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Archivo de abril 2026

La problemática de la educación en contextos rurales en Santa Cruz de la Sierra. Juan Portillo Millán.

21 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Aún recuerdo el primer día que obligué a un niño a leer. En la educación que yo recibí la obligatoriedad de las tareas eran uno de los puntos centrales del desarrollo de niños y adolescentes durante su etapa escolar, cuando tomé el libro de uno de mis alumnos y le pedí que leyese un párrafo me quedé atónito. No sabía leer. 

Yo comprendía que en el campo existían menos oportunidades de triunfar académicamente que en la ciudad, pero no podía esperarme lo que me relatarían allí sobre esta brecha que separa un mundo de otro. 

En Bolivia, la tasa de analfabetismo adolescente en mujeres es del 37’7% frente al 14’4% masculino en 1994, principalmente esta lista se engrosa con personas del ámbito rural. Uno de los principales problemas, aparte de la falta de escolarización en ciertos casos, es la cantidad de niños que se encuentran dentro de la misma clase. Estos colegios, según me contaban los niños del Hogar Social Montero, son “multicursales”, al tener tan pocos niños por comunidad existe un único profesor para todos ellos que les imparte la misma materia con los materiales que tiene disponibles. La mayoría de las veces estos profesores no llegan a poder ocuparse de todos los cursos a la vez por lo que muchos niños se quedan a medias durante sus estudios.

Durante mi estancia pregunté a diversas personas de distintos sectores educativos sobre los problemas que ellos notaban en la educación y uno de ellos fue el propio trabajo de los profesores. Estos cobran un sueldo mínimo como funcionarios del estado, por supuesto estamos hablando de colegios públicos, el trabajo se encuentra tan mal remunerado y el número de niños por aula en los colegios nacionales es tan alto que muchos de ellos sólo esperan de los alumnos que traigan sus tareas hechas. No existe una corrección de estas porque no tienen tiempo para ello, son pocos y están muy mal pagados. Bolivia destina gran parte de su PIB a educación, pero igualmente este solo compone aproximadamente 3.000.000 de dólares, para que nos podamos hacer una idea de cuanto es esto, España gasta cerca de 50.000.000 de euros siendo esto un 10% del PIB mientras que para Bolivia supone igualmente un 8,9%.

Este único requerimiento por parte de los docentes, en los que no me gustaría poner el foco exclusivamente ya que hacen lo que pueden con la cantidad de trabajo que tienen, lleva a los alumnos a copiar las tareas de sus compañeros o a realizarlas directamente mal. La mayoría de las veces no se les sanciona por ello. 

El sistema no puede ocuparse de tantos alumnos, la pirámide poblacional boliviana muestra que aproximadamente un 20’8% de la población son menores de edad. Los primeros afectados de este fallo sistemático son los chicos provenientes del entorno rural: si un alumno se retrasa o tiene problemas con las asignaturas, el sistema no puede ocuparse de él y directamente lo “desecha”, no se planifican actividades de refuerzo, profesores de apoyo, baterías de ejercicios extraescolares de comprensión lectora, cálculo o resolución de problemas. Si no existe el dinero para contratar más profesores, se prioriza a los alumnos que más posibilidades tienen de prosperar y se va dejando atrás a los demás. Esto ha creado un estigma muy poco agradable que condena a las gentes del campo de vuelta al campo, la tasa de abandono escolar en Bolivia es de 2.1 puntos,  siendo la primera causa el trabajo infantil, principalmente en el campo, muchos de ellos lo hacen, como me comentaba una alumna de cuarto de secundaria, porque ven a sus familias sufrir y cuando llegan al colegio no son capaces de mantener el ritmo con el resto de la clase debido a esa falta de base que no pudieron adquirir durante la primaria.

A todo este escenario que viven los alumnos bolivianos se suma la crisis del Covid-19. Si los países primermundistas han notado un déficit en los resultados académicos tras la pandemia con todas las facilidades que se podían ofrecer en la palma de la mano, la situación en Bolivia fue terrible en comparación. Dos cuestiones se dibujan en esta reflexión: La primera es la falta de recursos tecnológicos o de acceso a internet dentro de las comunidades de Santa Cruz, lo que imposibilita totalmente la conexión a videoconferencias. La segunda es que aquellos chicos que podían acceder a la tecnología desarrollaron un apego exacerbado a los dispositivos móviles en una edad temprana que rondaría los 9/10 años. Esto ha afectado de forma negativa a sus capacidades de concentración y de trabajo.

Dentro de este panorama tan desolador existen organizaciones como la Fundación Hombres Nuevos, el Padre Nicolás Castellanos, fundador de este proyecto ha dedicado su alma y su corazón a revertir estos problemas mediante un amplio sistema de donaciones y actividades de voluntarios como yo y tantos otros que han tenido la suerte de convivir con los chicos de Santa Cruz de la Sierra. El apoyo que este tipo de organizaciones dan a los centros educativos y cuidados a los menores en situación de extrema pobreza no se puede expresar en un único artículo. 

Cuando llegué a mi aula del Hogar Social, el choque cultural se expresó con toda su fiereza contra mis capacidades como profesor. Cometimos el error de la obligación y carecimos de la virtud de la comprensión y la paciencia con nuestros alumnos: todos copiaban la tarea de sus compañeros y se negaban a colaborar en el aula. Las primeras medidas que tomamos fueron erróneas y el tiempo nos lo demostró, planteamos prohibir copiar quitándoles las libretas de los compañeros durante el tiempo de trabajo, pensando nosotros también que serían capaces de resolver los problemas por su cuenta con una pequeña ayuda, pero la ayuda era mucho más necesaria de lo que pensamos.

Conforme me comuniqué más en el aula con los estudiantes fui descubriendo cuáles eran sus carencias, pero también en qué destacaba cada uno de ellos. Así que cambiamos la estrategia. Comenzamos a hacer seguimiento de sus tareas incentivándoles a que apuntasen lo que debían realizar para los siguientes días de colegio. Poco a poco este esfuerzo que ellos hicieron fue siendo recompensado, nosotros les ayudábamos con los deberes y a cambio ellos comenzaron a comprometerse con su propia educación, competían entre ellos por hacer los problemas mejor, se ayudaban en la medida de lo posible y comenzaron a pedir más cada vez.

Yo con los alumnos

Juan Daniel, un chico de 12 años del Hogar comenzó sincerándose: le daba vergüenza entregar sus tareas porque sus compañeros de clase se reían de él. Intentamos derribar esta barrera de mil formas hasta que un día cualquiera me di cuenta de que multiplicaba a una velocidad vertiginosa, él siempre había ayudado a su padre en las tareas del campo y tenía que hacer cálculos. Cuando vi su tremendo potencial para las multiplicaciones de memoria, le pregunté si también sabía dividir. No sabía, pero ya teníamos un escape para un chico sin comprensión lectora que tampoco tenía ninguna ilusión por leer. Llegamos así a un pacto: si el participaba en los dictados y las lecturas en grupo, luego nos pondríamos a hacer matemáticas. En 3 semanas aprendió a dividir, a hacer potencias y ecuaciones básicas. Porque no es que no sean capaces, es que el sistema les ha intentado demostrar que no lo son, la pobreza en la que está sumido este país quiere tumbar sus esperanzas, pero son más que capaces.

