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ALMENARA. Blog de la profesora María José Aznar

Espacio para la lectura, la reflexión y el comentario

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48. Unión aduanera y Convenio CITES

14 mayo, 2020 por mjaznar 16 comentarios

En la entrada 14 se trató la Integración Económica Internacional. Como se vio, la integración es un proceso que contempla diferentes fases. Una de ellas, la unión aduanera, constituye un eslabón primordial en la cadena integracionista. Consiste en una agrupación de países que han suprimido cualquier tipo de obstáculo comercial en sus relaciones comerciales recíprocas  (es decir, aranceles y otros mecanismos como los que se han visto en entradas anteriores), permitiendo la libre circulación de productos entre ellos. Pero además, esa agrupación ha armonizado sus decisiones de política comercial como un todo, de manera que aplican la misma normativa en sus relaciones con terceros países (es decir, los que no pertenecen a la unión aduanera). Por lo tanto, la formación de una unión aduanera requiere dos requisitos:

  1. Un desarme proteccionista entre los miembros del área,
  2. Una armonización arancelaria y comercial conjunta frente al resto.

La Unión Europea es una unión económica y monetaria, es decir, ha alcanzado el mayor nivel de integración que se puede dar entre países. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente comercial, es decir, el que afecta al intercambio de mercancías, el elemento más relevante de la Unión Europea es el hecho de tratarse ante todo de una unión aduanera.

Por eso, además de permitir la libre circulación de mercancías entre sus miembros, aplica un arancel único para toda el área (el TARIC) y las mimas regulaciones comerciales frente al exterior, recogidas en el Código Aduanero Comunitario.

La propia UE se expresa en estos términos respecto a su condición de unión aduanera:

La unión aduanera de la UE en acción

Creada en 1968, la unión aduanera de la UE facilita el comercio a las empresas de la UE, armoniza los derechos de aduana sobre las mercancías procedentes de fuera de la UE y ayuda a proteger a los ciudadanos, los animales y el medio ambiente de Europa.

En la práctica, la unión aduanera implica que las autoridades aduaneras de los 27 países de la UE trabajan juntas como si fueran una sola. Aplican las mismas tarifas a las mercancías importadas en su territorio procedentes del resto del mundo y no aplican tarifas internas.

En el caso de la UE, esto significa que no hay que abonar derechos de aduana cuando los bienes se transportan de un país de la UE a otro. Los derechos de aduana de las mercancías importadas en la UE representan en torno al 14% del presupuesto total de la UE y forman parte de sus «recursos propios tradicionales».

Los controles aduaneros en las fronteras exteriores de la UE protegen a los consumidores frente a mercancías y productos que podrían ser peligrosos o perjudiciales para su salud. Protegen a los animales y el medio ambiente mediante la lucha contra el comercio ilícito de especies amenazadas y previniendo las enfermedades animales y vegetales.

Las autoridades aduaneras colaboran con la política y los servicios de inmigración en su lucha contra la delincuencia organizada y el terrorismo. Luchan contra el tráfico de personas, drogas, armas y mercancías falsificadas, y comprueban que los viajeros que transportan grandes cantidades de efectivo no estén blanqueando dinero, evadiendo impuestos o incluso financiando a organizaciones delictivas.

Las aduanas de la UE combaten también el fraude fiscal por parte de empresas y particulares, que priva a los gobiernos nacionales de unos ingresos vitales para el gasto público.

Como se ha dicho, una de las funciones de la unión aduanera es reprimir el tráfico ilícito de especies amenazadas. Respecto a esta cuestión, existe una convención internacional que tiene precisamente ese objetivo: se trata del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, o convenio CITES (Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora). Dicho convenio, según su web (http://www.cites.es/es-ES/elconveniocites/Paginas/Aplicación-en-la-UE.aspx):

Busca preservar la conservación de las especies amenazadas de fauna y flora silvestres mediante el control de su comercio.

 Fue firmado en Washington el 3 de marzo de 1973 por 21 países entrando en vigor en 1975. En la actualidad se han adherido 183 Partes, es decir, casi todos los países del mundo forman parte de la Convención. La adhesión de España al Convenio CITES se efectuó el 16 de mayo de 1986.

