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Pasantía en Investigación en Medicina Preventiva y Salud Pública con la Universidad de Antioquia, Medellín-Colombia. Proyecto Migraciones y Salud Pública. León González Casas.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

“La situación de salud (y la enfermedad) de las personas son el resultado de la manera en la que se vive y se trabaja, es decir, al final es el producto de cómo la sociedad se organiza y se distribuyen los recursos y oportunidades que en ella se generan; no es el resultado de un simple juego de probabilidades y va mucho más allá de la distribución, la oportunidad y la calidad de los servicios de atención a la enfermedad (cuestiones relevantes, pero de lo que no depende exclusivamente la salud de las personas). Las desigualdades sociales son la manifestación de la concentración y apropiación del poder y los recursos de la sociedad en unas pocas personas y grupos que han configurado unas formas de organización social injusta. Las desigualdades sociales matan a las personas y limitan sus posibilidades de desarrollar una vida plena, con libertad y autonomía; también, repercuten de manera directa en las desigualdades en salud. Actuar sobre las desigualdades sociales y sanitarias es un imperativo ético para todos los ciudadanos del mundo, es imprescindible que cambiemos el rumbo. 

En una región del planeta, Latinoamérica, de gran diversidad biológica y cultural, una zona de gran riqueza natural y social, pero que también es la más desigual del mundo. Sin embargo, vivir bajo esta configuración inequitativa de condiciones y opciones de vida se ha vuelto parte del paisaje” (Otálvaro Castro et al., 2023).

En los márgenes urbanos de Medellín nacen historias de resistencia y esperanza y se entrelazan historias de lucha y transformación, donde la cara de la desigualdad social se encarna en lo más alto de la montaña, pero permanece casi invisible. Colombia ha sido escenario de conflictos alimentados por divergencias políticas, luchas de poder, un campo de batalla donde las diferencias en torno a quién y cómo debe gobernar han dibujado un paisaje social tenso y complejo. “La gran mayoría de las organizaciones de la sociedad civil colombiana coinciden en señalar que la causa principal del desplazamiento es la violencia política (estado-grupos guerrilleros)” (2) la violación masiva de derechos humanos y el irrespeto constante de las normas del derecho internacional humanitario que buscan proteger la población civil.  En este contexto, el desplazamiento forzado emergió como una sombría realidad y una táctica de control político y militar, una estrategia empleada no solo por actores armados sino también por aquellos en posiciones de poder.

Esta crónica no es solo la historia de una comunidad que tiene sus orígenes en el desplazamiento al que llegó huyendo de la violencia y que es la más viva cara de una ciudad desigual si no de una comunidad que liderada por mujeres sabe levantarse todos los días para enfrentar sus desafíos. Según ACNUR para el primer semestre de 2023 Colombia fue el país con más desplazados internos del mundo, estos fenómenos de desplazamiento y de desigualdad social no solo representan un desafío logístico y humanitario, sino también una crisis de salud pública. La falta de acceso a servicios de salud adecuados, la variabilidad en la calidad de la atención recibida y las disparidades en los determinantes sociales de la salud son aspectos críticos que se han visto exacerbados por estos fenómenos.

En medio de este escenario se encuentra la Universidad de Antioquia y su Escuela Nacional de Salud Pública, un faro de compromiso en el ámbito de la salud pública. Bajo los principios de su fundador, Héctor Abad Gómez, esta institución se ha convertido en un símbolo de resistencia y dedicación a las causas sociales. Abad Gómez, un médico consiente de la importancia de abordar las necesidades en salud de las poblaciones y vincularlas con el análisis de la realidad, dejó un legado muy importante a través de su valiente denuncia de las injusticias sociales y las brechas en la atención sanitaria. Su vida, marcada por el coraje y la integridad, y su trágico asesinato en 1987 por intereses políticos ha inspirado a generaciones de profesionales de la salud, reafirmando el papel crucial de la Escuela Nacional de Salud Pública en Colombia.

La vereda Granizal es el segundo asentamiento más grande de Colombia y uno de los más extensos de América Latina.  Granizal se ha convertido en un lugar en el que conviven migrantes, desplazados internos, campesinos, afros e indígenas. Su población se acerca a los 25 mil habitantes en los que, el 80% aproximadamente, vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema. (3) Un lugar invisibilizado y que ha sido el refugio y hogar de campesinos desplazados de diversos municipios y zonas rurales de Colombia. Hasta allí llegué como parte de mi pasantía de investigación con la Universidad de Antioquia, la Escuela Nacional de Salud Pública y la facultad de Medicina, participando de proyectos de investigación que desde el maestro Héctor Abad Gómez han desarrollado en diferentes territorios de Medellín y que buscan transferir el trabajo académico a la realidad de la ciudad.

Durante muchos años, viví en Medellín, mi ciudad, una ciudad de contrastes. A pesar de ser mi casa, debo decir que Granizal era para mí un territorio desconocido, nunca había caminado sus calles. Quizás, en algún viaje en metro, había vislumbrado a Granizal a lo lejos, una silueta borrosa en el horizonte urbano, o tal vez había escuchado su nombre en algún telediario, casi siempre con toda seguridad, asociado a algún suceso trágico que se hace paisaje cotidiano.  

A pesar de enfrentar grandes retos, esta comunidad se ha organizado en una sinfonía de esfuerzo colectivo y esperanza. Comités de líderesas locales se han formado, cada uno dedicado a abordar aspectos cruciales como la infraestructura, la titularidad de tierras, la educación, la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y la generación de empleo. Estos comités no son simples agrupaciones; representan el pulso de una comunidad en transformación.

El proyecto que llegamos a conocer hace parte de la estrategia de un grupo de mujeres que se han formado junto a la Facultad de Medicina y que busca fortalecer el concepto de salud comunitaria. Son las promotoras de salud, mujeres valientes y comprometidas, cuya labor, aunque mayormente voluntaria, se ha convertido en el pilar de bienestar en esta comunidad. En ausencia de un apoyo del Estado, ellas a manos propias han levantado un pequeño recinto de madera que funciona como centro de salud, donde realizan labores de primer respondiente y atienden todo tipo de urgencias si la circunstancia lo obliga, en el centro de salud de Granizal no hay médicos, los periplos burocráticos no los llevan, no hay enfermeras, ni siquiera medicamentos o guantes. 

Estas promotoras con mucha voluntad y casi cero recursos han tejido una red de cuidado y prevención que sostiene a la comunidad. 

La siguiente es la reflexión que escribí desde allí, tan necesaria para sacar desde el alma el sentir que muchas veces nos limita la escritura académica y científica de la escuela biomédica. 

El capitalismo fagocita, insaciable, ya asilvestrado, un territorio y sus habitantes y lo invisibiliza, aunque en ese lugar se forje, a través de las mujeres, una unión de comunidades diferentes, que se ponen de acuerdo para sencillamente, vivir. 

Este cruel sistema socioeconómico se nutre de las desigualdades y lo renueva y lo mantiene vivo para que se asiente la desesperación y lo peor, la muerte. Sin embargo, afortunadamente, entre sus habitantes no hay rendición. (Así reza el bellísimo texto en una placa, que se erige a la puerta del puesto de salud: “Aquí nace, crece y se hace realidad el sueño de una comunidad humilde, luchadora, emprendedora y digna que jamás de rinde”. 

Utilizan la herramienta más importante y potente que posee la sociedad, se convierten en un equipo unido (no hay otro mecanismo más saludable que este, pues enferma al monstruo insaciable). Ese equipo unido regurgita y vomita una expresión de lucha, basada en la búsqueda del derecho humano que debería ser sagrado: el bienestar social con todos sus condicionantes, la legalización de sus casas, colegios públicos, centros de salud con médicos, caminos, agua potable.

Esta lucha en Granizal tiene nombre de mujer, estas doce mujeres, doblemente explotadas por el sistema económico y patriarcal, se rebelan y proporcionan un sello, por tanto, una visión nueva y limpia de contaminación machista. No es baladí que, incluso consigan estas mujeres abrir paso a un nuevo prototipo de hombre: el número trece del equipo, es un joven de 18 años, que, junto a ellas, con absoluto entendimiento, trabajan en la lucha diaria por hacer digno este territorio. No es casual tal vez, que se junten allí afros, indígenas, campesinos y desplazados víctimas de un sistema y un largo conflicto.

