Universidad de Granada

Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

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El Amanecer en Luceros. Darío Puyana Barrajón

6 octubre, 2025 por marivimf 1 comentario

La bienvenida al vivero

 

Tras finalizar mi primera etapa de iniciación con la entidad, he podido observar y analizar su funcionamiento interno, así como participar en diversas acciones desarrolladas en la institución.

En primer lugar, el día de mi llegada no se encontraba presente la coordinadora de voluntariado internacional, hecho que nadie me notificó. Ante esta situación, en lugar de contar con una persona encargada de guiarme por el recinto y presentarme a los compañeros, me encontré con una llegada confusa y sin indicaciones, en la que tuve que orientarme por iniciativa propia. Posteriormente, esta situación fue hablada y aclarada, recibiendo las respectivas disculpas por parte de la institución.

Durante las primeras semanas pude constatar que la planificación y organización no han sido del todo adecuadas. En función de la persona con la que se trabaje, la implicación, las responsabilidades y las tareas asignadas varían de forma considerable. En este sentido, me gustaría destacar el valor de la figura de la coordinación internacional, que en todo momento se ha mostrado atenta y pendiente de los voluntarios. Sin embargo, de manera objetiva, considero que la falta de comunicación y de estructura interna afecta notablemente a su labor y, en consecuencia, influye directamente en la experiencia del voluntariado. En ocasiones, uno siente que no sabe qué hacer o que todo puede cambiar repentinamente, sin apenas explicación. Todo ello, sin entrar a valorar el ambiente de trabajo, del cual también se podrían comentar diversas cuestiones que no pertenecen a una ética de compañerismo y profesionalidad, pero, creo que ese debate puede tenerse en otro momento.

Por estas razones, y con el apoyo de otros voluntarios, decidí proponer un proyecto que pudiéramos desarrollar con mayor continuidad y coherencia, y en el que realmente me sintiera a gusto dentro de la fundación: un proyecto vinculado a la construcción y la naturaleza. La iniciativa fue muy bien recibida, pues plantea un enfoque desde lo local hacia lo local, priorizando el desarrollo personal de los niños y niñas, y alejándose de la idea, bastante arraigada en el espacio, de que las personas extranjeras deban asumir tareas que, en su ausencia, quedan vacías.

Gracias a este proyecto, y a la iniciativa personal de algunos compañeros, la situación ha evolucionado favorablemente. Hemos comenzado a planificarnos mejor, a coordinarnos y a mantener una comunicación más clara sobre los aspectos necesarios para llevar a cabo de manera adecuada el trabajo de intervención con menores, tanto en el refuerzo educativo como en los talleres de la tarde, así como en las funciones y tareas del día a día.

Por último, considero muy valiosos estos espacios, como el blog, que nos permiten ser sinceros y autocríticos, a la vez que coherentes con nuestras profesiones y estudios de base. Por ello, agradezco profundamente a la Universidad de Granada la oportunidad de expresarnos y mantener este contacto.

Medio amanecer

En esta segunda mitad del voluntariado internacional mi trabajo se está centrando en el desarrollo del proyecto de construcción y naturaleza planteado hace unas semanas, la realización de un mural colaborativo para una de las oficinas y la ejecución de jornadas pedagógicas con diversas escuelas pertenecientes a Camoapa.

Respecto al proyecto medioambiental, he comprobado de primera mano cómo el proceso para conseguir ciertos recursos ha sido difícil. A pesar de las constantes reuniones y espacios de conversación con las personas responsables de la fundación, la iniciativa de ir y comprar algunos materiales ha recaído en mis compañeros y en mí. Además, viendo el tiempo transcurrido y la falta de algunos materiales necesarios para determinadas acciones, mis compañeros y yo hemos visto la imposibilidad de realizar el proyecto tal y como estaba acordado. Esto no se debe a falta de motivación, compromiso u otros aspectos similares, sino a la falta de apoyo en ciertos materiales por parte de la entidad. Ello, acompañado de respuestas imprecisas y confusas, que me han hecho sentir agotado mentalmente.

Aun así, adaptándome a estas circunstancias sigo valorando el proyecto como algo positivo y transformador en tanto que su enfoque parte de lo local hacia lo local. No obstante, destaco como aspecto negativo el hecho de que este programa se esté trabajando más con las escuelas externas que con los propios niños y niñas del hogar, debido a las dificultades diarias que ya comentaba en la anterior entrega del blog. Luego, la idea de realizar un mural en el espacio de la oficina de la coordinadora ha nacido de forma conjunta entre nuestra coordinadora internacional, su compañera y el equipo de voluntarios que estamos en la entidad. El mural ya lo hemos empezado a elaborar con la ayuda de varios niños y niñas, con el propósito de dibujar algunos elementos propios del país de Nicaragua y dejar en la pared algunos huecos destinados al voluntariado internacional, el apadrinamiento y la cooperación internacional. De este modo, se creará un lugar significativo para las futuras personas que lleguen a trabajar en la fundación.  

Esta actividad me produce bienestar y sirve como espacio de desahogo y desconexión cuando el ritmo de trabajo se vuelve ineficiente o agotador por la cuestión organizativa. Por ello, espero que antes de irme podamos acabar el mural y que sea un recuerdo de aprendizaje y diversión construido con la participación de los más pequeños y pequeñas. Por último, las jornadas y talleres con las escuelas están siendo los momentos más bonitos y satisfactorios de mi labor en la fundación. Ya han venido dos escuelas y se prevé que cada semana se sume una más para seguir desarrollando actividades relacionadas con el medioambiente, la construcción y la educación ambiental. En las dos jornadas llevadas a cabo se han hecho dinámicas de presentación, juegos para evaluar los aprendizajes ambientales previos y talleres de siembras de plantas, elaboración de semilleros con botellas de plástico y pinturas de llantas recicladas. La media de participantes por escuelas ronda los 60 niños y niñas, que van desde los 11 hasta los 14 años. Además, resalto con alegría que gracias a la recepción de estas escuelas me han surgido nuevas oportunidades personales para impartir talleres en las propias comunidades educativas, lo cual me llena de felicidad y entusiasmo.

