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Archivo de 17 abril, 2026

Tres mil formas de educar. María Borrego Morales.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Campaña “un trato por el buen trato”.

Introducción

¿Qué es lo que tengo yo que aportar? Es la primera pregunta que me hice cuando me dieron la oportunidad de participar en este proyecto de cooperación al desarrollo. En esos momentos se apoderó de mí la inseguridad, la incertidumbre y el miedo, el miedo a no ser suficiente. Muchos dirán, “¿qué más da? Es solo un voluntariado, no te van a pagar…” pero nunca se trató de eso, sino de la cantidad de niños, niñas y adolescentes que dependerían de mí. Aun así, me fui despegando de mis miedos y de mis expectativas, ya que alguien debía concienciar a mi familia y a mis seres queridos que lo que más miedo da es el desconocimiento de otras culturas, de otras realidades, realidades que como persona y como psicóloga debía conocer. Y así es como llegué a Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra, al Plan 3000. 

El Plan 3000, también conocido como el Distrito Municipal Nº8 o ciudadela Andrés Ibáñez surgió hace 40 años como un realojamiento de aproximadamente tres mil familias que perdieron su hogar debido a la riada del río Piraí. Hoy día, el Plan 3000 cuenta con más de 320 mil habitantes, fruto de la migración de personas de todo el país, de todas las etnias, dejando, por tanto, una ciudadela habitada por una población multicultural con un objetivo común: salir adelante. Para ello, trabajan en los enormes mercados que caracterizan esta ciudadela, dónde conviven alimentos, ropa y electrodomésticos, y se sostiene por la solidaridad entre las miles de vendedoras organizadas en sus gremiales. Estos puestos se mantienen a pie de calle, sobre la tierra enlodada por aguas hediondas, encima de taburetes y bajo la chapa y la lona que forman los techos, dejando una aglomeración de puestos de frutas y verduras, carnes y cereales, y un sinfín de alimentos manipulados por mujeres de polleras largas y gestos frugales. Se intercalan con puestos de ropa, equipos de audio, DVD, cuadernos y bolígrafos, adornos y jabones, y las músicas nacidas de los más increíbles mestizajes. Esta realidad, no es una realidad fácil de imaginar para el europeo de clase media. El hacinamiento o la falta de educación y sanidad, son algunas de las necesidades que intentan subsanar la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, asociación en la que he estado implicada a lo largo de seis semanas, en concreto, el proyecto de Comunidades Educativas.

Comunidades Educativas Hombres Nuevos, un nexo entre familias y unidades educativas.

Cuando me seleccionaron en el proyecto de Comunidades Educativas Hombres Nuevos (CEHN) pensé, ¿cómo daré apoyo escolar si no recuerdo ni las divisiones? Lo que no era consciente era de la vital importancia que iba a tener mi figura profesional en el proyecto, en tanto que, la presencia de psicólogas, educadoras y trabajadoras sociales sería una gran vía para poder intervenir en aquellas problemáticas y necesidades que estaban pendientes de ser solventadas.

El proyecto CEHN se encarga de gestionar las 15 unidades educativas creadas por la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, dando respuestas educativas válidas a la realidad que viven los niños, niñas y adolescentes del Plan 3000.  Una realidad basada en la desnutrición, enfermedades, mortalidad infantil, hacinamiento, violencia en el hogar, analfabetismo, drogodependencias, negligencia, indiferencia la educación…una realidad que dificulta a los más pequeños crecer y desarrollarse de manera estable y segura, haciendo de CEHN, por tanto, uno de los proyectos más importantes para la comunidad. Las funciones realizadas por este proyecto no son pocas, desde la gestión propia hasta la intervención en problemáticas detectadas tanto en el equipo docente, como en la relación con los familiares, impartición de talleres, preparación de campañas de sensibilización o la realización de actividades de convivencia, como el encuentro que viví en el voluntariado, donde niños y niñas de nivel inicial de todas las unidades educativas jugaban y compartían.

En cuanto a mi trabajo, este se puede resumir a mi implicación diaria en dos de las unidades educativas, trabajando así en dos de los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad: la infancia y la adolescencia. Si bien el trabajo con ambas poblaciones supone una intervención totalmente diferente y adaptada, esta refleja la realidad similar que viven la mayoría de niños, niñas y adolescentes del Plan 3000. Esta realidad, derivada de multitud de factores donde se entremezcla la ausencia de unos padres que deben trabajar para llevar alimento a casa con la desinformación existente en cuanto a la educación, es aquella con la que he tenido que trabajar en un corto periodo de tiempo, explotando mis capacidades en un contexto con recursos limitados. Respecto a mi experiencia con la población adolescente, mi labor ha sido la de conocer, evaluar y apoyar a una serie de jóvenes, derivados por el equipo docente o por voluntad propia, con los que he podido tratar aquellas preocupaciones y dificultades que le impedían tener un buen rendimiento académico, una gestión óptima de los conflictos o una buena convivencia consigo mismos. Para ello, he tenido la oportunidad con cada uno/a de ellos/as de trabajar algunas de las áreas más inestables de la adolescencia: autoestima, inteligencia emocional, resolución de conflictos o asertividad.  

En cuanto a los más pequeños, tuve la más gratificante experiencia de descubrir mi amor por los niños y niñas, pudiendo acercarme un poco a este colectivo tan especial y tan lleno de energía, mediante la evaluación y la intervención socioeducativa, a través de las propias entrevistas y la elaboración de talleres de diversa índole (sexualidad, autoestima, acoso escolar…) que tuve la oportunidad de impartir tanto al alumnado como a madres y padres. La elaboración de estos talleres surgió de las necesidades detectadas tanto en el entorno académico como familiar de cada uno de los alumnos, en la que queda reflejada la falta de implicación familiar, de educación sexual y de afecto resultante de la realidad que viven. 

¿Qué he dejado y qué me llevo?

En definitiva, he podido vivir una experiencia que ha permitido desprenderme de mis prejuicios, ha permitido que me sienta incómoda e insegura para poder ser consciente de las realidades que se viven en los países del Sur, ha permitido que desarrolle una perspectiva intercultural y que pueda ver la vida como una mujer boliviana camba y procedente del Plan 3000. Se han vivido momentos difíciles, no puedo negarlo, pero eran necesarios para que mi experiencia fuese enriquecedora. No obstante, me llevo la satisfacción de poder haber dado un pedazo de mí, de mis saberes, de mis buenas intenciones, siempre adaptándome a los valores de esta comunidad, pero sobre todo me llevo la enseñanza que me ha dado cada una de las personas que he conocido, cada niño y niña que ha hablado conmigo, cada actividad realizada, cada taller impartido, cada día vivido en Plan, en suma, cada experiencia que he podido compartir con la comunidad que forma la Asociación Civil Proyecto Hombres Nuevos, el equipo de voluntarios y voluntarias de cooperación al desarrollo y cada una de las personas que he conocido y que me llevo en el corazón. Aunque haya aprendido tres mil formas de educar, me llevo más de tres mil lecciones aprendidas.

Mercado Nuevo del Plan 3000.

Encuentro alumnos y alumnas de nivel inicial.

Taller de sexualidad a alumnado de 5ºPrimaria de la U.E Juan Laborde Morel.

Taller de bullying a madres y padres de alumnado de 2ºESO de la U.E. Juan Laborde Morel.

Mi despedida con el Equipo Docente de la U.E. Juan Laborde Morel

Celebración de San Agustín con el equipo de Proyecto Hombres Nuevos

Mural de la sede de Proyecto Hombres Nuevos.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Pasantía en Investigación en Medicina Preventiva y Salud Pública con la Universidad de Antioquia, Medellín-Colombia. Proyecto Migraciones y Salud Pública. León González Casas.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

“La situación de salud (y la enfermedad) de las personas son el resultado de la manera en la que se vive y se trabaja, es decir, al final es el producto de cómo la sociedad se organiza y se distribuyen los recursos y oportunidades que en ella se generan; no es el resultado de un simple juego de probabilidades y va mucho más allá de la distribución, la oportunidad y la calidad de los servicios de atención a la enfermedad (cuestiones relevantes, pero de lo que no depende exclusivamente la salud de las personas). Las desigualdades sociales son la manifestación de la concentración y apropiación del poder y los recursos de la sociedad en unas pocas personas y grupos que han configurado unas formas de organización social injusta. Las desigualdades sociales matan a las personas y limitan sus posibilidades de desarrollar una vida plena, con libertad y autonomía; también, repercuten de manera directa en las desigualdades en salud. Actuar sobre las desigualdades sociales y sanitarias es un imperativo ético para todos los ciudadanos del mundo, es imprescindible que cambiemos el rumbo. 