 El Convenio CITES establece una red mundial de controles del comercio internacional de especies silvestres amenazadas y de sus productos, exigiendo la utilización de permisos oficiales para autorizar su comercio. Por tanto, la protección se extiende a los animales y plantas, vivos o muertos, sus partes, derivados o productos que los contengan; es decir, también se protegen las pieles, marfiles, caparazones, instrumentos musicales, semillas, extractos para perfumería, etc. elaborados a partir de especímenes de especies incluidas en el Convenio.

 El objetivo es asegurar que el comercio internacional de especímenes de animales y plantas de origen silvestre sea sostenible y no ponga en peligro su supervivencia. Esto supone esencialmente prohibir el comercio de las especies en peligro de extinción y regular el comercio de las especies amenazadas o en peligro de estarlo.

 Para el funcionamiento del Convenio, existen dos órganos:

  • La Conferencia de las Partes, órgano superior del Convenio. Reúne a todos los Estados Contratantes del Convenio (países Parte o Partes) por lo menos una vez cada 2 o 3 años en sesión ordinaria. (…)
  • La Secretaría del Convenio CITES, administrada por las Naciones Unidas, tiene su sede en Ginebra (Suiza) y está financiada por las aportaciones de las Partes. (…)

 

El Convenio establece la necesidad de obtener permisos de exportación en el país de origen y de importación en el de destino previos al intercambio de los ejemplares. También contempla la emisión de certificaciones para las excepciones previstas en el Convenio. Además, el Convenio permite la posibilidad de aplicar legislaciones nacionales más estrictas, como es el caso aplicado por la Unión Europea.

 El objetivo final del Convenio CITES es contribuir a garantizar que el comercio internacional de animales y plantas silvestres sea legal, sostenible y trazable. El sistema de permisos y certificados establecido permite que toda mercancía CITES se encuentre perfectamente documentada y se conozca su origen, destino y motivo por el que se comercializa.

 En relación a esta temática, os recomiendo que leáis el siguiente enlace, en el que se afirma que “miles de animales son asesinados para convertirse en alimentos, accesorios, ingredientes de medicina tradicional o en mascotas de colecciones privadas, un rubro comercial que amenaza a cinco mil 579 especies actualmente a nivel mundial”:

“Amenazadas, una de cada cinco especies por el comercio de animales”:

https://aristeguinoticias.com/1311/lomasdestacado/amenazadas-una-de-cada-cinco-especies-por-el-comercio-de-animales/

Asimismo, para concienciaros de la magnitud del problema, leed también:

“El coronavirus y el comercio ilegal de fauna”:

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/coronavirus-y-comercio-ilegal-fauna_15366

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47. Unas pinceladas socioeconómicas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial

14 mayo, 2020 por mjaznar Deja un comentario

Varios países recordaron el 8 de mayo de 2020, en plena crisis del coronavirus, el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Discretamente y a la sombra, por las circunstancias de la pandemia, conmemoraron la rendición de la Alemania nazi ante los países aliados.

Como bien nos recuerda E. Camps en el manual “Historia económica mundial…”, “la Segunda Guerra Mundial fue la más costosa de la humanidad tanto en términos financieros como humanos, como de costes indirectos y en pérdidas de potencial productivo” (p. 102).

En estos mismos términos se expresa A. Cerreras, quien nos traslada la realidad de esta guerra del siguiente modo:

La segunda guerra mundial fue mucho más destructiva que la primera. El armamento más moderno utilizado segó muchas más vidas (unos 16 millones de militares). Pero, además, el enconamiento entre los adversarios fue mucho más profundo, lo que puso en marcha políticas de aniquilación sistemática de las poblaciones civiles, que acabaron con la vida de otros 26 millones de personas. La más conocida consistió en los campos de concentración, trabajo forzoso y exterminio ideados por los nazis. Pero no fue la única. Los mismos nazis realizaron operaciones de exterminio in situ en múltiples ocasiones. La ferocidad de la guerra involucró por completo a los no combatientes. Ahí donde la guerra fue más cruenta las pérdidas de vidas fueron millonarias y afectaron hasta un diez por 100 de toda la población (así fue en la URSS, Polonia, Alemania y Yugoslavia).