EL FIN DEL AMANECER

Mi paso por la Fundación Luceros del Amanecer ha sido una experiencia profundamente reveladora. Llegué con ilusión, con la intención de aportar desde mi formación en educación social y cooperación internacional, y me encontré con una realidad mucho más compleja de lo que imaginaba: un sistema de voluntariado que, en muchos casos, reproduce los mismos problemas estructurales que pretende transformar.

Desde el primer momento, la experiencia estuvo marcada por la desorganización y la falta de comunicación. Ni antes ni durante mi llegada existió una estructura clara de acogida o acompañamiento, y pronto comprendí que esa falta de planificación no era un hecho puntual, sino una característica general del funcionamiento institucional. Aparentemente, se ofrecía una gran autonomía, pero en realidad respondía a la ausencia de dirección, objetivos y coordinación.

Durante mi estancia observé que muchas actividades carecían de una base pedagógica o social sólida. Los programas educativos no respondían a las necesidades reales de los menores y el acompañamiento familiar o comunitario se realizaba de forma intermitente, sin seguimiento ni metodología clara. Las carencias estructurales —falta de recursos, de formación, de evaluación— se combinaban con una desmotivación generalizada que convertía un proyecto con potencial transformador en un espacio meramente asistencial.

Uno de los aspectos que más me impactó fue la distancia entre el discurso institucional y la práctica cotidiana. Se habla de educación, acompañamiento y empoderamiento, pero en la realidad cotidiana predominan la improvisación, la falta de escucha y la ausencia de un enfoque socioeducativo. No se promueve la reflexión, la participación ni el desarrollo integral de los niños, niñas y familias, sino que prevalece una lógica de contención: mantener las cosas funcionando sin cuestionar su sentido.

En este contexto, el rol de los voluntarios internacionales se vuelve ambiguo. A menudo se nos presenta como parte esencial del proyecto, pero sin una integración real ni funciones definidas.

Esta falta de claridad puede derivar en frustración, sobre todo para quienes buscan una experiencia de aprendizaje y transformación social genuina. Por otra parte, también observé cómo la figura del voluntario se asocia más con un aporte económico o una experiencia “exótica” que con un compromiso ético o profesional. Este enfoque, que podríamos llamar colonial o paternalista, sigue estando presente en muchos programas de voluntariado internacional, incluso cuando se enmascara bajo discursos solidarios.

El clima laboral tampoco era ajeno a estas tensiones. La falta de autocrítica, la resistencia al cambio y las jerarquías informales generaban un ambiente difícil, que afectaba tanto al personal local como a los voluntarios. Cuestionar ciertas prácticas o proponer mejoras se percibía como una amenaza más que como una oportunidad, lo cual limitaba cualquier posibilidad de aprendizaje institucional.

A pesar de todo, esta experiencia ha sido formativa en un sentido ético y de reafirmación de mis valores y principios como persona. Me ha permitido reflexionar sobre el verdadero sentido del voluntariado y sobre la necesidad de repensar los programas internacionales desde la humanidad, la coherencia y la responsabilidad. El voluntariado no puede reducirse a “vivir una aventura” turística o acumular experiencias personales: debe ser un espacio de encuentro, de aprendizaje mutuo y de acción social transformadora.

Hoy, al mirar atrás, me quedo con la importancia de mantener una mirada crítica y honesta, incluso cuando esa mirada duele. El voluntariado internacional, cuando se realiza sin estructura, sin objetivos claros y sin compromiso con la comunidad, corre el riesgo de reproducir desigualdades en lugar de combatirlas. Pero también puede —si se asume con humildad y autocrítica— ser una oportunidad para construir relaciones más justas, conscientes y humanas.

EL FIN DEL AMANECER

Mi paso por la Fundación Luceros del Amanecer ha sido una experiencia profundamente reveladora. Llegué con ilusión, con la intención de aportar desde mi formación en educación social y cooperación internacional, y me encontré con una realidad mucho más compleja de lo que imaginaba: un sistema de voluntariado que, en muchos casos, reproduce los mismos problemas estructurales que pretende transformar.

Desde el primer momento, la experiencia estuvo marcada por la desorganización y la falta de comunicación. Ni antes ni durante mi llegada existió una estructura clara de acogida o acompañamiento, y pronto comprendí que esa falta de planificación no era un hecho puntual, sino una característica general del funcionamiento institucional. Aparentemente, se ofrecía una gran autonomía, pero en realidad respondía a la ausencia de dirección, objetivos y coordinación.

Durante mi estancia observé que muchas actividades carecían de una base pedagógica o social sólida. Los programas educativos no respondían a las necesidades reales de los menores y el acompañamiento familiar o comunitario se realizaba de forma intermitente, sin seguimiento ni metodología clara. Las carencias estructurales —falta de recursos, de formación, de evaluación— se combinaban con una desmotivación generalizada que convertía un proyecto con potencial transformador en un espacio meramente asistencial.

Uno de los aspectos que más me impactó fue la distancia entre el discurso institucional y la práctica cotidiana. Se habla de educación, acompañamiento y empoderamiento, pero en la realidad cotidiana predominan la improvisación, la falta de escucha y la ausencia de un enfoque socioeducativo. No se promueve la reflexión, la participación ni el desarrollo integral de los niños, niñas y familias, sino que prevalece una lógica de contención: mantener las cosas funcionando sin cuestionar su sentido.

En este contexto, el rol de los voluntarios internacionales se vuelve ambiguo. A menudo se nos presenta como parte esencial del proyecto, pero sin una integración real ni funciones definidas.

Esta falta de claridad puede derivar en frustración, sobre todo para quienes buscan una experiencia de aprendizaje y transformación social genuina. Por otra parte, también observé cómo la figura del voluntario se asocia más con un aporte económico o una experiencia “exótica” que con un compromiso ético o profesional. Este enfoque, que podríamos llamar colonial o paternalista, sigue estando presente en muchos programas de voluntariado internacional, incluso cuando se enmascara bajo discursos solidarios.

El clima laboral tampoco era ajeno a estas tensiones. La falta de autocrítica, la resistencia al cambio y las jerarquías informales generaban un ambiente difícil, que afectaba tanto al personal local como a los voluntarios. Cuestionar ciertas prácticas o proponer mejoras se percibía como una amenaza más que como una oportunidad, lo cual limitaba cualquier posibilidad de aprendizaje institucional.

