fructíferos de Quiroga fueron los que siguieron a las tragedias en Uruguay. En este periodo se consumó como un cuentista de renombre que escribía con éxito en publicaciones selectas como Caras y Caretas, donde se elogiaba su habilidad para recrear la intriga desarrollada por Poe pero un ámbito rural que oscilaba entre lo mágico y lo realista.

Fue también en este tiempo cuando tras publicar célebres cuentos como El almohadón de plumas y novelas como Los perseguidos (ambos de 1905), contrajo matrimonio y vio nacer a sus dos hijos, a quienes inculcó el gusto por la naturaleza llevándolos a vivir a la profundo de la selva en la provincia de Misiones.

Su historia parecía ir viento en popa hasta que su joven esposa se suicidó terminando con uno de los más grandes periodos de plenitud creativa y personal del autor.

Poco antes de su muerte y luego de publicar Cuentos de locura de amor y de muerte (1917), sus numerosas fábulas de la selva, su novela Pasado amor (1929) y su antología Más allá (1935) que lo consagrarían como escritor. Quiroga enfermó si saber que se enfrentaba a un cáncer de próstata fulminante. Pronto fue abandonado por su segunda esposa y luego por sus hijos justo en la selva donde los vio nacer.

Quiroga decidió negarle al cáncer el gusto de arrancarle lo que le quedaba de vida. Fue así como con ayuda de una pequeña copa de cianuro, Horacio Quiroga partió sin regreso al panteón de los monstruos sagrados de la literatura latinoamericana.

Imagen cortesía de www.biografias.com. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, Horacio Quiroga

Jane Austen: La soñadora rebelde

30 marzo, 2016 por Jaime Molina Deja un comentario

La vida de Jane Austen no se pareció en nada a la de sus arrojadas heroínas que podían ir al extremo del mundo en rodillas con tal de rescatar aunque fueran los restos de un gran amor.

Siendo una de las dos hijas más pequeñas de un sacerdote protestante de gran influencia en Steventon, Inglaterra (comunidad que le vería nacer en 1775), la joven Austen tuvo una infancia y una adolescencia tranquila en el campo que fue posible gracias a la acomodada situación de su familia, que aunque numerosa y provinciana, perteneció siempre a la clase media alta.

El nacimiento de una grande

En este ambiente apacible fue educada de manera estricta por un padre que al cabo fue responsable de hacerla escapar en sueños a los confines de las novelas clásicas de amor que alcanzó a leer de pequeña, pero que pronto fueron erradicadas del mapa por la novela gótica y el abigarrado romanticismo que comenzaría a tender sus redes a discreción con el cambio de siglo.

A la muerte de su padre en 1801, la joven de 26 años se trasladó junto con su familia a la comunidad de Bath y posteriormente a Chawton en Hampshire (1805), donde finalmente se dedicó a trasladar al papel los romances que había soñado. Aquí desarrolló ese ritmo cadencioso pero atrapante que llegó como una brisa de aire fresco cuando comenzó a ser publicada de manera profesional en 1813.

Sus dotes para crear personajes de gran agudeza psicológica y un carácter chispeante le garantizaron el éxito de sus novelas, que aunque se desarrollaban prácticamente en el único ambiente que conoció (el de la pequeña burguesía) fascinaron al público como hasta la fecha continúan haciéndolo.

Poco después de la publicación de su tercera novela, Emma (1814), que gozó de una gran acogida por parte del público, Austen comenzó a enfermar de algo que los médicos de la época no atinaban a descifrar. El decaimiento físico y la mala acogida de su siguiente obra Mansfield Park (1815), que se consideró un fracaso, la frenó aunque no la detuvo, pues consiguió terminar dos novelas más: La abadía de Northanger y Persuasión.

Gravemente afectada por su enfermedad (una deficiencia hormonal de la glándula suprarrenal desconocida en ese momento), sin haber contraído matrimonio y con apenas 41 años de edad, Austen murió en Winchester el 18 de julio de 1817. Sus últimas dos novelas fueron publicadas de manera póstuma.

El legado de Jane Austen

Pese a que se considera una autora clásica con cierta inclinación conservadora por las costumbres de la época, Jane Austen es toda una precursora del feminismo literario que por medio de sus heroínas fuertes y determinadas, exigía que el mundo la considerase un ser capaz y pensante con el empuje necesario para derribar fronteras. Así lo demuestran sus personajes en Sentido y sensibilidad (1811) y Orgullo y prejuicio (1813)

Imagen cortesía de www://danludens.com/. Todos los derechos reservados.

