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Experiencia del programa de voluntariado internacional en Nicaragua. Paulina Gálvez Calinina.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Me gustaría compartir mi experiencia de voluntariado internacional en Nicaragua, en la localidad de Camoapa. Me llamo Polina y estudio Educación Social. He estado un total de 2 meses y una semana en este precioso país.

Nada más llegar al aeropuerto de Managua, viene la coordinadora del programa de voluntariado internacional, Ligia, a recogerte en taxi. Este tiene un precio de 1800 córdobas, que serían 50 dólares. Es verdad que es un precio alto, aunque es lo más recomendable, ya que recién llegado a Nicaragua, no es lo idóneo subirte a un autobús nica por primera vez. Es una experiencia curiosa que es mejor reservar una vez que el jetlag haya pasado. No es necesario pagarlo justo al llegar; lo puedes pagar unos días después sin problema. Este tarda cerca de 2 horas en llegar a Camoapa, un pueblo precioso y fantástico. El viaje en sí es una maravilla, ya que, comparándolo con el sur de España, se ve un contraste impresionante. Recuerdo que cada 5 minutos decía «Dios, pero cuánto verde». No podía parar de asombrarme por esas montañas tan verdes. En las siguientes fotos se pueden ver ejemplos de los preciosos paisajes naturales que tiene el país pues a Nicaragua se le conoce como “Tierra de lagos y volcanes” ya que hay 18 lagos y alrededor de 40 volcanes, y en mi experiencia diré que uno no ha estado en Nicaragua si no ha escalado un volcán. En mi último fin de semana subí al volcán Telica (16h entre ascenso y descenso) y de las mejores experiencias que me llevo. 

 Isla de Ometepe vista de un volcán en charco verde

Atardecer en la cima del volcán Telica

Luego, una vez llegada al destino, me ubicaron con mi familia de acogida. Debo decir que las familias, tanto la mía como otras que he conocido y con las que he tenido el placer de sentarme a platicar (como se dice charlar), han sido estupendas. Siendo mi caso, con mi familia Yesenia y Chila Sequeira, me comentaban experiencias con otros voluntarios donde se quejaban de las comidas y de otras cosas. Con respecto a la comida, hay que tener en cuenta que la dieta nica está basada en arroz de base y frijoles en todos sus modos (molidos, mezclados con arroz o por separado). Aunque se adaptan en la mayor medida posible a nuestras diferencias alimenticias, hay que ser consciente de que las comidas son muy distintas. Por lo tanto, hay que hacer un ejercicio previo y evitar comentarios del estilo de «hoy no como esto», ya que las familias ofrecen todo lo que tienen y más. Por otra parte, el agua caliente, el privilegio de darse una ducha con agua caliente después de un largo día trabajado con niños en Camoapa, no es posible porque no hay. De hecho, hay agua corriente solo 3 días a la semana, aunque en muchas casas tienen una especie de contenedores que retienen el agua para los días en los que no hay. También mencionar que, en mi casa, por ejemplo, lavábamos en una pila (en otras sí que usaban lavadora). La foto corresponde a una comida de despedida que hizo la familia de acogida de mi compañera Carmen, nuestra queridísima doña Lesbio me invitó y esto fue lo que comimos. Ese día comimos carne, ensalada, güirilas (las tortas grandes) están hechas de maíz duro y son un plato típico en Nicaragua, arroz, cuajada y crema, ambos son lácteos y están presentes en todas las comidas. 

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

En mi caso, éramos 8 en casa: Chila, Cindy, Juneisy, GretMari, Maria Jose, Doña Julieta, Don Candelario y yo. Teníamos habitaciones distintas organizadas como pequeños apartamentos. La rutina dentro de la casa era la siguiente: levantarse sobre las 5 am – 7 am. Desayunar sobre las 7.15-30 am (arroz con frijoles, tostadas de tomate, frijoles con huevo y como no, torta de maíz. Si en España comemos pan con todo, en Nicaragua son las tortas de maíz. A las 8 am, comenzaba la rutina en Luceros del Amanecer, que lo llamábamos de forma abreviada como «hogar» a secas, porque realmente es un hogar para todos los niños y niñas beneficiarios-as. Regresar a casa a las 16:30-17:00, charlar un poco con la familia, descansar, cenar sobre las 18:30-19:00 y dormir.

Parte de mi familia de acogida. Fiestas patronales de Camoapa

Con las familias de acogida, todo es tranquilo y cómodo. Creo que los principales problemas vienen por la inadaptabilidad a ciertas situaciones, ya que la falta de comodidades se percibe. Aunque, para ser realistas, no venimos a un hotel de 5 estrellas. Con respecto al agua caliente, al final uno acaba acostumbrándose porque las temperaturas no son como las españolas. En el día, los grados oscilan entre los 30º-35º y la sensación térmica no da pie a necesitar una ducha caliente.

Ahora lo que más interesa ¿cómo es un día en el hogar? El refuerzo escolar es lo que más se trabaja, por lo que de 10-11:30 y de 13-14:30 está destinado al refuerzo de forma diaria. Luego, hay muchas actividades que se planifican cada viernes con Ligia. Ella nos propone las actividades de la semana y los voluntarios nos vamos apuntando en las que más nos interesan. Algunas de las actividades que he hecho a lo largo de este tiempo han sido:

  • Refuerzo escolar, y personalmente, me encantaba.
  • Apoyo a Ligia en las clases de inglés.
  • Talleres tanto en el hogar como en las escuelas.
  • Intento fallido de una radio escolar.
  • Visita a las escuelas rurales y las urbanas (los alumnos de la Laguna Negra, que es una escuela rural, son maravillosos).
  • Visitas domiciliarias con mi queridísima Pastora, la trabajadora social.
  • Encuentros para padres y madres de familia (3 tuvimos).
  • Trabajo en la finca (trabajo de campo, sembrar plantas, mantenimiento en general).
  • Talleres de aprendizaje (jóvenes de 14 años que se preparan para el futuro trabajo, por ejemplo, para la panadería, farmacia, mecánica, talabartería).
  • Cocinando con Emma y Ana, intercambiando platos rusos y españoles en Nicaragua.
  • Encuentros para embarazadas.
  • Captación de líderes de barrio/embarazadas (informadores de embarazadas)

Quizás parezcan pocas actividades viéndolo sin estar en el contexto real, pero realmente se trabajaba todo el día. Las horas pasaban volando y cada día en el hogar era una aventura nueva. Por otra parte, respecto a proponer actividades, a la segunda semana le propuse a Ligia 4 actividades para hacer y así desde que me fui no he parado de proponer cosas. En Luceros, si hay alguna idea, bienvenida sea. Todo depende de la propia persona. Te puedes limitar a cumplir con las actividades semanales o bien puedes proponer cosas y muy, muy rara vez, te dirán que no.