A pesar de todo, esta experiencia ha sido formativa en un sentido ético y de reafirmación de mis valores y principios como persona. Me ha permitido reflexionar sobre el verdadero sentido del voluntariado y sobre la necesidad de repensar los programas internacionales desde la humanidad, la coherencia y la responsabilidad. El voluntariado no puede reducirse a “vivir una aventura” turística o acumular experiencias personales: debe ser un espacio de encuentro, de aprendizaje mutuo y de acción social transformadora.

Hoy, al mirar atrás, me quedo con la importancia de mantener una mirada crítica y honesta, incluso cuando esa mirada duele. El voluntariado internacional, cuando se realiza sin estructura, sin objetivos claros y sin compromiso con la comunidad, corre el riesgo de reproducir desigualdades en lugar de combatirlas. Pero también puede —si se asume con humildad y autocrítica— ser una oportunidad para construir relaciones más justas, conscientes y humanas.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Derechos de la infancia

Perú en Primera Persona: Mi Experiencia como Voluntario. Carlos Alguacil López

6 octubre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Mi llegada a Perú y primeros pasos en el voluntariado

 

Mi llegada a Perú fue una experiencia muy positiva desde el primer momento. La acogida que recibí me permitió sentirme como en casa, algo que sin duda agradezco muchísimo. La adaptación no ha sido complicada gracias al apoyo de compañeros como Cristian, Will, Giovanna o Paola, quienes me han acompañado en cada paso y me han ayudado a integrarme en el día a día de la organización. Además, con el resto de los voluntarios hemos formado una auténtica piña: compartimos no solo trabajo, sino también vivencias, conversaciones y momentos de ocio que hacen que la experiencia sea todavía más enriquecedora.

Estoy participando en dos proyectos muy interesantes: Fondoempleo y Work4Progress, cada uno con dinámicas diferentes, pero ambos con un gran impacto en la vida de los emprendedores locales.

En Fondoempleo, nuestra labor principal ha sido recoger encuestas para seleccionar a los beneficiarios que recibirán formación y tendrán la oportunidad de acceder a un fondo semilla. Este busca impulsar sus negocios y darles una base más sólida para crecer. Me ha parecido una dinámica muy enriquecedora porque se parece mucho a un concurso de ideas de negocio en el que participé en la UGR. La diferencia es que aquí los emprendimientos no se quedan en un concepto o idea, sino que son negocios reales, con historias y familias detrás, que buscan mejorar su calidad de vida a través del trabajo. Hemos visitado sus emprendimientos y conversar directamente con ellos me ha permitido conocer de cerca sus objetivos, dificultades y estrategias. Este contacto humano me ha marcado mucho, porque me recuerda que detrás de cada proyecto hay personas que luchan cada día por salir adelante. Además, el equipo con el que estoy trabajando es extraordinario Mario, Heidi y Kami son profesionales muy comprometidos que me enseñan constantemente y de los que aprendo un montón.

Por otro lado, en Work4Progress estoy desarrollando la parte más vinculada a la informática. Han considerado que mi experiencia podía aportar valor y me han pedido crear una aplicación para el control de costes e ingresos. El objetivo es que los emprendedores tengan una herramienta sencilla y práctica que les ayude a organizar mejor las finanzas de sus negocios, algo fundamental para que puedan tomar decisiones informadas y sostenibles. Para mí, este reto ha sido muy estimulante, porque combina mis conocimientos técnicos con la posibilidad de generar un impacto real en la vida de las personas. Paralelamente, también he asistido a diversas capacitaciones organizadas por el proyecto. Estas sesiones me han permitido abrir la mente, conocer otras realidades y comprender mejor la situación actual de Perú en relación con el emprendimiento, la inclusión y el desarrollo económico local.

Más allá del trabajo, esta experiencia está siendo un verdadero aprendizaje de vida. Cada día me doy cuenta de nuevas cosas: la importancia de la colaboración, el valor del esfuerzo colectivo y lo mucho que se puede lograr cuando las personas se unen con un propósito común. Estoy aprendiendo a mirar el mundo desde otra perspectiva, a valorar las pequeñas cosas y a reconocer la fuerza de las comunidades que luchan por un futuro mejor.

En resumen, mi llegada y primeras semanas en Perú han sido intensas, motivadoras y muy gratificantes. Me siento afortunado de poder vivir esta experiencia, de aprender de tantas personas valiosas y de poner mi granito de arena en proyectos que tienen un impacto real en la vida de los emprendedores. Estoy convencido de que lo que queda por delante será igual de enriquecedor, y espero seguir compartiendo en este espacio mis avances, aprendizajes y reflexiones.

 

 

 

 

 

Continuamos en Perú, con proyectos que avanzan y primeros resultados
Ya estoy super adaptado y, veo cómo los proyectos toman forma. Mantengo la misma sensación de acogida que conté en mi primera entrada: el equipo no solo acompaña, también impulsa. Y con el resto de voluntarios seguimos siendo una piña: trabajamos, conversamos y celebramos cada pequeño avance.
Novedades en Fondoempleo
En Fondoempleo hemos cerrado una etapa importante: ya terminamos las encuestas y empezamos a llamar a las personas seleccionadas que participarán en el programa. La semana que viene arrancan las formaciones en municipalidades como Saylla y Lucre, con contenidos muy prácticos: control de gastos, registro de ingresos y habilidades blandas para fortalecer la gestión del día a día. Me ilusiona especialmente porque siento que estas sesiones serán muy útiles: están diseñadas para necesidades concretas que vimos en campo. Volver a conversar con los emprendedores, ahora con la noticia de su selección, ha sido un recordatorio potente de que detrás de cada negocio hay una historia, un esfuerzo y una familia.