La guerra constituyó un esfuerzo económico centralizado, repitiendo las pautas de la primera, pero a una escala mucho mayor. Los grandes contendientes —entre los que no estaba Francia, que fue ocupada fulminantemente por las tropas alemanas—: Alemania, el Reino Unido, Italia y la URSS, más Estados Unidos y Japón fuera de Europa, trataron de centralizar férreamente todas sus operaciones y destinaron al esfuerzo bélico una proporción de los recursos nacionales (del PIB) netamente superior a la que habían dedicado durante la primera gran guerra. La fuerte movilización militar y económica tensó al máximo las capacidades productivas de todos los países implicados. De hecho, el paro, que aún coleaba como una herencia de la gran depresión, desapareció por completo por efecto de la movilización bélica. El PIB no aumentó en el conjunto de Europa, aunque sí en los países beligerantes que no sufrieron la ocupación militar. El caso más extremo es el de Estados Unidos.

A. Carreras, “El siglo XX entre rupturas y prosperidad (1914-2000)” en Historia Económica de Europa, siglos XV-XX, pp. 381-385.

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Continuando con el tema que nos ocupa, en el siguiente texto se resumen algunos de los hechos más relevantes ligados a las etapas bélica y post-bélica:

“Cómo se recuperó la economía mundial liberal tras la IIGM”

https://segundaguerramundial.es/recuperacion-economica-final-guerra/

Desde una perspectiva geopolítica y socioeconómica, el final de la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de una nueva era en la que la comunidad internacional del bloque capitalista mostró una gran resolución a la hora de trabajar codo con codo para recuperar la economía internacional de mercado.

Esto quedó patente mediante las instituciones internacionales que fueron desarrollándose durante el periodo de 1944 a 1947, con objetivos claros de reconstruir Europa, eliminar las barreras al comercio y garantizar una cierta estabilidad en materia de tipos de cambio de divisas. Estas iniciativas tuvieron diversos grados de éxito, pero todas ellas fueron eficaces a la hora de consolidar una cierta confianza en el sistema de mercado, frente al incipiente expansionismo comunista oriental.

Ya durante la Segunda Guerra Mundial se habían celebrado negociaciones entre Gran Bretaña y EEUU en materia económica. El resultado más inmediato fue la firma del Mutual Aid Agreement (Acuerdo de Asistencia Mutua) de 1941, que se centró en acuerdos de préstamos financieros y en el intercambio de ideas sobre cómo colaborarían las naciones una vez que la paz fuese restaurada, de cara a construir una economía que funcionase de la mejor manera posible.

En abril de 1944, delegados de 44 naciones se reunieron en Bretton Woods (New Hampshire, EE. UU.), para dibujar políticas económicas encaminadas a conseguir una consolidación económica de posguerra. Fruto de dichas reuniones nacería el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el BIRD (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento).

El objetivo de las reuniones de los delegados de las economías mundiales punteras de la época era facilitar una política monetaria de estabilidad mediante la fijación de tasas de cambio respaldadas por el oro o por el dólar.

También se buscaba acordar préstamos para reconstruir Europa tras el fin de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, desarrollar iniciativas de estímulo encaminadas al crecimiento económico de los países destruidos. Nacía así lo que actualmente se conoce como “Sistema de Bretton Woods”.

En 1947, ya con la Segunda Guerra Mundial terminada y con la victoria aliada, se desarrollaron otras dos instituciones para estimular el comercio y las inversiones internacionales: el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y el ERP (European Recovery Program, conocido popularmente como Plan Marshall). Veintitrés naciones se reunieron en Ginebra (Suiza) para esbozar el GATT (desde 1995, la OMC -Organización Mundial del Comercio-) y negociar la reducción de aranceles en casi el 50 % de las mercancías sujetas a comercio mundial. En 1949, ya eran 34 las naciones firmantes del GATT (el equivalente al 80 % del comercio mundial).

El Plan Marshall, por su parte, destinó 13.000 millones de dólares a las regiones más arrasadas por la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ser un programa limitado a nivel de recursos, la ayuda fue bastante eficaz, ya que un 60 % de los fondos estaba destinado a productos primarios (alimentos y equipamiento industrial), lo que contribuyó a la productividad laboral y al nivel de inversiones, lográndose así la ansiada recuperación de la confianza de los consumidores.

El periodo entre 1950 y 1973, clasificado por muchos economistas como “los años dorados”, fue bastante espectacular en Europa. La productividad laboral media se encuadró en un 4,5 % anual, mientras que el PIB real creció a un 4,8 % en los 16 países líderes de la OCDE.

