Universidad de Granada

Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

  • Inicio
  • Blog
  • Políticas de Privacidad
  • Privacy Policy
Inicio >> Archivo de Perú

Gota a gota: dignidad y vida en los Andes peruanos. Paola Bernal Herrera

16 diciembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Adaptación a la vida cotidiana

Cuando llegué a Cusco, en julio, el frío era intenso y el aire seco de la sierra se sentía en cada respiración. Las montañas se alzaban imponentes y mi emoción por estar en aquella nueva ciudad estaba a la altura. No imaginaba entonces que mi estancia allí cambiaría mi manera de mirar lo cotidiano, pero pronto descubrí que iba a aprender mucho más de lo que esperaba.

Había cruzado el charco con nervios y entusiasmo. Sentía esa mezcla de ilusión por empezar una aventura y el miedo natural a lo desconocido. Antes de viajar, había escuchado advertencias y miedos infundados sobre Latinoamérica, pero ninguno se cumplió. Desde el primer día me sentí segura, acogida y acompañada. Cusco me recibió con ruido, color y vida: coches que pitaban a todas horas, perros sueltos por las calles, puestos de comida en cada esquina y un movimiento constante que al principio me desorientaba, pero pronto aprendí a disfrutar.

Fotografía 1. Miembros del grupo Danzaq durante la festividad de la Virgen del Carmen en Paucartambo.

Durante las primeras semanas me sorprendía la manera en que los coches parecían comunicarse a base de bocinazos: para ofrecerse como taxi, para avisarte de que te apartaras o para marcar quién tenía preferencia (que casi nunca era el peatón). Los semáforos y pasos de cebra parecían orientativos, y cruzar una calle se convertía en una pequeña aventura diaria. Con el tiempo dejé de asustarme y me acostumbré a ese ritmo caótico que, de algún modo, también reflejaba la vitalidad de la ciudad.

Los perros eran parte del paisaje. La mayoría caminaba libre, sin correa, buscando sombra, comida o compañía. Algunos se acercaban en busca de una caricia, otros simplemente te observaban pasar. Aprendí a reconocerlos en mi ruta diaria; se volvían parte del entorno, parte de la vida compartida en las calles.

Fotografía 2. Perros recorriendo las calles del distrito de Poroy, Cusco.

A medida que pasaban los días, Cusco se fue revelando como una ciudad llena de contrastes: entre lo antiguo y lo moderno, lo turístico y lo local, lo espiritual y lo cotidiano. Vivía en un barrio alejado del centro, donde las fachadas color tierra se mezclaban con muros sin terminar, y los cables eléctricos se entrelazaban sobre las calles empinadas.

Las dos primeras semanas viví en un pequeño apartamento donde casi nunca había agua caliente y, algunos días, el agua simplemente no llegaba. Aquello que en España daba por hecho —abrir un grifo y tener agua— se volvió un ejercicio de paciencia. Al principio me agobié, pero esa experiencia me ayudó a comprender mejor cómo viven muchas familias en las comunidades rurales donde después trabajé. Entre el bullicio de los coches y el caos de las calles, fui descubriendo otra cara de la ciudad: la de las necesidades básicas que no siempre están garantizadas. Me di cuenta de que la comodidad no es universal, y que la escasez enseña a valorar cada gesto cotidiano.

A partir de esa vivencia comprendí que mi paso por Cusco no iba a ser solo una experiencia profesional, sino también una oportunidad para aprender desde la práctica personal.

Donde el agua enseña y la tierra abraza

Mi estancia en el Cusco formó parte de un proyecto dentro del Centro Guaman Poma de Ayala, concretamente en el departamento de Hábitat y Ciudadanía, en el programa “Estrategias de cuidado de la salud y la autoestima de la infancia y niñez a través del acceso a la alimentación saludable, la mejora de los hábitos de higiene y la comunicación asertiva”. Desde allí, combiné mi voluntariado con la realización de mi Trabajo de Fin de Máster en Psicología de la Intervención Social, lo que me permitió vincular la práctica con la reflexión académica y personal.

Con el equipo del Centro viajábamos a distintas comunidades rurales del Cusco para realizar talleres con niños, niñas y familias. Las carreteras no siempre estaban asfaltadas y el polvo acompañaba cada trayecto. La mayoría de las casas estaban construidas de adobe, muchas sin acceso a agua corriente ni baño. En algunos hogares, las familias criaban cuyes dentro de la misma sala donde cocinaban o dormían; los pequeños animales corrían sueltos por el suelo de tierra, manteniendo el calor del espacio y sirviendo de alimento o ingreso económico. Aquello me sorprendió al principio, sobre todo por las condiciones de higiene, pero pronto entendí que era una forma de adaptarse al clima y a los recursos disponibles.

Las comunidades rurales del Cusco están dispersas entre montañas inmensas, donde el silencio y la sencillez dominan el paisaje. El acceso es difícil: caminos estrechos, cuestas empinadas y polvo constante. Pero también hay una belleza serena en todo ello: los colores de los tejidos, los saludos de la gente, el sentido de comunidad, la conexión con la tierra. Cada visita era una lección de vida.

En las escuelas rurales, trabajábamos talleres centrados en la autoestima, las habilidades socioemocionales y el cuidado del cuerpo. Los niños y las niñas esperaban esas sesiones con ilusión; solían acercarse antes de empezar para hacerme preguntas sobre España o mostrarme sus cuadernos. Durante el recreo, me encantaba quedarme con ellos: saltábamos, corríamos, volábamos cometas, o simplemente hablábamos mientras me peinaban o reían al verme intentar pronunciar algunas palabras en quechua. Era imposible no contagiarse de su energía.