Juan Daniel haciendo la tarea en la pizarra

Marcia, de 14 años, apareció a las dos semanas de comenzar yo mis actividades de cooperación. La chica no quería presentarse en la escuela ni en el Hogar, tenía muchos problemas para confiar en sí misma y en los demás, iba completamente atrasada en todas las materias y parecía que con el poco tiempo del que disponíamos era imposible ayudarla eficientemente. Solo bastaron unas palabras. En cuanto oyó, probablemente por primera vez “yo confío en ti» cambió totalmente su enfoque, dejó atrás todo tipo de duda y comenzó a trabajar en todo lo que no había entregado e incluso no realizaba los descansos que se ofrecían en el Hogar para continuar con su tarea. En unas tres semanas no sólo se puso al día, sino que superó a la mayoría de sus compañeros. Cuando al despedirme de ella la felicité y le dije que era capaz de hacer lo que se propusiese comenzó a llorar. Esto me demostró que a veces sólo hace falta estar presente, y tener unas palabras, involucrarse de cualquier manera con ellos y hacerlos sentirse queridos y valorados.

Esto son sólo dos ejemplos representativos de lo que fue mi estancia en el Hogar. Pobreza sistemática, educación ahogada, profesores desbordados, son el día a día de la realidad boliviana en la zona de Santa Cruz de la Sierra y quienes más sufren son los niños. La cooperación al desarrollo es más que necesaria en estas zonas rurales, no termino de poder expresar lo necesaria que es la presencia de voluntarios que vuelquen una fracción de su tiempo en estos chicos.

Las condiciones en las que viven estos jóvenes en el Hogar eran las que se podían permitir las personas que llevan el proyecto. El edificio era nuevo y aún quedaban escombros de la obra porque no se podía pagar a alguien que se los llevase, esto fue mi actividad complementaria fuera de mis horas de trabajo: Dediqué mi tiempo libre a retirar todos los escombros del patio.

Moviendo una nevera

Los niños merecen un lugar mejor en el que vivir, y recibí muy buena retroalimentación de parte de las trabajadoras del Hogar, que no sólo vinieron fuera de sus horas laborales a ayudarme, sino que comenzaron a proyectar la idea de un huerto para que los alumnos aprendiesen a cuidarlo y cultivarlo, aunque he de admitir que todos sabían más que yo en esta materia.

Debemos colaborar, sabemos todos que aquellos que nos dirigen no lo van a hacer, y encima nuestro sistema mundial no considera siquiera el desarrollo de estos países. Si no continuamos la colaboración activa, individual y desinteresada, chicos como Juan Daniel no tendrán la oportunidad de recibir un apoyo o una chica como Marcia, no contarán con una persona afable dispuesta a escucharla y a hacerla ver cuánto vale.

En general, la experiencia ha sido totalmente enriquecedora. Siento que he dejado allí parte de mi corazón, y cada día echo más de menos a los que fueron mis alumnos durante esas semanas y deseo que puedan salir adelante en el futuro. Querría concluir agradeciendo a la Universidad de Granada y sobre todo al CICODE la oportunidad de viajar a Bolivia y conocer su cultura y su gente. Aliento a todo el que lea esta memoria a atreverse a dar el paso en esta magnífica experiencia que es ayudar a los demás. Yo llegué a Bolivia desbordante de ilusión y sin saber realmente qué me esperaba. Tras seis semanas de intenso trabajo y después de una entrañable fiesta de despedida organizada por mis compañeros, mis alumnos y el padre Castellanos, subí al avión y entre lágrimas, crucé el Atlántico rumbo a casa recordando a todos los que me habían acompañado en esta experiencia iniciática que espero y deseo que sea la primera de muchas por venir.

Bibliografía

  • Agencia Boliviana de información, redacción general. En Bolivia 98 de cada 100 estudiantes culminan el ciclo escolar https://abi.bo/index.php/sociedad2/29737-en-bolivia-98-de-cada-100-estudiantes-culminan-el-ciclo-escolar#:~:text=Según%20el%20jefe%20de%20Estado,abandono” %2C%20dijo%20el%20presidente.
  • Bolivia – Gasto público en Educación. Expansión. Datos Macro. https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/educacion/bolivia 
  • España – Gasto público en educación. Expansión. Datos Macro. https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/educacion/espana
  • Juárez, J.M. & Comboni, S. (1997) SISTEMA EDUCATIVO Nacional de Bolivia / Ministerio de Desarrollo Humano – Secretaría Nacional de Educación y Organización de Estados Iberoamericanos. La Paz, Bolivia. Recuperado en: WayBackMachine https://web.archive.org/web/20070616233912/http://www.campus-oei.org/quipu/bolivia/index.html
  • Juárez, J.M. & Comboni, S. (2007) Sistema Educativo Nacional de Bolivia. Recuperado en: Observatorio de la educación Iberoamericana. https://web.archive.org/web/20070616233912/http://www.campus-oei.org/quipu/bolivia/index.html
  • Rocha, Cazorla, M. G. (2023) Causas de la deserción escolar en Bolivia. El diario. Decano de la prensa nacional. Recuperado en https://www.eldiario.net/portal/2023/07/12/causas-de-la-desercion-escolar-en-bolivia/ 

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Educación

Tres mil formas de educar. María Borrego Morales.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Campaña “un trato por el buen trato”.

Introducción

¿Qué es lo que tengo yo que aportar? Es la primera pregunta que me hice cuando me dieron la oportunidad de participar en este proyecto de cooperación al desarrollo. En esos momentos se apoderó de mí la inseguridad, la incertidumbre y el miedo, el miedo a no ser suficiente. Muchos dirán, “¿qué más da? Es solo un voluntariado, no te van a pagar…” pero nunca se trató de eso, sino de la cantidad de niños, niñas y adolescentes que dependerían de mí. Aun así, me fui despegando de mis miedos y de mis expectativas, ya que alguien debía concienciar a mi familia y a mis seres queridos que lo que más miedo da es el desconocimiento de otras culturas, de otras realidades, realidades que como persona y como psicóloga debía conocer. Y así es como llegué a Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra, al Plan 3000. 

El Plan 3000, también conocido como el Distrito Municipal Nº8 o ciudadela Andrés Ibáñez surgió hace 40 años como un realojamiento de aproximadamente tres mil familias que perdieron su hogar debido a la riada del río Piraí. Hoy día, el Plan 3000 cuenta con más de 320 mil habitantes, fruto de la migración de personas de todo el país, de todas las etnias, dejando, por tanto, una ciudadela habitada por una población multicultural con un objetivo común: salir adelante. Para ello, trabajan en los enormes mercados que caracterizan esta ciudadela, dónde conviven alimentos, ropa y electrodomésticos, y se sostiene por la solidaridad entre las miles de vendedoras organizadas en sus gremiales. Estos puestos se mantienen a pie de calle, sobre la tierra enlodada por aguas hediondas, encima de taburetes y bajo la chapa y la lona que forman los techos, dejando una aglomeración de puestos de frutas y verduras, carnes y cereales, y un sinfín de alimentos manipulados por mujeres de polleras largas y gestos frugales. Se intercalan con puestos de ropa, equipos de audio, DVD, cuadernos y bolígrafos, adornos y jabones, y las músicas nacidas de los más increíbles mestizajes. Esta realidad, no es una realidad fácil de imaginar para el europeo de clase media. El hacinamiento o la falta de educación y sanidad, son algunas de las necesidades que intentan subsanar la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, asociación en la que he estado implicada a lo largo de seis semanas, en concreto, el proyecto de Comunidades Educativas.

Comunidades Educativas Hombres Nuevos, un nexo entre familias y unidades educativas.

