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Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

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Archivo de 8 abril, 2026

Historias desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Carla Vivar Martínez.

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primer contacto con Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

Había tenido la oportunidad de viajar a Latinoamérica anteriormente, participando en un programa de voluntariado con la Universidad de Salamanca, lo cual despertó en mí muchas preguntas, sobre todo pensando si sería similar o completamente diferente lo que iba a vivir esta vez en Bolivia. Decidí no hacerme demasiadas expectativas y dejar que la experiencia me sorprendiera, permitiendo que el camino se andara solo a medida que conociera a nuevas personas y entornos.

El 21 de agosto de 2024 aterricé en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en un barrio conocido como el Plan 3000. Esa misma noche, conocí a la familia que me acogería durante toda mi estancia. Santa Cruz de la Sierra, una ciudad que me parece inmensa en comparación con mi lugar de origen, me recibió con un calor sofocante y muchos mosquitos. Y también lo hizo con la calidez y la amabilidad que ya recordaba haber vivido antes en esta parte del mundo.

Mi estancia en la fundación se centra en acompañar a personas mayores en un centro de día. Desde el primer día, el coordinador del centro me dio la bienvenida y me mostró todas las instalaciones. También tuve la oportunidad de conocer a los adultos mayores que pasan allí sus mañanas y parte del mediodía. Mi primera impresión fue muy positiva, sus miradas reflejaban una gran cantidad de historias y un deseo sincero de compartirlas. Cada uno de ellos proviene de lugares diferentes y tiene una historia valiosa, lo que despertó en mí una curiosidad profunda, que ellos también compartieron. Por eso, desde el primer día comenzamos a intercambiar nuestras historias.

Desde el principio, me he sentido muy acogida, tanto en el centro de día como en otros espacios de la fundación. La vida aquí, por ahora, es tranquila y me permite detenerme a entender y a escuchar, que creo que es la única expectativa que se puede tener.

El centro de día es un lugar de encuentro donde no solo se comparte la compañía, sino también las conversaciones y las historias de vida de cada uno. María Galindo, activista boliviana, dice que “las calles de Bolivia son un patio común compartido que han creado las mujeres que trabajan en ellas”. El centro de día es un poco así también: un espacio donde todos aportan algo, ya sea tiempo, experiencias, una voz o ternura.

Desde que comencé mi voluntariado aquí, he tenido la oportunidad de trabajar con un grupo de personas que tienen mucho interés por la costura, la creatividad y hacer cosas juntos. Así que hace poco decidimos aprovechar esta habilidad para iniciar una nueva actividad: confeccionar carteras a mano.

La idea surgió un día en el que las usuarias me mostraron, con mucho orgullo, las cortinas y los manteles que habían hecho con retales de tela. El centro es casi tan colorido como Bolivia gracias a estas creaciones, y ahora las carteras que confeccionemos también reflejarán una parte de la comunidad que han creado en el centro.

Las carteras son sencillas, pero todos han aportado y se han ayudado unos a otros para poder hacerlas. El plan es vender las carteras para conseguir fondos y así organizar algún paseo al cine, alguna excursión o traer a alguien para que toque música porque lo que más les gusta hacer es bailar.

Además de trabajar en la confección de carteras, también estoy colaborando con la orquesta de la fundación, realizando fichas sociales de las familias para que puedan tener toda la información necesaria sobre ellas, lo que me permite acercarme más a la gente de aquí.

En los fines de semana, he aprovechado la oportunidad para explorar más a fondo el resto del país y salir un poco de Santa Cruz. Cada lugar tiene su propio encanto, características únicas, y paisajes muy diferentes, lo que hace que tenga muchas ganas de seguir conociendo Bolivia.

Recordaré Bolivia en femenino, como una mujer; bueno, en este caso, muchas.

El centro de día se convirtió en un refugio donde mi principal labor fue escuchar y aprender, nunca de lecciones, sino de experiencias. De todo aquello que no se escribe pero se habla. Que ha guiado a generaciones y, de alguna manera, sirve de manual intangible sobre cómo saber vivir. Un conocimiento tan abstracto que nos ha protegido y ha sido una prueba fundamental de que aun cuando no existíamos ni para los ojos de la ciencia, el compartir se hizo literatura, medicina y arte. El compartir siempre ha sido la prueba más irrefutable de que las mujeres han estado ahí las unas para las otras.

“La vida es bonita cuando una sabe compartir” dijo María una mañana que, se hubiera perdido en otra de las muchas mañanas que he pasado con ella, sino hubiera sido por que esa frase me despertó.

Comprendí que desde que empecé el voluntariado aquí, compartir es todo lo que he hecho. Pero de alguna manera no me siento vacía ni con menos cosas para mi misma, porque cuando lo hacía, me llenaban de nuevo con su veteranía en la vida.

Muchas me contaban sobre sus experiencia en el amor y como el machismo actuaba como una tercera pata en las relaciones. Cómo el ser mujer las ha definido y controlado en todas las labores que han hecho. “Por la cultura machista, mi madre siempre prefirió a sus hijos varones para que estudien” decía Bea “Las mujeres actuamos más con la ternura, por ello me tuve que quedar con mi madre” terminaba.

Siempre sabían terminar cada conversación con ese caramelo que te impedía quedarte con mal sabor de boca. Endulzaban cada experiencia para recordar que las experiencias no son solo los infinitos eventos que nos pasan, sino el como reaccionamos ante ellos, y de ellas sin duda, la resiliencia tendría envidia.

Desde que llegué he conocido Bolivia de otra forma. He tenido la gran oportunidad de viajar y conocerlo de otra manera. Tal y como es imposible conocer a una persona haciéndole siempre las mismas preguntas; un país se conoce solo si recorres esas calles que no están desgastadas por las infinitas pisadas. Si te adentras en bares o restaurantes donde solo encuentras gente local y comes todo aquello que te recomiendan con una sonrisa.

Me di de bruces con un país que era tan diverso como grande. Casi infinito. Muchos días siento que aun habiendo estado dos meses compartiendo mi tiempo con él, no sería capaz de conocerlo ni en años. Descubrí la zona del altiplano que distaba mucho de la zona del trópico. Las tradiciones y bailes se amoldaban a la diferencia de cada zona y cambiaban radicalmente dependiendo del suelo que estuvieras pisando.

Aunque también viajé mucho con Virginia (pero esta vez no nos hacía falta movernos de la silla). Me contó mucho sobre su tierra: el salar de Uyuni. Sobre las plantaciones de quinoa y sus aventuras como agricultora y ganadera.

“Ahora estamos muy apenadas con los incendios” compartían, sobre todo Lucy que, desbordada de ira, cargaba contra todos aquellos que dan la espalda al Amazonas y dejan que uno de los pulmones principales de la tierra se convierta en ceniza.

Para terminar cerrando el círculo con el comienzo. Quiero dar las gracias a todas mis compañeras por recibir mi cariño, abrazarlo y devolvérmelo sin duda. Nunca dejé mi casa porque vosotras me hicisteis sentir tan cómoda que los días pasaban y la añoranza se hacía más digerible. Pero sobre todo, gracias por compartir esta experiencia conmigo. Es lo que me llevo de todas.