Fotografía 3. Niños y niñas de la I. E. Sagrado Corazón de Jesús (Oropesa) participando en una actividad durante una de las sesiones de mi TFM.

Sin embargo, en medio de esa alegría también aparecían las carencias. En muchas casas no había agua corriente ni espacios adecuados para la higiene. Algunas familias utilizaban pilas comunales o recogían agua de los riachuelos más cercanos. En otras, directamente no había retretes, sino pozos sépticos improvisados o incluso nada. El agua no era solo una necesidad, sino un bien que se esperaba, se compartía y se agradecía.

Aquellas escenas cotidianas me llevaron a reflexionar sobre la relación entre el bienestar psicológico y las condiciones materiales de vida. Durante una de las salidas a las comunidades, vi cómo una madre lavaba la ropa en un balde, con el agua justa, y me impresionó la normalidad con que lo hacía. En ese momento entendí que hablar de bienestar sin tener en cuenta las condiciones materiales es una contradicción. ¿Cómo fortalecer la autoestima si no hay acceso a lo más básico? Esa pregunta me acompañó durante todo el proyecto, recordándome que la dignidad empieza por lo esencial.

Fotografía 4. Madre realizando labores de lavado de ropa en un balde.

En las comunidades, el juego era tan escaso como el agua, pero igual de necesario. No había parques ni columpios, y los patios escolares eran de tierra. Aun así, las niñas y los niños jugaban con lo que tenían: cuerdas, piedras, palos o simplemente su imaginación. Pero esas carencias no deben romantizarse, no se trata de admirar que “con poco hacen mucho”, sino de reconocer que deberían tener más, porque el juego y la higiene no son lujos, son derechos básicos universales.

Aprender de lo que sostiene la vida

Mientras comprendía las limitaciones materiales, también descubrí que las comunidades poseían una profunda sabiduría sobre la cooperación, la reciprocidad y el cuidado mutuo. Fue entonces cuando descubrí la importancia del “ayni” y la “minka”, dos valores fundamentales en la cultura andina.

El “ayni” representa la reciprocidad: lo que se da, se devuelve; lo que se aprende, se comparte. La “minka”, por su parte, hace referencia al trabajo comunitario, al esfuerzo conjunto para un bien común. Estos principios me parecieron tan coherentes y necesarios que decidí integrarlos en mi Trabajo de Fin de Máster. Comprendí que la intervención social no puede desligarse de las formas locales de cooperación, porque la verdadera transformación se construye desde la pertenencia a la comunidad.

Poco después, tuve la oportunidad de participar en varios rituales a la Pachamama, la Madre Tierra. Eran ceremonias llenas de respeto y simbolismo, en las que se ofrecían flores, dulces, hojas de coca, bebidas y chocolates en señal de agradecimiento. Me emocionaba ver la manera en que las personas honraban a la tierra, no solo como fuente de recursos, sino como ser vivo que nos sostiene. Aprendí que allí la espiritualidad no está separada de la vida cotidiana, sino que forma parte de ella, recordando que cuidar la tierra también es cuidarnos a nosotros y a nosotras mismas.

Fotografía 5. Ofrenda preparada para un ritual de agradecimiento a la Pachamama.

Esa conexión espiritual se extendía también a la naturaleza que rodea el Cusco. En mis días libres hice rutas de trekking que me exigieron esfuerzo, pero me regalaron serenidad y una conexión profunda con el entorno. Los paisajes eran sobrecogedores: montañas cubiertas de nieve, lagunas de un azul intenso, desiertos, playas, valles infinitos, selva y glaciares. Perú tiene todos los paisajes posibles en un solo país, y cada trayecto era un recordatorio de la inmensidad y la fuerza de la tierra que nos sostiene.

Con el tiempo comprendí que esa fuerza vital no solo habitaba en la naturaleza, sino también en las personas y en la propia ciudad. Cusco respira arte y cultura en cada esquina, y su vitalidad parecía prolongar ese mismo espíritu de aprendizaje y resistencia. Los murales que decoran sus calles son verdaderas obras de arte, llenas de color y de mensajes sobre identidad, respeto y justicia. Pasear por sus calles era descubrir talento en cada rincón y creatividad en cada mirada.

Cada tarde, al salir del voluntariado, cuando el sol se escondía entre los cerros y el cielo se teñía de un naranja imposible, comprendía que algo había cambiado para siempre en mi forma de mirar el mundo.

Fotografía 6. Pintura callejera con simbolismo andino.

Gota a gota, lo que me traje de Cusco

Durante los tres meses que estuve en Cusco, cada día fue una mezcla de aprendizaje y emoción. Había momentos de cansancio, sobre todo después de los viajes largos o de los días en que las condiciones eran más duras, pero siempre sentía que valía la pena. Si algo tenía claro era que quería exprimir esta experiencia al máximo, y ahora, aunque regresé agotada, lo hice con la tranquilidad de haberlo conseguido.

De todo lo vivido, lo más bonito fue la gente que conocí: personas que me ofrecieron su ayuda, su tiempo y su cariño. Las familias de las comunidades, los y las docentes con los que colaboré, mi equipo del Centro Guaman Poma de Ayala, y mis compañeros y compañeras del voluntariado. Todos y todas dejaron huellas en mí. De cada uno aprendí algo: la paciencia, la alegría, la resiliencia y la importancia de trabajar con el corazón y cuidar los vínculos.

