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Voluntariado en Camoapa, un proyecto con niños y niñas en situación de pobreza. Emilio Muñoz Campaña.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Una odisea de viajes hasta llegar a Camoapa.

Desde el momento en el que fui seleccionado en el programa de Voluntariado Internacional del CICODE, sentí muchas ganas e ilusión por comenzar tal proyecto. Si bien yo ya había viajado anteriormente a Latinoamérica mediante un programa de Movilidad Internacional para estudios de grado, la experiencia de voluntariado no tenía nada que ver con eso. Se trataba de mi primera participación en un programa de voluntariado y en este caso era un voluntariado internacional. Los días previos al desplazamiento me sentía nervioso y expectante por ello.

El día 1 de julio comenzaba la que iba a ser una experiencia completamente nueva para mí, comenzaba mi desplazamiento hacia el que iba a ser mi destino de voluntariado durante las próximas 4 semanas: Camoapa, Nicaragua. Por delante, aun me quedaban 48 horas de desplazamientos hasta llegar a este municipio en el interior del país. En concreto, me esperaban 5 horas en autobús hasta llegar a Madrid, 10 horas en avión hasta San Salvador, 1 hora en avión hasta San José, 8 horas en autobús hasta Managua y finalmente 2 horas en taxi hasta Camoapa. Sin duda, una odisea de transportes y desplazamientos pero con la ilusión de poder participar en el programa de voluntariado de Fundación Hogar Luceros del Amanecer, que trabajan con niños y niñas en situación de extrema pobreza proporcionándoles material escolar, clases de refuerzo, acompañamiento a sus familias, entre tantas otras actividades.

Una vez llegado a Camoapa por la noche, pronto conocí a la que iba a ser la familia que me acogería durante toda mi estancia en este pueblo del interior de Nicaragua. Apenas llegué tomé una ducha y me acosté porque ya era tarde y venía muy cansado después de tantos días de viaje.

Tras ello, llegó en primer día en el Hogar Luceros del Amanecer. La coordinadora de la fundación me recibió y me enseñó todos los lugares del centro y nos presentó a cada una de las personas que trabajaban allí, quienes me comentaron las distintas actividades que ellos realizaban en aquel lugar. Al llegar la tarde conocí a los niños y niñas que acuden a la Fundación cada día. Se trata de menores de edad en situaciones de pobreza y vulnerabilidad. Pronto comencé, junto al resto de personas voluntarias a ayudarles con las diferentes tareas que ellos traían de la escuela a la que habían acudido en la mañana, así como ayudar en las clases de refuerzo.

La adaptación fue rápida y natural y pronto ya los niños y niñas me trataban como a cualquier otro profesor del centro. Por delante, 1 mes me quedaba en Camoapa colaborando con Hogar Luceros del Amanecer.

Ya han pasado algunas semanas desde que llegué a Camoapa y me incorporé a la fundación Hogar Luceros del Amanecer.

Poco a poco los días han ido pasando y ya me encuentro llevando a cabo el trabajo planificado durante los primeros días de mi estancia en el lugar.

El Hogar Luceros del Amanecer trabaja día a día con niños y niñas en situación de pobreza, a los que les proporciona clases de refuerzo escolar, inglés, computación, dibujo, danza, música, etc. No obstante, también tienen un programa de ayuda para embarazadas menores de edad.

En estas semanas, mi trabajo se enmarca dentro de las diferentes clases que reciben los niños y niñas de la fundación. Colaboro con el resto de profesorado en las clases refuerzo, así como de inglés. En Nicaragua el estudiantado de primaria asiste a la escuela o bien en el turno de mañana (de 8 a 11 de la mañana) o bien en el turno de tardes (de 1 a 4 de la tarde). Los niños y niñas que asisten a la escuela en la mañana, vienen a la fundación por la tarde y viceversa. Durante el tiempo en el que están en la fundación, asisten a las clases ya mencionadas anteriormente, en las que participo como profesor de refuerzo. No obstante, el trabajo de la fundación no termina ahí, sino que también he acompañado a la responsable del programa de embarazadas menores de edad en su visita a sus hogares para realizar seguimiento de su situación. Por otra parte, también tengo planeado acompañar a la profesora encargada del seguimiento familiar de todos los niños y niñas de la fundación en las visitas que realiza a los hogares de aquellos niños o niñas que se ausentan durante las últimas semanas.

También trabajamos junto al resto de personas voluntarias en el acondicionamiento de algunos de los espacios del centro, como puede ser la biblioteca, en la que hacemos inventario y organizamos todos los libros que llegan a la fundación.

El trabajo del día a día con los niños y niñas de la fundación se hace llevadero y sin problemas. Todos los niños y niñas tienen buena disposición a la hora de asistir y atender a las clases. Si bien como todos los niños algunos son mas inquietos que otros, no estoy encontrando dificultades a la hora de desempeñar mi función.

De cara a las próximas semanas espero poder seguir con el planning de trabajo diseñado, que es una continuación de las tareas ya realizadas hasta el momento.

Sin duda hasta el momento está siendo una grata experiencia, en la que estoy pudiendo desarrollar mi labor de voluntario a la vez que aprendo de todos los integrantes de la fundación, así como de los niños y niñas a quienes doy clase. Sin duda, lo más reseñable de los niños y niñas que acuden al centro es la educación y humildad con la que asisten a las clases. Muchos de ellos tienen que recorrer grandes distancias para poder llegar a las clases tanto de la escuela como de la fundación. Todos ellos se comportan muy positivamente hacia las personas voluntarias, haciéndonos la labor mucho más fácil.

Llegó el día en el que tras 4 semanas en el Hogar Luceros del Amanecer finaliza mi voluntariado internacional.

Aquel sitio al que llegué hace casi un mes, expectante por ver qué me depararía, se ha convertido estas semanas en una segunda casa para mí.

Cuando emprendí mi viaje desde España, no me fijé ninguna expectativa acerca de lo que podría encontrarme una vez llegase a Camoapa. No obstante, podría afirmar que mi experiencia durante este mes de julio ha superado las expectativas que pudiera haber llegado a tener. Han sido 4 semanas de cooperación, aprendizaje y enriquecimiento personal y cultural.

Durante este periodo, he desarrollado mi trabajo en clases de refuerzo escolar, así como de inglés. También he colaborado con el programa de ayuda a embarazadas menores de edad y con la organización y adecentamiento de la biblioteca del centro.

Sin duda, el punto más positivo de esta experiencia ha sido el trabajo del día a día con los niños y niñas que asisten a la fundación, los cuales se encuentran en situación de pobreza. Enseñarles, ayudarles y jugar con ellos te hace sentir como si fueses uno más y desde luego ha facilitado en gran medida mi adaptación al lugar.