En una región del planeta, Latinoamérica, de gran diversidad biológica y cultural, una zona de gran riqueza natural y social, pero que también es la más desigual del mundo. Sin embargo, vivir bajo esta configuración inequitativa de condiciones y opciones de vida se ha vuelto parte del paisaje” (Otálvaro Castro et al., 2023).

En los márgenes urbanos de Medellín nacen historias de resistencia y esperanza y se entrelazan historias de lucha y transformación, donde la cara de la desigualdad social se encarna en lo más alto de la montaña, pero permanece casi invisible. Colombia ha sido escenario de conflictos alimentados por divergencias políticas, luchas de poder, un campo de batalla donde las diferencias en torno a quién y cómo debe gobernar han dibujado un paisaje social tenso y complejo. “La gran mayoría de las organizaciones de la sociedad civil colombiana coinciden en señalar que la causa principal del desplazamiento es la violencia política (estado-grupos guerrilleros)” (2) la violación masiva de derechos humanos y el irrespeto constante de las normas del derecho internacional humanitario que buscan proteger la población civil.  En este contexto, el desplazamiento forzado emergió como una sombría realidad y una táctica de control político y militar, una estrategia empleada no solo por actores armados sino también por aquellos en posiciones de poder.

Esta crónica no es solo la historia de una comunidad que tiene sus orígenes en el desplazamiento al que llegó huyendo de la violencia y que es la más viva cara de una ciudad desigual si no de una comunidad que liderada por mujeres sabe levantarse todos los días para enfrentar sus desafíos. Según ACNUR para el primer semestre de 2023 Colombia fue el país con más desplazados internos del mundo, estos fenómenos de desplazamiento y de desigualdad social no solo representan un desafío logístico y humanitario, sino también una crisis de salud pública. La falta de acceso a servicios de salud adecuados, la variabilidad en la calidad de la atención recibida y las disparidades en los determinantes sociales de la salud son aspectos críticos que se han visto exacerbados por estos fenómenos.

En medio de este escenario se encuentra la Universidad de Antioquia y su Escuela Nacional de Salud Pública, un faro de compromiso en el ámbito de la salud pública. Bajo los principios de su fundador, Héctor Abad Gómez, esta institución se ha convertido en un símbolo de resistencia y dedicación a las causas sociales. Abad Gómez, un médico consiente de la importancia de abordar las necesidades en salud de las poblaciones y vincularlas con el análisis de la realidad, dejó un legado muy importante a través de su valiente denuncia de las injusticias sociales y las brechas en la atención sanitaria. Su vida, marcada por el coraje y la integridad, y su trágico asesinato en 1987 por intereses políticos ha inspirado a generaciones de profesionales de la salud, reafirmando el papel crucial de la Escuela Nacional de Salud Pública en Colombia.

La vereda Granizal es el segundo asentamiento más grande de Colombia y uno de los más extensos de América Latina.  Granizal se ha convertido en un lugar en el que conviven migrantes, desplazados internos, campesinos, afros e indígenas. Su población se acerca a los 25 mil habitantes en los que, el 80% aproximadamente, vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema. (3) Un lugar invisibilizado y que ha sido el refugio y hogar de campesinos desplazados de diversos municipios y zonas rurales de Colombia. Hasta allí llegué como parte de mi pasantía de investigación con la Universidad de Antioquia, la Escuela Nacional de Salud Pública y la facultad de Medicina, participando de proyectos de investigación que desde el maestro Héctor Abad Gómez han desarrollado en diferentes territorios de Medellín y que buscan transferir el trabajo académico a la realidad de la ciudad.

Durante muchos años, viví en Medellín, mi ciudad, una ciudad de contrastes. A pesar de ser mi casa, debo decir que Granizal era para mí un territorio desconocido, nunca había caminado sus calles. Quizás, en algún viaje en metro, había vislumbrado a Granizal a lo lejos, una silueta borrosa en el horizonte urbano, o tal vez había escuchado su nombre en algún telediario, casi siempre con toda seguridad, asociado a algún suceso trágico que se hace paisaje cotidiano.  

A pesar de enfrentar grandes retos, esta comunidad se ha organizado en una sinfonía de esfuerzo colectivo y esperanza. Comités de líderesas locales se han formado, cada uno dedicado a abordar aspectos cruciales como la infraestructura, la titularidad de tierras, la educación, la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y la generación de empleo. Estos comités no son simples agrupaciones; representan el pulso de una comunidad en transformación.

El proyecto que llegamos a conocer hace parte de la estrategia de un grupo de mujeres que se han formado junto a la Facultad de Medicina y que busca fortalecer el concepto de salud comunitaria. Son las promotoras de salud, mujeres valientes y comprometidas, cuya labor, aunque mayormente voluntaria, se ha convertido en el pilar de bienestar en esta comunidad. En ausencia de un apoyo del Estado, ellas a manos propias han levantado un pequeño recinto de madera que funciona como centro de salud, donde realizan labores de primer respondiente y atienden todo tipo de urgencias si la circunstancia lo obliga, en el centro de salud de Granizal no hay médicos, los periplos burocráticos no los llevan, no hay enfermeras, ni siquiera medicamentos o guantes. 

Estas promotoras con mucha voluntad y casi cero recursos han tejido una red de cuidado y prevención que sostiene a la comunidad. 

La siguiente es la reflexión que escribí desde allí, tan necesaria para sacar desde el alma el sentir que muchas veces nos limita la escritura académica y científica de la escuela biomédica. 

El capitalismo fagocita, insaciable, ya asilvestrado, un territorio y sus habitantes y lo invisibiliza, aunque en ese lugar se forje, a través de las mujeres, una unión de comunidades diferentes, que se ponen de acuerdo para sencillamente, vivir. 

Este cruel sistema socioeconómico se nutre de las desigualdades y lo renueva y lo mantiene vivo para que se asiente la desesperación y lo peor, la muerte. Sin embargo, afortunadamente, entre sus habitantes no hay rendición. (Así reza el bellísimo texto en una placa, que se erige a la puerta del puesto de salud: “Aquí nace, crece y se hace realidad el sueño de una comunidad humilde, luchadora, emprendedora y digna que jamás de rinde”. 

Utilizan la herramienta más importante y potente que posee la sociedad, se convierten en un equipo unido (no hay otro mecanismo más saludable que este, pues enferma al monstruo insaciable). Ese equipo unido regurgita y vomita una expresión de lucha, basada en la búsqueda del derecho humano que debería ser sagrado: el bienestar social con todos sus condicionantes, la legalización de sus casas, colegios públicos, centros de salud con médicos, caminos, agua potable.

Esta lucha en Granizal tiene nombre de mujer, estas doce mujeres, doblemente explotadas por el sistema económico y patriarcal, se rebelan y proporcionan un sello, por tanto, una visión nueva y limpia de contaminación machista. No es baladí que, incluso consigan estas mujeres abrir paso a un nuevo prototipo de hombre: el número trece del equipo, es un joven de 18 años, que, junto a ellas, con absoluto entendimiento, trabajan en la lucha diaria por hacer digno este territorio. No es casual tal vez, que se junten allí afros, indígenas, campesinos y desplazados víctimas de un sistema y un largo conflicto.

Es el mismo sistema capitalista corrupto en sí mismo, el que se mantiene y pervive a través de la injusticia social, le interesa provocar las desigualdades sociales; sin embargo, esta nueva experiencia de territorio desborda lo político y lo académico. Por ello, no se quiere levantar a un muerto en Granizal, y no interesa porque levantar a un cadáver es levantar acta de un fracaso político y de las administraciones; de ahí que se “tiren la pelotica” entre los municipios de Bello y Medellín. No existe un plan de ordenamiento territorial. Por esta razón la muerte no debe dejar rastro, para que no haya responsabilidades.

Así mismo, desde lo académico, aunque se aporten algunas soluciones, estas además de ser parciales, pecan en el intento, porque pareciera una mirada e intervención desde “afuera” (como el que visita un zoo) están cansadas de recibir a gente que luego se va, es lo que manifiestan.

El que escribe este artículo en este sentido, después de revisar la literatura científica, así como analizar las experiencias en otros territorios apuesta dentro de la formulación del talento humano en la salud, por subrayar un importante cambio, contratar a estas mujeres como promotoras de la salud. Se trata de contratar a la gente del territorio, pues ellas son las que saben de las necesidades de su territorio.