Novedades en Work4Progress
En Work4Progress estoy viviendo mi primer contacto real con el desarrollo tecnológico aplicado al territorio, y me está encantando:
1.
Entrevistas con emprendedores Antes de diseñar o programar nada, quisimos entender de primera mano cómo gestionan su negocio: qué usaban para llevar gastos e ingresos, si es que los llevaban, que les gustaría tener en un aplicativo y qué les gustaría mejorar. Hicimos un formulario para ir recabando información, pero lo que más me sirvió fue las charlas con los emprendedores que daban muchas ideas y cosas a tener en cuenta.
2.
Empezamos a mejorar la aplicación Con esa información, empezamos a construir la app, para que respondiera mejor a sus necesidades. Refinamos pantallas, simplificamos procesos, esto era lo más importante, que fuera simple y fácil de usar para que les fuera útil, y añadimos opciones según los comentarios recibidos.
3.
Generación de la APK y pruebas con usuarios Creamos un archivo instalable (APK), que es como una forma de prueba que se tiene que instalar en los móviles de los usuarios, para poder hacer las primeras pruebas con las personas de la oficina. Es una fase de prueba clave: observamos cómo interactúan con ella, qué entienden fácilmente y qué no tanto. A partir de esas observaciones, mejoramos la experiencia y eliminamos errores.
No todo salió perfecto a la primera —aparecieron pequeños fallos—, pero esa retroalimentación es oro: nos permite afinar la herramienta, simplificar pantallas, mejorar la carga de datos y hacerla más clara y útil para tomar decisiones financieras.
Aprendizajes que se quedan
Más allá de las tareas, cada día confirmo la fuerza del trabajo colaborativo y el impacto de construir soluciones con las personas y no solo para ellas. Escuchar, probar, corregir y volver a probar es un ciclo que, aunque exigente, da resultados muy tangibles.
No todo es trabajo (¡por suerte!). Estoy aprovechando para conocer el lugar: ya visité el Valle Sagrado y el glaciar más grande del mundo, el Quelccaya. Me encanta conversar con la gente, descubrir las historias que hay detrás de cada una y sentir cómo me voy integrando poco a poco. Esta experiencia está siendo muy positiva, tanto en lo profesional como en lo personal.
En resumen, estas semanas han sido de avances: participantes confirmados, formaciones a punto de empezar y una app en manos de usuarios reales. Me siento afortunado por lo aprendido y motivado por lo que viene. Seguiré compartiendo por aquí mis progresos, aprendizajes y reflexiones.

Wasiyki Perú: un hogar para siempre
Han pasado ya dos meses y miro atrás con una mezcla de alegría, nostalgia y gratitud inmensa. No podría haber imaginado una acogida tan cálida ni una experiencia tan completa. Cusco me ha regalado mucho más de lo que traje: me ha ofrecido un hogar lejos del mío, una familia entre los voluntarios y un sinfín de momentos que guardaré siempre.
En Guaman Poma me he sentido cuidado como si fuera uno más de la familia. Cada persona del equipo ha tenido un gesto, una palabra o una sonrisa que me han hecho sentir valorado y querido. Mención especial para Paola, que me ha mostrado la cara más amable de Perú, enseñándome tanto con su ejemplo como con su cariño. Agradezco también a la FSU y a la UGR por hacer posible esta experiencia, que sin duda me ha transformado profundamente.
He aprendido a mirar la vida desde otra perspectiva: a quedarme con lo bueno, a entender que las diferencias nos enriquecen y a disfrutar de cada día intensamente. Este viaje me ha enseñado a reír más, a escuchar mejor y a valorar el poder de las pequeñas cosas: una conversación, una caminata, una comida compartida o una simple mirada cómplice entre compañeros.
En Fondoempleo hemos iniciado las capacitaciones, y ha sido precioso ver cómo los emprendedores, que al principio apenas se conocían, ahora forman un grupo unido, con confianza, apoyo mutuo y mucha ilusión. El contenido de las sesiones es muy potente, pero lo que más valoro es lo que le comenté a Mario un día: “lo mejor de estas capacitaciones son las conexiones que se crean, el conocimiento que se transmite sin darse cuenta.”
Agradezco enormemente a todo el equipo, porque cada viaje al Valle Sur no solo ha sido un trabajo, sino una experiencia compartida llena de risas, aprendizaje, paisajes inolvidables y alguna que otra siesta. Esos trayectos quedarán grabados en mi memoria como parte de una etapa muy especial.
En Work4Progress culminé una de las tareas más emocionantes de todo el voluntariado: terminar la aplicación de control de ingresos y gastos. Fue casi contra el reloj, pero el resultado final fue un producto totalmente funcional, listo para subir a Google Play. No puedo estar más orgulloso.
Nada de esto habría sido posible sin Cristian y Will, que estuvieron ahí en los momentos más duros, cuando el cansancio o el código se me atragantaban. Siempre encontraban la manera de sacarme una sonrisa o recordarme por qué valía la pena seguir. Gracias a ellos, este proyecto no es solo una app, sino una prueba de lo que se logra cuando la colaboración y la amistad se unen.

Publicado en: Perú, Voluntariado internacional Etiquetado como: Emprendimiento, Informática

En un rincón de Nicaragua: un trocito de mi experiencia en Camoapa. Estrella Guzmán García

25 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

MI LLEGADA A CAMOAPA.

El calor húmedo, el bullicio de las calles y el paisaje verde me dieron la bienvenida al llegar a Camoapa, Nicaragua. Antes incluso de llegar a mi destino, ya tuve mi primera gran sorpresa: pasé en migración más de 2 horas en el aeropuerto de Managua, ahí fue dónde tomé conciencia de que aquí las cosas tienen su propio ritmo.

En estos primeros días he empezado a descubrir realidades muy distintas a las que conocía: la poca escolarización de muchos niños, la fuerte dependencia económica que todavía existe de las mujeres respecto al hombre y el peso que tiene el sector ganadero en la vida diaria. Por las carreteras es habitual ver grandes rebaños, y los autobuses que recorren la zona llevan no solo pasajeros dentro, sino también pasajeros sobre el techo, algo que me chocó desde el primer momento, pero tras cuatro días, ya es algo habitual.

Camoapa es una zona muy humilde, y la pobreza es evidente en muchos aspectos, sin embargo, algo que me ha sorprendido y admirado profundamente es que, a pesar de las limitaciones y la falta de comodidades como el agua caliente, las calles se mantienen más o menos limpias y la gente cuida mucho su aspecto personal, notándose el esfuerzo y el orgullo por mantener la dignidad y la buena presentación incluso en circunstancias difíciles.

