Universidad de Granada

Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

  • Inicio
  • Blog
  • Políticas de Privacidad
  • Privacy Policy
Inicio >> 2025 >> Archivo de septiembre 2025

Archivo de septiembre 2025

En un rincón de Nicaragua: un trocito de mi experiencia en Camoapa. Estrella Guzmán García

25 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

MI LLEGADA A CAMOAPA.

El calor húmedo, el bullicio de las calles y el paisaje verde me dieron la bienvenida al llegar a Camoapa, Nicaragua. Antes incluso de llegar a mi destino, ya tuve mi primera gran sorpresa: pasé en migración más de 2 horas en el aeropuerto de Managua, ahí fue dónde tomé conciencia de que aquí las cosas tienen su propio ritmo.

En estos primeros días he empezado a descubrir realidades muy distintas a las que conocía: la poca escolarización de muchos niños, la fuerte dependencia económica que todavía existe de las mujeres respecto al hombre y el peso que tiene el sector ganadero en la vida diaria. Por las carreteras es habitual ver grandes rebaños, y los autobuses que recorren la zona llevan no solo pasajeros dentro, sino también pasajeros sobre el techo, algo que me chocó desde el primer momento, pero tras cuatro días, ya es algo habitual.

Camoapa es una zona muy humilde, y la pobreza es evidente en muchos aspectos, sin embargo, algo que me ha sorprendido y admirado profundamente es que, a pesar de las limitaciones y la falta de comodidades como el agua caliente, las calles se mantienen más o menos limpias y la gente cuida mucho su aspecto personal, notándose el esfuerzo y el orgullo por mantener la dignidad y la buena presentación incluso en circunstancias difíciles.

 

MI VIDA EN CAMOAPA

Ya han pasado varias semanas desde que llegué a Camoapa, y poco a poco este lugar ha dejado de ser solo un sitio nuevo por descubrir para convertirse en parte de mi vida cotidiana, en mi hogar. Lo que al principio me sorprendía, ahora forma parte de un paisaje al que me he acostumbrado.

Durante este tiempo he tenido la oportunidad de acercarme más a la comunidad. He conocido historias de vida marcadas por la sencillez y también por la lucha constante. La falta de recursos sigue siendo evidente, pero también lo es la fortaleza de las personas, su capacidad de sonreír y de abrir su casa al visitante, aunque tengan poco que ofrecer.

A lo largo de mi voluntariado he descubierto que, aparte de la ayuda que uno pueda brindar, lo que más vale es lo que uno recibe: la paciencia para adaptarse a un ritmo distinto al que estamos acostumbrados en Europa, la gratitud por los pequeños gestos y la enorme lección de amor que los locales nos dan a los voluntarios.

Un hábito que no tenía y que ahora forma parte de mi rutina es la misa a las cinco de la tarde, una experiencia que me ha permitido sentir de cerca la espiritualidad y la fe que sostienen a tantas personas en medio de la sencillez y las carencias.

Mi vida diaria aquí es muy distinta a la que estaba acostumbrada: el día comienza a las seis de la mañana con un simple cazo de agua, ya que no hay agua corriente, y termina temprano, alrededor de las siete u ocho de la noche, viendo Melek, una novela turca que se ha convertido en parte de nuestra rutina cotidiana.

Estar aquí me está enseñando a mirar con otros ojos: a valorar la educación como un privilegio, a reconocer el trabajo silencioso de tantas mujeres que sostienen la vida familiar y a entender que la felicidad y el amor pueden brotar incluso en medio de las carencias.

Ha llegado el momento de cerrar esta etapa en Camoapa y hacer un pequeño balance de todo lo vivido. No vine con la idea de “ayudar”, sino con la intención de aportar todo mi amor y mi personalidad a la sociedad de aquí. Ahora, al mirar atrás, siento que recibí mucho más de lo que jamás pude dar: cariño, sonrisas, abrazos, aprendizajes y momentos que guardaré siempre conmigo.

Desde el inicio me sentí acogida como una más. La conexión con las familias fue de lo más especial, en particular mi segunda familia, Auxiliadora y su nieto Santiaguito, que se convirtieron en parte esencial de mi día a día. Ellos me enseñaron que lo verdaderamente importante está en la cercanía, en compartir risas, conversaciones sencillas y gestos de cariño que te hacen sentir en casa, aunque estés lejos.

Hubo también vivencias únicas que marcaron esta experiencia. Recuerdo el día que nos encontramos una boa en medio del camino hacia la fundación, una mezcla de susto y anécdota que nunca olvidaré. También la visita a otra fundación donde aprendimos a cocinar comida distinta de aprovechamiento, como tortillas hechas con cáscara de plátano, que me parecieron un símbolo de creatividad y de respeto por los recursos.

Entre todas las actividades, una que me conmovió especialmente fue la charla sobre igualdad de género, porque esta vez, generó un espacio sincero para pensar, compartir y reflexionar juntos ya que había mucha más confianza. Y en lo cotidiano, no puedo dejar de mencionar la comida: aquí he comido tanto mango y aguacate gigantes que me voy con la sensación de que hasta la naturaleza de este lugar enseña a vivir con abundancia y gratitud.

El final llegó con una despedida muy emotiva. Los niños me llenaron de cartas y palabras de amor y ahí entendí que mi presencia, mi cariño y mi forma de ser habían dejado una pequeña semilla en ellos.

Me voy con el corazón lleno, agradecida por cada persona, cada sonrisa y cada instante que Camoapa me ha regalado y enseñado. Al fin y al cabo, la vida es eso: compartir lo que somos y dejarnos transformar por los demás. Por eso no siento esto como un diós, sino como un hasta pronto, con la certeza de que este lazo seguirá vivo, aunque sea en la distancia.


Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

Diario de una inmersión en Bolivia. María Fernanda Gutiérrez Guglietta

23 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Llegué a Bolivia el día de mi cumpleaños.

Quién me iba a decir hace unos meses que cumpliría 25 atravesando el Atlántico, sola y de camino a un país en el que nunca había estado. Un país que se sentía ajeno, pero no del todo desconocido. Parece que, por cosas del destino, las casualidades o el universo, hace casi ya 2 años apareció en mi vida mi amiga Noe. Mi amiga Noe, nacida en Cochabamba pero que ha crecido en La Paz, se convirtió en mi enlace con Bolivia. A través de ella conocí trocitos de su cultura, de su comida y poco a poco me hizo sentirme conectada con este lugar en el que ahora me encuentro, pero que no me habría imaginado visitar tan pronto. Ella me ha ido hablando de todo; de la compleja situación política, económica y social en la que se encuentra el país; de como extrañaba su gastronomía (de la que ya había tenido la suerte de probar algún plato hecho por ella); de cómo extrañaba su cultura, su diversidad de paisajes, de climas, de formas de ser; cómo extrañaba a su gente.