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Adultos mayores, equidad de género

Mi experiencia en Jacj Cuisi. Andrea Vallejo González

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El 14 de agosto aterricé en La Paz, no tenía muchas expectativas de cómo iba a ser esta experiencia porque nunca he vivido algo parecido a irme tan lejos de los lugares donde siempre he vivido, entonces me vi subiendo al avión sin haber pensado nada en lo que estaba haciendo. Sabía que el viaje iba a ser largo, 10 horas a Bogotá, de ahí a La Paz y después un viaje largo en autobús hasta Rurrenabaque, el pueblo más cercano a Jacj Cuisi, donde iba a pasar los dos meses siguientes. Desde Rurrenabaque hasta Jacj Cuisi, las opciones son tomar un taxi colectivo desde la terminal de San Buenaventura, municipio muy cercano a Rurrenabaque, o hacer autostop.

Creo que es la primera vez en mi vida que puedo preparar bien un equipaje, sólo traje una mochila de 60 litros sin llenar del todo porque sabía que iba a comprar cosas de recuerdo en alguna de mis visitas a alguna ciudad boliviana, traje ropa de trabajo para estar con los animales que no me importara estropear o dejar después aquí, y chubasquero, además de unos cuantos libros. Fue una buena idea no llevar mucho equipaje porque el viaje es largo y es mejor no tener que cargar con más de lo necesario.

Sólo sabía que iba a trabajar con animales salvajes durante 8 semanas, pero no tenía mucha idea de cómo iba a ser exactamente mi día a día, sólo sabía que iba a estar trabajando con una ONG boliviana, para mí era importante que el proyecto fuera boliviano y no un proyecto externo y por eso decidí este voluntariado por encima de otros.

La ONG se llama Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY) y trabaja rescatando animales salvajes y reintroduciéndolos a sus hábitats, estos animales han sido mascotas, víctimas de comercio, de caza (entre otras posibilidades igual de hostiles para estos animales) y en esta entidad se les trata de dar una vida de calidad y devolverles a su hábitat natural si eso es posible, porque algunos de estos animales han sido tratados como animales domésticos tanto tiempo antes de llegar a CIWY que ya no pueden ser reintroducidos en su hábitat. La ONG está repartida en tres santuarios: El santuario en el que estaré estos dos meses, Jacj Cuisi (La Paz), Santuario Machía (Cochabamba), aunque este santuario está cerrando sus puertas y enviando a sus animales a los otros dos y Ambue Ari (situado en Santa Cruz), en estos santuarios, las personas que se encargan de cuidar y dar una buena vida a estos animales son personas voluntarias (que pueden permanecer en el parque entre varias semanas y unos meses) y personal permanente en cada reserva que se encargan de la coordinación de cada área del parque, del mantenimiento de las instalaciones y del cuidado de los animales.

Al llegar al santuario me recibió una de las voluntarias, que es estudiante de Veterinaria y está realizando sus prácticas de la Universidad aquí durante unos meses. Me llevó hacia los coordinadores, que me dieron la bienvenida al campamento y me enseñaron las instalaciones. Mi habitación es una de las cabañas que componen el campamento (las otras son dos dormitorios, la cocina y unos baños), es un campamento pequeño y, entre voluntarias y personas empleadas aquí, somos 16 personas.

Mis primeros días aquí han sido duros porque ha sido un cambio enorme en mi rutina y a mi siempre me cuestan un poco los comienzos, sobre todo en un lugar tan desconocido para mí. Aun así, he tenido en mente que no acostumbrarme rápido era tan normal como estar entusiasmada con la experiencia desde el minuto uno y que aún me quedaban muchas semanas por delante por vivir, además, Jacj Cuisi está a 40 minutos en coche del pueblo más cercano y sólo disponemos de un día a la semana para poder ir, por lo que me ha sido difícil adaptarse al principio, no estaba acostumbrada a pasar tiempo sola y mucho menos en medio de la selva.

Mis tareas como voluntaria en CIWY comenzaron el 16 de septiembre, un día después de llegar a la reserva. El santuario se divide en varias áreas, dependiendo de los animales que se encuentren en el parque en ese momento y de las necesidades de cada uno. Hay varias áreas: “Pequeños animales”, “Cielo”, “Parati” y “Negros”. El área que me asignaron a mí fue “Pequeños animales”, área compartida por nueve coatíes y una taira: Rosco (el más mayor de todos los coatíes), Roddy, Pancho, Begoña, Emili, Cristina, Sheldon, Berlin, Cyrano e Iván (la taira). Estos animales llegaron habiendo sido durante muchos años animales domésticos, por lo que no pueden ser reintroducidos ya a sus hábitats y viven en grandes jaulas. Se les saca de las jaulas todos los días a la selva mediante un método de “runners”, que son largas cuerdas atadas en varios árboles por la selva, por las que los coatíes pueden avanzar atados a ella; es decir, pueden recorrer un área de la selva todos los días, aunque no puedan ser libres. Mis tareas en el área son, junto con mi coordinador, dar el desayuno, comida y cena a los animales, sacarlos y recogerlos de los runners y limpiar sus jaulas.

Mi rutina es esta:

  • De 7:00 a 7:30 realizo una de las tareas de limpieza diarias de la reserva, que nos vamos turnando entre todas las personas que vivimos aquí.
  • De 7:30 a 8:30 es la hora de desayuno y descanso del personal.
  • 8:30 es la hora de ida al área y de desayuno de los animales.
  • De 9:00 a 12:30 son las horas de ida a los runners, limpieza de jaulas (con agua y jabón todos los días) y preparación del almuerzo de los animales.
  • A las 12:30 se les da la comida y hasta las 14:00 hay tiempo para el almuerzo del personal y un pequeño descanso.
  • De 14:00 a 17:00 se realizan pequeñas tareas del área que van cambiando diariamente según las necesidades, se prepara la cena de los coatíes y de la taira y se les alimenta. Se realiza una comprobación de que todo esté bien, las jaulas cerradas y los coatíes han podido comer, y se abandona el área hasta el día siguiente.
  • A las 17:00 acaba la jornada y se regresa al campamento para descansar, cenar y tener tiempo libre antes de dormir.

Por ahora sólo llevo una semana en el santuario y siento los días muy largos porque comienzan muy pronto y hacemos muchas cosas, pero cada día que paso aquí me siento mejor y sé que el resto de las semanas se pasarán mucho más rápido.

Este es el comienzo de mi quinta semana en el santuario Jacj Cuisi, donde aún me quedan 4 semanas más. Todo este tiempo he estado en el área de “Pequeños animales” cuidando de los coatíes y la taira. Al principio me resultó un poco duro adaptarme a la rutina, pero me he sentido muy afortunada de poder pasar 4 semanas en ese área, aprendiendo cómo son y qué necesitan los coatíes y la taira y encariñándome con ellos cada día más.

Es importante, como mínimo, diferenciar entre sí a los animales para poder conocer qué necesidades tiene cada uno, cómo se comportan entre sí y con la presencia de humanos y cómo es su carácter con ciertas cosas. Es importante conocer cómo reacciona cada uno de ellos al darles la comida, ya que hay que tener cuidado con los que pueden ponerse más nerviosos y pensar que quieres quitársela, igual que es importante saber cuáles de ellos pueden haber sufrido maltrato por parte de humanos porque podrían resultar más agresivos con otros coatíes o con humanos o tener comportamientos más imprevisibles, por lo que conociendo a cada uno de ellos y sabiendo sus posibles respuestas podremos cuidarlos y protegerlos mejor en todo momento.

