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Experiencias que transforman #YosoyAgentedeCambio

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Archivo de abril 2026

Inmersión y adaptación a una nueva experiencia en el voluntariado internacional en Camoapa, Nicaragua. Marta Fuster Jambrina.

14 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Desde el momento en que confirmé mi participación en el voluntariado internacional en Camoapa, Nicaragua, comprendí que estaba dejando atrás la previsibilidad de mi vida cotidiana y la seguridad de un entorno familiar, lo cual me hacía sentir una mezcla de alegría y preocupación. Así, el 5 de agosto, me despedí del confort de mi hogar, de mi rutina diaria y de las pequeñas comodidades que una da por sentadas.

Mi llegada fue recibida con calidez y hospitalidad por parte de Mayela, la anfitriona de la familia que me acoge. Sin embargo, después de la bienvenida, me di cuenta de que no había luz. Los cortes de energía son frecuentes, especialmente cuando llueve intensamente, y pueden durar desde algunos minutos hasta varias horas. Sin darle mayor importancia, Mayela calentó agua en una olla y la vertió en un balde para que pudiera bañarme con agua tibia, un alivio después del cansancio acumulado del viaje, pues la noche anterior había dormido en el suelo del aeropuerto de Panamá. La sensación del agua tibia en un baño oscuro fue un consuelo después de la travesía. Esta primera noche me mostró, por primera vez, la dimensión de vivir en un lugar con un suministro eléctrico inestable.

La calidez de ese balde de agua tibia pronto se transformó en una fría ducha a las 6:30 de la mañana, un recordatorio constante de que estoy inmersa en otra realidad. Después de la ducha, siempre llega el momento del desayuno, que es como una comida, consiste en gallopinto (una mezcla de arroz y frijoles); frutas cortadas: banano, mango y papaya; y una tortilla rellena de queso, jamón y pimientos. Todo ello se acompaña de una ensalada con tomate y pepinos, tortillas de maíz, cuajada y un café solo.

Todo ello ya es parte de mi nueva rutina. Después de la ducha y del desayuno, ya estoy lista para continuar el día en la fundación. La falta de luz y las duchas frías, que al principio parecían incómodas, pronto se han convertido en parte de mi vida diaria. Estos desafíos enseñan a valorar lo esencial y a apreciar las pequeñas cosas. Adaptarse a un entorno sin las comodidades habituales siempre representa un reto, pero cada dificultad se convierte en una lección. Estas experiencias me acercan a la realidad cotidiana de las personas locales y también me permiten percibir de cerca sus vidas y la rutina de los niños y niñas con los que comparto tanto tiempo. Así, el verdadero valor está en las nuevas conexiones y aprendizajes que estoy adquiriendo personalmente, entendiendo mejor el contexto y las vivencias de la comunidad.

Más que una Fundación: El Hogar Luceros del Amanecer

La Fundación Hogar Luceros del Amanecer ofrece apoyo integral a 355 niños y niñas de familias en situaciones económicas extremadamente difíciles en Camoapa. A través de programas diversos como educación integral, atención en salud primaria y especializada, nutrición adecuada, fortalecimiento familiar, formación técnica vocacional, y apoyo específico para niñas y adolescentes embarazadas, se busca mejorar las condiciones de vida de las familias.

Por lo que el trabajo que se puede desempeñar en el Hogar como voluntaria es diverso, ya que puedes acogerte a cualquiera de estas actividades y organizarte la semana en función de tus conocimientos, habilidades e intereses, contribuyendo significativamente al cambio en esta comunidad.

En sus inicios, el espacio que ahora conocemos como la Fundación comenzó como una casa dedicada a cuidar a niños en situación de vulnerabilidad donde vivían doña Aleyda y don Sebastián, un matrimonio de Juigalpa, que fueron elegidos por la fundadora del Hogar para liderar este proyecto. De hecho, el despacho donde mantenemos esta conversación era el antiguo dormitorio y el despacho contiguo, el ropero, el resto de espacios servían como habitaciones para los niños y niñas.

Durante 10 años, doña Aleyda y don Sebastián vivieron en el centro, dedicándose las 24 horas al cuidado de los niños y niñas que, en su mayoría, provenían de situaciones difíciles: maltrato, abandono, o padres en prisión. Uno de los casos más conmovedores fue el de un niño de seis años que quedó huérfano y se convirtió prácticamente en su hijo. Aunque doña Aleyda menciona que todos los niños y niñas eran como sus hijos, este niño tenía un vínculo especialmente fuerte con ellos, al punto de que siempre tenía que acompañarlos cuando iban a visitar a la familia a Juigalpa, de lo contrario, él se ponía a llorar.

No fue hasta 2015 se trasladaron a una nueva casa, permitiendo que su antigua casa se dedicara completamente a su misión. El trabajo de doña Aleyda y don Sebastián se caracteriza por el cariño y el amor que brindan a todos los niños y niñas y que ellos siempre los ven como parte de una gran familia, considerándose bendecidos por tener el respaldo y afecto de la familia más grande del mundo.

E incluso, como toda casa en Nicaragua, la Fundación también está rodeada de leyendas y relatos misteriosos. Doña Aleyda y don Sebastián, así como los trabajadores, han hablado de historias sobre el mico brujo y afirman haber sido molestados por presencias extrañas. Algunos aseguran haber visto a un hombre con un gran sombrero de pita, caminando por los pasillos de la casa.

Estas historias han formado parte de la vida en la casa y han contribuido a que sea recordada con un sentido especial de hogar y familia. Para todos los que han estado involucrados con el Hogar, es un lugar lleno de memorias y cariño, un verdadero hogar y un apoyo constante para todos los niños y niñas.

Despedida en la Fiesta del Maíz: Fin de una etapa

Mis últimos días de voluntariado coincidieron con la Fiesta del Maíz, una celebración anual muy esperada en la finca del Hogar, conocida como Bosque Verde. En esta finca se cultivan diversas frutas, verduras y cereales, siendo el maíz el cultivo principal. Lo especial de esta ocasión fue que, por primera vez, todo lo que cocinamos para celebrar esta fiesta provenía de la cosecha propia, lo que hizo de esta experiencia algo muy significativo para todos/as nosotros/as.

El día comenzó con una caminata hacia la finca desde el Hogar que duró alrededor de una hora. Al llegar, el equipo nos organizamos para empezar a cocinar mientras los niños y niñas corrían y jugaban en el pasto, disfrutando de la naturaleza del Bosque Verde, cuyo nombre hace honor al entorno natural que lo rodea. Durante aproximadamente dos o tres horas, nos dedicamos a preparar platos tradicionales a base de maíz, un alimento esencial en la cultura y dieta del país.