Cuando me seleccionaron en el proyecto de Comunidades Educativas Hombres Nuevos (CEHN) pensé, ¿cómo daré apoyo escolar si no recuerdo ni las divisiones? Lo que no era consciente era de la vital importancia que iba a tener mi figura profesional en el proyecto, en tanto que, la presencia de psicólogas, educadoras y trabajadoras sociales sería una gran vía para poder intervenir en aquellas problemáticas y necesidades que estaban pendientes de ser solventadas.

El proyecto CEHN se encarga de gestionar las 15 unidades educativas creadas por la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, dando respuestas educativas válidas a la realidad que viven los niños, niñas y adolescentes del Plan 3000.  Una realidad basada en la desnutrición, enfermedades, mortalidad infantil, hacinamiento, violencia en el hogar, analfabetismo, drogodependencias, negligencia, indiferencia la educación…una realidad que dificulta a los más pequeños crecer y desarrollarse de manera estable y segura, haciendo de CEHN, por tanto, uno de los proyectos más importantes para la comunidad. Las funciones realizadas por este proyecto no son pocas, desde la gestión propia hasta la intervención en problemáticas detectadas tanto en el equipo docente, como en la relación con los familiares, impartición de talleres, preparación de campañas de sensibilización o la realización de actividades de convivencia, como el encuentro que viví en el voluntariado, donde niños y niñas de nivel inicial de todas las unidades educativas jugaban y compartían.

En cuanto a mi trabajo, este se puede resumir a mi implicación diaria en dos de las unidades educativas, trabajando así en dos de los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad: la infancia y la adolescencia. Si bien el trabajo con ambas poblaciones supone una intervención totalmente diferente y adaptada, esta refleja la realidad similar que viven la mayoría de niños, niñas y adolescentes del Plan 3000. Esta realidad, derivada de multitud de factores donde se entremezcla la ausencia de unos padres que deben trabajar para llevar alimento a casa con la desinformación existente en cuanto a la educación, es aquella con la que he tenido que trabajar en un corto periodo de tiempo, explotando mis capacidades en un contexto con recursos limitados. Respecto a mi experiencia con la población adolescente, mi labor ha sido la de conocer, evaluar y apoyar a una serie de jóvenes, derivados por el equipo docente o por voluntad propia, con los que he podido tratar aquellas preocupaciones y dificultades que le impedían tener un buen rendimiento académico, una gestión óptima de los conflictos o una buena convivencia consigo mismos. Para ello, he tenido la oportunidad con cada uno/a de ellos/as de trabajar algunas de las áreas más inestables de la adolescencia: autoestima, inteligencia emocional, resolución de conflictos o asertividad.  

En cuanto a los más pequeños, tuve la más gratificante experiencia de descubrir mi amor por los niños y niñas, pudiendo acercarme un poco a este colectivo tan especial y tan lleno de energía, mediante la evaluación y la intervención socioeducativa, a través de las propias entrevistas y la elaboración de talleres de diversa índole (sexualidad, autoestima, acoso escolar…) que tuve la oportunidad de impartir tanto al alumnado como a madres y padres. La elaboración de estos talleres surgió de las necesidades detectadas tanto en el entorno académico como familiar de cada uno de los alumnos, en la que queda reflejada la falta de implicación familiar, de educación sexual y de afecto resultante de la realidad que viven. 

¿Qué he dejado y qué me llevo?

En definitiva, he podido vivir una experiencia que ha permitido desprenderme de mis prejuicios, ha permitido que me sienta incómoda e insegura para poder ser consciente de las realidades que se viven en los países del Sur, ha permitido que desarrolle una perspectiva intercultural y que pueda ver la vida como una mujer boliviana camba y procedente del Plan 3000. Se han vivido momentos difíciles, no puedo negarlo, pero eran necesarios para que mi experiencia fuese enriquecedora. No obstante, me llevo la satisfacción de poder haber dado un pedazo de mí, de mis saberes, de mis buenas intenciones, siempre adaptándome a los valores de esta comunidad, pero sobre todo me llevo la enseñanza que me ha dado cada una de las personas que he conocido, cada niño y niña que ha hablado conmigo, cada actividad realizada, cada taller impartido, cada día vivido en Plan, en suma, cada experiencia que he podido compartir con la comunidad que forma la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, el equipo de voluntarios y voluntarias de cooperación al desarrollo y cada una de las personas que he conocido y que me llevo en el corazón. Aunque haya aprendido tres mil formas de educar, me llevo más de tres mil lecciones aprendidas.

Mercado Nuevo del Plan 3000.

Encuentro alumnos y alumnas de nivel inicial.

Taller de sexualidad a alumnado de 5ºPrimaria de la U.E Juan Laborde Morel.

Taller de bullying a madres y padres de alumnado de 2ºESO de la U.E. Juan Laborde Morel.

Mi despedida con el Equipo Docente de la U.E. Juan Laborde Morel

Celebración de San Agustín con el equipo de Proyecto Hombres Nuevos

Mural de la sede de Proyecto Hombres Nuevos.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Pasantía en Investigación en Medicina Preventiva y Salud Pública con la Universidad de Antioquia, Medellín-Colombia. Proyecto Migraciones y Salud Pública. León González Casas.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

“La situación de salud (y la enfermedad) de las personas son el resultado de la manera en la que se vive y se trabaja, es decir, al final es el producto de cómo la sociedad se organiza y se distribuyen los recursos y oportunidades que en ella se generan; no es el resultado de un simple juego de probabilidades y va mucho más allá de la distribución, la oportunidad y la calidad de los servicios de atención a la enfermedad (cuestiones relevantes, pero de lo que no depende exclusivamente la salud de las personas). Las desigualdades sociales son la manifestación de la concentración y apropiación del poder y los recursos de la sociedad en unas pocas personas y grupos que han configurado unas formas de organización social injusta. Las desigualdades sociales matan a las personas y limitan sus posibilidades de desarrollar una vida plena, con libertad y autonomía; también, repercuten de manera directa en las desigualdades en salud. Actuar sobre las desigualdades sociales y sanitarias es un imperativo ético para todos los ciudadanos del mundo, es imprescindible que cambiemos el rumbo. 

En una región del planeta, Latinoamérica, de gran diversidad biológica y cultural, una zona de gran riqueza natural y social, pero que también es la más desigual del mundo. Sin embargo, vivir bajo esta configuración inequitativa de condiciones y opciones de vida se ha vuelto parte del paisaje” (Otálvaro Castro et al., 2023).

En los márgenes urbanos de Medellín nacen historias de resistencia y esperanza y se entrelazan historias de lucha y transformación, donde la cara de la desigualdad social se encarna en lo más alto de la montaña, pero permanece casi invisible. Colombia ha sido escenario de conflictos alimentados por divergencias políticas, luchas de poder, un campo de batalla donde las diferencias en torno a quién y cómo debe gobernar han dibujado un paisaje social tenso y complejo. “La gran mayoría de las organizaciones de la sociedad civil colombiana coinciden en señalar que la causa principal del desplazamiento es la violencia política (estado-grupos guerrilleros)” (2) la violación masiva de derechos humanos y el irrespeto constante de las normas del derecho internacional humanitario que buscan proteger la población civil.  En este contexto, el desplazamiento forzado emergió como una sombría realidad y una táctica de control político y militar, una estrategia empleada no solo por actores armados sino también por aquellos en posiciones de poder.