Hogar Luceros del Amanecer, nuestro segundo hogar

Un día cualquiera en el hogar

También me gustaría compartir algunas particularidades de forma abreviada:

Tener en cuenta que entre Centroamérica y Sudamérica hay unas diferencias abismales en cuanto a desarrollo. Países como Chile y Argentina tienen un desarrollo más cercano al europeo (al menos en mi opinión). Nicaragua, sin embargo, está en proceso de desarrollarse. El estilo de vida es muy sencillo y primario en todos los sentidos que esto se pueda comprender. La principal fuente de economía de las personas depende de la agricultura y ganadería.

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

En cuanto a la religión, ¡qué gran problema puede suponer para alcanzar el bienestar social (lentes occidentales)! El hecho de que prácticamente el 99% de la población sea creyente para mí, personalmente, supuso un choque cultural. En el plano de las relaciones sexo-afectivas, la religión está muy presente en cualquier cuestión relacionada con este tema, por ejemplo:protección, embarazos, relaciones juveniles, terminología (usar los términos correctos para referirse a los genitales) ciclo menstrual, etc.Si hablamos de que a menores (14-15-16 años) embarazadas no se les ofrece la posibilidad del aborto porque eso sería pecado, ya que un hijo «es un regalo de Dios», te quedas sin palabras viniendo de un país como España. A lo que me vengo a referir es que en mi entorno cercano y para mí, el hecho de que niñas tan jóvenes sean madres aun siendo ellas unas niñas sin las habilidades personales ni sociales necesarias (capacidad para entablar una conversación, gestión de las emociones, capacidad de relacionarse, estudios mínimos, saber leer, escribir y un largo etc.) para enfrentarse al reto de la maternidad, es inconcebible, pues a ellas las veía demasiado alejadas de esto. También es cierto que con este tema mi visión es mucho más crítica porque despierta en mí una cuestión muy personal, y es la crítica a aquellas familias que tienen hijos por verlos como muñecos durante la infancia. ¿Pero qué sucede cuando crecen? Se podría resumir en que eran, y bueno son, niñas, futuras madres inmersas en una situación de vulnerabilidad que, sin embargo, se adentran en la gran aventura de ser madres a temprana edad sin ser conscientes (en mi opinión) de lo que implica tener hijos y lo que es la educación en sí misma.

En esta misma línea, para paliar las altas tasas de embarazos prematuros y violencias contra las niñas, lo que se busca es la abstinencia sexual y fomentar mucho los mitos del amor romántico como el de la media naranja. Así evitas tener varias relaciones y te ahorras una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Llegamos a escuchar como la enfermera dijo una vez: «Los chavalos con 15 años no pueden enamorarse». El caso es que peleaba mucho por encontrar el camino de tratar la sexo-afectividad, aunque fuese de un modo más «discreto». Al final se consigue hablar del tema porque restrictivos en el hogar no son, ni muchísimo menos, están encantados de escucharnos y de que propongamos actividades. Sin embargo, es importante antes de realizar las actividades comentarlas con Sebastián y Aleyda (directores del hogar) para evitar posibles discusiones y, en general, para que den el visto bueno. También comentar que se promueve la abstinencia sexual por el gran tabú que supone hablar sobre sexo, por la visión sobre la llegada de las nuevas tecnologías (son incitadoras y muestran información no adaptada a las edades), por el gran distanciamiento que hay entre chicos y chicas (roles de género), en las escuelas, por ejemplo, cuando las chicas juegan al fútbol no lo hacen con los chicos, se separan porque ellas son frágiles y ellos muy brutos (comentarios de propios profesores y alumnos), por miedo al VIH y otras ETS; en general, el tipo de sociedad es restrictiva y busca la disciplina en todas las esferas. Es una sociedad mucho más tradicional.

En Nicaragua, la necesidad de abordar la educación sexual, especialmente en el ámbito familiar, se presenta como una prioridad imperativa. El contexto cultural y las dinámicas de relaciones requieren una reflexión profunda sobre cómo promover un enfoque más saludable y responsable hacia la sexualidad. En la sociedad nicaragüense, persisten arraigadas creencias que afectan la manera en que se aborda la educación sexual en el seno familiar. Es común que los padres de familia mantengan relaciones extramatrimoniales sin que ello genere un cuestionamiento social significativo. Paralelamente, hablar abiertamente sobre preservativos y anticonceptivos sigue siendo un tema tabú, y prevalece la idea de que tener una relación sexual es sinónimo de reproducción, no se contempla el sexo por placer. 

Este paradigma está profundamente arraigado en concepciones religiosas que refuerzan la idea de que el hombre elige a la mujer y que esta debe mantenerse «pura» para asegurar su futuro matrimonial. La influencia de la religión, como se compartió en la radio católica del pueblo, ha perpetuado estigmatizaciones, llegando incluso a calificar a los homosexuales como encarnaciones de la lujuria, sugiriendo alejarse de ellos para preservar la integridad moral. En este contexto, la falta de normalización en el lenguaje utilizado para hablar de órganos sexuales contribuye a la desinformación y a la percepción negativa de la sexualidad. Sin embargo, la paradoja surge cuando se constata que hay múltiples relaciones sexuales que acaban en embarazos entre jóvenes de 14 años con varones mayores de edad o diferencias de edad que llegan a los 15-20 años. Para ejemplificar un poco todo esto, mencionaré un caso que acompaña a esta idea. Una vez, con la enfermera, en la identificación de jóvenes embarazadas, contactamos con una joven de 18 años que mantenía relación con un hombre de 36 años y que, además, era amigo de sus padres. Es decir, la madre y el padre estaban de acuerdo con esa relación y no veían peligro alguno, entonces me hago la pregunta de ¿en España se permitiría esto? sinceramente, no sabría responder porque conozco casos cercanos de relaciones con diferencias de edad abismales. En Nicaragua, sin embargo, ver este tipo de relaciones me dolía mucho, quizás por paternalizarlas de forma indirecta, pero las veía tan ingenuas, atrapadas bajo el mandato de un hombre que, en año o dos máximos, tendrá una nueva familia mientras ella se hace cargo de los hijos y vive con dolor, sin una posibilidad real de rehacer su vida por el estigma al que se podría enfrentar. 

Por lo que abogar por una educación sexual integral se presenta como una posible solución crítica para mitigar problemas como violaciones y embarazos prematuros. Al normalizar las conversaciones sobre sexo, se ofrece a las jóvenes herramientas para comprender sus cuerpos, ciclos menstruales y las complejidades de las relaciones íntimas. De esta manera, se desmitifica la sexualidad, permitiendo que las personas tomen decisiones informadas y consensuadas, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más saludable, respetuosa y combatiente sobre las imposiciones sobre género. 