Fotografía: carro lleno de maíz

Los platos que elaboramos fueron la güirila, el yoltamal y el elote cocido. La güirila es una especie de tortilla gruesa y ligeramente dulce, que se sirve tradicionalmente con cuajada y crema. Para prepararla, utilizamos maíz molido, y aprovechamos la leche de maíz sobrante para hacer el yoltamal, que posteriormente cocimos junto con el elote. Y es que el maíz es un ingrediente que es la base de la alimentación de los nicaragüenses, da la sensación de que con él se pueden hacer miles de platos como tortillas, nacatamales, enchiladas, atol, atolillo, rosquilla… y otras comidas que se han convertido parte de mi alimentación este último mes y medio.

Fotografía: maíz molido

Fotografía: olla con elote y yoltamal cociéndose

Fotografía: güirila cocinándose

La Fiesta del Maíz en Bosque Verde fue mucho más que un acercamiento a la cocina local; fue una jornada de celebración y conexión con la comunidad y la tierra. Durante este momento compartido, me transmitieron el reconocimiento al esfuerzo detrás de cada cosecha, un aprecio que a menudo falta en mi día a día en España, y que me permitió valorar el maíz con la misma importancia que tiene para ellos en su vida cotidiana. Participar en la preparación de los platos tradicionales me permitió sumergirme en la cultura y la gastronomía local, un cierre perfecto para mi voluntariado, lleno de significado, tradición y gratitud por lo compartido, y esa felicidad en lo comunitario es algo que también, sin duda, me llevo a casa.

Publicado en: Nicaragua, Voluntariado internacional Etiquetado como: Derechos de la infancia

La yapa[1] y la casualidad. Celia Ponce

14 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Desde que me recuerdo, la única imagen de América Latina en mi cabeza, antes de este proyecto, consistía en la entregada por su arte, del que he disfrutado desde niña: Una imagen de ensoñaciones elaborada en mi cabeza infantil y siempre dispuesta a imaginar a través de los poemas de Rubén Darío, de Idea Vilariño, del realismo mágico, de las pinturas de Frida, de todo lo que cantaba mi madre acompañada por Víctor Jara, por Silvio Rodríguez y tantos otros y, por supuesto, de las novelas imborrables de Gabriel García Márquez.

Así, arribé a mi particular Macondo[2] embebida en deseos de encontrar maravillas, a bordo de un transatlántico con alas. En uno de aquellos cacharros enormes, que una no llega nunca del todo a entender, como tantas otras cosas.

Obvio soy consciente de que esta ciudad tan calamitosa como de cuento no podría nunca existir, pero en mi imaginario personal siempre resonaba el pensamiento de que tal vez Macondo no era sino otro nombre para algún punto del vastísimo territorio que es América del Sur. Inconscientemente venía a mi cabeza, en los momentos de nervios e ilusión, un particularísimo pensamiento… ¿No podría ser Riobamba Macondo? Desde luego, yo me dirigía hacia un sitio no inventado, pero sí frecuentemente idealizado, imaginado de mil maneras distintas, desdibujado en un millón de piezas por mi absoluta norteñidad.

Por supuesto, y por amor, decidí recorrer aquellas tierras acompañada de García Márquez, que escribió en sus Cien Años de Soledad que “uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”. A pesar de la hermosura de esta oración y de mi debilidad por la melancolía, tengo que discrepar. Uno no es de ninguna parte mientras que no ama a alguien que se baña en sus aguas; hasta que no añora a quien duerme bajo su luna; hasta que no pisa esa tierra con el corazón antes que con los pies. Y puedo aseguraros que un trozo del mío permanece en la falda del Chimborazo, en el lago Quilotoa, en el río Pastaza, sentado al sol con los leones marinos de Galápagos, siendo robado con total desvergüenza por los monos del puerto de Mishauallí.

He perdido una botella de agua en esas manitas tan similares a las nuestras junto a muchas cosas que he perdido en este viaje. He perdido la necesidad de tener el control continuamente, he perdido muchas necesidades que no se parecían en nada a una necesidad. Y he ganado mucho también.

Vuelvo con una visión maravillosa sobre del sistema universitario ecuatoriano como una parte más de una sociedad escandalosamente bella, con una pasión que hacía tiempo no sentía por lo todo lo que implica cuidar a los demás a pie de hospital, con el orgullo de haber formado parte de un proyecto cuya única misión es mejorar la vida de la gente. Eso es lo que esperaba de esta experiencia: aprender, desarrollarme como futura maestra, descubrir un sistema sanitario distinto al que bien conozco y considero mío.

Sin embargo, la yapita que me traje de Ecuador, lo que voy a narraros ahora, es mucho más importante y, sencillamente, una cadena de regalos. Una cadena que brilla y respira y, a la vez, depende de un hilo tan frágil como es la voluntad, el libre albedrío bajo el que todos somos bautizados nazcamos donde nazcamos y cuya pulsión determina nuestros futuros y los de que nos acompañan.

Porque me han devuelto mucho más de lo que esperaba. Me han prestado un hogar hermoso donde cerrar los ojos cada noche con toda la tranquilidad del mundo, donde trabajar rodeada de flores, donde me recibían con cariño cuando cerraba la puerta tras de mí. Han compartido conmigo tiempo y secretos y palabras que se vienen tatuadas en la parte más cálida de mi mente. Me han enseñado que lo que importa poco no importa absolutamente nada y que lo que importa mucho debe trascender. En definitiva, me han regalado muchas cosas.

En mi opinión, el primer regalo vino por parte del CICODE. Me regalaron sueños: la posibilidad de conocer un lugar en un continente al otro lado de mi continente; A 8000 km de mi hogar. Allá donde lo que sueñas precisa aviones, taxis, taxis que resultan ser barcazas y unas ganas inmensas por conocer. Esas ganas también son un regalo. Me las regaló mi padre, que siempre ha deseado cultivarse en cualquiera que fuera la tierra que pisaran sus pies.

Ha sido un regalo respirar una brisa de una ciudad que no es la mía pero que me acunó y me hizo renacer, que me trajo la serena certeza de que casa es tan lejos y tan cerca como en quien piensa nuestro corazón. Ha sido un regalo en sí mismo cada segundo que he pasado allá porque quien llega, se va lleno de una lluvia que nutre hasta la raíz, con el corazón calentado al más puro sol que jamás conocerá, envuelto en una chompita hecha con dulzura y bendiciones sinceras.