Estos animales están en su jaula toda la noche, toman su desayuno ahí e inmediatamente después comienza la hora en la que pueden ir a sus runners. En este área, mi tarea es acceder a la jaula de cada coatí que presente señales de querer salir a su runner (está andando por su jaula en dirección a la puerta o se muestra interesado de alguna forma en que me acerque a su jaula), ato una correa a su collar y les acerco a su runner correspondiente. Es importante no tirar nada de la correa, simplemente vamos caminando a su lado dirigiéndole a su runner sin presionarle a ir más rápido porque este momento para él es de disfrute y, aunque no dejaremos que se vaya por otro camino distinto al que se dirige al runner, le dejaremos oler y jugar lo que quiera por el camino, sin prisa por llegar al runner.

La taira que está en el santuario, Iván, no sale de su jaula porque es mayor, tiene muchos problemas de movilidad y cuando llegó al santuario se le examinó y se consideró que lo mejor era que permaneciera dentro, pero en una jaula doble más grande que las de los coatíes y con acceso a un jardín privado en el que puede estar todo el día hasta la hora de la cena y al que ningún coatí puede acceder (la taira es depredadora de los coatíes, por lo que esos animales no tienen ningún tipo de contacto dentro del santuario).

Todos los días, la coordinadora del área elige el runner al que irá cada coatí basándose en el tiempo que lleve sin ir a ese runner concreto y en los runners que hay alrededor. Es decir, pondremos en dos runners cercanos a coatíes que tienen buena relación e intentaremos que los coatíes que no se llevan bien no tengan ningún tipo de contacto. Rosco y Roddy, dos de los coatíes, tienen muy buena relación, así que siempre están en runners cercanos que les permita tocarse.

Los coatíes permanecen en sus runners hasta la hora de cenar, momento en el que los coatíes son trasladados a sus jaulas de la misma forma en la que los llevamos, sin estresarles e indicándoles el camino con paciencia. Intentamos que Pancho, uno de los coatíes más activos y nerviosos, salga el primero de su jaula y entre el último. Pancho siempre quiere salir, al igual que Cyrano y Begoña, pero hay otros coatíes que no siempre quieren salir y se quedan en su casita, construida dentro de su jaula, por lo que permanecen ahí hasta que muestren señales de querer ir a sus runners.

La dieta de los coatíes y de la taira es muy variada. Son animales omnívoros y su dieta está reflejada en un cuadrante escrito en una pizarra del área, por lo que todos los días al llegar a su área y darles sus suplementos y medicinas (a los que tienen que tomarlos), les preparamos el desayuno que toque. Algunos días, el desayuno es comida de perro (para Rosco, Iván y Roddy remojada porque no tienen dientes) y plátano para Iván; otros días, el desayuno es pepino rayado muy fino y plátano machacado. A la hora del almuerzo, toman carne con alguna fruta y se les hace algún tipo de enriquecimiento, esto es darles la comida de forma que tengan que invertir energía física y mental en alcanzarla, como harían en su hábitat natural. Esto les estimula y los acerca a la vida que podrían tener fuera de cautividad.

Un tipo de enriquecimiento que tenemos en el área y que usamos todos los días para el almuerzo son unas hojas grandes en las que envolvemos la carne y atamos para que el coatí tenga que romper la hoja o desatarla y así poder acceder a la carne. En el caso de las cenas, los enriquecimientos van variando según el día, uno de ellos es enterrar la comida en sus jaulas para que ellos tengan que excavar y poder acceder a ella. Otro enriquecimiento es usar juguetes donde les escondemos la comida y eso les estimula mucho más que si les diéramos la comida simplemente en su plato. Con Iván (la taira) hay que tener cuidado porque no tiene dientes, al igual que hay algunos coatíes con más limitaciones que otros: Algunos escalan mucho y muy rápido y otros no, lo mismo ocurre con otras habilidades, por lo que es importante tener en cuenta las necesidades y limitaciones de todos los coatíes y la taira a la hora de planificar y llevar a cabo los enriquecimientos. Si no tuviéramos en cuenta las limitaciones de cada uno, podríamos estresarles mucho por no poder acceder a la comida.

El día a día en la reserva es el mismo siempre durante 6 días a la semana, uno de ellos descansamos. Cada persona tiene un día libre distinto de forma que todos los días haya una persona, al menos, encargada de cada área; siempre estará la persona coordinadora del área (en el caso de que sea su día libre, otra coordinadora le sustituye) con los animales cumpliendo con el horario.

Hay un tiempo mínimo de estancia en el santuario para cada área, desde un mes para el área de “negros” para poder tener tiempo suficiente de conocer a todos los monos, hasta un par de semanas en el área de “para ti”. Cada área tiene un tiempo mínimo de estancia acorde a las necesidades de los animales del área. En mi caso, estaré un mes en el área de coatíes y me trasladarán a otro de los áreas al finalizar el mes.

Mis cuatro últimas semanas en Jacj Cuisi

Mi último mes en Jacj Cuisi ha sido en el área de “Para ti”, que está a unos 15 minutos del campamento. Este área está destinada a 17 monos capuchinos, uno de ellos, Cleo, es libre y puede campar a sus anchas por el área, dos de ellas, Punki y Camila, tienen su jaula siempre abierta y se encuentran atadas al runner, pero pueden entrar y salir cuando quieran; el resto de los monos viven en sus jaulas por las noches y por las mañanas salen para pasar el día en sus runners.

Al contrario de lo que se hace en el área de “Pequeños” con los coatíes, no hay contacto físico directo con los monos, sino que su runner está atado a su jaula y ellos salen de esta directos al runner sin necesidad de llevarlos con una cuerda. En el caso de tres de las hembras (Franca, March y Totita), estas están en sus jaulas por las noches como el resto de monos pero por las mañanas sí se les lleva a sus runners, cada día uno distinto para que puedan tener variedad de espacios. Para llevar a las hembras a sus respectivos runners, vamos a la jaula de cada una de ellas, abrimos la puerta que está cerrada con carabina y esperamos a que ella se suba sola a nuestro hombro. Una vez se sube, quitamos la carabina que une su cuerda a su jaula y andamos con ella en el hombro (o en nuestra cabeza, dependiendo de la mona) hasta su runner. Una vez en el runner, colocamos la carabina en la cuerda de este y dejamos ahí a la mona hasta que volvemos a por ella por la tarde para volver a llevarla a su jaula.

Para el manejo de las hembras, es importante haber estado ya unos días trabajando en el área y acercándonos a las monas, para que ellas se sientan cómodas con nuestra presencia y seamos familiares con el área, es decir, debemos conocer un poco ya a cada una de ellas, estar atentas de sus reacciones y conocer bien todos los caminos desde las jaulas a los runners para poder ir directas y con seguridad una vez tengamos a las monas encima.

Mi rutina en el nuevo área es similar a mi rutina en “Pequeños”, nos despertamos a la misma hora y las actividades hasta las 8:30h son las mismas. Para ir al área, las personas voluntarias y la coordinadora del área nos reunimos para ir juntas con las mochilas cargadas con la comida que los monos comerán ese día. A las 8:45 (aproximadamente) llegamos al área y les servimos agua fuera de las jaulas, al lado de su runner, para que puedan estar hidratados durante el día. A la vez, alimentamos con un puré de fruta a algunos de ellos que necesitan más suplementos con su comida.

Después de esto, preparamos y les servimos el desayuno fuera de sus jaulas, cuando hacemos esto, abrimos la puerta trasera de sus jaulas, la que da a su runner, para que cada mono salga a tomar su desayuno y a pasar el día en su runner. En el caso de Cleo, que está libre, le servimos su puré en un plato y su desayuno y le llamamos para que venga a recogerlo. Es una monita bastante asustadiza así que suele esperar a que nos vayamos para pasar a recoger su desayuno.