Ahora bien, respecto a la religión, como comenté anteriormente para mí supuso un choque cultural porque la religión nunca ha estado presente en mi vida y tras ver el gran poder e influencia que tiene en Nicaragua me quedé sorprendida. El debate sobre la religión es muy controvertido y extenso por lo que no iré por esa línea, aunque me gustaría comentar ciertas situaciones que me dejaron en shock. Recuerdo que mi primera vez en misa fue con una niña del hogar y su familia, me vi en una situación super extraña porque todos estaban arreglados, con tacones, y yo me presenté con un chándal sin saber cómo se actúa en una misa. Una de las cosas que más me sorprendió es que las misas son bidireccionales; a los niños y niñas les hacen preguntas durante el transcurso de la misma. En Camoapa, y me atrevería a decir que, en todo Nicaragua, pero en especial en las zonas rurales (pueblos), la actividad de ocio favorita y dominante es ir a misa, por eso es tan común ver a la gente tan arreglada. Las mujeres tienen una oportunidad para ponerse los tacones, en fin, para lucirse un poco, se podría decir. Esto sucede porque otras actividades de ocio son consideradas vicio o se salen de presupuesto (tomarse una cerveza con las amigas, por ejemplo). Es cierto que hay dos locales de billar, aunque como se podrán imaginar, están invadidos por hombres. Las pocas mujeres que hay acompañan a sus parejas, pero se puede apreciar cómo esos sitios no están abiertos a ambos, mujeres y hombres.  

También, participé en otras actividades de la Iglesia como la tómbola anual que hacen para recaudar fondos. Estuvimos una mañana entera preparando güirilas (tortas de maíz tierno) con las personas locales y parte del equipo de trabajo, también estuvimos parte del tiempo ayudando en la venta de ropa de segunda mano y otras actividades. La finalidad de la tómbola no era solo recaudar fondos para la Iglesia si no, poder facilitar que las personas más vulnerables de Camoapa pudiesen comprar ropa y comida a un precio adaptado a sus necesidades. 

Tómbola en la Iglesia central de Camoapa

Para terminar con el tema de la religión, como reflexión personal, destaco que, al fin y al cabo, la religión ha tenido una función histórica a lo largo de la evolución de las sociedades. Ha sido sustentadora de la moral, independientemente de que una persona sea creyente o no. A veces, cuando nos encontramos en situaciones difíciles, resulta más fácil apoyarse o dar explicación a un suceso traumático o injusto a través de entidades poderosas (Dios), pues la confianza en uno mismo es finita. La fe, sin embargo, puede mantener sociedades en quiebra a flote, como ocurre en Nicaragua. Las situaciones que muchas familias viven requieren de una gran fuerza emocional para levantarse día tras día, por lo que es más fácil sustentarse en explicaciones divinas que ayudan a no centrarse en las desgracias que lo han provocado. Una vez, en el autobús de regreso a Camoapa, se sentó al lado mío una mujer de 26 años que predicaba el evangelio. Evidentemente, mi cara era todo un cuadro porque no sabía responder a sus preguntas sobre la divinidad. El caso es que me contó cómo se acercó ella a Dios y me dijo que, a sus 21-22 años, ella salía con sus amigas y que en su vida todo estaba bien, pero sentía un gran vacío. Entonces fue cuando se acercó a Dios y su corazón se llenó de amor, dejando atrás todos los sentimientos de soledad. Por ello, se encargaba de predicar su palabra para evitar que otras personas sufrieran lo que ella. Es aquí donde está el choque cultural. Para mí, se trata de algo humano y natural explicado por la psicología; para ella, por el contrario, la soledad se explicaba a través del evangelio. En la siguiente foto se puede ver la influencia religiosa porque no había autobús o establecimiento en el que estuviese presente algún salmo o algo relacionado con la creencia religiosa.

                                                Autobús cualquiera de Nicaragua 

La organización escolar también es interesante. Hay dos escuelas rurales dirigidas a las comarcas o bien para las zonas periféricas de la ciudad. Esto es porque hay falta de infraestructuras, aún hay muchos barrios de la zona que no están bien conectados entre sí ni adoquinados, muchos de nuestros niños/as tardaban 40 minutos en llegar al hogar y las escuelas urbanas están en el centro por lo que, para facilitarles la educación a los menores de las comarcas, construyeron dos escuelas en estas zonas. Estos centros son más pequeños, tienen más riesgo de que las familias se opongan a que los niños/as vayan a la escuela ya que son aún más tradicionales, con otras vivencias y más centradas en el trabajo, por lo que para las profesoras supone un reto que los niños/as sigan escolarizados, aunque con ayuda del personal del hogar lo lograban. También hay dos escuelas urbanas, un instituto de secundaria y otro centro privado. Bien, pues no hay centros como nos lo imaginamos en España, es decir, un edificio con distintas salas donde se da clase, no. En Nicaragua son como una especie de invernaderos pequeños/medianos separados y por clase puede haber entre 30-40-50 alumnos divididos en dos grados, es decir, 1º y 2º en el mismo espacio. Luego en las urbanas los grados no se mezclan, pero la cantidad de alumnos aumenta. Por otra parte, mencionar que el período escolar es de 11 meses, aunque tienen muchísimas fiestas (del maíz, reina de la escuela, etc.) que al final equivalen al período de verano, solo que está repartido durante esos meses, no son seguidos.

Para finalizar, mencionar que de política no se habla, a no ser que alguien empiece el tema. Pero por lo general, es un tema que es mejor evitar o hablar desde la ignorancia e interés simplemente por conocer las opiniones de los demás. Pero recomiendo no hablarlo tipo «¿qué opinas de tal?» Simplemente dejar que todo fluya en ese sentido, mejor escuchar y luego debatir con los voluntarios si se desea. Por último, los fines de semana que viajé sola preguntando a lugareños sobre cómo llegar a tal sitio, muchos de ellos, aun siendo de día, me acompañaban al destino por miedo a que me pasara algo. Pero puedo decir firmemente que Nicaragua es un país seguro y en ningún momento sentí miedo viajando por el país. También que el que te pidan fotos por la calle casi se puede decir que es algo normal.

En definitiva, Camoapa es un pueblo precioso con una gente bellísima también siempre dispuesta a darte un plato de comida (intimé con 2 familias y las tres semanas que estuve en Camoapa, cuando las visitaba, no me dejaban ir sin un buen plato de arroz y frijoles) y el trabajo en Luceros del Amanecer es de las mejores experiencias que me llevo en mis 21 años de vida. Muy recomendable trabajar con ellos por su transparencia y buen trato, sobre todo porque no eres un voluntario, eres un trabajador más del hogar.

 El día de mi despedida y el mejor equipo

Despedida, lágrimas y amor

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

Despedida, amor y lágrimas

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

El día de mi despedida y el mejor equipo

Hogar Luceros del Amanecer nuestro segundo hogar

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

Voluntariado en Camoapa, un proyecto con niños y niñas en situación de pobreza. Emilio Muñoz Campaña.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Una odisea de viajes hasta llegar a Camoapa.