Me ha costado mucho escribir esto. Más bien terminar de escribirlo, de juntarlo todo. Empecé a escribir pedazos sueltos Inconscientemente es el final de la experiencia tan hermosa que he tenido la suerte de vivir. para combatir el desagrado que me produce estar doce horas encerrada en un lugar que vuela. También escribí la noche que nos quedamos atrapadas en un paraíso por algo tan brutal y tan natural como una inundación. He escrito viajando de pie en autobús y en el pueblito más humilde que nunca había visto. Sin embargo, alguna razón de esas que viven en las tripas, no me dejaba terminarlo. Creo que tiene algo que ver con mi intolerancia a los finales. Estos días tienen para mí una cierta niebla que me agarra de vez en cuando el corazón. Pero de una forma tan bella como agarra y luego despeja al Chimborazo, sólo para que se vea más hermoso.

El caso es que estoy escribiendo esto justamente hoy. Y, por casualidad, es el día de mi cumpleaños y mientras escribo esto recibo cariños y apapuches en la distancia desde Ecuador, pero también desde Colombia y desde Perú y dese Bolivia. De personas que he conocido por esto que llamamos casualidad y de las que, os prometo, me despedí como es debido, aunque me costara horrores darles el abrazo que separa y el beso que se queda marcado. Qué casualidad que hoy sea hoy.

La casualidad vence a la alegría y vence al miedo. Y nos mece y nos mantiene asidos a aquello que no reconocemos de nosotros mismos. La casualidad nos dibuja, nos desvanece y nos redefine. Sólo espero tener la suerte de volver a encontrarme por casualidad con otra experiencia así porque mi vida es ahora mucho más rica, mi mente más inquieta y mis ojos mucho más humildes.

Eternamente gracias.

[1] Yapa: Añadidura, especialmente la que se da como propina o regalo.

[2] Macondo:  Pueblo ficticio en el que se desarrolla Cien Años de Soledad, entre otras novelas del escritor colombiano Gabriel García Márquez. 

Publicado en: Ecuador, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología, Sostenibilidad ambiental

Internado de Escolapios en Anzaldo: la esperanza de la educación en el área rural boliviana. María Sáez

13 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primera experiencia en Bolivia:

Anzaldo, nuestro nuevo hogar. La primera impresión que he tenido al llegar a Bolivia ha superado todas mis expectativas. A pesar de que no sentía miedo, cualquier duda que tuviera se ha disipado rápidamente. Ayer un grupo de seis chicas de distintas partes de España aterrizamos en Cochabamba, ciudad que se extiende alrededor de la laguna de Alalay y lejos hasta llegar a las laderas de las imponentes montañas que la escoltan. Hasta hace poco éramos desconocidas, pero ahora compartimos este viaje, sabiendo cómo llegamos, pero sin tener certeza de cómo volveremos. Dejamos nuestro equipaje en la Casa de Formación Escolapia, pero el destino final aún nos esperaba: Anzaldo, el lugar que será nuestro hogar durante las próximas semanas. Después de un vuelo de 11 horas y con una diferencia horaria de seis, estábamos agotadas. Sin embargo, no había tiempo que perder, así que salimos a explorar la presencia Escolapia en Cochabamba.

Visitamos la Parroquia de San Rafael, dos unidades educativas de primaria y dos de secundaria, repartidas en los turnos de mañana y tarde, así como la residencia universitaria de chicas. Me sorprendió que, salvando las distancias, la vida aquí parecía similar a la de mi ciudad, aunque lo que más captó mi atención fue nuestro barrio, Las Cuadras. Es un mosaico de contrastes: grandes casas con jardines bien cuidados junto a humildes viviendas con ladrillos expuestos, a veces con ventanas y otras veces carentes de ellas y, en algunos casos, en ruinas. Sin embargo, todo parece convivir en paz.

Al caer la tarde, partimos finalmente hacia Anzaldo. Durante el trayecto, la ciudad de Cochabamba nos mostró su lado más amargo: largas filas de camiones esperando un combustible que hacía días que no llegaba, sin el cual los transportistas no podían trabajar. Barrios en la periferia habitados por personas humildes, de origen campesino que vienen con la ilusión de un futuro mejor, y acaba viviendo sin recursos, a veces sin siquiera acceso a agua corriente. Pero lo que más me impactó fue la llegada a Anzaldo. Anzaldo es un pequeño pueblo en los Andes, a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Nos recibió la comunidad escolapia, quienes nos hicieron sentir como en casa desde el primer momento. Los niños y niñas que viven aquí, al contrario de lo que me esperaba, son cercanos y cariñosos, y nos acogieron con verdadera ilusión, aunque al principio se notaba algo de timidez. Ya hemos comenzado nuestras primeras sesiones de formación, que nos ayudan a comprender el contexto en el que nos encontramos, las razones que nos han traído hasta aquí y la actitud que debemos adoptar para que nuestra experiencia sea verdaderamente enriquecedora. Esta experiencia en Anzaldo es un paréntesis en nuestras vidas, una oportunidad para dejar una huella positiva en los demás y permitir que ellos dejen una en nosotros. Espero que esta vivencia me transforme, y que la semilla que se plante en mí crezca, para que al regresar pueda seguir ayudando desde mi propia realidad.

9 de agosto de 2024: Me sorprende ver que muchos de los problemas que enfrentan aquí, como la pérdida de las raíces culturales y la búsqueda de soluciones inmediatas, son similares a los que viven los jóvenes en España. Personalmente, llegué con incertidumbre acerca de mi futuro, pero estoy decidida a centrarme en el presente y aprovechar cada momento de esta experiencia para crecer y dar pasos hacia un cambio en mi día a día.

Centro Calasanz en la parroquia de San Rafael, Cochabamba.

Vista del Barrio de las Cuadras desde el colegio.

De camino a Anzaldo.

Internado de Anzaldo.

Primeras actividades en Anzaldo: descubriendo la vida en el internado y colegio.

Hoy ha sido un día especial, ya que finalmente comenzamos con nuestras actividades en el colegio y el internado de Anzaldo. La mañana inició con la formación habitual de los lunes a las 8:00 en el patio de secundaria. El acto empezó con el izado de la bandera al ritmo del Himno del Estado Plurinacional de Bolivia y una oración dirigida por el director general. Hoy, además, los estudiantes prepararon reseñas sobre la Virgen de Urkupiña y el Día de la bandera, que se celebran los días 15 y 17 de agosto respectivamente. El evento cerró con el himno a la bandera y un poema de Yolanda Bedregal que celebra la diversidad y la identidad de Bolivia.

Banderita de la escuela,

hermana alegre y querida,

cuando te veo, yo pienso en los aguayos tejidos con caitos de mil colores.

Cuando te veo, yo pienso en la tierra generosa y no en guerras ni fronteras.