 

Y así, con estas pequeñas conexiones y ventanas que había abierto desde la distancia, llegué al aeropuerto de Santa Cruz. Cansada, con 25 años recién cumplidos y sin una idea clara de cómo iba a ser esta experiencia, pero con muchas ganas de vivirla. Hay cosas que son imposibles de imaginar, son imposibles de proyectar porque no se tiene una referencia previa, no queda más que estar ahí y vivirlas. Después de unas cuantas vueltas por el aeropuerto, una salteña de carne y una empanada de queso, y unas 7 horas de espera, cogí mi segundo vuelo desde Santa Cruz a Sucre, donde me esperaba Miguel, técnico del proyecto en el que colaboraría. Con él hicimos 2 horas de camino en coche hasta Zudañes, el destino final. En el camino no podía dejar de mirar por la ventana, no quería perderme nada. Me sorprendió el paisaje en el que no dejaban de aparecer montañas, los perros que nos veían pasar a lado y lado de la carretera, los pequeños pueblos y casas que íbamos pasando y las cumbias que había puesto Miguel y nos acompañaron todo el camino, género que sabía por Noe que no iba a dejar de escuchar.

Teniendo en cuenta que salí de mi casa hacia Madrid el día 20 a las 9 mañana (hora de España) y llegamos alrededor de las 17:00 del 21 (hora de Bolivia), había tardado unas 38 horas en llegar a la que sería mi habitación, mi cocina, mi casa, por las próximas 6 semanas.

 

Empezaba la experiencia un poco descolocada, había sido un viaje largo e intenso, y tampoco había tenido mucho tiempo para procesar qué estaba pasando. Cuando estaba en la cola para embarcar, veía a mi alrededor y escuchaba a las personas de mi alrededor; pensaba cómo iba a ir en un avión lleno de personas con ganas de volver a su hogar, de ver a sus familias, de estar en su tierra. Y ahora yo tenía la oportunidad de caminar algunos trocitos de esas tierras, de escuchar sus acentos, sus idiomas, de visitar sus comunidades y ver el trabajo que se hacía con ellas, y aportar un granito de arena, trabajar con ellos y ellas, conocer los obstáculos a los que se enfrentan día a día desde cerca, escucharlos, observar, aprender y trabajar juntxs.

 

Ahora toca irme a dormir, coger el horario, aclimatarme. Mañana ya empieza todo, nos vamos a Sopachuy y desde allí nos adentraremos en las montañas para realizar talleres con algunas comunidades. Esto no ha hecho más que empezar.

Es raro llegar a la mitad.

Por alguna razón, da la sensación de que estás mucho más cerca del final que del principio. Parece mentira que en tres semanas hayan podido pasar tantas cosas y haya podido cambiar tanto cómo me he sentido, pasar de sentirme completamente perdida y fuera de lugar a que me dé pena el pensamiento de que ya se está acabando, el pensamiento de que en unos meses volveré mentalmente a donde estoy ahora, con nostalgia.

La primera semana fue la más difícil; el cansancio del viaje, el choque cultural, el choque de realidades, sentirte y saberte lejos de tu gente, trabajar en contextos de pobreza y vulnerabilidad, escuchar un idioma que no entiendes, no conocer los códigos, depender de lxs demás para hacerlo todo…

Es curioso el contraste entre cómo creemos que son o van a ser las cosas y cómo acaban siendo. El otro día, después de un taller de capacitación de promotoras comunales contra la violencia de género, comimos con las señoras que participaban. Una de ellas me contaba que algunos de sus hermanos y hermanas habían migrado a Chile o Argentina buscando situaciones económicas y laborales mejores, y que el año pasado había tenido la oportunidad de visitar a su hermano en Argentina. Cuando le pregunté si le había gustado, me contestó que sí, que en realidad no era tan diferente, ella pensaba que iba a ser todo completamente ajeno y extraño y vio que no era para tanto. Creo que eso nos pasa a todxs. Antes de venirme, yo no sabía exactamente qué esperar y lo que más me sorprendió fueron algunas preocupaciones o comentarios de personas de mi entorno. Personas que pensaban que iba a ser absolutamente diferente, ajeno, extraño y creo que algunxs pensaban que peor.

Estas ideas están más metidas en nuestras cabezas de lo que creemos. Ideas racistas, clasistas, eurocéntricas. Como si en nuestros países no hubiese pobreza, no hubiese gente trabajadora queriendo ganarse la vida en un sistema que simplemente perjudica más a unxs que a otrxs, como si no hubiese casos de violencia de género diariamente en las noticias y en nuestros entornos, como si no hubiese poblaciones marginalizadas, lugares y personas donde los recursos no llegan, que parecen que no importan…

 

Y con esto no quiero decir que no haya diferencias culturales, contextuales, geográficas, pero realmente, en las cosas que importan, es fácil darse cuenta de que las fronteras son mil veces más grandes en nuestras cabezas que en la realidad. Las señoras con las que comí me preguntaban si podían venirse a España conmigo, aunque ellas en realidad solo querían irse a algún lugar en el que trabajar y poder vivir tranquilas. Todas ellas pertenecen a esta iniciativa porque o han sufrido violencia de género anteriormente y se presentaron como voluntarias, o han sido elegidas por sus comunidades para formarse en género y ser el enlace entre sus comunidades y las instituciones, ser la persona a la que otras mujeres que estén sufriendo violencia puedan acudir. A lo mejor a nosotrxs nos faltan más promotoras de género en nuestro entorno, pero en comparación siento que sobre todo nos falta un poco más de comunidad.

Creo que es cierto eso que dicen de que viajar te abre la mente, te expande el mundo. Pero para eso hay que viajar con los oídos abiertos, con los ojos escuchando cada detalle, atender más que hablar, ver más que mirar. Ojalá algo del trabajo que hemos hecho y vamos a hacer en estas semanas deje algún rastro, tenga algún efecto positivo, aunque sea ínfimo. Pero en cualquier caso sé que la que más va a aprender y llevarse de todo esto soy yo.