Desde el momento en el que fui seleccionado en el programa de Voluntariado Internacional del CICODE, sentí muchas ganas e ilusión por comenzar tal proyecto. Si bien yo ya había viajado anteriormente a Latinoamérica mediante un programa de Movilidad Internacional para estudios de grado, la experiencia de voluntariado no tenía nada que ver con eso. Se trataba de mi primera participación en un programa de voluntariado y en este caso era un voluntariado internacional. Los días previos al desplazamiento me sentía nervioso y expectante por ello.

El día 1 de julio comenzaba la que iba a ser una experiencia completamente nueva para mí, comenzaba mi desplazamiento hacia el que iba a ser mi destino de voluntariado durante las próximas 4 semanas: Camoapa, Nicaragua. Por delante, aun me quedaban 48 horas de desplazamientos hasta llegar a este municipio en el interior del país. En concreto, me esperaban 5 horas en autobús hasta llegar a Madrid, 10 horas en avión hasta San Salvador, 1 hora en avión hasta San José, 8 horas en autobús hasta Managua y finalmente 2 horas en taxi hasta Camoapa. Sin duda, una odisea de transportes y desplazamientos pero con la ilusión de poder participar en el programa de voluntariado de Fundación Hogar Luceros del Amanecer, que trabajan con niños y niñas en situación de extrema pobreza proporcionándoles material escolar, clases de refuerzo, acompañamiento a sus familias, entre tantas otras actividades.

Una vez llegado a Camoapa por la noche, pronto conocí a la que iba a ser la familia que me acogería durante toda mi estancia en este pueblo del interior de Nicaragua. Apenas llegué tomé una ducha y me acosté porque ya era tarde y venía muy cansado después de tantos días de viaje.

Tras ello, llegó en primer día en el Hogar Luceros del Amanecer. La coordinadora de la fundación me recibió y me enseñó todos los lugares del centro y nos presentó a cada una de las personas que trabajaban allí, quienes me comentaron las distintas actividades que ellos realizaban en aquel lugar. Al llegar la tarde conocí a los niños y niñas que acuden a la Fundación cada día. Se trata de menores de edad en situaciones de pobreza y vulnerabilidad. Pronto comencé, junto al resto de personas voluntarias a ayudarles con las diferentes tareas que ellos traían de la escuela a la que habían acudido en la mañana, así como ayudar en las clases de refuerzo.

La adaptación fue rápida y natural y pronto ya los niños y niñas me trataban como a cualquier otro profesor del centro. Por delante, 1 mes me quedaba en Camoapa colaborando con Hogar Luceros del Amanecer.

Ya han pasado algunas semanas desde que llegué a Camoapa y me incorporé a la fundación Hogar Luceros del Amanecer.

Poco a poco los días han ido pasando y ya me encuentro llevando a cabo el trabajo planificado durante los primeros días de mi estancia en el lugar.

El Hogar Luceros del Amanecer trabaja día a día con niños y niñas en situación de pobreza, a los que les proporciona clases de refuerzo escolar, inglés, computación, dibujo, danza, música, etc. No obstante, también tienen un programa de ayuda para embarazadas menores de edad.

En estas semanas, mi trabajo se enmarca dentro de las diferentes clases que reciben los niños y niñas de la fundación. Colaboro con el resto de profesorado en las clases refuerzo, así como de inglés. En Nicaragua el estudiantado de primaria asiste a la escuela o bien en el turno de mañana (de 8 a 11 de la mañana) o bien en el turno de tardes (de 1 a 4 de la tarde). Los niños y niñas que asisten a la escuela en la mañana, vienen a la fundación por la tarde y viceversa. Durante el tiempo en el que están en la fundación, asisten a las clases ya mencionadas anteriormente, en las que participo como profesor de refuerzo. No obstante, el trabajo de la fundación no termina ahí, sino que también he acompañado a la responsable del programa de embarazadas menores de edad en su visita a sus hogares para realizar seguimiento de su situación. Por otra parte, también tengo planeado acompañar a la profesora encargada del seguimiento familiar de todos los niños y niñas de la fundación en las visitas que realiza a los hogares de aquellos niños o niñas que se ausentan durante las últimas semanas.

También trabajamos junto al resto de personas voluntarias en el acondicionamiento de algunos de los espacios del centro, como puede ser la biblioteca, en la que hacemos inventario y organizamos todos los libros que llegan a la fundación.

El trabajo del día a día con los niños y niñas de la fundación se hace llevadero y sin problemas. Todos los niños y niñas tienen buena disposición a la hora de asistir y atender a las clases. Si bien como todos los niños algunos son mas inquietos que otros, no estoy encontrando dificultades a la hora de desempeñar mi función.

De cara a las próximas semanas espero poder seguir con el planning de trabajo diseñado, que es una continuación de las tareas ya realizadas hasta el momento.

Sin duda hasta el momento está siendo una grata experiencia, en la que estoy pudiendo desarrollar mi labor de voluntario a la vez que aprendo de todos los integrantes de la fundación, así como de los niños y niñas a quienes doy clase. Sin duda, lo más reseñable de los niños y niñas que acuden al centro es la educación y humildad con la que asisten a las clases. Muchos de ellos tienen que recorrer grandes distancias para poder llegar a las clases tanto de la escuela como de la fundación. Todos ellos se comportan muy positivamente hacia las personas voluntarias, haciéndonos la labor mucho más fácil.

Llegó el día en el que tras 4 semanas en el Hogar Luceros del Amanecer finaliza mi voluntariado internacional.

Aquel sitio al que llegué hace casi un mes, expectante por ver qué me depararía, se ha convertido estas semanas en una segunda casa para mí.

Cuando emprendí mi viaje desde España, no me fijé ninguna expectativa acerca de lo que podría encontrarme una vez llegase a Camoapa. No obstante, podría afirmar que mi experiencia durante este mes de julio ha superado las expectativas que pudiera haber llegado a tener. Han sido 4 semanas de cooperación, aprendizaje y enriquecimiento personal y cultural.

Durante este periodo, he desarrollado mi trabajo en clases de refuerzo escolar, así como de inglés. También he colaborado con el programa de ayuda a embarazadas menores de edad y con la organización y adecentamiento de la biblioteca del centro.

Sin duda, el punto más positivo de esta experiencia ha sido el trabajo del día a día con los niños y niñas que asisten a la fundación, los cuales se encuentran en situación de pobreza. Enseñarles, ayudarles y jugar con ellos te hace sentir como si fueses uno más y desde luego ha facilitado en gran medida mi adaptación al lugar.