Es el mismo sistema capitalista corrupto en sí mismo, el que se mantiene y pervive a través de la injusticia social, le interesa provocar las desigualdades sociales; sin embargo, esta nueva experiencia de territorio desborda lo político y lo académico. Por ello, no se quiere levantar a un muerto en Granizal, y no interesa porque levantar a un cadáver es levantar acta de un fracaso político y de las administraciones; de ahí que se “tiren la pelotica” entre los municipios de Bello y Medellín. No existe un plan de ordenamiento territorial. Por esta razón la muerte no debe dejar rastro, para que no haya responsabilidades.

Así mismo, desde lo académico, aunque se aporten algunas soluciones, estas además de ser parciales, pecan en el intento, porque pareciera una mirada e intervención desde “afuera” (como el que visita un zoo) están cansadas de recibir a gente que luego se va, es lo que manifiestan.

El que escribe este artículo en este sentido, después de revisar la literatura científica, así como analizar las experiencias en otros territorios apuesta dentro de la formulación del talento humano en la salud, por subrayar un importante cambio, contratar a estas mujeres como promotoras de la salud. Se trata de contratar a la gente del territorio, pues ellas son las que saben de las necesidades de su territorio.

Encuentro en la fuerza que brota de escuchar hablar a estas mujeres tan auténticamente el significado de la dignidad, esperanza y la energía que de manera diáfana une mis raíces con las suyas en la búsqueda de la felicidad y del “buen vivir”.

La siguiente es la pregunta que hice a mi tutor académico en Colombia, Gabriel Jaime Otalvaro, autor del primer párrafo que abre este texto y deja abierta la posibilidad para que entre todxs los que deseemos podamos vincularnos con la comunidad de Granizal:

 ¿De qué forma pueden aportar las organizaciones internacionales, academia y ciudadanos para impulsar el bienestar de la comunidad de Granizal, según su experiencia y perspectiva como experto en salud pública?

Las organizaciones internacionales pueden aportar al bienestar de las comunidades a partir de la generación de procesos de intercambio de saberes, experiencias y perspectivas, en los cuales, expertos y/o funcionarios de estas organizaciones activen procesos de reconocimiento, escucha y diálogo de las realidades locales, de los saberes y prácticas construidas por las comunidades para responder a sus necesidades, a partir de lo cual, pueden activar procesos de intercambio, de retroalimentación, de canalización de apoyos, tendientes a fortalecer las capacidades de los actores locales.

– Apoyo en la sistematización de experiencias en alguna o las diferentes líneas de trabajo de las mujeres y jóvenes líderes

– Formación en estrategias específicas en temáticas de justicia climática, de género, incidencia política

– Apoyo en infraestructura y equipamiento para el desarrollo de las estrategias de comunicaciones 

– Apoyo y acompañamiento en el proceso de planeación y monitoreo del plan de salud pública territorial (algo que desean hacer las promotoras).

Autor: León González Casas

Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada. 

  1. Otálvaro Castro GJ, Ramirez AF, Santa HA, Cano Bedoya SM, Guzmán Cano S, Espinosa Ruiz V, et al. Dispar: La experiencia de vivir en una ciudad desigual. [Internet]. Marzo 2023; [Volumen(número)]:[páginas]. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/369388153_Dispar_La_experiencia_de_vivir_en_una_ciudad_desigual.
  2. Doria-Falquez LM, Reales-Silvera L, Russo De Vivo AR. Condiciones de vida después del desplazamiento forzado: Experiencias y percepciones de niños, niñas y sus cuidadores. Psicoperspectivas. 2021;20(1):95-105. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-69242021000100095&lng=es&nrm=iso. ISSN 0718-6924. DOI: 10.5027/psicoperspectivas-vol20-issue1-fulltext-2111.
  3. World Vision Colombia. Salud y bienestar para la Vereda Granizal [Internet]. [citado 2023-12-18]. Disponible en: https://www.worldvision.co/sala-de-prensa/salud-y-bienestar-para-la-vereda-granizal.

Publicado en: Colombia, TFM/G Etiquetado como: Género, salud

A través de los ojos de Yuliza. Laura Delgado Díaz.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El equipo de Comunidades Educativas Hombres Nuevos (CEHN) junto a l@s voluntari@s, durante la actividad “Encuentro de inicial”

Este es un relato (y a su vez, análisis) de la realidad de una de las últimas menores que tuve oportunidad de atender durante mi voluntariado, como no puede ser de otra manera. Para mí, y tras recibir distintos casos y problemáticas, se convirtió en reflejo de muchas familias bolivianas, así como de sus esfuerzos por conciliar la situación socio-económica, las exigencias socio-educativas y los procesos de parentalidad normativos. Por motivos de confidencialidad, los nombres serán sustituidos, la historia ligeramente modificada y los detalles reservados; de la misma manera, las fotos son meramente ilustrativas. No es otra la intención, que la de acercar al lector a la realidad de vari@s menores en Bolivia; y, por tanto, a la de sus familias y otros agentes periféricos a la infancia. 

La menor (y las exigencias de la infancia) 

Yuliza tiene 11 años y está en su último curso de primaria; en esta tesitura, ha de enfrentarse a distintas exigencias. Por un lado, están las exigencias de clase: ya es prácticamente una estudiante de secundaria, por lo que ha de rendir como tal; al fin y al cabo, “su futuro depende de ello”, o eso le han dicho. Paralelamente, enfrenta las exigencias del hogar: siendo la hermana mayor (y padeciendo su hermana de una discapacidad), ha de asumir el rol de cuidadora. Asimismo, es “ama de casa” a turno completo, pues sus padres trabajan durante jornadas intensivas y no pueden atenderlas; “para asegurarles un buen futuro”, o eso le han dicho. Finalmente, se topa con las exigencias de la adolescencia: su cuerpo está cambiando y su personalidad está desarrollándose. Le preocupa ser una buena mujer, en todos sus sentidos; porque sabe, “las buenas mujeres tienen un buen futuro”, o eso le han dicho.  

Pese a su corta edad, Yuliza reúne distintas preocupaciones: la relación de sus padres, la salud de su hermana, la economía familiar, su popularidad, su físico y su alimentación, las tareas de clase y las llamadas de atención de la profesora (…) y por supuesto, su futuro; porque así se lo han indicado. Dadas las circunstancias, Yuliza no conoce las exigencias de la infancia: tener tiempo para jugar tras las tareas, probar un nuevo sabor de helado o visitar el parque el fin de semana. Y entre preocupación y preocupación y pese a que su vida está comenzando, a veces se plantea el sentido de la misma. 

Porque Yuliza, no ha tenido la oportunidad de vivir…, como la niña que es.

Una de las menores del Proyecto Comedor “La Alegría”, durante las labores de apoyo educativo

La familia (y el desplazamiento del ser)

La familia de Yuliza está formada por sus padres, Ricardo y María, y por su hermana de cinco años, Liliana. Según la menor, solo comparten tiempo los domingos, cuando suele presenciar las fuertes discusiones de sus padres; muchas veces, ella es el motivo de las mismas: porque no ayuda lo suficiente o porque no se comporta como la mujer que debería ser. Por las mismas razones, otras tantas veces la tratan; si es necesario, con un cinturón. Yuliza no siente cariño por sus padres, ni por su hermana; y según la misma, ha de ser mutuo. 

Considerando las circunstancias descritas, se tomaron medidas de inmediato. El primer paso era contactar con los padres; y una, en su inocencia y prejuicio, se prepara para enfrentar el conflicto, la negación y la posible negligencia. En su lugar, estaban Ricardo y María; personas que se habían visto desplazadas por la paternidad, especialmente al enfrentar la discapacidad de Liliana. Desde que nació, sus vidas consistían en trabajar y trabajar, de sol a sol, en el sentido más literal; con el último propósito de garantizar un futuro para sus hijas. Por el mismo motivo, sacrificaban su tiempo libre, sus horas de descanso, su relación de pareja y con otros familiares, sus amistades, su intimidad y espacio, su fe…, y su salud física y psicológica. Ambos, presentaban un cuadro de depresión, estrés y ansiedad; ambos, reconocían haberse planteado el sentido de ser…, resultando sus hijas su único motivo por el que seguir luchando. 

Porque Ricardo y María, no han tenido la oportunidad de ser…, ni personas, ni padres. Porque Yuliza y Liliana, no han tenido la oportunidad de ser…, ni hijas, ni hermanas.