En estas 3 semanas, que han sido profundamente intensas, me he sentido completamente fuera de lugar, he escuchado cumbia en cada coche, he comido charque, sopa de maní, chocolates Para ti, he cogido unos cuantos trufis, he trabajado en Typica café, he estado con personas que me han hecho sentir en casa, he conocido pedacitos de mi amiga Noe a través de su ciudad y me he imaginado en el Montículo con ella en unos años, he celebrado mi cumple con personas que acababa de conocer, me he puesto un poco mala, he hablado con muchas personas que me preguntaban curiosas cómo había terminado aquí y por qué, he visto varios atardeceres bonitos, una luna gigante desde el teleférico de La Paz, he visto alguna película, he hecho unas cuantas videollamadas, he leído, he escrito, he escuchado, he observado, y creo que después de eso mi mente sí se ha ido expandiendo poco a poco.

Ahora quedan 3 semanas por venir, esas que saben a final, sé que van a pasar volando, pero ojalá me dé tiempo de mucho.

Las últimas semanas han pasado rápido y lento al mismo tiempo.

Han tenido de por medio unas elecciones inciertas, una reunión con la Red Contra la Violencia de Género de Tomina, talleres de nuevas masculinidades, atardeceres por Sucre, una visita al Valle, una serenata en Zudañes, un tour por La Casa de la Libertad y alguna cosa más.

 

Han sido semanas de sacar el trabajo adelante y de alguna forma tener lo que sería una vida más establecida en Zudañes. Me quedé el finde de las elecciones por el temor y la incertidumbre general que había frente a lo que podía pasar. En las semanas anteriores yo no había percibido nada raro –más allá de pintadas y grafitis pidiendo votar por uno u otro– todo había estado muy tranquilo. Y así siguió, un compañero me decía sorprendido: han sido las elecciones más tranquilas de los últimos 20 años. Ahora tocará ver cómo sigue todo con la segunda vuelta, esta me tocará seguirla desde la distancia con el deseo que me compartían todas las personas con las que hablaba, que salga quien salga, sea un cambio a mejor, que realmente se preocupe por la gente, que el país no siga en la tendencia que lleva, que hace que muchos sueñen o no vean otra opción que irse, cuando en el fondo el deseo es quedarse en su casa, pero que las cosas vuelvan a funcionar.

 

Al final, lo que me ha dejado pensando estas semanas, y esta experiencia en general, es que somos mucho más iguales que diferentes, pero hay unos intereses y un sistema que se empeña en remarcar y recrudecer las fronteras y las barreras, mantenernos separados. Además, sigo dándole vueltas a todo lo que tendríamos que aprender nosotrxs, a esa concepción de la comunidad. Durante mi última semana hicimos 4 talleres de nuevas masculinidades en diferentes comunidades indígenas del municipio de Tomina. Se me hacía imposible imaginarme un lunes cualquiera en el centro de Madrid dando un taller de nuevas masculinidades a un grupo de hombres y mujeres que habían dejado de trabajar esa mañana, con lo que eso conlleva, para asistir, escuchar, debatir. Una reunión que en algunos casos incluía otras temáticas de la comunidad, pero en otros habían venido, en muchos casos andando más de 40 minutos solo para participar en ese espacio.

 

Una parte de los talleres, lo hacíamos con el SLIM, Servicio Legal Integral Municipal, que es el organismo encargado de la atención de casos de violencia de género, pero que en el municipio de Tomina también actúa como defensoría de derechos de niñxs y adolescentes y también de personas discapacitadas. Ellas realizaron una presentación sobre equidad de género y sobre cómo funciona y se aplica la ley 348, Ley Integral para garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia. En el último taller que hicimos, en la única comunidad de las que fuimos en la que la dirigente era una mujer, varias personas les hablaron preocupados del caso de una señora que no estaba presente, que tenía una discapacidad, pero no estaba reconocida aún legalmente y no había podido acceder a las ayudas existentes para su situación. Fue bonito cerrar con ese taller y esa comunidad en específico, ver cómo el ambiente era distinto a otros talleres, hombres y mujeres participan activamente en el debate, se escuchaban lxs unxs a lxs otrxs y se cuidaban lxs unxs a lxs otrxs, en este caso dando la alarma del caso de esta señora e informándose cuáles son los pasos a seguir para ella.

 

Ojalá otras comunidades se contagiaran de esta forma de funcionar y llegasen a tener también dirigentes mujeres, también en España, y que los espacios se convirtieran en lugares más seguros y acogedores para que todas y todos participemos. Ojalá nosotrxs aprendiésemos o recuperásemos un poco ese sentido de comunidad, de tener espacios de compartir y conocer cómo estamos, de estar pendientes lxs unxs de lxs otrxs, e incluso espacios a los que ir activamente a aprender, escuchar y reflexionar juntxs.

 

Me gustó cerrar esta experiencia con esa semana de talleres, de alguna forma era lo que le daba sentido a estar aquí, absorber cada detalle de esas realidades, ver en primera persona cómo y para qué se hace todo el trabajo, hablar con las personas y escuchar lo que piensan. De alguna forma, no solo hacer el voluntariado, sino todo lo que he estudiado hasta ahora, tomaba un poco de sentido, tenía un espacio y un porqué.

 

Por otra parte, en los últimos días ya me hacía falta volver a casita. Estar mes y medio sola, en otro continente y en un contexto completamente ajeno, de arriba para abajo, la mayoría del tiempo tú y tu maleta, es retador y en algunos momentos también es cansado. Los últimos días me quedaba la satisfacción de haberlo hecho, de haber estado aquí, de haber visto, comido, escuchado, olido, apreciado, cada día y cada oportunidad, y con las ganas de volver a mi casita, a mi familia, a contarles todo aquello que había vivido, a enseñarles las fotos y llevarles los miles de imanes, chocolates y recuerdos que había estado coleccionando para ellxs.

 

Después de estas 6 semanas Bolivia ya tiene también un pedacito de mí, y como decía en la entrada anterior, no me cuesta imaginarme volviendo en unos años, sentada en el Montículo con mi amiga Noe después de comer sopa de maní.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derecho agua y alimentación

De casa a Camoapa: un viaje de voluntariado y aprendizaje vital. María Jesús González Toro.

19 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Primeros días en Camoapa : ilusión y choque cultural. 08 de agosto de 2025.

Mi nombre es María Jesús, estudio Derecho y ADE y solicité el voluntariado internacional sin estar muy segura de que finalmente sería seleccionada. Hoy, 8 de agosto, llevo apenas una semana en Camoapa, Nicaragua. Estoy colaborando como voluntaria en la Fundación Hogar Luceros del Amanecer, la cual fue mi primera opción de todas las que ofrecía el CICODE porque me gusta trabajar con niños.