Durante mi estancia he podido comprobar cómo la situación económica y social de las personas condiciona de manera determinante sus posibilidades y futuro. Todos los niños y niñas que acuden a la fundación se encuentran en situación de pobreza. Muchos provienen de familias desestructuradas y viven en condiciones precarias. Para muchos de ellos, poder alcanzar unos estudios superiores es prácticamente un imposible, pues en cuanto que alcanzan edad suficiente comienzan a trabajar para poder mantenerse a ellos mismos y a su familia. La falta de medios para poder desarrollar sus habilidades académicas sin duda los limita a la hora de labrarse un futuro más próspero. Del mismo modo, la ausencia de referentes familiares que hayan podido acudir a la Universidad o realizar estudios superiores en ocasiones supone un techo sobre el que los propios niños y niñas no pueden ir más allá. Ante esto, es admirable la labor que desempeña la fundación Hogar Luceros del Amanecer en su ayuda a estos niños y niñas por tratar de garantizar que puedan acceder a material escolar, comida y ayuda docente en su día a día.

Poder haber cooperado en este proyecto de voluntariado y convertirme en un agente de cambio sin duda ha supuesto una gran experiencia y aprendizaje. En estos últimos días no paraba de pensar que se me habían hecho cortas las 4 semanas que he pasado en este lugar. Sin duda el día de la despedida fue muy emotivo a la vez que duro, al tener que decir adiós a todas las personas que trabajan en la fundación y a los niños y niñas que a ella asisten. Sin embargo, estoy seguro de que no se trata de un adiós sino un hasta pronto.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Mi experiencia de voluntariado en Hogar Luceros del amanecer (Nicaragua). Carmen Herrera Morente.

14 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera entrada:

3 de julio de 2024, salgo desde Madrid dirección Managua (Nicaragua) con escala en Miami (Estados Unidos). Voy con un torbellino de emociones entre los que destacan la incertidumbre y la preocupación, pero, sobre todo, la ilusión. Después de días de gestiones y preparaciones, por fin estoy en el aeropuerto. Me preocupan los vuelos (la última vez que subí a un avión tenía apenas 12 años) pero todo el trayecto discurre cómodamente y sin complicaciones. Me daba miedo perderme en el aeropuerto de Miami, pero eso tampoco ocurre jejeje. Llego un poco desorientada por tanto cambio de horario y paso por la aduana, donde tengo que responder un pequeño cuestionario y pagar diez dólares. En el mismo aeropuerto me reúno con otro voluntario que también viene desde Granada y con una de las trabajadoras de la fundación en la que desarrollaremos nuestro voluntariado, Hogar Luceros del Amanecer. Ella nos espera con un taxi y partimos hacia nuestra dirección final: Camoapa (departamento de Boaco).

En el camino obtengo un primer vistazo de los paisajes del entorno y de las personas y formas de vivir nicaragüenses, con una frondosa vegetación que me resulta desconocida. Observo por la ventanilla, algo sorprendida por lo diferente que es con respecto a Europa. Al llegar a Camoapa, ya de noche, nos dejan en las viviendas en las que nos vamos a alojar y nos presentan a las que van a ser nuestras familias el tiempo que pasemos en el voluntariado. Me reciben muy cariñosamente tres grandes perros. La señora de la casa, doña Karla, es muy agradable y consigue hacerme sentir bien recibida desde el primer momento. Me enseña cómo poner una mosquitera y cenamos nacatamal, uno de los platos más típicos de la gastronomía nicaragüense, consistente en una masa de maíz con carne, verduras y arroz que se envuelven en hojas de plátano. A pesar de su cercanía, la primera noche me siento algo sola y lejos de mis seres queridos, y también preocupada por cómo serán las cosas en la fundación.

Al día siguiente nos recogen en nuestras respectivas casas, nos enseñan el camino hacia el hogar y parte del pueblo. Ya en la fundación nos muestran las instalaciones, así como la oficina de voluntariado donde tendremos nuestro espacio de trabajo. Después, nos presentan a todos los trabajadores. Cada uno de ellos nos va explicando el trabajo que desempeñan en el hogar y cuáles son sus funciones, para que así nosotros tengamos una visión más completa del funcionamiento interno de la fundación y de las distintas actividades en las que podemos participar. Los dos primeros días (jueves y viernes) son para que conozcamos mejor el hogar, tengamos un primer contacto con los niños y niñas (todos muy cariñosos y abiertos desde el primer momento) y nos adaptemos. Después, elaboramos el horario para la siguiente semana incorporarnos de forma completa a las distintas actividades. Participaremos en clases de refuerzo escolar, inglés y computación, así como en el programa de niñas embarazadas y en la biblioteca del hogar.

Segunda entrada:

Las primeras semanas en la Fundación han sido de adaptación, para conocer de cerca el funcionamiento del hogar, a los niños y niñas y sus contextos y entender mejor las costumbres, pensamientos y formas de vida nicaragüenses. Creo que las personas voluntarias que llegamos desde Europa debemos pasar por un proceso de adaptación y asimilación por las diferencias culturales que existen y que en ciertos aspectos pueden sorprender.

Al ser profesora de formación y estar interesada en los procesos de aprendizaje he empezado integrándome en el programa de refuerzo escolar. En él el alumnado recibe ayuda y orientación en la realización de las tareas que les mandan en la escuela así como profundizar en las áreas y asignaturas de menor desempeño. Los primeros días me siento algo desorientada pero, tras conocer más de cerca al alumnado, aprender sus nombres y entender mejor el funcionamiento del sistema educativo y los objetivos de cada curso escolar ya me sentía preparada para trabajar con los alumnos y alumnas en función de sus necesidades. No obstante, el alto número de alumnado que atender al mismo tiempo me impedía en ocasiones ofrecer un tratamiento individualizado. Las áreas en las que más ayuda necesitaban eran las matemáticas y la lectoescritura.

También he estado participando en las clases de computación y de inglés. En computación el alumnado aprende a manejar programas como Word y Excel, a entender las partes que conforman los ordenadores y aprender mecanografía. Para muchos de ellos es la única oportunidad que tienen para acceder a un ordenador, por lo que es una asignatura muy útil e importante en la era digital. En inglés el alumnado se reparte en distintos grupos según el nivel, aunque en general todos tienen niveles bajos de inglés. Por ello, esta asignatura es también muy importante, más teniendo en cuenta el contexto migratorio en el que nos movemos y por el que muchos nicaragüenses migran a los Estados Unidos buscando mejorar sus situaciones socioeconómicas.

También participo en el programa de adolescentes embarazadas. Nicaragua es un país con altas tasas de embarazos en niñas de entre 12 y 16 años. En la fundación existe un grupo de niñas que acuden semanalmente durante su proceso de embarazo. Una enfermera las acompaña y asiste, de forma que en el programa las preparan e informan de todo el proceso del embarazo, parto y posparto. He estado acompañando en algunas de las sesiones y también realizando visitas domiciliarias a las adolescentes que acababan de ser

madres para comprobar cómo se encontraban ellas y sus bebés. Los viernes no se impartían clases sino que se organizaban juegos y actividades. Con ayuda de Emilio y Bea, otros voluntarios, preparamos algunas dinámicas para estos días.

