Documento aquí la crítica publicada en Granada Hoy el pasado 2 de junio de 2026. Una suerte haber asistido a un momento único, por la capacidad técnica y, sobre todo, expresiva, de estos músicos. Es cada vez más habitual que sean memorables los conciertos del club de jazz Ool Ya Koo, en Granada. No solo por los artistas invitados, sino por la calidad de los combos propios y las ruedas de improvisación de las jam de los jueves. También, el sonido más clásico de los viernes. No todas las ciudades cuentan con una programación estable así. En lo personal, también una noche para recordar, por la compañía y las emociones. Así tejemos la vida, con recuerdos y con momentos. Copio el texto para facilitar su lectura. La versión web de este enlace se puede consultar en este enlace. El pdf de la página de prensa puede descargarse aquí.

Magia y sensibilidad del norte
Crítica de música
El club de jazz Ool Ya koo se ha convertido en una sala de referencia en el circuito nacional
Gorka Benítez. Baleen Lobak
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Gorka Benítez, saxo tenor y flauta; Alejandro Mingot, guitarra; Pablo Martín Caminero, contrabajo; Borja Barrueta, batería.
Fecha y lugar: domingo, 31 de mayo. Club de jazz Ool Ya koo
Rafael Marfil Carmona Granada
Pues llegó a tiempo mayo, y no nos ha fastidiado tanto. El cierre de este mes, en una agenda frenética de convocatorias de la asociación y club de jazz Ool Ya koo, ha sido memorable. El texto promocional del concierto de Gorka Benítez y su combo presentaba a este saxofonista de Bilbao como el mejor narrador de historias del jazz, y la noche discurrió, efectivamente, como un relato que podía haber durado mil y una noches. Tras dejar claro el sello del norte, presentándose como procedente de Euskal Herria, este músico nos recordó, durante toda la velada, algo que ya sabíamos, pero que estaba ahí, oculto en el claroscuro de nuestro recuerdo: lo importante en el jazz no es la técnica, son las personas. Así presentó a los tres grandes que le acompañaban, restando importancia al instrumento y valorando al compañero de viaje. Todos y cada uno de ellos supieron parar el tiempo en esa narración, para contemplar la belleza de sonidos y melodías que, por sencillos, traspasaron a quienes tuvieron el acierto de estar allí esa noche. Almudena, clarinetista, se sobrecogió de emoción, entre el público, ante esa inmensidad serena, ante la narración profunda que se detiene y te interroga en ese instante. Ricardo, al que nadie supera en conciertos escuchados, celebró toda esa magia y se preguntó por qué no hemos conocido a Gorka Benítez de nuestros festivales.

Por su parte, tras hablar y tocar unas notas, decir unas palabras y volver a interpretar unos segundos de improvisación, el líder de este proyecto explicó en la previa cosas muy importantes. La primera, una reivindicación de principios en torno a los tres segundos de seducción que debe traer la música, para sacarnos de esta pesadilla de horrores contemporáneos que trae el mundo. Y así lo hicieron en varias ocasiones. La segunda, su admiración por iniciativas como la asociación que lo había invitado. Cientos de personas que, con su cuota, esfuerzo e ilusión, hacen posible la cultura y la música. No es el primero que muestra su asombro y admiración por ese milagro de Ool Ya koo, que se hace porque, seguramente, no sabemos que es imposible. Es de agradecer, también, en las palabras del del contrabajista Pablo Martín, el humor y la capacidad de reírse de sí mismos, un superpoder que ha desarrollado especialmente la gente del norte.

El saxofonista de Bilbao demostró que es, realmente, el mejor narrador de historias del jazz
Y en la música, estaba casi todo. La sensibilidad en la flauta travesera que también toca Gorka Benítez, las caídas en notas largas, en esa armonía que espera, por muy largo que sea el discurso barroco que llega hasta la meta. Y cuando llega, una redonda se convierte en un momento eterno, que da sentido al relato. Aires folk y, por supuesto, estilos más frescos en los temas centrales, con reminiscencias de rock, funk, baladas y ese toque de banda sonora de serie televisiva que tiene parte de su obra, cayendo también en la bossa en algún momento. Durante dos horas, interpretaron composiciones propias, con momentos de experimentación que imitaban el sonido de las ballenas que da nombre a esta gira. No hubo momentos de tránsito en las improvisaciones. Todos los músicos contaron cosas interesantes y llenas de sentido cada segundo, jugando con matices y juegos con la intensidad o el tempo. Todo un clima emocional que resume el oasis y la magia prometida desde el inicio. Todo ello, por nueve euros para los socios. Traía luz, frescura y belleza este aire del norte.


