Encuentro en la fuerza que brota de escuchar hablar a estas mujeres tan auténticamente el significado de la dignidad, esperanza y la energía que de manera diáfana une mis raíces con las suyas en la búsqueda de la felicidad y del “buen vivir”.

La siguiente es la pregunta que hice a mi tutor académico en Colombia, Gabriel Jaime Otalvaro, autor del primer párrafo que abre este texto y deja abierta la posibilidad para que entre todxs los que deseemos podamos vincularnos con la comunidad de Granizal:

 ¿De qué forma pueden aportar las organizaciones internacionales, academia y ciudadanos para impulsar el bienestar de la comunidad de Granizal, según su experiencia y perspectiva como experto en salud pública?

Las organizaciones internacionales pueden aportar al bienestar de las comunidades a partir de la generación de procesos de intercambio de saberes, experiencias y perspectivas, en los cuales, expertos y/o funcionarios de estas organizaciones activen procesos de reconocimiento, escucha y diálogo de las realidades locales, de los saberes y prácticas construidas por las comunidades para responder a sus necesidades, a partir de lo cual, pueden activar procesos de intercambio, de retroalimentación, de canalización de apoyos, tendientes a fortalecer las capacidades de los actores locales.

– Apoyo en la sistematización de experiencias en alguna o las diferentes líneas de trabajo de las mujeres y jóvenes líderes

– Formación en estrategias específicas en temáticas de justicia climática, de género, incidencia política

– Apoyo en infraestructura y equipamiento para el desarrollo de las estrategias de comunicaciones 

– Apoyo y acompañamiento en el proceso de planeación y monitoreo del plan de salud pública territorial (algo que desean hacer las promotoras).

Autor: León González Casas

Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada. 

  1. Otálvaro Castro GJ, Ramirez AF, Santa HA, Cano Bedoya SM, Guzmán Cano S, Espinosa Ruiz V, et al. Dispar: La experiencia de vivir en una ciudad desigual. [Internet]. Marzo 2023; [Volumen(número)]:[páginas]. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/369388153_Dispar_La_experiencia_de_vivir_en_una_ciudad_desigual.
  2. Doria-Falquez LM, Reales-Silvera L, Russo De Vivo AR. Condiciones de vida después del desplazamiento forzado: Experiencias y percepciones de niños, niñas y sus cuidadores. Psicoperspectivas. 2021;20(1):95-105. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-69242021000100095&lng=es&nrm=iso. ISSN 0718-6924. DOI: 10.5027/psicoperspectivas-vol20-issue1-fulltext-2111.
  3. World Vision Colombia. Salud y bienestar para la Vereda Granizal [Internet]. [citado 2023-12-18]. Disponible en: https://www.worldvision.co/sala-de-prensa/salud-y-bienestar-para-la-vereda-granizal.

Publicado en: Colombia, TFM/G Etiquetado como: Género, salud

A través de los ojos de Yuliza. Laura Delgado Díaz.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El equipo de Comunidades Educativas Hombres Nuevos (CEHN) junto a l@s voluntari@s, durante la actividad “Encuentro de inicial”

Este es un relato (y a su vez, análisis) de la realidad de una de las últimas menores que tuve oportunidad de atender durante mi voluntariado, como no puede ser de otra manera. Para mí, y tras recibir distintos casos y problemáticas, se convirtió en reflejo de muchas familias bolivianas, así como de sus esfuerzos por conciliar la situación socio-económica, las exigencias socio-educativas y los procesos de parentalidad normativos. Por motivos de confidencialidad, los nombres serán sustituidos, la historia ligeramente modificada y los detalles reservados; de la misma manera, las fotos son meramente ilustrativas. No es otra la intención, que la de acercar al lector a la realidad de vari@s menores en Bolivia; y, por tanto, a la de sus familias y otros agentes periféricos a la infancia. 

La menor (y las exigencias de la infancia) 

Yuliza tiene 11 años y está en su último curso de primaria; en esta tesitura, ha de enfrentarse a distintas exigencias. Por un lado, están las exigencias de clase: ya es prácticamente una estudiante de secundaria, por lo que ha de rendir como tal; al fin y al cabo, “su futuro depende de ello”, o eso le han dicho. Paralelamente, enfrenta las exigencias del hogar: siendo la hermana mayor (y padeciendo su hermana de una discapacidad), ha de asumir el rol de cuidadora. Asimismo, es “ama de casa” a turno completo, pues sus padres trabajan durante jornadas intensivas y no pueden atenderlas; “para asegurarles un buen futuro”, o eso le han dicho. Finalmente, se topa con las exigencias de la adolescencia: su cuerpo está cambiando y su personalidad está desarrollándose. Le preocupa ser una buena mujer, en todos sus sentidos; porque sabe, “las buenas mujeres tienen un buen futuro”, o eso le han dicho.  

Pese a su corta edad, Yuliza reúne distintas preocupaciones: la relación de sus padres, la salud de su hermana, la economía familiar, su popularidad, su físico y su alimentación, las tareas de clase y las llamadas de atención de la profesora (…) y por supuesto, su futuro; porque así se lo han indicado. Dadas las circunstancias, Yuliza no conoce las exigencias de la infancia: tener tiempo para jugar tras las tareas, probar un nuevo sabor de helado o visitar el parque el fin de semana. Y entre preocupación y preocupación y pese a que su vida está comenzando, a veces se plantea el sentido de la misma. 

Porque Yuliza, no ha tenido la oportunidad de vivir…, como la niña que es.

Una de las menores del Proyecto Comedor “La Alegría”, durante las labores de apoyo educativo

La familia (y el desplazamiento del ser)

La familia de Yuliza está formada por sus padres, Ricardo y María, y por su hermana de cinco años, Liliana. Según la menor, solo comparten tiempo los domingos, cuando suele presenciar las fuertes discusiones de sus padres; muchas veces, ella es el motivo de las mismas: porque no ayuda lo suficiente o porque no se comporta como la mujer que debería ser. Por las mismas razones, otras tantas veces la tratan; si es necesario, con un cinturón. Yuliza no siente cariño por sus padres, ni por su hermana; y según la misma, ha de ser mutuo. 

Considerando las circunstancias descritas, se tomaron medidas de inmediato. El primer paso era contactar con los padres; y una, en su inocencia y prejuicio, se prepara para enfrentar el conflicto, la negación y la posible negligencia. En su lugar, estaban Ricardo y María; personas que se habían visto desplazadas por la paternidad, especialmente al enfrentar la discapacidad de Liliana. Desde que nació, sus vidas consistían en trabajar y trabajar, de sol a sol, en el sentido más literal; con el último propósito de garantizar un futuro para sus hijas. Por el mismo motivo, sacrificaban su tiempo libre, sus horas de descanso, su relación de pareja y con otros familiares, sus amistades, su intimidad y espacio, su fe…, y su salud física y psicológica. Ambos, presentaban un cuadro de depresión, estrés y ansiedad; ambos, reconocían haberse planteado el sentido de ser…, resultando sus hijas su único motivo por el que seguir luchando. 

Porque Ricardo y María, no han tenido la oportunidad de ser…, ni personas, ni padres. Porque Yuliza y Liliana, no han tenido la oportunidad de ser…, ni hijas, ni hermanas.

Altar a la “Virgen de Cotoca”, imagen de referencia para much@s cruceñ@s

La escuela (y los límites de sus agentes)

La escuela (y sus agentes) es el último protagonista de este caso. En la misma, Yuliza encuentra refugio…, en sus confidentes y compañer@s y, sobre todo, en su profesora, a la que considera una segunda madre. Por su parte, Patricia cumple varios roles: el de profesora, el de orientadora, el de psicóloga y el de educadora. Es quien escucha, apoya y anima a Yuliza: resuelve sus dudas e incertidumbres, en todos los sentidos. Pero Patricia, tiene varios casos similares al de la menor…, y rápidamente encuentra sus límites: no puede ofrecer la nivelación ni la adaptación curricular que requiere; tampoco puede ser esa segunda madre. Además, Patricia está muy estresada, como el resto de sus compañer@s; porque las jornadas son intensas y demandantes y porque lleva cumpliendo varios roles demasiados años. 