Durante mi estancia he podido comprobar cómo la situación económica y social de las personas condiciona de manera determinante sus posibilidades y futuro. Todos los niños y niñas que acuden a la fundación se encuentran en situación de pobreza. Muchos provienen de familias desestructuradas y viven en condiciones precarias. Para muchos de ellos, poder alcanzar unos estudios superiores es prácticamente un imposible, pues en cuanto que alcanzan edad suficiente comienzan a trabajar para poder mantenerse a ellos mismos y a su familia. La falta de medios para poder desarrollar sus habilidades académicas sin duda los limita a la hora de labrarse un futuro más próspero. Del mismo modo, la ausencia de referentes familiares que hayan podido acudir a la Universidad o realizar estudios superiores en ocasiones supone un techo sobre el que los propios niños y niñas no pueden ir más allá. Ante esto, es admirable la labor que desempeña la fundación Hogar Luceros del Amanecer en su ayuda a estos niños y niñas por tratar de garantizar que puedan acceder a material escolar, comida y ayuda docente en su día a día.

Poder haber cooperado en este proyecto de voluntariado y convertirme en un agente de cambio sin duda ha supuesto una gran experiencia y aprendizaje. En estos últimos días no paraba de pensar que se me habían hecho cortas las 4 semanas que he pasado en este lugar. Sin duda el día de la despedida fue muy emotivo a la vez que duro, al tener que decir adiós a todas las personas que trabajan en la fundación y a los niños y niñas que a ella asisten. Sin embargo, estoy seguro de que no se trata de un adiós sino un hasta pronto.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Totonicapán y los 48 cantones. Tierra de la cultura maya – k’iché. Paula Pereira Lozano.

16 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera entrada:

Totonicapán es una ciudad que se encuentra a unos 200 km de la capital Ciudad de Guatemala, en Guatemala, a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar. Su nombre viene del Nahuatl Atotonilco o Totonilco que significa “lugar del agua caliente”. Antes de la invasión y colonización española, Totonicapán era uno de los sitios más importantes del Reino K’iché. Por lo que en la ciudad conviven el español y el k’iché. Además, es una ciudad rodeada por las montañas de Cuxniquel, Itzel Ahual y, la más importante, la de Chuitamango. Más o menos esto fue lo primero que googleé cuando supe que iba a iniciar una aventura de 8 semanas en Totonicapán, Guatemala.

Después de lograr cerrar dos maletas llenas de ropa para el frío y de muchos “por si acasos” puse rumbo a un viaje que duraría 16 horas y que aterrizaría en la capital Ciudad de Guatemala. Desde el primer momento que pisé tierras centroamericanas pude notar el bullicio de la gente y los ‘carros’. Mucho ruido, todo el tiempo. Pero sobre todo me llamó la atención el respeto y la educación que me brindaba cada persona que conocía y, de esta manera, lograba hacer desaparecer el miedo de sentirme a más de 8500 km de mi casa y con 8 horas de diferencia horaria.

Al principio veía todo desde una mirada atenta y curiosa. Todo me parecía completamente desconocido. Los autobuses al estilo “americano” y customizados; los ‘tuk tuk’ o mototaxis de 3 ruedas con los que se mueven las personas de la ciudad; las mujeres y niñas vistiendo el traje típico con su cesta en la cabeza o cargando el hijo a la espalda; los puestos del mercado todos los días aunque no sea día de plaza; los altavoces en los coches anunciando a la ciudadanía cualquier evento de la ciudad; la cantidad de sitios para comer “pollo campero” o las tortillas recién hechas.

Autobús o ‘camioneta’ estacionada en la terminal de autobuses de Totonicapán junto a mototaxis o ‘tuk tuk’.

Pero una de las cuestiones que más ha llamado mi atención es la forma de organización territorial y el respeto por preservar su identidad indígena. Por un lado está la municipalidad o ayuntamiento que se encuentra en el centro de la ciudad y también están los 48 cantones.

Un cantón es una comunidad y en la ciudad conviven muchas comunidades rurales, de hecho son más de 48, aunque se le denomina de tal manera por una cuestión burocrática. En cada uno de los cantones existe una alcaldía comunal compuesta por el alcalde comunal, el cual distingue su autoridad a través de una vara que lleva consigo siempre.

Este alcalde es elegido democráticamente cada año en el mes de noviembre y entra a formar parte de un servicio comunitario que debe proporcionar a su comunidad. A este servicio comunal se le conoce con el nombre de ‘K’axcol’ que significa ‘servicio comunitario con dolor’. Se le denomina así porque son 24 horas los 7 días de la semana durante un año. En general unos 3000 hombres y mujeres voluntariamente ayudan en las necesidades de la vida en comunidad. Por ejemplo, entre las labores de este servicio comunal existe los ‘vecinos organizados contra la delincuencia’ en la que los habitantes de la comunidad se coordinan para evitar que haya robos o atracos en su cantón. Este servicio comunitario históricamente y culturalmente siempre se ha llevado a cabo y permite un mayor ordenamiento territorial y mejora el desarrollo comunal.

Por ejemplo, la alcaldía de la comunidad de Nimasac la componen 65 miembros y dentro de la misma se resuelven problemas relativos a la educación; la salud; el agua y un largo etcétera. Nimasac, en k’iché, ‘nim’ significa “grande” y ‘saq’, “llano”. Es considerada una de las comunidades mejor organizadas a nivel sociopolítico del departamento.

Además de las alcaldías comunales existe una junta directiva de los 48 cantones que está formada por representantes de cada comunidad que se reúnen en la casa comunal cada 2 o 3 semanas para resolver problemas comunales.

Por lo que existe una forma de gobierno urbana, denominada municipalidad y la rural o los 48 cantones. Ambas formas de gobierno trabajan unidas en beneficio de la ciudadanía del departamento. Es de gran relevancia esta forma de organización territorial ya que en el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas (AIDPI) firmado en 1995 se resalta la importancia que ejercen las autoridades indígenas en la reconciliación del país y en el mantenimiento de la paz social. En general en toda Guatemala conviven pueblos Maya, Garifuna y Xinca.

También, a parte de la organización territorial, se puede observar como Totonicapán es una ciudad que brinda apoyo a la cultura del país y del propio departamento. Prueba de ello es ‘la casa de la cultura’. En ella se reúne la biblioteca y hemeroteca municipal; un salón para exposiciones y conferencias; la morería o el lugar donde se confeccionan y alquilan los trajes típicos de las danzas y tradiciones populares, entre las que se encuentran: la Danza de los Moros y Cristianos; Venados; Mexicanos; Xecalcojes; Pascarines; de la Conquista, entre otros. Además de contar con un espacio específico para las clases de música y otro destinado a los diversos talleres que se imparten desde la oficina municipal de educación, tales como: el club de lectura; estimulación temprana o la clínica psicológica. Esta última supone una nueva iniciativa que brinda apoyo psicológico de manera gratuita, poniendo en valor la importancia de la salud mental y eliminando estigmas sociales que desafortunadamente aún persisten en la ciudadanía.

Este es el patio de ‘la casa de la cultura’ un lugar donde se realizan actividades con los habitantes de Totonicapán

En general esta experiencia supone una oportunidad única para conocer de cerca la cultura k’iché y en especial la totonicapense. Además de poder ayudar en todo lo necesario a las comunidades y/o a las problemáticas relativas con la educación.

Segunda entrada: La educación y la comunicación: dos herramientas fundamentales para el futuro de Totonicapán.