Esta crónica no es solo la historia de una comunidad que tiene sus orígenes en el desplazamiento al que llegó huyendo de la violencia y que es la más viva cara de una ciudad desigual si no de una comunidad que liderada por mujeres sabe levantarse todos los días para enfrentar sus desafíos. Según ACNUR para el primer semestre de 2023 Colombia fue el país con más desplazados internos del mundo, estos fenómenos de desplazamiento y de desigualdad social no solo representan un desafío logístico y humanitario, sino también una crisis de salud pública. La falta de acceso a servicios de salud adecuados, la variabilidad en la calidad de la atención recibida y las disparidades en los determinantes sociales de la salud son aspectos críticos que se han visto exacerbados por estos fenómenos.

En medio de este escenario se encuentra la Universidad de Antioquia y su Escuela Nacional de Salud Pública, un faro de compromiso en el ámbito de la salud pública. Bajo los principios de su fundador, Héctor Abad Gómez, esta institución se ha convertido en un símbolo de resistencia y dedicación a las causas sociales. Abad Gómez, un médico consiente de la importancia de abordar las necesidades en salud de las poblaciones y vincularlas con el análisis de la realidad, dejó un legado muy importante a través de su valiente denuncia de las injusticias sociales y las brechas en la atención sanitaria. Su vida, marcada por el coraje y la integridad, y su trágico asesinato en 1987 por intereses políticos ha inspirado a generaciones de profesionales de la salud, reafirmando el papel crucial de la Escuela Nacional de Salud Pública en Colombia.

La vereda Granizal es el segundo asentamiento más grande de Colombia y uno de los más extensos de América Latina.  Granizal se ha convertido en un lugar en el que conviven migrantes, desplazados internos, campesinos, afros e indígenas. Su población se acerca a los 25 mil habitantes en los que, el 80% aproximadamente, vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema. (3) Un lugar invisibilizado y que ha sido el refugio y hogar de campesinos desplazados de diversos municipios y zonas rurales de Colombia. Hasta allí llegué como parte de mi pasantía de investigación con la Universidad de Antioquia, la Escuela Nacional de Salud Pública y la facultad de Medicina, participando de proyectos de investigación que desde el maestro Héctor Abad Gómez han desarrollado en diferentes territorios de Medellín y que buscan transferir el trabajo académico a la realidad de la ciudad.

Durante muchos años, viví en Medellín, mi ciudad, una ciudad de contrastes. A pesar de ser mi casa, debo decir que Granizal era para mí un territorio desconocido, nunca había caminado sus calles. Quizás, en algún viaje en metro, había vislumbrado a Granizal a lo lejos, una silueta borrosa en el horizonte urbano, o tal vez había escuchado su nombre en algún telediario, casi siempre con toda seguridad, asociado a algún suceso trágico que se hace paisaje cotidiano.  

A pesar de enfrentar grandes retos, esta comunidad se ha organizado en una sinfonía de esfuerzo colectivo y esperanza. Comités de líderesas locales se han formado, cada uno dedicado a abordar aspectos cruciales como la infraestructura, la titularidad de tierras, la educación, la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y la generación de empleo. Estos comités no son simples agrupaciones; representan el pulso de una comunidad en transformación.

El proyecto que llegamos a conocer hace parte de la estrategia de un grupo de mujeres que se han formado junto a la Facultad de Medicina y que busca fortalecer el concepto de salud comunitaria. Son las promotoras de salud, mujeres valientes y comprometidas, cuya labor, aunque mayormente voluntaria, se ha convertido en el pilar de bienestar en esta comunidad. En ausencia de un apoyo del Estado, ellas a manos propias han levantado un pequeño recinto de madera que funciona como centro de salud, donde realizan labores de primer respondiente y atienden todo tipo de urgencias si la circunstancia lo obliga, en el centro de salud de Granizal no hay médicos, los periplos burocráticos no los llevan, no hay enfermeras, ni siquiera medicamentos o guantes. 

Estas promotoras con mucha voluntad y casi cero recursos han tejido una red de cuidado y prevención que sostiene a la comunidad. 

La siguiente es la reflexión que escribí desde allí, tan necesaria para sacar desde el alma el sentir que muchas veces nos limita la escritura académica y científica de la escuela biomédica. 

El capitalismo fagocita, insaciable, ya asilvestrado, un territorio y sus habitantes y lo invisibiliza, aunque en ese lugar se forje, a través de las mujeres, una unión de comunidades diferentes, que se ponen de acuerdo para sencillamente, vivir. 

Este cruel sistema socioeconómico se nutre de las desigualdades y lo renueva y lo mantiene vivo para que se asiente la desesperación y lo peor, la muerte. Sin embargo, afortunadamente, entre sus habitantes no hay rendición. (Así reza el bellísimo texto en una placa, que se erige a la puerta del puesto de salud: “Aquí nace, crece y se hace realidad el sueño de una comunidad humilde, luchadora, emprendedora y digna que jamás de rinde”. 

Utilizan la herramienta más importante y potente que posee la sociedad, se convierten en un equipo unido (no hay otro mecanismo más saludable que este, pues enferma al monstruo insaciable). Ese equipo unido regurgita y vomita una expresión de lucha, basada en la búsqueda del derecho humano que debería ser sagrado: el bienestar social con todos sus condicionantes, la legalización de sus casas, colegios públicos, centros de salud con médicos, caminos, agua potable.

Esta lucha en Granizal tiene nombre de mujer, estas doce mujeres, doblemente explotadas por el sistema económico y patriarcal, se rebelan y proporcionan un sello, por tanto, una visión nueva y limpia de contaminación machista. No es baladí que, incluso consigan estas mujeres abrir paso a un nuevo prototipo de hombre: el número trece del equipo, es un joven de 18 años, que, junto a ellas, con absoluto entendimiento, trabajan en la lucha diaria por hacer digno este territorio. No es casual tal vez, que se junten allí afros, indígenas, campesinos y desplazados víctimas de un sistema y un largo conflicto.

Es el mismo sistema capitalista corrupto en sí mismo, el que se mantiene y pervive a través de la injusticia social, le interesa provocar las desigualdades sociales; sin embargo, esta nueva experiencia de territorio desborda lo político y lo académico. Por ello, no se quiere levantar a un muerto en Granizal, y no interesa porque levantar a un cadáver es levantar acta de un fracaso político y de las administraciones; de ahí que se “tiren la pelotica” entre los municipios de Bello y Medellín. No existe un plan de ordenamiento territorial. Por esta razón la muerte no debe dejar rastro, para que no haya responsabilidades.

Así mismo, desde lo académico, aunque se aporten algunas soluciones, estas además de ser parciales, pecan en el intento, porque pareciera una mirada e intervención desde “afuera” (como el que visita un zoo) están cansadas de recibir a gente que luego se va, es lo que manifiestan.

El que escribe este artículo en este sentido, después de revisar la literatura científica, así como analizar las experiencias en otros territorios apuesta dentro de la formulación del talento humano en la salud, por subrayar un importante cambio, contratar a estas mujeres como promotoras de la salud. Se trata de contratar a la gente del territorio, pues ellas son las que saben de las necesidades de su territorio.

Encuentro en la fuerza que brota de escuchar hablar a estas mujeres tan auténticamente el significado de la dignidad, esperanza y la energía que de manera diáfana une mis raíces con las suyas en la búsqueda de la felicidad y del “buen vivir”.