Se nos propuso profundizar en la educación ambiental y fomentar el reciclaje. Elaboramos una papelera de reciclaje creativa (el monstruo del papel) y dedicamos uno de los viernes para hacer actividades sobre la gestión de residuos y medio ambiente. El siguiente viernes organizamos una gymkana educativa en la que los niños y niñas tenían que ir moviéndose por las distintas zonas de la fundación resolviendo retos matemáticos, de lengua, etc.

El resto del tiempo Emilio y yo trabajamos en la biblioteca, organizando la nueva sección de

inglés. También aprovechamos todos los huecos que podemos para compartir más con los

niños y niñas, jugar con ellos, conocer sus aficiones y hacer manualidades. Ellos nos enseñan algunos juegos tradicionales de Nicaragua y nosotros compartimos con ellos algunos de España. Son estos los momentos en los que más disfruto, en los que siento que los lazos con ellos se fortalecen. Son todos muy cariñosos y buscan continuamente la atención y cercanía de las personas voluntarias. Los fines de semana aprovechamos para salir de Camoapa y conocer algunos rincones bellos del país, como León, Granada y Ometepe.

Tercera entrada:

Las últimas semanas en Hogar Luceros han sido muy bellas. Es ahora, cuando tengo que marchar, cuando más integrada y adaptada me siento a este lugar. Además de continuar con las clases de refuerzo, inglés y computación, estas semanas he estado visitando y conociendo los colegios de la ciudad, he hablado con los maestros y maestras y he podido conocer más de cerca el sistema educativo en Nicaragua. Los colegios aquí parecen estar más conectados con la naturaleza que los colegios de cemento a los que estamos acostumbrados en España. Los patios están rodeados de árboles y plantas y poseen estanques con peces que los propios niños y niñas alimentan y cuidan. Aprovecho también para hablar más en profundidad con las maestras sobre el alumnado con el que trabajo en refuerzo, sobre sus necesidades y desempeño escolar.

Con ayuda de Marta, otra voluntaria, realizamos un taller sobre inteligencia emocional en el colegio Madre Teresa, situado a las afueras de la ciudad, dirigido a alumnado de entre 9 y 12 años y centrado en identificar y reconocer algunas emociones básicas. Para ello, dividimos a la clase en grupos, asignamos a cada grupo una emoción y a partir de imágenes y de experiencias propias fueron identificando y definiendo la emoción, volcando el resultado final en cartulinas. Terminamos contentas y satisfechas con la acogida por parte del alumnado y la puesta en práctica del taller.

Estas últimas semanas también he estado participando en el programa de conciliación familiar. He podido visitar los hogares de algunos de los niños y niñas y conocer sus familias. Por respeto a la privacidad de los menores y sus familias no entraré en detalles, pero ha sido muy enriquecedor al permitirme entender con mucha mayor profundidad los complejos contextos de los que provienen. También nos permitieron a Marta y a mí organizar y mediar el encuentro de familias que se realiza bimensualmente en la fundación, en esta ocasión centrado en la importancia de que los padres y madres estén presentes en la vida de su hijos. Al encuentro anterior acudí como oyente, dieron una charla sobre feminicidio y me llamó la atención el bajo grado de participación de los familiares (varios incluso se durmieron en el transcurso de la conferencia). Por ello, en esta ocasión quería hacer algo más dinámico que favoreciera una participación activa de los padres, madres y familiares. Para ello preparamos una actividad de trabajo en pequeños círculos, dividiendo a los participantes y buscando un portavoz en cada grupo que supiera leer y escribir, ya que muchos padres y madres en Nicaragua no han tenido acceso a la educación.

Debían responder una serie de preguntas en equipo y luego compartirlas con el resto de grupos. El objetivo que perseguimos era crear espacios de comunicación y diálogo en busca de la creación de conexiones y lazos entre los padres y madres. El resultado fue muy favorecedor, la participación muy alta y las conclusiones alcanzadas enriquecedoras.

Fuera de la Fundación también han sido unas semanas bonitas. Me siento muy unida a la familia que me ha estado acogiendo durante mi estancia. Me invitan a comidas y cumpleaños, bailamos cumbia y tomamos toña, la cerveza típica de Nicaragua. También he aprovechado estas últimas semanas para jugar y compartir más con los niños, que cada día me preguntaban cuánto tiempo me quedaba y por qué me tenía que marchar. Me noto estrechamente unida a muchos de ellos. El último día me prepararon un acto de despedida. Proyectan un vídeo con fotografías de mi estancia, las alumnas de danza bailan música folclórica, los integrantes de la Fundación y compañeros voluntarios me dedican unas palabras bonitas y me entregan un diploma. Los niños y niñas me regalan cartas y dibujos. Fue muy emotivo. Abrazos y besos de despedida. Te vamos a echar de menos, ojalá poder volver, ojalá podáis visitar España.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Inmersión y adaptación a una nueva experiencia en el voluntariado internacional en Camoapa, Nicaragua. Marta Fuster Jambrina.

14 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Desde el momento en que confirmé mi participación en el voluntariado internacional en Camoapa, Nicaragua, comprendí que estaba dejando atrás la previsibilidad de mi vida cotidiana y la seguridad de un entorno familiar, lo cual me hacía sentir una mezcla de alegría y preocupación. Así, el 5 de agosto, me despedí del confort de mi hogar, de mi rutina diaria y de las pequeñas comodidades que una da por sentadas.

Mi llegada fue recibida con calidez y hospitalidad por parte de Mayela, la anfitriona de la familia que me acoge. Sin embargo, después de la bienvenida, me di cuenta de que no había luz. Los cortes de energía son frecuentes, especialmente cuando llueve intensamente, y pueden durar desde algunos minutos hasta varias horas. Sin darle mayor importancia, Mayela calentó agua en una olla y la vertió en un balde para que pudiera bañarme con agua tibia, un alivio después del cansancio acumulado del viaje, pues la noche anterior había dormido en el suelo del aeropuerto de Panamá. La sensación del agua tibia en un baño oscuro fue un consuelo después de la travesía. Esta primera noche me mostró, por primera vez, la dimensión de vivir en un lugar con un suministro eléctrico inestable.

La calidez de ese balde de agua tibia pronto se transformó en una fría ducha a las 6:30 de la mañana, un recordatorio constante de que estoy inmersa en otra realidad. Después de la ducha, siempre llega el momento del desayuno, que es como una comida, consiste en gallopinto (una mezcla de arroz y frijoles); frutas cortadas: banano, mango y papaya; y una tortilla rellena de queso, jamón y pimientos. Todo ello se acompaña de una ensalada con tomate y pepinos, tortillas de maíz, cuajada y un café solo.