Lo primero que me ha impactado ha sido el nivel educativo de los menores: el bajo rendimiento escolar no responde a una falta de capacidad, sino al hecho de que a muchos de ellos les arrebatan la infancia desde bien temprano. Algunos por necesidad, ya que cuando falta la comida en casa, las familias sustituyen el colegio/instituto por el trabajo. En otras ocasiones, las familias simplemente no consideran el ir a clase una prioridad ya que, en sus cabezas “prácticas”, probablemente su hijo no llegue a ningún lado en la vida.

No obstante, al mismo tiempo, estoy descubriendo un pueblo lleno de vida: los nicaragüenses tienen una sonrisa sincera, una forma de hacerte sentir que no te separa todo un océano de tu casa. Eso alivia mucho el choque cultural de estos primeros días, que podrían hacerse mucho más cuesta arriba.

Sin embargo, no todo es fácil de digerir. Existe una fuerte limitación a la libertad de expresión: nos han advertido de no hablar abiertamente sobre política, especialmente si es para criticar al “gobierno”, por denominar de alguna forma al régimen autoritario que se lleva dando aquí décadas.

Otro aspecto que me ha llamado la atención es la situación de las mujeres. Hay una clara tendencia a la dependencia emocional y económica hacia los hombres. Muchas chicas se casan muy jóvenes o son madres en la adolescencia, aferradas a la idea de encontrar pronto a la persona que les acompañará el resto de sus días. Es un patrón que se repite y que condiciona fuertemente su desarrollo personal y profesional.

En medio de todo esto, la Fundación está siendo un refugio. Nos han recibido con los brazos abiertos, tanto el personal como los menores, y están pendientes de que estemos bien en todo momento. Nos hacen sentir parte de algo importante. Lo mejor de todo es la flexibilidad con la que nos permiten colaborar: podemos elegir en qué área trabajar según nuestros intereses y dónde creemos que podemos aportar o aprender más.

Estoy profundamente agradecida por haber tenido esta oportunidad. La Fundación tiene un objetivo claro que se alinea con mis valores: brindar a los niños una oportunidad real y, sobre todo, demostrarles que, aunque en sus casas no siempre encuentren la mejor motivación, aquí sí hay personas que creen en ellos y apuestan por su futuro.

 

Tres semanas en Nicaragua: retos y aprendizajes. 21 de agosto de 2025.

Tres semanas han pasado desde que puse mi primer pie en Nicaragua. Aunque suelo adaptarme con facilidad, debo reconocer que estos días a veces me superan. La fundación nos trasladó a mi compañero y a mí a otra vivienda porque la casa en la que nos hospedábamos no cumplía con los requisitos mínimos para acoger a voluntarios. No obstante, la dieta, tan monótona y poco variada, es definitivamente lo que más me está afectando. Además, si bien el bullicio de este pueblo hace que olvide lo pequeño que es, de no ser por las “escapadas” que organizamos los fines de semana, me sentiría bastante limitada.

Por otro lado, me considero muy afortunada de poder trabajar con el equipo de la fundación. Nos hacen sentir acogidos y parte esencial del funcionamiento del lugar, sintiendo que mi labor es valorada. Sin embargo, y como punto en contra, la organización por parte de Luceros nos ha decepcionado en más de una ocasión. Desde mi punto de vista, somos más voluntarios que tareas concretas, habiendo muchos períodos de tiempo “vacíos”. Además, en algunos aspectos, lo que encontramos al incorporarnos a la fundación fue distinto de lo previsto en el convenio con la Universidad.

Por último, me gustaría destacar que, aunque la ayuda concedida me permitió acceder a esta oportunidad, resulta claramente insuficiente. Solo los vuelos y la manutención superan el presupuesto, sin contar el coste del seguro, las vacunas, el desplazamiento al llegar, ni los gastos del día a día. Esta opinión es compartida por el resto de voluntarios que estamos en Camoapa y supone una dificultad añadida a la experiencia.

La despedida de Camoapa: reflexiones y transformación personal. 12 de septiembre de 2025.

Hace ya una semana que mi experiencia de voluntariado en Nicaragua terminó y que finalmente he podido asimilar la vuelta a casa y las emociones vividas. El haber compartido la rutina y las salidas con más voluntarios se convirtió en toda una suerte; estuvimos en sintonía desde el principio, lo cual supuso un gran apoyo, teniendo en cuenta que nos conocíamos de apenas semanas.

Volver a España ha hecho realidad ese choque cultural del que ya me habían avisado los voluntarios más experimentados. Se hace extraño volver a mi vida de siempre, pero sin sentirme la de siempre.

He vuelto a casa y tengo un supermercado a dos minutos, puedo lavarme los dientes con el agua del grifo sin llevar una botella de agua potable en mano a todas horas, y tirar de la cisterna del váter con solo apretar un botón. Gestos tan cotidianos y obvios, pero que ahora no puedo evitar comparar con mi vida en Nicaragua. Con el tiempo quizá deje de darles el valor que hoy tienen, pero me reconforta pensar que esta experiencia ha marcado un antes y un después en mi vida y que algo de ella se queda para siempre conmigo.

La despedida no fue fácil. Tenía ganas de volver, sí, pero no contaba con lo raro y chocante que sería decir adiós a un lugar y a una gente que se habían convertido en mi día a día. Me había acostumbrado a Camoapa más de lo que imaginaba, a sus ritmos, a su calidez, a los niños.

En cuanto a Luceros del Amanecer, la experiencia tuvo luces y sombras. Los días transcurridos en la fundación siguieron su curso habitual; sin embargo, hoy me planteo si verdaderamente he dejado algo de huella, si mi paso por allí ha servido de algo más que para mi propio aprendizaje. Aunque ciertamente hubo una gran sintonía con las personas trabajadores (especialmente con Janiris y Anddy, de Cooperación Internacional), la ausencia de responsabilidades definidas dificultó sentir que mi aportación formaba parte de un proceso de cambio real.

Aun así, el equipo de la fundación siempre estuvo pendiente de nosotros, incluso después de haber partido para España. La actividad de despedida fue muy emotiva, bien preparada, y se notaba que detrás había dedicación y cariño.