La siguiente es la pregunta que hice a mi tutor académico en Colombia, Gabriel Jaime Otalvaro, autor del primer párrafo que abre este texto y deja abierta la posibilidad para que entre todxs los que deseemos podamos vincularnos con la comunidad de Granizal:

 ¿De qué forma pueden aportar las organizaciones internacionales, academia y ciudadanos para impulsar el bienestar de la comunidad de Granizal, según su experiencia y perspectiva como experto en salud pública?

Las organizaciones internacionales pueden aportar al bienestar de las comunidades a partir de la generación de procesos de intercambio de saberes, experiencias y perspectivas, en los cuales, expertos y/o funcionarios de estas organizaciones activen procesos de reconocimiento, escucha y diálogo de las realidades locales, de los saberes y prácticas construidas por las comunidades para responder a sus necesidades, a partir de lo cual, pueden activar procesos de intercambio, de retroalimentación, de canalización de apoyos, tendientes a fortalecer las capacidades de los actores locales.

– Apoyo en la sistematización de experiencias en alguna o las diferentes líneas de trabajo de las mujeres y jóvenes líderes

– Formación en estrategias específicas en temáticas de justicia climática, de género, incidencia política

– Apoyo en infraestructura y equipamiento para el desarrollo de las estrategias de comunicaciones 

– Apoyo y acompañamiento en el proceso de planeación y monitoreo del plan de salud pública territorial (algo que desean hacer las promotoras).

Autor: León González Casas

Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada. 

  1. Otálvaro Castro GJ, Ramirez AF, Santa HA, Cano Bedoya SM, Guzmán Cano S, Espinosa Ruiz V, et al. Dispar: La experiencia de vivir en una ciudad desigual. [Internet]. Marzo 2023; [Volumen(número)]:[páginas]. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/369388153_Dispar_La_experiencia_de_vivir_en_una_ciudad_desigual.
  2. Doria-Falquez LM, Reales-Silvera L, Russo De Vivo AR. Condiciones de vida después del desplazamiento forzado: Experiencias y percepciones de niños, niñas y sus cuidadores. Psicoperspectivas. 2021;20(1):95-105. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-69242021000100095&lng=es&nrm=iso. ISSN 0718-6924. DOI: 10.5027/psicoperspectivas-vol20-issue1-fulltext-2111.
  3. World Vision Colombia. Salud y bienestar para la Vereda Granizal [Internet]. [citado 2023-12-18]. Disponible en: https://www.worldvision.co/sala-de-prensa/salud-y-bienestar-para-la-vereda-granizal.

Publicado en: Colombia, TFM/G Etiquetado como: Género, salud

A través de los ojos de Yuliza. Laura Delgado Díaz.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El equipo de Comunidades Educativas Hombres Nuevos (CEHN) junto a l@s voluntari@s, durante la actividad “Encuentro de inicial”

Este es un relato (y a su vez, análisis) de la realidad de una de las últimas menores que tuve oportunidad de atender durante mi voluntariado, como no puede ser de otra manera. Para mí, y tras recibir distintos casos y problemáticas, se convirtió en reflejo de muchas familias bolivianas, así como de sus esfuerzos por conciliar la situación socio-económica, las exigencias socio-educativas y los procesos de parentalidad normativos. Por motivos de confidencialidad, los nombres serán sustituidos, la historia ligeramente modificada y los detalles reservados; de la misma manera, las fotos son meramente ilustrativas. No es otra la intención, que la de acercar al lector a la realidad de vari@s menores en Bolivia; y, por tanto, a la de sus familias y otros agentes periféricos a la infancia. 

La menor (y las exigencias de la infancia) 

Yuliza tiene 11 años y está en su último curso de primaria; en esta tesitura, ha de enfrentarse a distintas exigencias. Por un lado, están las exigencias de clase: ya es prácticamente una estudiante de secundaria, por lo que ha de rendir como tal; al fin y al cabo, “su futuro depende de ello”, o eso le han dicho. Paralelamente, enfrenta las exigencias del hogar: siendo la hermana mayor (y padeciendo su hermana de una discapacidad), ha de asumir el rol de cuidadora. Asimismo, es “ama de casa” a turno completo, pues sus padres trabajan durante jornadas intensivas y no pueden atenderlas; “para asegurarles un buen futuro”, o eso le han dicho. Finalmente, se topa con las exigencias de la adolescencia: su cuerpo está cambiando y su personalidad está desarrollándose. Le preocupa ser una buena mujer, en todos sus sentidos; porque sabe, “las buenas mujeres tienen un buen futuro”, o eso le han dicho.  

Pese a su corta edad, Yuliza reúne distintas preocupaciones: la relación de sus padres, la salud de su hermana, la economía familiar, su popularidad, su físico y su alimentación, las tareas de clase y las llamadas de atención de la profesora (…) y por supuesto, su futuro; porque así se lo han indicado. Dadas las circunstancias, Yuliza no conoce las exigencias de la infancia: tener tiempo para jugar tras las tareas, probar un nuevo sabor de helado o visitar el parque el fin de semana. Y entre preocupación y preocupación y pese a que su vida está comenzando, a veces se plantea el sentido de la misma. 

Porque Yuliza, no ha tenido la oportunidad de vivir…, como la niña que es.

Una de las menores del Proyecto Comedor “La Alegría”, durante las labores de apoyo educativo

La familia (y el desplazamiento del ser)

La familia de Yuliza está formada por sus padres, Ricardo y María, y por su hermana de cinco años, Liliana. Según la menor, solo comparten tiempo los domingos, cuando suele presenciar las fuertes discusiones de sus padres; muchas veces, ella es el motivo de las mismas: porque no ayuda lo suficiente o porque no se comporta como la mujer que debería ser. Por las mismas razones, otras tantas veces la tratan; si es necesario, con un cinturón. Yuliza no siente cariño por sus padres, ni por su hermana; y según la misma, ha de ser mutuo. 

Considerando las circunstancias descritas, se tomaron medidas de inmediato. El primer paso era contactar con los padres; y una, en su inocencia y prejuicio, se prepara para enfrentar el conflicto, la negación y la posible negligencia. En su lugar, estaban Ricardo y María; personas que se habían visto desplazadas por la paternidad, especialmente al enfrentar la discapacidad de Liliana. Desde que nació, sus vidas consistían en trabajar y trabajar, de sol a sol, en el sentido más literal; con el último propósito de garantizar un futuro para sus hijas. Por el mismo motivo, sacrificaban su tiempo libre, sus horas de descanso, su relación de pareja y con otros familiares, sus amistades, su intimidad y espacio, su fe…, y su salud física y psicológica. Ambos, presentaban un cuadro de depresión, estrés y ansiedad; ambos, reconocían haberse planteado el sentido de ser…, resultando sus hijas su único motivo por el que seguir luchando. 

Porque Ricardo y María, no han tenido la oportunidad de ser…, ni personas, ni padres. Porque Yuliza y Liliana, no han tenido la oportunidad de ser…, ni hijas, ni hermanas.

Altar a la “Virgen de Cotoca”, imagen de referencia para much@s cruceñ@s

La escuela (y los límites de sus agentes)

La escuela (y sus agentes) es el último protagonista de este caso. En la misma, Yuliza encuentra refugio…, en sus confidentes y compañer@s y, sobre todo, en su profesora, a la que considera una segunda madre. Por su parte, Patricia cumple varios roles: el de profesora, el de orientadora, el de psicóloga y el de educadora. Es quien escucha, apoya y anima a Yuliza: resuelve sus dudas e incertidumbres, en todos los sentidos. Pero Patricia, tiene varios casos similares al de la menor…, y rápidamente encuentra sus límites: no puede ofrecer la nivelación ni la adaptación curricular que requiere; tampoco puede ser esa segunda madre. Además, Patricia está muy estresada, como el resto de sus compañer@s; porque las jornadas son intensas y demandantes y porque lleva cumpliendo varios roles demasiados años. 