Altar a la “Virgen de Cotoca”, imagen de referencia para much@s cruceñ@s

La escuela (y los límites de sus agentes)

La escuela (y sus agentes) es el último protagonista de este caso. En la misma, Yuliza encuentra refugio…, en sus confidentes y compañer@s y, sobre todo, en su profesora, a la que considera una segunda madre. Por su parte, Patricia cumple varios roles: el de profesora, el de orientadora, el de psicóloga y el de educadora. Es quien escucha, apoya y anima a Yuliza: resuelve sus dudas e incertidumbres, en todos los sentidos. Pero Patricia, tiene varios casos similares al de la menor…, y rápidamente encuentra sus límites: no puede ofrecer la nivelación ni la adaptación curricular que requiere; tampoco puede ser esa segunda madre. Además, Patricia está muy estresada, como el resto de sus compañer@s; porque las jornadas son intensas y demandantes y porque lleva cumpliendo varios roles demasiados años. 

Entre el personal de la escuela, la única figura es la del profesor. Esto limita la atención que reciben l@s menores: no existe un currículum adaptado a las necesidades educativas especiales, tampoco un orientador, trabajador o educador social o psicólogo; en definitiva, no hay mediador entre l@s docentes, l@s padres y madres y el alumnado. Como añadido, las prestaciones y servicios del Estado (nuestra seguridad social) están colapsados, por lo que la derivación no es una opción (mucho menos, la asistencia privada). Es aquí donde cobra sentido la labor de CEHN y por supuesto, la de l@s voluntari@s, con el propósito de superar dichos límites. Y esta labor toma como protagonista a Yuliza, pero también a sus padres, a l@s profesor@s y a todos aquellos periféricos a la menor.

Aula de primaria de una de las Unidades Educativas gestionadas por CEHN

El psicólogo (y el continuo entre la espada y la pared)

Contextualizado el caso de Yuliza, resta hablar de la figura del psicólogo. En Bolivia, resulta especialmente apreciada: la salud mental no es un tabú y es deseo de la mayoría acudir a este especialista, si bien suele resultar inaccesible a nivel económico; por las mismas razones, te acogen con los brazos abiertos. Aunque las demandas son varias (y variadas) suelen compartir una base estructural y social: la situación socio-económica del país (y por tanto, de la familia), los estilos parentales educativos (“heredados” y muy arraigados), el retraso del alumnado respecto a las expectativas curriculares (sobre todo, a raíz de la COVID-19) (…). Todo ello, se materializa en distintos miedos: al futuro, la inestabilidad y la incertidumbre, a “no ser buenos padres” o “no ser buen@s hij@s”, a “no cumplir con el currículum educativo” o “no cumplir como docente” (…). 

Como profesionales, ejercemos en un continuo entre la espada y la pared. Por un lado, porque todo conocimiento adquirido en España, sirve de poco o nada. Nadie te prepara para las problemáticas que enfrentas, pues están empapadas de la cultura, la situación socio-económica, las creencias locales y los “modos de hacer” y “ser” (y para esto, no existe curso o manual alguno). En la misma línea, se hace evidente que la psicología que aplicamos, continúa reservándose para el “varón, blanco y europeo”. Finalmente, enfrentamos la dificultad de equilibrar las exigencias de la familia y la escuela, a la par que buscamos el beneficio y la protección del menor. Siendo este el protagonista de toda intervención, es impensable cuidar sin generar auto-cuidado. Primero, a nosotr@s mism@s, porque el contexto en que trabajamos puede resultar estresante, sorprendente y sobre todo, crudo; segundo, a los padres y madres, pues difícilmente pueden ejercer una parentalidad positiva y funcional en contextos tan desfavorables; y finalmente, a l@s profesor@s, responsables no solo de la educación curricular de l@s menor@s, sino de propiciar un contexto en que las desigualdades no hagan presencia. 

En definitiva, uno puede concluir que hay mucho trabajo por hacer; pero más evidente resulta que hay mucho que aprender. En dos meses, difícilmente uno logra empaparse de todo el engranaje de una cultura, esos “modos de hacer” y de “ser”; difícilmente uno adapta su conocimiento al nuevo contexto y sus circunstancias; y difícilmente uno se libera de todos los prejuicios de la mirada occidental. No obstante, confío en el reconocimiento de aquell@s a quienes tuve el placer de atender y en el pequeño (pero aparentemente, significativo) cambio que generé en su historia vital; en cualquier caso, el agradecimiento siempre, siempre, siempre, correrá por mi cuenta. Porque nuestra huella, es ínfima en comparación a la de sus zapatos. 

“Carrera de sacos” durante la actividad “Encuentro de inicial”, organizada por CEHN

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

Experiencia del programa de voluntariado internacional en Nicaragua. Paulina Gálvez Calinina.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Me gustaría compartir mi experiencia de voluntariado internacional en Nicaragua, en la localidad de Camoapa. Me llamo Polina y estudio Educación Social. He estado un total de 2 meses y una semana en este precioso país.

Nada más llegar al aeropuerto de Managua, viene la coordinadora del programa de voluntariado internacional, Ligia, a recogerte en taxi. Este tiene un precio de 1800 córdobas, que serían 50 dólares. Es verdad que es un precio alto, aunque es lo más recomendable, ya que recién llegado a Nicaragua, no es lo idóneo subirte a un autobús nica por primera vez. Es una experiencia curiosa que es mejor reservar una vez que el jetlag haya pasado. No es necesario pagarlo justo al llegar; lo puedes pagar unos días después sin problema. Este tarda cerca de 2 horas en llegar a Camoapa, un pueblo precioso y fantástico. El viaje en sí es una maravilla, ya que, comparándolo con el sur de España, se ve un contraste impresionante. Recuerdo que cada 5 minutos decía «Dios, pero cuánto verde». No podía parar de asombrarme por esas montañas tan verdes. En las siguientes fotos se pueden ver ejemplos de los preciosos paisajes naturales que tiene el país pues a Nicaragua se le conoce como “Tierra de lagos y volcanes” ya que hay 18 lagos y alrededor de 40 volcanes, y en mi experiencia diré que uno no ha estado en Nicaragua si no ha escalado un volcán. En mi último fin de semana subí al volcán Telica (16h entre ascenso y descenso) y de las mejores experiencias que me llevo. 

 Isla de Ometepe vista de un volcán en charco verde

Atardecer en la cima del volcán Telica

Luego, una vez llegada al destino, me ubicaron con mi familia de acogida. Debo decir que las familias, tanto la mía como otras que he conocido y con las que he tenido el placer de sentarme a platicar (como se dice charlar), han sido estupendas. Siendo mi caso, con mi familia Yesenia y Chila Sequeira, me comentaban experiencias con otros voluntarios donde se quejaban de las comidas y de otras cosas. Con respecto a la comida, hay que tener en cuenta que la dieta nica está basada en arroz de base y frijoles en todos sus modos (molidos, mezclados con arroz o por separado). Aunque se adaptan en la mayor medida posible a nuestras diferencias alimenticias, hay que ser consciente de que las comidas son muy distintas. Por lo tanto, hay que hacer un ejercicio previo y evitar comentarios del estilo de «hoy no como esto», ya que las familias ofrecen todo lo que tienen y más. Por otra parte, el agua caliente, el privilegio de darse una ducha con agua caliente después de un largo día trabajado con niños en Camoapa, no es posible porque no hay. De hecho, hay agua corriente solo 3 días a la semana, aunque en muchas casas tienen una especie de contenedores que retienen el agua para los días en los que no hay. También mencionar que, en mi casa, por ejemplo, lavábamos en una pila (en otras sí que usaban lavadora). La foto corresponde a una comida de despedida que hizo la familia de acogida de mi compañera Carmen, nuestra queridísima doña Lesbio me invitó y esto fue lo que comimos. Ese día comimos carne, ensalada, güirilas (las tortas grandes) están hechas de maíz duro y son un plato típico en Nicaragua, arroz, cuajada y crema, ambos son lácteos y están presentes en todas las comidas. 

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

En mi caso, éramos 8 en casa: Chila, Cindy, Juneisy, GretMari, Maria Jose, Doña Julieta, Don Candelario y yo. Teníamos habitaciones distintas organizadas como pequeños apartamentos. La rutina dentro de la casa era la siguiente: levantarse sobre las 5 am – 7 am. Desayunar sobre las 7.15-30 am (arroz con frijoles, tostadas de tomate, frijoles con huevo y como no, torta de maíz. Si en España comemos pan con todo, en Nicaragua son las tortas de maíz. A las 8 am, comenzaba la rutina en Luceros del Amanecer, que lo llamábamos de forma abreviada como «hogar» a secas, porque realmente es un hogar para todos los niños y niñas beneficiarios-as. Regresar a casa a las 16:30-17:00, charlar un poco con la familia, descansar, cenar sobre las 18:30-19:00 y dormir.