Yo no quisiera morir sino vivir por tu gloria y trabajar por tu honor.

El rojo amarillo verde es el poncho de la raza que,

como un celaje, el viento hincha en la tarde de invierno.

ROJOS techos de la aldea,

guindas y crestas de gallo,

flores de espino, fogatas, campanario de la iglesia,

boca amada de mi madre,

trompo como un corazón,

volador que trepa al cielo:

¡Rojo de mi banderita!

ORO del sol en la pampa, balsas en el Titicaca,

trigo maduro en el campo, amarillos girasoles, manecitas de retama, fina piel de las vicuñas. ¡Canta un canario amarillo cuando ondula mi bandera!

VERDE aguayo de las chacras alfalfares, tunas húmedas,

chijipampa entre juguetes de día de Navidad;

río de mis vacaciones, en el cocal, bajo el molle,

¡verde de mis alegrías!

Bandera, mi banderita, tan india como mi sangre;

imilla en día de fiesta, kantuta que el aire mece.

Sencilla como el arcoiris, enlaza con un abrazo selva, puna, nieve y lago.

En los ojos de los cóndores va mi bandera a las cumbres;

y aquí dentro de mi pecho acaricio sus colores.

¡Bandera, mi banderita!

Tras la ceremonia, comenzamos a planificar las actividades para la Semana de Calasanz, una festividad en honor al fundador de las Escuelas Pías que se celebra mundialmente el 25 de agosto. Durante esta semana, el alumnado decora las puertas de sus aulas, organiza juegos y participa en una Eucaristía especial seguida de un desayuno compartido. Nuestra labor será seleccionar la mejor puerta decorada y preparar una gymkana para los jóvenes del Movimiento Calasanz, un grupo de fe presente en muchos colegios escolapios del mundo.

12 de agosto de 2024: Además, colaboramos en las clases de valores y religión, organizando un concurso de preguntas sobre la vida de San José de Calasanz, lo que permitió a los estudiantes conocer más sobre su legado y los valores que siguen vigentes después de casi 400 años.

Otra actividad importante es la Campaña Solidaria anual, que recauda fondos para proyectos escolapios en todo el mundo. Este año, los internados de Cocapata y Anzaldo son algunos de los beneficiarios. Para contribuir, organizaremos torneos de futsal, carreras, cine solidario y venta de snacks en los recreos.

Los jóvenes del Movimiento Calasanz también se han involucrado activamente, ayudando a elaborar y vender productos para apoyar la campaña y fomentar valores como la solidaridad y la empatía. Al recorrer el colegio, me sorprendió ver un gran campo de fútbol de césped artificial que contrasta con la humildad del pueblo que se levanta ladera arriba, simbolizando lo que a mi parecer representa este proyecto en la vida de los campesinos: un remanso de paz, un pequeño oasis en medio de este desierto.

Después de haber conocido las comunidades rurales de las que provienen estos pequeños y pequeñas, he comprendido mejor lo que significa esta oportunidad para ellos y ellas. Sabía que me iba a sorprender lo poco con lo que viven, pero lo que más me ha sobrecogido ha sido la soledad que lo envuelve todo. Entonces he comprendido por qué la cultura quechua vive en armonía con la Pacha Mama. Por qué considera seres vivientes a los ríos y las rocas. Por qué encuentra a Dios en la montaña y en el sol. Pensar en cómo se sentirá amanecer cada mañana en medio de la inmensidad de la naturaleza… Es algo que no puedo ni imaginar. Poder vivir en el internado, tener la posibilidad de estudiar, contar con personas que se preocupan por ti, respirar el amor que desborda cada costado de este recinto… Es, como dice la canción de la agrupación peruana, Grupo Siembra:

“Que se termine la noche, Que llegue el amanecer.

Que agoten todo su llanto, La vida nos va a llegar»

Puertas de las aulas decoradas para la semana de Calasanz

Campo de césped artificial del colegio

Casas de adobe en las comunidades rurales de Anzaldo

Municipio de Anzaldo

Despedida de Anzaldo: un adiós lleno de gratitud y amor.

Los últimos días en Bolivia han sido duros. No queríamos despedirnos de este lugar ni de las personas que nos acogieron con tanto cariño. El último viernes dijimos adiós a los chicos y chicas del internado, quienes regresaban a sus hogares para el fin de semana. Los vimos subir a la camioneta que les llevaría por esos caminos polvorientos, visiblemente emocionadas, mientras nos miraban con curiosidad. Pero yo no dejaba de pensar: ¿Qué será de ellos y ellas? Al día siguiente, partimos para Cochabamba, con la incertidumbre de si alguna vez volveríamos a pisar Anzaldo. Durante el trayecto, no podía apartar la vista de los montes, la tierra, el cielo… de la inmensidad y lo sagrado de ese rincón de Bolivia y del mundo. Nos despedimos también de los y las jóvenes educadores con los que compartimos ese mes. Nos agradecían constantemente, y yo no sabía cómo expresarles que éramos nosotras las que teníamos que estar agradecidas. Nos entregaron recuerdos, y yo estaba sin palabras ante su generosidad y esa entrega absoluta a unas desconocidas como nosotras. Lo que más me dolió fue la frase de uno de ellos: “Nosotros no vamos a poder viajar a España… así que ustedes deben volver”. No logro comprender cómo un pueblo al que hemos causado tanto daño puede acogernos con tanto amor y sin condiciones. Sabía que esta experiencia sería dura, pero no que sería tan hermosa. Ha sido, sin duda, la experiencia más bonita de mi vida. En esos últimos momentos, al sentirnos una comunidad junto a ellos y ellas, sentí que todo tenía sentido. Estar allí tiene sentido.

Me voy con un único compromiso:

Que tu vida sea un homenaje a quien con amor te recibió y con amor te recordará.

Vuelta a casa para el fin de semana

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Derechos de la infancia, Educación

Historias desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Carla Vivar Martínez.

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

Primer contacto con Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

Había tenido la oportunidad de viajar a Latinoamérica anteriormente, participando en un programa de voluntariado con la Universidad de Salamanca, lo cual despertó en mí muchas preguntas, sobre todo pensando si sería similar o completamente diferente lo que iba a vivir esta vez en Bolivia. Decidí no hacerme demasiadas expectativas y dejar que la experiencia me sorprendiera, permitiendo que el camino se andara solo a medida que conociera a nuevas personas y entornos.

El 21 de agosto de 2024 aterricé en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en un barrio conocido como el Plan 3000. Esa misma noche, conocí a la familia que me acogería durante toda mi estancia. Santa Cruz de la Sierra, una ciudad que me parece inmensa en comparación con mi lugar de origen, me recibió con un calor sofocante y muchos mosquitos. Y también lo hizo con la calidez y la amabilidad que ya recordaba haber vivido antes en esta parte del mundo.