Desde que volví, me siento una persona distinta, con esa mezcla de nostalgia y gratitud que dejan las experiencias importantes. Echo de menos los paisajes, los sonidos, los colores, las personas y hasta las calles empinadas, pero también me alegra haber vuelto a casa para compartir lo aprendido. Cada vez que miro las fotos de esos meses, se me aguan los ojos. Sé que nunca podré expresar completamente todo lo vivido, pero sí puedo afirmar que ha sido la mejor experiencia de mi vida.

Comprendí que la dignidad se construye día a día, en los actos más sencillos: en la madre que se levanta antes del amanecer para llenar un bidón, en las niñas y los niños que inventan juegos sin juguetes, en las comunidades que comparten lo poco que tienen, en los equipos que trabajan con compromiso y esperanza.

Desde la psicología comunitaria entendí que intervenir no es imponer, sino acompañar procesos; fortalecer lo que ya existe, reconocer los saberes y los esfuerzos que mantienen la vida.

Porque ahora sé que, como el agua que cae gota a gota, el cambio verdadero se construye lentamente, en comunidad, gesto a gesto, hasta llenar de sentido la vida.

Fotografía 7. Mi mano entrelazada con la de una niña a las afueras de su hogar.

Agradecimientos

Agradezco profundamente al Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo (CICODE) de la Universidad de Granada, al Centro Guaman Poma de Ayala y a la Fundación Social Universal por haberme permitido vivir esta experiencia transformadora. Gracias por abrirme las puertas, por acompañarme, por hacer posible un aprendizaje que va mucho más allá de lo académico.

Publicado en: Perú, TFM/G Etiquetado como: Derechos de la infancia

Fomento del empleo ambientalmente amigable. Cuzco, Perú. Marta Tortosa Salinas.

11 diciembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Primeros días en Cusco

Hace muy poco que llegué a Cusco y todavía estoy procesando todo lo que me rodea. La primera impresión fue casi abrumadora: las montañas inmensas, el cambio de altura, y esas calles empedradas que parecen contar historias. Es curioso, porque Cusco puede parecer muy turístico, pero al mismo tiempo es una ciudad muy viva y cotidiana.

Vine con mucha ilusión gracias a una beca del CICODE de la Universidad de Granada, para colaborar en un proyecto que busca algo tan necesario como apoyar la autonomía económica de mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad en siete distritos de Cusco, Anta y Urubamba, impulsando empleos y autoempleos que cuiden el medio ambiente y respeten la diversidad cultural. Suena grande, y lo es.

Por ahora estoy en la fase de observar y escuchar. Sé que aquí lo más importante será aprender de la gente y de los procesos que ya están en marcha. Me emociona pensar que tendré la oportunidad de conocer realidades muy distintas y aportar, aunque sea un granito de arena.

Cusco me está mostrando muchas capas: el lado turístico con cámaras en cada esquina, la vida local en las plazas y mercados, y esa mezcla de idiomas que se oye por las calles. Yo aún estoy ubicándome, pero disfruto del proceso.

Esto apenas empieza, pero ya siento que va a ser una experiencia que me marcará mucho más de lo que imaginaba.

La mitad del viaje: donde todo empieza a tomar forma

Han pasado ya casi un mes desde mi llegada a Cusco y siento que, poco a poco, voy encontrando mi lugar en este proyecto. Lo que al principio era observación y escucha, ahora se ha convertido en participación activa. Estoy conociendo de cerca a las personas con las que trabajamos, así como sus historias y metas.

Una de las partes más enriquecedoras ha sido acompañar a mujeres y jóvenes de diferentes distritos en los talleres. También es muy interesante observar la diversidad de realidades: algunas viven en zonas rurales alejadas, tales como Chinchero o Cachimayo; otras en barrios más cercanos a la ciudad, como Wanchaq o Poroy, pero todas comparten una enorme capacidad de resiliencia y creatividad. De esta forma, existe un montón de formas por las cuales transforman recursos locales en oportunidades: productos hechos con fibras naturales, alimentos andinos convertidos en nuevas propuestas de negocio, o incluso ideas de turismo comunitario que buscan mostrar su cultura sin perder autenticidad.

A nivel personal, me he dado cuenta de que muchas perspectivas que traía conmigo se han ido desarmando. Es fácil imaginar el “emprendimiento” desde la mirada occidental, pero aquí cobra un sentido mucho más profundo: no se trata solo de ganar dinero, sino de sostener familias, preservar tradiciones y cuidar el entorno.

A veces pienso que estoy aprendiendo más de lo que aporto, y creo que esa es la magia de este voluntariado: es un intercambio. Yo ofrezco un granito de arena, pero recibo lecciones de vida que difícilmente encontraría en otro lugar.

Ahora, en la mitad de esta experiencia, tengo la sensación de que lo mejor aún está por llegar.

El cierre de un ciclo, la apertura de muchos más

Habiendo concluido mi experiencia como voluntaria internacional en Cusco (Perú), quiero dedicar esta última entrada del blog a reflexionar sobre lo vivido y expresar mi agradecimiento por una etapa que, sin duda, ha marcado un antes y un después en mi vida. Solo tengo palabras de agradecimiento al equipo por su entrega, su compromiso y su generosidad al compartir conocimientos. Y gracias, por supuesto, a la ciudad de Cusco, que me ha acogido con los brazos abiertos.

Desde el punto de vista profesional, esta vivencia me ha permitido llevar a la práctica muchos de los conocimientos que antes solo había abordado desde lo teórico. A través de la observación, la escucha activa y la participación directa en las actividades del proyecto, he adquirido herramientas muy valiosas para la gestión y ejecución de iniciativas de cooperación al desarrollo. Uno de los aspectos más significativos ha sido poder ver todo el ciclo de un proyecto desde una perspectiva local. Esto me ha ofrecido una mirada más realista sobre cómo se implementan las intervenciones, más allá del diseño inicial sobre el papel.