Parte de mi familia de acogida. Fiestas patronales de Camoapa

Con las familias de acogida, todo es tranquilo y cómodo. Creo que los principales problemas vienen por la inadaptabilidad a ciertas situaciones, ya que la falta de comodidades se percibe. Aunque, para ser realistas, no venimos a un hotel de 5 estrellas. Con respecto al agua caliente, al final uno acaba acostumbrándose porque las temperaturas no son como las españolas. En el día, los grados oscilan entre los 30º-35º y la sensación térmica no da pie a necesitar una ducha caliente.

Ahora lo que más interesa ¿cómo es un día en el hogar? El refuerzo escolar es lo que más se trabaja, por lo que de 10-11:30 y de 13-14:30 está destinado al refuerzo de forma diaria. Luego, hay muchas actividades que se planifican cada viernes con Ligia. Ella nos propone las actividades de la semana y los voluntarios nos vamos apuntando en las que más nos interesan. Algunas de las actividades que he hecho a lo largo de este tiempo han sido:

  • Refuerzo escolar, y personalmente, me encantaba.
  • Apoyo a Ligia en las clases de inglés.
  • Talleres tanto en el hogar como en las escuelas.
  • Intento fallido de una radio escolar.
  • Visita a las escuelas rurales y las urbanas (los alumnos de la Laguna Negra, que es una escuela rural, son maravillosos).
  • Visitas domiciliarias con mi queridísima Pastora, la trabajadora social.
  • Encuentros para padres y madres de familia (3 tuvimos).
  • Trabajo en la finca (trabajo de campo, sembrar plantas, mantenimiento en general).
  • Talleres de aprendizaje (jóvenes de 14 años que se preparan para el futuro trabajo, por ejemplo, para la panadería, farmacia, mecánica, talabartería).
  • Cocinando con Emma y Ana, intercambiando platos rusos y españoles en Nicaragua.
  • Encuentros para embarazadas.
  • Captación de líderes de barrio/embarazadas (informadores de embarazadas)

Quizás parezcan pocas actividades viéndolo sin estar en el contexto real, pero realmente se trabajaba todo el día. Las horas pasaban volando y cada día en el hogar era una aventura nueva. Por otra parte, respecto a proponer actividades, a la segunda semana le propuse a Ligia 4 actividades para hacer y así desde que me fui no he parado de proponer cosas. En Luceros, si hay alguna idea, bienvenida sea. Todo depende de la propia persona. Te puedes limitar a cumplir con las actividades semanales o bien puedes proponer cosas y muy, muy rara vez, te dirán que no.

Hogar Luceros del Amanecer, nuestro segundo hogar

Un día cualquiera en el hogar

También me gustaría compartir algunas particularidades de forma abreviada:

Tener en cuenta que entre Centroamérica y Sudamérica hay unas diferencias abismales en cuanto a desarrollo. Países como Chile y Argentina tienen un desarrollo más cercano al europeo (al menos en mi opinión). Nicaragua, sin embargo, está en proceso de desarrollarse. El estilo de vida es muy sencillo y primario en todos los sentidos que esto se pueda comprender. La principal fuente de economía de las personas depende de la agricultura y ganadería.

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

En cuanto a la religión, ¡qué gran problema puede suponer para alcanzar el bienestar social (lentes occidentales)! El hecho de que prácticamente el 99% de la población sea creyente para mí, personalmente, supuso un choque cultural. En el plano de las relaciones sexo-afectivas, la religión está muy presente en cualquier cuestión relacionada con este tema, por ejemplo:protección, embarazos, relaciones juveniles, terminología (usar los términos correctos para referirse a los genitales) ciclo menstrual, etc.Si hablamos de que a menores (14-15-16 años) embarazadas no se les ofrece la posibilidad del aborto porque eso sería pecado, ya que un hijo «es un regalo de Dios», te quedas sin palabras viniendo de un país como España. A lo que me vengo a referir es que en mi entorno cercano y para mí, el hecho de que niñas tan jóvenes sean madres aun siendo ellas unas niñas sin las habilidades personales ni sociales necesarias (capacidad para entablar una conversación, gestión de las emociones, capacidad de relacionarse, estudios mínimos, saber leer, escribir y un largo etc.) para enfrentarse al reto de la maternidad, es inconcebible, pues a ellas las veía demasiado alejadas de esto. También es cierto que con este tema mi visión es mucho más crítica porque despierta en mí una cuestión muy personal, y es la crítica a aquellas familias que tienen hijos por verlos como muñecos durante la infancia. ¿Pero qué sucede cuando crecen? Se podría resumir en que eran, y bueno son, niñas, futuras madres inmersas en una situación de vulnerabilidad que, sin embargo, se adentran en la gran aventura de ser madres a temprana edad sin ser conscientes (en mi opinión) de lo que implica tener hijos y lo que es la educación en sí misma.

En esta misma línea, para paliar las altas tasas de embarazos prematuros y violencias contra las niñas, lo que se busca es la abstinencia sexual y fomentar mucho los mitos del amor romántico como el de la media naranja. Así evitas tener varias relaciones y te ahorras una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Llegamos a escuchar como la enfermera dijo una vez: «Los chavalos con 15 años no pueden enamorarse». El caso es que peleaba mucho por encontrar el camino de tratar la sexo-afectividad, aunque fuese de un modo más «discreto». Al final se consigue hablar del tema porque restrictivos en el hogar no son, ni muchísimo menos, están encantados de escucharnos y de que propongamos actividades. Sin embargo, es importante antes de realizar las actividades comentarlas con Sebastián y Aleyda (directores del hogar) para evitar posibles discusiones y, en general, para que den el visto bueno. También comentar que se promueve la abstinencia sexual por el gran tabú que supone hablar sobre sexo, por la visión sobre la llegada de las nuevas tecnologías (son incitadoras y muestran información no adaptada a las edades), por el gran distanciamiento que hay entre chicos y chicas (roles de género), en las escuelas, por ejemplo, cuando las chicas juegan al fútbol no lo hacen con los chicos, se separan porque ellas son frágiles y ellos muy brutos (comentarios de propios profesores y alumnos), por miedo al VIH y otras ETS; en general, el tipo de sociedad es restrictiva y busca la disciplina en todas las esferas. Es una sociedad mucho más tradicional.

En Nicaragua, la necesidad de abordar la educación sexual, especialmente en el ámbito familiar, se presenta como una prioridad imperativa. El contexto cultural y las dinámicas de relaciones requieren una reflexión profunda sobre cómo promover un enfoque más saludable y responsable hacia la sexualidad. En la sociedad nicaragüense, persisten arraigadas creencias que afectan la manera en que se aborda la educación sexual en el seno familiar. Es común que los padres de familia mantengan relaciones extramatrimoniales sin que ello genere un cuestionamiento social significativo. Paralelamente, hablar abiertamente sobre preservativos y anticonceptivos sigue siendo un tema tabú, y prevalece la idea de que tener una relación sexual es sinónimo de reproducción, no se contempla el sexo por placer. 

Este paradigma está profundamente arraigado en concepciones religiosas que refuerzan la idea de que el hombre elige a la mujer y que esta debe mantenerse «pura» para asegurar su futuro matrimonial. La influencia de la religión, como se compartió en la radio católica del pueblo, ha perpetuado estigmatizaciones, llegando incluso a calificar a los homosexuales como encarnaciones de la lujuria, sugiriendo alejarse de ellos para preservar la integridad moral. En este contexto, la falta de normalización en el lenguaje utilizado para hablar de órganos sexuales contribuye a la desinformación y a la percepción negativa de la sexualidad. Sin embargo, la paradoja surge cuando se constata que hay múltiples relaciones sexuales que acaban en embarazos entre jóvenes de 14 años con varones mayores de edad o diferencias de edad que llegan a los 15-20 años. Para ejemplificar un poco todo esto, mencionaré un caso que acompaña a esta idea. Una vez, con la enfermera, en la identificación de jóvenes embarazadas, contactamos con una joven de 18 años que mantenía relación con un hombre de 36 años y que, además, era amigo de sus padres. Es decir, la madre y el padre estaban de acuerdo con esa relación y no veían peligro alguno, entonces me hago la pregunta de ¿en España se permitiría esto? sinceramente, no sabría responder porque conozco casos cercanos de relaciones con diferencias de edad abismales. En Nicaragua, sin embargo, ver este tipo de relaciones me dolía mucho, quizás por paternalizarlas de forma indirecta, pero las veía tan ingenuas, atrapadas bajo el mandato de un hombre que, en año o dos máximos, tendrá una nueva familia mientras ella se hace cargo de los hijos y vive con dolor, sin una posibilidad real de rehacer su vida por el estigma al que se podría enfrentar. 