Entre el personal de la escuela, la única figura es la del profesor. Esto limita la atención que reciben l@s menores: no existe un currículum adaptado a las necesidades educativas especiales, tampoco un orientador, trabajador o educador social o psicólogo; en definitiva, no hay mediador entre l@s docentes, l@s padres y madres y el alumnado. Como añadido, las prestaciones y servicios del Estado (nuestra seguridad social) están colapsados, por lo que la derivación no es una opción (mucho menos, la asistencia privada). Es aquí donde cobra sentido la labor de CEHN y por supuesto, la de l@s voluntari@s, con el propósito de superar dichos límites. Y esta labor toma como protagonista a Yuliza, pero también a sus padres, a l@s profesor@s y a todos aquellos periféricos a la menor.

Aula de primaria de una de las Unidades Educativas gestionadas por CEHN

El psicólogo (y el continuo entre la espada y la pared)

Contextualizado el caso de Yuliza, resta hablar de la figura del psicólogo. En Bolivia, resulta especialmente apreciada: la salud mental no es un tabú y es deseo de la mayoría acudir a este especialista, si bien suele resultar inaccesible a nivel económico; por las mismas razones, te acogen con los brazos abiertos. Aunque las demandas son varias (y variadas) suelen compartir una base estructural y social: la situación socio-económica del país (y por tanto, de la familia), los estilos parentales educativos (“heredados” y muy arraigados), el retraso del alumnado respecto a las expectativas curriculares (sobre todo, a raíz de la COVID-19) (…). Todo ello, se materializa en distintos miedos: al futuro, la inestabilidad y la incertidumbre, a “no ser buenos padres” o “no ser buen@s hij@s”, a “no cumplir con el currículum educativo” o “no cumplir como docente” (…). 

Como profesionales, ejercemos en un continuo entre la espada y la pared. Por un lado, porque todo conocimiento adquirido en España, sirve de poco o nada. Nadie te prepara para las problemáticas que enfrentas, pues están empapadas de la cultura, la situación socio-económica, las creencias locales y los “modos de hacer” y “ser” (y para esto, no existe curso o manual alguno). En la misma línea, se hace evidente que la psicología que aplicamos, continúa reservándose para el “varón, blanco y europeo”. Finalmente, enfrentamos la dificultad de equilibrar las exigencias de la familia y la escuela, a la par que buscamos el beneficio y la protección del menor. Siendo este el protagonista de toda intervención, es impensable cuidar sin generar auto-cuidado. Primero, a nosotr@s mism@s, porque el contexto en que trabajamos puede resultar estresante, sorprendente y sobre todo, crudo; segundo, a los padres y madres, pues difícilmente pueden ejercer una parentalidad positiva y funcional en contextos tan desfavorables; y finalmente, a l@s profesor@s, responsables no solo de la educación curricular de l@s menor@s, sino de propiciar un contexto en que las desigualdades no hagan presencia. 

En definitiva, uno puede concluir que hay mucho trabajo por hacer; pero más evidente resulta que hay mucho que aprender. En dos meses, difícilmente uno logra empaparse de todo el engranaje de una cultura, esos “modos de hacer” y de “ser”; difícilmente uno adapta su conocimiento al nuevo contexto y sus circunstancias; y difícilmente uno se libera de todos los prejuicios de la mirada occidental. No obstante, confío en el reconocimiento de aquell@s a quienes tuve el placer de atender y en el pequeño (pero aparentemente, significativo) cambio que generé en su historia vital; en cualquier caso, el agradecimiento siempre, siempre, siempre, correrá por mi cuenta. Porque nuestra huella, es ínfima en comparación a la de sus zapatos. 

“Carrera de sacos” durante la actividad “Encuentro de inicial”, organizada por CEHN

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

Bienvenida a Bolivia, el Amazonas te espera. María de los Ángeles Mora Ovalle.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El presente artículo es creado a partir de mi diario de campo personal basado en el voluntariado para la cooperación internacional, que llevé a cabo entre los meses de septiembre y octubre del año 2023, específicamente, en el proyecto Cuidado y rehabilitación de la vida silvestre en el Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi en Bolivia.

Se iba acabando el verano, según el calendario, y mi travesía recién comenzaba; fue un 07 de septiembre cuando, después de más de 24 horas de viaje, aterricé en Cochabamba, Bolivia, con una misión clara: llegar al Santuario Machía de la Comunidad Inti Wara Yassi, ubicado a las afueras del municipio Villa Tunari.

No me lo creía, nunca estuvo en mi mente la posibilidad de viajar a Bolivia, pero al salir del Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann, ya era real, estaba en Bolivia, dispuesta a comenzar tan dichoso voluntariado para el que meses antes había aplicado. Solo disponía de una hoja de papel con instrucciones para llegar a la localidad, una vaga idea de lo que haría durante las próximas cuatro semanas y la total disposición y emoción que trae consigo una nueva experiencia. No obstante, debía conocer, con anterioridad a mi llegada, el propósito por el cual me aventuraba; es por ello, por lo que días antes me puse en la tarea de investigar un poco acerca de la ONG a la cual llegaría. Por los mismos motivos que me llevaron a conocer acerca de la labor de esta organización, considero importante centrar al lector en el contexto del voluntariado llevado a cabo. 

La Comunidad Inti Wara Yassi es una ONG boliviana que trabaja a favor de los animales silvestres; de la mano de un equipo de profesionales y voluntarios se encargan de darles una mejor calidad de vida a la fauna que ha sido rescatada del tráfico ilegal. CIWY tiene la misión de cuidar y aportar a la dignificación de la vida de los animales silvestres que en algún momento fueron vulnerados y retirados de su medio natural por el ser humano. Además, no solo concentran sus esfuerzos en acciones posteriores a la extracción de la fauna de su hábitat, sino que buscan prevenir este tipo de comportamientos del ser humano hacia los animales, por medio de campañas de educación a favor de la conservación y preservación de la biodiversidad, y la concientización del pueblo boliviano hacia la protección de la fauna y flora nativa. La ONG cuenta con tres santuarios ubicados en distintas zonas del país: Santuario Machía (Cochabamba), Santuario Ambue Ari (Santa Cruz) y Santuario Jacj Cuisi (La Paz); cada uno de estos cuenta con personal altamente cualificado para realizar las labores de cuidado y mantenimientos tanto de la fauna como de las instalaciones. En la actualidad, por motivos administrativos y territoriales, el Santuario Machía, al cual me dirigía e iba a ser mi destino final, se encuentra en un proceso de traslado desde hace tres años aproximadamente, y será reubicado, tanto instalaciones como animales y personal, en los dos santuarios restantes. 

He de decir que al conocer un poco la labor y proyección de CIWY me entusiasmé aún más, por ello, desde el desconocimiento total de lo que me esperaría y solo siguiendo las instrucciones que me dieron con anterioridad, con el constante monitoreo de la encargada de CIWY Machía, pude llegar al Santuario en surubí. 

A mi llegada, mis primeras impresiones no fueron acerca del lugar, sino que fueron sobre mi presencia en el mismo, me veía como una completa turista y, a simple vista, pareciera que no encajaba nada con el lugar, tal vez por mi vestimenta al momento de llegar o por mi extravagante elección de maletas para llevar mi equipaje, que usualmente sería ideal para un viaje largo, pero considerando que el Santuario se encuentra en la selva amazónica de Bolivia, sobresalían bastante mis dos maletas de 10 kilos arrastrables. A pesar de eso, cansada, hambrienta y expectante por lo que vendría a continuación, ese mismo día inició mi participación en CIWY como voluntaria internacional. 

Mi primera semana en el Santuario Machía debo definirla como de aprendizaje; era nueva, no conocía a nadie y no sabía qué debía hacer. A pesar de haber trabajado con animales silvestres con anterioridad, los contextos eran bastante diferentes. Mi experiencia radicaba en animales de zoológico, en donde se cuida y dignifica la vida animal, mientras el público visitante tiene la oportunidad de observar; los Santuarios de CIWY son totalmente opuestos a las premisas que maneja un recinto de esta índole, en este caso, se busca el bienestar de los animales y brindarles una vida digna sin exponerlos al contacto con visitantes. 

Con mi llegada, fui introduciéndome teóricamente en el funcionamiento interno de CIWY, su misión, visión, propósitos, metodología, todo aquello que tendría que saber para iniciar con las actividades más prácticas; la coordinadora y la bióloga del Santuario fueron orientándome en las reglas del lugar y presentándome con el personal e involucrados que desde ese momento serían mis compañeros, y más tarde amigos. 

Oficialmente, mi papel en CIWY inició el día 08 de septiembre; este día comenzó un proceso de aprendizaje práctico y experimental, que con el pasar de los días se iba nutriendo cada vez más. 