 La educación en Totonicapán cubre todos los niveles: Kinder, Párvulos, Preprimaria, Básico, Diversificado y Superior. Y en la ciudad se encuentran las escuelas públicas o de tipo federación y los colegios privados. Aquí se distinguen entre “escuelas” y “colegios”. Los primeros siempre públicos y los segundos privados.

 Pero en el municipio, a pesar de contar con diferentes escuelas y colegios, la realidad es que existe una baja alfabetización porque los niños y niñas y jóvenes, en muchas ocasiones, no asisten a la escuela debido a diferentes causas, entre las que se encuentran: la falta de interés en los padres de familia y de los propios jóvenes y por trabajo a temprana edad. Esta última causa muchas veces la realizan obligados por sus padres.

 Según se indica en la Política Municipal de Educación Intercultural (2019-2025), o comúnmente conocida por la Política MEI, desde la educación formal los principales problemas son: la falta de comprensión lectora y lógica matemática; la inseguridad alimentaria que afecta directamente a la capacidad de los niños y niñas para aprender; la infraestructura de los centros educativos muchas veces no proporciona espacios saludables para propiciar procesos de enseñanza y la ausencia de motivación que muestran muchos padres por apoyar la educación de sus hijos.

Todo lo anteriormente señalado tiene una repercusión directa en varias cuestiones como el fracaso de los estudiantes al no superar las pruebas de conocimientos básicos para ingresar a la universidad, lo que a su vez les dificulta acceder a puestos de trabajo en el que se requieren competencias superiores como el conocimiento de una lengua extranjera, como puede ser el inglés y el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

 El voluntariado que estoy realizando se centra en realizar actividades de comunicación para promover las actividades que, desde la oficina de educación de la municipalidad, se llevan a cabo y, además, ayudar a la concienciación de la sociedad sobre los temas que afectan a la educación en Totonicapán.

 Actualmente he visitado la comunidad de Paxtoca, perteneciente a los 48 cantones, y ahí he podido acudir a la escuela rural de Chibatz. En ella he participado en una actividad de reforestación con los niños y niñas de quinto y sexto de primaria. Mi objetivo era grabar vídeos para después realizar un vídeo resumen que promocionase la actividad de la escuela en la página de Facebook de la Municipalidad, así como pudiese sensibilizar a la población de la importancia de ser respetuoso en el cuidado del medioambiente y, en concreto, de los bosques.

Un grupo de estudiantes de la Escuela de Chibatz se dirigen al bosque en la comunidad de Paxtoca para aprender la importancia de preservar el medioambiente.

Dos niñas de la Escuela de Chibatz aprenden a plantar árboles en el bosque de la comunidad de Paxtoca.

 En esa misma escuela he grabado un vídeo de entrevistas a padres y madres y docentes para poner en valor el trabajo que tienen los familias en la educación de sus hijos e hijas, señalando que: “la educación empieza en casa”. El principal objetivo, a través de testimonios de padres y madres que apoyan la enseñanza de sus hijos e hijas, es motivar a otras familias y crear conciencia en la importancia que tienen como ejemplo primordial en sus hijos e hijas y en sus futuros.

 También en Paxtoca, en la escuela Portazuela, tuve la oportunidad de asistir a una feria de la lectura donde los niños y niñas pudieron realizar diferentes actividades desde el teatro y la representación de cuentos a través de títeres hasta la lectura de sus propias historias y adivinanzas. La intención era animar a los jóvenes a seguir leyendo y aprendiendo tanto dentro de la escuela como fuera de esta. Así lo reflejé en un vídeo resumen que realicé de la actividad, así como a través de la creación de material fotográfico. Además, participé en un taller de envasados para padres de familia con la finalidad de promover el emprendimiento y la sostenibilidad económica de los mismos.

Taller de envasados de duraznos en la cocina de la Escuela Portazuela.

Asimismo pude liderar un taller para docentes de la escuela sobre “comunicación no violenta” dirigido a mejorar la comunicación, sobre todo dentro de diversas situaciones de conflicto que se puedan dar dentro del aula. En el taller pudieron trabajar sobre ejemplos reales, identificando la situación desde una perspectiva objetiva, así como aprender a divisar las necesidades y los sentimientos que les generó el conflicto en cuestión.

 En cuanto a la comunicación realizada en Totonicapán, pude grabar varios vídeos sobre los talleres del club de lectura que se lleva a cabo en la casa de la cultura, así como de estimulación temprana. En el primero se pretende motivar a los niños y niñas para que entiendan la importancia de comprender la lectura a través de actividades dinámicas y juegos. En el segundo se trabaja con niños y niñas de unos 2-3 años y se les ayuda a identificar texturas, colores, formas, etc. De esta manera, poco a poco, se van desarrollando las distintas áreas de su cerebro, desde la motricidad fina y gruesa, la cognitiva o la socioemocional.

Los niños y niñas participan en el club de lectura como parte de las actividades que se realizan en la oficina municipal de educación del municipio.

 Estas son algunas de las actividades que estoy realizando para la oficina de educación. Considero que la comunicación juega un papel fundamental tanto en la promoción de las actividades como en la sensibilización de las mismas. En cuanto a lo primero, muchos de los talleres que se organizan, si no tienen visibilidad, tanto de vídeo como de fotografía, en las redes sociales, por ejemplo, muchas personas no se enterarían de que se están haciendo esos talleres. Y con respecto a lo segundo, creo firmemente que la comunicación es una herramienta que puede crear y transformar comunidades, aunque los resultados no sean tangibles a corto plazo.

En general considero, como lo hizo Paulo Freire y otros educadores e investigadores, que la educación y la comunicación no deben de estar separados. La “educomunicación” pretende poner en valor la importancia de la comunicación bidireccional en el proceso de educación y de la vida en general, para poder formar a personas críticas y reflexivas. Por lo que, de esta manera, tal y como dijo Freire, “la educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Un niño lee las historietas que han escrito sus compañeros de la Escuela de Portazuela en Chibatz, Totonicapán.

Septiembre: un mes para celebrar la cultura y la identidad indígena

En Totonicapán más de un 90% de la población es indígena y en concreto, k’iché. Este mes de septiembre es importante para la ciudad porque se celebra el día del patrón San Miguel Arcángel. Entre las celebraciones más destacadas pude acudir el domingo 8 de septiembre a la celebración del VI Festival de la Cultura Totonicapense en la plaza de San Miguel, dónde hubo bailes típicos como los patzcarines, tradicional de la Aldea La Esperanza, en San Miguel Totonicapán, y en aldea Pavotoc, San Francisco El Alto en el departamento de Totonicapán. También se celebró el juego de pelota maya. Un juego ancestral que a día de hoy solo lo practican 15 equipos en toda Guatemala.

FOTO 1. En la foto se pueden ver a dos participantes que están realizando un ritual que dará comienzo al juego de la pelota maya

 Pero el evento más relevante y esperado del día fue la elección de la reina indígena. Un evento en el que se presentan 8 mujeres indígenas que provienen de diferentes aldeas o cantones de Totonicapán. Cada una de las candidatas representa a su comunidad a través de una estampa, que es como un pequeño teatro, en el que se muestran las diferentes tradiciones y la cultura de su comunidad. En este caso, los cantones que se presentaron fueron: Quiacquix, dos de Chuculjuyup, Chipuac, Patzarajmac, Aldea la esperanza, Xesacmaljá y la Aldea Barraneché.