Por lo que abogar por una educación sexual integral se presenta como una posible solución crítica para mitigar problemas como violaciones y embarazos prematuros. Al normalizar las conversaciones sobre sexo, se ofrece a las jóvenes herramientas para comprender sus cuerpos, ciclos menstruales y las complejidades de las relaciones íntimas. De esta manera, se desmitifica la sexualidad, permitiendo que las personas tomen decisiones informadas y consensuadas, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más saludable, respetuosa y combatiente sobre las imposiciones sobre género. 

Ahora bien, respecto a la religión, como comenté anteriormente para mí supuso un choque cultural porque la religión nunca ha estado presente en mi vida y tras ver el gran poder e influencia que tiene en Nicaragua me quedé sorprendida. El debate sobre la religión es muy controvertido y extenso por lo que no iré por esa línea, aunque me gustaría comentar ciertas situaciones que me dejaron en shock. Recuerdo que mi primera vez en misa fue con una niña del hogar y su familia, me vi en una situación super extraña porque todos estaban arreglados, con tacones, y yo me presenté con un chándal sin saber cómo se actúa en una misa. Una de las cosas que más me sorprendió es que las misas son bidireccionales; a los niños y niñas les hacen preguntas durante el transcurso de la misma. En Camoapa, y me atrevería a decir que, en todo Nicaragua, pero en especial en las zonas rurales (pueblos), la actividad de ocio favorita y dominante es ir a misa, por eso es tan común ver a la gente tan arreglada. Las mujeres tienen una oportunidad para ponerse los tacones, en fin, para lucirse un poco, se podría decir. Esto sucede porque otras actividades de ocio son consideradas vicio o se salen de presupuesto (tomarse una cerveza con las amigas, por ejemplo). Es cierto que hay dos locales de billar, aunque como se podrán imaginar, están invadidos por hombres. Las pocas mujeres que hay acompañan a sus parejas, pero se puede apreciar cómo esos sitios no están abiertos a ambos, mujeres y hombres.  

También, participé en otras actividades de la Iglesia como la tómbola anual que hacen para recaudar fondos. Estuvimos una mañana entera preparando güirilas (tortas de maíz tierno) con las personas locales y parte del equipo de trabajo, también estuvimos parte del tiempo ayudando en la venta de ropa de segunda mano y otras actividades. La finalidad de la tómbola no era solo recaudar fondos para la Iglesia si no, poder facilitar que las personas más vulnerables de Camoapa pudiesen comprar ropa y comida a un precio adaptado a sus necesidades. 

Tómbola en la Iglesia central de Camoapa

Para terminar con el tema de la religión, como reflexión personal, destaco que, al fin y al cabo, la religión ha tenido una función histórica a lo largo de la evolución de las sociedades. Ha sido sustentadora de la moral, independientemente de que una persona sea creyente o no. A veces, cuando nos encontramos en situaciones difíciles, resulta más fácil apoyarse o dar explicación a un suceso traumático o injusto a través de entidades poderosas (Dios), pues la confianza en uno mismo es finita. La fe, sin embargo, puede mantener sociedades en quiebra a flote, como ocurre en Nicaragua. Las situaciones que muchas familias viven requieren de una gran fuerza emocional para levantarse día tras día, por lo que es más fácil sustentarse en explicaciones divinas que ayudan a no centrarse en las desgracias que lo han provocado. Una vez, en el autobús de regreso a Camoapa, se sentó al lado mío una mujer de 26 años que predicaba el evangelio. Evidentemente, mi cara era todo un cuadro porque no sabía responder a sus preguntas sobre la divinidad. El caso es que me contó cómo se acercó ella a Dios y me dijo que, a sus 21-22 años, ella salía con sus amigas y que en su vida todo estaba bien, pero sentía un gran vacío. Entonces fue cuando se acercó a Dios y su corazón se llenó de amor, dejando atrás todos los sentimientos de soledad. Por ello, se encargaba de predicar su palabra para evitar que otras personas sufrieran lo que ella. Es aquí donde está el choque cultural. Para mí, se trata de algo humano y natural explicado por la psicología; para ella, por el contrario, la soledad se explicaba a través del evangelio. En la siguiente foto se puede ver la influencia religiosa porque no había autobús o establecimiento en el que estuviese presente algún salmo o algo relacionado con la creencia religiosa.

                                                Autobús cualquiera de Nicaragua 

La organización escolar también es interesante. Hay dos escuelas rurales dirigidas a las comarcas o bien para las zonas periféricas de la ciudad. Esto es porque hay falta de infraestructuras, aún hay muchos barrios de la zona que no están bien conectados entre sí ni adoquinados, muchos de nuestros niños/as tardaban 40 minutos en llegar al hogar y las escuelas urbanas están en el centro por lo que, para facilitarles la educación a los menores de las comarcas, construyeron dos escuelas en estas zonas. Estos centros son más pequeños, tienen más riesgo de que las familias se opongan a que los niños/as vayan a la escuela ya que son aún más tradicionales, con otras vivencias y más centradas en el trabajo, por lo que para las profesoras supone un reto que los niños/as sigan escolarizados, aunque con ayuda del personal del hogar lo lograban. También hay dos escuelas urbanas, un instituto de secundaria y otro centro privado. Bien, pues no hay centros como nos lo imaginamos en España, es decir, un edificio con distintas salas donde se da clase, no. En Nicaragua son como una especie de invernaderos pequeños/medianos separados y por clase puede haber entre 30-40-50 alumnos divididos en dos grados, es decir, 1º y 2º en el mismo espacio. Luego en las urbanas los grados no se mezclan, pero la cantidad de alumnos aumenta. Por otra parte, mencionar que el período escolar es de 11 meses, aunque tienen muchísimas fiestas (del maíz, reina de la escuela, etc.) que al final equivalen al período de verano, solo que está repartido durante esos meses, no son seguidos.

Para finalizar, mencionar que de política no se habla, a no ser que alguien empiece el tema. Pero por lo general, es un tema que es mejor evitar o hablar desde la ignorancia e interés simplemente por conocer las opiniones de los demás. Pero recomiendo no hablarlo tipo «¿qué opinas de tal?» Simplemente dejar que todo fluya en ese sentido, mejor escuchar y luego debatir con los voluntarios si se desea. Por último, los fines de semana que viajé sola preguntando a lugareños sobre cómo llegar a tal sitio, muchos de ellos, aun siendo de día, me acompañaban al destino por miedo a que me pasara algo. Pero puedo decir firmemente que Nicaragua es un país seguro y en ningún momento sentí miedo viajando por el país. También que el que te pidan fotos por la calle casi se puede decir que es algo normal.

En definitiva, Camoapa es un pueblo precioso con una gente bellísima también siempre dispuesta a darte un plato de comida (intimé con 2 familias y las tres semanas que estuve en Camoapa, cuando las visitaba, no me dejaban ir sin un buen plato de arroz y frijoles) y el trabajo en Luceros del Amanecer es de las mejores experiencias que me llevo en mis 21 años de vida. Muy recomendable trabajar con ellos por su transparencia y buen trato, sobre todo porque no eres un voluntario, eres un trabajador más del hogar.

 El día de mi despedida y el mejor equipo

Despedida, lágrimas y amor

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

Despedida, amor y lágrimas

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

El día de mi despedida y el mejor equipo

Hogar Luceros del Amanecer nuestro segundo hogar

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

Iniciativas sociales en Togo, la importancia de las pequeñas acciones. Silvia González González

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Togo es un pequeño país situado en África occidental, entre Ghana y Benín. Siendo antiguo protectorado y luego colonia alemana, Togo logró su independencia en el año 1960, constituyéndose como república.

Comencé mi experiencia a finales de septiembre, tan sólo dos meses después del golpe de estado en Níger, y concretamente en Niamey, la capital, prácticamente en la frontera con Togo. La situación en la frontera era particularmente inestable y muchos trabajadores togoleses trabajando en Níger tuvieron que desplazarse de nuevo a Togo, como el caso de Philippe, nuestro coordinador y responsable en la organización de destino, AJEVES. Debido a ello, tuve que informarme muy bien sobre las precauciones a tomar y tener especial cuidado sobre todo en caso de cruzar fronteras.

Antes de iniciar esta experiencia, era poco lo que conocía de Togo, por lo que pensé que sería buena idea comenzar proponiéndome como objetivo aprender y formarme sobre el país a base de hablar con la gente local. Mi experiencia se desarrolló en Apeyemé, prefectura de Danyi, en la región de Plateaux.