Una vez que los monos están fuera de sus jaulas, nos dividimos el trabajo entre la encargada y las voluntarias que estemos en ese momento para limpiar las jaulas de todos los monos. En mi primera semana, éramos dos voluntarias y una encargada, así que nos dividíamos en tres: una persona limpiaba las jaulas de las hembras, más pequeñas, otra limpiaba una de las filas de jaulas de machos y la otra limpiaba otra de las filas. Es importante limpiar bien las jaulas a menudo para que no haya demasiados restos orgánicos que atraerían muchos animalitos, entre ellos cucarachas. Una vez por semana (suele ser los sábados), la limpieza que se hace en las jaulas es más profunda que el resto de días para acabar mejor con toda la suciedad, y usamos jabón y desinfectante.

Después de la limpieza, preparamos la comida y realizamos alguna tarea que haga falta ese día. Cada monita tiene una hamaca hecha con una manta en cada jaula, a veces estas hamacas se descuelgan y cada semana las cambiamos para limpiarlas, así que a veces una de las tareas diarias es hacer esto. Otras veces, es arreglar o renovar las estructuras de los monos en los runners (les colgamos lianas entre los árboles o les construimos estructuras para que puedan subirse y pasar de árbol en árbol con más facilidad o para que jueguen).

Al preparar la comida, muchas veces se hace con enriquecimientos, como en el caso de los coatíes y la tayra. En el caso de los monos, un enriquecimiento muy frecuente es usar pequeños tronquitos con agujeros donde metemos su comida para que ellos tengan que esforzarse un poco en conseguirla y a la vez les estimule más que ponerla directamente en el plato.

Después de darles su almuerzo, las voluntarias bajamos al campamento a comer y descansar y la coordinadora se queda comiendo en el área para asegurarse de que alguien puede proteger a los monos en el caso de que pase algo en esa hora y media. A las 14h, las voluntarias subimos de nuevo al área y les damos su snack a los monos (aquí es donde solemos hacer el enriquecimiento porque disponemos de más tiempo, y el snack suele ser plátano, entre otras cosas). Después del snack, seguimos haciendo las tareas que no pudimos terminar por la mañana y a las 16h les servimos agua y les damos su cena dentro de la jaula, abrimos su puerta trasera para que entren y nos aseguramos de que su puerta delantera está bien cerrada para la noche. Después de hacer esto, vamos a los runners de las tres hembras que he mencionado antes y las llevamos a sus jaulas, donde ya hemos dejado su cena y su agua preparadas para la noche.

A las 17:30 bajamos al campamento, dejando a todos los monos (excepto a Cleo, Camila, Punki y algún mono que no quiera entrar, que suele ser Murdock metidos en las jaulas hasta la mañana siguiente.

Es importante conocer el carácter de cada mono para trabajar con ellos, ya que, dependiendo de este, nos acercaremos o no a cada mono, y de una forma distinta. Hay algún mono, como Conejo, que no se lleva muy bien con las personas e intenta lanzarse contra mi cada vez que paso al lado de su jaula, por lo que es importante estar alerta y no acercarme mucho a la zona donde él puede agarrarme. Hay otros, como Jorge o Lemmy, que buscan más el contacto con las personas y no tienen las reacciones que puede tener Conejo con nuestra presencia. Igualmente, ninguna reacción es mala y son animales salvajes, entonces no deberían tenernos aprecio, sino huir de nosotros. En el caso de las monas, empecé llevando a March desde su jaula a su runner y, una vez que pasó el tiempo y estaba más segura, pude comenzar a llevar a Franca. En el caso de Totita, el manejo era de la coordinadora, porque esta monita tiene reacciones más impredecibles para nosotras y es importante tener mucha confianza con ella y mucho tiempo en el área para poder acercarse tanto como me puedo acercar a March y a Franca.

Ahora que esta experiencia ha llegado a su fin y tan sólo me quedan tres días en Jacj Cuisi, puedo decir que ha sido una vivencia muy bonita de la que me llevo muchos aprendizajes y recuerdos. Nunca había experimentado algo parecido, para mi muchas cosas eran nuevas: trabajar con animales (que, además, no me eran familiares porque nunca los había visto), vivir en la selva, lejos de los estímulos que daba por hecho antes de venir aquí (acceso a wifi, estímulos sociales, vivir en una ciudad). Aún no he asimilado mucho todo lo que he vivido y siento que hasta que no me vaya y pase un tiempo, no me daré cuenta de cómo me ha cambiado vivir aquí estos dos meses, pero puedo decir que me ha aportado mucha tranquilidad y que me siento muy bien con mi decisión de venir aquí.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología

Tejiendo vínculos entre amigas en micro y un hogar social en Bolivia. María Hermida López

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Mi experiencia de voluntariado en Bolivia comenzó con una mezcla de emociones intensas.

Antes de partir hacia Montero, sabía que este viaje sería transformador, pero también estaba llena de nervios y dudas. Viajé con solo una mochila de 50 litros y el momento de hacerla se sentía como algo que me acercaba mucho a la experiencia, ya era real. Decidí llevar ropa ligera para las rutas, junto con una chaqueta y un chubasquero, por si el clima era cambiante en algún momento. Sin embargo, también incluí algunos objetos personales que considero esenciales: dos libros, material para coser y cartas de mis amigas que me recordaban la calidez de casa. Un diario de viaje también ocupó un lugar en mi mochila, listo para documentar cada paso de esta aventura.

Los días previos a mi partida fueron un torbellino de emociones. Aunque la emoción era palpable, la incertidumbre sobre lo que estaba por venir me hizo dudar en momentos. Sin embargo, el apoyo de mi amiga Sandra fue fundamental, ya que vamos a vivir esta experiencia juntas. Al final, decidí que, a pesar de mis miedos, debía lanzarme y confiar en lo que vendría.

El vuelo hacia Bolivia fue tranquilo y la llegada acogedora. Paul y Pancho, del equipo de Hombres Nuevos, nos recibieron con amabilidad, a pesar de que nos tuviesen que venir a recoger a las tres de la mañana.

Una vez en Santa Cruz, nos llevaron a la casa de voluntarios, un lugar acogedor que se convertiría en nuestro refugio los fines de semana.

El primer día fuimos invitadas a una boda, cosas que realmente nos hizo ilusión y nos generaba curiosidad. Lo veíamos como una excelente oportunidad para conocer a otros voluntarios y al equipo del proyecto. Aunque la multitud resultara abrumadora al principio, también fue un momento de integración para nosotras.

La primera semana en Bolivia estuvo marcada por un proceso de adaptación. Nos dedicamos a conocer los diferentes proyectos de Hombres Nuevos y conocimos a las voluntarias, Kary y Carla, con quienes formamos rápidamente una amistad que ha sido una fuente de apoyo está semana aquí.

A los días, Sandra y yo, exploramos el hogar social donde trabajaremos, yo llegué realmente tímida, pero a lo largo de los días siento que he cogido confianza y que son unas chavalas maravillosas. Lo más emocionante de esta experiencia ha sido la oportunidad de liderar talleres con los jóvenes. Pudiendo generar un espacio de creatividad y aprendizaje tanto para ellos como para nosotras. Esta interacción ha sido enriquecedora y gratificante, y nos ha permitido establecer un vínculo más cercano con ellas. La energía y la pasión que traen a cada actividad nos han inspirado a seguir comprometidas con nuestro trabajo.