 

MI VIDA EN CAMOAPA

Ya han pasado varias semanas desde que llegué a Camoapa, y poco a poco este lugar ha dejado de ser solo un sitio nuevo por descubrir para convertirse en parte de mi vida cotidiana, en mi hogar. Lo que al principio me sorprendía, ahora forma parte de un paisaje al que me he acostumbrado.

Durante este tiempo he tenido la oportunidad de acercarme más a la comunidad. He conocido historias de vida marcadas por la sencillez y también por la lucha constante. La falta de recursos sigue siendo evidente, pero también lo es la fortaleza de las personas, su capacidad de sonreír y de abrir su casa al visitante, aunque tengan poco que ofrecer.

A lo largo de mi voluntariado he descubierto que, aparte de la ayuda que uno pueda brindar, lo que más vale es lo que uno recibe: la paciencia para adaptarse a un ritmo distinto al que estamos acostumbrados en Europa, la gratitud por los pequeños gestos y la enorme lección de amor que los locales nos dan a los voluntarios.

Un hábito que no tenía y que ahora forma parte de mi rutina es la misa a las cinco de la tarde, una experiencia que me ha permitido sentir de cerca la espiritualidad y la fe que sostienen a tantas personas en medio de la sencillez y las carencias.

Mi vida diaria aquí es muy distinta a la que estaba acostumbrada: el día comienza a las seis de la mañana con un simple cazo de agua, ya que no hay agua corriente, y termina temprano, alrededor de las siete u ocho de la noche, viendo Melek, una novela turca que se ha convertido en parte de nuestra rutina cotidiana.

Estar aquí me está enseñando a mirar con otros ojos: a valorar la educación como un privilegio, a reconocer el trabajo silencioso de tantas mujeres que sostienen la vida familiar y a entender que la felicidad y el amor pueden brotar incluso en medio de las carencias.

Ha llegado el momento de cerrar esta etapa en Camoapa y hacer un pequeño balance de todo lo vivido. No vine con la idea de “ayudar”, sino con la intención de aportar todo mi amor y mi personalidad a la sociedad de aquí. Ahora, al mirar atrás, siento que recibí mucho más de lo que jamás pude dar: cariño, sonrisas, abrazos, aprendizajes y momentos que guardaré siempre conmigo.

Desde el inicio me sentí acogida como una más. La conexión con las familias fue de lo más especial, en particular mi segunda familia, Auxiliadora y su nieto Santiaguito, que se convirtieron en parte esencial de mi día a día. Ellos me enseñaron que lo verdaderamente importante está en la cercanía, en compartir risas, conversaciones sencillas y gestos de cariño que te hacen sentir en casa, aunque estés lejos.

Hubo también vivencias únicas que marcaron esta experiencia. Recuerdo el día que nos encontramos una boa en medio del camino hacia la fundación, una mezcla de susto y anécdota que nunca olvidaré. También la visita a otra fundación donde aprendimos a cocinar comida distinta de aprovechamiento, como tortillas hechas con cáscara de plátano, que me parecieron un símbolo de creatividad y de respeto por los recursos.

Entre todas las actividades, una que me conmovió especialmente fue la charla sobre igualdad de género, porque esta vez, generó un espacio sincero para pensar, compartir y reflexionar juntos ya que había mucha más confianza. Y en lo cotidiano, no puedo dejar de mencionar la comida: aquí he comido tanto mango y aguacate gigantes que me voy con la sensación de que hasta la naturaleza de este lugar enseña a vivir con abundancia y gratitud.

El final llegó con una despedida muy emotiva. Los niños me llenaron de cartas y palabras de amor y ahí entendí que mi presencia, mi cariño y mi forma de ser habían dejado una pequeña semilla en ellos.

Me voy con el corazón lleno, agradecida por cada persona, cada sonrisa y cada instante que Camoapa me ha regalado y enseñado. Al fin y al cabo, la vida es eso: compartir lo que somos y dejarnos transformar por los demás. Por eso no siento esto como un diós, sino como un hasta pronto, con la certeza de que este lazo seguirá vivo, aunque sea en la distancia.


Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

Diario de una inmersión en Bolivia. María Fernanda Gutiérrez Guglietta

23 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Llegué a Bolivia el día de mi cumpleaños.

Quién me iba a decir hace unos meses que cumpliría 25 atravesando el Atlántico, sola y de camino a un país en el que nunca había estado. Un país que se sentía ajeno, pero no del todo desconocido. Parece que, por cosas del destino, las casualidades o el universo, hace casi ya 2 años apareció en mi vida mi amiga Noe. Mi amiga Noe, nacida en Cochabamba pero que ha crecido en La Paz, se convirtió en mi enlace con Bolivia. A través de ella conocí trocitos de su cultura, de su comida y poco a poco me hizo sentirme conectada con este lugar en el que ahora me encuentro, pero que no me habría imaginado visitar tan pronto. Ella me ha ido hablando de todo; de la compleja situación política, económica y social en la que se encuentra el país; de como extrañaba su gastronomía (de la que ya había tenido la suerte de probar algún plato hecho por ella); de cómo extrañaba su cultura, su diversidad de paisajes, de climas, de formas de ser; cómo extrañaba a su gente.

 

Y así, con estas pequeñas conexiones y ventanas que había abierto desde la distancia, llegué al aeropuerto de Santa Cruz. Cansada, con 25 años recién cumplidos y sin una idea clara de cómo iba a ser esta experiencia, pero con muchas ganas de vivirla. Hay cosas que son imposibles de imaginar, son imposibles de proyectar porque no se tiene una referencia previa, no queda más que estar ahí y vivirlas. Después de unas cuantas vueltas por el aeropuerto, una salteña de carne y una empanada de queso, y unas 7 horas de espera, cogí mi segundo vuelo desde Santa Cruz a Sucre, donde me esperaba Miguel, técnico del proyecto en el que colaboraría. Con él hicimos 2 horas de camino en coche hasta Zudañes, el destino final. En el camino no podía dejar de mirar por la ventana, no quería perderme nada. Me sorprendió el paisaje en el que no dejaban de aparecer montañas, los perros que nos veían pasar a lado y lado de la carretera, los pequeños pueblos y casas que íbamos pasando y las cumbias que había puesto Miguel y nos acompañaron todo el camino, género que sabía por Noe que no iba a dejar de escuchar.