Todo ello ya es parte de mi nueva rutina. Después de la ducha y del desayuno, ya estoy lista para continuar el día en la fundación. La falta de luz y las duchas frías, que al principio parecían incómodas, pronto se han convertido en parte de mi vida diaria. Estos desafíos enseñan a valorar lo esencial y a apreciar las pequeñas cosas. Adaptarse a un entorno sin las comodidades habituales siempre representa un reto, pero cada dificultad se convierte en una lección. Estas experiencias me acercan a la realidad cotidiana de las personas locales y también me permiten percibir de cerca sus vidas y la rutina de los niños y niñas con los que comparto tanto tiempo. Así, el verdadero valor está en las nuevas conexiones y aprendizajes que estoy adquiriendo personalmente, entendiendo mejor el contexto y las vivencias de la comunidad.

Más que una Fundación: El Hogar Luceros del Amanecer

La Fundación Hogar Luceros del Amanecer ofrece apoyo integral a 355 niños y niñas de familias en situaciones económicas extremadamente difíciles en Camoapa. A través de programas diversos como educación integral, atención en salud primaria y especializada, nutrición adecuada, fortalecimiento familiar, formación técnica vocacional, y apoyo específico para niñas y adolescentes embarazadas, se busca mejorar las condiciones de vida de las familias.

Por lo que el trabajo que se puede desempeñar en el Hogar como voluntaria es diverso, ya que puedes acogerte a cualquiera de estas actividades y organizarte la semana en función de tus conocimientos, habilidades e intereses, contribuyendo significativamente al cambio en esta comunidad.

En sus inicios, el espacio que ahora conocemos como la Fundación comenzó como una casa dedicada a cuidar a niños en situación de vulnerabilidad donde vivían doña Aleyda y don Sebastián, un matrimonio de Juigalpa, que fueron elegidos por la fundadora del Hogar para liderar este proyecto. De hecho, el despacho donde mantenemos esta conversación era el antiguo dormitorio y el despacho contiguo, el ropero, el resto de espacios servían como habitaciones para los niños y niñas.

Durante 10 años, doña Aleyda y don Sebastián vivieron en el centro, dedicándose las 24 horas al cuidado de los niños y niñas que, en su mayoría, provenían de situaciones difíciles: maltrato, abandono, o padres en prisión. Uno de los casos más conmovedores fue el de un niño de seis años que quedó huérfano y se convirtió prácticamente en su hijo. Aunque doña Aleyda menciona que todos los niños y niñas eran como sus hijos, este niño tenía un vínculo especialmente fuerte con ellos, al punto de que siempre tenía que acompañarlos cuando iban a visitar a la familia a Juigalpa, de lo contrario, él se ponía a llorar.

No fue hasta 2015 se trasladaron a una nueva casa, permitiendo que su antigua casa se dedicara completamente a su misión. El trabajo de doña Aleyda y don Sebastián se caracteriza por el cariño y el amor que brindan a todos los niños y niñas y que ellos siempre los ven como parte de una gran familia, considerándose bendecidos por tener el respaldo y afecto de la familia más grande del mundo.

E incluso, como toda casa en Nicaragua, la Fundación también está rodeada de leyendas y relatos misteriosos. Doña Aleyda y don Sebastián, así como los trabajadores, han hablado de historias sobre el mico brujo y afirman haber sido molestados por presencias extrañas. Algunos aseguran haber visto a un hombre con un gran sombrero de pita, caminando por los pasillos de la casa.

Estas historias han formado parte de la vida en la casa y han contribuido a que sea recordada con un sentido especial de hogar y familia. Para todos los que han estado involucrados con el Hogar, es un lugar lleno de memorias y cariño, un verdadero hogar y un apoyo constante para todos los niños y niñas.

Despedida en la Fiesta del Maíz: Fin de una etapa

Mis últimos días de voluntariado coincidieron con la Fiesta del Maíz, una celebración anual muy esperada en la finca del Hogar, conocida como Bosque Verde. En esta finca se cultivan diversas frutas, verduras y cereales, siendo el maíz el cultivo principal. Lo especial de esta ocasión fue que, por primera vez, todo lo que cocinamos para celebrar esta fiesta provenía de la cosecha propia, lo que hizo de esta experiencia algo muy significativo para todos/as nosotros/as.

El día comenzó con una caminata hacia la finca desde el Hogar que duró alrededor de una hora. Al llegar, el equipo nos organizamos para empezar a cocinar mientras los niños y niñas corrían y jugaban en el pasto, disfrutando de la naturaleza del Bosque Verde, cuyo nombre hace honor al entorno natural que lo rodea. Durante aproximadamente dos o tres horas, nos dedicamos a preparar platos tradicionales a base de maíz, un alimento esencial en la cultura y dieta del país.

Fotografía: carro lleno de maíz

Los platos que elaboramos fueron la güirila, el yoltamal y el elote cocido. La güirila es una especie de tortilla gruesa y ligeramente dulce, que se sirve tradicionalmente con cuajada y crema. Para prepararla, utilizamos maíz molido, y aprovechamos la leche de maíz sobrante para hacer el yoltamal, que posteriormente cocimos junto con el elote. Y es que el maíz es un ingrediente que es la base de la alimentación de los nicaragüenses, da la sensación de que con él se pueden hacer miles de platos como tortillas, nacatamales, enchiladas, atol, atolillo, rosquilla… y otras comidas que se han convertido parte de mi alimentación este último mes y medio.

Fotografía: maíz molido

Fotografía: olla con elote y yoltamal cociéndose

Fotografía: güirila cocinándose

La Fiesta del Maíz en Bosque Verde fue mucho más que un acercamiento a la cocina local; fue una jornada de celebración y conexión con la comunidad y la tierra. Durante este momento compartido, me transmitieron el reconocimiento al esfuerzo detrás de cada cosecha, un aprecio que a menudo falta en mi día a día en España, y que me permitió valorar el maíz con la misma importancia que tiene para ellos en su vida cotidiana. Participar en la preparación de los platos tradicionales me permitió sumergirme en la cultura y la gastronomía local, un cierre perfecto para mi voluntariado, lleno de significado, tradición y gratitud por lo compartido, y esa felicidad en lo comunitario es algo que también, sin duda, me llevo a casa.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

Luces en el camino: lo que me llevo de mi voluntariado. María Mercedes Serrano Bañón

20 octubre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Primeros pasos: adaptación, ilusión y acogida.

Primera entrada al foro – Mensaje de llegada

Quería compartir con ustedes cómo han sido mis primeros días en el voluntariado en Camoapa, Boaco (Nicaragua). El viaje comenzó el 9 de agosto de 2025, con varias escalas hasta llegar a Managua, y aunque fue largo y un poco cansado, finalmente llegué bien y con mucha ilusión. La familia que me recibió, así como el equipo de la fundación, me dieron una acogida muy cálida que me hizo sentirme tranquila desde el primer momento.

Durante estos días he estado adaptándome tanto al ritmo de vida del país como a sus costumbres: levantarme muy temprano, horarios de comidas distintos a los de España, el clima lluvioso y el contraste cultural en general. Ha sido un proceso de aprendizaje continuo, pero poco a poco me voy ajustando y disfrutando de cada experiencia.