Mi estancia en la fundación se centra en acompañar a personas mayores en un centro de día. Desde el primer día, el coordinador del centro me dio la bienvenida y me mostró todas las instalaciones. También tuve la oportunidad de conocer a los adultos mayores que pasan allí sus mañanas y parte del mediodía. Mi primera impresión fue muy positiva, sus miradas reflejaban una gran cantidad de historias y un deseo sincero de compartirlas. Cada uno de ellos proviene de lugares diferentes y tiene una historia valiosa, lo que despertó en mí una curiosidad profunda, que ellos también compartieron. Por eso, desde el primer día comenzamos a intercambiar nuestras historias.

Desde el principio, me he sentido muy acogida, tanto en el centro de día como en otros espacios de la fundación. La vida aquí, por ahora, es tranquila y me permite detenerme a entender y a escuchar, que creo que es la única expectativa que se puede tener.

El centro de día es un lugar de encuentro donde no solo se comparte la compañía, sino también las conversaciones y las historias de vida de cada uno. María Galindo, activista boliviana, dice que “las calles de Bolivia son un patio común compartido que han creado las mujeres que trabajan en ellas”. El centro de día es un poco así también: un espacio donde todos aportan algo, ya sea tiempo, experiencias, una voz o ternura.

Desde que comencé mi voluntariado aquí, he tenido la oportunidad de trabajar con un grupo de personas que tienen mucho interés por la costura, la creatividad y hacer cosas juntos. Así que hace poco decidimos aprovechar esta habilidad para iniciar una nueva actividad: confeccionar carteras a mano.

La idea surgió un día en el que las usuarias me mostraron, con mucho orgullo, las cortinas y los manteles que habían hecho con retales de tela. El centro es casi tan colorido como Bolivia gracias a estas creaciones, y ahora las carteras que confeccionemos también reflejarán una parte de la comunidad que han creado en el centro.

Las carteras son sencillas, pero todos han aportado y se han ayudado unos a otros para poder hacerlas. El plan es vender las carteras para conseguir fondos y así organizar algún paseo al cine, alguna excursión o traer a alguien para que toque música porque lo que más les gusta hacer es bailar.

Además de trabajar en la confección de carteras, también estoy colaborando con la orquesta de la fundación, realizando fichas sociales de las familias para que puedan tener toda la información necesaria sobre ellas, lo que me permite acercarme más a la gente de aquí.

En los fines de semana, he aprovechado la oportunidad para explorar más a fondo el resto del país y salir un poco de Santa Cruz. Cada lugar tiene su propio encanto, características únicas, y paisajes muy diferentes, lo que hace que tenga muchas ganas de seguir conociendo Bolivia.

Recordaré Bolivia en femenino, como una mujer; bueno, en este caso, muchas.

El centro de día se convirtió en un refugio donde mi principal labor fue escuchar y aprender, nunca de lecciones, sino de experiencias. De todo aquello que no se escribe pero se habla. Que ha guiado a generaciones y, de alguna manera, sirve de manual intangible sobre cómo saber vivir. Un conocimiento tan abstracto que nos ha protegido y ha sido una prueba fundamental de que aun cuando no existíamos ni para los ojos de la ciencia, el compartir se hizo literatura, medicina y arte. El compartir siempre ha sido la prueba más irrefutable de que las mujeres han estado ahí las unas para las otras.

“La vida es bonita cuando una sabe compartir” dijo María una mañana que, se hubiera perdido en otra de las muchas mañanas que he pasado con ella, sino hubiera sido por que esa frase me despertó.

Comprendí que desde que empecé el voluntariado aquí, compartir es todo lo que he hecho. Pero de alguna manera no me siento vacía ni con menos cosas para mi misma, porque cuando lo hacía, me llenaban de nuevo con su veteranía en la vida.

Muchas me contaban sobre sus experiencia en el amor y como el machismo actuaba como una tercera pata en las relaciones. Cómo el ser mujer las ha definido y controlado en todas las labores que han hecho. “Por la cultura machista, mi madre siempre prefirió a sus hijos varones para que estudien” decía Bea “Las mujeres actuamos más con la ternura, por ello me tuve que quedar con mi madre” terminaba.

Siempre sabían terminar cada conversación con ese caramelo que te impedía quedarte con mal sabor de boca. Endulzaban cada experiencia para recordar que las experiencias no son solo los infinitos eventos que nos pasan, sino el como reaccionamos ante ellos, y de ellas sin duda, la resiliencia tendría envidia.

Desde que llegué he conocido Bolivia de otra forma. He tenido la gran oportunidad de viajar y conocerlo de otra manera. Tal y como es imposible conocer a una persona haciéndole siempre las mismas preguntas; un país se conoce solo si recorres esas calles que no están desgastadas por las infinitas pisadas. Si te adentras en bares o restaurantes donde solo encuentras gente local y comes todo aquello que te recomiendan con una sonrisa.

Me di de bruces con un país que era tan diverso como grande. Casi infinito. Muchos días siento que aun habiendo estado dos meses compartiendo mi tiempo con él, no sería capaz de conocerlo ni en años. Descubrí la zona del altiplano que distaba mucho de la zona del trópico. Las tradiciones y bailes se amoldaban a la diferencia de cada zona y cambiaban radicalmente dependiendo del suelo que estuvieras pisando.

Aunque también viajé mucho con Virginia (pero esta vez no nos hacía falta movernos de la silla). Me contó mucho sobre su tierra: el salar de Uyuni. Sobre las plantaciones de quinoa y sus aventuras como agricultora y ganadera.

“Ahora estamos muy apenadas con los incendios” compartían, sobre todo Lucy que, desbordada de ira, cargaba contra todos aquellos que dan la espalda al Amazonas y dejan que uno de los pulmones principales de la tierra se convierta en ceniza.

Para terminar cerrando el círculo con el comienzo. Quiero dar las gracias a todas mis compañeras por recibir mi cariño, abrazarlo y devolvérmelo sin duda. Nunca dejé mi casa porque vosotras me hicisteis sentir tan cómoda que los días pasaban y la añoranza se hacía más digerible. Pero sobre todo, gracias por compartir esta experiencia conmigo. Es lo que me llevo de todas.