A modo de resumen, estos primeros días en Bolivia han sido intensos, llenos de aprendizaje y crecimiento personal. A medida que nos adaptamos a este nuevo entorno, las ganas de seguir adelante crecen cada día más. Estoy ansiosa por descubrir lo que las próximas semanas traerán y por seguir contribuyendo con el proyecto. Esta semana es solo el comienzo de algo que luce muy enriquecedor.

Experiencia en Bolivia: descubrimientos y desafíos.

Llevo un mes y unas semanas en Bolivia, participando en el programa del CICODE, y puedo decir que ha sido un mes repleto de emociones intensas. La experiencia de estar lejos de España me ha brindado la oportunidad de reflexionar sobre mi vida y mis raíces, mientras me sumerjo en una cultura completamente nueva. La distancia de casa, aunque desafiante, también ha sido un catalizador para mi crecimiento personal. Me he encontrado con la morriña de extrañar a la gente que quiero y a la vez con esa sensación de pensar que me gustaría, ahora que estoy adaptada, quedarme más tiempo aquí.

Uno de los mayores desafíos que he enfrentado aquí es encontrar opciones de comida vegetariana. Este aspecto ha despertado en mí una mayor conciencia sobre lo que consumo y cómo se relaciona con mi identidad. Cada vez que busco un plato acorde a mis preferencias, me doy cuenta de lo importante que es para mí mantener este estilo de vida y siento que ha sido una de mis mayores frustraciones aquí, ya que mi alrededor consume mucha carne y en ciertos lugares en los que me muevo observo las condiciones duras en las que se encuentran los animales en la calle.

A pesar de las dificultades, he tenido la oportunidad de explorar Santa Cruz a nivel cultural. Esta inmersión me ha permitido sentirme más integrada y, al mismo tiempo, me ha despertado un deseo de conocer y compartir con más personas de aquí. 

Un aspecto que ha sido particularmente enriquecedor es mi exploración de espacios queer en la ciudad. Encontrar y conectar con mi comunidad al otro lado del charco ha sido una experiencia liberadora. Estas interacciones me han proporcionado un sentido de pertenencia y me han ayudado a comprender mejor la diversidad cultural que existe aquí y me ha ayudado a conectarme también con el sentimiento de comunidad. Para mí es algo realmente emocionante ver que vayas a donde vayas siempre vas a encontrar a alguien queer que te mira con complicidad.

En cuanto a mi labor de voluntariado, he sentido una gran flexibilidad en mis actividades. En el centro de día para personas mayores, he disfrutado de momentos de ocio compartido, realizando actividades como cocinar, participar en un bingo musical y teñir camisetas.

Estas experiencias han sido valiosas ya que me han permitido conectar con las personas mayores de manera sencilla pero significativa. Me llevo su alegría y la sensación de que son la vida misma, con su entusiasmo y sus ganas de que les pusiéramos música todos los días.

En el hogar social, que es el proyecto principal en el que trabajo, he comenzado a construir relaciones de confianza con los adolescentes. A lo largo de este tiempo, hemos enfrentado y superado nuestros primeros conflictos, lo que ha sido un gran aprendizaje sobre la convivencia y la empatía. Cada pequeño paso que damos juntos refuerza el vínculo que estamos formando.

Recientemente, he tenido la oportunidad de impartir dos talleres sobre bullying y relaciones saludables. Estos espacios me han permitido acercarme a mi rol como educadora y me han hecho reflexionar sobre el impacto que puedo tener en la vida de estos jóvenes. Sabiendo que ellos están generando un impacto enorme en mi.

Este mes en Bolivia ha sido un viaje de autodescubrimiento y conexión. A pesar de los retos, cada día me siento más arraigada a este lugar y a su gente, y estoy emocionada por lo que me espera en el futuro.

Mi Última Semana en Bolivia.

Mi voluntariado en Bolivia ha sido una experiencia transformadora, pero también llena de contradicciones y emociones encontradas que estoy reflexionando ahora que ya ha llegado a su final. A medida que la experiencia iba acabando, me ha empezado a invadir un sentimiento agridulce, propio de quien se va cuando los lazos más profundos empiezan a tomar forma. Aunque intenté evitar caer en la trampa del “volunturismo”, no pude evitar sentir que me iba en un momento crucial, no solo para mí, sino también para las personas con las que había compartido tanto. En mi caso, no se trataba solo de mi proceso de adaptación, sino de la conexión que había logrado construir con los usuarios del centro, especialmente con los adolescentes. Cuando llegué, estaba lejos de ser una presencia establecida. Ahora, al marcharme, sentía que dejaba una parte de mí en ese lugar y que la relación estaba comenzando a florecer. Todo esto me hace reflexionar sobre una experiencia de tan poco tiempo de este calibre, es por ello el sabor agridulce, ya que también estoy profundamente agradecida de haber podido aprovechar esta oportunidad.

El vínculo con los usuarios no se construye de la noche a la mañana. Son risas compartidas, miradas cómplices, pequeños gestos de complicidad y también algún enfrentamiento en la convivencia. Es por ello que la despedida también fue dura y deja algún que otro relámpago de tristeza cuando pasan los días desde que concluye la experiencia.

Las despedidas son siempre difíciles, pero un recuerdo hermoso que me llevo es la ternura con la que una señora del centro de día nos cantó una canción en aimara para desearnos feliz viaje, además del bonito detalle que tuvieron de poner nuestra foto en su árbol genealógico del centro de día. También es entonces cuando una no piensa simplemente en la efectividad de su labor como voluntario si no en la importancia de los vínculos que se crean, y que como le dije a una señora del centro, nunca me voy a olvidar de ellas.

En cuanto a la conexión con las voluntarias, no puedo más que expresar gratitud. Con Sandra, mi amiga y compañera, compartí absolutamente de todo y fue mi apoyo principal durante estos dos meses. La solidaridad y la colaboración entre el resto de voluntarias fue fundamental para poder enfrentarnos a los retos del día a día. A medida que se acercaba el final, la sensación de unidad se hizo más palpable, y ahora me las llevo cerquita espero que para mucho tiempo más, ya estamos hablando de reencuentros y quedadas compartidas.

Finalmente, quiero agradecer profundamente a la Fundación que me brindó esta oportunidad. No solo me permitió conocer todos los aspectos del proyecto, sino que me hizo sentir parte de él. Desde el primer día, hicieron todo lo posible por que me sintiera como en casa, y esa acogida fue fundamental para que pudiera vivir la experiencia con el corazón abierto y también para que a día de hoy sienta un duelo con volver. La despedida que nos organizaron a Sandra y a mí fue emotiva y creo que lo que más me ha marcado es que la sentí honesta y real.

Al mirar atrás, me siento agradecida por la oportunidad de haber formado parte de este proyecto, por haber aprendido tanto de las personas con las que trabajé y por haber podido ofrecer un pequeño aporte en sus vidas, ellas han ofrecido tanto a la mía… mi experiencia en Bolivia ha sido, sin duda, un viaje de crecimiento personal y colectivo. Un viaje que, aunque concluya físicamente, siento que perdurará mucho más tiempo en mi.