 En cuanto a las estampas que cada una representó tenían en común poner en valor la cultura tradicional maya y reivindicar su posición en las comunidades.

 La reina que representaba al cantón de Quiacquix quiso poner en valor el significado del traje regional. Totonicapán es uno de los mayores productores de telas típicas en el país y,  por ello, la mayoría de sus habitantes se dedican a elaborar restos de trajes a partir de una telares a pedal construidos por ellos mismos. El traje regional del municipio de Totonicapán es utilizado solo en ocasiones especiales. Las partes del traje son: un güipil rojo que representa la sangre que derramaron los ancestros y está decorada con detalles en blanco y negro que significan la oscuridad. El corte representa la oscuridad compuesta por líneas verticales y horizontales que significa la rectitud de los antepasados. El güipil y el corte están unidos a una faja que representa la seguridad de la mujer indígena. Estos son los elementos principales del traje pero existen otros, como la cinta que decora sus trenzas, los aretes, etc.

FOTO 2. Aquí se puede ver como es el traje regional típico de Totonicapán.

 El mensaje de la estampa iba dirigido a poner en valor las formas de vida tradicionales en Totonicapán, como el uso de juguetes tradicionales versus el uso de las tecnologías actuales.

En el cantón de Chipuac se representó una escena de la vida cotidiana, unas mujeres haciendo tortillas para asegurar el almuerzo cuando sus maridos regresen de trabajar en el corte del maíz.

FOTO 3. En la foto aparecen de espaldas tres reinas invitadas que están visualizando una estampa en el escenario del Teatro Municipal de Totonicapán

 En cambio la Aldea barraneché compartió las costumbres de una ceremonia maya cuando una niña cumple los 15 años de edad. Una edad en la que se deja de ser niña y se asume cierta responsabilidad social.

 Por su parte, la ganadora de la noche, Vanesa Tócom representando al cantón de Chuculjuyup, realizó una muestra bastante amplia de las tradiciones ancestrales y las actuales de la cultura maya. La reina representaba a una figura ancestral llamada Stzusztzuxel e iba acompañada por el líder Atanasio Tzul, una figura muy importante de la historia de resistencia en Totonicapán, ya que consiguió firmar el acta de independencia de la ciudad. Estas dos figuras forman parte de la identidad local del municipio y la estampa pretendía mostrar la importancia de un intercambio de conocimientos entre, por ejemplo, una curandera que supone una figura de relevancia en el cuidado de las comunidades en la cultura maya y una doctora. Entre estas dos figuras, la curandera enseña el poder de las plantas medicinales a la doctora y esta le ofrece instrumentos médicos para mejorar el diagnóstico de los pacientes.

FOTO 4. Dos integrantes bailan hacia el escenario para representar sus tradiciones y visibilizar parte de su cultura.

 También se representó la importancia de que los jóvenes en la actualidad se encuentran inmersos en las redes sociales y en las tecnologías y por ende se alejan de su propia cultura y de las buenas prácticas ancestrales, como el respeto a la naturaleza y a la madre tierra. Es por ello que muchos jóvenes tiran la basura a la calle contaminando el medioambiente. Por lo que en la estampa, el mensaje era que los jóvenes difundiesen las buenas prácticas y los conocimientos de sus antepasados a través de las redes sociales. “Todos comprometidos en aprender las buenas prácticas, la ciencia y la tecnología de nuestros antepasados para asegurar el buen vivir de nuestras comunidades”, así lo afirmó el narrador de la historia.

 Además, se mostró a una familia de agricultores que enseñan a su hijo la importancia de cuidar los bosques, de plantar árboles y evitar la reforestación y el cambio climático. Por último el líder Atanasio Tzul conversa con una alcaldesa comunal para asegurar que se respete la práctica de resolución de conflictos de los pueblos originarios que se ha llevado a cabo en los 48 cantones y en otros pueblos de origen maya.

 En general este evento pone en valor el rol de la mujer indígena, la cual tiene una relevancia indiscutible para la defensa del territorio y sobre todo para la pervivencia de las costumbres y de la identidad maya. Tres días antes de la celebración del evento, el 5 de septiembre fue el Día internacional de la mujer indígena y desde las redes sociales de la municipalidad han afirmado “las mujeres indígenas son reconocidas como las protectoras y guardianas de los valores culturales y las garantes de la permanencia de sus pueblos; por ende, violaciones a sus derechos culturales suelen ocasionar violencia espiritual en contra de las mujeres indígenas”. Por lo que este evento supone una victoria para la mujer indígena porque tras años de represión y lucha, puede ocupar espacios públicos y reivindicar su cultura y la de su comunidad.

Publicado en: Guatemala, Voluntariado internacional Etiquetado como: Educación, Género, Sostenibilidad ambiental

Mi experiencia de voluntariado en Hogar Luceros del amanecer (Nicaragua). Carmen Herrera Morente.

14 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera entrada:

3 de julio de 2024, salgo desde Madrid dirección Managua (Nicaragua) con escala en Miami (Estados Unidos). Voy con un torbellino de emociones entre los que destacan la incertidumbre y la preocupación, pero, sobre todo, la ilusión. Después de días de gestiones y preparaciones, por fin estoy en el aeropuerto. Me preocupan los vuelos (la última vez que subí a un avión tenía apenas 12 años) pero todo el trayecto discurre cómodamente y sin complicaciones. Me daba miedo perderme en el aeropuerto de Miami, pero eso tampoco ocurre jejeje. Llego un poco desorientada por tanto cambio de horario y paso por la aduana, donde tengo que responder un pequeño cuestionario y pagar diez dólares. En el mismo aeropuerto me reúno con otro voluntario que también viene desde Granada y con una de las trabajadoras de la fundación en la que desarrollaremos nuestro voluntariado, Hogar Luceros del Amanecer. Ella nos espera con un taxi y partimos hacia nuestra dirección final: Camoapa (departamento de Boaco).

En el camino obtengo un primer vistazo de los paisajes del entorno y de las personas y formas de vivir nicaragüenses, con una frondosa vegetación que me resulta desconocida. Observo por la ventanilla, algo sorprendida por lo diferente que es con respecto a Europa. Al llegar a Camoapa, ya de noche, nos dejan en las viviendas en las que nos vamos a alojar y nos presentan a las que van a ser nuestras familias el tiempo que pasemos en el voluntariado. Me reciben muy cariñosamente tres grandes perros. La señora de la casa, doña Karla, es muy agradable y consigue hacerme sentir bien recibida desde el primer momento. Me enseña cómo poner una mosquitera y cenamos nacatamal, uno de los platos más típicos de la gastronomía nicaragüense, consistente en una masa de maíz con carne, verduras y arroz que se envuelven en hojas de plátano. A pesar de su cercanía, la primera noche me siento algo sola y lejos de mis seres queridos, y también preocupada por cómo serán las cosas en la fundación.