Además, tuve la suerte de celebrar aquí mi cumpleaños, y fue un día que nunca olvidaré. Me sorprendieron con mariachis, como es costumbre allí, y me cantaron las famosas Mañanitas. Fue un momento muy especial que me hizo sentir todavía más acogida y querida.

 

En la fundación ya he comenzado a colaborar en las actividades con los niños y a conocer más de cerca el trabajo del equipo y de los otros voluntarios. Está siendo una experiencia intensa, de mucho movimiento, pero también muy enriquecedora a nivel personal y profesional.

Seguiré compartiendo más adelante cómo va evolucionando esta aventura, pero quería que supieran que estoy bien y con mucha ilusión.

Mitad de estancia

Quiero compartir con ustedes mi segundo mensaje en el foro, en el que les cuento que la experiencia en Nicaragua está siendo muy intensa y enriquecedora. Entre el trabajo en la fundación, las ganas de viajar y conocer nuevos lugares, y el deseo de acercarme a la familia con la que convivo, sus costumbres y formas de vida, apenas me queda tiempo libre. Todo lo que vivo aquí despierta en mí un gran interés y curiosidad.

Desde mi formación como psicóloga, poder conversar con las personas, conocer su manera de pensar, su cultura, sus costumbres y vivencias, está resultando algo muy valioso y, al mismo tiempo, mágico. Siendo sincera, considero que un mes se queda corto para abarcar todo lo que se puede aprender en este país. Por mi carácter curioso, también he aprovechado la oportunidad para visitar y colaborar en centros de rehabilitación de alcohólicos y personas con adicciones, lo que me ha permitido tener una visión más amplia sobre cómo se trabaja en este ámbito aquí.

Por todo ello, siento que la experiencia está siendo muy intensa y que me faltará tiempo para profundizar más, convivir con más familias y conocer mejor las realidades psicológicas que se presentan. Esto me lleva a pensar que quizá una beca de dos meses habría sido más adecuada, aunque entiendo que al principio es normal optar por la seguridad de un mes, sobre todo porque nunca se sabe cómo puede resultar la experiencia o si surgirán dificultades.

Aun así, la relación con la familia con la que convivo ha sido excelente. Me siento acogida como un miembro más, compartiendo experiencias, puntos de vista y muchos momentos con ellos. Como solemos decir, se han convertido en mi “familia de aquí”.

En este momento tengo sentimientos encontrados: por un lado, la ilusión de seguir disfrutando de la experiencia y de conocer más de este país y de su gente; y por otro, la tristeza de que ya esté cerca el final, porque desde que llegué el 10 de agosto el tiempo ha pasado volando. Aun así, intento quedarme con lo positivo y aprovechar cada instante al máximo.

Una despedida con huella: gratitud y transformación.

Tercera entrada – Mensaje final de despedida
La experiencia en Nicaragua ha sido muy bonita. Al principio costó un poco adaptarse a cómo funciona allí la vida, sobre todo con los horarios y el ritmo tan distinto al de España, pero al final aprendí a dejar de mirar el reloj, a ir sin prisa, a disfrutar de los paseos por la calle, de las conversaciones improvisadas, de los atardeceres y de la calma.

No sabría encontrar una palabra exacta para describir lo que ha significado esta estancia. Solo puedo decir que mi familia de acogida fue realmente una familia para mí: me trataron como a un miembro más y con ellos compartí momentos, pensamientos, planes y mucho cariño. La despedida fue muy dura.

En cuanto a la fundación y los niños, ha sido increíble poder formar parte de la labor que hacen: ser hogar y esperanza, apoyar sus metas e invitarles a soñar. En mi carta de despedida les dije algo que me salió del corazón y que quiero compartir aquí también:

«La labor que hacen es profundamente humana. En la vida he aprendido que nadie ayuda a nadie por ser psicólogo o por cualquier otro título, porque la ayuda depende de muchas circunstancias y también de que la otra persona quiera dejarse ayudar. Por eso creo que no se trata tanto de ayudar o de cambiar la vida de alguien, sino de escuchar, de acompañar en el dolor, de regalar una palabra de ánimo, un abrazo, una caricia o una sonrisa. Son gestos pequeños que cambian el mundo. Más que ayudar, se trata de poner un poco de luz en el camino de otra persona.»

Sobre Nicaragua, diría que es la gran desconocida. Quizá no tenga tanta fama como otros países de Latinoamérica, pero sus calles, su cultura, su gente y sus paisajes son impresionantes. He visto puestas de sol mágicas, he sobrevolado lagos en tirolina, he practicado “sandboarding” en un volcán, visitado playas de ensueño y conocido otra manera de vivir, con menos recursos y comodidades, pero con más humanidad y felicidad en las pequeñas cosas.

Salir de mi zona de confort me enseñó a valorar lo que muchas veces damos por hecho: abrir un grifo y que salga agua caliente, poder beber agua del grifo o lavarse los dientes sin preocupación. Allí nada de eso era posible, y eso te cambia la mirada.

No sé si algún día volveré, aunque ojalá que sí. Lo que tengo claro es que esta experiencia me marcó y que cada persona con la que me crucé en mi camino puso un poquito de luz en él. Me voy con una sensación inmensa de alegría, aunque también con la idea de que un mes es poco tiempo y todavía quedan muchas cosas por hacer allí.

Como alguien me dijo, después de una experiencia así, uno ya no vuelve igual: algo cambia en ti, y queda descubrir qué fue lo que cambió y qué permanece.

Por eso animo a cualquiera a salir de su zona de confort y vivir una experiencia así, porque realmente te transforma.

Conclusión
Al mirar hacia atrás y juntar estos tres mensajes, me doy cuenta de que narran un viaje que va más allá de un simple voluntariado. Comenzó con la ilusión y los nervios de los primeros días, continuó con la intensidad de las vivencias de mitad de estancia y terminó con la emoción de una despedida que deja huella.

He aprendido que los cambios más profundos no siempre vienen de grandes actos, sino de gestos pequeños: escuchar, acompañar, compartir. También descubrí que la verdadera riqueza está en lo humano y que, aunque el tiempo haya sido breve, cada instante vivido en Nicaragua ha dejado en mí una huella imborrable.

Me quedo con la certeza de que salir de la zona de confort transforma, y que las luces que otros pusieron en mi camino ahora forman parte de mí.

Epílogo

Durante estos días he ido compartiendo con ustedes mi experiencia de voluntariado en Nicaragua a través de tres mensajes. Cada uno refleja un momento distinto de este camino: desde los primeros pasos y la adaptación, hasta las vivencias cotidianas y, finalmente, la despedida.

No ha sido fácil condensar todo lo vivido en palabras, porque más allá de lo que se cuenta, esta experiencia ha significado aprendizajes profundos y un cambio en la manera de mirar la vida.

 

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

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