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Para terminar esta entrada, os remito a este interesantísimo artículo, en el que se hace una semblanza sobre ocho mujeres que asumieron un rol muy relevante en tiempos de la segunda Guerra Mundial:

“8 heroínas de la Segunda Guerra Mundial que deberías conocer:”

https://es.noticias.yahoo.com/guerra-mundial-lady-muerte-princesa-053257247.HTML

 

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46. La economía de guerra

11 mayo, 2020 por mjaznar 4 comentarios

Nos hallamos ante un concepto que ha emergido del olvido durante la situación que nos ha tocado vivir, en la que la crisis del “coronavirus” ha hecho que nos acordemos de los tiempos de guerra. En relación a asta temática traigo la siguiente lectura, así como un enlace a una reflexión que se puede ver al final de la entrada.

“¿Qué es la economía de guerra?”

https://blog.caixabank.es/blogcaixabank/2019/02/que-es-la-economia-de-guerra.html#

Hay términos que siempre vuelven. Economía de guerra es uno de ellos. A grandes rasgos, lo solemos aplicar cuando atravesamos una situación económica delicada por la cual necesitamos reducir nuestros gastos al máximo y sacar el máximo partido a lo que compramos.

Se trata de una expresión muy polivalente, que utilizamos para explicarle a un amigo por qué no volveremos a tomarnos unas cañas con él al menos en los próximos seis meses o incluso para referirnos a un cambio de hábitos en la compra de productos de belleza.

Sin embargo, la expresión economía de guerra tiene un origen mucho más literal. Se refiere a las medidas y actuaciones que adoptan los países cuando atraviesan una situación crítica, como es el caso de un conflicto bélico o sus consecuencias posteriores. En concreto, Philippe Le Billon la define como el conjunto de actividades económicas que se organizan para financiar una guerra, que pasan por la producción, movilización y distribución de los recursos. Estas actuaciones influyen, por ejemplo, en los impuestos, el comercio o el racionamiento de bienes. El objetivo consiste en manejar la economía de tal manera que se termine por ganar la contienda sin descuidar a la población.

No existe una única forma de economía de guerra, sino que cada país desarrolla la suya propia cuando encara un conflicto de estas características. Tampoco el término es una exclusiva de los países, sino que se puede aplicar también a grupos armados locales que controlan un territorio determinado. Por eso las estrategias de economía de guerra que se desarrollan son muy variadas.

Sin embargo, existen algunos rasgos que se repiten a menudo en las situaciones de economía de guerra. Con muchos de ellos estamos familiarizados, porque los hemos visto en películas bélicas que recrean conflictos muy distintos, como Lo que el viento se llevó o Las bicicletas son para el verano.

Síntomas de una economía de guerra

Algunas señales que nos permitirán reconocer que un país está aplicando medidas de economía de guerra tienen mucho que ver con la tendencia a la autarquía o el autoabastecimiento. Esto significa que el estado trata de abastecer a su población y a su ejército mediante recursos propios para reducir en lo posible la dependencia del exterior, sobre todo ante el riesgo de sufrir un bloqueo económico. Esta estrategia se combina a menudo con el racionamiento de alimentos y otros bienes para ajustar al máximo el consumo, junto con la puesta en marcha de medidas para el ahorro energético.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en la Gran Bretaña de la Segunda Guerra Mundial, cuyos suministros sufrieron las consecuencias de la guerra submarina planteada por Alemania. Esta situación de bloqueo trajo consigo un gran esfuerzo para producir la máxima cantidad posible de alimentos en suelo británico con los que abastecer a la población y las tropas. Las cartillas de racionamiento en la España de la posguerra también responden a este tipo de estrategias.

La producción industrial de un país en economía de guerra también suele adaptarse a las demandas de un conflicto bélico. Esto quiere decir que sus esfuerzos se orientan a producir exactamente lo que necesita para afrontarlo.

Este es el camino que siguió Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial: la producción de guerra transformó radicalmente su industria, hasta el punto de que fábricas de automóviles como Chrysler se dedicaron a fabricar fuselajes de avión. La movilización de dieciséis millones de personas hacia los distintos frentes de la guerra, en su mayoría hombres, hizo un hueco para que otros colectivos, como las mujeres, los latinos o los afroamericanos, encontraran trabajo en la industria norteamericana.

Ya en la Primera Guerra Mundial, Alemania había desarrollado al máximo y en un corto espacio de tiempo su capacidad industrial para producir los recursos materiales que necesitaba, cuando la economía se había transformado en un factor bélico de primer orden.

