Registro en Imaginado el artículo publicado ayer, sábado, 16 de mayo de 2026, titulado «Divertirse hasta morir». Es un resumen de lo que pienso hace mucho tiempo sobre la sociedad del ocio y del entretenimiento. Desde la educación mediática y artística, algunos, nos situamos en la teoría crítica, y autores como Giroux, Mattelart o, en este caso, Neil Postman, están muy presentes en la denuncia de la manipulación. Básicamente, no hacen falta dictaduras, ya que la tiranía es la de la sociedad del espectáculo. Nadie se libra, así que estemos atentos y atentas. El artículo puede consultarse aquí en la versión web de ideal, descargarse en este enlace en jpg o leerse completo en el texto que copio a continuación, para mayor comodidad.

Divertirse hasta morir
La alienación de la sociedad del ocio
Rafael Marfil Carmona
Hay una exigencia diaria que está acabando con nuestra salud, y no es otra que la necesidad de diversión, de hacer planes, de esa palabra tan de moda que es “disfrutar”. El autor de teoría crítica Neil Postman escribió, desde finales de la década de los setenta del pasado siglo, una serie de trabajos denunciando nuestro adormecimiento, la manipulación de la ciudadanía a través de la exigencia de una continua búsqueda de diversión, de entretenimiento. Es la manipulación de las masas ya denunciada y atisbada, brillantemente, por Ortega y Gasset, y dibujada en la obra mítica de Huxley Un mundo feliz.
Pasarlo bien y encontrar momentos de gozo se ha convertido en una estresante obligación, en una respuesta conductual a pautas guiadas de consumo, donde la estética personal, la seducción sexual, los viajes, las fiestas, las excursiones a la naturaleza y cualquier tipo de evento son condición obligada para la dignidad. Si no respondes a esa agenda pautada, que confunde ocio con cultura, y que oprime tu tiempo, puedes convertirte en un paria, en un peligroso outsider. El sistema ha planificado tu existencia, sin permitirte unas vacaciones en blanco, obligándote a entrar en esos horteras territorios de la gentrificación turística. El mercado te espera a la vuelta de cualquier esquina porque, siempre, y eso no falla, hay alguien que te está vendiendo algo para que seas feliz, desde un complejo vitamínico hasta una equipación de montañero. Y el trabajo, que tiene que ver con integrarte en una empresa, en una institución pública, en un proyecto colectivo, es un triste medio para el inalcanzable fin de la continua felicidad hedonista.
Por eso, Postman, inocente, escribió un libro titulado Divertirse hasta morir, inspirado, qué paradoja, por el Barrio sésamo norteamericano, atisbando que el control social no vendría por las dictaduras, sino por el entontecimiento y la reducción de la capacidad crítica de las mayorías. Se inauguraba la era del espectáculo y del Show Business. Nos iban a matar, pero de risa. Y no se equivocaba, ya que hoy día votamos a nuestros propios narcisistas, pedimos que tomen decisiones por nosotros y suplicamos tiempos para nuestra incesante búsqueda de ratos de ocio. Además, creemos que es nuestro sello, que es una expresión de personalidad y no el resultado del control de nuestra mente. En el otro lado de esa triste realidad, una vida mucho más agónica de quien no llega a fin de mes, de quien emigra para salvar la vida, de quien es maltratado o de quien apenas si tiene algún momento libre para hacer la compra de la semana. Con esa doble medida, seguimos funcionando. Una sociedad falsamente disfrutona, que ha convertido la profunda idea del carpe diem, esa esencia vital de vivir cada momento, en la banalización del consumo. Gente tan comprometida y solidaria que padece ansiedad si le quitan el merendero y las gafas de sol de cada domingo. Millones de personas que salen “de fiesta” para celebrar que no tienen nada que celebrar. Otros, agazapados, con algo de vergüenza, anhelan una sociedad más seria, la construcción de un futuro, la necesidad de abordar el presente. Un proyecto colectivo, una cultura de sano esfuerzo. Lamentablemente, debo finalizar este artículo, porque apremia elegir restaurante para mañana e ir reservando algún vuelo a un lugar exótico para las vacaciones. Si no, cómo sobrellevar el tiempo libre en ese tenebroso miedo al horror vacui, al vacío existencial.


