Por otro lado, ya de vuelta, hablando con amigos y familiares, me doy cuenta de lo poco conocido que es Nicaragua. Es un país completamente infravalorado. Su naturaleza es imponente, salvaje, y su gente es hospitalaria y entregada. Me sorprende y me entristece que no se hable de su situación política ni de los desafíos sociales que enfrenta con el gobierno autoritario de Daniel Ortega. Y, siendo totalmente honesta, yo misma nunca me había interesado por ello antes de vivir esta experiencia. Ha sido mi paso por allí lo que me ha hecho entender la ignorancia y apatía que caracteriza la burbuja en la que vive Europa, y lo poco que sabemos (y queremos saber) de otras realidades injustas porque creemos que no nos afectan.

 

 

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

El Salvador, Tierra de los volcanes y de lucha histórica. Martha Elena Pérez Tuñón

19 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

La llegada. 23 de agosto de 2025.

Volver a América Latina siempre es un gusto, pero hoy se siente extrañamente familiar, un volver a casa. Mi nombre es Elena y soy mexicana, llevo cuatro años viviendo en España. Dos másteres, dos cambios de ciudad, 8 mudanzas y casi tres años de no pisar Latinoamérica, pero estoy de vuelta.

Ahora en El Salvador. Sólo me tomó 30 horas de vuelo, con 3 conexiones y 5 horas de bus desde Guatemala. Me ha recibido Montse, mi tutora por parte de la cooperación andaluza, una catalana enamorada de El Salvador que se quedó. Se quedó desde hace más de dos décadas tras un viaje mochila al hombro desde la Patagonia, un viaje que también fue de carretera. Sí, cruzó Latinoamérica en moto. Y es importante aclara que, sí, hablamos de Latinoamérica y no Hispanoamérica, porque la identidad no la deciden otros, la decide el pueblo, los pueblos, todos los pueblos. Al menos desde una mirada alejada de la visión neocolonial recalcitrante que no para de reconstruirse otra vez, en Europa, ahora desde el discurso público y atendiendo a intereses muy concretos (y muy dispares a la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo sostenible). En fin, volviendo a Montse que ella se quedó y aprendió, deconstruyó y se arraigó y ahora es una salvadoreña más quién a veces (y sobre todo como suele ser con quienes experimentamos la realidad migrante) lo único que le pesa realmente es estar lejos de la familia, porque tu hogar ya no está en el lugar en que naciste.

Después de conocer a mi amable casera Nati y dejar las maletas, comenzó el primer día. ¿Qué es lo que noté? Compromiso, cercanía, entusiasmo, una mano amiga que acoge. Pero también miedo, incertidumbre, desasosiego, dolor, mucho dolor. Supongo que decir así las cosas sin que medie una oración que conecte puede parecer burdo, inconexo o hasta absurdo, pero eso quiero transmitir, que mi primer encuentro fue así, un parteaguas, profundo a manos llenas pero ambivalente, de una alta intensidad que se percibe enseguida contrastante.

Y no podía ser de otra manera. Conocía de antemano el pasado de lucha de El Salvador, primero estando en México, hace ya unos años, cuando comencé a interesarme por los procesos de construcción de paz, con el «qué pasa después de», la historia de los vencidos, al fin y al cabo, pensando en Miguel León Portilla.

A Latinoamérica han llegado las comisiones de la verdad, los procesos de justicia transicional, tenemos un Sistema Interamericano de Derechos Humanos sólido, coherente, un referente que nace de la lucha social, del insistir y del resistir y sí, se ha avanzado mucho (aunque el norte global no suela hablar de ello), pero parece ser que, la historia de Latinoamérica, es como un río de caudal fuerte, en donde siempre se nada a contracorriente y que, aunque sintamos que tocamos la riviera, la tierra mojada,  a veces, todos los esfuerzos titánicos e incansables que supusieron las vidas de varias generaciones enteras,  solo han alcanzado para mantener apenas, la cabeza fuera del agua.

En fin, que a lo que quería llegar es que, al conocer ALGES (la organización histórica que salvaguarda los derechos de las personas lisiadas de guerra de El Salvador) punto de encuentro (y hogar) de mis entrañables compañeros en estas cortitas, pero significativas ocho semanas, eso fue lo que percibí. Una calidez humana enorme, pero también muchas heridas, heridas de una lucha que aún no termina y que ahora incluso, se encuentra con una realidad que parece más difícil de hacerle frente.

Los salvadoreños son personas suaves, yo diría eso, suaves, aunque también muy fuertes, llamó mi atención que en las reuniones de la Junta Directiva Nacional y del equipo técnico (como cada lunes desde 1997). Victorino, el Jefe de Organización tenía un tono así, suave. Mientras organizaba 14 Departamentos (división territorial administrativa de El Salvador) en razón de sus respectivas labores, de la logística, los presupuestos, las salidas a terreno y un largo etcétera; en todo momento, se mantuvo firme, enfocado y con un tono de voz muy, muy bajo, a veces casi imperceptible.

Pero todo el equipo en ningún momento parpadeó, todos escucharon con atención a cada detalle, tomaron nota, participaron, enriquecieron el diálogo, y es que es así, o así debería ser, al menos. Organizar debe ser tarea de quién sabe poner de acuerdo a una comunidad, quién es cercano y sabe comunicar, quién tiene ideas claras, quién coordina, quién optimiza las maneras de colaborar, no quién habla más fuerte, quién impone, quien crea animadversión, quién siembra discordia y crea antagonismo. Liderazgo, le llaman.

El tono no es ceremonial ni formal, sí técnico, pero sólo cuando es necesario. Más allá de eso, siempre hay un espacio para la cercanía (en la que seguiré haciendo énfasis), un sentido del humor común y una preocupación genuina por el otro. Exige una suave sutileza recordar las situaciones que cada uno vive: si es que existe un familiar delicado de salud de uno de los presentes, la canción favorita del motorista, aquella anécdota en terreno de la que todos se acuerdan (y ríen), el sabor favorito de pupusas de la niña Glorita y en mi caso, la dieta vegetariana de uno de los nuevos integrantes. Una más al fin.

Pero esa misma tarde, se reveló ante mí, la otra cara, a veces solemne, a veces, doliente. ¿Qué esta pasando en El Salvador? Nayib Bukele está pasando.

Una nueva institucionalidad, afirman algunos. Si bien, había permanecido hasta cierto punto (e intencionalmente) alejada de la figura de Bukele, hasta en tanto no pisar El Salvador y escuchar de viva voz de los salvadoreños lo que estaba pasando, algo parecía no estar bien. Y no, no lo estaba.