El control de la política monetaria para moderar la inflación, la creación de nuevos impuestos, la desviación a los sectores primario y secundario de partidas presupuestarias antes asignadas al sector terciario o el proteccionismo son otros de los rasgos que se pueden observar en las economías de guerra.

También lo es la financiación mediante bonos de guerra, que se venden a los propios ciudadanos a cambio de un interés para poder comprar y producir armamento. Este fue el caso de Austria-Hungría en la Primera Guerra Mundial o de Gran Bretaña en la Guerra de Crimea.

Después de contemplar estos ejemplos, no resulta difícil imaginar por qué utilizamos a menudo la expresión economía de guerra para referirnos a ciertas medidas que adoptan las familias en momentos delicados.

Por suerte, evitar estas situaciones puede resultar tan sencillo como tomar algunas precauciones para tener las finanzas familiares saneadas y evitar así entrar en la tan temida economía de guerra.

Cuando la economía es el arma

Los ajustes en la economía de un país son clave para su rendimiento durante un conflicto bélico, pero no solo en términos de resistencia. En ocasiones, también se realizan esfuerzos para pasar a la ofensiva contra sus enemigos.

Las batallas económicas que se libran durante una guerra pueden resultar decisivas para el desarrollo de las físicas. Un ejemplo de ello es la contienda del wolframio que libraron los aliados y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial en territorio español.

Este choque llevó incluso a una escalada artificial de los precios de este metal, que los alemanes utilizaban para endurecer su armamento y que adquirían a España. Cuando los aliados lo descubrieron, comenzaron a comprar wolframio de manera masiva para evitar que sus enemigos accedieran a él, lo que provocó que su precio se multiplicara por cuatro.

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En relación al paralelismo entre la economía de guerra y la situación desatada por el coronavirus, os remito a esta interesante reflexión:

https://elpais.com/elpais/2020/03/29/opinion/1585497222_303564.html

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45. Recursos e instituciones para el fomento de la exportación y la internacionalización

11 mayo, 2020 por mjaznar 22 comentarios

Se ha visto cómo los países pretenden en ocasiones limitar sus importaciones, para protegerse de la competencia exterior. Pero si nos referimos a la corriente opuesta, es decir, a las exportaciones, en este caso pretenden justamente lo contrario: exportar cuanto más mejor, pues ello es fuente de riqueza económica para el país.

Los países desarrollados destinan parte de su presupuesto a fomentar sus exportaciones e impulsar la internacionalización de sus empresas, pues en el marco de su política comercial exterior es un objetivo clave posicionarse en mejor medida en los mercados exteriores. Dentro de dicha política hay que incluir todos los instrumentos e instituciones orientados a actuar sobre la corriente de exportación y de inversión de un país en el exterior.

Existen diversas ventajas que justifican el fomento de las exportaciones:

Para las empresas, se traduce en un incremento de sus ventas exteriores, con la consiguiente ampliación de sus mercados; contribuye a una diversificación de su oferta; y facilita ampliar su especialización productiva, revirtiendo en un aumento de la productividad.

Para los países, ayudar al sector exterior permite impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo, mejorar la balanza comercial, incrementar las reservas de divisas y aumentar la productividad de la economía.

En el caso de España, las ayudas al sector exterior cuentan con un importante historial, pues se remontan a comienzos de la década de 1950. Actualmente, las medidas de fomento de la exportación e internacionalización de las empresas españolas están gestionadas fundamentalmente por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

Se entiende por fomento de la internacionalización española, el impulso de:

  • Las exportaciones, es decir, las ventas al exterior de productos y servicios de empresas españolas.
  • Las inversiones directas en el exterior, esto es, la apertura por empresas españolas de filiales o sucursales en otros países, así como las inversiones en proyectos de infraestructuras o industriales en el extranjero.

El apoyo institucional a la internacionalización de la empresa, se ha realizado tradicionalmente a través de distintas vías o de distintos tipos de instrumentos, clasificados en tres categorías:

  • Instrumentos fiscales, como las deducciones en el impuesto de sociedades por inversiones exteriores.
  • Instrumentos comerciales, dirigidos fundamentalmente por el ICEX.
  • Instrumentos financieros de apoyo a la exportación y a la inversión exterior.