Además, esta experiencia me ha llevado a desarrollar una perspectiva crítica sobre la forma en que se practica la cooperación al desarrollo hoy en día. He podido identificar buenas prácticas, pero también aspectos que pueden mejorarse para que los proyectos sean más participativos, sostenibles y adaptados a los contextos reales. Estoy segura de que todo lo aprendido influirá de forma muy positiva en mi desarrollo profesional futuro.

Más allá del plano profesional, el contacto con personas locales, así como los viajes por distintas regiones del país, me han permitido conocer diversas realidades y culturas. Cada conversación, cada historia compartida me ha enseñado algo. Perú, me ha dejado una huella que llevaré siempre conmigo.

Quiero cerrar agradeciendo a todas las instituciones que hicieron posible esta experiencia: el CICODE de la Universidad de Granada, la Fundación Social Universal y el Centro Guamán Poma de Ayala.

A cualquier persona que esté leyendo esto y se esté planteando participar en un voluntariado internacional: no lo dudéis. Es una oportunidad única para aprender, aportar y crecer. No solo como profesional, sino sobre todo como persona.

Gracias, Cusco. Hasta pronto.

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Sostenibilidad ambiental

Latinoamérica en movimiento: experiencias y reflexiones en Cusco. Paula Jaimes Rico

22 octubre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Al llegar a Cusco tuve un sentimiento dual: una cierta familiaridad, pero también un fuerte contraste con mi último año en España. Recordé mi ciudad natal, Cúcuta, que al igual que Cusco, es una ciudad secundaria en el contexto nacional —en este caso, de Colombia. Me sorprendió sentir que había perdido algunas de mis “habilidades latinas”. La ciudad me recibió con cierta hostilidad: tráfico denso, mucho movimiento, escaso espacio peatonal, basura en las calles, perros callejeros, trabajadores informales, ruido constante… Era como si uno tuviera que pelear por el espacio, por el derecho a habitar la calle.

Me sentí confundida al principio, pero rápidamente me fui adaptando al ritmo y movimiento. La calidez de las personas que me recibieron contrastaba con la crudeza del entorno, que refleja profundas brechas sociales: desigualdad, pobreza y falta de gestión del espacio público. Cabe aclarar que mi percepción se construye desde la zona central de Cusco, que —como bien se observa en muchas ciudades latinoamericanas— suele concentrar estas dinámicas.

Más adelante, al explorar el centro histórico, me sorprendió encontrar un espacio mucho más ordenado y turístico. Allí se refleja, casi físicamente, la historia de Perú y de América Latina: la mezcla, el mestizaje. Las iglesias coloniales se alzan sobre los templos sagrados de los incas, y los turistas —en su mayoría extranjeros— conviven con las personas locales dedicadas al comercio y al turismo. En ese momento resonaron en mi mente algunas reflexiones de Silvia Rivera Cusicanqui sobre la identidad mestiza como una forma de colonización interna, que disfraza las relaciones de poder bajo la idea de una armonía cultural. Rivera plantea que:

“El mestizaje ha sido una trampa ideológica que busca borrar la memoria indígena y reproducir la                                          dominación                                          colonial                   desde                    adentro.”

—Silvia Rivera Cusicanqui, Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos

descolonizadores

Esto me hizo reflexionar aún más sobre el contraste con Colombia, donde lo indígena ha sido mucho más invisibilizado. En muchos sentidos, hemos adoptado un modelo occidentalizado que tiende a negar esa otra parte de nuestra identidad. En cambio, en Perú, el pasado precolombino no solo es más visible, sino también motivo de orgullo y, paradójicamente, motor del turismo. Sin embargo, esa visibilidad no garantiza inclusión. Las comunidades campesinas y quechua-hablantes siguen siendo de las más vulnerables y excluidas del país, como lo pude constatar durante mis primeros días de voluntariado, cuando asistí a un taller de habilidades blandas en una comunidad alejada.

Esta es mi primera vez viviendo en otro país de América Latina, y la experiencia me ha llevado a cuestionarme sobre la identidad latinoamericana y su significado: ¿cuáles son nuestras coincidencias?, ¿cuáles nuestras diferencias?, ¿es posible hablar de una identidad compartida basada en el pasado colonial y en los problemas sociales comunes que nos aquejan?

Me reconozco extranjera —en Perú y también en España. Soy “la otra” para mis compañeros de voluntariado, y también para muchas personas peruanas. Y sin embargo, es justamente esta idea de una identidad “latina” la que me ha permitido sentirme parte de algo mayor: de historias, referencias, prácticas y cosmovisiones compartidas. Al mismo tiempo, también soy voluntaria proveniente de España, con los privilegios que implica haber podido estudiar y vivir allí. Paradójicamente, eso también ha moldeado mi experiencia en Perú, acercándome más a mis compañeros europeos, con quienes he podido compartir, comparar, aprender y conectar.

 

Crónicas desde Guamán Poma: entre la gestión pública y el territorio

El tiempo pasa rápido. Los días corren, y aun así , por momentos siento como si llevara años aquí . Las jornadas transcurren entre el trabajo en oficina y el acompañamiento que realizamos a los talleres de capacitación en las municipalidades. Hemos visitado Poroy, Chinchero y Cachimayo, espacios donde, junto con las y los asistentes, he podido aprender sobre temas fundamentales de la gestión pública: inversiones, contrataciones y Procompite, una ley peruana que busca impulsar el desarrollo productivo mediante la financiación de planes de negocio de emprendedores locales que concursan a través de sus asociaciones en distintos niveles de gobierno.