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Educación, Género

Vuelta a Bolivia y aclimatación en la Ciudad de la Alegría. Sandra Barrutieta San Miguel

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Desde que supe que me venía a un proyecto de cooperación a Bolivia, allá por abril de este mismo año y junto a una de mis mejores amigas, sentía unas ganas inmensas de volver a uno de los países de los que tenía mejor recuerdo de Latinoamérica. Por suerte, hace un par de años recibí una beca Erasmus para vivir y estudiar en Rosario, Argentina, y ya había tenido la oportunidad de conocer de cerca la cultura boliviana en una escapada que hice al altiplano en mayo de 2023. Volver a Bolivia tan seguido se sentía como un golpe de suerte, y desde que llegué a Santa Cruz el pasado 13 de septiembre me he sentido muy afortunada de tener esta oportunidad.

La Fundación Hombres Nuevos es una fundación religiosa que ofrece varios proyectos en la provincia de Santa Cruz, desde comunidades educativas, centros de día, colaboración en formaciones teatrales y orquestas hasta hogares sociales de adolescentes, donde tengo la suerte de poder participar.

Actualmente mi rutina está marcada por la convivencia en el hogar con 11 adolescentes que cuentan con becas de estudio ya que en sus comunidades no hay institutos. Aprendo mucho de la resiliencia y del coraje con el que estas adolescentes enfrentan su vida en el hogar, ya que son muy conscientes de la oportunidad que implica poder tener una educación de calidad en un país como Bolivia, y la aprovechan al máximo estudiando muy duro para poder entrar en un futuro en la universidad. El trabajo que desempeño allí junto a mi compañera es muy diverso, ya que hacemos un acompañamiento tanto escolar, en sus tareas, como educativo, ya que una vez a la semana desarrollamos talleres, y también de ocio y tiempo libre, porque organizamos juegos deportivos, cine o llevamos a cabo todo tipo de actividades lúdicas.

Por otra parte, también tenemos cierta libertad de elección de proyecto dentro de la Fundación, y si queremos probar en otras instituciones alguna semana, podemos ir desempeñando diferentes funciones.

Los fines de semana, convivo con el resto de voluntarias que se encuentran en Santa Cruz de la Sierra en la Ciudad de la Alegría, un hogar en el que también vive una familia que participa en la Fundación. Ellas son un apoyo fundamental. Además, la mayor parte de ellas son chicas que ya conocía de antes en Granada, por lo que desde el primer día la convivencia fue sobre ruedas.

En nuestro primer finde juntas hemos visitado el Parque Nacional de Amboró, una reserva natural en medio de la amazonía boliviana, donde también hemos podido ver de cerca el desastre de las quemas que están sucediendo a lo largo de toda la amazonía latinoamericana.

Es una pena convivir con el humo de los incendios y saber que hay grandes intereses financieros en que toda la fauna y la flora queden arrasadas. También es una pena ver cómo los gobiernos de turno tienen peleas internas que hacen que todos estos desastres naturales queden relegados a un segundo plano, así como otros desajustes que viven las personas del país día a día por la falta de recursos materiales. Cito a continuación una cita célebre de Eduardo Galeano que explica, en parte, la pena y la impotencia que quería reflejar: “Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder (…) Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destinos a los países ricos, que ganan consumiéndolos muchos más de lo que América Latina gana produciéndolos”.

No obstante, también es esperanzador ver cómo existen grupos organizados que se movilizan por todo el país contra estas injusticias y muchas otras, tanto en temas de deforestación como en temas de género, culturales y de soberanía alimentaría. Para mí, algunas de las lecciones principales de estas oportunidades residen en darse cuenta de los privilegios que una tiene por la mera razón de nacer en Europa, y también tener en cuenta que las cotidianidades de nuestras vidas que echamos en falta durante estas estancias, muchas veces, son cosas que estas personas no conocerán durante su juventud.

«Sin bosques ni hay agua, no hay vida, no hay nada»

Desde que estoy en el Departamento de Santa Cruz, cada atardecer refleja en el cielo un espejismo natural de la realidad medioambiental que respira este Estado. Cada tarde se ve a través del humo del ambiente un Sol más rojizo que el día anterior, un Sol más ardiente, más temible y más cercano. Recuerdo mi asombro el primer día, recuerdo quedar fascinada por los colores del cielo y caer en la cuenta más tarde de la atrocidad ecocida que estaba generando esos tonos tan intensos. Lo cierto es que hoy, a 8 de octubre de 2024, ya son más de 10 millones de hectáreas las que han sido y están siendo arrasadas solamente en el Estado Plurinacional de Bolivia, en el corazón de Latinoamérica y de la Amazonía. Además, este no es un fenómeno puntual ya que en Bolivia, desde principios del milenio, el promedio anual de quemas es de alrededor de 4 millones de hectáreas.

Como respuesta a esta grave crisis, el gobierno actual de Luis Arce decidió suspender por tiempo indefinido las llamadas “normas incendiarias”, que permitían “quemas controladas” en las propiedades agrícolas y forestales, y que fueron legitimadas durante los gobiernos de Evo Morales. Dichas normas, cómo no, benefician a los poderosos sectores sojeros, cañeros y ganaderos, que operan el llamado “agronegocio” y también a los campesinos migrantes de las tierras altas del altiplano, instalados ahora en tierras bajas. Así, se ha declarado una “pausa ecológica” que ha puesto sobre la mesa que todo fuego es político, así como que todo fuego es sagrado y no debe ser un instrumento de codicia para aumentar las fronteras productivas.

Sin embargo, las quemas en Bolivia están a la orden del día culturalmente hablando. La recogida de basuras en las zonas rurales y urbanas del país es casi inexistente y tanto en ciudades como en pueblos existe la costumbre de quemar los residuos en los patios de las viviendas. Es cierto que esta práctica no es la causa mayor de los incendios forestales, pero es sorprendente cómo las fogatas forman parte del día a día de este pueblo. También es sorprendente saber que en muchos países latinoamericanos, entre ellos este, el cuerpo nacional de bomberos es voluntario, es decir, que quién asume la responsabilidad de las tareas de los incendios es el pueblo, ya que no son vistas por el Estado como una obligación.

En cuanto a la respuesta civil ante estos conflictos, la sociedad boliviana parece muy fragmentada entre quienes apoyan a Arce y quienes apoyan a Evo, estando así bastante atravesada por la vida política y partidaria del momento. Es cierto que también existen grupos organizados fuera del panorama político institucional haciendo ruido, pero son menos numerosos y sus acciones no tienen tanta repercusión. Aún así, llevan a cabo labores sociales, culturales y pedagógicas de gran valor y ver su manera de organizarse frente a los problemas de un Estado convulso hace creer en nuevos paradigmas y formas del buen vivir.

En otro orden de las cosas, la confrontación entre Evo Morales y Luis Arce ha estado en el centro del panorama político de Bolivia en los últimos años y la tensión no ha hecho más que ir en aumento, llegando incluso en las últimas semanas a causar grandes marchas de protesta y heridos en disputas entre los seguidores de ambos políticos. Entre medias de tanto humo, y posicionándose Bolivia entre los diez países más contaminados del momento, pareciera que estos mandatarios estuviesen más interesados en conservar su poder que en poner una solución a la quema de los bosques, su flora y su fauna. Pareciera que estos mandatarios no estuvieran nada conectados con la realidad social que viven los y las bolivianas, ni incluso por el aire que respiran. En definitiva, pareciera que vivieran en su burbuja aislados de los conflictos cotidianos y del rojo abrasador del Sol en cada atardecer.

Está última parte del blog me gustaría empezarla citando un poema de Gloria Fuertes llamado «Todo asusta», ya que ahora que pronto me tendré que despedir y que esto me genera muchas sensaciones en el cuerpo, me doy cuenta de todas las cosas que he aprendido y que dejo en este lugar, aunque me abrume de pronto tener que marchar cuando ya he creado un cierto vínculo con el proyecto y las adolescentes.