Teniendo en cuenta que salí de mi casa hacia Madrid el día 20 a las 9 mañana (hora de España) y llegamos alrededor de las 17:00 del 21 (hora de Bolivia), había tardado unas 38 horas en llegar a la que sería mi habitación, mi cocina, mi casa, por las próximas 6 semanas.

 

Empezaba la experiencia un poco descolocada, había sido un viaje largo e intenso, y tampoco había tenido mucho tiempo para procesar qué estaba pasando. Cuando estaba en la cola para embarcar, veía a mi alrededor y escuchaba a las personas de mi alrededor; pensaba cómo iba a ir en un avión lleno de personas con ganas de volver a su hogar, de ver a sus familias, de estar en su tierra. Y ahora yo tenía la oportunidad de caminar algunos trocitos de esas tierras, de escuchar sus acentos, sus idiomas, de visitar sus comunidades y ver el trabajo que se hacía con ellas, y aportar un granito de arena, trabajar con ellos y ellas, conocer los obstáculos a los que se enfrentan día a día desde cerca, escucharlos, observar, aprender y trabajar juntxs.

 

Ahora toca irme a dormir, coger el horario, aclimatarme. Mañana ya empieza todo, nos vamos a Sopachuy y desde allí nos adentraremos en las montañas para realizar talleres con algunas comunidades. Esto no ha hecho más que empezar.

Es raro llegar a la mitad.

Por alguna razón, da la sensación de que estás mucho más cerca del final que del principio. Parece mentira que en tres semanas hayan podido pasar tantas cosas y haya podido cambiar tanto cómo me he sentido, pasar de sentirme completamente perdida y fuera de lugar a que me dé pena el pensamiento de que ya se está acabando, el pensamiento de que en unos meses volveré mentalmente a donde estoy ahora, con nostalgia.

La primera semana fue la más difícil; el cansancio del viaje, el choque cultural, el choque de realidades, sentirte y saberte lejos de tu gente, trabajar en contextos de pobreza y vulnerabilidad, escuchar un idioma que no entiendes, no conocer los códigos, depender de lxs demás para hacerlo todo…

Es curioso el contraste entre cómo creemos que son o van a ser las cosas y cómo acaban siendo. El otro día, después de un taller de capacitación de promotoras comunales contra la violencia de género, comimos con las señoras que participaban. Una de ellas me contaba que algunos de sus hermanos y hermanas habían migrado a Chile o Argentina buscando situaciones económicas y laborales mejores, y que el año pasado había tenido la oportunidad de visitar a su hermano en Argentina. Cuando le pregunté si le había gustado, me contestó que sí, que en realidad no era tan diferente, ella pensaba que iba a ser todo completamente ajeno y extraño y vio que no era para tanto. Creo que eso nos pasa a todxs. Antes de venirme, yo no sabía exactamente qué esperar y lo que más me sorprendió fueron algunas preocupaciones o comentarios de personas de mi entorno. Personas que pensaban que iba a ser absolutamente diferente, ajeno, extraño y creo que algunxs pensaban que peor.

Estas ideas están más metidas en nuestras cabezas de lo que creemos. Ideas racistas, clasistas, eurocéntricas. Como si en nuestros países no hubiese pobreza, no hubiese gente trabajadora queriendo ganarse la vida en un sistema que simplemente perjudica más a unxs que a otrxs, como si no hubiese casos de violencia de género diariamente en las noticias y en nuestros entornos, como si no hubiese poblaciones marginalizadas, lugares y personas donde los recursos no llegan, que parecen que no importan…

 

Y con esto no quiero decir que no haya diferencias culturales, contextuales, geográficas, pero realmente, en las cosas que importan, es fácil darse cuenta de que las fronteras son mil veces más grandes en nuestras cabezas que en la realidad. Las señoras con las que comí me preguntaban si podían venirse a España conmigo, aunque ellas en realidad solo querían irse a algún lugar en el que trabajar y poder vivir tranquilas. Todas ellas pertenecen a esta iniciativa porque o han sufrido violencia de género anteriormente y se presentaron como voluntarias, o han sido elegidas por sus comunidades para formarse en género y ser el enlace entre sus comunidades y las instituciones, ser la persona a la que otras mujeres que estén sufriendo violencia puedan acudir. A lo mejor a nosotrxs nos faltan más promotoras de género en nuestro entorno, pero en comparación siento que sobre todo nos falta un poco más de comunidad.

Creo que es cierto eso que dicen de que viajar te abre la mente, te expande el mundo. Pero para eso hay que viajar con los oídos abiertos, con los ojos escuchando cada detalle, atender más que hablar, ver más que mirar. Ojalá algo del trabajo que hemos hecho y vamos a hacer en estas semanas deje algún rastro, tenga algún efecto positivo, aunque sea ínfimo. Pero en cualquier caso sé que la que más va a aprender y llevarse de todo esto soy yo.

En estas 3 semanas, que han sido profundamente intensas, me he sentido completamente fuera de lugar, he escuchado cumbia en cada coche, he comido charque, sopa de maní, chocolates Para ti, he cogido unos cuantos trufis, he trabajado en Typica café, he estado con personas que me han hecho sentir en casa, he conocido pedacitos de mi amiga Noe a través de su ciudad y me he imaginado en el Montículo con ella en unos años, he celebrado mi cumple con personas que acababa de conocer, me he puesto un poco mala, he hablado con muchas personas que me preguntaban curiosas cómo había terminado aquí y por qué, he visto varios atardeceres bonitos, una luna gigante desde el teleférico de La Paz, he visto alguna película, he hecho unas cuantas videollamadas, he leído, he escrito, he escuchado, he observado, y creo que después de eso mi mente sí se ha ido expandiendo poco a poco.

Ahora quedan 3 semanas por venir, esas que saben a final, sé que van a pasar volando, pero ojalá me dé tiempo de mucho.

Las últimas semanas han pasado rápido y lento al mismo tiempo.

Han tenido de por medio unas elecciones inciertas, una reunión con la Red Contra la Violencia de Género de Tomina, talleres de nuevas masculinidades, atardeceres por Sucre, una visita al Valle, una serenata en Zudañes, un tour por La Casa de la Libertad y alguna cosa más.