El Santuario Machía se divide en varias áreas, dependiendo de las necesidades y posibilidades de los animales, teniendo esto en cuenta, haré énfasis en los sectores con los que tuve más contacto a lo largo de mi estancia: el sector Tierra, al cual fui asignada, se encarga de dieciocho monos capuchinos, de los cuales catorce machos y dos hembras viven dentro de jaulas individuales, por aparte, dos hembras que se encuentran en libertad, pero se han acoplado tanto a la manada que son visitantes recurrentes  en esta área, especialmente, durante las horas de la comida; el sector Cielo, alberga diecisiete monos capuchinos que durante las noches son resguardados dentro de jaulas y, en las mañanas y tardes se encuentran en semilibertad por medio de la implementación de los runners; el Mirador 1 es un sector alejado de las instalaciones principales, a quince minutos caminando en subida, a mi parecer es un área bastante especial, pues vela por los monos que se encuentran en libertad a la vez que por los monos en runners, la entrada es restringida solo para personal autorizado por motivos de seguridad. A pesar de que gran parte del tiempo mi presencia se limitó exclusivamente al sector Tierra, visité los sectores Cielo y Mirador 1 en algunas ocasiones cuando se requería apoyo.

En el sector Tierra, conocí a quienes serían el foco de mi atención por las siguientes cuatro semanas; Peterli, Sterling, Chucky, Clarita, Martín, Santi, Roberto, Timo, Pepito, Juanito, Auri, Oliver, Víctor, Harold, Muelas, Martincho, Victoria y Tarzana, todos monos capuchinos, desde ese momento se convertirían en parte de mi vida social más inmediata y, sin imaginarlo, en mis consentidos con el pasar del tiempo. Aprendí que, como todo ser vivo, cada uno de estos monos tiene su propio carácter, y a pesar de que en un principio los veía a todos físicamente iguales el tiempo me demostró que no podían ser más distintos el uno del otro. 

Mis tareas en Tierra, como en todas las demás áreas, se enfocaban en velar por el bienestar de los animales; la entonces coordinadora del área se encargó de enseñarme todo lo que se debía hacer en el sector, además de aconsejarme acerca de cómo manejar a cada mono, explicándome que, dependiendo de su temperamento, yo, como nueva presencia, sería aceptada o no en su manada. 

La rutina era la siguiente:

  • De 07:00 a 08:00, comienza la jornada; siguiendo un cronograma de dietas divididas por días de la semana, se les sirve el desayuno a los monos, usualmente, consistía en dos tipos de verduras previamente lavadas y desinfectadas; luego de distribuir los alimentos, en el tiempo restante se inicia con la limpieza de las dos jaulas más grandes, en las que con ayuda de la presión de la manguera se retiran los restos de comida y suciedad que, posteriormente, serían retirados.
  • De 08:00 a 09:00, es la hora del desayuno del personal. 
  • De 09:00 a 12:30 se procede con la limpieza de las demás jaulas, manguereando y retirando los restos de comida y desechos que se encuentren al alcance, se les brinda agua a los monos y se les distribuye enriquecimiento ambiental, para luego iniciar con la limpieza interna de alguna jaula que se encuentre desocupada en el momento. La limpieza consiste en restregar los suelos que con el pasar del tiempo han ido acumulando moho, cepillar los elementos ubicados dentro de la jaula, desinfectar las instalaciones con amonio cuaternario disuelto en grandes cantidades de agua y, por último, ubicar el enriquecimiento ambiental dentro de la jaula, para luego cerrarla.
  • De 12:30 a 13:00, se prepara y distribuye el almuerzo de los monos, este consiste en frutas, frutos secos, semillas o croquetas.
  • De 13:00 a 14:30 es el almuerzo del personal.
  • De 14:30 a 16:30, se prepara y reparte el snack a los monos y se reanudan las labores de limpieza de la jaula que se esté organizando, usualmente, en este horario nos adentramos en la selva con el propósito de conseguir ramas de mediano tamaño para ambientar las jaulas dándoles una apariencia más selvática.
  • De 16:30 a 17:00, se rellenan los cuencos de agua, y se prepara y distribuye la cena de los monos, esta es bastante variada, puede consistir en frutas y granos en distintas elaboraciones.
  • De 17:00 a 17:30, se procede con la limpieza final de todas las jaulas y se termina la jornada.

El salir de las instalaciones en busca de ramas era un trabajo diario. Esta tarea fue una de las labores de las que más aprendí; ya que para conseguirlas debía de buscarlas primero, proceso que podría prolongarse un tiempo considerable debido a que se buscaban ciertas ramas con características específicas: ramas de tamaño mediano y grande con abundancia de hojas medianas. Al principio fue un reto, aventurarme a las zonas cercanas más selváticas, subiendo montañas, bajando al cauce del río o trepando grandes piedras, siempre acompañada de un machete para cortar las ramas. He de decir, que las primeras dos semanas yo era la persona menos habilidosa utilizando un machete, pero al ser un trabajo constante, con los días fui adquiriendo técnica para cortar sin mayor problema, además, tuve de maestro a uno de mis compañeros quien me enseñó como hacerlo con más facilidad.

De la rutina, aprendí que todas las labores que realizaba eran por los monos y para los monos; el alimentar, limpiar, desinfectar, jugar, se convirtieron en una rutina del día a día que amaba hacer.

Hubo ocasiones, en donde mi rutina cambiaba ligeramente, pues se estableció un horario de rotación del personal en donde cada cierto tiempo debía aventurarme dentro de la selva en un camino de quince minutos en subida para llegar a Mirador 1, equipada con una maleta llena de alimento y medicación para los monos que allí se encontraban; una vez allí, entregaba la maleta al encargado del área, quien distribuía su contenido, para después emprender mi camino de regreso a Tierra. De igual manera, hubo días donde el trabajo resultaba tan extenso que el encargado del sector Cielo solicitaba ayuda para terminarlo en horario. Si algo debo de resaltar es el espíritu colaborador y solidario que hay entre los miembros del personal, sentido que con el tiempo desarrollé, puesto que, a pesar de trabajar en sectores distintos, todos éramos un equipo trabajando por un mismo objetivo: darles una mejor calidad de vida a los animales silvestres que CIWY acoge.

Durante el transcurso de esta experiencia, debo decir que no todo fue color rosa, también hubo ciertas dificultades que afronté y que una vez superadas me hicieron entender donde me encontraba. En el Amazonas, las temperaturas y la elevada humedad propiciaban la abundancia de insectos, mismos a los que, aún hoy, les tengo terror, pero debía convivir con ellos cada día, pues en el Santuario se respeta la vida de todo ser vivo y, por mucha incomodidad que me causasen, tampoco era capaz de atentar en su contra. 

Con el pasar de los días, tanto el clima como los insectos fueron temas que aprendí a superar, claramente, de la mano de mis compañeros quienes cada vez que un bicho se acercaba a mi habitación corrían a ayudarme. Es inevitable para mí resaltar que el personal del lugar fue fundamental en mi proceso de adaptación; además, vivir en estas condiciones durante cuatro semanas me hizo madurar como persona y valorar mi propia cotidianidad. Descubrí aspectos de mí misma que no conocía, como la fuerza mental que puedo tener si me lo propongo; durante la jornada de trabajo ignoraba todos mis miedos e incomodidades, pues mi mente tenía un objetivo que alcanzar, no importaba cuantos bichos se me acercaban, ni pestañeaba; mientras que, fuera de la jornada, aseada y dispuesta a descansar, temía por lo mismo que no me importaba horas antes.

A pesar de las pequeñas dificultades, siempre esperaba ansiosa cada día ver a los monos, y muchos de ellos, también me esperaban con la misma emoción; como en el transcurso de todas las relaciones sociales, hay con quienes nos llevamos mejor que con otros, con los capuchinos pasaba lo mismo, dependiendo de su carácter me llevaba mejor con algunos, con otros teníamos una relación meramente formal y había otros a los que se les notaba que no era su persona favorita. 