«Asusta que la flor se pase pronto.

Asusta querer mucho y que te quieran.

Asusta ver a un niño cara de hombre,

asusta que la noche…

que se tiemble por nada,

que se ría por nada asusta mucho.

Asusta que la paz por los jardines

asome sus orejas de colores,

asusta porque es mayo y es buen tiempo,

asusta por si pasa sobre todo,

asusta lo completo, lo posible,

la demasiada luz, la cobardía,

la gente que se casa, la tormenta,

los aires que se forman y la lluvia.

Los ruidos que en la noche nadie hace

—la silla vacía siempre cruje—,

asusta la maldad y la alegría,

el dolor, la serpiente, el mar, el libro,

asusta ser feliz, asusta el fuego,

sobrecoge la paz, se teme algo,

asusta todo trigo, todo pobre,

lo mejor no sentarse en una silla.»

Siento que cada semana en el Hogar Social de Montero ha sido más enriquecedora que la anterior, que mi compañera María y yo hemos ido cogiendo más y más confianza con las adolescentes y que esto nos ha permitido poder hacer todas las actividades más fluidas. Hemos hablado y jugado mucho con ellas, hemos dado talleres, nos hemos acercado a sus vidas conociendo sus situaciones familiares, sus tareas, sus tradiciones, su música… Me pone muy contenta sentir que hemos logrado crear un vínculo con algunas de ellas, que nuestro paso por el hogar les ha sacado un poco de la rutina, que hemos salido a visitar lugares de Santa Cruz que no conocían y que, de alguna manera, les hemos acercado un poco también nuestras vidas, nuestras experiencias y nuestras formas de pensar.

También suelo pensar en el cuidado con el que he intentado acercarme siempre a las vidas de las adolescentes, en lo valioso que ha sido para mí poder conocer la cooperación desde esta beca, en lo valioso que es para ellas estar en el hogar y contar con una beca de estudios… Las paredes del curso donde pasamos las tardes con ellas están ahora mucho más decoradas y coloridas que cuando llegamos, me gusta pensar que esto refleja la dedicación y las ganas con las que hemos trabajado, y también la pequeña huella que hemos podido marcar en cotidianidad de todas estas personas…

Marcho del hogar con mucha pena, porque una vez me he hecho completamente a la rutina y siento valiosa mi labor dentro de la fundación al haber creado un vínculo con las adolescentes me toca decirles adiós. Aún así, me pone muy contenta percibir la fuerza y la resiliencia con la que afrontan sus estudios y las situaciones familiares y relacionales que transitan, desde las enfermedades familiares y cómo conseguir el dinero necesario para pagar los tratamientos y las operaciones hasta conseguir un equilibrio entre vivir sus primeras experiencias románticas y sexuales en un contexto en el que el patriarcado y la desinformación acerca de los métodos anticonceptivos existentes es total. Como dije en otras entradas, llegué a Santa Cruz sin muchas expectativas y sin saber demasiado acerca de la fundación, pero con muchas ganas de ver qué podía ofrecerme y qué podía aportar yo, me voy con un muy buen recuerdo y una muy buena visión de Hombres Nuevos y agarrada de la mano de muchas amistades y anécdotas…

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Educación

Experiencia de voluntariado en Senegal. Fátima Bernier Amakrane

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Una receta gastronómica, histórica y resiliente de Senegal.

Fotografía de Thiéboudienne en Gandiol.

El Thiéboudienne, conocido también como «Ceebu jën» en wolof, es el plato emblemático de Senegal, un verdadero símbolo de identidad cultural y de la resiliencia del país, el cuál me ha acompañado durante toda mi estancia de voluntariado.

Su origen se remonta a la ciudad costera de Saint-Louis en el siglo XIX, una región histórica que fue la capital del África occidental francesa y muy cercana a Gandiol, lugar dónde se encuentra la entidad que me acogió, Hahatay. Este plato no es solo el plato nacional, sino una manifestación viva de la historia, la cultura y las resistencias de las comunidades senegalesas frente a la colonización y sus impactos. Este guiso, que combina arroz, pescado y una variedad de verduras y especias locales, es una receta que cuenta como una comunidad ha logrado preservar y transformar su patrimonio en el contexto de las imposiciones coloniales. El origen del Thiéboudienne está profundamente entrelazado con las adaptaciones forzadas que las comunidades africanas tuvieron que hacer durante la colonización, pues el comercio de ingredientes y la gastronomía europea predominaban, obligando a las comunidades locales a reinventar sus tradiciones.

La creación del Thiéboudienne se atribuye a Penda Mbaye, una cocinera de Saint-Louis que, enfrentándose a la escasez de ingredientes importados durante la colonización, desarrolló esta receta utilizando productos locales. El pescado, omnipresente en la dieta costera, se combina con arroz, zanahorias, repollo, yuca, tomates y una mezcla de especias que crean un equilibrio perfecto de sabores. Este plato ha cruzado fronteras y es conocido en gran parte de África occidental, pero su preparación y presentación varían ligeramente según la región, destacando la diversidad cultural del continente.

Cartel del documental sobre el Ceebu jën por Papis Niang.

El Thiéboudienne también es una muestra de la conexión entre la gastronomía y el medio ambiente. Al ser un plato que depende de ingredientes locales, su preparación pone en valor la importancia de los recursos naturales y promueve prácticas sostenibles. En un mundo cada vez más globalizado, este plato es un recordatorio de la riqueza que puede encontrarse en lo local, en lo tradicional, y en el respeto por el entorno. La receta en sí misma es una lección de paciencia y dedicación, ya que cada paso requiere tiempo y cuidado.

Durante mi estancia se celebró la segunda edición de la Semana Culinaria de Saint-Louis, en la cuál 3 chef senegaleses se reunieron en la ciudad para trabajar sobre la codificación del plato nacional. Gracias a este evento descubrí que este plato fue inscrito en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2021. Este logro refuerza la importancia de los conocimientos y prácticas tradicionales en la cocina. Además, la preparación del plato es una actividad profundamente comunitaria, en la que las familias y las comunidades se reúnen para cocinar y compartir, reforzando los lazos sociales y celebrando su patrimonio común.

Fotografías de la Semana Culinaria de Saint-Louis, preparando Thiéboudienne en Ndar.

Más allá de su sabor, es un puente cultural, un plato que une a las personas a través del tiempo y el espacio. Es un elemento central en las celebraciones y reuniones familiares tanto en el país como en la diáspora, una forma de compartir no sólo comida, sino también historias, tradiciones y valores. Además, me gustaría terminar rescatando las palabras de Aliune Badian, crítico de arte y ex-funcionario del Ministerio de la Cultura, en las cuales explica una de las leyes no escritas a la hora de comer el Thiéboudienne:

Al igual que su preparación, su consumo está reglamentado. Primero, se recomienda comer lo que está frente a uno; está mal visto tomar la porción del vecino. Sin embargo, por respeto, tradición y cortesía, a menudo se verá a la cocinera empujar trozos de pescado o verduras hacia las personas mayores o los invitados.

Fotografía de los ingredientes del thieboudienne y yo cocinando.