Empiezan a salir hechos a raudales. Primera fueron las maras, sí, hubo una época en que los diarios internacionales mencionaban todo el tiempo a El Salvador, pero no por las mejores razones. Pandillas, secuestros, homicidios, drogas. Llegó Bukele como una figura casi mesiánica de planteamientos simples, entendibles para todos: detenciones masivas, penas muy altas (abandonando el principio de proporcionalidad del derecho penal), sentencias muchas sentencias. Control absoluto de la Asamblea Legislativa, Militarismo, un régimen de excepción desde el 27 de marzo de 2022, 3 años y contando.

Después vinieron objetivos concretos, líderes comunitarios, ambientalistas, defensores de los derechos humanos y del territorio, activistas, abogados y médicos, todos detenidos solo por mantenerse en una opinión política radical: la conciencia social.  Luego escaló, comuneros, obreros trabajando, limpiando, reparando, madres trabajadoras, profesoras, literalmente cualquiera. Había que llenar una cuota.

Cerrar canales, tirar puentes, crear realidades alternas, controlar el discurso ¿Qué podría salir mal? ¿Quién podría contradecir la realidad creada por Nayib Bukele?

Bueno, pues quizá quienes vienen de fuera, quienes vienen y van, pero que al mismo tiempo se interesan, quienes con el tiempo se sienten un poco de acá, quienes crean lazos y conocen la realidad social, los que ¿por qué no? invierten fondos, diseñan proyectos, los ejecutan, pero también evalúan, también son mensajeros, también tienen el privilegio de tener voz. El norte global al fin, pero dentro de este, los que están. Ellos son el siguiente objetivo.

La solidaridad internacional no comenzó ahora, tiene historia, una historia muy profunda y muy arraigada, identitaria, en todos y cada uno de los salvadoreños. Durante el conflicto armado hubo reconocimiento internacional hacia los combatientes como fuerza legítima del pueblo. Varios cientos de médicos extranjeros formaron a miles de sanitarias y sanitarios que salvaron la vida de sus compañeros combatientes, pero también de niños y de ancianos. Heridos graves fueron atendidos en hospitales en Cuba, formación táctica y militar desde muchas latitudes, decenas de miles de refugiados en el norte global, ayuda humanitaria del CICR. No, la solidaridad internacional no es nueva en El Salvador.

Así inició el primer día.

Unidad, solidaridad y lucha. 25 de agosto de 2025.

El Salvador, es el país más pequeño de todo Centroamérica, cuenta con una superficie de apenas 21,040 kilómetros cuadrados y 6,3 millones de habitantes. Es un país joven: casi la mitad de su población (47,9%) tiene menos de 29 años, de acuerdo con la ONAC (Oficina Nacional de Estadística y Censos). Pero juventud no siempre significa prosperidad, a veces se traduce en contrastes, puesto que la pobreza multidimensional, va en aumento. Mientras en 2019 el 22,8% de los hogares vivía en pobreza, en 2023 la cifra creció hasta el 27,2%. Datos duros que evidencian desigualdades, sí, sin embargo, pretender conocer a El Salvador a partir de la mirada solemne de las cifras, sería un error.

Porque El Salvador también es café, uno de calidad excepcional, que se exporta con orgullo y es cultivado en sus microclimas. Es cordillera y es volcán (242 volcanes cubren su territorio y al menos 36 de ellos se encuentran activos), también es playa de aguas tibias y altas olas que atraen a surfistas de todo el mundo. Y sobre todo, es mesa abundante y generosa, la tierra de las deliciosas pupusas, emblema de su gastronomía tradicional, en donde también se encuentran humeantes tamales, riguas, sopa de pata y platillos como la yuca frita con chicharrón, en donde también destacan bebidas como el atol en sus infinitas versiones. Las tortillas acá son gruesas al menos para una mexicana, pero guardan la misma vocación de reunir.

Quien tiene la fortuna de conocer a El Salvador encontrará que las hierbas no solo son especias ni tés, sino el ingrediente que da esencia a los platos: ya sea el chipilín, la verdolaga, el cochinito, el loroco (mi favorito) o la flor de izote, que además de alimentar y sazonar también es reconocida como su flor identitaria.

El Salvador también se reconoce en el torogoz, ave nacional de plumaje verde, turquesa y cobrizo que simboliza libertad pues no sobrevive en cautiverio y unidad familiar, porque en las familias de torogoz padre y madre, crían juntos.

Pero más allá de la geografía y la gastronomía, El Salvador es comunidad. Aquí se coopera, se comparte, se sostiene al otro. Es un país donde la amabilidad se convierte en cercanía, la resiliencia en fortaleza y el humor en herramienta de resistencia. Una forma de ser que tiene raíces en la memoria del conflicto armado.

Y claro que no todo ha sido armonía. En 1981 comenzó oficialmente la guerra civil, resultado de décadas de desigualdad, represión militar sistemática, encarcelamiento masivo de presos políticos y reformas al código penal que calificaban cualquier forma de subversión como un acto terrorista mientras suprimían el derecho a la libre asociación en todo el territorio. El asesinato del del defensor de derechos humanos Monseñor Oscar Arnulfo Romero en 1980 encendió una indignación que ya no pudo detenerse.

El pueblo salvadoreño se organizó con convicción y disciplina en todos los niveles, desde instrucción militar y política, brigadas médicas (conformadas a partir de la educación popular), el establecimiento de voceros políticos en el ámbito nacional e internacional (incluyendo una comisión diplomática), el perfeccionamiento de las comunicaciones a través de la radio popular y prensa escrita para combatir el discurso oficialista, y esfuerzos constantes desde el pueblo para garantizar la seguridad alimentaria que mantuviera viva la lucha, mientras muchas familias desplazadas por el conflicto (en las guindas) buscaban proteger su vida de las masacres efectuadas por las fuerzas armadas, buscando refugio en Honduras.

El conflicto duró doce años y dejó más de 75,000 muertos y miles de desaparecidos y desplazados. Aún en la actualidad esta lucha es reconocida internacionalmente, así como lo es la legitimidad de sus causas.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, conformado por cinco organizaciones (FPL, ERP, RN, PCES y PRTC) luchó de forma organizada durante más de una década y venció, firmando junto al gobierno salvadoreño representado por el ex mandatario, Alfredo Cristiani, los Acuerdos de Paz en Chapultepec, México, el 31 de diciembre de 1992, tras 21 meses de negociaciones.

La firma puso fin a la lucha armada, pero no a sus consecuencias. Quienes sobrevivieron, ahora enfrentaban nuevos retos: reconstruir una vida dentro de una nueva institucionalidad, hacer frente a múltiples duelos y en muchos casos aprender a vivir con una discapacidad adquirida a partir de la guerra y las secuelas del trauma.