Ha sido muy interesante observar como la gestión pública se debate entre la necesidad de modernizarse —a menudo tomando como referencia modelos de países como España— y las dificultades que impone la realidad local: la corrupción, la falta de recursos y las escasas herramientas para adaptar las nuevas leyes, diseñadas en Lima, a los contextos diversos del territorio.
Algo que se repite constantemente en los talleres es la falta de interés de muchos funcionarios por formarse en estos temas. Con el tiempo, esa aparente desmotivación cobra sentido: la sobrecarga laboral y las formas de contratación precarias que enfrentan hacen casi imposible que puedan capacitarse o innovar. El sistema, paradójicamente, exige eficiencia y transparencia, pero no ofrece las condiciones necesarias para alcanzarlas.
En momentos así —sobre todo considerando el inestable clima político que atraviesa el Perú — puede resultar frustrante ver como los grandes esfuerzos de las organizaciones sociales se enfrentan a estructuras que parecen diseñadas para que poco cambie. Aún así , cada día salimos a trabajar, y cada día se aprende algo nuevo. Se sigue promoviendo el cambio, incluso asumiendo su dificultad.

Como politóloga, ha sido una experiencia profundamente enriquecedora observar este trabajo de incidencia en las municipalidades: los aciertos, las críticas, y los desafíos que surgen tanto desde quienes formulan las políticas como desde quienes las implementan en el territorio y dan la cara al público. En medio de esa compleja trama institucional, queda claro que transformar lo público no es tarea sencilla, pero sí profundamente necesaria.

 

 

 

 

 

Tupananchiskama: hasta que la vida nos vuelva a encontrar

Mis últimos días en el Centro Guaman Poma de Ayala transcurrieron entre emociones intensas. Poco a poco, mis compañeros y compañeras de voluntariado fueron emprendiendo el regreso, y cada despedida dejaba un pequeño vacío, pero también un enorme agradecimiento. Fue inevitable sentir la nostalgia al verlos partir uno a uno, mientras comprendía el lazo de cariño y confianza que se había tejido en tan poco tiempo.

Cada persona dejó una huella especial en el equipo y en la comunidad, y todos nos llevamos también algo invaluable: aprendizajes compartidos, risas, complicidades y la certeza de haber aportado, desde nuestras áreas de conocimiento, a un proyecto común. Más allá del trabajo técnico, construimos emocionalidades y tejido humano, tanto con las personas como con el territorio.

Durante mis últimos días, dediqué gran parte de mi tiempo al Manual para la transversalización del enfoque de género en Guaman Poma, un documento que reúne herramientas conceptuales y metodológicas para incorporar la igualdad en la gestión institucional y en los proyectos. Su construcción fue un proceso de aprendizaje profundo, que combinó la revisión de marcos teóricos con la adaptación a la realidad local y las experiencias del equipo. Incluye orientaciones prácticas, actividades participativas y metodologías sobre temas como la prevención de violencias basadas en género, la economía de los cuidados, la salud sexual y reproductiva, y la comunicación con enfoque inclusivo. Verlo tomar forma fue también reconocer el esfuerzo colectivo de una organización que apuesta por transformarse desde adentro.

Yo fui de las últimas voluntarias en salir. Vi las lágrimas de despedida, pero también las promesas de reencuentro, las sonrisas entre abrazos y esa sensación tan extraña y hermosa de saber que algo cambió dentro de uno mismo. En medio de la nostalgia, también hay plenitud: la certeza de haber vivido algo irrepetible y de haber encontrado, lejos de casa, un lugar donde sentirse parte.

Porque, como decimos en Colombia, “nadie nos quita lo bailado”. A pesar de las partidas, nos quedan las experiencias, los aprendizajes y esos momentos significativos que nos recordarán siempre quiénes fuimos en este lugar. Me despido con una palabra quechua que escuchamos en cada cierre y que resume el espíritu de este viaje:
“Tupananchiskama”, hasta que la vida nos vuelva a encontrar —con los territorios, con las personas, y con esos pequeños hogares que vamos dejando por donde pasamos.

 

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento

Perú en Primera Persona: Mi Experiencia como Voluntario. Carlos Alguacil López

6 octubre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Mi llegada a Perú y primeros pasos en el voluntariado

 

Mi llegada a Perú fue una experiencia muy positiva desde el primer momento. La acogida que recibí me permitió sentirme como en casa, algo que sin duda agradezco muchísimo. La adaptación no ha sido complicada gracias al apoyo de compañeros como Cristian, Will, Giovanna o Paola, quienes me han acompañado en cada paso y me han ayudado a integrarme en el día a día de la organización. Además, con el resto de los voluntarios hemos formado una auténtica piña: compartimos no solo trabajo, sino también vivencias, conversaciones y momentos de ocio que hacen que la experiencia sea todavía más enriquecedora.

Estoy participando en dos proyectos muy interesantes: Fondoempleo y Work4Progress, cada uno con dinámicas diferentes, pero ambos con un gran impacto en la vida de los emprendedores locales.