A continuación se expone la relación de los principales instrumentos e instituciones para el fomento de la exportación y la internacionalización en España:

Instituciones de apoyo comercial

  • ICEX España Exportación e Inversiones http://www.icex.es

El ICEX presta sus servicios a las empresas españolas con la finalidad de fomentar sus exportaciones y facilitar su implantación internacional, apoyándose en una amplia red de oficinas económicas y comerciales en el exterior. Los servicios que presta el ICEX de cara a sendos objetivos incluyen:

    • Información sobre mercados y sectores, oportunidades de negocio y aspectos prácticos o referentes al comercio exterior.
    • Asesoramiento durante cada etapa del proceso de internacionalización (Iniciación a la exportación, apertura de nuevos mercados, implantación comercial y productiva…).
    • Técnicas de comercio exterior (aspectos de transporte, logística, financiación, contratación y fiscalidad, entre otros);
    • Programas de cooperación y financiación multilateral;
    • Mercados electrónicos mediante www.emarketservices.es
    • Programa para la internacionalización de las Pyme https://icexnext.es/
    • Promoción comercial a través de planes de marketing con objeto de introducir, posicionar y consolidar la oferta exportadora española en los mercados exteriores.
    • Ferias comerciales internacionales y Misiones comerciales (viajes colectivos de empresarios preferiblemente de un mismo sector para la promoción directa de sus productos).
    • Apoyo directo a las empresas mediante planes de ayuda a proyectos empresariales de exportación e inversión.
    • Foros de inversiones y cooperación empresarial, facilitando contactos entre empresarios españoles y potenciales socios extranjeros.
    • Formación en internacionalización a través de cursos de comercio exterior, seminarios temáticos y jornadas sobre mercados y sectores.
    • Becas de comercio exterior para profesionales españoles y extranjeros.
    • Producción editorial con publicaciones periódicas y números especiales sobre diversos aspectos del comercio exterior.
  • Cámaras de Comercio, Industria y Navegación https://www.camara.es/comercio-exterior

Facilitan los siguientes servicios:

    • Actividades de promoción, formación e información en materia de comercio exterior.
    • Directorio de empresas españolas exportadoras e importadoras.
    • Estadísticas de Comercio Exterior de España con el resto del mundo.
    • Base de datos de comercio exterior.
    • Programa Xpande de acceso a nuevos mercados.
    • Certificados de acreditación del origen de las mercancías (para posibles beneficios arancelarios).
    • Programa Internacional de Promoción (PIP).
    • Cuadernos ATA para la admisión temporal de mercancías (para llevar mercancías o equipos temporalmente a otro país, sin necesidad de pagar aranceles).
  • Comunidades Autónomas

Las CC.AA poseen las siguentes instituciones y servicios especializados, para promocionar la internacionalización de sus economías, asumiendo un papel equiparable al del ICEX, pero a escala regional:

ANDALUCÍA: Agencia Andaluza de Promoción Exterior (EXTENDA) http://www.extenda.es/

ASTURIAS: Sociedad de Promoción Exterior del Principado de Asturias (ASTUREX) http://www.asturex.org

CANARIAS: Sociedad Canaria de Fomento Económico (PROEXCA) http://www.proexca.es/

CANTABRIA: Sociedad para el Desarrollo Regional de Cantabria (SODERCAN)  http://www.gruposodercan.es/

CASTILLA LA MANCHA: Instituto de Promoción Exterior de Castilla La Mancha (IPEX) http://ipex.castillalamancha.es/

CASTILLA Y LEÓN: Internacionalización de la Empresa en Castilla y León: https://empresas.jcyl.es/web/jcyl/Empresas/es/Plantilla100/1284717008269/_/_/_

CATALUÑA: Agencia para la Competitividad de la Empresa de Cataluña (ACCIÓ) http://www.accio.gencat.cat/

Promotora de Exportaciones Agroalimentarias (PRODECA) http://www.prodeca.cat/

COMUNIDAD VALENCIANA: Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (IVACE) http://www.ivace.es/

EXTREMADURA: Extremadura Avante http://www.extremaduraavante.es/

GALICIA: Instituto Gallego de Promoción Económica (IGAPE) http://www.igape.es/

LA RIOJA: Agencia de Desarrollo Económico de La Rioja (ADER): http://www.ader.es/

MURCIA: Instituto de Fomento Región de Murcia (INFO) http://www.institutofomentomurcia.es/

PAÍS VASCO: Agencia de Desarrollo Empresarial del Gobierno Vasco – SPRI http://www.spri.es/