Entre el personal de la escuela, la única figura es la del profesor. Esto limita la atención que reciben l@s menores: no existe un currículum adaptado a las necesidades educativas especiales, tampoco un orientador, trabajador o educador social o psicólogo; en definitiva, no hay mediador entre l@s docentes, l@s padres y madres y el alumnado. Como añadido, las prestaciones y servicios del Estado (nuestra seguridad social) están colapsados, por lo que la derivación no es una opción (mucho menos, la asistencia privada). Es aquí donde cobra sentido la labor de CEHN y por supuesto, la de l@s voluntari@s, con el propósito de superar dichos límites. Y esta labor toma como protagonista a Yuliza, pero también a sus padres, a l@s profesor@s y a todos aquellos periféricos a la menor.

Aula de primaria de una de las Unidades Educativas gestionadas por CEHN

El psicólogo (y el continuo entre la espada y la pared)

Contextualizado el caso de Yuliza, resta hablar de la figura del psicólogo. En Bolivia, resulta especialmente apreciada: la salud mental no es un tabú y es deseo de la mayoría acudir a este especialista, si bien suele resultar inaccesible a nivel económico; por las mismas razones, te acogen con los brazos abiertos. Aunque las demandas son varias (y variadas) suelen compartir una base estructural y social: la situación socio-económica del país (y por tanto, de la familia), los estilos parentales educativos (“heredados” y muy arraigados), el retraso del alumnado respecto a las expectativas curriculares (sobre todo, a raíz de la COVID-19) (…). Todo ello, se materializa en distintos miedos: al futuro, la inestabilidad y la incertidumbre, a “no ser buenos padres” o “no ser buen@s hij@s”, a “no cumplir con el currículum educativo” o “no cumplir como docente” (…). 

Como profesionales, ejercemos en un continuo entre la espada y la pared. Por un lado, porque todo conocimiento adquirido en España, sirve de poco o nada. Nadie te prepara para las problemáticas que enfrentas, pues están empapadas de la cultura, la situación socio-económica, las creencias locales y los “modos de hacer” y “ser” (y para esto, no existe curso o manual alguno). En la misma línea, se hace evidente que la psicología que aplicamos, continúa reservándose para el “varón, blanco y europeo”. Finalmente, enfrentamos la dificultad de equilibrar las exigencias de la familia y la escuela, a la par que buscamos el beneficio y la protección del menor. Siendo este el protagonista de toda intervención, es impensable cuidar sin generar auto-cuidado. Primero, a nosotr@s mism@s, porque el contexto en que trabajamos puede resultar estresante, sorprendente y sobre todo, crudo; segundo, a los padres y madres, pues difícilmente pueden ejercer una parentalidad positiva y funcional en contextos tan desfavorables; y finalmente, a l@s profesor@s, responsables no solo de la educación curricular de l@s menor@s, sino de propiciar un contexto en que las desigualdades no hagan presencia. 

En definitiva, uno puede concluir que hay mucho trabajo por hacer; pero más evidente resulta que hay mucho que aprender. En dos meses, difícilmente uno logra empaparse de todo el engranaje de una cultura, esos “modos de hacer” y de “ser”; difícilmente uno adapta su conocimiento al nuevo contexto y sus circunstancias; y difícilmente uno se libera de todos los prejuicios de la mirada occidental. No obstante, confío en el reconocimiento de aquell@s a quienes tuve el placer de atender y en el pequeño (pero aparentemente, significativo) cambio que generé en su historia vital; en cualquier caso, el agradecimiento siempre, siempre, siempre, correrá por mi cuenta. Porque nuestra huella, es ínfima en comparación a la de sus zapatos. 

“Carrera de sacos” durante la actividad “Encuentro de inicial”, organizada por CEHN

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

Bienvenida a Bolivia, el Amazonas te espera. María de los Ángeles Mora Ovalle.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El presente artículo es creado a partir de mi diario de campo personal basado en el voluntariado para la cooperación internacional, que llevé a cabo entre los meses de septiembre y octubre del año 2023, específicamente, en el proyecto Cuidado y rehabilitación de la vida silvestre en el Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi en Bolivia.

Se iba acabando el verano, según el calendario, y mi travesía recién comenzaba; fue un 07 de septiembre cuando, después de más de 24 horas de viaje, aterricé en Cochabamba, Bolivia, con una misión clara: llegar al Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi, ubicado a las afueras del municipio Villa Tunari.

No me lo creía, nunca estuvo en mi mente la posibilidad de viajar a Bolivia, pero al salir del Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann, ya era real, estaba en Bolivia, dispuesta a comenzar tan dichoso voluntariado para el que meses antes había aplicado. Solo disponía de una hoja de papel con instrucciones para llegar a la localidad, una vaga idea de lo que haría durante las próximas cuatro semanas y la total disposición y emoción que trae consigo una nueva experiencia. No obstante, debía conocer, con anterioridad a mi llegada, el propósito por el cual me aventuraba; es por ello, por lo que días antes me puse en la tarea de investigar un poco acerca de la ONG a la cual llegaría. Por los mismos motivos que me llevaron a conocer acerca de la labor de esta organización, considero importante centrar al lector en el contexto del voluntariado llevado a cabo. 

La Comunidad Inti Wara Yassi es una ONG boliviana que trabaja a favor de los animales silvestres; de la mano de un equipo de profesionales y voluntarios se encargan de darles una mejor calidad de vida a la fauna que ha sido rescatada del tráfico ilegal. CIWY tiene la misión de cuidar y aportar a la dignificación de la vida de los animales silvestres que en algún momento fueron vulnerados y retirados de su medio natural por el ser humano. Además, no solo concentran sus esfuerzos en acciones posteriores a la extracción de la fauna de su hábitat, sino que buscan prevenir este tipo de comportamientos del ser humano hacia los animales, por medio de campañas de educación a favor de la conservación y preservación de la biodiversidad, y la concientización del pueblo boliviano hacia la protección de la fauna y flora nativa. La ONG cuenta con tres santuarios ubicados en distintas zonas del país: Santuario Machía (Cochabamba), Santuario Ambue Ari (Santa Cruz) y Santuario Jacj Cuisi (La Paz); cada uno de estos cuenta con personal altamente cualificado para realizar las labores de cuidado y mantenimientos tanto de la fauna como de las instalaciones. En la actualidad, por motivos administrativos y territoriales, el Santuario Machía, al cual me dirigía e iba a ser mi destino final, se encuentra en un proceso de traslado desde hace tres años aproximadamente, y será reubicado, tanto instalaciones como animales y personal, en los dos santuarios restantes. 

He de decir que al conocer un poco la labor y proyección de CIWY me entusiasmé aún más, por ello, desde el desconocimiento total de lo que me esperaría y solo siguiendo las instrucciones que me dieron con anterioridad, con el constante monitoreo de la encargada de CIWY Machía, pude llegar al Santuario en surubí. 

A mi llegada, mis primeras impresiones no fueron acerca del lugar, sino que fueron sobre mi presencia en el mismo, me veía como una completa turista y, a simple vista, pareciera que no encajaba nada con el lugar, tal vez por mi vestimenta al momento de llegar o por mi extravagante elección de maletas para llevar mi equipaje, que usualmente sería ideal para un viaje largo, pero considerando que el Santuario se encuentra en la selva amazónica de Bolivia, sobresalían bastante mis dos maletas de 10 kilos arrastrables. A pesar de eso, cansada, hambrienta y expectante por lo que vendría a continuación, ese mismo día inició mi participación en CIWY como voluntaria internacional. 

