Hoy martes, 21 de abril de 2026, he publicado este artículo en Ideal, del que dejo constancia en mi blog para el histórico de publicaciones en prensa y para quien no lo haya podido consultar en este diario. Aquí se puede leer en el enlace web. En cualquier caso, copio el texto a continuación. Una mirada desde nuestra inmensidad y pequeñez, a partir de la visión de los astronautas de la expedición Artemis II. Quizá haya que mirar, de vez en cuando, a la cara oculta de la luna. Seguimos. Copio la imagen de la noticia y el texto. Seguimos.

Texto del artículo
La tripulación del mundo
Rafael Marfil Carmona
Con tantos problemas locales, nacionales e internacionales, que una expedición vaya y venga a la luna es algo que se convierte en anecdótico, casi en un entretenimiento para evadirnos de la realidad, para comentar en el bar tras hablar del tiempo o de fútbol. Un tema de conversación banal para el magazine de la tarde, que te hace evadirte. Desconectar, como se dice ahora. Sin embargo, lo lógico sería lo contrario, que fuera realmente un hito en nuestras vidas, apelando a lo que nos queda de proyecto colectivo, en esta era del ego y la insustancialidad. Cuando Neil Armstrong dio su histórico paso para la humanidad en 1969, existía una inocencia y un entusiasmo por el progreso y la civilización. Las cuestiones colectivas eran de todos. La Guerra Fría preocupaba tanto que algunos granadinos construían un búnker en el sótano de su casa. Algo anecdótico pero real. Quizá estaba más reciente la memoria de nuestra tragedia nacional o de las grandes guerras europeas. Hoy, apenas si nos sobrecoge el bombardeo continuo de diferentes zonas del mundo.
La gran tragedia de muchas vidas acomodadas es no encontrar hotel para el fin de semana, o perderte la excursión del domingo. Eso en cierta dimensión social, porque otra, desde una realidad que duele, sigue luchando por tener un techo y salir adelante cada día. En esa extraña diversidad, la noticia del proyecto Artemis II, inspirado en el nombre de la diosa Artemisa, destaca solo unos días en un contexto de infoxicación, como si no nos valiera ya asomarnos a la cara oculta de la luna, que es lo que siempre hemos anhelado y expresado individual y colectivamente. Hemos manifestado esa inquietud en todo tipo de creaciones y ritos, desde la poesía hasta el mundo esotérico. Esta vez, la retransmisión en directo ha recordado a aquel viaje a la luna de los inicios del cine, donde Georges Méliès situaba a unos sabios que se montaban en un cohete. Estamos tan cegados que hemos valorado hacer parcelas en nuestro satélite y sus posibilidades de negocio.
Sin embargo, las declaraciones a la llegada de la primera mujer que viaja a la luna, la astronauta Christina Koch, han sido un aviso a navegantes, nunca mejor dicho. Una sorpresa por su profundidad. “Planeta Tierra, ustedes son la tripulación”. Con una sola frase, ha sido capaz de recordarnos años de pensamiento y humanismo, constatando, en su panorámica visión de nuestra enorme pequeñez, que estamos todos en el mismo barco, un sentir de fraternidad que, no hay que decirlo, los acontecimientos se han encargado de dilapidar durante las últimas décadas. Las guerras que tenemos más lejos o más cerca son nuestro problema, más allá de que suba el precio de la gasolina. Los retos de la humanidad, y también los sueños, son los nuestros. La violenta locura que padecemos es nuestra pantalla a superar, igual que el nihilismo y el entontecimiento colectivo. Convendría tener presente que esto no es un juego. En lo que explicaba esta científica y exploradora, se intuye una simbología semiótica que da sentido a nuestras vidas. La Tierra, vista desde lejos como un bote salvavidas, rodeado de una inmensa oscuridad. Su compañero, el canadiense Jeremy Hansen aportó algo más en esa síntesis socrática tan contundente. Ellos y su expedición de la NASA obtienen un reflejo de lo que somos, por lo que deberíamos tener muy claro, me atrevo a añadir, cuál es la dirección y si nos gusta lo que vemos. Quizá la luz de todo ese universo esté en la mirada de alguien que le espera y acompaña al levantar la vista de este artículo. Y, sobre todo, quizá debería ilusionarnos mucho más la lucha de las naciones unidas por un mundo de justicia y paz. Quizá haya que volver a coger el timón.