Publicado en: Bitácora Etiquetado como: autores, literatura

  • « Ir a la página anterior
  • Página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Página 5
  • Página 6
  • Página 7
  • Página 8
  • Página 9
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Página 22
  • Ir a la página siguiente »

Barra lateral principal

Entradas recientes

  • Primera entrada para estrenar el nuevo blog 6 marzo, 2018
  • Katherine Mansfield. Neozelandesa de nacimiento y europea de adopción 29 noviembre, 2016
  • Manuel Machado. Una fatal poesía lo condenó al olvido 25 noviembre, 2016
  • Berna González Harbour. La novela negra tiene rostro de mujer 22 noviembre, 2016
  • Saul Bellow, el judío que rompió con su destino 18 noviembre, 2016

Categorías

  • Bitácora (108)
  • Opinión (1)
junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
« Mar    

Meta

  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org

Universidad de Granada
blogsUgr
C.S.I.R.C. · Plataformas webs corporativas
Acceder

En BlogsUGR utilizamos cookies propias con finalidad técnica y para personalizar su experiencia de usuario. Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de terceros para fines analíticos.

 

Puede aprender más sobre qué cookies utilizamos o desactivarlas en los .

Desmontando a Jaime
Powered by  GDPR Cookie Compliance
Resumen de privacidad

BlogsUGR utiliza cookies propias para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a BlogsUGR, haces algún comentario o seleccionas el idioma de un blog. Rechazar las cookies propias podría suponer la imposibilidad de acceder como usuario a BlogsUGR.

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de terceros con fines analíticos para recabar estadísticas sobre la actividad del usuario en dicho blog y la actividad general del  mismo.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.

También algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de twitter.com que se utilizan para la visualización de esta red social en el blog.

Política de cookies

La presente política de cookies tiene por finalidad informarle de manera clara y precisa sobre las cookies que se utilizan en los blogs del servicio BlogsUGR de la Universidad de Granada.

¿Qué son las cookies?

Una cookie es un pequeño fragmento de texto que los sitios web que visita envían al navegador y que permite que el sitio web recuerde información sobre su visita, como su idioma preferido y otras opciones, con el fin de facilitar su próxima visita y hacer que el sitio le resulte más útil. Las cookies desempeñan un papel muy importante y contribuyen a tener una mejor experiencia de navegación para el usuario.

Tipos de cookies

Según quién sea la entidad que gestione el dominio desde dónde se envían las cookies y se traten los datos que se obtengan, se pueden distinguir dos tipos: cookies propias y cookies de terceros.

Existe también una segunda clasificación según el plazo de tiempo que permanecen almacenadas en el navegador del cliente, pudiendo tratarse de cookies de sesión o cookies persistentes.

Por último, existe otra clasificación con cinco tipos de cookies según la finalidad para la que se traten los datos obtenidos: cookies técnicas, cookies de personalización, cookies de análisis, cookies publicitarias y cookies de publicidad comportamental.

Para más información a este respecto puede consultar la Guía sobre el uso de las cookies de la Agencia Española de Protección de Datos.

Cookies utilizadas en la web

A continuación se identifican las cookies que están siendo utilizadas en este portal así como su tipología y función:

Todos los blogs de BlogsUGR utilizan cookies técnicas y propias, necesarias para la personalización de su experiencia de usuario y para el mantenimiento de sesión.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de Twitter para personalizar la visualización de dicha red social en el blog.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar Google Analytics, un servicio de analítica web desarrollada por Google, que permite la medición y análisis de la navegación en las páginas web. En su navegador podrá observar cookies de este servicio. Según la tipología anterior se trata de cookies  de terceros, de sesión y de análisis.

A través de esta analítica web se obtiene información relativa al número de usuarios que acceden a la web, el número de páginas vistas, la frecuencia y repetición de las visitas, su duración, el navegador utilizado, el operador que presta el servicio, el idioma, el terminal que utiliza y la ciudad a la que está asignada su dirección IP. Información que posibilita un mejor y más apropiado servicio por parte de este portal.

Para garantizar el anonimato, Google convertirá su información en anónima truncando la dirección IP antes de almacenarla, de forma que Google Analytics no se usa para localizar o recabar información personal identificable de los visitantes del sitio. Google solo podrá enviar la información recabada por Google Analytics a terceros cuanto esté legalmente obligado a ello. Con arreglo a las condiciones de prestación del servicio de Google Analytics, Google no asociará su dirección IP a ningún otro dato conservado por Google.