Al día siguiente nos recogen en nuestras respectivas casas, nos enseñan el camino hacia el hogar y parte del pueblo. Ya en la fundación nos muestran las instalaciones, así como la oficina de voluntariado donde tendremos nuestro espacio de trabajo. Después, nos presentan a todos los trabajadores. Cada uno de ellos nos va explicando el trabajo que desempeñan en el hogar y cuáles son sus funciones, para que así nosotros tengamos una visión más completa del funcionamiento interno de la fundación y de las distintas actividades en las que podemos participar. Los dos primeros días (jueves y viernes) son para que conozcamos mejor el hogar, tengamos un primer contacto con los niños y niñas (todos muy cariñosos y abiertos desde el primer momento) y nos adaptemos. Después, elaboramos el horario para la siguiente semana incorporarnos de forma completa a las distintas actividades. Participaremos en clases de refuerzo escolar, inglés y computación, así como en el programa de niñas embarazadas y en la biblioteca del hogar.

Segunda entrada:

Las primeras semanas en la Fundación han sido de adaptación, para conocer de cerca el funcionamiento del hogar, a los niños y niñas y sus contextos y entender mejor las costumbres, pensamientos y formas de vida nicaragüenses. Creo que las personas voluntarias que llegamos desde Europa debemos pasar por un proceso de adaptación y asimilación por las diferencias culturales que existen y que en ciertos aspectos pueden sorprender.

Al ser profesora de formación y estar interesada en los procesos de aprendizaje he empezado integrándome en el programa de refuerzo escolar. En él el alumnado recibe ayuda y orientación en la realización de las tareas que les mandan en la escuela así como profundizar en las áreas y asignaturas de menor desempeño. Los primeros días me siento algo desorientada pero, tras conocer más de cerca al alumnado, aprender sus nombres y entender mejor el funcionamiento del sistema educativo y los objetivos de cada curso escolar ya me sentía preparada para trabajar con los alumnos y alumnas en función de sus necesidades. No obstante, el alto número de alumnado que atender al mismo tiempo me impedía en ocasiones ofrecer un tratamiento individualizado. Las áreas en las que más ayuda necesitaban eran las matemáticas y la lectoescritura.

También he estado participando en las clases de computación y de inglés. En computación el alumnado aprende a manejar programas como Word y Excel, a entender las partes que conforman los ordenadores y aprender mecanografía. Para muchos de ellos es la única oportunidad que tienen para acceder a un ordenador, por lo que es una asignatura muy útil e importante en la era digital. En inglés el alumnado se reparte en distintos grupos según el nivel, aunque en general todos tienen niveles bajos de inglés. Por ello, esta asignatura es también muy importante, más teniendo en cuenta el contexto migratorio en el que nos movemos y por el que muchos nicaragüenses migran a los Estados Unidos buscando mejorar sus situaciones socioeconómicas.

También participo en el programa de adolescentes embarazadas. Nicaragua es un país con altas tasas de embarazos en niñas de entre 12 y 16 años. En la fundación existe un grupo de niñas que acuden semanalmente durante su proceso de embarazo. Una enfermera las acompaña y asiste, de forma que en el programa las preparan e informan de todo el proceso del embarazo, parto y posparto. He estado acompañando en algunas de las sesiones y también realizando visitas domiciliarias a las adolescentes que acababan de ser

madres para comprobar cómo se encontraban ellas y sus bebés. Los viernes no se impartían clases sino que se organizaban juegos y actividades. Con ayuda de Emilio y Bea, otros voluntarios, preparamos algunas dinámicas para estos días.

Se nos propuso profundizar en la educación ambiental y fomentar el reciclaje. Elaboramos una papelera de reciclaje creativa (el monstruo del papel) y dedicamos uno de los viernes para hacer actividades sobre la gestión de residuos y medio ambiente. El siguiente viernes organizamos una gymkana educativa en la que los niños y niñas tenían que ir moviéndose por las distintas zonas de la fundación resolviendo retos matemáticos, de lengua, etc.

El resto del tiempo Emilio y yo trabajamos en la biblioteca, organizando la nueva sección de

inglés. También aprovechamos todos los huecos que podemos para compartir más con los

niños y niñas, jugar con ellos, conocer sus aficiones y hacer manualidades. Ellos nos enseñan algunos juegos tradicionales de Nicaragua y nosotros compartimos con ellos algunos de España. Son estos los momentos en los que más disfruto, en los que siento que los lazos con ellos se fortalecen. Son todos muy cariñosos y buscan continuamente la atención y cercanía de las personas voluntarias. Los fines de semana aprovechamos para salir de Camoapa y conocer algunos rincones bellos del país, como León, Granada y Ometepe.

Tercera entrada:

Las últimas semanas en Hogar Luceros han sido muy bellas. Es ahora, cuando tengo que marchar, cuando más integrada y adaptada me siento a este lugar. Además de continuar con las clases de refuerzo, inglés y computación, estas semanas he estado visitando y conociendo los colegios de la ciudad, he hablado con los maestros y maestras y he podido conocer más de cerca el sistema educativo en Nicaragua. Los colegios aquí parecen estar más conectados con la naturaleza que los colegios de cemento a los que estamos acostumbrados en España. Los patios están rodeados de árboles y plantas y poseen estanques con peces que los propios niños y niñas alimentan y cuidan. Aprovecho también para hablar más en profundidad con las maestras sobre el alumnado con el que trabajo en refuerzo, sobre sus necesidades y desempeño escolar.

Con ayuda de Marta, otra voluntaria, realizamos un taller sobre inteligencia emocional en el colegio Madre Teresa, situado a las afueras de la ciudad, dirigido a alumnado de entre 9 y 12 años y centrado en identificar y reconocer algunas emociones básicas. Para ello, dividimos a la clase en grupos, asignamos a cada grupo una emoción y a partir de imágenes y de experiencias propias fueron identificando y definiendo la emoción, volcando el resultado final en cartulinas. Terminamos contentas y satisfechas con la acogida por parte del alumnado y la puesta en práctica del taller.

Estas últimas semanas también he estado participando en el programa de conciliación familiar. He podido visitar los hogares de algunos de los niños y niñas y conocer sus familias. Por respeto a la privacidad de los menores y sus familias no entraré en detalles, pero ha sido muy enriquecedor al permitirme entender con mucha mayor profundidad los complejos contextos de los que provienen. También nos permitieron a Marta y a mí organizar y mediar el encuentro de familias que se realiza bimensualmente en la fundación, en esta ocasión centrado en la importancia de que los padres y madres estén presentes en la vida de su hijos. Al encuentro anterior acudí como oyente, dieron una charla sobre feminicidio y me llamó la atención el bajo grado de participación de los familiares (varios incluso se durmieron en el transcurso de la conferencia). Por ello, en esta ocasión quería hacer algo más dinámico que favoreciera una participación activa de los padres, madres y familiares. Para ello preparamos una actividad de trabajo en pequeños círculos, dividiendo a los participantes y buscando un portavoz en cada grupo que supiera leer y escribir, ya que muchos padres y madres en Nicaragua no han tenido acceso a la educación.

Debían responder una serie de preguntas en equipo y luego compartirlas con el resto de grupos. El objetivo que perseguimos era crear espacios de comunicación y diálogo en busca de la creación de conexiones y lazos entre los padres y madres. El resultado fue muy favorecedor, la participación muy alta y las conclusiones alcanzadas enriquecedoras.