Mi primera semana en el Santuario Machía debo definirla como de aprendizaje; era nueva, no conocía a nadie y no sabía qué debía hacer. A pesar de haber trabajado con animales silvestres con anterioridad, los contextos eran bastante diferentes. Mi experiencia radicaba en animales de zoológico, en donde se cuida y dignifica la vida animal, mientras el público visitante tiene la oportunidad de observar; los Santuarios de CIWY son totalmente opuestos a las premisas que maneja un recinto de esta índole, en este caso, se busca el bienestar de los animales y brindarles una vida digna sin exponerlos al contacto con visitantes. 

Con mi llegada, fui introduciéndome teóricamente en el funcionamiento interno de CIWY, su misión, visión, propósitos, metodología, todo aquello que tendría que saber para iniciar con las actividades más prácticas; la coordinadora y la bióloga del Santuario fueron orientándome en las reglas del lugar y presentándome con el personal e involucrados que desde ese momento serían mis compañeros, y más tarde amigos. 

Oficialmente, mi papel en CIWY inició el día 08 de septiembre; este día comenzó un proceso de aprendizaje práctico y experimental, que con el pasar de los días se iba nutriendo cada vez más. 

El Santuario Machía se divide en varias áreas, dependiendo de las necesidades y posibilidades de los animales, teniendo esto en cuenta, haré énfasis en los sectores con los que tuve más contacto a lo largo de mi estancia: el sector Tierra, al cual fui asignada, se encarga de dieciocho monos capuchinos, de los cuales catorce machos y dos hembras viven dentro de jaulas individuales, por aparte, dos hembras que se encuentran en libertad, pero se han acoplado tanto a la manada que son visitantes recurrentes  en esta área, especialmente, durante las horas de la comida; el sector Cielo, alberga diecisiete monos capuchinos que durante las noches son resguardados dentro de jaulas y, en las mañanas y tardes se encuentran en semilibertad por medio de la implementación de los runners; el Mirador 1 es un sector alejado de las instalaciones principales, a quince minutos caminando en subida, a mi parecer es un área bastante especial, pues vela por los monos que se encuentran en libertad a la vez que por los monos en runners, la entrada es restringida solo para personal autorizado por motivos de seguridad. A pesar de que gran parte del tiempo mi presencia se limitó exclusivamente al sector Tierra, visité los sectores Cielo y Mirador 1 en algunas ocasiones cuando se requería apoyo.

En el sector Tierra, conocí a quienes serían el foco de mi atención por las siguientes cuatro semanas; Peterli, Sterling, Chucky, Clarita, Martín, Santi, Roberto, Timo, Pepito, Juanito, Auri, Oliver, Víctor, Harold, Muelas, Martincho, Victoria y Tarzana, todos monos capuchinos, desde ese momento se convertirían en parte de mi vida social más inmediata y, sin imaginarlo, en mis consentidos con el pasar del tiempo. Aprendí que, como todo ser vivo, cada uno de estos monos tiene su propio carácter, y a pesar de que en un principio los veía a todos físicamente iguales el tiempo me demostró que no podían ser más distintos el uno del otro. 

Mis tareas en Tierra, como en todas las demás áreas, se enfocaban en velar por el bienestar de los animales; la entonces coordinadora del área se encargó de enseñarme todo lo que se debía hacer en el sector, además de aconsejarme acerca de cómo manejar a cada mono, explicándome que, dependiendo de su temperamento, yo, como nueva presencia, sería aceptada o no en su manada. 

La rutina era la siguiente:

  • De 07:00 a 08:00, comienza la jornada; siguiendo un cronograma de dietas divididas por días de la semana, se les sirve el desayuno a los monos, usualmente, consistía en dos tipos de verduras previamente lavadas y desinfectadas; luego de distribuir los alimentos, en el tiempo restante se inicia con la limpieza de las dos jaulas más grandes, en las que con ayuda de la presión de la manguera se retiran los restos de comida y suciedad que, posteriormente, serían retirados.
  • De 08:00 a 09:00, es la hora del desayuno del personal. 
  • De 09:00 a 12:30 se procede con la limpieza de las demás jaulas, manguereando y retirando los restos de comida y desechos que se encuentren al alcance, se les brinda agua a los monos y se les distribuye enriquecimiento ambiental, para luego iniciar con la limpieza interna de alguna jaula que se encuentre desocupada en el momento. La limpieza consiste en restregar los suelos que con el pasar del tiempo han ido acumulando moho, cepillar los elementos ubicados dentro de la jaula, desinfectar las instalaciones con amonio cuaternario disuelto en grandes cantidades de agua y, por último, ubicar el enriquecimiento ambiental dentro de la jaula, para luego cerrarla.
  • De 12:30 a 13:00, se prepara y distribuye el almuerzo de los monos, este consiste en frutas, frutos secos, semillas o croquetas.
  • De 13:00 a 14:30 es el almuerzo del personal.
  • De 14:30 a 16:30, se prepara y reparte el snack a los monos y se reanudan las labores de limpieza de la jaula que se esté organizando, usualmente, en este horario nos adentramos en la selva con el propósito de conseguir ramas de mediano tamaño para ambientar las jaulas dándoles una apariencia más selvática.
  • De 16:30 a 17:00, se rellenan los cuencos de agua, y se prepara y distribuye la cena de los monos, esta es bastante variada, puede consistir en frutas y granos en distintas elaboraciones.
  • De 17:00 a 17:30, se procede con la limpieza final de todas las jaulas y se termina la jornada.

El salir de las instalaciones en busca de ramas era un trabajo diario. Esta tarea fue una de las labores de las que más aprendí; ya que para conseguirlas debía de buscarlas primero, proceso que podría prolongarse un tiempo considerable debido a que se buscaban ciertas ramas con características específicas: ramas de tamaño mediano y grande con abundancia de hojas medianas. Al principio fue un reto, aventurarme a las zonas cercanas más selváticas, subiendo montañas, bajando al cauce del río o trepando grandes piedras, siempre acompañada de un machete para cortar las ramas. He de decir, que las primeras dos semanas yo era la persona menos habilidosa utilizando un machete, pero al ser un trabajo constante, con los días fui adquiriendo técnica para cortar sin mayor problema, además, tuve de maestro a uno de mis compañeros quien me enseñó como hacerlo con más facilidad.

De la rutina, aprendí que todas las labores que realizaba eran por los monos y para los monos; el alimentar, limpiar, desinfectar, jugar, se convirtieron en una rutina del día a día que amaba hacer.

Hubo ocasiones, en donde mi rutina cambiaba ligeramente, pues se estableció un horario de rotación del personal en donde cada cierto tiempo debía aventurarme dentro de la selva en un camino de quince minutos en subida para llegar a Mirador 1, equipada con una maleta llena de alimento y medicación para los monos que allí se encontraban; una vez allí, entregaba la maleta al encargado del área, quien distribuía su contenido, para después emprender mi camino de regreso a Tierra. De igual manera, hubo días donde el trabajo resultaba tan extenso que el encargado del sector Cielo solicitaba ayuda para terminarlo en horario. Si algo debo de resaltar es el espíritu colaborador y solidario que hay entre los miembros del personal, sentido que con el tiempo desarrollé, puesto que, a pesar de trabajar en sectores distintos, todos éramos un equipo trabajando por un mismo objetivo: darles una mejor calidad de vida a los animales silvestres que CIWY acoge.