Nada más llegar, la comunidad nos recibió con los brazos abiertos. Debido a la importancia del protocolo en Togo, pasamos todo el primer día presentándonos ante el Prefecto, el alcalde, la familia del jefe de Apeyemé y los representantes de otras instituciones. Durante las reuniones, comentamos los objetivos de nuestro proyecto, cómo íbamos a trabajar y durante cuánto tiempo íbamos a vivir en allí, de manera que, si necesitáramos recurrir a ellos para cualquier duda o problema, supieran cómo atendernos.

La vida en Danyí-Apeyemé es particular. Por un lado, es tranquila y sin horarios, pero por otro, es ajetreada como durante los días de mercado cada viernes. Al mercado vienen personas de toda la región a vender diferentes productos, desde telas hasta especias. También venden comida típica, frutas y verduras, la bebida tradicional togolesa sodabi y hasta medicamentos. El mercado constituye uno de los eventos semanales más importantes, dando lugar a grandes desplazamientos por la zona para llegar desde los diferentes pueblos hasta Apeyemé. Cada día de la semana, el mercado se realiza en una localidad diferente.

Mercado semanal en Apeyemé

Otro momento importante son los eventos religiosos. La mayor parte de la población togolesa es católica, pero también profesan otras religiones como el animismo o el protestantismo. Existe un gran número de iglesias tanto protestantes como católicas en la zona que pudimos visitar.

Todos los domingos, la comunidad se reúne durante las misas. Comparten tiempo en familia y con los amigos. En ocasiones se dan eventos como bodas, o funerales. Nosotras tuvimos la oportunidad de asistir a una de las ceremonias que se celebraron por el fallecimiento de uno de los familiares del jefe de Apeyemé. La celebración se prolongó hasta cuatro días, desde el sábado hasta el martes, en memoria también de otros seres queridos y familiares de la comunidad fallecidos durante ese mismo mes, o durante los años precedentes.  

Funeral en Apeyemé

Podríamos decir que los habitantes de esta zona tienen una gran vida social, la familia y las tradiciones tienen un papel muy importante en la vida cotidiana, y los lazos interpersonales se fortalecen y se mantienen día a día. Es, en otras palabras, el sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Fruto de este pensamiento comunitario nacen muchas de las iniciativas que pudimos conocer durante nuestra estancia en Apeyemé. A pesar de tratarse de un pequeño pueblo ubicado en lo alto de las montañas, existen un gran número de pequeñas asociaciones y ONGs llevadas a cabo por la gente local. La mayoría de ellas se encargan de temas de especial importancia en la sociedad togolesa, como garantizar la salud de la población, la protección y el desarrollo forestal, o la promoción de cultivos biológicos y libres de pesticidas. Muchas de estas entidades están vinculadas ya sea a la Prefectura, como al Ayuntamiento o, incluso, al gobierno togolés.

Durante el mes y medio que estuvimos allí, pudimos conocer de cerca dichas iniciativas. Por ejemplo, Grase-Population, constituida en 2007, se encarga de algunas campañas de vacunación infantil, como la llevada a cabo hace 2 años, en colaboración con el hospital de Apeyemé, e intervino en el reparto de mosquiteras para la prevención de malaria durante el mes de octubre de 2023, campaña en la que trabajaron algunos miembros de AJEVES. Grase-Population también colaboró con nosotras en la identificación de mujeres para nuestro proyecto sobre higiene menstrual, basado en la distribución de kits que permitan mejorar la salud y la higiene de la mujer durante el período menstrual, a fin de evitar posibles infecciones o problemas de salud derivados.

Centro de lectura y formación cultural en Danyi-Apeyemé

Otra de las colaboraciones que establecimos fue con Samuel, que, junto con su padre, fundó AEH, dedicado a la apicultura. En un proyecto dedicado a la reforestación de terrenos, prevención de la tala ilegal de árboles y producción y comercialización de miel. Este proyecto permitía, además, fomentar la inserción de la mujer en el mercado laboral, siendo mujeres prácticamente el 80% de las empleadas. Y, por otro lado, crear nuevas fuentes de ingresos y reactivación de la economía en la zona.

Voluntarias de IROKO trabajando con Samuel para el proyecto de apicultura

Sin embargo, estos proyectos e iniciativas también se enfrentan a muchas trabas y dificultades, ya sea de carácter económico o burocrático, entre otros.

En ocasiones la falta de medios y organización dificultan la creación de un tejido asociativo fuerte y constante en el tiempo. La planificación de las iniciativas, así como su proyección y consecución de objetivos conlleva tiempo, formación, personal y recursos que deben estar perfectamente coordinados para que el trabajo salga adelante.

Por otro lado, existe una falta de sensibilización en gran parte de la población en cuanto a determinadas problemáticas sociales, como puede ser la importancia de la conservación del medio ambiente, la prevención de enfermedades y la vacunación infantil, la salud sexual y reproductiva, o la gestión de residuos. En este último caso, por ejemplo, el ayuntamiento inició hace 2 meses un servicio de recogida de residuos a cambio de una pequeña cuota. Según el Ayuntamiento, “la población, aunque reticente al inicio, está comenzando a sumarse a las listas de familias que contratan el servicio, no obstante, queda aún mucho trabajo por hacer en cuanto a la sensibilización”, señala el alcalde de Apeyemé.

Por otra parte, a pesar de los intentos por avanzar en el terreno, son muchos los intereses de terceros en este ámbito. No podemos obviar que la corrupción que sufre el país, en gran medida por parte de las altas esferas, complica la llegada de fondos a la población beneficiaria, así como la falta de trasparencia o de una política de buenas prácticas. Por lo que, dicho en otras palabras, llegan pocos fondos y, parte de lo que llega, queda en manos de terceros.

No obstante, las pequeñas acciones sociales como las descritas anteriormente están logrando que, poco a poco, la calidad de vida en la región de Danyi vaya mejorando, sumado a iniciativas locales como la de Noah, que, a pesar de no haber constituido oficialmente ninguna asociación, unió a mujeres de Todomé (situado al lado de Apeyemé) para tratar diferentes problemáticas sociales, recoger testimonios, tratar de establecer relaciones de cooperación y colaboración entre ellas. Muchas de estas mujeres también trabajan sus propios terrenos para la apicultura.

Gracias a ello, pudimos encontrar mujeres interesadas en colaborar con nosotras, con IROKO en nuestro proyecto de artesanía, en el que se realizan bolsos, mochilas y carteras que posteriormente se venden en España, financiando así próximos proyectos con el dinero recaudado, contribuyendo así a la circulación del flujo económico.

Mujeres trabajando en el taller de artesanía

Por todo lo descrito anteriormente, podemos ver que la población togolesa, y especialmente en Apeyemé, está abierta a la realización de proyectos en colaboración con otras entidades, ya sean locales, como nacionales e internacionales. Para ello, es importante crear espacios de diálogo donde se puedan recoger, presentar y compartir las diferentes problemáticas que interesan a la población. De modo que conjuntamente, se puedan decidir soluciones y trazar el plan de acción que lleve hacia los objetivos propuestos. 

Durante nuestra estancia, hemos participado en encuentros donde se compartían los diferentes intereses sociales. El hecho de encontrarnos con estos espacios ya conformados con anterioridad a nuestra llegada, ha facilitado en gran medida tanto el compartir experiencias, como conocimientos sobre las diferentes realidades de la comunidad en Danyí – Apeyemé. En una de las reuniones, se nos presentaron claramente diferentes problemáticas. Por ejemplo, la creación de aulas o espacios de aprendizaje y alfabetización para las personas mayores. En segundo lugar, una diversificación del trabajo femenino, que está tradicionalmente dividido entre el ámbito de la costura y la peluquería. Y en tercero, la posibilidad de la conciliación familiar, puesto que las mujeres cada vez se encuentran más presentes en el mercado laboral, al mismo tiempo que son las encargadas de la crianza de los hijos, lo que dificulta en gran medida la organización del tiempo.

En conclusión, a través de este artículo se ha tratado la importancia de la pequeña acción social como motor de proyectos más grandes. De los acuerdos establecidos y de cuáles han sido las principales actividades que hemos realizado en colaboración con la comunidad local. No obstante, aún queda mucho trabajo por delante para hacer frente a las dificultades a las que se enfrenta la acción social en el país.