En Fondoempleo, nuestra labor principal ha sido recoger encuestas para seleccionar a los beneficiarios que recibirán formación y tendrán la oportunidad de acceder a un fondo semilla. Este busca impulsar sus negocios y darles una base más sólida para crecer. Me ha parecido una dinámica muy enriquecedora porque se parece mucho a un concurso de ideas de negocio en el que participé en la UGR. La diferencia es que aquí los emprendimientos no se quedan en un concepto o idea, sino que son negocios reales, con historias y familias detrás, que buscan mejorar su calidad de vida a través del trabajo. Hemos visitado sus emprendimientos y conversar directamente con ellos me ha permitido conocer de cerca sus objetivos, dificultades y estrategias. Este contacto humano me ha marcado mucho, porque me recuerda que detrás de cada proyecto hay personas que luchan cada día por salir adelante. Además, el equipo con el que estoy trabajando es extraordinario Mario, Heidi y Kami son profesionales muy comprometidos que me enseñan constantemente y de los que aprendo un montón.

Por otro lado, en Work4Progress estoy desarrollando la parte más vinculada a la informática. Han considerado que mi experiencia podía aportar valor y me han pedido crear una aplicación para el control de costes e ingresos. El objetivo es que los emprendedores tengan una herramienta sencilla y práctica que les ayude a organizar mejor las finanzas de sus negocios, algo fundamental para que puedan tomar decisiones informadas y sostenibles. Para mí, este reto ha sido muy estimulante, porque combina mis conocimientos técnicos con la posibilidad de generar un impacto real en la vida de las personas. Paralelamente, también he asistido a diversas capacitaciones organizadas por el proyecto. Estas sesiones me han permitido abrir la mente, conocer otras realidades y comprender mejor la situación actual de Perú en relación con el emprendimiento, la inclusión y el desarrollo económico local.

Más allá del trabajo, esta experiencia está siendo un verdadero aprendizaje de vida. Cada día me doy cuenta de nuevas cosas: la importancia de la colaboración, el valor del esfuerzo colectivo y lo mucho que se puede lograr cuando las personas se unen con un propósito común. Estoy aprendiendo a mirar el mundo desde otra perspectiva, a valorar las pequeñas cosas y a reconocer la fuerza de las comunidades que luchan por un futuro mejor.

En resumen, mi llegada y primeras semanas en Perú han sido intensas, motivadoras y muy gratificantes. Me siento afortunado de poder vivir esta experiencia, de aprender de tantas personas valiosas y de poner mi granito de arena en proyectos que tienen un impacto real en la vida de los emprendedores. Estoy convencido de que lo que queda por delante será igual de enriquecedor, y espero seguir compartiendo en este espacio mis avances, aprendizajes y reflexiones.

 

 

 

 

 

Continuamos en Perú, con proyectos que avanzan y primeros resultados
Ya estoy super adaptado y, veo cómo los proyectos toman forma. Mantengo la misma sensación de acogida que conté en mi primera entrada: el equipo no solo acompaña, también impulsa. Y con el resto de voluntarios seguimos siendo una piña: trabajamos, conversamos y celebramos cada pequeño avance.
Novedades en Fondoempleo
En Fondoempleo hemos cerrado una etapa importante: ya terminamos las encuestas y empezamos a llamar a las personas seleccionadas que participarán en el programa. La semana que viene arrancan las formaciones en municipalidades como Saylla y Lucre, con contenidos muy prácticos: control de gastos, registro de ingresos y habilidades blandas para fortalecer la gestión del día a día. Me ilusiona especialmente porque siento que estas sesiones serán muy útiles: están diseñadas para necesidades concretas que vimos en campo. Volver a conversar con los emprendedores, ahora con la noticia de su selección, ha sido un recordatorio potente de que detrás de cada negocio hay una historia, un esfuerzo y una familia.


Novedades en Work4Progress
En Work4Progress estoy viviendo mi primer contacto real con el desarrollo tecnológico aplicado al territorio, y me está encantando:
1.
Entrevistas con emprendedores Antes de diseñar o programar nada, quisimos entender de primera mano cómo gestionan su negocio: qué usaban para llevar gastos e ingresos, si es que los llevaban, que les gustaría tener en un aplicativo y qué les gustaría mejorar. Hicimos un formulario para ir recabando información, pero lo que más me sirvió fue las charlas con los emprendedores que daban muchas ideas y cosas a tener en cuenta.
2.
Empezamos a mejorar la aplicación Con esa información, empezamos a construir la app, para que respondiera mejor a sus necesidades. Refinamos pantallas, simplificamos procesos, esto era lo más importante, que fuera simple y fácil de usar para que les fuera útil, y añadimos opciones según los comentarios recibidos.
3.
Generación de la APK y pruebas con usuarios Creamos un archivo instalable (APK), que es como una forma de prueba que se tiene que instalar en los móviles de los usuarios, para poder hacer las primeras pruebas con las personas de la oficina. Es una fase de prueba clave: observamos cómo interactúan con ella, qué entienden fácilmente y qué no tanto. A partir de esas observaciones, mejoramos la experiencia y eliminamos errores.
No todo salió perfecto a la primera —aparecieron pequeños fallos—, pero esa retroalimentación es oro: nos permite afinar la herramienta, simplificar pantallas, mejorar la carga de datos y hacerla más clara y útil para tomar decisiones financieras.
Aprendizajes que se quedan
Más allá de las tareas, cada día confirmo la fuerza del trabajo colaborativo y el impacto de construir soluciones con las personas y no solo para ellas. Escuchar, probar, corregir y volver a probar es un ciclo que, aunque exigente, da resultados muy tangibles.
No todo es trabajo (¡por suerte!). Estoy aprovechando para conocer el lugar: ya visité el Valle Sagrado y el glaciar más grande del mundo, el Quelccaya. Me encanta conversar con la gente, descubrir las historias que hay detrás de cada una y sentir cómo me voy integrando poco a poco. Esta experiencia está siendo muy positiva, tanto en lo profesional como en lo personal.
En resumen, estas semanas han sido de avances: participantes confirmados, formaciones a punto de empezar y una app en manos de usuarios reales. Me siento afortunado por lo aprendido y motivado por lo que viene. Seguiré compartiendo por aquí mis progresos, aprendizajes y reflexiones.