Fueron los monos mismos quienes me enseñaron a leerlos: sus gestos, acciones, miradas, comportamientos y sonidos significaban cosas distintas. Tienen sus propias personalidades como Víctor con su típico carácter serio de macho alfa; Sterling, Muelas y Juanito con su enérgica actitud; Roberto que te recibe cada día con un grito de emoción y su característica ternura; Clarita quien siempre fue muy dócil y selectiva, tanto así que escogía su propia porción de comida cuando se le ofrecía; Auri y Martincho quienes siempre buscaban pillar alguna parte sobresaliente de mi vestimenta para jalarme; Santi, Tarzana y Victoria, quienes como cualquier grupo de amigas, se respaldaban una a la otra cuando estaban en desacuerdo con alguna acción que se hacía en Tierra; Harold, que nunca estaba demasiado lleno como para rechazar comida extra; Pepito y Timo, a los que les encantaban las ramas con flores de las mañanas; Chucky, siempre emocionado por la comida y atento a todo; Oliver abrazando su cobijita con su típico balanceo de adelante hacia atrás; Martín, que buscaba agarrar el cepillo cada vez que barría cerca de su jaula; y, Peterli que siempre acudía a mi llamado.

Cada uno era muy especial a su propia manera, y conociéndolos aprendí que sus instintos siguen presentes, muy a pesar de ser animales que modificaron sus comportamientos por influencia humana, siguen siendo animales silvestres y sus instintos no han desaparecido, es por ello, que se debe ser muy precavidos y entender que no se trata de muñecos de peluche; por el contrario, son seres vivos que pueden reaccionar en cualquier momento.

El trabajo con los monos capuchinos fue el elemento principal y propósito de mi voluntariado, pero no olvido que el factor humano estuvo presente todo el tiempo. Las encargadas del Santuario, en conjunto con los trabajadores, practicantes y demás voluntarios, todos fueron de gran apoyo durante mi estancia. Nuestra convivencia fue más allá del ámbito de trabajo, pues todos compartíamos casa; se trató de una experiencia totalmente multicultural, donde no solo pude conocer la cultura boliviana, específicamente de Villa Tunari, sino que, junto a la veterinaria y la bióloga del lugar, al ser las tres colombianas, pudimos compartir parte de la nuestra; una de estas oportunidades fue la noche de patacones, donde pudimos compartir esta delicia de Colombia y el Caribe acompañado de diversos aderezos y de buena música vallenata. Sin embargo, no fue el único momento que compartimos, nuestra vida en casa estaba llena de momentos en los que nos encontrábamos en la cocina a la hora de la cena o cuando nos reuníamos para hacerle una despedida a alguno de los trabajadores y voluntarios que ya habrían terminado su estancia con CIWY, estas siempre involucraban comida. 

Personalmente, la comida del lugar fue, como todo, una nueva experiencia para mí; la comida era vegetariana, pero era cocinada de distintas formas que ni se notaba la falta de carne, he de decir que los almuerzos eran una completa delicia. En muchas ocasiones, la cocinera del lugar, Doña Benita, nos deleitaba con sus delicias culinarias al terminar la jornada, en estos días esperábamos ansiosos a las 17:30 para darles un mordisco.

Bolivia me sorprendió de manera muy grata, mi estancia se caracterizó por la vivencia de buenos momentos en los que aprendí de una realidad diferente; logré adaptar mi rutina a la propia del lugar, mi dieta a la que se me proporcionaba y mis costumbres a las bolivianas, sin perder las mías; en este sentido, fue una experiencia totalmente recíproca en las que CIWY me aportaba y yo los apoyaba con los trabajos que se me asignaran. 

Este voluntariado internacional me enseñó más de lo que podría haber imaginado y me llevó a conocer personas maravillosas que me aportaron al desarrollo de una nueva versión de mí misma, en donde soy consciente del gran poder que tiene el ser humano sobre los demás individuos de la naturaleza y de cómo el mismo ha aprovechado esta ventaja de manera perjudicial y soberbia sobre la misma. El cómo llegaron estos animales a CIWY y bajo qué circunstancias específicas son situaciones bastante lamentables, pero después de mi experiencia he de decir que han llegado al mejor lugar, en el que son cuidados y apreciados, se les valora como individuos y se dignifica su condición de animales silvestres sin olvidar que poseen instintos presentes. 

A pesar de que la existencia de este tipo de organizaciones como CIWY se deba al mal obrar del ser humano, no quiere decir que la extracción de un animal silvestre de su hábitat sea acción positiva; por el contrario, a los animales les repercute más de lo que les aporta. Estos centros surgen como herramienta para amortiguar los efectos que causa está interacción humano-animal, pero lo ideal es prevenir este tipo de comportamientos respetando su hábitat natural y a la naturaleza en sí.

Chucky y Clarita acicalándose. 

Roberto después de recibir su comida.

Noche de patacones en casa del personal y voluntarios

Yo en el sector Tierra.

Preparando la cena de los monos capuchinos: bolas de avena y plátano.

Clarita viéndose al espejo que se le da como enriquecimiento ambiental.

Mural de CIWY

Monos del Sector Tierra.

Timo restregandose una cebolla que le fue entregada como enriquecimiento ambiental.

Ambientando las jaulas con las ramas previamente cortadas.

Yo dándole comida a los monos.

Clarita escogiendo su propia comida.

Marta y Santi acicalándose.

Ramas para ambientar las jaulas.

Cronograma de comidas de los monos capuchinos.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Sostenibilidad ambiental

Experiencia del programa de voluntariado internacional en Nicaragua. Paulina Gálvez Calinina.

17 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Me gustaría compartir mi experiencia de voluntariado internacional en Nicaragua, en la localidad de Camoapa. Me llamo Polina y estudio Educación Social. He estado un total de 2 meses y una semana en este precioso país.

Nada más llegar al aeropuerto de Managua, viene la coordinadora del programa de voluntariado internacional, Ligia, a recogerte en taxi. Este tiene un precio de 1800 córdobas, que serían 50 dólares. Es verdad que es un precio alto, aunque es lo más recomendable, ya que recién llegado a Nicaragua, no es lo idóneo subirte a un autobús nica por primera vez. Es una experiencia curiosa que es mejor reservar una vez que el jetlag haya pasado. No es necesario pagarlo justo al llegar; lo puedes pagar unos días después sin problema. Este tarda cerca de 2 horas en llegar a Camoapa, un pueblo precioso y fantástico. El viaje en sí es una maravilla, ya que, comparándolo con el sur de España, se ve un contraste impresionante. Recuerdo que cada 5 minutos decía «Dios, pero cuánto verde». No podía parar de asombrarme por esas montañas tan verdes. En las siguientes fotos se pueden ver ejemplos de los preciosos paisajes naturales que tiene el país pues a Nicaragua se le conoce como “Tierra de lagos y volcanes” ya que hay 18 lagos y alrededor de 40 volcanes, y en mi experiencia diré que uno no ha estado en Nicaragua si no ha escalado un volcán. En mi último fin de semana subí al volcán Telica (16h entre ascenso y descenso) y de las mejores experiencias que me llevo. 

 Isla de Ometepe vista de un volcán en charco verde

Atardecer en la cima del volcán Telica

Luego, una vez llegada al destino, me ubicaron con mi familia de acogida. Debo decir que las familias, tanto la mía como otras que he conocido y con las que he tenido el placer de sentarme a platicar (como se dice charlar), han sido estupendas. Siendo mi caso, con mi familia Yesenia y Chila Sequeira, me comentaban experiencias con otros voluntarios donde se quejaban de las comidas y de otras cosas. Con respecto a la comida, hay que tener en cuenta que la dieta nica está basada en arroz de base y frijoles en todos sus modos (molidos, mezclados con arroz o por separado). Aunque se adaptan en la mayor medida posible a nuestras diferencias alimenticias, hay que ser consciente de que las comidas son muy distintas. Por lo tanto, hay que hacer un ejercicio previo y evitar comentarios del estilo de «hoy no como esto», ya que las familias ofrecen todo lo que tienen y más. Por otra parte, el agua caliente, el privilegio de darse una ducha con agua caliente después de un largo día trabajado con niños en Camoapa, no es posible porque no hay. De hecho, hay agua corriente solo 3 días a la semana, aunque en muchas casas tienen una especie de contenedores que retienen el agua para los días en los que no hay. También mencionar que, en mi casa, por ejemplo, lavábamos en una pila (en otras sí que usaban lavadora). La foto corresponde a una comida de despedida que hizo la familia de acogida de mi compañera Carmen, nuestra queridísima doña Lesbio me invitó y esto fue lo que comimos. Ese día comimos carne, ensalada, güirilas (las tortas grandes) están hechas de maíz duro y son un plato típico en Nicaragua, arroz, cuajada y crema, ambos son lácteos y están presentes en todas las comidas. 