Fuera de la Fundación también han sido unas semanas bonitas. Me siento muy unida a la familia que me ha estado acogiendo durante mi estancia. Me invitan a comidas y cumpleaños, bailamos cumbia y tomamos toña, la cerveza típica de Nicaragua. También he aprovechado estas últimas semanas para jugar y compartir más con los niños, que cada día me preguntaban cuánto tiempo me quedaba y por qué me tenía que marchar. Me noto estrechamente unida a muchos de ellos. El último día me prepararon un acto de despedida. Proyectan un vídeo con fotografías de mi estancia, las alumnas de danza bailan música folclórica, los integrantes de la Fundación y compañeros voluntarios me dedican unas palabras bonitas y me entregan un diploma. Los niños y niñas me regalan cartas y dibujos. Fue muy emotivo. Abrazos y besos de despedida. Te vamos a echar de menos, ojalá poder volver, ojalá podáis visitar España.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Internado de Escolapios en Anzaldo: la esperanza de la educación en el área rural boliviana. María Sáez

13 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera experiencia en Bolivia:

Anzaldo, nuestro nuevo hogar. La primera impresión que he tenido al llegar a Bolivia ha superado todas mis expectativas. A pesar de que no sentía miedo, cualquier duda que tuviera se ha disipado rápidamente. Ayer un grupo de seis chicas de distintas partes de España aterrizamos en Cochabamba, ciudad que se extiende alrededor de la laguna de Alalay y lejos hasta llegar a las laderas de las imponentes montañas que la escoltan. Hasta hace poco éramos desconocidas, pero ahora compartimos este viaje, sabiendo cómo llegamos, pero sin tener certeza de cómo volveremos. Dejamos nuestro equipaje en la Casa de Formación Escolapia, pero el destino final aún nos esperaba: Anzaldo, el lugar que será nuestro hogar durante las próximas semanas. Después de un vuelo de 11 horas y con una diferencia horaria de seis, estábamos agotadas. Sin embargo, no había tiempo que perder, así que salimos a explorar la presencia Escolapia en Cochabamba.

Visitamos la Parroquia de San Rafael, dos unidades educativas de primaria y dos de secundaria, repartidas en los turnos de mañana y tarde, así como la residencia universitaria de chicas. Me sorprendió que, salvando las distancias, la vida aquí parecía similar a la de mi ciudad, aunque lo que más captó mi atención fue nuestro barrio, Las Cuadras. Es un mosaico de contrastes: grandes casas con jardines bien cuidados junto a humildes viviendas con ladrillos expuestos, a veces con ventanas y otras veces carentes de ellas y, en algunos casos, en ruinas. Sin embargo, todo parece convivir en paz.

Al caer la tarde, partimos finalmente hacia Anzaldo. Durante el trayecto, la ciudad de Cochabamba nos mostró su lado más amargo: largas filas de camiones esperando un combustible que hacía días que no llegaba, sin el cual los transportistas no podían trabajar. Barrios en la periferia habitados por personas humildes, de origen campesino que vienen con la ilusión de un futuro mejor, y acaba viviendo sin recursos, a veces sin siquiera acceso a agua corriente. Pero lo que más me impactó fue la llegada a Anzaldo. Anzaldo es un pequeño pueblo en los Andes, a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Nos recibió la comunidad escolapia, quienes nos hicieron sentir como en casa desde el primer momento. Los niños y niñas que viven aquí, al contrario de lo que me esperaba, son cercanos y cariñosos, y nos acogieron con verdadera ilusión, aunque al principio se notaba algo de timidez. Ya hemos comenzado nuestras primeras sesiones de formación, que nos ayudan a comprender el contexto en el que nos encontramos, las razones que nos han traído hasta aquí y la actitud que debemos adoptar para que nuestra experiencia sea verdaderamente enriquecedora. Esta experiencia en Anzaldo es un paréntesis en nuestras vidas, una oportunidad para dejar una huella positiva en los demás y permitir que ellos dejen una en nosotros. Espero que esta vivencia me transforme, y que la semilla que se plante en mí crezca, para que al regresar pueda seguir ayudando desde mi propia realidad.

9 de agosto de 2024: Me sorprende ver que muchos de los problemas que enfrentan aquí, como la pérdida de las raíces culturales y la búsqueda de soluciones inmediatas, son similares a los que viven los jóvenes en España. Personalmente, llegué con incertidumbre acerca de mi futuro, pero estoy decidida a centrarme en el presente y aprovechar cada momento de esta experiencia para crecer y dar pasos hacia un cambio en mi día a día.

Centro Calasanz en la parroquia de San Rafael, Cochabamba.

Vista del Barrio de las Cuadras desde el colegio.

De camino a Anzaldo.

Internado de Anzaldo.

Primeras actividades en Anzaldo: descubriendo la vida en el internado y colegio.

Hoy ha sido un día especial, ya que finalmente comenzamos con nuestras actividades en el colegio y el internado de Anzaldo. La mañana inició con la formación habitual de los lunes a las 8:00 en el patio de secundaria. El acto empezó con el izado de la bandera al ritmo del Himno del Estado Plurinacional de Bolivia y una oración dirigida por el director general. Hoy, además, los estudiantes prepararon reseñas sobre la Virgen de Urkupiña y el Día de la bandera, que se celebran los días 15 y 17 de agosto respectivamente. El evento cerró con el himno a la bandera y un poema de Yolanda Bedregal que celebra la diversidad y la identidad de Bolivia.

Banderita de la escuela,

hermana alegre y querida,

cuando te veo, yo pienso en los aguayos tejidos con caitos de mil colores.

Cuando te veo, yo pienso en la tierra generosa y no en guerras ni fronteras.

Yo no quisiera morir sino vivir por tu gloria y trabajar por tu honor.

El rojo amarillo verde es el poncho de la raza que,

como un celaje, el viento hincha en la tarde de invierno.

ROJOS techos de la aldea,

guindas y crestas de gallo,

flores de espino, fogatas, campanario de la iglesia,

boca amada de mi madre,

trompo como un corazón,

volador que trepa al cielo:

¡Rojo de mi banderita!

ORO del sol en la pampa, balsas en el Titicaca,

trigo maduro en el campo, amarillos girasoles, manecitas de retama, fina piel de las vicuñas. ¡Canta un canario amarillo cuando ondula mi bandera!

VERDE aguayo de las chacras alfalfares, tunas húmedas,

chijipampa entre juguetes de día de Navidad;

río de mis vacaciones, en el cocal, bajo el molle,

¡verde de mis alegrías!

Bandera, mi banderita, tan india como mi sangre;

imilla en día de fiesta, kantuta que el aire mece.

Sencilla como el arcoiris, enlaza con un abrazo selva, puna, nieve y lago.

En los ojos de los cóndores va mi bandera a las cumbres;

y aquí dentro de mi pecho acaricio sus colores.

¡Bandera, mi banderita!