Wasiyki Perú: un hogar para siempre
Han pasado ya dos meses y miro atrás con una mezcla de alegría, nostalgia y gratitud inmensa. No podría haber imaginado una acogida tan cálida ni una experiencia tan completa. Cusco me ha regalado mucho más de lo que traje: me ha ofrecido un hogar lejos del mío, una familia entre los voluntarios y un sinfín de momentos que guardaré siempre.
En Guaman Poma me he sentido cuidado como si fuera uno más de la familia. Cada persona del equipo ha tenido un gesto, una palabra o una sonrisa que me han hecho sentir valorado y querido. Mención especial para Paola, que me ha mostrado la cara más amable de Perú, enseñándome tanto con su ejemplo como con su cariño. Agradezco también a la FSU y a la UGR por hacer posible esta experiencia, que sin duda me ha transformado profundamente.
He aprendido a mirar la vida desde otra perspectiva: a quedarme con lo bueno, a entender que las diferencias nos enriquecen y a disfrutar de cada día intensamente. Este viaje me ha enseñado a reír más, a escuchar mejor y a valorar el poder de las pequeñas cosas: una conversación, una caminata, una comida compartida o una simple mirada cómplice entre compañeros.
En Fondoempleo hemos iniciado las capacitaciones, y ha sido precioso ver cómo los emprendedores, que al principio apenas se conocían, ahora forman un grupo unido, con confianza, apoyo mutuo y mucha ilusión. El contenido de las sesiones es muy potente, pero lo que más valoro es lo que le comenté a Mario un día: “lo mejor de estas capacitaciones son las conexiones que se crean, el conocimiento que se transmite sin darse cuenta.”
Agradezco enormemente a todo el equipo, porque cada viaje al Valle Sur no solo ha sido un trabajo, sino una experiencia compartida llena de risas, aprendizaje, paisajes inolvidables y alguna que otra siesta. Esos trayectos quedarán grabados en mi memoria como parte de una etapa muy especial.
En Work4Progress culminé una de las tareas más emocionantes de todo el voluntariado: terminar la aplicación de control de ingresos y gastos. Fue casi contra el reloj, pero el resultado final fue un producto totalmente funcional, listo para subir a Google Play. No puedo estar más orgulloso.
Nada de esto habría sido posible sin Cristian y Will, que estuvieron ahí en los momentos más duros, cuando el cansancio o el código se me atragantaban. Siempre encontraban la manera de sacarme una sonrisa o recordarme por qué valía la pena seguir. Gracias a ellos, este proyecto no es solo una app, sino una prueba de lo que se logra cuando la colaboración y la amistad se unen.

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento, Informática

Una experiencia inolvidable. Paula Cervera Rodríguez

8 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

 

Recibida por la fiesta al Dios Sol. 27 de junio de 2025. 

El día 23 salía de Madrid con una maleta llena de ilusiones y también de miedos, tras 16 horas de viaje llegaba a la ciudad de Cusco, la que iba a ser mi hogar durante los próximos 2 meses. A la mañana siguiente Cusco me recibía con su fiesta más importante, el Inti Raymi, una celebración llena de colores, tradiciones, danzas, música y alegría. ¿A caso pude tener un mejor recibimiento? A pesar de eso el primer día fue un poco difícil, el cansancio, el estrés y los nervios me impidieron disfrutar plenamente de esta celebración; aun así fue un día inolvidable en el que conocí a personas extraordinarias.

Aunque llevo menos de una semana en esta ciudad ya me ha cautivado con su encantador desorden y sus calles llenas de historia y de vida. Además, el acogimiento en la organización donde voy a realizar el voluntariado también ha sido de lo más cálido. Estoy segura de que estos dos meses van a ser una experiencia inolvidable que voy a llevar siempre conmigo.

Fiesta Inti Raymi
Cuzco

Mejor de lo que nunca hubiese pensado. 31 de julio de 2025.

Después de un poco más de un mes en Cusco puedo decir que la ciudad me tiene completamente cautivada, cada una de sus calles y esquinas están llenas de historia y de vida. Se trata de una ciudad con infinidad de cosas que ofrecer.

Por su parte, el trabajo aquí está yendo mucho mejor de lo que nunca hubiese imaginado, en la organización me han permitido involucrarme plenamente y no solo estoy asistiendo a muchos de los talleres que se imparten a las comunidades, sino que también estoy participando en la impartición de alguno de ellos. Gracias a esto estoy pudiendo aprender realmente como trabajar con la población y entrar de una manera privilegiada en su cultura. Cada vez que estoy en uno de esos talleres siento una gran gratitud con la FSU y el CGPA por permitirme entrar tan de lleno en su trabajo, con todos los participantes por asistir, con la Universidad por ofrecer esta oportunidad y conmigo misma por haber dado el paso de embarcarme en esta aventura.

Ahora mismo lo único que puedo pensar es en exprimir al máximo el mes que me queda aquí, ya todos los miedos y nervios del inicio se han disipado y se han transformado en unas inmensas ganas de conocer y de aprender todo lo posible en este tiempo.

La parte más dura son las despedidas. 28 de agosto de 2025. 