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

En mi caso, éramos 8 en casa: Chila, Cindy, Juneisy, GretMari, Maria Jose, Doña Julieta, Don Candelario y yo. Teníamos habitaciones distintas organizadas como pequeños apartamentos. La rutina dentro de la casa era la siguiente: levantarse sobre las 5 am – 7 am. Desayunar sobre las 7.15-30 am (arroz con frijoles, tostadas de tomate, frijoles con huevo y como no, torta de maíz. Si en España comemos pan con todo, en Nicaragua son las tortas de maíz. A las 8 am, comenzaba la rutina en Luceros del Amanecer, que lo llamábamos de forma abreviada como «hogar» a secas, porque realmente es un hogar para todos los niños y niñas beneficiarios-as. Regresar a casa a las 16:30-17:00, charlar un poco con la familia, descansar, cenar sobre las 18:30-19:00 y dormir.

Parte de mi familia de acogida. Fiestas patronales de Camoapa

Con las familias de acogida, todo es tranquilo y cómodo. Creo que los principales problemas vienen por la inadaptabilidad a ciertas situaciones, ya que la falta de comodidades se percibe. Aunque, para ser realistas, no venimos a un hotel de 5 estrellas. Con respecto al agua caliente, al final uno acaba acostumbrándose porque las temperaturas no son como las españolas. En el día, los grados oscilan entre los 30º-35º y la sensación térmica no da pie a necesitar una ducha caliente.

Ahora lo que más interesa ¿cómo es un día en el hogar? El refuerzo escolar es lo que más se trabaja, por lo que de 10-11:30 y de 13-14:30 está destinado al refuerzo de forma diaria. Luego, hay muchas actividades que se planifican cada viernes con Ligia. Ella nos propone las actividades de la semana y los voluntarios nos vamos apuntando en las que más nos interesan. Algunas de las actividades que he hecho a lo largo de este tiempo han sido:

  • Refuerzo escolar, y personalmente, me encantaba.
  • Apoyo a Ligia en las clases de inglés.
  • Talleres tanto en el hogar como en las escuelas.
  • Intento fallido de una radio escolar.
  • Visita a las escuelas rurales y las urbanas (los alumnos de la Laguna Negra, que es una escuela rural, son maravillosos).
  • Visitas domiciliarias con mi queridísima Pastora, la trabajadora social.
  • Encuentros para padres y madres de familia (3 tuvimos).
  • Trabajo en la finca (trabajo de campo, sembrar plantas, mantenimiento en general).
  • Talleres de aprendizaje (jóvenes de 14 años que se preparan para el futuro trabajo, por ejemplo, para la panadería, farmacia, mecánica, talabartería).
  • Cocinando con Emma y Ana, intercambiando platos rusos y españoles en Nicaragua.
  • Encuentros para embarazadas.
  • Captación de líderes de barrio/embarazadas (informadores de embarazadas)

Quizás parezcan pocas actividades viéndolo sin estar en el contexto real, pero realmente se trabajaba todo el día. Las horas pasaban volando y cada día en el hogar era una aventura nueva. Por otra parte, respecto a proponer actividades, a la segunda semana le propuse a Ligia 4 actividades para hacer y así desde que me fui no he parado de proponer cosas. En Luceros, si hay alguna idea, bienvenida sea. Todo depende de la propia persona. Te puedes limitar a cumplir con las actividades semanales o bien puedes proponer cosas y muy, muy rara vez, te dirán que no.

Hogar Luceros del Amanecer, nuestro segundo hogar

Un día cualquiera en el hogar

También me gustaría compartir algunas particularidades de forma abreviada:

Tener en cuenta que entre Centroamérica y Sudamérica hay unas diferencias abismales en cuanto a desarrollo. Países como Chile y Argentina tienen un desarrollo más cercano al europeo (al menos en mi opinión). Nicaragua, sin embargo, está en proceso de desarrollarse. El estilo de vida es muy sencillo y primario en todos los sentidos que esto se pueda comprender. La principal fuente de economía de las personas depende de la agricultura y ganadería.

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

En cuanto a la religión, ¡qué gran problema puede suponer para alcanzar el bienestar social (lentes occidentales)! El hecho de que prácticamente el 99% de la población sea creyente para mí, personalmente, supuso un choque cultural. En el plano de las relaciones sexo-afectivas, la religión está muy presente en cualquier cuestión relacionada con este tema, por ejemplo:protección, embarazos, relaciones juveniles, terminología (usar los términos correctos para referirse a los genitales) ciclo menstrual, etc.Si hablamos de que a menores (14-15-16 años) embarazadas no se les ofrece la posibilidad del aborto porque eso sería pecado, ya que un hijo «es un regalo de Dios», te quedas sin palabras viniendo de un país como España. A lo que me vengo a referir es que en mi entorno cercano y para mí, el hecho de que niñas tan jóvenes sean madres aun siendo ellas unas niñas sin las habilidades personales ni sociales necesarias (capacidad para entablar una conversación, gestión de las emociones, capacidad de relacionarse, estudios mínimos, saber leer, escribir y un largo etc.) para enfrentarse al reto de la maternidad, es inconcebible, pues a ellas las veía demasiado alejadas de esto. También es cierto que con este tema mi visión es mucho más crítica porque despierta en mí una cuestión muy personal, y es la crítica a aquellas familias que tienen hijos por verlos como muñecos durante la infancia. ¿Pero qué sucede cuando crecen? Se podría resumir en que eran, y bueno son, niñas, futuras madres inmersas en una situación de vulnerabilidad que, sin embargo, se adentran en la gran aventura de ser madres a temprana edad sin ser conscientes (en mi opinión) de lo que implica tener hijos y lo que es la educación en sí misma.

En esta misma línea, para paliar las altas tasas de embarazos prematuros y violencias contra las niñas, lo que se busca es la abstinencia sexual y fomentar mucho los mitos del amor romántico como el de la media naranja. Así evitas tener varias relaciones y te ahorras una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Llegamos a escuchar como la enfermera dijo una vez: «Los chavalos con 15 años no pueden enamorarse». El caso es que peleaba mucho por encontrar el camino de tratar la sexo-afectividad, aunque fuese de un modo más «discreto». Al final se consigue hablar del tema porque restrictivos en el hogar no son, ni muchísimo menos, están encantados de escucharnos y de que propongamos actividades. Sin embargo, es importante antes de realizar las actividades comentarlas con Sebastián y Aleyda (directores del hogar) para evitar posibles discusiones y, en general, para que den el visto bueno. También comentar que se promueve la abstinencia sexual por el gran tabú que supone hablar sobre sexo, por la visión sobre la llegada de las nuevas tecnologías (son incitadoras y muestran información no adaptada a las edades), por el gran distanciamiento que hay entre chicos y chicas (roles de género), en las escuelas, por ejemplo, cuando las chicas juegan al fútbol no lo hacen con los chicos, se separan porque ellas son frágiles y ellos muy brutos (comentarios de propios profesores y alumnos), por miedo al VIH y otras ETS; en general, el tipo de sociedad es restrictiva y busca la disciplina en todas las esferas. Es una sociedad mucho más tradicional.

En Nicaragua, la necesidad de abordar la educación sexual, especialmente en el ámbito familiar, se presenta como una prioridad imperativa. El contexto cultural y las dinámicas de relaciones requieren una reflexión profunda sobre cómo promover un enfoque más saludable y responsable hacia la sexualidad. En la sociedad nicaragüense, persisten arraigadas creencias que afectan la manera en que se aborda la educación sexual en el seno familiar. Es común que los padres de familia mantengan relaciones extramatrimoniales sin que ello genere un cuestionamiento social significativo. Paralelamente, hablar abiertamente sobre preservativos y anticonceptivos sigue siendo un tema tabú, y prevalece la idea de que tener una relación sexual es sinónimo de reproducción, no se contempla el sexo por placer. 