Tras la ceremonia, comenzamos a planificar las actividades para la Semana de Calasanz, una festividad en honor al fundador de las Escuelas Pías que se celebra mundialmente el 25 de agosto. Durante esta semana, el alumnado decora las puertas de sus aulas, organiza juegos y participa en una Eucaristía especial seguida de un desayuno compartido. Nuestra labor será seleccionar la mejor puerta decorada y preparar una gymkana para los jóvenes del Movimiento Calasanz, un grupo de fe presente en muchos colegios escolapios del mundo.

12 de agosto de 2024: Además, colaboramos en las clases de valores y religión, organizando un concurso de preguntas sobre la vida de San José de Calasanz, lo que permitió a los estudiantes conocer más sobre su legado y los valores que siguen vigentes después de casi 400 años.

Otra actividad importante es la Campaña Solidaria anual, que recauda fondos para proyectos escolapios en todo el mundo. Este año, los internados de Cocapata y Anzaldo son algunos de los beneficiarios. Para contribuir, organizaremos torneos de futsal, carreras, cine solidario y venta de snacks en los recreos.

Los jóvenes del Movimiento Calasanz también se han involucrado activamente, ayudando a elaborar y vender productos para apoyar la campaña y fomentar valores como la solidaridad y la empatía. Al recorrer el colegio, me sorprendió ver un gran campo de fútbol de césped artificial que contrasta con la humildad del pueblo que se levanta ladera arriba, simbolizando lo que a mi parecer representa este proyecto en la vida de los campesinos: un remanso de paz, un pequeño oasis en medio de este desierto.

Después de haber conocido las comunidades rurales de las que provienen estos pequeños y pequeñas, he comprendido mejor lo que significa esta oportunidad para ellos y ellas. Sabía que me iba a sorprender lo poco con lo que viven, pero lo que más me ha sobrecogido ha sido la soledad que lo envuelve todo. Entonces he comprendido por qué la cultura quechua vive en armonía con la Pacha Mama. Por qué considera seres vivientes a los ríos y las rocas. Por qué encuentra a Dios en la montaña y en el sol. Pensar en cómo se sentirá amanecer cada mañana en medio de la inmensidad de la naturaleza… Es algo que no puedo ni imaginar. Poder vivir en el internado, tener la posibilidad de estudiar, contar con personas que se preocupan por ti, respirar el amor que desborda cada costado de este recinto… Es, como dice la canción de la agrupación peruana, Grupo Siembra:

“Que se termine la noche, Que llegue el amanecer.

Que agoten todo su llanto, La vida nos va a llegar»

Puertas de las aulas decoradas para la semana de Calasanz

Campo de césped artificial del colegio

Casas de adobe en las comunidades rurales de Anzaldo

Municipio de Anzaldo

Despedida de Anzaldo: un adiós lleno de gratitud y amor.

Los últimos días en Bolivia han sido duros. No queríamos despedirnos de este lugar ni de las personas que nos acogieron con tanto cariño. El último viernes dijimos adiós a los chicos y chicas del internado, quienes regresaban a sus hogares para el fin de semana. Los vimos subir a la camioneta que les llevaría por esos caminos polvorientos, visiblemente emocionadas, mientras nos miraban con curiosidad. Pero yo no dejaba de pensar: ¿Qué será de ellos y ellas? Al día siguiente, partimos para Cochabamba, con la incertidumbre de si alguna vez volveríamos a pisar Anzaldo. Durante el trayecto, no podía apartar la vista de los montes, la tierra, el cielo… de la inmensidad y lo sagrado de ese rincón de Bolivia y del mundo. Nos despedimos también de los y las jóvenes educadores con los que compartimos ese mes. Nos agradecían constantemente, y yo no sabía cómo expresarles que éramos nosotras las que teníamos que estar agradecidas. Nos entregaron recuerdos, y yo estaba sin palabras ante su generosidad y esa entrega absoluta a unas desconocidas como nosotras. Lo que más me dolió fue la frase de uno de ellos: “Nosotros no vamos a poder viajar a España… así que ustedes deben volver”. No logro comprender cómo un pueblo al que hemos causado tanto daño puede acogernos con tanto amor y sin condiciones. Sabía que esta experiencia sería dura, pero no que sería tan hermosa. Ha sido, sin duda, la experiencia más bonita de mi vida. En esos últimos momentos, al sentirnos una comunidad junto a ellos y ellas, sentí que todo tenía sentido. Estar allí tiene sentido.

Me voy con un único compromiso:

Que tu vida sea un homenaje a quien con amor te recibió y con amor te recordará.

Vuelta a casa para el fin de semana

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Tejiendo vínculos entre amigas en micro y un hogar social en Bolivia. María Hermida López

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Mi experiencia de voluntariado en Bolivia comenzó con una mezcla de emociones intensas.

Antes de partir hacia Montero, sabía que este viaje sería transformador, pero también estaba llena de nervios y dudas. Viajé con solo una mochila de 50 litros y el momento de hacerla se sentía como algo que me acercaba mucho a la experiencia, ya era real. Decidí llevar ropa ligera para las rutas, junto con una chaqueta y un chubasquero, por si el clima era cambiante en algún momento. Sin embargo, también incluí algunos objetos personales que considero esenciales: dos libros, material para coser y cartas de mis amigas que me recordaban la calidez de casa. Un diario de viaje también ocupó un lugar en mi mochila, listo para documentar cada paso de esta aventura.

Los días previos a mi partida fueron un torbellino de emociones. Aunque la emoción era palpable, la incertidumbre sobre lo que estaba por venir me hizo dudar en momentos. Sin embargo, el apoyo de mi amiga Sandra fue fundamental, ya que vamos a vivir esta experiencia juntas. Al final, decidí que, a pesar de mis miedos, debía lanzarme y confiar en lo que vendría.

El vuelo hacia Bolivia fue tranquilo y la llegada acogedora. Paul y Pancho, del equipo de Hombres Nuevos, nos recibieron con amabilidad, a pesar de que nos tuviesen que venir a recoger a las tres de la mañana.

Una vez en Santa Cruz, nos llevaron a la casa de voluntarios, un lugar acogedor que se convertiría en nuestro refugio los fines de semana.

El primer día fuimos invitadas a una boda, cosas que realmente nos hizo ilusión y nos generaba curiosidad. Lo veíamos como una excelente oportunidad para conocer a otros voluntarios y al equipo del proyecto. Aunque la multitud resultara abrumadora al principio, también fue un momento de integración para nosotras.

La primera semana en Bolivia estuvo marcada por un proceso de adaptación. Nos dedicamos a conocer los diferentes proyectos de Hombres Nuevos y conocimos a las voluntarias, Kary y Carla, con quienes formamos rápidamente una amistad que ha sido una fuente de apoyo está semana aquí.

A los días, Sandra y yo, exploramos el hogar social donde trabajaremos, yo llegué realmente tímida, pero a lo largo de los días siento que he cogido confianza y que son unas chavalas maravillosas. Lo más emocionante de esta experiencia ha sido la oportunidad de liderar talleres con los jóvenes. Pudiendo generar un espacio de creatividad y aprendizaje tanto para ellos como para nosotras. Esta interacción ha sido enriquecedora y gratificante, y nos ha permitido establecer un vínculo más cercano con ellas. La energía y la pasión que traen a cada actividad nos han inspirado a seguir comprometidas con nuestro trabajo.