Tras dos maravillosos meses la experiencia llega a su fin y lo más duro que he vivido en estos dos meses lo estoy viviendo ahora, las despedidas, el tener que despedirme de toda la gente que ha hecho que me sienta en casa estando tan lejos de la mía, de la ciudad que ha sido mi hogar y de todo lo vivido aquí. Han sido dos meses llenos de aprendizajes, de vivencias, de nuevas emociones…

Perú y, especialmente la ciudad de Cusco se caracterizan por sus colores y me he dado cuenta de que estos colores son un reflejo de la intensidad de su cultura, de su alegría, de su historia y de su lucha.

No puedo estar más contenta por haber elegido el Centro Guaman Poma de Ayala como entidad en la que realizar mi voluntariado, todo el equipo y especialmente mis compañeros de proyecto me han hecho sentir una más, me han acompañado en toda mi estancia y me han enseñado todo lo que saben. La realidad de mucha gente en este país y en concreto en esta ciudad (que es donde yo he trabajado) es muy dura, pero las ganas que les ponen para mejorar su calidad de vida y la pasión con la que he visto que mis compañeros trabajan para ayudarles a lograrlo me llenan de esperanza y de ganas de seguir trabajando en proyectos como este.

Estoy enormemente agradecida con la Universidad de Granada por darme esta oportunidad, con la Fundación Social Universal por ayudarme a emprender este camino y con el centro Guaman Poma de Ayala por acompañarme en el proceso y permitirme adentrarme en su trabajo y en su realidad.

Me despido de Perú con un nudo en la garganta, pues una parte de mí siempre se quedará aquí y una parte de Perú siempre estará conmigo. Como dicen en quechua: hasta que la vida nos vuelva a encontrar, Tupananchiskama Perú.

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento

Categorías

  • Bolivia
  • Colombia
  • Ecuador
  • El Salvador
  • Guatemala
  • Honduras
  • Nicaragua
  • Perú
  • Senegal
  • TFM/G
  • Togo
  • Voluntariado internacional

Etiquetas

Adultos mayores Agroecología Derecho agua y alimentación Derechos de la infancia Discapacidad Educación Emprendimiento equidad de género Género Informática salud Sostenibilidad ambiental
junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
« Abr    

Meta

  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org

Universidad de Granada
blogsUgr
C.S.I.R.C. · Plataformas webs corporativas
Acceder

En BlogsUGR utilizamos cookies propias con finalidad técnica y para personalizar su experiencia de usuario. Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de terceros para fines analíticos.

 

Puede aprender más sobre qué cookies utilizamos o desactivarlas en los .

Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio
Powered by  GDPR Cookie Compliance
Resumen de privacidad

BlogsUGR utiliza cookies propias para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a BlogsUGR, haces algún comentario o seleccionas el idioma de un blog. Rechazar las cookies propias podría suponer la imposibilidad de acceder como usuario a BlogsUGR.

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de terceros con fines analíticos para recabar estadísticas sobre la actividad del usuario en dicho blog y la actividad general del  mismo.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.

También algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de twitter.com que se utilizan para la visualización de esta red social en el blog.

Política de cookies

La presente política de cookies tiene por finalidad informarle de manera clara y precisa sobre las cookies que se utilizan en los blogs del servicio BlogsUGR de la Universidad de Granada.

¿Qué son las cookies?

Una cookie es un pequeño fragmento de texto que los sitios web que visita envían al navegador y que permite que el sitio web recuerde información sobre su visita, como su idioma preferido y otras opciones, con el fin de facilitar su próxima visita y hacer que el sitio le resulte más útil. Las cookies desempeñan un papel muy importante y contribuyen a tener una mejor experiencia de navegación para el usuario.

Tipos de cookies

Según quién sea la entidad que gestione el dominio desde dónde se envían las cookies y se traten los datos que se obtengan, se pueden distinguir dos tipos: cookies propias y cookies de terceros.

Existe también una segunda clasificación según el plazo de tiempo que permanecen almacenadas en el navegador del cliente, pudiendo tratarse de cookies de sesión o cookies persistentes.

Por último, existe otra clasificación con cinco tipos de cookies según la finalidad para la que se traten los datos obtenidos: cookies técnicas, cookies de personalización, cookies de análisis, cookies publicitarias y cookies de publicidad comportamental.

Para más información a este respecto puede consultar la Guía sobre el uso de las cookies de la Agencia Española de Protección de Datos.

Cookies utilizadas en la web

A continuación se identifican las cookies que están siendo utilizadas en este portal así como su tipología y función:

Todos los blogs de BlogsUGR utilizan cookies técnicas y propias, necesarias para la personalización de su experiencia de usuario y para el mantenimiento de sesión.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de Twitter para personalizar la visualización de dicha red social en el blog.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar Google Analytics, un servicio de analítica web desarrollada por Google, que permite la medición y análisis de la navegación en las páginas web. En su navegador podrá observar cookies de este servicio. Según la tipología anterior se trata de cookies  de terceros, de sesión y de análisis.

A través de esta analítica web se obtiene información relativa al número de usuarios que acceden a la web, el número de páginas vistas, la frecuencia y repetición de las visitas, su duración, el navegador utilizado, el operador que presta el servicio, el idioma, el terminal que utiliza y la ciudad a la que está asignada su dirección IP. Información que posibilita un mejor y más apropiado servicio por parte de este portal.

Para garantizar el anonimato, Google convertirá su información en anónima truncando la dirección IP antes de almacenarla, de forma que Google Analytics no se usa para localizar o recabar información personal identificable de los visitantes del sitio. Google solo podrá enviar la información recabada por Google Analytics a terceros cuanto esté legalmente obligado a ello. Con arreglo a las condiciones de prestación del servicio de Google Analytics, Google no asociará su dirección IP a ningún otro dato conservado por Google.