De ese contexto doloroso nació una nueva forma de lucha civil: el 12 de julio de 1997 se fundó la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador, Héroes de Noviembre del 89 (ALGES). Una organización civil conformada por antiguos combatientes que cambiaron las armas por la defensa de sus derechos, y que hoy representan: unidad, solidaridad y lucha.

Una nueva etapa para ALGES. 30 de agosto de 2025.

ALGES nació en un contexto de posguerra marcado por profundas heridas sociales y miles de cuerpos lisiados por la violencia. Más de 40,000 personas adquirieron una discapacidad como consecuencia directa del conflicto armado, lo que configuró un nuevo colectivo con necesidades apremiantes. Frente a esa realidad, 423 salvadoreños decidieron organizarse en defensa de derechos básicos reconocidos en el Decreto 416: salud, rehabilitación, capacitación y empleo. Su apuesta fue clara: resistir desde la organización.

A diferencia de otras agrupaciones de la época, centradas en cabildeos que beneficiaban a exmiembros de las fuerzas armadas, ALGES buscó representar genuinamente a las víctimas del conflicto. Su mayor aporte, no obstante, fue haber demostrado una capacidad de reconciliación histórica: desde 1998 acogió en su seno a excombatientes del FMLN, a exmilitares y a civiles sobrevivientes con discapacidad. De ese modo, la Asociación se convirtió en un espacio de encuentro entre sectores antes enfrentados, sentando bases para una paz más inclusiva.

Mi experiencia como voluntaria se concentró en dos momentos. El primero fueron los actos conmemorativos de los 28 años de ALGES, celebrados entre el 11 y el 27 de julio de 2025 en los 14 departamentos del país. Allí se articularon encuentros entre afiliados, directivos y supervisores que no solo recordaron el pasado, sino que también analizaron críticamente el presente.

El panorama que emergió de esas discusiones no fue alentador. Entre las amenazas identificadas estuvieron la desaparición de organismos encargados del pago de pensiones, la transferencia de competencias que limitan la autonomía comunitaria y la creación de marcos legales que obstaculizan proyectos locales. Todo ello refleja una estrategia estatal orientada a debilitar a la sociedad civil organizada. Como respuesta, la conclusión fue que ALGES debía actualizar sus estrategias y fortalecer sus procesos organizativos frente a la nueva institucionalidad.

El segundo momento de mi voluntariado fue un ejercicio de memoria centrado en mujeres y adolescentes sobrevivientes del conflicto. A través de entrevistas y retratos narrativos, se buscó visibilizar sus experiencias. El reto fue enorme: dificultades logísticas para llegar a las comunidades, poco tiempo para realizar entrevistas y, sobre todo, el peso emocional de abordar relatos tan duros. No obstante, el aprendizaje fue muy valioso.

Las mujeres entrevistadas dejaron ver dos dimensiones de la resistencia. Por un lado, el sentido de pertenencia comunitaria que las sostuvo en los momentos más oscuros. Por otro, una conciencia social que, con el tiempo, se ha transformado en participación activa en foros públicos, en liderazgos locales y en propuestas de políticas públicas. La lucha, en este sentido, no se extingue: se reinventa

De todo este proceso se desprenden varias reflexiones. La primera, la necesidad de permanecer atentas frente a los intentos de restringir derechos. La segunda, el reconocimiento pendiente al papel de las mujeres en la guerra: su aporte ha sido sistemáticamente invisibilizado y su acceso a beneficios, muy limitado. La tercera, la persistencia de secuelas emocionales como el estrés postraumático, que prolongan el sufrimiento incluso en tiempos de paz.

Finalmente, tres certezas fundamentales orientan la experiencia:

La lucha armada y la defensa de derechos son expresiones legítimas de resistencia, cada una adecuada a su tiempo y contexto.

Todo proceso de lucha debe garantizar continuidad generacional; de lo contrario, corre el riesgo de extinguirse.

Quien ha enfrentado la injusticia ya no puede volver atrás. La conciencia adquirida y la práctica cotidiana de resistencia convierten la lucha en una forma de vida.

Hoy ALGES se encuentra en un proceso de transición hacia una estructura más sólida y sostenible. Su reto consiste en transmitir a las nuevas generaciones no solo un ideario político, sino también los medios para resistir en un entorno cada vez más adverso. La historia de la Asociación demuestra que la lucha no se limita al pasado: se expande, se transforma y se resignifica en cada momento histórico.

 

Publicado en: El Salvador, Voluntariado internacional Etiquetado como: Discapacidad, Género

Una experiencia inolvidable. Paula Cervera Rodríguez

8 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

 

Recibida por la fiesta al Dios Sol. 27 de junio de 2025. 

El día 23 salía de Madrid con una maleta llena de ilusiones y también de miedos, tras 16 horas de viaje llegaba a la ciudad de Cusco, la que iba a ser mi hogar durante los próximos 2 meses. A la mañana siguiente Cusco me recibía con su fiesta más importante, el Inti Raymi, una celebración llena de colores, tradiciones, danzas, música y alegría. ¿A caso pude tener un mejor recibimiento? A pesar de eso el primer día fue un poco difícil, el cansancio, el estrés y los nervios me impidieron disfrutar plenamente de esta celebración; aun así fue un día inolvidable en el que conocí a personas extraordinarias.

Aunque llevo menos de una semana en esta ciudad ya me ha cautivado con su encantador desorden y sus calles llenas de historia y de vida. Además, el acogimiento en la organización donde voy a realizar el voluntariado también ha sido de lo más cálido. Estoy segura de que estos dos meses van a ser una experiencia inolvidable que voy a llevar siempre conmigo.

Fiesta Inti Raymi
Cuzco

Mejor de lo que nunca hubiese pensado. 31 de julio de 2025.

Después de un poco más de un mes en Cusco puedo decir que la ciudad me tiene completamente cautivada, cada una de sus calles y esquinas están llenas de historia y de vida. Se trata de una ciudad con infinidad de cosas que ofrecer.

Por su parte, el trabajo aquí está yendo mucho mejor de lo que nunca hubiese imaginado, en la organización me han permitido involucrarme plenamente y no solo estoy asistiendo a muchos de los talleres que se imparten a las comunidades, sino que también estoy participando en la impartición de alguno de ellos. Gracias a esto estoy pudiendo aprender realmente como trabajar con la población y entrar de una manera privilegiada en su cultura. Cada vez que estoy en uno de esos talleres siento una gran gratitud con la FSU y el CGPA por permitirme entrar tan de lleno en su trabajo, con todos los participantes por asistir, con la Universidad por ofrecer esta oportunidad y conmigo misma por haber dado el paso de embarcarme en esta aventura.