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Adultos mayores, equidad de género

Mi experiencia en Jacj Cuisi. Andrea Vallejo González

8 abril, 2026 por marivimf Deja un comentario

El 14 de agosto aterricé en La Paz, no tenía muchas expectativas de cómo iba a ser esta experiencia porque nunca he vivido algo parecido a irme tan lejos de los lugares donde siempre he vivido, entonces me vi subiendo al avión sin haber pensado nada en lo que estaba haciendo. Sabía que el viaje iba a ser largo, 10 horas a Bogotá, de ahí a La Paz y después un viaje largo en autobús hasta Rurrenabaque, el pueblo más cercano a Jacj Cuisi, donde iba a pasar los dos meses siguientes. Desde Rurrenabaque hasta Jacj Cuisi, las opciones son tomar un taxi colectivo desde la terminal de San Buenaventura, municipio muy cercano a Rurrenabaque, o hacer autostop.

Creo que es la primera vez en mi vida que puedo preparar bien un equipaje, sólo traje una mochila de 60 litros sin llenar del todo porque sabía que iba a comprar cosas de recuerdo en alguna de mis visitas a alguna ciudad boliviana, traje ropa de trabajo para estar con los animales que no me importara estropear o dejar después aquí, y chubasquero, además de unos cuantos libros. Fue una buena idea no llevar mucho equipaje porque el viaje es largo y es mejor no tener que cargar con más de lo necesario.

Sólo sabía que iba a trabajar con animales salvajes durante 8 semanas, pero no tenía mucha idea de cómo iba a ser exactamente mi día a día, sólo sabía que iba a estar trabajando con una ONG boliviana, para mí era importante que el proyecto fuera boliviano y no un proyecto externo y por eso decidí este voluntariado por encima de otros.

La ONG se llama Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY) y trabaja rescatando animales salvajes y reintroduciéndolos a sus hábitats, estos animales han sido mascotas, víctimas de comercio, de caza (entre otras posibilidades igual de hostiles para estos animales) y en esta entidad se les trata de dar una vida de calidad y devolverles a su hábitat natural si eso es posible, porque algunos de estos animales han sido tratados como animales domésticos tanto tiempo antes de llegar a CIWY que ya no pueden ser reintroducidos en su hábitat. La ONG está repartida en tres santuarios: El santuario en el que estaré estos dos meses, Jacj Cuisi (La Paz), Santuario Machía (Cochabamba), aunque este santuario está cerrando sus puertas y enviando a sus animales a los otros dos y Ambue Ari (situado en Santa Cruz), en estos santuarios, las personas que se encargan de cuidar y dar una buena vida a estos animales son personas voluntarias (que pueden permanecer en el parque entre varias semanas y unos meses) y personal permanente en cada reserva que se encargan de la coordinación de cada área del parque, del mantenimiento de las instalaciones y del cuidado de los animales.

Al llegar al santuario me recibió una de las voluntarias, que es estudiante de Veterinaria y está realizando sus prácticas de la Universidad aquí durante unos meses. Me llevó hacia los coordinadores, que me dieron la bienvenida al campamento y me enseñaron las instalaciones. Mi habitación es una de las cabañas que componen el campamento (las otras son dos dormitorios, la cocina y unos baños), es un campamento pequeño y, entre voluntarias y personas empleadas aquí, somos 16 personas.

Mis primeros días aquí han sido duros porque ha sido un cambio enorme en mi rutina y a mi siempre me cuestan un poco los comienzos, sobre todo en un lugar tan desconocido para mí. Aun así, he tenido en mente que no acostumbrarme rápido era tan normal como estar entusiasmada con la experiencia desde el minuto uno y que aún me quedaban muchas semanas por delante por vivir, además, Jacj Cuisi está a 40 minutos en coche del pueblo más cercano y sólo disponemos de un día a la semana para poder ir, por lo que me ha sido difícil adaptarse al principio, no estaba acostumbrada a pasar tiempo sola y mucho menos en medio de la selva.

Mis tareas como voluntaria en CIWY comenzaron el 16 de septiembre, un día después de llegar a la reserva. El santuario se divide en varias áreas, dependiendo de los animales que se encuentren en el parque en ese momento y de las necesidades de cada uno. Hay varias áreas: “Pequeños animales”, “Cielo”, “Parati” y “Negros”. El área que me asignaron a mí fue “Pequeños animales”, área compartida por nueve coatíes y una taira: Rosco (el más mayor de todos los coatíes), Roddy, Pancho, Begoña, Emili, Cristina, Sheldon, Berlin, Cyrano e Iván (la taira). Estos animales llegaron habiendo sido durante muchos años animales domésticos, por lo que no pueden ser reintroducidos ya a sus hábitats y viven en grandes jaulas. Se les saca de las jaulas todos los días a la selva mediante un método de “runners”, que son largas cuerdas atadas en varios árboles por la selva, por las que los coatíes pueden avanzar atados a ella; es decir, pueden recorrer un área de la selva todos los días, aunque no puedan ser libres. Mis tareas en el área son, junto con mi coordinador, dar el desayuno, comida y cena a los animales, sacarlos y recogerlos de los runners y limpiar sus jaulas.

Mi rutina es esta:

  • De 7:00 a 7:30 realizo una de las tareas de limpieza diarias de la reserva, que nos vamos turnando entre todas las personas que vivimos aquí.
  • De 7:30 a 8:30 es la hora de desayuno y descanso del personal.
  • 8:30 es la hora de ida al área y de desayuno de los animales.
  • De 9:00 a 12:30 son las horas de ida a los runners, limpieza de jaulas (con agua y jabón todos los días) y preparación del almuerzo de los animales.
  • A las 12:30 se les da la comida y hasta las 14:00 hay tiempo para el almuerzo del personal y un pequeño descanso.
  • De 14:00 a 17:00 se realizan pequeñas tareas del área que van cambiando diariamente según las necesidades, se prepara la cena de los coatíes y de la taira y se les alimenta. Se realiza una comprobación de que todo esté bien, las jaulas cerradas y los coatíes han podido comer, y se abandona el área hasta el día siguiente.
  • A las 17:00 acaba la jornada y se regresa al campamento para descansar, cenar y tener tiempo libre antes de dormir.

Por ahora sólo llevo una semana en el santuario y siento los días muy largos porque comienzan muy pronto y hacemos muchas cosas, pero cada día que paso aquí me siento mejor y sé que el resto de las semanas se pasarán mucho más rápido.

Este es el comienzo de mi quinta semana en el santuario Jacj Cuisi, donde aún me quedan 4 semanas más. Todo este tiempo he estado en el área de “Pequeños animales” cuidando de los coatíes y la taira. Al principio me resultó un poco duro adaptarme a la rutina, pero me he sentido muy afortunada de poder pasar 4 semanas en ese área, aprendiendo cómo son y qué necesitan los coatíes y la taira y encariñándome con ellos cada día más.