 

Han sido semanas de sacar el trabajo adelante y de alguna forma tener lo que sería una vida más establecida en Zudañes. Me quedé el finde de las elecciones por el temor y la incertidumbre general que había frente a lo que podía pasar. En las semanas anteriores yo no había percibido nada raro –más allá de pintadas y grafitis pidiendo votar por uno u otro– todo había estado muy tranquilo. Y así siguió, un compañero me decía sorprendido: han sido las elecciones más tranquilas de los últimos 20 años. Ahora tocará ver cómo sigue todo con la segunda vuelta, esta me tocará seguirla desde la distancia con el deseo que me compartían todas las personas con las que hablaba, que salga quien salga, sea un cambio a mejor, que realmente se preocupe por la gente, que el país no siga en la tendencia que lleva, que hace que muchos sueñen o no vean otra opción que irse, cuando en el fondo el deseo es quedarse en su casa, pero que las cosas vuelvan a funcionar.

 

Al final, lo que me ha dejado pensando estas semanas, y esta experiencia en general, es que somos mucho más iguales que diferentes, pero hay unos intereses y un sistema que se empeña en remarcar y recrudecer las fronteras y las barreras, mantenernos separados. Además, sigo dándole vueltas a todo lo que tendríamos que aprender nosotrxs, a esa concepción de la comunidad. Durante mi última semana hicimos 4 talleres de nuevas masculinidades en diferentes comunidades indígenas del municipio de Tomina. Se me hacía imposible imaginarme un lunes cualquiera en el centro de Madrid dando un taller de nuevas masculinidades a un grupo de hombres y mujeres que habían dejado de trabajar esa mañana, con lo que eso conlleva, para asistir, escuchar, debatir. Una reunión que en algunos casos incluía otras temáticas de la comunidad, pero en otros habían venido, en muchos casos andando más de 40 minutos solo para participar en ese espacio.

 

Una parte de los talleres, lo hacíamos con el SLIM, Servicio Legal Integral Municipal, que es el organismo encargado de la atención de casos de violencia de género, pero que en el municipio de Tomina también actúa como defensoría de derechos de niñxs y adolescentes y también de personas discapacitadas. Ellas realizaron una presentación sobre equidad de género y sobre cómo funciona y se aplica la ley 348, Ley Integral para garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia. En el último taller que hicimos, en la única comunidad de las que fuimos en la que la dirigente era una mujer, varias personas les hablaron preocupados del caso de una señora que no estaba presente, que tenía una discapacidad, pero no estaba reconocida aún legalmente y no había podido acceder a las ayudas existentes para su situación. Fue bonito cerrar con ese taller y esa comunidad en específico, ver cómo el ambiente era distinto a otros talleres, hombres y mujeres participan activamente en el debate, se escuchaban lxs unxs a lxs otrxs y se cuidaban lxs unxs a lxs otrxs, en este caso dando la alarma del caso de esta señora e informándose cuáles son los pasos a seguir para ella.

 

Ojalá otras comunidades se contagiaran de esta forma de funcionar y llegasen a tener también dirigentes mujeres, también en España, y que los espacios se convirtieran en lugares más seguros y acogedores para que todas y todos participemos. Ojalá nosotrxs aprendiésemos o recuperásemos un poco ese sentido de comunidad, de tener espacios de compartir y conocer cómo estamos, de estar pendientes lxs unxs de lxs otrxs, e incluso espacios a los que ir activamente a aprender, escuchar y reflexionar juntxs.

 

Me gustó cerrar esta experiencia con esa semana de talleres, de alguna forma era lo que le daba sentido a estar aquí, absorber cada detalle de esas realidades, ver en primera persona cómo y para qué se hace todo el trabajo, hablar con las personas y escuchar lo que piensan. De alguna forma, no solo hacer el voluntariado, sino todo lo que he estudiado hasta ahora, tomaba un poco de sentido, tenía un espacio y un porqué.

 

Por otra parte, en los últimos días ya me hacía falta volver a casita. Estar mes y medio sola, en otro continente y en un contexto completamente ajeno, de arriba para abajo, la mayoría del tiempo tú y tu maleta, es retador y en algunos momentos también es cansado. Los últimos días me quedaba la satisfacción de haberlo hecho, de haber estado aquí, de haber visto, comido, escuchado, olido, apreciado, cada día y cada oportunidad, y con las ganas de volver a mi casita, a mi familia, a contarles todo aquello que había vivido, a enseñarles las fotos y llevarles los miles de imanes, chocolates y recuerdos que había estado coleccionando para ellxs.

 

Después de estas 6 semanas Bolivia ya tiene también un pedacito de mí, y como decía en la entrada anterior, no me cuesta imaginarme volviendo en unos años, sentada en el Montículo con mi amiga Noe después de comer sopa de maní.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derecho agua y alimentación

De casa a Camoapa: un viaje de voluntariado y aprendizaje vital. María Jesús González Toro.

19 septiembre, 2025 por marivimf Deja un comentario

Primeros días en Camoapa : ilusión y choque cultural. 08 de agosto de 2025.

Mi nombre es María Jesús, estudio Derecho y ADE y solicité el voluntariado internacional sin estar muy segura de que finalmente sería seleccionada. Hoy, 8 de agosto, llevo apenas una semana en Camoapa, Nicaragua. Estoy colaborando como voluntaria en la Fundación Hogar Luceros del Amanecer, la cual fue mi primera opción de todas las que ofrecía el CICODE porque me gusta trabajar con niños.

Lo primero que me ha impactado ha sido el nivel educativo de los menores: el bajo rendimiento escolar no responde a una falta de capacidad, sino al hecho de que a muchos de ellos les arrebatan la infancia desde bien temprano. Algunos por necesidad, ya que cuando falta la comida en casa, las familias sustituyen el colegio/instituto por el trabajo. En otras ocasiones, las familias simplemente no consideran el ir a clase una prioridad ya que, en sus cabezas “prácticas”, probablemente su hijo no llegue a ningún lado en la vida.

No obstante, al mismo tiempo, estoy descubriendo un pueblo lleno de vida: los nicaragüenses tienen una sonrisa sincera, una forma de hacerte sentir que no te separa todo un océano de tu casa. Eso alivia mucho el choque cultural de estos primeros días, que podrían hacerse mucho más cuesta arriba.

