
Es más complicado hacer y editar las fotos que escribir la crónica de un concierto. Conlleva más tiempo. Algún día reflexionaré sobre el chip mental que conlleva cada una de esas actividades. Son enfoques diferentes, pero que al complementarse generan una actividad de comprensión y aprendizaje muy enriquecedora para mí. Mirar, escuchar, pensar, escribir. Aquí comparto ambas cosas, la publicación de la crítica al tributo que ha hecho la Big Band de Atarfe (Granada), dirigida por el saxofonista Roberto Nieto, junto a algunas de las imágenes editadas de forma inmediata, siempre a espera de una revisión más calmada y edición de las que merezcan la pena. La crónica ha sido publicada en Granada Hoy, en este enlace en su versión web. Además, hoy domingo, 12 de abril de 2026, se ha publicado en su edición papel, cuya imagen también adjunto en este post. Vale la pena solo el hecho de conocer el trabajo del arreglista Gordon Goodwin, director de su propia Big Band y uno de los renovadores del jazz en su travesía en el desierto de los setenta y ochenta. Fue un músico que mantuvo el sentir de las grandes formaciones jazzísticas, inspirado en Count Basie o Benny Goodman, pero adaptó con aire funky o latino, según el caso, algunas de sus producciones.
Mirar y escuchar, luego escribir, es mi proceso para comprender y para aprender algo cada día
La mirada a la música pasaba por la gran pantalla del cine, y sus arreglos suenan a eso, a persecución en una película de acción. Puso música a los Loony Tunes, además de otras producciones, pero es más bien un sentir que una referencia concreta a ninguna escena ni película mítica de la historia del cine. La Big Band de Atarfe ha sabido interpretarlo muy bien, sin restar nada de la precisión de esos arreglos en partitura, lo que ha hecho sufrir y disfrutar a algunos de mis compañeros de la Banda Sinfónica Municipal de esa localidad. El resultado, extraordinario. Ojalá me hagan caso y se vayan de gira por los festivales de la tierra, incluso del extranjero. El jazz acoge múltiples sensibilidades, y un sonido así es un valor seguro para aficionarse. Para mí, reflexionar sobre ello es fijar y aprender, porque el esfuerzo de organizar ideas y revisar imágenes es siempre una enorme satisfacción. Además, como músico de banda, la empatía y comprensión de lo que ocurre en el escenario me lleva a situarme desde dentro. Un auditorio magnífico, el Medina Elvira de Atarfe, y una localidad que apuesta por la cultura desde que recuerdo. Copio el texto de la crítica y las imágenes seleccionadas, cuya pequeña carpeta puede consultarse en mi perfil de Flickr en este enlace. Seguimos. Aprovecho para sugerir, si has llegado hasta aquí, que te suscribas a este blog, en la parte de abajo, a la derecha, que seguirá siendo una miscelánea de educación mediática y artística, con un apartado siempre para la música, porque mi biografía y mi sentir son así de poliédricos. No es porque valgo para todo, es más bien porque casi todo me ilusiona y, sobre todo, siento la emoción periodística de contarlo y compartirlo. También puedes dejar un comentario, para que no solo sea mi voz y mi visión de todo este universo educativo y cultural del que tenemos la suerte de disfrutar.

Texto publicado en prensa:
Exigencia y libertad con swing
Crítica de música
La Big Band de Atarfe deslumbra con un recorrido magistral por la obra del compositor y arreglista Gordon Goodwin
Big Band de Atarfe. Tributo a Gordon Goodwin
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Fecha y lugar: viernes10 de abril. Centro Cultural Medina Elvira
Rafael Marfil Carmona Atarfe, Granada.
Una apuesta fuerte. Es el sello del director de esta formación atarfeña, el saxofonista Roberto Nieto. Un reto difícil por el alto porcentaje de partitura, donde no se evitó ni uno de los obstáculos de tempo, cambio de compás y de juegos musicales de esa tercera era del jazz que abandera el inolvidable Gordon Goodwin, en un momento idóneo para su recuerdo, ya que falleció en 2025. Sus arreglos y su manera de reinterpretar a los clásicos, desde su adorado Count Basie hasta Gershwin, suenan a serie de los años setenta o, incluso, de los ochenta del pasado siglo. Y Granada puede presumir de tener varias Big Band, como las que se han generado en la asociación Ool Ya koo, el club de jazz de la ciudad. Sin embargo, el sonido de la formación de Atarfe es resultado de una trayectoria y un estilo propio construido a lo largo de casi dos décadas. Siempre, bajo la dirección de este profesor de la escuela municipal de música de esta localidad.