Es importante, como mínimo, diferenciar entre sí a los animales para poder conocer qué necesidades tiene cada uno, cómo se comportan entre sí y con la presencia de humanos y cómo es su carácter con ciertas cosas. Es importante conocer cómo reacciona cada uno de ellos al darles la comida, ya que hay que tener cuidado con los que pueden ponerse más nerviosos y pensar que quieres quitársela, igual que es importante saber cuáles de ellos pueden haber sufrido maltrato por parte de humanos porque podrían resultar más agresivos con otros coatíes o con humanos o tener comportamientos más imprevisibles, por lo que conociendo a cada uno de ellos y sabiendo sus posibles respuestas podremos cuidarlos y protegerlos mejor en todo momento.

Estos animales están en su jaula toda la noche, toman su desayuno ahí e inmediatamente después comienza la hora en la que pueden ir a sus runners. En este área, mi tarea es acceder a la jaula de cada coatí que presente señales de querer salir a su runner (está andando por su jaula en dirección a la puerta o se muestra interesado de alguna forma en que me acerque a su jaula), ato una correa a su collar y les acerco a su runner correspondiente. Es importante no tirar nada de la correa, simplemente vamos caminando a su lado dirigiéndole a su runner sin presionarle a ir más rápido porque este momento para él es de disfrute y, aunque no dejaremos que se vaya por otro camino distinto al que se dirige al runner, le dejaremos oler y jugar lo que quiera por el camino, sin prisa por llegar al runner.

La taira que está en el santuario, Iván, no sale de su jaula porque es mayor, tiene muchos problemas de movilidad y cuando llegó al santuario se le examinó y se consideró que lo mejor era que permaneciera dentro, pero en una jaula doble más grande que las de los coatíes y con acceso a un jardín privado en el que puede estar todo el día hasta la hora de la cena y al que ningún coatí puede acceder (la taira es depredadora de los coatíes, por lo que esos animales no tienen ningún tipo de contacto dentro del santuario).

Todos los días, la coordinadora del área elige el runner al que irá cada coatí basándose en el tiempo que lleve sin ir a ese runner concreto y en los runners que hay alrededor. Es decir, pondremos en dos runners cercanos a coatíes que tienen buena relación e intentaremos que los coatíes que no se llevan bien no tengan ningún tipo de contacto. Rosco y Roddy, dos de los coatíes, tienen muy buena relación, así que siempre están en runners cercanos que les permita tocarse.

Los coatíes permanecen en sus runners hasta la hora de cenar, momento en el que los coatíes son trasladados a sus jaulas de la misma forma en la que los llevamos, sin estresarles e indicándoles el camino con paciencia. Intentamos que Pancho, uno de los coatíes más activos y nerviosos, salga el primero de su jaula y entre el último. Pancho siempre quiere salir, al igual que Cyrano y Begoña, pero hay otros coatíes que no siempre quieren salir y se quedan en su casita, construida dentro de su jaula, por lo que permanecen ahí hasta que muestren señales de querer ir a sus runners.

La dieta de los coatíes y de la taira es muy variada. Son animales omnívoros y su dieta está reflejada en un cuadrante escrito en una pizarra del área, por lo que todos los días al llegar a su área y darles sus suplementos y medicinas (a los que tienen que tomarlos), les preparamos el desayuno que toque. Algunos días, el desayuno es comida de perro (para Rosco, Iván y Roddy remojada porque no tienen dientes) y plátano para Iván; otros días, el desayuno es pepino rayado muy fino y plátano machacado. A la hora del almuerzo, toman carne con alguna fruta y se les hace algún tipo de enriquecimiento, esto es darles la comida de forma que tengan que invertir energía física y mental en alcanzarla, como harían en su hábitat natural. Esto les estimula y los acerca a la vida que podrían tener fuera de cautividad.

Un tipo de enriquecimiento que tenemos en el área y que usamos todos los días para el almuerzo son unas hojas grandes en las que envolvemos la carne y atamos para que el coatí tenga que romper la hoja o desatarla y así poder acceder a la carne. En el caso de las cenas, los enriquecimientos van variando según el día, uno de ellos es enterrar la comida en sus jaulas para que ellos tengan que excavar y poder acceder a ella. Otro enriquecimiento es usar juguetes donde les escondemos la comida y eso les estimula mucho más que si les diéramos la comida simplemente en su plato. Con Iván (la taira) hay que tener cuidado porque no tiene dientes, al igual que hay algunos coatíes con más limitaciones que otros: Algunos escalan mucho y muy rápido y otros no, lo mismo ocurre con otras habilidades, por lo que es importante tener en cuenta las necesidades y limitaciones de todos los coatíes y la taira a la hora de planificar y llevar a cabo los enriquecimientos. Si no tuviéramos en cuenta las limitaciones de cada uno, podríamos estresarles mucho por no poder acceder a la comida.

El día a día en la reserva es el mismo siempre durante 6 días a la semana, uno de ellos descansamos. Cada persona tiene un día libre distinto de forma que todos los días haya una persona, al menos, encargada de cada área; siempre estará la persona coordinadora del área (en el caso de que sea su día libre, otra coordinadora le sustituye) con los animales cumpliendo con el horario.

Hay un tiempo mínimo de estancia en el santuario para cada área, desde un mes para el área de “negros” para poder tener tiempo suficiente de conocer a todos los monos, hasta un par de semanas en el área de “para ti”. Cada área tiene un tiempo mínimo de estancia acorde a las necesidades de los animales del área. En mi caso, estaré un mes en el área de coatíes y me trasladarán a otro de los áreas al finalizar el mes.

Mis cuatro últimas semanas en Jacj Cuisi

Mi último mes en Jacj Cuisi ha sido en el área de “Para ti”, que está a unos 15 minutos del campamento. Este área está destinada a 17 monos capuchinos, uno de ellos, Cleo, es libre y puede campar a sus anchas por el área, dos de ellas, Punki y Camila, tienen su jaula siempre abierta y se encuentran atadas al runner, pero pueden entrar y salir cuando quieran; el resto de los monos viven en sus jaulas por las noches y por las mañanas salen para pasar el día en sus runners.