Reunión para las elecciones del comité, Todomé

Tras todo lo vivido durante esta pequeña experiencia, puedo decir que, lo que más me emocionó desde el principio fue la fortaleza de los lazos comunitarios, y de la constancia con la que trabajan muchas de las personas por lograr que estas iniciativas locales lleguen a buen puerto, mejorando así, no sólo sus propias vidas sino de aquellos a los que quieren.

Publicado en: Togo, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento, Género, Sostenibilidad ambiental

Foro Bolivia, un reencuentro inesperado. Carmen de Rivero. Diego Lagos Sierra.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

En el avión tengo la costumbre de escuchar canciones del país que me recibirá, en este caso las recomendaciones cercanas fueron de “Chacareras”, con ánimo de darle una banda sonora a la experiencia que se avecinaba. Escucharlas (https://www.youtube.com/watch?v=FzKfx6J6AdY) era sentirme de nuevo con ritmos e instrumentos que me eran familiares. Para contextualizar un poco, soy colombiano, y volver desde España a otro país Latinoamericano era un reencuentro que esperaba con ansias.

Al bajar del avión, en la puerta de llegada, un chico espera el regreso de su (creía yo) prometida con un ramo gigante de flores y algunos globos de helio enormes con forma de piolín que, en una tipografía tan bombacha como colorida decían, “te amo”. ¿Una propuesta de matrimonio? Pues no, solo no se veían hace un par de semanas y el anhelado reencuentro era presenciado por un testigo, su perrito, que en la mitad del aeropuerto saltaba de la dicha al ver de nuevo a su humana. Tal muestra de cariño, que demostraba más ganas que pena, me situaban en otro espacio que carecía de puertas y barreras para conocerlo. “Bienvenido a Bolivia” me dijeron Víctor y Jenny, quienes me estaban esperando luego de manejar durante 10 horas seguidas desde Carmen de Rivero hasta el Aeropuerto de Santa Cruz, recorrido que tendríamos que volver a realizar de retorno desde el momento de nuestro encuentro. Desde allí me sentí en casa. Su calidez humana, sencillez, capacidad resolutiva, tranquilidad, humor espontáneo y poco pretensioso, me prometían un equipo de trabajo digno de agradecer y cuidar inicialmente por los próximos dos meses.

La primera parada fue para comprar la hamaca para pasar las noches y botas para recorrer el monte, pues mi estancia en la selva tropical me permitiría estar más en contacto con los majestuosos arboles nativos toborochis, que con semáforos. Con la luz de la mañana iban abriendo también las puertas del mercado de Santa Cruz, que por estos lados es un lugar de placer al paladar que sabe disfrutar de las comidas lentas y populares locales, por una plaza de mercado puedes saber las frutas y vegetales que están de temporada, así como poder disfrutar de especias y frutos con los que hace tiempo no nos veíamos de frente. Mi primer desayuno fue un delicioso caldo de Charque (proveniente del quechua “charki” que significa: Carne deshidratada) con papa congelada morada y 3 arepas (pan tradicional hecho de harina de maíz) de diferentes formas y sabores que iba coleccionando en el camino a la plaza. Recordaré que ese primer desayuno valió 12 Bolivianos, ahora un breve análisis de lo que significan 12 Bolivianos. Una boliviana promedio gana en su moneda local, por hora de trabajo 13.8 Bolivianos, que vendrían siendo 1.26 Euros por hora (a una tasa de cambio de 9.5 que fue la que encontré disponible al llegar). En contraste a ello alguien que venga de un país Europeo (España por ejemplo) está ganando unos 6.56 Euros (62.34 Bolivianos) por Hora (ambos cálculos según el SMLV Local). Por ende, si quien viene desde afuera goza de una situación estable e ingreso constante y sonante, pues el mismo desayuno le vale solo 11.5 minutos de su trabajo, mientras que a una Boliviana que además trabaja 5 horas semanales de más, el mismo desayuno le equivale a 51.8 minutos de su trabajo diario. ¿Sería necesario tasas diferenciales de precios dependiendo del lugar de donde venimos y lo que ganamos? ¿Hasta dónde podríamos llevar a la práctica nuestro discurso sobre equidad (de género y de clase)? Y, por último, para romperme aún más el coco (cabeza): ¿Qué pasa con los 40 minutos de diferencia que unos gozan y los otros pagan? ¿Dónde se acumulan? ¿Quién disfruta de ese tiempo de vida? ¿Dónde se denuncia dicha desigualdad? Claramente voy pensando en ello mientras me rio de los chistes locales, escucho la radio de domingo adornada con un español que comienzo a reconocer, y mastico mi papa morada con ají de cebolla larga. Comienzo a creer que aquí, al igual que en Colombia, pensar en las desigualdades atormenta, por eso a veces solo se viven.

– “Que tenga un buen día Vecina, que rico el caldo” – le digo a la vendedora de desayunos.

– “Ya” – Me responde.

En la misma mañana, de hecho, en menos de dos horas, compramos una SIM Entel para mi celular, porque es la única que a veces coge en las comunidades; negociamos y compramos un celular de segunda mano para doña Carmen, pues hace tiempo quería un celular con “Wasap”, para enviarle fotos y mensajes a sus nietos. Cambiamos mi dinero con una tasa de cambio bastante buena en comparación con la del aeropuerto; nos pusieron una multa de tránsito por estacionar el carro unos minutillos en una vía principal; hicimos mercado pues en Carmen de Rivero, decían, era todo mucho más caro. A las 9 de la mañana ya estábamos listos para partir, la relatividad del tiempo en su máximo esplendor. La economía informal Cruceña nos acababa de permitir hacer todo lo que necesitábamos en solo un par de calles muy a las 7 am, informal pero eficiente. Lo que no me cuadra es que no se puede romantizar el rebusque y la informalidad laboral que las y los bolivianos tienen que sufrir para subsistir, pues, según decía la OIT, Bolivia presenta el índice de informalidad laboral más alto del mundo (85% de su fuerza laboral).

– “En pocas horas comenzará el Paro de transportadores… donde estarán también priorizadas las vías de salida de Santa Cruz”

Mencionaba el locutor en la radio, mientras nosotros definíamos donde comprar el escaso combustible, que el paro era por la falta de combustible disponible en las estaciones (surtidores de gasolina). El equipo de ProAgro, que fue la entidad receptora supo resolver la escasez de combustible con mucha claridad y sin mayor contratiempo. Por otro lado, el contexto de inestabilidad política y, de igual forma, de resistencia de distintos gremios, me daban la bienvenida a Bolivia, haciéndome sentir que si o si la inestabilidad política afecta la cotidianidad de cualquier persona que habite el espacio geográfico, aunque los hay, sí que son pocos los que se pueden esconder de las crisis.

Fotografía 1. Fila para comprar Diesel (Gasolina) en la Estación “El Mana” en la vía a Carmen de Rivero.

Llegamos a Carmen de Rivero luego de recorrer unos 600 km hacia el oriente del país, a un punto donde estamos mas cerca de Brasil que de Santa Cruz. Con mi hospedaje suplo lo que necesito, estoy en un pueblo de 6.300 habitantes que se alcanzan a ver en su mayoría cuando hay fiestas locales. Tras un día de llegada y de acostumbrarme, decido pasar mi primera noche en Hamaca a la intemperie escuchando los pájaros, bichos, viendo las millones de estrellas, escuchando la música chacarera de algún vecino, rascando a los perros vecinos, disfrutando de la tranquilidad y comenzando la planeación que me diría qué y cómo hacer en los siguiente días.

Al cuarto día ya estábamos partiendo a terreno hacia las 7 comunidades Indígenas Chiquitanas que estaban a lo largo de la carretera hacia el camino del “Rincón del Tigre”. Mas o menos unos 120 KM de recorrido donde conocí a los primeros “Menonitas” en las vías, quienes son una comunidad agraria ortodoxa y cerrada, organizada por Colonias, y que mantiene una estética radicalmente uniforme, overol con camisa de cuadros/rayas y corte de pelo militar en los hombres, y mujeres con vestidos largos y oscuros. Sus familias andaban en tractores que jalaban a su vez tráilers donde permanecían sus hijos idénticamente uniformados. Después ya comentare más sobre los “Menonos”, como los locales les llaman.

Fotografía 2. Camión de Menonitas en camino a su Colmena a la salida de Santa Cruz, Bolivia.

Llegamos a la primera “comunidad Chiquitana”, vaya paisajes increíbles que acompañaron el camino, hasta casi olvido mencionar que nos pinchamos, pero eso es tan normal como fácil de solucionar. No lo vi como un problema si no como etapa necesaria en el recorrido, ya que un viaje conmigo mínimo tiene una pinchada, si se da una segunda esa si no es mi culpa, la primera si, ya que es un evento que siempre me acompaña y que ya hasta disfruto y tengo los chistes y comentarios apropiados mientras “el gato” (herramienta hidráulica que eleva el carro permitiendo cambiar la rueda) hace su función.