Durante el transcurso de esta experiencia, debo decir que no todo fue color rosa, también hubo ciertas dificultades que afronté y que una vez superadas me hicieron entender donde me encontraba. En el Amazonas, las temperaturas y la elevada humedad propiciaban la abundancia de insectos, mismos a los que, aún hoy, les tengo terror, pero debía convivir con ellos cada día, pues en el Santuario se respeta la vida de todo ser vivo y, por mucha incomodidad que me causasen, tampoco era capaz de atentar en su contra. 

Con el pasar de los días, tanto el clima como los insectos fueron temas que aprendí a superar, claramente, de la mano de mis compañeros quienes cada vez que un bicho se acercaba a mi habitación corrían a ayudarme. Es inevitable para mí resaltar que el personal del lugar fue fundamental en mi proceso de adaptación; además, vivir en estas condiciones durante cuatro semanas me hizo madurar como persona y valorar mi propia cotidianidad. Descubrí aspectos de mí misma que no conocía, como la fuerza mental que puedo tener si me lo propongo; durante la jornada de trabajo ignoraba todos mis miedos e incomodidades, pues mi mente tenía un objetivo que alcanzar, no importaba cuantos bichos se me acercaban, ni pestañeaba; mientras que, fuera de la jornada, aseada y dispuesta a descansar, temía por lo mismo que no me importaba horas antes.

A pesar de las pequeñas dificultades, siempre esperaba ansiosa cada día ver a los monos, y muchos de ellos, también me esperaban con la misma emoción; como en el transcurso de todas las relaciones sociales, hay con quienes nos llevamos mejor que con otros, con los capuchinos pasaba lo mismo, dependiendo de su carácter me llevaba mejor con algunos, con otros teníamos una relación meramente formal y había otros a los que se les notaba que no era su persona favorita. 

Fueron los monos mismos quienes me enseñaron a leerlos: sus gestos, acciones, miradas, comportamientos y sonidos significaban cosas distintas. Tienen sus propias personalidades como Víctor con su típico carácter serio de macho alfa; Sterling, Muelas y Juanito con su enérgica actitud; Roberto que te recibe cada día con un grito de emoción y su característica ternura; Clarita quien siempre fue muy dócil y selectiva, tanto así que escogía su propia porción de comida cuando se le ofrecía; Auri y Martincho quienes siempre buscaban pillar alguna parte sobresaliente de mi vestimenta para jalarme; Santi, Tarzana y Victoria, quienes como cualquier grupo de amigas, se respaldaban una a la otra cuando estaban en desacuerdo con alguna acción que se hacía en Tierra; Harold, que nunca estaba demasiado lleno como para rechazar comida extra; Pepito y Timo, a los que les encantaban las ramas con flores de las mañanas; Chucky, siempre emocionado por la comida y atento a todo; Oliver abrazando su cobijita con su típico balanceo de adelante hacia atrás; Martín, que buscaba agarrar el cepillo cada vez que barría cerca de su jaula; y, Peterli que siempre acudía a mi llamado.

Cada uno era muy especial a su propia manera, y conociéndolos aprendí que sus instintos siguen presentes, muy a pesar de ser animales que modificaron sus comportamientos por influencia humana, siguen siendo animales silvestres y sus instintos no han desaparecido, es por ello, que se debe ser muy precavidos y entender que no se trata de muñecos de peluche; por el contrario, son seres vivos que pueden reaccionar en cualquier momento.

El trabajo con los monos capuchinos fue el elemento principal y propósito de mi voluntariado, pero no olvido que el factor humano estuvo presente todo el tiempo. Las encargadas del Santuario, en conjunto con los trabajadores, practicantes y demás voluntarios, todos fueron de gran apoyo durante mi estancia. Nuestra convivencia fue más allá del ámbito de trabajo, pues todos compartíamos casa; se trató de una experiencia totalmente multicultural, donde no solo pude conocer la cultura boliviana, específicamente de Villa Tunari, sino que, junto a la veterinaria y la bióloga del lugar, al ser las tres colombianas, pudimos compartir parte de la nuestra; una de estas oportunidades fue la noche de patacones, donde pudimos compartir esta delicia de Colombia y el Caribe acompañado de diversos aderezos y de buena música vallenata. Sin embargo, no fue el único momento que compartimos, nuestra vida en casa estaba llena de momentos en los que nos encontrábamos en la cocina a la hora de la cena o cuando nos reuníamos para hacerle una despedida a alguno de los trabajadores y voluntarios que ya habrían terminado su estancia con CIWY, estas siempre involucraban comida. 

Personalmente, la comida del lugar fue, como todo, una nueva experiencia para mí; la comida era vegetariana, pero era cocinada de distintas formas que ni se notaba la falta de carne, he de decir que los almuerzos eran una completa delicia. En muchas ocasiones, la cocinera del lugar, Doña Benita, nos deleitaba con sus delicias culinarias al terminar la jornada, en estos días esperábamos ansiosos a las 17:30 para darles un mordisco.

Bolivia me sorprendió de manera muy grata, mi estancia se caracterizó por la vivencia de buenos momentos en los que aprendí de una realidad diferente; logré adaptar mi rutina a la propia del lugar, mi dieta a la que se me proporcionaba y mis costumbres a las bolivianas, sin perder las mías; en este sentido, fue una experiencia totalmente recíproca en las que CIWY me aportaba y yo los apoyaba con los trabajos que se me asignaran. 

Este voluntariado internacional me enseñó más de lo que podría haber imaginado y me llevó a conocer personas maravillosas que me aportaron al desarrollo de una nueva versión de mí misma, en donde soy consciente del gran poder que tiene el ser humano sobre los demás individuos de la naturaleza y de cómo el mismo ha aprovechado esta ventaja de manera perjudicial y soberbia sobre la misma. El cómo llegaron estos animales a CIWY y bajo qué circunstancias específicas son situaciones bastante lamentables, pero después de mi experiencia he de decir que han llegado al mejor lugar, en el que son cuidados y apreciados, se les valora como individuos y se dignifica su condición de animales silvestres sin olvidar que poseen instintos presentes. 

A pesar de que la existencia de este tipo de organizaciones como CIWY se deba al mal obrar del ser humano, no quiere decir que la extracción de un animal silvestre de su hábitat sea acción positiva; por el contrario, a los animales les repercute más de lo que les aporta. Estos centros surgen como herramienta para amortiguar los efectos que causa está interacción humano-animal, pero lo ideal es prevenir este tipo de comportamientos respetando su hábitat natural y a la naturaleza en sí.

Chucky y Clarita acicalándose. 

Roberto después de recibir su comida.

Noche de patacones en casa del personal y voluntarios

Yo en el sector Tierra.

Preparando la cena de los monos capuchinos: bolas de avena y plátano.

Clarita viéndose al espejo que se le da como enriquecimiento ambiental.

Mural de CIWY

Monos del Sector Tierra.

Timo restregandose una cebolla que le fue entregada como enriquecimiento ambiental.

Ambientando las jaulas con las ramas previamente cortadas.

Yo dándole comida a los monos.

Clarita escogiendo su propia comida.

Marta y Santi acicalándose.

Ramas para ambientar las jaulas.

Cronograma de comidas de los monos capuchinos.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Sostenibilidad ambiental

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