Al contrario de lo que se hace en el área de “Pequeños” con los coatíes, no hay contacto físico directo con los monos, sino que su runner está atado a su jaula y ellos salen de esta directos al runner sin necesidad de llevarlos con una cuerda. En el caso de tres de las hembras (Franca, March y Totita), estas están en sus jaulas por las noches como el resto de monos pero por las mañanas sí se les lleva a sus runners, cada día uno distinto para que puedan tener variedad de espacios. Para llevar a las hembras a sus respectivos runners, vamos a la jaula de cada una de ellas, abrimos la puerta que está cerrada con carabina y esperamos a que ella se suba sola a nuestro hombro. Una vez se sube, quitamos la carabina que une su cuerda a su jaula y andamos con ella en el hombro (o en nuestra cabeza, dependiendo de la mona) hasta su runner. Una vez en el runner, colocamos la carabina en la cuerda de este y dejamos ahí a la mona hasta que volvemos a por ella por la tarde para volver a llevarla a su jaula.

Para el manejo de las hembras, es importante haber estado ya unos días trabajando en el área y acercándonos a las monas, para que ellas se sientan cómodas con nuestra presencia y seamos familiares con el área, es decir, debemos conocer un poco ya a cada una de ellas, estar atentas de sus reacciones y conocer bien todos los caminos desde las jaulas a los runners para poder ir directas y con seguridad una vez tengamos a las monas encima.

Mi rutina en el nuevo área es similar a mi rutina en “Pequeños”, nos despertamos a la misma hora y las actividades hasta las 8:30h son las mismas. Para ir al área, las personas voluntarias y la coordinadora del área nos reunimos para ir juntas con las mochilas cargadas con la comida que los monos comerán ese día. A las 8:45 (aproximadamente) llegamos al área y les servimos agua fuera de las jaulas, al lado de su runner, para que puedan estar hidratados durante el día. A la vez, alimentamos con un puré de fruta a algunos de ellos que necesitan más suplementos con su comida.

Después de esto, preparamos y les servimos el desayuno fuera de sus jaulas, cuando hacemos esto, abrimos la puerta trasera de sus jaulas, la que da a su runner, para que cada mono salga a tomar su desayuno y a pasar el día en su runner. En el caso de Cleo, que está libre, le servimos su puré en un plato y su desayuno y le llamamos para que venga a recogerlo. Es una monita bastante asustadiza así que suele esperar a que nos vayamos para pasar a recoger su desayuno.

Una vez que los monos están fuera de sus jaulas, nos dividimos el trabajo entre la encargada y las voluntarias que estemos en ese momento para limpiar las jaulas de todos los monos. En mi primera semana, éramos dos voluntarias y una encargada, así que nos dividíamos en tres: una persona limpiaba las jaulas de las hembras, más pequeñas, otra limpiaba una de las filas de jaulas de machos y la otra limpiaba otra de las filas. Es importante limpiar bien las jaulas a menudo para que no haya demasiados restos orgánicos que atraerían muchos animalitos, entre ellos cucarachas. Una vez por semana (suele ser los sábados), la limpieza que se hace en las jaulas es más profunda que el resto de días para acabar mejor con toda la suciedad, y usamos jabón y desinfectante.

Después de la limpieza, preparamos la comida y realizamos alguna tarea que haga falta ese día. Cada monita tiene una hamaca hecha con una manta en cada jaula, a veces estas hamacas se descuelgan y cada semana las cambiamos para limpiarlas, así que a veces una de las tareas diarias es hacer esto. Otras veces, es arreglar o renovar las estructuras de los monos en los runners (les colgamos lianas entre los árboles o les construimos estructuras para que puedan subirse y pasar de árbol en árbol con más facilidad o para que jueguen).

Al preparar la comida, muchas veces se hace con enriquecimientos, como en el caso de los coatíes y la tayra. En el caso de los monos, un enriquecimiento muy frecuente es usar pequeños tronquitos con agujeros donde metemos su comida para que ellos tengan que esforzarse un poco en conseguirla y a la vez les estimule más que ponerla directamente en el plato.

Después de darles su almuerzo, las voluntarias bajamos al campamento a comer y descansar y la coordinadora se queda comiendo en el área para asegurarse de que alguien puede proteger a los monos en el caso de que pase algo en esa hora y media. A las 14h, las voluntarias subimos de nuevo al área y les damos su snack a los monos (aquí es donde solemos hacer el enriquecimiento porque disponemos de más tiempo, y el snack suele ser plátano, entre otras cosas). Después del snack, seguimos haciendo las tareas que no pudimos terminar por la mañana y a las 16h les servimos agua y les damos su cena dentro de la jaula, abrimos su puerta trasera para que entren y nos aseguramos de que su puerta delantera está bien cerrada para la noche. Después de hacer esto, vamos a los runners de las tres hembras que he mencionado antes y las llevamos a sus jaulas, donde ya hemos dejado su cena y su agua preparadas para la noche.

A las 17:30 bajamos al campamento, dejando a todos los monos (excepto a Cleo, Camila, Punki y algún mono que no quiera entrar, que suele ser Murdock metidos en las jaulas hasta la mañana siguiente.

Es importante conocer el carácter de cada mono para trabajar con ellos, ya que, dependiendo de este, nos acercaremos o no a cada mono, y de una forma distinta. Hay algún mono, como Conejo, que no se lleva muy bien con las personas e intenta lanzarse contra mi cada vez que paso al lado de su jaula, por lo que es importante estar alerta y no acercarme mucho a la zona donde él puede agarrarme. Hay otros, como Jorge o Lemmy, que buscan más el contacto con las personas y no tienen las reacciones que puede tener Conejo con nuestra presencia. Igualmente, ninguna reacción es mala y son animales salvajes, entonces no deberían tenernos aprecio, sino huir de nosotros. En el caso de las monas, empecé llevando a March desde su jaula a su runner y, una vez que pasó el tiempo y estaba más segura, pude comenzar a llevar a Franca. En el caso de Totita, el manejo era de la coordinadora, porque esta monita tiene reacciones más impredecibles para nosotras y es importante tener mucha confianza con ella y mucho tiempo en el área para poder acercarse tanto como me puedo acercar a March y a Franca.

Ahora que esta experiencia ha llegado a su fin y tan sólo me quedan tres días en Jacj Cuisi, puedo decir que ha sido una vivencia muy bonita de la que me llevo muchos aprendizajes y recuerdos. Nunca había experimentado algo parecido, para mi muchas cosas eran nuevas: trabajar con animales (que, además, no me eran familiares porque nunca los había visto), vivir en la selva, lejos de los estímulos que daba por hecho antes de venir aquí (acceso a wifi, estímulos sociales, vivir en una ciudad). Aún no he asimilado mucho todo lo que he vivido y siento que hasta que no me vaya y pase un tiempo, no me daré cuenta de cómo me ha cambiado vivir aquí estos dos meses, pero puedo decir que me ha aportado mucha tranquilidad y que me siento muy bien con mi decisión de venir aquí.

Publicado en: Bolivia, Voluntariado internacional Etiquetado como: Agroecología

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