Este paradigma está profundamente arraigado en concepciones religiosas que refuerzan la idea de que el hombre elige a la mujer y que esta debe mantenerse «pura» para asegurar su futuro matrimonial. La influencia de la religión, como se compartió en la radio católica del pueblo, ha perpetuado estigmatizaciones, llegando incluso a calificar a los homosexuales como encarnaciones de la lujuria, sugiriendo alejarse de ellos para preservar la integridad moral. En este contexto, la falta de normalización en el lenguaje utilizado para hablar de órganos sexuales contribuye a la desinformación y a la percepción negativa de la sexualidad. Sin embargo, la paradoja surge cuando se constata que hay múltiples relaciones sexuales que acaban en embarazos entre jóvenes de 14 años con varones mayores de edad o diferencias de edad que llegan a los 15-20 años. Para ejemplificar un poco todo esto, mencionaré un caso que acompaña a esta idea. Una vez, con la enfermera, en la identificación de jóvenes embarazadas, contactamos con una joven de 18 años que mantenía relación con un hombre de 36 años y que, además, era amigo de sus padres. Es decir, la madre y el padre estaban de acuerdo con esa relación y no veían peligro alguno, entonces me hago la pregunta de ¿en España se permitiría esto? sinceramente, no sabría responder porque conozco casos cercanos de relaciones con diferencias de edad abismales. En Nicaragua, sin embargo, ver este tipo de relaciones me dolía mucho, quizás por paternalizarlas de forma indirecta, pero las veía tan ingenuas, atrapadas bajo el mandato de un hombre que, en año o dos máximos, tendrá una nueva familia mientras ella se hace cargo de los hijos y vive con dolor, sin una posibilidad real de rehacer su vida por el estigma al que se podría enfrentar. 

Por lo que abogar por una educación sexual integral se presenta como una posible solución crítica para mitigar problemas como violaciones y embarazos prematuros. Al normalizar las conversaciones sobre sexo, se ofrece a las jóvenes herramientas para comprender sus cuerpos, ciclos menstruales y las complejidades de las relaciones íntimas. De esta manera, se desmitifica la sexualidad, permitiendo que las personas tomen decisiones informadas y consensuadas, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más saludable, respetuosa y combatiente sobre las imposiciones sobre género. 

Ahora bien, respecto a la religión, como comenté anteriormente para mí supuso un choque cultural porque la religión nunca ha estado presente en mi vida y tras ver el gran poder e influencia que tiene en Nicaragua me quedé sorprendida. El debate sobre la religión es muy controvertido y extenso por lo que no iré por esa línea, aunque me gustaría comentar ciertas situaciones que me dejaron en shock. Recuerdo que mi primera vez en misa fue con una niña del hogar y su familia, me vi en una situación super extraña porque todos estaban arreglados, con tacones, y yo me presenté con un chándal sin saber cómo se actúa en una misa. Una de las cosas que más me sorprendió es que las misas son bidireccionales; a los niños y niñas les hacen preguntas durante el transcurso de la misma. En Camoapa, y me atrevería a decir que, en todo Nicaragua, pero en especial en las zonas rurales (pueblos), la actividad de ocio favorita y dominante es ir a misa, por eso es tan común ver a la gente tan arreglada. Las mujeres tienen una oportunidad para ponerse los tacones, en fin, para lucirse un poco, se podría decir. Esto sucede porque otras actividades de ocio son consideradas vicio o se salen de presupuesto (tomarse una cerveza con las amigas, por ejemplo). Es cierto que hay dos locales de billar, aunque como se podrán imaginar, están invadidos por hombres. Las pocas mujeres que hay acompañan a sus parejas, pero se puede apreciar cómo esos sitios no están abiertos a ambos, mujeres y hombres.  

También, participé en otras actividades de la Iglesia como la tómbola anual que hacen para recaudar fondos. Estuvimos una mañana entera preparando güirilas (tortas de maíz tierno) con las personas locales y parte del equipo de trabajo, también estuvimos parte del tiempo ayudando en la venta de ropa de segunda mano y otras actividades. La finalidad de la tómbola no era solo recaudar fondos para la Iglesia si no, poder facilitar que las personas más vulnerables de Camoapa pudiesen comprar ropa y comida a un precio adaptado a sus necesidades. 

Tómbola en la Iglesia central de Camoapa

Para terminar con el tema de la religión, como reflexión personal, destaco que, al fin y al cabo, la religión ha tenido una función histórica a lo largo de la evolución de las sociedades. Ha sido sustentadora de la moral, independientemente de que una persona sea creyente o no. A veces, cuando nos encontramos en situaciones difíciles, resulta más fácil apoyarse o dar explicación a un suceso traumático o injusto a través de entidades poderosas (Dios), pues la confianza en uno mismo es finita. La fe, sin embargo, puede mantener sociedades en quiebra a flote, como ocurre en Nicaragua. Las situaciones que muchas familias viven requieren de una gran fuerza emocional para levantarse día tras día, por lo que es más fácil sustentarse en explicaciones divinas que ayudan a no centrarse en las desgracias que lo han provocado. Una vez, en el autobús de regreso a Camoapa, se sentó al lado mío una mujer de 26 años que predicaba el evangelio. Evidentemente, mi cara era todo un cuadro porque no sabía responder a sus preguntas sobre la divinidad. El caso es que me contó cómo se acercó ella a Dios y me dijo que, a sus 21-22 años, ella salía con sus amigas y que en su vida todo estaba bien, pero sentía un gran vacío. Entonces fue cuando se acercó a Dios y su corazón se llenó de amor, dejando atrás todos los sentimientos de soledad. Por ello, se encargaba de predicar su palabra para evitar que otras personas sufrieran lo que ella. Es aquí donde está el choque cultural. Para mí, se trata de algo humano y natural explicado por la psicología; para ella, por el contrario, la soledad se explicaba a través del evangelio. En la siguiente foto se puede ver la influencia religiosa porque no había autobús o establecimiento en el que estuviese presente algún salmo o algo relacionado con la creencia religiosa.

                                                Autobús cualquiera de Nicaragua 

La organización escolar también es interesante. Hay dos escuelas rurales dirigidas a las comarcas o bien para las zonas periféricas de la ciudad. Esto es porque hay falta de infraestructuras, aún hay muchos barrios de la zona que no están bien conectados entre sí ni adoquinados, muchos de nuestros niños/as tardaban 40 minutos en llegar al hogar y las escuelas urbanas están en el centro por lo que, para facilitarles la educación a los menores de las comarcas, construyeron dos escuelas en estas zonas. Estos centros son más pequeños, tienen más riesgo de que las familias se opongan a que los niños/as vayan a la escuela ya que son aún más tradicionales, con otras vivencias y más centradas en el trabajo, por lo que para las profesoras supone un reto que los niños/as sigan escolarizados, aunque con ayuda del personal del hogar lo lograban. También hay dos escuelas urbanas, un instituto de secundaria y otro centro privado. Bien, pues no hay centros como nos lo imaginamos en España, es decir, un edificio con distintas salas donde se da clase, no. En Nicaragua son como una especie de invernaderos pequeños/medianos separados y por clase puede haber entre 30-40-50 alumnos divididos en dos grados, es decir, 1º y 2º en el mismo espacio. Luego en las urbanas los grados no se mezclan, pero la cantidad de alumnos aumenta. Por otra parte, mencionar que el período escolar es de 11 meses, aunque tienen muchísimas fiestas (del maíz, reina de la escuela, etc.) que al final equivalen al período de verano, solo que está repartido durante esos meses, no son seguidos.

Para finalizar, mencionar que de política no se habla, a no ser que alguien empiece el tema. Pero por lo general, es un tema que es mejor evitar o hablar desde la ignorancia e interés simplemente por conocer las opiniones de los demás. Pero recomiendo no hablarlo tipo «¿qué opinas de tal?» Simplemente dejar que todo fluya en ese sentido, mejor escuchar y luego debatir con los voluntarios si se desea. Por último, los fines de semana que viajé sola preguntando a lugareños sobre cómo llegar a tal sitio, muchos de ellos, aun siendo de día, me acompañaban al destino por miedo a que me pasara algo. Pero puedo decir firmemente que Nicaragua es un país seguro y en ningún momento sentí miedo viajando por el país. También que el que te pidan fotos por la calle casi se puede decir que es algo normal.

En definitiva, Camoapa es un pueblo precioso con una gente bellísima también siempre dispuesta a darte un plato de comida (intimé con 2 familias y las tres semanas que estuve en Camoapa, cuando las visitaba, no me dejaban ir sin un buen plato de arroz y frijoles) y el trabajo en Luceros del Amanecer es de las mejores experiencias que me llevo en mis 21 años de vida. Muy recomendable trabajar con ellos por su transparencia y buen trato, sobre todo porque no eres un voluntario, eres un trabajador más del hogar.

 El día de mi despedida y el mejor equipo

Despedida, lágrimas y amor

Comida de despedida en casa de Doña Lesbia

Despedida, amor y lágrimas

Ejemplo de lo que te puedes encontrar con total normalidad en el pueblo

El día de mi despedida y el mejor equipo

Hogar Luceros del Amanecer nuestro segundo hogar

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación, Género

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