ARAGÓN: Aragón Exterior https://www.aragonexterior.es/

ISLAS BALEARES: Instituto de Innovación Empresarial de las Islas Baleares http://www.idi.es/

  • Promoción en la UE: Las Euroventanillas (Euro Info Centres)

La Comisión Europea, en su política de apoyo a la PYME, creó a finales de 1987 una red de Centros con la finalidad de ayudar a las empresas en su incorporación al Mercado Único Europeo. Son los llamados Centros Europeos de Información Empresarial o Euroventanillas. Con ellas se trata de establecer el primer punto de contacto de la PYME con Europa. La red de Euroventanillas (puntos de información de la Unión Europea), está distribuida por los Estados miembros de la Unión Europea, los países de Europa Central y Oriental y los países de la Cuenca Mediterránea.

Instituciones de apoyo financiero

  • Instituto de Crédito Oficial (ICO) www.ico.es

El ICO es una entidad pública empresarial, adscrita al Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, que tiene consideración de Agencia Financiera del Estado. Entre otras funciones, el ICO apoya los proyectos de inversión de las empresas españolas, para que sean más competitivas, y colabora como instrumento de apoyo a la exportación.

  • Compañía Española de Financiación del Desarrollo (COFIDES) http://www.cofides.es/

Su objeto es facilitar financiación, a medio y largo plazo, a proyectos privados viables de inversión en el exterior en los que exista interés español, para contribuir tanto al desarrollo de los países receptores de las inversiones como a la internacionalización de la economía y de las empresas españolas.

  • Compañía Española de Seguro de Crédito a la Exportación (CESCE) https://www.cesce.es/es/

Asegura riesgos comerciales, políticos y extraordinarios por cuenta del Estado, lo que se traduce en un fomento de las exportaciones (al quedar protegidos los exportadores de determinados riesgos, que asume el Estado).

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Si os gusta el mundo de la internacionalización, el ICEX ofrece unas interesantísimas becas, sobre las que os podéis informar mediante este enlace: https://www.icex.es/icex/es/navegacion-principal/todos-nuestros-servicios/formacion/becas/conoce-las-becas-icex/index.html 

 

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44. Más sobre el proteccionismo y sus instrumentos

7 mayo, 2020 por mjaznar 19 comentarios

El proteccionismo existe, a pesar del mayor aperturismo de fronteras y del esfuerzo liberalizador del sistema GATT-OMC. Se han descrito muchos instrumentos proteccionistas en otras entradas, con el arancel a la cabeza, mediante los que los gobiernos y las empresas pretenden proteger su producción propia, resguardándola de la competencia exterior. En la época de la autarquía económica, en la era de Franco, las empresas españolas estaban muy protegidas porque existían unos aranceles muy elevados, y de esta forma los empresarios se garantizaban el reparto del mercado interior, sin preocuparse por cuestiones relacionadas con la competitividad. Pero a medida que España fue abriéndose al escenario internacional, la cosa fue cambiando. La entrada de nuestra economía en la Comunidad Económica Europea, que así se denominaba la Unión en 1985 cuando España se integró, marcó un antes y un después. A partir de este momento, había que contar con la feroz competencia de países en general más competitivos que España, nuestros socios comunitarios, respecto a los que nuestras mercancías empezaban a circular con libertad de movimientos, sin aranceles ni otras trabas al comercio. En una frase, debíamos acostumbrarnos a la desprotección comercial.

En la actualidad, España, al igual que la mayoría de países, se encuentra insertada plenamente en los mercados internacionales, exportando e importando, enviando y recibiendo turistas, invirtiendo en el exterior y recibiendo capital extranjero…Todas estas transacciones se puede realizar hoy en condiciones de mucha mayor libertad con respecto a tiempos pasados, gracias al aperturismo comercial y a la liberalización de los intercambios. Pero en ese escenario librecambista, es inevitable que haya muchas pinceladas de proteccionismo, pues el mundo es amplio y las transacciones que se llevan a cabo innumerables. En efecto, como se ha visto en otras entradas, sobre la base de diferentes recursos y herramientas el fin es ejercer una función principal: favorecer y salvaguardar lo nacional frente a lo extranjero.

