Este texto está a medio camino entre una crítica cinematográfica y la crónica de la ansiada vuelta de Cines del Sur, tras la gala de inauguración en esta nueva etapa. Fue publicada el domingo, 19 de julio de 2026, en el diario Granada Hoy. Puede consultarse en este enlace web, y el pdf de la versión papel. En mi caso, tras dedicar décadas al análisis fílmico, Cines del Sur, cuando llegó, fue una ventana a esa necesaria interculturalidad, la posibilidad de ver la realidad de otras latitudes, bien unificadas en el metafórico término «sur», además de significar para mí, hoy día, el recuerdo de un modelo de gestión cultural que, desde lo público, contaba con voluntariado, amantes del cine que trabajaban duro hasta su desaparición en 2018. Fue a través de José Sánchez-Montes y Enrique Moratalla, el director y, respectivamente, uno de los artífices del proyecto, cuando compartía con este último la actividad en la gestión cultural y su difusión de la Fundación CajaGranada, que me conciencié de la importancia de este certamen. Hasta ese momento, yo había trabajado la asignatura de análisis con ejemplos clásicos, como Welles y Hitchcock, además de novedades de las series televisivas de la época. El análisis de Dexter con el alumnado fue un ejemplo. Estaba imprimiendo una visión eurocéntrica, anglocéntrica, del norte o como le queramos llamar. Era la perspectiva limitada del cine como industria comercial y, cuando llegó ese aire fresco del festival, nos asomamos a la expresión de todo lo que el ser humano tiene que decir. Inolvidables las historias de vida de esos niños en países en desarrollo. En esta vuelta, descubro, además, la participación en el jurado de mi colega profesional y amiga, la antropóloga e investigadora Marian del Moral. No se me ocurre nadie mejor que ella. Situaciones que, por desgracia, no han mejorado como sería de esperar. Es un acierto hacer posible esta vuelta de un ciclo que tanto le pega y necesita Granada, por parte de Ayuntamiento y resto de instituciones. Todo eso, lo cuento en la crónica publicada en el periódico, cuyo texto copiaré en esta entrada. Que nadie deje de asistir a alguna de las películas que proyecta Cines del Sur si le es posible.

No pudo comenzar mejor la vuelta de Cines del Sur, con esa intrahistoria de la nueva trova cubana
Además, es toda una casualidad que la gala de inauguración proyectara el documental Para vivir. El impecable tiempo de Pablo Milanés, un trabajo documental conducido por Fabien Pisani, hijo adoptivo del mítico cantautor. Este audiovisual se va a convertir en un documento obligado para quien quiera comprender qué fue y significó la denominada nueva trova cubana. Hay gente de mi generación que pasó más de puntillas por esta línea musical y reivindicativa, pero no es mi caso, ya que es, ha sido y será mi música. Algunas obras maestras de Pablo o Silvio siguen siendo el tesoro al que recurro cuando no recuerdo bien el sentir de mi alma y la hoja de ruta que trazamos hace décadas. Es, como expreso en este reportaje, la historia de una enorme ilusión y, hay que reconocerlo, un enorme despropósito en la praxis. Sin embargo, nadie debe robarnos ese sentir, esas ganas de asomarse a la utopía, por lejana que parezca. Si no es así, la vida no vale nada, como cantó ese genio que protagoniza el documental, y que hace balance, con melancolía de La Habana, desde el ocaso de su vida. Tuve la suerte, también, y perdón por lo biográfico, de conocer esa vieja Habana, en la que pasó mi abuelo su infancia, de encontrar la calle donde Domingo, el padre de mi mamá, jugaba con «negros zumbones» en el Malecón (así lo explicaba él, antes del invento de lo políticamente correcto y el eufemismo «personas racializadas»). De hecho, Pablo Milanés reconoce que fue un obstáculo ser negro, incluso en Cuba. También, pude conocer a Rogelio Paris, uno de los directores que firmó el documental antropológico con el que arranca este trabajo de Pisani, Nosotros, la música (1964). Una inolvidable cena donde, ya profesor universitario, me explicó tantas cosas, mientras vivíamos la decadente noche habanera. Son demasiadas conexiones y mucha emoción, al combinar Cuba y Cines del Sur. Quiere la casualidad que Jazz en la Costa, Festival Internacional de Jazz de Almuñécar, arranque estos días con el gran Paquito D’Rivera, uno de los mejores músicos de este género, el mejor intérprete de la profundidad de América Latina y alguien que huyó de la «sensiblidad» del Ché Guevara y compañía. La entrevista previa puede consultarse aquí. Iré compartiendo también las entrevistas y críticas del festival de jazz de la costa. Además, como quien no quiere la cosa, ganamos en directo un mundial de fútbol. Como decía aquel proverbio chino, la peor maldición es que te toque vivir tiempos interesantes y, en Granada al menos, recién terminado el Festival de Música y Danza, con el festival de Guitarra celebrándose, por mencionar algunas cuestiones, estamos más que acostumbrados. Copio, a continuación, el texto publicado en el periódico sobre Cines del Sur.


Tiempos de amor y revolución
(Artículo publicado en Granada Hoy el 19/7/2026)
Rafael Marfil-Carmona
Cines del Sur ha vuelto con mucha intensidad. Tanta que, tras la gala de inauguración, nos ha hecho recorrer los pasillos del teatro del Generalife con una melancolía contenida por lo que fueron los sueños y la utopía de Cuba, el símbolo del despropósito y, a la vez, de la dignidad frente a un enemigo que, en 2026, se muestra vencedor. Además, lo hace con guerras, bufonadas y memes, como si la combinación de la tragedia y el humor fuera nuestro castigo por aquel arrebato de optimismo y lucidez que tuvimos en el siglo XX. Pablo Milanés, el alma de la nueva trova junto con Silvio Rodríguez, fue el creador de la banda sonora de ese espíritu de lucha, de esa caricia a lo imposible y, cómo no, de ese zarpazo de realidad. El primer paso de la nueva etapa, en este añorado festival, ha sido la proyección del documental Para vivir. El impecable tiempo de Pablo Milanés, un diálogo del cantante con su hijo adoptivo, Fabien Pisani, que canalizó y focalizó la entrevista, además de dirigir este trabajo audiovisual.