La Big Band de Atarfe debería ir de gira por festivales con este exquisito tributo a uno de los grandes
Podría haberse simplificado la partitura, descansando en mayor medida en solos efectistas, porque había capacidad para ello. La prueba, la solidez del discurso de dos de sus saxos altos, Alejandro Salas y Roberto Rodríguez, con estilos diferentes, pero de una calidad absolutamente profesional. Hay que sumar el oficio de Alejandro Padial y Manuel Hoces en el trombón y, en lo que se le pudo escuchar, la guitarra de Juan Cabrerizo, que sigue la partitura con las tablas que da la experiencia y el oído, con ecos de su trayectoria rockera. Eso, por mencionar algunos de los excelentes músicos de esta formación, que contaba también con los trompetistas de la banda municipal de Granada Carlos Morente y Miguel Romero, junto a Miguel López Torices. Con esa alineación, la batalla contra la partitura estaba ganada. Tanto es así, que la Big Band de Atarfe debería ir de gira por festivales con este exquisito tributo a uno de los grandes.


Del swing al Funky
En realidad, la definición del jazz como la libertad con swing emergió del esfuerzo didáctico realizado por el líder de la formación atarfeña, que explicó cada etapa y el valor del trabajo de Gordon Goodwin, un pianista y saxofonista de Kansas que nació en la década de los cincuenta, cuando parecía que estaba todo inventado y que, con su nueva visión del jazz, se convirtió en un líder carismático de su propia Big Band y en ganador de cuatro grammys, siendo uno de los músicos más galardonados de la historia de este género. Reinventó un sonido que, desde la lejanía, nos lleva a los arreglos de banda sonora de cine y series de finales del siglo XX, con un aire funky que convierte la escucha en emoción. Una música ideal para los que se quieren introducir en el jazz. Algunos de los temas, como el que traducido es, más o menos, Es hora de madurar, representaba un verdadero aviso a navegantes, además de su crítica a los custodios de la pureza del jazz, que siempre acechamos, con The jazz police. Este compositor fue capaz, incluso, de aportar propuestas de música incidental para los Looney Tunes, aunque el mayor momento de belleza fue, seguramente, el juego sonoro del swing, por cuerdas desde la madera al metal, en el permanente recuerdo del gran Count Basie que supone la discografía de Goodwin. De los grandes clásicos no fue el único presente, ya que el sonido de Benny Goodman apareció en algún momento del concierto. Eso, y el brillante arreglo de Rhapsody in blue, de Gershwin, con la aportación clave del clarinetista Francisco Javier González.
Esta música se supo adaptar al lenguaje audiovisual de finales del siglo XX
Cierre latino
A lo largo de toda la velada, el director de esta Big Band dio la cara, con un acierto especial en el discurso de su soprano, con el que abordó el liderazgo en una obra inspirada en Bach o emocionando con el salto a lo latino, una faceta que también exploró Gordon Goodwin con trabajos como La samba del gringo o Mueva los huesos, en una fase del concierto donde también se intuía el estilo del gran Tito Puente. Todo un recorrido donde, gracias a la introducción a cada tema, pudimos conocer cómo este gran director de la Googwin’s Big Phat Band siempre daba un sentido y un significado a sus propuestas, consciente de estar modernizando el mundo del jazz, que se transformaba desde la gran pantalla. Al final, los músicos, agotados por la enorme concentración, eran conscientes de que la exigencia había valido la pena. Algunos, acababan de desfilar en varias procesiones en la otra banda, la Sinfónica Municipal Ciudad de Atarfe. La emoción que se podía percibir constataba justo eso, que veinte años no son nada si se mantiene intacta la ilusión.
Esta formación cumplirá 20 años de trayectoria en 2027
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