Sin embargo, no todo es fácil de digerir. Existe una fuerte limitación a la libertad de expresión: nos han advertido de no hablar abiertamente sobre política, especialmente si es para criticar al “gobierno”, por denominar de alguna forma al régimen autoritario que se lleva dando aquí décadas.

Otro aspecto que me ha llamado la atención es la situación de las mujeres. Hay una clara tendencia a la dependencia emocional y económica hacia los hombres. Muchas chicas se casan muy jóvenes o son madres en la adolescencia, aferradas a la idea de encontrar pronto a la persona que les acompañará el resto de sus días. Es un patrón que se repite y que condiciona fuertemente su desarrollo personal y profesional.

En medio de todo esto, la Fundación está siendo un refugio. Nos han recibido con los brazos abiertos, tanto el personal como los menores, y están pendientes de que estemos bien en todo momento. Nos hacen sentir parte de algo importante. Lo mejor de todo es la flexibilidad con la que nos permiten colaborar: podemos elegir en qué área trabajar según nuestros intereses y dónde creemos que podemos aportar o aprender más.

Estoy profundamente agradecida por haber tenido esta oportunidad. La Fundación tiene un objetivo claro que se alinea con mis valores: brindar a los niños una oportunidad real y, sobre todo, demostrarles que, aunque en sus casas no siempre encuentren la mejor motivación, aquí sí hay personas que creen en ellos y apuestan por su futuro.

 

Tres semanas en Nicaragua: retos y aprendizajes. 21 de agosto de 2025.

Tres semanas han pasado desde que puse mi primer pie en Nicaragua. Aunque suelo adaptarme con facilidad, debo reconocer que estos días a veces me superan. La fundación nos trasladó a mi compañero y a mí a otra vivienda porque la casa en la que nos hospedábamos no cumplía con los requisitos mínimos para acoger a voluntarios. No obstante, la dieta, tan monótona y poco variada, es definitivamente lo que más me está afectando. Además, si bien el bullicio de este pueblo hace que olvide lo pequeño que es, de no ser por las “escapadas” que organizamos los fines de semana, me sentiría bastante limitada.

Por otro lado, me considero muy afortunada de poder trabajar con el equipo de la fundación. Nos hacen sentir acogidos y parte esencial del funcionamiento del lugar, sintiendo que mi labor es valorada. Sin embargo, y como punto en contra, la organización por parte de Luceros nos ha decepcionado en más de una ocasión. Desde mi punto de vista, somos más voluntarios que tareas concretas, habiendo muchos períodos de tiempo “vacíos”. Además, en algunos aspectos, lo que encontramos al incorporarnos a la fundación fue distinto de lo previsto en el convenio con la Universidad.

Por último, me gustaría destacar que, aunque la ayuda concedida me permitió acceder a esta oportunidad, resulta claramente insuficiente. Solo los vuelos y la manutención superan el presupuesto, sin contar el coste del seguro, las vacunas, el desplazamiento al llegar, ni los gastos del día a día. Esta opinión es compartida por el resto de voluntarios que estamos en Camoapa y supone una dificultad añadida a la experiencia.

La despedida de Camoapa: reflexiones y transformación personal. 12 de septiembre de 2025.

Hace ya una semana que mi experiencia de voluntariado en Nicaragua terminó y que finalmente he podido asimilar la vuelta a casa y las emociones vividas. El haber compartido la rutina y las salidas con más voluntarios se convirtió en toda una suerte; estuvimos en sintonía desde el principio, lo cual supuso un gran apoyo, teniendo en cuenta que nos conocíamos de apenas semanas.

Volver a España ha hecho realidad ese choque cultural del que ya me habían avisado los voluntarios más experimentados. Se hace extraño volver a mi vida de siempre, pero sin sentirme la de siempre.

He vuelto a casa y tengo un supermercado a dos minutos, puedo lavarme los dientes con el agua del grifo sin llevar una botella de agua potable en mano a todas horas, y tirar de la cisterna del váter con solo apretar un botón. Gestos tan cotidianos y obvios, pero que ahora no puedo evitar comparar con mi vida en Nicaragua. Con el tiempo quizá deje de darles el valor que hoy tienen, pero me reconforta pensar que esta experiencia ha marcado un antes y un después en mi vida y que algo de ella se queda para siempre conmigo.

La despedida no fue fácil. Tenía ganas de volver, sí, pero no contaba con lo raro y chocante que sería decir adiós a un lugar y a una gente que se habían convertido en mi día a día. Me había acostumbrado a Camoapa más de lo que imaginaba, a sus ritmos, a su calidez, a los niños.

En cuanto a Luceros del Amanecer, la experiencia tuvo luces y sombras. Los días transcurridos en la fundación siguieron su curso habitual; sin embargo, hoy me planteo si verdaderamente he dejado algo de huella, si mi paso por allí ha servido de algo más que para mi propio aprendizaje. Aunque ciertamente hubo una gran sintonía con las personas trabajadores (especialmente con Janiris y Anddy, de Cooperación Internacional), la ausencia de responsabilidades definidas dificultó sentir que mi aportación formaba parte de un proceso de cambio real.

Aun así, el equipo de la fundación siempre estuvo pendiente de nosotros, incluso después de haber partido para España. La actividad de despedida fue muy emotiva, bien preparada, y se notaba que detrás había dedicación y cariño.

Por otro lado, ya de vuelta, hablando con amigos y familiares, me doy cuenta de lo poco conocido que es Nicaragua. Es un país completamente infravalorado. Su naturaleza es imponente, salvaje, y su gente es hospitalaria y entregada. Me sorprende y me entristece que no se hable de su situación política ni de los desafíos sociales que enfrenta con el gobierno autoritario de Daniel Ortega. Y, siendo totalmente honesta, yo misma nunca me había interesado por ello antes de vivir esta experiencia. Ha sido mi paso por allí lo que me ha hecho entender la ignorancia y apatía que caracteriza la burbuja en la que vive Europa, y lo poco que sabemos (y queremos saber) de otras realidades injustas porque creemos que no nos afectan.

 

 

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

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