A modo de resumen, estos primeros días en Bolivia han sido intensos, llenos de aprendizaje y crecimiento personal. A medida que nos adaptamos a este nuevo entorno, las ganas de seguir adelante crecen cada día más. Estoy ansiosa por descubrir lo que las próximas semanas traerán y por seguir contribuyendo con el proyecto. Esta semana es solo el comienzo de algo que luce muy enriquecedor.

Experiencia en Bolivia: descubrimientos y desafíos.

Llevo un mes y unas semanas en Bolivia, participando en el programa del CICODE, y puedo decir que ha sido un mes repleto de emociones intensas. La experiencia de estar lejos de España me ha brindado la oportunidad de reflexionar sobre mi vida y mis raíces, mientras me sumerjo en una cultura completamente nueva. La distancia de casa, aunque desafiante, también ha sido un catalizador para mi crecimiento personal. Me he encontrado con la morriña de extrañar a la gente que quiero y a la vez con esa sensación de pensar que me gustaría, ahora que estoy adaptada, quedarme más tiempo aquí.

Uno de los mayores desafíos que he enfrentado aquí es encontrar opciones de comida vegetariana. Este aspecto ha despertado en mí una mayor conciencia sobre lo que consumo y cómo se relaciona con mi identidad. Cada vez que busco un plato acorde a mis preferencias, me doy cuenta de lo importante que es para mí mantener este estilo de vida y siento que ha sido una de mis mayores frustraciones aquí, ya que mi alrededor consume mucha carne y en ciertos lugares en los que me muevo observo las condiciones duras en las que se encuentran los animales en la calle.

A pesar de las dificultades, he tenido la oportunidad de explorar Santa Cruz a nivel cultural. Esta inmersión me ha permitido sentirme más integrada y, al mismo tiempo, me ha despertado un deseo de conocer y compartir con más personas de aquí. 

Un aspecto que ha sido particularmente enriquecedor es mi exploración de espacios queer en la ciudad. Encontrar y conectar con mi comunidad al otro lado del charco ha sido una experiencia liberadora. Estas interacciones me han proporcionado un sentido de pertenencia y me han ayudado a comprender mejor la diversidad cultural que existe aquí y me ha ayudado a conectarme también con el sentimiento de comunidad. Para mí es algo realmente emocionante ver que vayas a donde vayas siempre vas a encontrar a alguien queer que te mira con complicidad.

En cuanto a mi labor de voluntariado, he sentido una gran flexibilidad en mis actividades. En el centro de día para personas mayores, he disfrutado de momentos de ocio compartido, realizando actividades como cocinar, participar en un bingo musical y teñir camisetas.

Estas experiencias han sido valiosas ya que me han permitido conectar con las personas mayores de manera sencilla pero significativa. Me llevo su alegría y la sensación de que son la vida misma, con su entusiasmo y sus ganas de que les pusiéramos música todos los días.

En el hogar social, que es el proyecto principal en el que trabajo, he comenzado a construir relaciones de confianza con los adolescentes. A lo largo de este tiempo, hemos enfrentado y superado nuestros primeros conflictos, lo que ha sido un gran aprendizaje sobre la convivencia y la empatía. Cada pequeño paso que damos juntos refuerza el vínculo que estamos formando.

Recientemente, he tenido la oportunidad de impartir dos talleres sobre bullying y relaciones saludables. Estos espacios me han permitido acercarme a mi rol como educadora y me han hecho reflexionar sobre el impacto que puedo tener en la vida de estos jóvenes. Sabiendo que ellos están generando un impacto enorme en mi.

Este mes en Bolivia ha sido un viaje de autodescubrimiento y conexión. A pesar de los retos, cada día me siento más arraigada a este lugar y a su gente, y estoy emocionada por lo que me espera en el futuro.

Mi Última Semana en Bolivia.

Mi voluntariado en Bolivia ha sido una experiencia transformadora, pero también llena de contradicciones y emociones encontradas que estoy reflexionando ahora que ya ha llegado a su final. A medida que la experiencia iba acabando, me ha empezado a invadir un sentimiento agridulce, propio de quien se va cuando los lazos más profundos empiezan a tomar forma. Aunque intenté evitar caer en la trampa del “volunturismo”, no pude evitar sentir que me iba en un momento crucial, no solo para mí, sino también para las personas con las que había compartido tanto. En mi caso, no se trataba solo de mi proceso de adaptación, sino de la conexión que había logrado construir con los usuarios del centro, especialmente con los adolescentes. Cuando llegué, estaba lejos de ser una presencia establecida. Ahora, al marcharme, sentía que dejaba una parte de mí en ese lugar y que la relación estaba comenzando a florecer. Todo esto me hace reflexionar sobre una experiencia de tan poco tiempo de este calibre, es por ello el sabor agridulce, ya que también estoy profundamente agradecida de haber podido aprovechar esta oportunidad.

El vínculo con los usuarios no se construye de la noche a la mañana. Son risas compartidas, miradas cómplices, pequeños gestos de complicidad y también algún enfrentamiento en la convivencia. Es por ello que la despedida también fue dura y deja algún que otro relámpago de tristeza cuando pasan los días desde que concluye la experiencia.

Las despedidas son siempre difíciles, pero un recuerdo hermoso que me llevo es la ternura con la que una señora del centro de día nos cantó una canción en aimara para desearnos feliz viaje, además del bonito detalle que tuvieron de poner nuestra foto en su árbol genealógico del centro de día. También es entonces cuando una no piensa simplemente en la efectividad de su labor como voluntario si no en la importancia de los vínculos que se crean, y que como le dije a una señora del centro, nunca me voy a olvidar de ellas.

En cuanto a la conexión con las voluntarias, no puedo más que expresar gratitud. Con Sandra, mi amiga y compañera, compartí absolutamente de todo y fue mi apoyo principal durante estos dos meses. La solidaridad y la colaboración entre el resto de voluntarias fue fundamental para poder enfrentarnos a los retos del día a día. A medida que se acercaba el final, la sensación de unidad se hizo más palpable, y ahora me las llevo cerquita espero que para mucho tiempo más, ya estamos hablando de reencuentros y quedadas compartidas.

Finalmente, quiero agradecer profundamente a la Fundación que me brindó esta oportunidad. No solo me permitió conocer todos los aspectos del proyecto, sino que me hizo sentir parte de él. Desde el primer día, hicieron todo lo posible por que me sintiera como en casa, y esa acogida fue fundamental para que pudiera vivir la experiencia con el corazón abierto y también para que a día de hoy sienta un duelo con volver. La despedida que nos organizaron a Sandra y a mí fue emotiva y creo que lo que más me ha marcado es que la sentí honesta y real.

Al mirar atrás, me siento agradecida por la oportunidad de haber formado parte de este proyecto, por haber aprendido tanto de las personas con las que trabajé y por haber podido ofrecer un pequeño aporte en sus vidas, ellas han ofrecido tanto a la mía… mi experiencia en Bolivia ha sido, sin duda, un viaje de crecimiento personal y colectivo. Un viaje que, aunque concluya físicamente, siento que perdurará mucho más tiempo en mi.

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Educación, Género

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