Más información:

https://youtu.be/QlLxWJcSInw VIDEO UNESCO

https://www.jeuneafrique.com/1094533/societe/serie-le-tieboudiene-plat-de-resistance-et-de-resilience-1-5/  NOTICIA THIEBOUDIENNE

 https://www.au-senegal.com/sortie-du-long-metrage-intitule-ceebu-jen-l-art-de-penda-mbaye,16332.html DOCUMENTAL THIEBOUDIENNE

Biennal Dakar 24’: The Wake, L’éveil, Le sillage, Xàll wi.

Cartel oficial de la Biennal de Dakar 2024.

Mi experiencia en la Bienal de Dakar 2024 comenzó con un recorrido por el emblemático Antiguo Palacio de Justicia, un edificio monumental que en esta edición acogía un recorrido escenográfico único diseñado por Salimata Diop, la directora artística de la bienal. Este evento en su 15ava edición, que tuvo lugar entre el 7 de noviembre y el 7 de diciembre, reunió a casi 70 artistas de todo el mundo en su sección oficial y otros tantos en su programa paralelo «off».  Tuve la gran suerte de visitar la exposición permanente y acudir a algunos de los eventos enmarcados en la programación de la Bienal, además, es la primera vez que acudo a un evento artístico de tal magnitud. Me contaban que inicialmente estaba planeada para mayo, pero el contexto político y presupuestario obligó a retrasarla. Dakar se transformó en un vibrante epicentro del arte contemporáneo africano.

Lienzo con celebridades africanas y de la diáspora.

Gracias a la entrevista de Laura Feal, periodista e investigadora independiente, a Salimata Diop, he podido conocer un poco más sobre la primera mujer que ha dirigido la Bienal de Dakar. Salimata Diop es la visionaria detrás de esta edición, quien aportó una dirección artística profundamente influenciada por su amplia trayectoria y su sensibilidad interdisciplinaria. Nacida en Dakar, con raíces senegalesas y francesas, Diop se formó en literatura en la Sorbona y en historia del arte en la Universidad de Warwick. Su carrera incluye hitos como la dirección del Africa Centre de Londres, la feria AKAA en París, y la fundación del Museo de la Fotografía de Saint-Louis en Senegal. También es compositora y pianista, y en esta bienal integró la música como un hilo conductor, lo que enriqueció la experiencia sensorial de las exposiciones.

Bajo el tema The Wake: Awakening, Xàll wi’, Salimata imaginó un recorrido conceptual que invitaba al público a reflexionar sobre los naufragios simbólicos que enfrenta nuestra sociedad, desde crisis políticas hasta ambientales. Junto con la escenógrafa Clémence Farrell, diseñó un circuito innovador que incluía cuatro capítulos temáticos: Nager dans le sillage (Nadar en el estela), Plonger dans la forêt (Sumergirse en el bosque), Flotter dans le nuage (Flotar en la nube) y Brûler (Arder). Las obras expuestas en estas secciones, muchas de ellas instalaciones inéditas, combinaban lo poético y lo urgente, marcando un tono casi punk que desafiaba la pasividad del espectador.

Entre los aspectos que más me impactaron estuvo la presencia del afrofuturismo, un movimiento que reimagina futuros posibles desde perspectivas africanas. Varias obras exploraron las tensiones entre la tradición y la modernidad, utilizando medios como realidad aumentada, esculturas lumínicas y narrativas transmedia. Además, las conversaciones con artistas y críticos enriquecieron mi entendimiento del rol del arte como herramienta de resistencia y transformación.

Obras digitales de la exposición Afrofuturismos.

La Bienal de Dakar 2024 no fue solo una celebración del arte, sino un espacio de reivindicación y esperanza. Gracias a figuras como Salimata Diop, este evento sigue siendo un hotspot para el arte africano y una plataforma para cuestionar, imaginar y construir futuros. Mi visita no solo me dejó impregnada de arte, sino también inspirada por el compromiso de aquellos que trabajan para mantener este evento como un faro cultural y político en el continente.

Más información:

https://elpais.com/planeta-futuro/2024-11-30/salimata-diop-directora-de-la-bienal-de-dakar-quiero-que-la-juventud-se-acerque-al-arte-aunque-sea-para-hacerse-selfies.html ARTÍCULO LAURA FEAL

Festival Ecofeminista Kimpa Vita Dakar.

Cartel oficial del Festival Kimpa Vita 2024

La 5ta edición del Festival Kimpa Vita coincidía con la última semana de mi voluntariado en Senegal por lo que aproveché para poder pasarme por este evento. Este año el país elegido cómo epicentro del festival fue Marruecos, por lo que su enfoque ecofeminista y el análisis de este movimiento en el islam en Marruecos resonó profundamente conmigo, no solo por la relevancia de los temas tratados, sino también por cómo dialogan con mi propia herencia araboamazigh. Una de las figuras destacadas en esta edición fue Fátima Al-Fihriya, fundadora de la Universidad Al Quaraouiyine, reconocida como la institución educativa más antigua del mundo. Su historia de dedicación a la educación y a la comunidad la convierte en un símbolo poderoso del impacto de las mujeres africanas en la construcción de sociedades inclusivas y sostenibles.

Kimpa Vita es una plataforma de encuentro e intercambio creada por el Collektif Sankarista, cuyo objetivo es sensibilizar a la sociedad a través de la cultura. Busca crear espacios para la reflexión, la incidencia y el activismo en favor de la igualdad de género y la promoción de las mujeres, siguiendo una perspectiva feminista y eco-responsable en Senegal. Desde 2021, organiza el festival cultural panafricano, feminista y eco-responsable, difunde un pódcast sobre feminismos africanos, realiza proyecciones de películas temáticas y organiza conferencias y debates feministas en el espacio público. A partir de 2023, ha implementado un think tank de investigación y ampliado sus actividades hacia zonas rurales de Senegal, así como en escuelas y universidades.

La programación del festival fue rica y diversa, con paneles, proyecciones y debates que invitaron a reflexionar sobre el papel de las mujeres en contextos islámicos y su lucha por la igualdad. Entre los momentos más significativos para mi estuvo el espacio de lectura dedicado al libro Femmes et Islam de Asma Lamrabet, un texto que aborda la intersección entre género y religión desde una perspectiva crítica e histórica. El libro analiza las contribuciones y desafíos de las mujeres en el islam a lo largo de los siglos, ofreciendo herramientas para comprender mejor las tensiones y oportunidades actuales en la búsqueda de justicia de género. Personalmente, comencé a leer este libro 2 semanas antes del festival, de pura casualidad, fue muy enriquecedor compartir con las participantes nuestras conclusiones sobre algunos textos extraídos del libro. Sin embargo, muchas de nosotras esperábamos el encuentro con la autora y no asistió al festival.

Fotografía libro Islam et  Femmes de Asma Lamrabe.

Elena Bougaire y Chloé Ortolé, cofundadoras del festival, han conseguido dinamizar un evento que combina activismo, arte y pensamiento crítico. Las proyecciones de cine, que destacaron el trabajo de cineastas panafricanas, fueron especialmente conmovedoras, subrayando el papel del cine como herramienta para comprender y transformar nuestra realidad. En cada actividad, se percibía un compromiso con la promoción de los derechos de las mujeres y la sostenibilidad, pilares que guían la visión del festival.

El Festival Kimpa Vita es un ejemplo vivo de cómo la cultura puede servir como catalizador para el cambio social, ofreciendo no solo un espacio para el análisis, sino también para la acción colectiva. Participar en esta edición ha sido una experiencia transformadora que reafirma la importancia de iniciativas como esta en la construcción de un futuro más justo y equitativo.

Fotografía Cineforum en Gandiol.

Publicado en: Senegal, Voluntariado internacional

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