Ahora mismo lo único que puedo pensar es en exprimir al máximo el mes que me queda aquí, ya todos los miedos y nervios del inicio se han disipado y se han transformado en unas inmensas ganas de conocer y de aprender todo lo posible en este tiempo.

La parte más dura son las despedidas. 28 de agosto de 2025. 

Tras dos maravillosos meses la experiencia llega a su fin y lo más duro que he vivido en estos dos meses lo estoy viviendo ahora, las despedidas, el tener que despedirme de toda la gente que ha hecho que me sienta en casa estando tan lejos de la mía, de la ciudad que ha sido mi hogar y de todo lo vivido aquí. Han sido dos meses llenos de aprendizajes, de vivencias, de nuevas emociones…

Perú y, especialmente la ciudad de Cusco se caracterizan por sus colores y me he dado cuenta de que estos colores son un reflejo de la intensidad de su cultura, de su alegría, de su historia y de su lucha.

No puedo estar más contenta por haber elegido el Centro Guaman Poma de Ayala como entidad en la que realizar mi voluntariado, todo el equipo y especialmente mis compañeros de proyecto me han hecho sentir una más, me han acompañado en toda mi estancia y me han enseñado todo lo que saben. La realidad de mucha gente en este país y en concreto en esta ciudad (que es donde yo he trabajado) es muy dura, pero las ganas que les ponen para mejorar su calidad de vida y la pasión con la que he visto que mis compañeros trabajan para ayudarles a lograrlo me llenan de esperanza y de ganas de seguir trabajando en proyectos como este.

Estoy enormemente agradecida con la Universidad de Granada por darme esta oportunidad, con la Fundación Social Universal por ayudarme a emprender este camino y con el centro Guaman Poma de Ayala por acompañarme en el proceso y permitirme adentrarme en su trabajo y en su realidad.

Me despido de Perú con un nudo en la garganta, pues una parte de mí siempre se quedará aquí y una parte de Perú siempre estará conmigo. Como dicen en quechua: hasta que la vida nos vuelva a encontrar, Tupananchiskama Perú.

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento

Categorías

  • Bolivia
  • Colombia
  • Ecuador
  • El Salvador
  • Guatemala
  • Honduras
  • Nicaragua
  • Perú
  • Senegal
  • TFM/G
  • Togo
  • Voluntariado internacional

Etiquetas

Adultos mayores Agroecología Derecho agua y alimentación Derechos de la infancia Discapacidad Educación Emprendimiento equidad de género Género Informática salud Sostenibilidad ambiental
septiembre 2025
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
    Oct »

Meta

  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org

Universidad de Granada
blogsUgr
C.S.I.R.C. · Plataformas webs corporativas
Acceder

En BlogsUGR utilizamos cookies propias con finalidad técnica y para personalizar su experiencia de usuario. Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de terceros para fines analíticos.

 

Puede aprender más sobre qué cookies utilizamos o desactivarlas en los .

Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio
Powered by  GDPR Cookie Compliance
Resumen de privacidad

BlogsUGR utiliza cookies propias para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a BlogsUGR, haces algún comentario o seleccionas el idioma de un blog. Rechazar las cookies propias podría suponer la imposibilidad de acceder como usuario a BlogsUGR.

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de terceros con fines analíticos para recabar estadísticas sobre la actividad del usuario en dicho blog y la actividad general del  mismo.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Algunos blogs de BlogsUGR utilizan Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.

También algunos blogs de BlogsUGR utilizan cookies de twitter.com que se utilizan para la visualización de esta red social en el blog.

Política de cookies

La presente política de cookies tiene por finalidad informarle de manera clara y precisa sobre las cookies que se utilizan en los blogs del servicio BlogsUGR de la Universidad de Granada.

¿Qué son las cookies?

Una cookie es un pequeño fragmento de texto que los sitios web que visita envían al navegador y que permite que el sitio web recuerde información sobre su visita, como su idioma preferido y otras opciones, con el fin de facilitar su próxima visita y hacer que el sitio le resulte más útil. Las cookies desempeñan un papel muy importante y contribuyen a tener una mejor experiencia de navegación para el usuario.

Tipos de cookies

Según quién sea la entidad que gestione el dominio desde dónde se envían las cookies y se traten los datos que se obtengan, se pueden distinguir dos tipos: cookies propias y cookies de terceros.

Existe también una segunda clasificación según el plazo de tiempo que permanecen almacenadas en el navegador del cliente, pudiendo tratarse de cookies de sesión o cookies persistentes.

Por último, existe otra clasificación con cinco tipos de cookies según la finalidad para la que se traten los datos obtenidos: cookies técnicas, cookies de personalización, cookies de análisis, cookies publicitarias y cookies de publicidad comportamental.

Para más información a este respecto puede consultar la Guía sobre el uso de las cookies de la Agencia Española de Protección de Datos.

Cookies utilizadas en la web

A continuación se identifican las cookies que están siendo utilizadas en este portal así como su tipología y función:

Todos los blogs de BlogsUGR utilizan cookies técnicas y propias, necesarias para la personalización de su experiencia de usuario y para el mantenimiento de sesión.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar cookies de Twitter para personalizar la visualización de dicha red social en el blog.

Algunos blogs de BlogsUGR pueden utilizar Google Analytics, un servicio de analítica web desarrollada por Google, que permite la medición y análisis de la navegación en las páginas web. En su navegador podrá observar cookies de este servicio. Según la tipología anterior se trata de cookies  de terceros, de sesión y de análisis.

A través de esta analítica web se obtiene información relativa al número de usuarios que acceden a la web, el número de páginas vistas, la frecuencia y repetición de las visitas, su duración, el navegador utilizado, el operador que presta el servicio, el idioma, el terminal que utiliza y la ciudad a la que está asignada su dirección IP. Información que posibilita un mejor y más apropiado servicio por parte de este portal.

Para garantizar el anonimato, Google convertirá su información en anónima truncando la dirección IP antes de almacenarla, de forma que Google Analytics no se usa para localizar o recabar información personal identificable de los visitantes del sitio. Google solo podrá enviar la información recabada por Google Analytics a terceros cuanto esté legalmente obligado a ello. Con arreglo a las condiciones de prestación del servicio de Google Analytics, Google no asociará su dirección IP a ningún otro dato conservado por Google.