La realidad del mundo
Doy por hecho que celebramos, en una ciudad que aspira a la capitalidad cultural, la vuelta a lo que siempre hemos sido o deberíamos ser, una ventana hacia otras culturas, hacia otra realidad, un lugar para pensar y sentir la otredad. Eso fue la gran lección de la anterior etapa de Cines del Sur, donde aprendimos que la creación audiovisual, como se dijo en la presentación, es una de las formas de atravesar las fronteras de lo invisible. En aquella época descubrimos el cine que, a pesar de la dureza de las circunstancias y la precariedad, se hace en ese otro mundo del Sur, en África, América, Asia. En países como Irán o Corea. Aprendimos tanto, que ya nunca fue igual la tendencia de la industria fílmica a obligarnos a adorar el hortero blockbuster, hoy día fragmentado en una infinita oferta bajo demanda, a veces insustancial.
Cines del sur nos enseñó cómo lo audiovisual es una ventana a la interculturalidad. Representa la marca de la ciudad de Granada

Cantautores
En la previa, llevada muy bien por Nerea Cordero y Paco Pascual, asistimos al protocolo habitual de un festival, con varias canciones del maestro Javier Ruibal, el gaditano que siempre ha sido la voz del sur. En la grada, emociona pensarlo, otros cantautores, como Raúl Alcover o Enrique Moratalla. Este último fue corresponsable intelectual en el impulso inicial de Cines del Sur. Eran las trincheras de la gestión cultural. También, en su plano habitual de modestia, el cineasta José Sánchez-Montes, director y alma de esta iniciativa que tanto necesita Granada y que, por fin, las instituciones, con el Ayuntamiento a la cabeza, han vuelto a apoyar. Tras todas estas décadas, hemos aprendido de la interculturalidad que, por más que viajemos en este mundo global, nuestra realidad más profunda, el propio reino de Dios, como decía San Agustín, está dentro de nosotros mismos, pero eso merecería un capítulo aparte. Tomamos nota también de la artista galardonada, la japonesa Naomi Kawase, cuya magistral mirada merece la pena disfrutar para quien no la conozca.

Pablo Milanés, el alma de la nueva trova junto con Silvio Rodríguez, fue el creador de la banda sonora de ese espíritu de lucha, de esa caricia a lo imposible
El cine es pura semiótica. Pablo Milanés, en el documental, representa el símbolo de la propia Cuba. Digno, inigualable, sereno, reconocedor de sus errores y fiel a lo que ha sido. En el ocaso de su vida, luchando contra la enfermedad en España, debido a la falta de medios en su querido país, añoraba La Habana y el sabor del mango. Una simple partida de dominó con su gente. Aquel niño prodigio del canto, enamorado del son y del bolero, supo crear un nuevo sonido, incorporado oficialmente a la revolución por su aire de canción protesta frente la injusticia. Lleno después de contradicciones, pero haciéndonos soñar, combinando lo social que tiene el amor y lo íntimo que tiene la política, como explicaba Fito Páez. El documental nos muestra a un hombre, en sus últimos años, que tuvo nueve hijos y varias esposas. Un ser que, sobre todo, supo amar, superando siempre sus dificultades de salud y la negritud que, incluso en la Cuba de Fidel, fue un obstáculo. Impagable conocer a Yolanda, una de sus esposas, destinataria de esa obra maestra que nos ha enseñado a enamorarnos. También, sobrecogedor conocer el amor incondicional de su última esposa, Nancy Pérez, que lo acompañó hasta el último día y llegó a donarle un riñón. Solo la madre de Pablo estuvo a la altura de ese apoyo incondicional. Verla en acción es constatar cómo se puede adorar a un ser tan especial como este eterno trovador.
Es una suerte seguir aprendiendo con ese otro cine, que es tan difícil conocer
Los testimonios de su gente son una aportación muy valiosa, con grandes de varios géneros, desde Joaquín Sabina hasta Chico Buarque, Chucho Valdés, Ana Belén, Serrat, Omara Portuondo, Harry Belafonte o el propio Silvio. Cada corte de entrevista nos situaba en la persona y en el mito. El inicio, con la obra maestra Nosotros, la música, del querido amigo que también nos dejó, Rogelio Paris, era una declaración de intenciones antropológica. Pude cenar y hablar con él en La Habana, antes de su marcha. Su figura también representaba esa mezcla de dignidad y decadencia de Cuba en el periodo de entresiglos. Es verdad que, pese a los juegos de planos similares en tiempos diegéticos distintos, la genialidad del montaje sonoro y otros recursos de calidad, este documental podría contener más emoción, más profundidad, una estética más cuidada para explicar el sentir de lo que fue Pablo Milanés. La propia presentación del director fue fría por prudente. Sin embargo, es un testimonio obligado para todas las personas que quieran comprender la luz y la dimensión humana y social de lo que hemos sido. Estamos en Cines del Sur. Su nueva imagen corporativa se inspira en la mano y la llave de la Alhambra, porque es siempre una puerta hacia la realidad y también, por qué no, hacia el sueño de lo imposible. Hay que asomarse estos días a esas pantallas que nos muestran el mundo.
Hay que celebrar el apoyo institucional, con el Ayuntamiento a la cabeza