Este es también el caso de las barreras técnicas y administrativas al comercio internacional. Además de todos los instrumentos de protección vistos, hay que lidiar con este numeroso grupo de medidas, que son difíciles de controlar y que con frecuencia obstaculizan los intercambios comerciales.  Estos mecanismos empezaron a emerger y a hacer su efecto durante la crisis económica de la década de 1970, justo después de que el GATT hubiese reducido enormemente las medias de protección convencionales, los aranceles. A falta de aranceles, ante la problemática situación económica provocada por la crisis, los países comenzaron a ingeniárselas para proteger sus economías con otras medidas, que no fueron otras que dichos obstáculos técnicos y administrativos, que recibieron la denominación genérica de “neoproteccionismo”.

Ese gran bloque de medidas proteccionistas engloba las normas y reglamentos que regulan un sinfín de cuestiones relacionadas con la producción, la distribución y la venta de los productos, regulaciones que son necesarias para que los procesos puedan desarrollarse en óptimas condiciones, pero que pueden convertirse en indudables armas de ataque y defensa comercial cuando son utilizadas con ese objetivo.

En definitiva, consisten en una serie de medidas muy diversas, que son muy eficaces como herramientas proteccionistas, y que se basan en las distintas disposiciones sobre las cuestiones siguientes:

– Normativa de los diversos países sobre aditivos permitidos en la fabricación de determinados productos.

Mediante estas normas se puede efectuar un claro proteccionismo de manera encubierta, al aprobarse por países distintas sustancias permitidas para su uso industrial, como los colorantes, los saborizantes, los edulcorantes… Es habitual el uso de esa regulación diversa para rechazar en frontera una remesa de mercancías que no cumple con la normativa nacional sobre contenidos de productos. A veces hay un exceso de celo injustificado, que solo puede explicarse por el afán de protección.

– La normativa sanitaria, fitosanitaria, técnica y de calidad

Se trata de disposiciones que evidentemente son necesarias, para garantizar la seguridad y la salubridad tanto humana como animal. El problema radica en la pretensión habitual por parte de distintos países de proteger sus mercados nacionales utilizando indebidamente dichas medidas para tal fin, sacando partido de las diferentes legislaciones respecto a estas cuestiones, para llevar a cabo un proteccionismo encubierto. Si tal fruta no cumple con el calibre exigido en mi país, si tal insecticida no proporciona en su etiquetado determinada información en una lengua que no hablan ni 10 millones de personas en el mundo, si tal pieza de carne no es lo suficientemente ecológica… Son muchas y dispares las excusas que se pueden enarbolar con el fin de rechazar disimuladamente las mercancías extranjeras.

– Las normas administrativas

Esta categoría de medidas está relacionada con la tramitación aduanera de algunos países, que resulta en ocasiones excesivamente burocrática para los exportadores e importadores. Ello obliga a adaptarse para superar esas barreras, al objeto de poder comercializar sus productos, lo cual se materializa en un incremento de costes para los operadores internacionales y en una demora en los tiempos requeridos para la transacción, lo que en definitiva cabe asociar al ejercicio de un claro proteccionismo por esta vía.

– Los aspectos relacionados con la normalización industrial y de seguridad

Mediante esta vía se exige el cumplimiento de ciertos requisitos técnicos o de presentación para que determinada mercancía sea aceptada para su introducción en el mercado nacional. Con frecuencia estas restricciones derivadas de la normalización industrial y de seguridad son innecesarias, ejerciendo un claro efecto proteccionista y englobándose bajo la denominación genérica de “obstáculos técnicos al comercio internacional”. Un estudio realizado por la OCDE demostró el encarecimiento que lleva aparejada la disposición de normas y reglamentos técnicos distintos en diversos mercados nacionales, ya que hay que asumir pruebas y certificaciones para la homologación de las mercancías, lo que se traduce en un incremento de los costes de producción.

A nivel global se han hecho esfuerzos para estandarizar y homogeneizar las normas técnicas internacionales, con la finalidad de evitar que los países industrializados se sirvan de especificaciones sobre composición de los productos, sobre su calidad, su seguridad, etc., así como de normas que afectan por ejemplo al envasado y al embalaje, obstaculizando de esta manera y poniendo claras trabas para el acceso, a sus respectivos mercados, a los productos extranjeros que no cumplan con determinados aspectos de su reglamentación.

En definitiva, vemos como el proteccionismo en el comercio internacional continuamente se reinventa, y por mucho que la OMC promueva el intercambio libre de trabas, siempre hay mecanismos más o menos opacos y más o menos fáciles de interponer que buscan siempre lo mismo en lo concerniente al comercio exterior: proteger lo propio y fastidiar lo ajeno.

 

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