Fotografía 3. Carretera afilada y empatía. Despichada de llanta a medio día, camino a Carmen de Rivero.

La pinchada se solucionó no por magia, si no por la amabilidad y empatía de otros conductores, que sin preguntar nada se bajaron a ayudar. La cara de quien se bajó del camión a ayudarnos tenía un bulto gigantesco, que a juzgar desde la lectura de una amiga: “Pobrecito, quien sabe por qué tenía un tumor en su carita”, era de preocupación. Pero no, era solo que mascaba toda la hoja de coca que yo podría meter en mi mano, pues si, él la tenia en su boca desde hace un par de horas. La coca le daba la energía necesaria para tener jornadas de conducción de hasta 12 horas (o más) continuas. Coca con Bicarbonato (Bico) de sabores, la gasolina del pueblo boliviano que se encuentra de venta en cada esquina con vistosos letreros verdes que dicen “la Mejor Coca Machucada de la zona”.

Pasamos por las primeras comunidades y comenzaban consigo los nuevo estímulos, sonidos, tareas y actividades: ¡comenzó lo bueno! …

¡Se está quemando el bosque!

Anuncié en la oficina de la Chiquitanía en Carmen de Rivero una tarde, cuando vi que la montaña ardía en llamas. Sin saber muy bien cómo, pero con la certeza de que era la mejor opción, corrimos con algunas palas, incredulidad y valentía a apagar el incendio. Lo logramos, solo se alcanzaron a quemar dos hectáreas esa noche, lo cual era poco en comparación con lo que sucedería en las semanas siguientes.

En medio de incendios y animalitos que salían quemados y despavoridos de sus territorios, comenzaba mi cuarta semana de actividades. Adaptarme a ver incendios a diario era algo que, aunque podría, no quería aceptar, por lo que era crucial entender de dónde venían. Algunos decían que eran provocados por la población local para limpiar el monte y ampliar la frontera agrícola. Es importante mencionar que estos incendios se daban en zonas ambientales “protegidas”, específicamente en el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) San Matías, lo que significaba la destrucción de miles de vidas animales. Otras versiones señalaban que el modelo de desarrollo de monocultivo y soya, incrementado por la ganadería extensiva promovida por los menonitas, había generado un deterioro considerable de la tierra, traduciéndose finalmente en escasez de agua y sequía, un caldo de cultivo para incendios que, hasta hoy, han quemado cerca de 2 millones de hectáreas en todo el país.

Tenía entonces mucho sentido que gran parte de las actividades en las que me involucré en Bolivia estuvieran relacionadas con el acceso al agua y la construcción de entornos más resilientes y sostenibles frente al cambio climático. Por ende, el proyecto que me recibió estaba enfocado en la apicultura. En un contexto de escasez de agua, inminente sequía y amplia biodiversidad por salvaguardar, trabajar con abejas melíferas silvestres no solo era una opción viable, sino necesaria.

Al principio, mi trabajo con las abejas fue abordado desde la técnica; recibí formación de un experto apicultor para poder acompañar las capturas de los enjambres y trasladarlos a su nuevo hogar.

En una semana capturamos cerca de 20 enjambres en 6 comunidades chiquitanas, lo que significaba que era necesario un constante acompañamiento por parte del equipo técnico, ya que trasladarlas era solo el comienzo; luego vendría el proceso de adaptación, nutrición, alimentación, y en general, domesticarlas en su nueva casa. Después de las primeras 10 capturas, comencé a entender el modo de trabajo de las abejas: cuidar y garantizar la vida de la reina era el objetivo principal, pero además, existían otros roles: los zánganos, encargados de fecundar a la reina; las obreras, que no solo construían la colmena, sino que también limpiaban y termorregulaban. Otras salían a buscar comida y, las que más me sorprendieron, eran las encargadas de sacar a las abejas muertas de la caja, con el fin de mantener la salubridad al interior de la colmena.

En este proyecto apoyé con múltiples tareas, desde crear un registro fotográfico y audiovisual significativo que permitiera visibilizar el impacto social y ambiental del proyecto, hasta construir un análisis de costos de producción de miel, diseñar la identidad gráfica de varios productos derivados de la miel que fueron promocionados en ferias de emprendimiento, y dictar talleres de enfoque de género y desarrollo sostenible en varias comunidades.

Otro de los proyectos en los que participé fue la construcción de huertos comunitarios con centros educativos. Con el fin de promover la soberanía alimentaria de las comunidades, se generaron huertos comunitarios con un sistema de riego impulsado por una planta solar. Uno no se imagina lo que deben hacer cientos de comunidades en Bolivia para dejar de caminar 5 km diarios y traer agua desde el río más cercano, cada vez más contaminado por la ganadería.

Estos huertos permitían reconocer el trabajo en equipo y el importante rol que cumplen las mujeres en la comunidad. Aunque históricamente se les ha delegado las labores de cuidado y reproducción de la vida, son ellas quienes tienen una relación directa con la tierra y la reproducción de los alimentos. En este proyecto en particular, el huerto permitiría, en el futuro, generar ingresos económicos que fomentarían la autonomía económica de las mujeres chiquitanas, lo cual es de suma importancia en un contexto con altos índices de inequidad y violencia de género.

Entre visitas, acompañamiento y talleres de enfoque de género y finanzas básicas, transcurrieron las primeras 6 semanas en la Chiquitanía. Se han tejido fuertes lazos de confianza con el equipo de trabajo en Carmen de Rivero, y he podido conocer de primera mano los grandes retos en cuanto a la gestión de proyectos sociales y productivos. Ya casi se acercan los últimos 15 días de voluntariado: a seguir aprendiendo, terminar algunos productos y vivirlos intensamente.

Tercera entrega:

Antes de partir, me doy cuenta de la enorme importancia tanto del fortalecimiento técnico agrícola como del organizativo. El objetivo final de los proyectos de cooperación es reducir el nivel de dependencia que las comunidades tienen de las organizaciones internacionales, y eso se logra tanto con apoyo técnico como fomentando los lazos y alianzas que se gestan dentro de la comunidad para construir nuevas realidades. Nuestra visión de futuro debe dialogar con la visión de futuro de las comunidades con las que buscamos incidir positivamente. Uno de los grandes aprendizajes que me llevo es la importancia de encontrar o construir un plan de vida comunitario. Este es el eje fundamental en el que se construye una visión colectiva de mundo a futuro, y en torno al cual se pueden organizar y dirigir todos los esfuerzos en una misma dirección.

Era evidente la diferencia entre una comunidad con un extenso historial organizativo, principalmente liderado por mujeres, y aquellas que apenas sabían cuántos habitantes tenían y desconocían sus metas y objetivos comunes. Las huertas más bellas y las colmenas más estables siempre pertenecían a las comunidades organizadas. Allí era mucho más fácil la división de tareas, el diálogo y la definición de cuál sería el siguiente paso cuando el proyecto llegara a su culminación.

El camino por delante es largo, y será más claro en la medida en que se conozca de dónde se viene y hacia dónde se quiere ir. La construcción de líneas de vida y existencia comunitarias permitirá reconocer la importancia de defender lo propio frente a otros sistemas de producción. También será fundamental identificar a los actores involucrados en el acceso y consumo de agua para saber quiénes son los que insisten en agotar los recursos hídricos, y así tomar decisiones mediante políticas progresivas que apunten a quienes generan un mayor daño. De este modo, se podrá reconocer que muchas de estas comunidades, que diariamente luchan por obtener agua (ni siquiera potable), están lejos de ser quienes más dañan y afectan las fuentes hídricas.

La respuesta debe ser interinstitucional y con la participación activa de las comunidades directamente afectadas. Sin embargo, este no es el caso, ya que el Estado en estas zonas es visto como un fantasma: se habla de él, pero solo se le ve cada tanto en campaña.

Los aprendizajes y el agradecimiento son infinitos: a la Chiquitanía, por abrir sus puertas y darme la confianza para construir a su lado; a ProAgro, por confiar en mis capacidades y enseñarme su cotidianidad; a la FSU, pues en el territorio se les recuerda y reconoce todo el apoyo que han sabido dar a las comunidades; y finalmente a Bolivia, país hermano, por permitirme recorrer sus tierras y llevarme en un suspiro el sentir de sus valles y montañas.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Derecho agua y alimentación, Género, Sostenibilidad ambiental

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